Canción ancestral
Desde tiempos inmemorables
Las aves moraban en las montañas
Pero en la sombras de las arañas
Pronto se volverían inhabitables
Fue por culpa de las mangostas,
que comenzó aquella gallinácea diáspora
Con sus puntiagudas caras y sus garras angostas
expulsaron a las gallinas de su dominio.
Obligándolas al exilio.
¡Pero valiente gallina una!
Que sin pérdida alguna
Partió sin siquiera una cantimplora
A encontrarse con un maestro
viejo y antiguo como una espora
Una tarde que llovía, regresó
Mostrando sus patas peladas con honor
Y sin traje
Y sin tatuaje
Pero con mucho esplendor
Por sus tierras nuevamente caminó,
acompañada por el petricor.
Como le urgía aniquilar aquel mamífero descontrol
buscó al rey invasor
y saltó dos veces la altura de un girasol
Cayendo con una patada
Que dejó hecho pomada
al muy traidor.
Culminó así su venganza
Y dio fin a tanta añoranza
Se enfrentó sola
A la horda invasora
Pues, a toda mangosta asola
la gallina voladora.
Fin
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