Leyenda Nevarien
El ave del rayo Posieniantron, hijo del dios Sehitu de las tormentas, recibió de su padre una isla al oeste de Nevaria en donde se encontraba una montaña, tan alta, que en su cima nevaba constantemente. El clima de la región era frio, pero cuando la temporada de verano llegaba el hielo de la isla se descongelaba y las plantas, de corta vida, regresaban, así como las aves migratorias.
Posieniantron se sintió solo. Pidió ayuda a su hermano, Karlan, y a su hermana Brurid. Pero ellos, por si mismos no fueron capaces de ayudarlo. Aunque pidieron el favor de la diosa tierra, la cual le otorgó al monstruo, la capacidad de engendrar por sí mismo. Así, Posieniantron puso veinte huevos, de los que eclosionaron veinte hijos. Diez de ellos eran aves dentadas, de cuerpos delgados y colas alargadas con plumas, y pequeñas alas que no le permitían volar. Eran veloces y capaces de sobrevivir al frio y las bajas temperaturas. Los otros diez hijos fueron saurios, capaces de bipedestar y con una inteligencia prodigiosa.
Los hombres saurios, viajaron a islas cercanas y cazaron mamíferos para vestirse con sus pieles, pues necesitaban abrigarse, pero cuando llegaba el invierno se escondían en la cima de la montaña e invernaban junto a su dios y padre Posieniantron. Sus hermanos, la raza de los “Alvez”, eran capaces de permanecer activos aun en los más fríos climas, gracias a sus plumas.
Los años pasaron, las generaciones se sucedieron y la isla se pobló con ambas razas. Pero los hombres, en otras tierras, desconocían sobre la descendencia de Posieniantron. Así como los hombres saurio, viajaron a la isla a buscar trofeos de caza. Encontrándose con los Alvez, sin haberlos visto antes, los persiguieron y mataron, hasta acabar con ellos.
Cuando el verano llegó, los cazadores regresaron a la isla, por más trofeos. Pero nunca volvieron a las tierras de Nevaria. Virigarh, un noble cuyo hijo, se encontraba entre los cazadores perdidos, costeó una expedición a la isla de hielo, para encontrarlo.
Los expedicionarios se encontraron con
los hombres saurios, a los que preguntaron por los cazadores. Los Sarugad, así los nombraron los
nevarien, eran incapaces de hablar la lengua de los hombres. No solo porque desconocían
el idioma nevarien o el idioma común, sino porque sus sonidos eran
impronunciables para ellos. Pero les hicieron entender que había pasado con
ellos, cuando les mostraron sus atuendos, hechos con pieles humanas. La
comitiva del noble corrió la misma suerte y fue cazada y desollada para ser
convertida en túnicas, que después vistieron los Sarugad. Solo unos pocos pudieron escapar, los que narraron a los
demás esta historia. Y por sus consejos, los hombres de Nevaria jamás
regresaron a la isla de hielo. Las pieles de Virigarh y su hijo, fueron vestidas por los reyes Sarugad, para que ellos pagasen, aun
después de la muerte, los crímenes contra sus hermanos, los Alvez.
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