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viernes, 23 de abril de 2021

El arco del conejo

Leyenda Denjiien


    En el pueblo, la gente, se estaba enfermando. La mayor parte de las veces los síntomas, como fatiga, somnolencia, diarrea, sangrado y otros varios, se iban a los pocos días. Pero en algunos casos, sobre todo cuando se trataba de niños, la enfermedad era fatal. Las causas eran desconocidas. Las plagas más comunes, como los mosquitos, o las aguas contaminadas fueron descartadas rápidamente. Cuando los animales comenzaron a aparecer muertos supieron que no era algo solamente del pueblo. Pues todos los cadáveres se encontraron en una granja. Los bueyes muertos habían sido mordisqueados, comidos a medias. Quien, o quienes, los hubieran matado habían evitado la piel y habían ido directamente a la carne. La granja del viejo Macgron estaba en la boca de todos. Los pueblerinos pronto relacionaron una cosa con la otra y comenzaron a sospechar. Los más positivos consideraron que se trataba de algún depredador, lobos era lo más probable. Pero no tardaron en aparecer en la granja, cadáveres de estos canidos. Macgron afirmaba no saber nada del asunto. No tenían por qué culparlo, pero aun así, lo hicieron. Que estaba maldito, o que se había aliado con alguna bruja, fueron de las acusaciones más amables. La guardia del pueblo intervino y rastrilló la zona. Se quedó incluso a acampar varias noches. Ninguna criatura fue divisada. Pero tan pronto como la guardia se alejó de allí, los cadáveres de animales volvieron a aparecer. 


    La misteriosa enfermedad, se fue, así como había llegado. Pero la granja de Macgron estaba maldita. Ya nadie quería comprarle nada o saber nada de él. Desesperado, el viejo, buscó ayuda en un cazador. Si había una bestia, un demonio, algo, que se ocultase en su granja, tenía que acabar con ello. 


    El cazador intentó rastrear a quien hubiera causado las muertes de los animales, pero fue en vano. Así como cuando había estado presente la guardia, nada aparecía. Pero estando mejor pago que los hombres de la ley, decidió acampar en uno de los lugares donde más cadáveres se habían encontrado. Su regreso, después de un par de días fue inesperado. Cojeaba y le faltaba un ojo, había sido atacado. Pero la explicación que dio, parecía no tener sentido. Tan pronto como se recostó en la graba se sintió cansado y luego paralizado por completo. No fue capaz de seguir moviendo sus extremidades, mucho menos sujetar sus armas para defenderse. Al pasar las horas, estando a merced de cualquier depredador, los primeros en aparecer fueron unos conejos. Los cuales, tras olfatearlo, comenzaron a mordisquearlo. Los dedos de sus pies fueron devorados rápidamente; pero su cara, que estaba expuesta, fue el plato principal. Su mejilla y su ojo izquierdo habían desaparecido y podían verse hasta sus dientes. No había monstruos, solo un montón de conejos. Los hombres habían descubierto que estos lagomorfos, eran carroñeros ocasionales.


    Los campesinos se ensañaron con los conejos y los cazaron hasta llegar al borde de la extinción. Usaban arcos pequeños y rápidos para acabar con ellos. Dejaron de pensar que la granja de Macgron estaba maldita, y, tras la matanza, se sintieron seguros. Pero una semana después, más niños siguieron muriendo en el pueblo.


    Fue entonces que llegó el inquisidor, a investigar este caso paranormal. Morún, se hacía llamar, y llevaba un prominente bigote. Tras interrogar a la gran mayoría de los involucrados, había algo que le llamaba la atención, algo que otros habían dejado de lado, apurados por encontrar a quien culpar. ¿Qué había causado aquella parálisis de la que hablaba el cazador? Entonces, viajó hasta el lugar del hecho, a inspeccionar la escena del crimen. Allí se encontraba una criatura, que había pasado inadvertida a los ojos de los demás, pero que él conocía muy bien, debido a su extensa carrera. Ciertamente no era un biólogo, o un gran científico. Morún era un hombre de armas, preparado para el combate, pero la trayectoria de su vida, lo habían alejado de las batallas y lo habían convertido en un hombre mucho más reflexivo y comprensivo. A simple vista, parecía un polvo blanquecino. Las hojas de las hierbas se encontraban algo marchitas, amarillentas. Sin duda, dañadas. Ese polvo blanco que allí crecía, era un hongo. Recolectó muestras y las envió a uno de los grandes eruditos del reino para que las investigase. 


    Los resultados no tardaron y sus sospechas fueron confirmadas. Fusarium, un hongo que se atacaba a las plantas, y que, si era respirado, podía llegar a generar parálisis, junto con otros varios síntomas. Si se consumía, como lo habían estado haciendo los niños y demás personas del pueblo, en harinas y vegetales que se cultivaban en la granja de Macgron, eran capaces de enfermar a las personas al grado de matarlos. La plaga estaba extendida, incluso más allá de las tierras del anciano. Pues habían perdido el tiempo buscando a demonios y monstruos, mientras que deberían de haberlo invertido en observar a unos de los más ignorados seres de la naturaleza, los hongos.


    Los campos fueron quemados para ser esterilizados y poder ser utilizados nuevamente para el cultivo de vegetales que serían destinados a la ingesta humana y de animales de granja. 


    No se puede estar preparado para lo inesperado, pero ayuda mantener la mente abierta a posibilidades desconocidas. Si no, puede que salgas a cazar fantasmas y los conejos te devoren los ojos.



Fin

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