miércoles, 12 de mayo de 2021

El trilobite del amor

Leyenda Fecerien


    Nadie en el reino conocía la verdadera historia de aquel medallón. Nadie sabía que representaba o como había llegado a manos de los gobernantes. Hecho de piedra, con forma de una pequeña esfera reticulada y con diminutas púas. Alguien lo había perforado para pasar por allí una cadena y ser usado como colgante. Cómo era la tradición había pasado de madre a hija, de reina a princesa, siendo entregado a la primogénita de la pareja real, representando que, algún día, heredaría el reino.


    Cuando Zirá lo obtuvo, habiendo cumplido la mayoría de edad, se lo colocó inmediatamente. Cumplir con las tradiciones no era algo que le importase mucho. Se sentía, en realidad, culpable. Tantas cosas se le exigían por haber nacido princesa. Tantas cosas que no deseaba hacer. Como princesa debería casarse, con algún hombre de la corte o de algún país vecino que desconocía, para engendrar hijos y así continuar con la tradición. Pero Zirá se había enamorado de una criada, Bafí. Y temía que su padre descubriera lo de su amante.

   

    El día llegó, y el rey lo supo. Decidió, este, enviar a Bafí lejos de allí, del otro lado del mar. Con la intención de que Zirá dejase su capricho a un lado y regresase a “las buenas costumbres” y decidiese honrar las tradiciones. Pero no era un capricho y no olvidó a Bafí. Su padre entonces la encerró en una torre y le prohibió todo tipo de comunicación con Bafí. Ninguna carta saldría, ni por mar en barco, o por aire en paloma. La princesa solo podía salir por las mañanas a pasear por la playa, sabiendo que más allá del horizonte, estaba su verdadero amor, condenada al exilio por el rey. Mientras que ella permanecía prisionera de las tradiciones.


    Rezó a los dioses hacerle saber a su amada, cuanto lo sentía. Alguno la escuchó. Y una mañana mientras caminaba por la playa, con los guardias reales a su espalda, sintió que algo se movía en su pecho. Tardó un poco en entender que era lo que sucedía, pero cuando lo hizo, disimuló, para que los hombres no lo notasen. Su medallón se retorcía y cenizas caían de él. La piedra se movía y se desenroscaba, desvelando su verdadera forma, la de un pequeño artrópodo. Lo sostuvo en su mano y le susurró todo aquello que deseaba contarle a Bafí. Y luego, lo liberó en el mar.


    Pasaron dos semanas hasta que el trilobite regresó. Trayendo con él noticias de Bafí. Los meses se sucedieron y el intercambio de mensajes no cesó. El último que la princesa recibió explicaba que Bafí, había decidido escapar y regresar al reino disfrazada y oculta en algún barco mercante. La criatura mensajera, luego de transmitir esto, se convirtió nuevamente en piedra, para ser llevada por Zirá otra vez en su pecho. 


    Sintió entonces terror. Su padre, el rey, la atraparía y, esta vez, no permitiría que continuase con vida. Se encerró, por voluntad propia en aquella ocasión, a llorar y lamentarse. Se durmió, con los ojos mojados y penas de amor. Mientras dormía, sintió que el trilobite caminaba otra vez sobre su pecho, acercándose a su oído a susurrar: “Mañana, Irus, la diosa de las mareas, mi guía y protectora, opacará al sol. Busca a Bafí en el puerto y escapa con ella hacia el sur. Las aguas del mar estarán altas y torrentosas y los demás navíos no podrán seguirlas. Yo las ayudaré, pero jamás podrás regresar a este reino, o reclamar tu herencia de tierras, oro o poder.”


    Zirá sabía lo que debía hacer. Al día siguiente, aquel eclipse aconteció; y mientras los guardias contemplaban el evento, se escapó de la vigilia y encontró a su amada Bafí esperándola en el puerto. Nuevamente el medallón de la familia real se convirtió en el noble artrópodo. Y tan pronto como tocó la arena del mar comenzó a crecer. Las espinas de sus lóbulos se volvieron más prominentes, cerrándose como en arcos, atrapando el aire en su interior. Creció tanto, que ellas pudieron pararse sobre su espalda dentro de aquella burbuja de aire. Se volvió plateado y se adentró al mar, hacia sus profundidades, para emerger del otro lado cuando su travesía hubiera terminado. Nada más se supo de Zirá y Bafí. Pero seguramente fueron felices, pues se habían liberado de las costumbres y las tradiciones.



Fin.


Nota del autor: El primer fósil del cual se tiene registro de un trilobite fue uno que encontró un hombre, o mujer, de cromagnon y que agujereó para convertirlo en un colgante.




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