Día 11 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
De la
misma taberna de Bruen Sefit tomó las escasas provisiones que iba a llevar a su
viaje en busca de Neilad, Azhalea, el gato y los enanos. De las palabras que
Maz había recopilado de su conversación con los orcos, había concluido que la
visita de La Orden
a la casa de la ogra no debía de ser más que una trampa, otro intento de
capturar al hombre, que de la noche a la mañana se había convertido en el más
buscado de los orcos. Orcos poderosos, bien equipados, viejos y sabios estaban
tras el líder de La Orden
del Gato Azul y los mismos habían llegado a las puertas de la ciudad sin
siquiera haber sido notados. Un rey orco que había pasado sus años en batalla
aprendiendo de sus triunfos y derrotas los estaba comandando y a su mando al
menos seis generales esparcían el terror que sus ordenes enfundaban en los
hombres. Dos de ellos habían caído en una sola noche en manos de los guerreros
de La Orden.
Subestimar su poder era algo que posiblemente ya no harían
más. La guerra ya estaba declarada. Y los dos hombres sabían que ya no había
forma de eludirla. Ahora la única opción era enfrentarlos y no podían darse el
lujo de esperar a sus enemigos donde estaban. Porque ya no serian cientos, sino
miles. Cuando Sefit partió hacia la choza de la ogra, sus compañeros le
llevaban casi un día de ventaja. El imbatible guerrero montó en su alazán negro
y se dispuso a alcanzar al grupo de desafortunados viajeros. El sol comenzaba a
salir por el horizonte cuando la silueta de Sefit se perdió en el mismo. Maz
regresó al palacio de plata a comentar sobre lo que había escuchado.
Nuevamente
reunidos en el salón principal los miembros de la orden debatían sobre lo que
debían hacer ante tales circunstancias. Maz quien llevaba las noticias sobre
los orcos explicó -Sefit ya ha partido en busca de Neilad y el resto del grupo.
Siendo él nuestro mejor guerrero estoy seguro que los peligros que afronte
podrá superarlos, y le será de gran ayuda a los demás. La pregunta es ahora
¿Qué es lo que vamos a hacer nosotros? -Maz hizo una pausa y se inclino hacia
delante estando sentado en su habitual silla en la larga mesa de la sala. Apoyó
los codos y después las manos sobre la mesa-. Lo que escuche de nuestros
enemigos es que han estado bajando por la rivera del río durante cinco días.
Desconozco el lugar exacto de su procedencia. Pero cinco días a paso de orco lo
más probable es que se tratase de Suminer, las montañas del norte. Es más o
menos el tiempo que harían de allá hasta aquí bajando por el río. Sin duda se
han valido de la magia para ocultarse. Pero aun con magia un gran ejército es
difícil de ocultar. Mas contando con que deberían mover provisiones y otras
cosas para poder mantenerse en el viaje que serian cinco días de ida y cinco de
vuelta. Así que asumo que no han mandado a muchos soldados hasta aquí, de otra
forma aun con magia hubiera sido imposible ocultarlos a los ojos de todos los
pueblos y lugares por los que han pasado. Incluso han tenido que atravesar la
misma capital de Fenor. Por todo esto es muy probable que el grueso de la tropa
que enviaron haya sido masacrado por ustedes en el palacio que era el lugar más
probable para encontrarlo. Esperaron demasiado tiempo y cuando atacaron su
objetivo ya se había ido. O quizás nunca les intereso del todo Neilad y el
palacio era un segundo objetivo. Una buena movida para desmantelar la orden.
Asumiendo que ellos sabían que Neilad iba a la trampa de la ogra si es que ella
realmente les tendió una trampa. Por lo que deduzco de las palabras de los
orcos.
Serotonino ya un
poco cansado de escuchar al hombre lo interrumpió -Estas asumiendo muchas
cosas. Y lo más importante hablas de los orcos como si fueran sumamente
inteligentes. Me dices que han planeado un ataque en conjunto a dos lugares
prácticamente al mismo tiempo y que además se han guardado un tercer respaldo,
usando a una ogra como secuaz. Que han planeado las cosas tan bien que no solo
pretendían capturar a Neilad, quien sabe porque, sino que además atacaban el
palacio para matarnos a nosotros si es que lo primero que buscaban no se
encontraba. Puede ser que hayan perdido el elemento sorpresa y por eso nos fue
tan fácil derrotarles. Pero si lo que dices es cierto entonces nunca hubiera
sido una sorpresa ya que se anunciaban para que Neilad partiese a la ciénaga. Y
eso me extrañaría bastante porque los orcos que tú describes y los que yo he
visto han resultado por ser unos estúpidos.
Maz sonrió y
nuevamente adoptó una postura más relajada recostándose sobre el respaldo de la
silla y apoyando una de sus manos en el apoyabrazos. -Bien, creo que estas
subestimando muchas cosas.
-Nombra una. -Insistió
Serotonino.
-Para empezar tu
propio poder y el de todos ustedes.
Verokai que se
encontraba toda cubierta por su capa ya que la luz del sol hacia una hora que
atravesaba los ventanales del palacio hablo por debajo de sus ropajes. -Tendrás que explicarte mejor, no todos aquí
tenemos tu aguda mente. O quizás no nos encontramos muy impresionados con la
fuerza aparente de estos enemigos.
-Voy a intentar
explicarme mejor. Por lo que escuche este ejercito de orcos al cual no somos
capaces de medir en cuanto a fuerza o cantidad porque no lo hemos visto todo
entero esta comandado por un tal Murgthiz, un orco que ha vivido demasiado a mi
gusto. A su cargo tiene a seis generales que parecen estar tan sometidos por él
que hasta se nombran como si le perteneciesen. Imaginemos que tengo razón y
proceden de donde calculo, ya que muchos otros lugares no hay viniendo por
donde ellos indicaron. Son las montañas el hogar de los orcos y a esa distancia
se encuentran de aquí. Si es así: tienen a dos días de allí la capital de Fenor
que a diferencia de aquí está fuertemente custodiada. Movilizar un ejército
hasta aquí solo para capturar a un hombre y matar a otros pocos seres no tiene
ningún sentido. No solo por lo difícil de hacerlo con magia o sin ella, sino
porque debilitarían su posición. Y de haber habido una guerra con los orcos nos
hubiésemos enterado. En cambio han utilizado una más razonable estrategia.
Envió solo a una pequeña parte de su ejército que debe de ser basto ya que lo
manejan por lo menos seis orcos. Le tendió una trampa a Neilad asegurándose su
captura y con eso también separó a la orden en dos partes. Si Neilad no picaba
y se quedaba, la tropa que ustedes mataron hubiera llegado a acabarnos. De no
ser así Neilad ya iría a una trampa y nosotros nos encontraríamos debilitados.
Un tercer grupo más pequeño cubriría la ciudad por si acaso este estuviese por
allí. Piensen que si nos estaban acechando es muy poco probable que no hayan
visto a Neilad partir. Yo más bien creo que lo han hecho y han aprovechado para
atacar aquí en su ausencia y si es que han preguntado por él es porque
seguramente no intentaban matarlo y si se escondía acá y los había engañado
pues no querían volver a equivocarse. Puede ser que los dos orcos que nos
hayamos encontrado sean estúpidos, pero no subestimen su fuerza compañeros. Que
estoy seguro los orcos no esperaban ser derrotados ante tal diferencia de
números. Y tampoco subestimen la fuerza del enemigo que ha llegado hasta aquí
sin ser visto y ha atacado con gran inteligencia aunque con una muy mala
ejecución. Detrás de este ataque existe una mente que ya nos ha medido y que no
cometerá nuevamente el mismo error. Y aunque es probable que ahora se encuentre
en la compañía de los pocos orcos que han sobrevivido, más que nada porque no
se han encontrado con nosotros todavía, estoy seguro que más adelante y no
mucho mas se estará fortificando con los guerreros que tenga al alcance. Y
viajando hasta las montañas si es que tiene a Neilad o esperando refuerzos si
es que no los tiene todavía.
-Aun así y si
todo lo que dices es cierto. Seguimos sin saber qué es lo que buscan en él. -Verokai
cruzó los brazos por debajo de su capa.
-Eso no lo puedo
saber. Pero se esto. Quedarnos a esperar aquí no tiene ningún sentido. Desde
aquí no averiguaremos nada. Y corremos el riesgo de otro ataque, esta vez
quizás mucho peor. Por otra parte si es que esto ha sido su mayor fuerza de
nada tenemos que preocuparnos. Pero ¿Qué pasa si tengo razón? ¿No sería acaso
mejor ir en busca de ayuda?
Serotonino que seguía
cansado de escuchar el palabrerío de Maz intervino -¿Quién propones hombre?
-El rey de Fenor
tiene a un ejército y a tropas mas bastas que las nuestras que apenas somos
cuatro. Y si no es él, estoy seguro que alguien ahí podrá ayudarnos además
tendremos oportunidad de recaudar algo más de información que mucha falta nos
hace. Dejemos que Sefit encuentre a Neilad y viajemos hacia el norte por el
río. Usemos la barca que tenemos para acelerar el viaje hacia el norte. Tenemos
al viento a nuestro favor y si viajamos con prisa es probable que en tan solo
dos días lleguemos a nuestro destino la capital de Fenor. Ahí veremos qué
hacer. -las demás personas que se encontraban a la mesa meditaron un segundo.
Maz no se daba por vencido.- Vamos compañeros, tampoco es que tengamos muchas
otras opciones. Además soy un gran capitán. -Y sonrió altaneramente.
Sugum se encontraba en las puertas
del palacio protegiendo el hogar de La Orden. El gato azul y Neilad habían sido
los primeros integrantes de La Orden, Sugum eran quien había llegado después.
Todos desconocían su procedencia y era uno de los más enigmáticos miembros del
grupo. Sabían que era capaz de moverse, pero jamás se alimentaba y no parecía
dormir tampoco. Pero por sobre todas las cosas jamás lo habían visto alejado
del palacio de plata. Ninguno de los otros tres intento persuadirlo ya que lo
conocían bien y no podían esperar ni siquiera una respuesta del ser. La magia
que movía a tal criatura era un misterio mas a resolver y en ese momento el
menos importante. Cuando los tres se alejaron lo suficiente del lugar
Serotonino, el mago rojo, movió sus manos en dirección del palacio, y el mismo
se desvaneció. En su lugar podían verse una serie de altos árboles cuyas hojas
eran de color celeste y violáceo. Y entre ellos todavía se distinguía la figura
inmóvil de Sugum que pronto seria confundida con el paisaje. Cuando los tres
abordaron la barca Maz soltó las cuerdas que la sostenían al pequeño muelle y
extendió la vela de la embarcación. El viento estaba a su favor y emprendieron
su viaje con prisa hacia la capital del reino. En aquel vehículo había llegado
Maz a Lurand navegando el rio grande desde el Noroeste, desde las tierras de
Denjiia. Así que la conocía bien.
Durante la primera noche del viaje
Verokai salió de debajo de su capa, disfrutando del aire que se respiraba en el
río. Maz y Serotonino se habían encargado de comandar la pequeña barca. La elfa
se estiró quitándose el sueño y bostezó.
-Nuevamente Sero
tus poderes no te han dejado ver lo obvio.
-¿De qué hablas,
elfa? -contestó intrigado el mago.
-El olor a orco
es fortísimo. Deben de ser un grupo todavía superior al que atacó al palacio.
Y no se encuentran muy lejos de aquí. Sepan tener paciencia que voy a investigar
compañeros. -La inmortal saltó a la orilla y con velocidad se escapó de la
vista de los hombres. El barco siguió su rumbo los hombres aguardaron en
silencio. Después de unos minutos, la figura de la elfa volvió a aparecer para
luego saltar al barco otra vez. Ningún humano hubiera podido realizar ese
salto. -Me temo Maz que tus cálculos han quedado cortos. He contado a distancia
a por lo menos mil orcos aquí. Han estado bajando por el río y ahora se dirigen
al bosque del este donde se encuentra la ogra. A este ritmo llegaran en un día.
Neilad ha viajado a una trampa segura y nosotros tres no podemos con un
ejército de mil orcos menos aun sin contar con la ayuda de Sefit. Es urgente que
lleguemos a la capital y pidamos refuerzos. No podremos llegar jamás antes que
los orcos a nuestros compañeros pero podremos volver a rescatarlo si
conseguimos convencer al rey Urael.
-Por suerte la
magia que encanta mis sentidos no ha turbado los tuyos de elfa. -dijo el mago
rojo.
-No ha sido mi
parte elfa, yo más bien creo que mi parte demoníaca reconoce al mal cuando lo
tiene cerca.
-De todas formas
nos ha sido útil, debemos apurarnos en llegar y todavía nos queda un día de
viaje hasta allí. -Maz extendió todavía más la vela intentando adueñarse del
viento, que soplaba a su favor.
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