domingo, 14 de octubre de 2018

El gato en la palmera


Leyenda ancestral


                En una isla remota vivía una pequeña comunidad de gatos. Si bien se los considera solitarios, cierto es que cuando no se encuentran entre humanos se congregan para contarse chismes y demases. En aquella comunidad todos los gatos eran reconocidos por algún rasgo que poseyesen o por algún acto que habían cometido. Así, estaba el gato anaranjado y el gato atigrado. Estaba el gato saltarín y el pescador. También había un gato viejo al cual llamaban el sabio. Pero había un gato al que solo llamaban gato. Y es que en realidad no tenía nada de particular. El gato sabio le había dicho una vez al gato-gato que no se preocupase por tal cosa como eso pues todos alguna vez habían sido el gato-gato. Pero al gato-gato no le alcanzaba y herido en su orgullo siempre pendiente de la mirada de los demás esperaba realizar en algún momento algo que los impresionara. El gato-gato era egocéntrico, pero también lo eran los otros gatos, sino lo hubieran llamado gato egocéntrico. Y eso era, en algún punto, una redundancia. Un día al gato-gato se le ocurrió una idea, había una palma de cocos muy alta en la isla y decidió treparla. El gato sabio, al enterarse, le recomendó que no lo hiciera, recordándole que los gatos solo bajan mirando hacia adelante y que una vez que estuviera arriba, tan alto le sería muy difícil bajar. Pero al gato-gato no le importaba tal cosa pues estaba convencido de que impresionaría a los otros. Así que trepó por el tronco del cocotero hasta llegar a su parte más alta y desde allí en lo alto los observó a todos. Estaba orgulloso de sí mismo por supuesto, contento con su hazaña. Pero cuando quiso bajar se dio cuenta de que no podía, pues como le había explicado el gato sabio, iba a ser muy difícil. Entonces se convenció de que no hacía falta bajar y que ahí arriba estaba muy bien observando la insignificante vida de los demás.

Viviendo arriba de la palmera no recibía muchas visitas pero si se hizo amigo de una gaviota que de vez en cuando le contaba lo que iba sucediendo en la isla. El gato se hubiera comido al plumífero si no fuera porque este lo había convencido de estar muy impresionado por su hazaña. La gaviota le contó sobre el gato anaranjado y como este había encontrado un camino al otro lado de la isla y había visitado a unos parientes lejanos que creía perdidos. De cómo el gato atigrado había encontrado unos cachorritos y los había adoptado y se había convertido en un gran padre. De cómo el gato saltarín había presentado un exitoso espectáculo musical y de cómo el gato pescador había pescado una ballena y montado en su lomo había viajado a otra isla y ahora allí reinaba pues había comenzado una nueva comunidad. Mientras él seguía subido a la palmera el resto de sus amigos continuó con su vida. Eventualmente la gaviota también se fue para no volver a la palmera pues lo que para el gato había sido una gran hazaña para ella era algo de todos los días. Y allí se quedó el gato.

                El gato sabio le recordó siempre a las nuevas generaciones de gatos, que no importase como fueran conocidos siempre podrían superarse, mientras que no fueran como el gato en la palmera, a quien su orgullo lo había llevado a mirar desde arriba a los demás dejándolo atrapado, pues aunque al principio algunos irán a decirte que has hecho lo correcto y que has logrado grandes cosas si permaneces allí por mucho tiempo, orgulloso de una acción minúscula, eventualmente te abandonarán.

Fin.


Referencias:
1) Cocotero 

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