Leyenda
ancestral
Al
principio pensaron que se trataba de un murciélago, por sus alas membranosas.
Pero también poseía plumas y algunas escamas. Su cara corta y llena de dientes
les hizo pensar que tampoco era un ave. Pero era pequeño, de unas doce pulgadas
de largo, si no se tenía en cuenta su cola, que era larga y no corta, como la
de las aves, y que remataba en tres alargadas plumas. Emitía un sonido extraño,
entre un chillido y un trinar poco melodioso. Lo habían acorralado entre las raíces
de un árbol. Atardecía mientras lo acosaban y molestaban con un palo y la punta
de sus espadas. Empujados por su curiosidad, invirtieron mucho tiempo en
adivinar de qué se trataba tal animal. Los conquistadores, esperaban finalmente
poder capturarlo vivo, para eventualmente, regresar a sus tierras y exhibirlo
como una rareza en alguna feria, o para que fuera disecado por algún taxidermista
del rey. Uno de los hombres, junto valor para poder atraparlo, pero la criatura
se defendió. Lo arañó con dos de sus garras que escondía en sus alas. Aprovechando
que había poca luz, escapó. Sus ojos emitieron un destello, reflejando los últimos
rayos solares del día. Corrió para refugiarse dentro del bosque y lo vieron
trepar por uno de los árboles. Fueron tras él, confiados en que su pequeño
tamaño no representaba amenaza alguna. Por su color se camuflaba bien entre las
ramas y las hojas. Lo perdieron de vista. El hombre que había sido herido, todavía
sangraba. Empuñaba su espada, esperando poder vengarse. Escuchó, y también lo
hicieron los demás, el chillido nuevamente, pero esta vez no cesaba y estaba
amplificado. Voltearon para encontrar al animal, pero no hallaron. Pero si
pudieron ver, entre el follaje de los arboles, a un centenar de destellos.
Muchos, se abalanzaron sobre ellos. Otros permanecieron sobre las ramas,
ocultos, observando la masacre. Tendrían tiempo de alimentarse después.
Fin.
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