Leyenda Gudaguen
Las extrañas rocas con runas inscritas en ellas que
aparecieron en la costas de Dujtad,
permanecieron siendo un misterio por mucho tiempo. Los sabios se reunían a montones
a deliberar respecto de cuáles serían los conocimientos que pudieran revelar. O
quienes, o quien, las habría dejado allí. Tras dos años de conjeturas, todos
ellos se pusieron de acuerdo en que solo podía tratarse de una cosa: uno de los
tres sabios del océano, estaba tratando de comunicarse con ellos. Divinidades
ancestrales, inmortales, hijos de Simú, aquellos a los que podía preguntar
sobre todo, inaccesibles, inalcanzables. Furadfreitudjiaris, el ermitaño, estaba adherido al lecho marino y era
imposible que se tratase de él, aunque su hija Ireallaram, que se encontraba siempre cerca suyo conocía todos los
idiomas y podría haber escrito tales cosas. De Chagolupus, el errante, tampoco podía tratarse, estimaba ellos,
pues su existir era el deambular de un lado al otro, sin interesarse por nadie.
Esto solo dejaba lugar a uno de ellos, Cefalesiosis, el misterioso.
Los
intentos de los hombres por contestar tales mensajes fueron en vano. O bien, Cefalesiosis, desconocía su idioma o
bien los ignoraba. Pero asumieron que el hecho de que fuese incapaz de
entenderlos era algo imposible, el problema era otro. Ellos, insignificantes
mortales, no tenían nada interesante que contarle.
Las
mentes más importantes del momento se reunieron para poner fin al asunto. La
solución: ir a visitar a Cefalesiosis
a su hogar, en algún lugar cerca de la costa de Dujtad, adherido igual que su hermano al lecho marino. Para esto
realizarían un traje que les permitiese sumergirse hasta esas profundidades.
El
diseño demoró varios meses y la construcción más de un año, pero pudieron con
tal hazaña. La decisión respecto a quien debía ser el primero en intentar ponerse
en contacto con la divinidad fue difícil. Ibraxim,
un filósofo, todavía joven capaz de soportar la proeza física, fue elegido.
Tras varios barridos realizados por la zona ayudados por redes y cuerdas,
estaban bastante convencidos de saber dónde, exactamente, se encontraba el
dios. Allí lanzaron a Ibraxim. Horas
después sacaron su cadáver del mar. Aun la muerte de un hombre, no desanimó a
muchos pedantes sabios, que estaban dispuestos a probar que ellos sí, tenían
algo interesante que contar. Pues habían concluido que Cefalesiosis posiblemente no se había sentido interesado en
escuchar al filósofo. La segunda en sumergirse fue Shira Murai una afamada matemática del reino. Pero los resultados
fueron los mismos. El tercero fue Miix
un escritor y orador que solía corregir a la gente en público cuando cometían
faltas de ortografía o dicción. Su muerte fue de las menos lamentadas.
Tres
decesos en una semana hicieron a los sabios reconsiderar el asunto. Y llamaron
a un concurso, para encontrar a quien tuviera la cosa más fascinante que
contarle al dios. Muchos se presentaron e hicieron sus exposiciones.
Pero,
mientras acontecía el concurso, una tempestad volcó el bote de una de una
humilde pescadora, ya mayor de edad. Nadie esperaba que sobreviviera, y por eso
los sorprendió cuando a las pocas horas emergió caminando, como si nada le
hubiese pasado, por la costa. Al principio nadie creyó su historia, sobre todo
por la fálica descripción que recibió la apariencia del dios. Explicó, bastante
entusiasmada, que Cefalesiosis lamentaba
la muerte de los tres sabios, y que él, les había aconsejado repetidas veces
regresar a la superficie a respirar, pero que esos tres, no dejaban de hablar,
moverse e intentar llamar su atención. La pregunta, necesaria, que le hicieron
entonces a la señora Brugnes, así se
llamaba ella, fue ¿Cómo había hecho ella para sobrevivir? La mujer explicó que
por ayuda del dios. Mientras se ahogaba pudo verlo en las profundidades y le
imploró que la salvase. Que tras acceder, Cefalesiosis,
le preguntó porque ella había decidido salir a pescar con tal mal clima. Ella
entonces contestó que el asunto era porque su sobrina Mimimerbidea estaba engañando a su esposo, y que a razón de esto,
además de no poder dormir bien por las tardes, ya que estaba siempre pendiente
de observar por la ventana que hacia la joven, había tenido que desatender sus
asuntos de pesca. Le había pedido entonces a su hijo que la ayudase, pero el
hombre estaba siendo acosado por unos borrachines jugadores a los que había
estado estafando. Como su hijo no podía ayudarla acudió a su cuñado, pero el
hombre se le estaba insinuando a ella y eso no sería tan terrible si no fuera
porque su cuñado era con quien engañaba su sobrina a su esposo. Y porque el
marido de Mimimerbidea, era uno de
los borrachines, que perseguía a su hijo. Antes de que pudiera explicar, cuales
habían sido las acciones de su hijo, los sabios la interrumpieron para
preguntar si ella había pedido explicaciones al dios respecto a las misteriosas
runas. Ella entonces explicó que sí, que Cefalesiosis
mandaba a decir que esas eran las coordenas de donde, hacía algunos siglos, había
encallado un barco con muchas riquezas, que permanecían sin reclamar, y quería
que lo supieran para que construyesen una universidad, de ser posible que
llevase su nombre. Completamente maravillados la interrumpieron nuevamente para
preguntar esta vez si el dios le había explicado como leer esas runas. La
señora Brugnes contestó que sí, pero
que ella no entendió nada, que no se preocupasen que Cefalesiosis le había pedido que regresase a contarle que había
pasado al final con su hijo, su cuñado y su sobrina.
La obsesión
y la pedantería de los tres sabios de Dujtad
fue tal, que sus almas fueron incapaces de descansar. Esperando el
reconocimiento que el dios no les dio. Todavía se las puede encontrar vagando
por la costa. Preguntando cosas como ¿Qué es ser un fantasma?, u ofreciendo
servicios como “Si quiere le calculo cuantos nudos de cuerda necesita?, u otras
menos populares como “Su ensayo está mal escrito, estaría mejor si dijera…”
La
universidad de Cefalesiosis se fundó
con los fondos obtenidos. En un menhir en la entrada de la misma podía leerse “Ser culto no te hace ser interesante”.
Fin
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