miércoles, 12 de mayo de 2021

Problemas con las morchellas

 

Leyenda Nicerien


    Los cinco secuestradores tenían cautivos al pequeño príncipe Zritren y a su niñera Amiriá. Se atrincheraron en la cocina de la pequeña mansión. Los otros siervos nada podían hacer para rescatarlos, más que pedir ayuda. Pero mucho antes de que los guardias reales llegaran hasta aquella finca, los demás hombres del tío del niño, que pensaba negociar la separación del reino por la vida de su sobrino, se sumarían al asalto. Solo era cuestión de tiempo.


    Deambulaban, hambrientos, entre la despensa, buscando algo con que saciar su hambre. Había algunos vegetales, que despreciaron inmediatamente. Había carne, pero no era suficiente. También, estaban los hongos. Varias docenas de ellos con sombreros arrugados, de color pardo y del tamaño de la palma de su mano. Eran conocidos en el reino por tener un sabor exquisito. Pero había un problema, algunos eran venenosos. La ingesta suficiente podía llegara matar a una persona. Si alguien quería disfrutar tal manjar, debía saber identificar a las verdades morchellas.


    El líder de los cinco bandidos interrogó a la mujer —¿Cómo sabemos cuáles son buenos y cuáles no?

    —¡Pobre ignorante! —sentenció la niñera— Esas cosas se aprenden fácil, observando a la naturaleza. Sabes que el león es rey porque no mata a los suyos. Por eso mi rey ha perdonado a su hermano tantas veces. Porque tiene dentro de su pecho un gran corazón. ¿Quieres reconocer lo verdadero de lo falso? Mira en su interior y si encuentras algo sabrás que es sincero. ¡Ah, pero si esta hueco sabrás que es falso! Como el hombre que los ha enviado.

    —¿Y cómo sé que puedo confiar en ti? —preguntó el líder nuevamente.

    —Si hubiera sido yo, tan desconfiada como tú, no estaría sufriendo esto. Quizás haya algo de sabiduría en tus acciones. Pueden darme de comer lo que ustedes se sirvan, si eso los deja más tranquilos. —contestó desafiante ella.


    Tales palabras fueron suficientes para convencerlos. Prepararon su cena con paciencia, cortando las setas en dos y descartando las huecas. Y la niñera, una vez estuvo hecho, consumió con ellos aquel estofado.


    Los seis estuvieron muertos al día siguiente. El sacrificio de Amiriá permitió que los demás sirvientes rescatasen al niño y huyesen antes que más asaltantes llegasen. La niñera de Zritrén, sabía muy bien que la acción humana no debe compararse con la naturaleza pues los leones matan a los cachorros de sus rivales para poder aparearse con sus madres; y las verdaderas morchellas, a diferencia de los hombres, son huecas.



Fin.


Nota del autor: No coman morchellas si no las saben identificar. Que la naturaleza es sabia, no lo discuto. Pero me revienta leer y leer textos, en mi caso generalmente de pedagogía, donde esa falacia de falsa comparación se repite una y otra vez. Frases armadas como “el hombre es el único animal que se mata entre ellos”, lo cual es falso, muchísimos otros lo hacen. Los más comunes son los de comparar el instinto “maternal o paternal” con el humano. A los humanos nos gobierna la cultura, si la sociedad convence a sus integrantes de que tirar a un acantilado a un niño enfermo o con algún síndrome que no se considere aceptable, para esa cultura, está bien, estos lo harán. Cómo sucedía en la antigua Esparta. Muchos niños fueron llevados como sacrificios humanos por sus mismos padres, en distintas partes del mundo, y eso, para ellos, estuvo bien. Por eso nos hace falta discutir nuestras costumbres todos los días y no simplemente aceptarlas o caer en falsas justificaciones naturales. 

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