Fortaleza de Fenor.
Día 13 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
El plan que Maz había explicado al rey, había sido puesto en acción.
El rito de la Luna Nueva ya se
estaba festejando. Las mesas desparramadas en la plaza principal estaban
repletas de comida. A pesar de los consejos de los caballeros de la orden, el
rey continuaba como si nada pasase. Ubicados en puntos estratégicos dentro de
la región estaban distribuidos varias torres vigías, así el rey se aseguraba de
que ningún ejército se aproximase antes de abrir las puertas de la fortaleza
para no ser sorprendido. Ninguno de los vigías había visto a nadie. A pesar de
que los orcos habían explicado cómo funcionaba la magia con la que se habían
ocultado. El rey no estaba del todo convencido. Para asegurarse que la extraña
presencia de la orden no fuera una molestia entre sus invitados al rito, los
había llevado al lugar más alto de la fortaleza en la sala principal donde
cenaban y se reunían porque era además el lugar más espacioso. Las murallas de
la fortaleza eran lo suficientemente altas como para superar a la gran mayoría
de las construcciones interiores y la torre era además una de las pocas
edificaciones dentro de la fortaleza que las superaban en altura. Por
precaución el rey aprovechaba la altura para poder observaba los alrededores
todo el tiempo.
Desde que sus compañeros habían llegado trayendo a Neilad y a los orcos la
aguda mente del hombre había estado trabajando tratando de desentrañar las
tácticas de sus enemigos. Si lo que decía el orco era cierto, y no tenía por
qué serlo, el ejército del rey tenía pocas posibilidades de triunfar. Pero más
allá de lo que sucediese en el campo de batalla más cosas podían a llegar a
pasar por afuera de él. Lo obvio para él tenía que ser expuesto al rey Urael
que seguía con sus supersticiones y desconfiando de la palabra de los
caballeros de la orden. Aunque Maz comprendía que no podía esperar menos.
Detener el ritual religioso no era una opción ya que la moral de su pueblo y
reino dependía en gran parte de esto pero más allá de eso tampoco había visto
más orcos de los que ellos le habían llevado. No había manera de que pudiese
comprobar nada. Y aunque el más extraño grupo de criaturas se había juntado
antes sus ojos para manifestar una gran verdad él simplemente no podía creerlo
así como así. El hombre vestido finamente de verde se inclinó ante el rey y
después de aclararse la garganta intentó explicar sus ideas. -Así como vuestra
majestad, muchas cosas no sabía yo sobre este asunto. No sabía por ejemplo que
los generales conocidos como Glanshs eran ocho, yo solo pensaba que eran seis.
Además desconocía las dimensiones de tal horda. Pero nada de esto me
preocupa en comparación a los lobos del desierto. Esos mercenarios reclutados
por el rey orco están destinados para algo en especial. Son ellos reconocidos
por sus tareas de espionaje, sabotaje y por ser perfectos asesinos. Las puertas
de la fortaleza han estado abiertas hoy permitiendo la entrada de peregrinos
¿Qué pasaría si ellos han entrado y se dispusiesen a asesinar a alguien incluso
usted majestad o sabotear de alguna forma las defensas del lugar? Un orco no
podría pasar por las puertas de la fortaleza sin ser notado por lo que ha
explicado el orco Glakh, pero no le costaría mucho a uno de los asesinos de
Gull.
-He estado pensando lo mismo que tú, caballero
de la orden del Gato Azul. Mis guardias están alertados sobre la posible
presencia de intrusos hasta le he ordenado a Niguarn, el joven que estaba
sentado en esta mesa anoche, que prepare las tropas. Pero me temo que hasta
hora los únicos orcos que hemos visto son lo que han traído ustedes. Y nuestros
soldados no creen haberse pasado por alto a veinte mil soldados orcos. Eso es
muy difícil de creer. En una hora caerá la noche, el ritual de la Luna Nueva
comenzará y tengo que estar preparado para ese momento. He permanecido aquí al
lado del hombre que dicen que es su jefe. La fama de Neilad de ser el mejor
espadachín del reino ha llegado a las puertas de la fortaleza hace ya un buen
tiempo. He estado preguntando entre mis hombres y muchos dicen haber oído de él
y aunque la descripción de tal persona encaja con la del hombre que yace sobre mi
mesa, me parece muy conveniente que no porte ni su espada ni su escudo que lo
distinguen. Muy peculiar e intrigante es el gato que a sus pies descansa y no
imagino como habrán conseguido pintarlo de azul. Son sin duda alguna un grupo
de criaturas dignas de un circo. Y si están aquí todavía en mi presencia es
porque ningún daño me han hecho todavía. Y porque a cada minuto que pasa más
intrigantes personajes se les unen. He visto en ti a un hombre mortal que fue
capaz de escalar por los muros de la torre principal del castillo sin ser visto
por todo mi ejército, a una elfa que dice ser inmortal, que puede transformarse
y cambiar su rostro al que le plazca, a un mago del sueño que hipnotiza a mis
guardias, han llegado dos enanos a mis puertas uno casi más alto que yo, un
hombre que se presenta como un semi dios, a una sacerdotisa de Eiugun renegada
y a un asesino regenerado y llegan en compañía de cuatro orcos que
supuestamente han desertado de un ejército invisible. Y a un hombre herido que
puede simplemente haber sido víctima de ustedes para poder llegar a mí. Creo
que he sido bastante generoso con ustedes.
-No dudo de eso mi señor, y muy agradecidos
estamos por ello -Maz volvió a inclinarse ante el rey-. Pero si el rey orco
ataca hoy las puertas de la fortaleza se cerraran y dejaran dentro no solo a
los soldados que bajo tu mando están, sino que además permanecerán en ella
todos los peregrinos. Que solo ocuparan espacio y consumirán recursos. Y si los
caballeros de Gull siembran caos pronto la histeria se apoderara del lugar y
los orcos no necesitaran más que estar esperando fuera para conquistar la
fortaleza que caerá sola. Murgthiz espera que esto sea rápido no desea que
lleguen refuerzos de países vecinos o fortalezas lindantes. Le pido por esto
que proteja a los hombres importantes de la fortaleza ya que sean estos los
principales objetivos de Murgthiz y que aliste las tropas para la batalla. No
es algo para tomar a la ligera.
-Yo soy Urael, rey de Fenor y soy yo quien da
las órdenes a los hombres de la fortaleza y del reino. Y no he decidido que
hacer todavía con esto.
-Pues si es como dices no eres mi rey entonces.
-Una voz habló detrás de las espaldas de Maz.
-¿Quién ha dicho eso? -preguntó el rey
exasperado.
El gato azul camino galantemente hasta el trono
donde estaba sentado el rey y saltó sobre uno de los apoyabrazos. Y para
sorpresa del rey y de los guardias dijo -Yo lo he dicho. Ya que si eres el rey
de los hombres del reino no eres el mío porque no soy hombre. Y por cierto no
me han pintado de azul, este es mi color natural.
El rey no dijo nada por un segundo y después se
recompuso miró al gato y después miró a Maz que no mostraba ningún gesto de
asombro -¿Pero es que además de todo lo que he tenido que ver hoy tengo que
escuchar a un gato que habla?
El gato se sentó cómodamente en el apoyabrazos
-Si, rey de los hombres de Fenor, yo puedo hablar y si te parezco extraño es
porque no has conocido a los dos miembros que faltan de la orden que lleva mi
nombre. No soy yo una mera mascota, ni me han pintado de azul. He nacido azul
con ojos de color plata y soy capaz de hablar desde que tengo memoria. Y a
pesar de ser un miembro más de la orden las criaturas que la conforman suelen
no tenerme en cuenta. Ya que dicen que mis palabras son acidas e irrespetuosas.
Pero yo creo que por algo el hombre que ahí yace la fundó inspirándose en mí.
Esta es mi orden y no soy yo de ella. -Maz se tomaba la cabeza con las manos
mientras escuchaba al gato vanagloriarse.
-¿Pues además de jactarte tienes algo que
agregar? -preguntó el rey.
-De todos nosotros Maz es quien tiene la mente
más aguda. Yo me confiaría de su palabra y haría caso a sus consejos -El gato
saltó al alfeizar de la ventana desde el trono donde se encontraba con un hábil
movimiento felino, luego se sentó-. La magia que disfraza los pensamientos de
los orcos para que los magos no los encuentren y que encanta tus ojos para que
no veas a tus enemigos no afecta a los míos de felino. Mis ojos de plata pueden
ver no solo en la oscuridad donde no vería ningún humano sino también a
distancias que no alcanzaría ningún elfo. Y estoy viendo desde aquí que allí en
el bosque se esconden los orcos y esperan. Como te ha dicho el hombre hoy
atacaran cuando el momento les sea oportuno. En pocas horas descubrirás que lo
que te hemos dicho es cierto. Y veo para mi alegría que no estaremos solo
nosotros, de la orden alguien más ha llegado. Alguien que todavía no conoces
rey. No creí que esto fuera posible pero está aquí.
-¿A quién vez en la distancia señor gato?
-preguntó Azhalea que había estado escuchando la conversación sin decir nada.
-Es Sugum que está aproximándose a las puertas
de la Fortaleza y no tardará en llegar. No me explico como lo ha hecho.
-¿Sugum? -preguntó Maz extrañado-. Nunca lo
había visto lejos del Palacio de Plata.
-Yo tampoco. -dijo la elfa.
El rey los interrumpió -¿Otro más de su grupo?
Enviaré a que vayan por él y lo pongan en mi presencia -El rey ordenó a uno de
los guardias que fuera por Sugum-. Quiero saber de este sujeto.
-No creo que sea posible rey, poco sabemos
nosotros de él ya que casi nunca habla. –dijo Maz.
Con pesados pasos avanzaba la criatura y su armadura hacia ruidos metálicos al
moverse. Cargaba su gigantesco escudo y su enorme espada de un solo filo. Los
guardias que advirtieron su presencia cruzaron sus lanzas delante de la puerta.
-No pasaras hombre portando esas armas la fiesta
de la Luna Nueva es un rito de paz y no de guerra y el rey de Fenor no desea
que sus invitados lleguen armados.
Pero la criatura solo dijo una palabra con su
profunda voz -Neilad.
No tardó en llegar el mensajero del rey
autorizando la entrada de Sugum a la fortaleza. Y fue escoltado entonces por
cinco soldados hasta donde se encontraba el rey. El gato observó por la ventana
como acompañaban a Sugum hasta donde se encontraba el rey. –Yo si conozco la
historia de Sugum.
Azhalea se sintió intrigada -¿Realmente conoces
la historia del querido Sugum corazón de oro?
El rey también habló -Yo quiero escuchar esa
historia también, no dejo ya de sorprenderme con todos ustedes.
-Al poco tiempo de que Neilad y yo llegásemos a
Lurand y que nos fuese entregado el palacio para que lo custodiásemos y aun
mucho antes de que Zauner el maldito se uniese a nuestra orden se nos
presentaron unas hadas. Extrañas criaturas las hadas que le escapan a los elfos
y a los enanos pero que suelen ponerse en contacto con hombres humanos o con
niños perdidos. Estas hadas habitan el bosque de Lurand que rodea al palacio de
plata, vieron en Neilad a un hombre especial y supieron entonces que él
formaría a la orden que hoy lidera. Y le pidieron algo. Que protegiese al
hermoso bosque de Lurand así como hacía con la ciudad. Esas piedras plateadas
que conformaban al palacio eran sagradas para ellas. Así que enviaron a Sugum
para protegerlas. Sugum es un espíritu del bosque que las hadas han reanimado
para que se convierta en el guardián de la orden. No sé de dónde han sacado las
hadas esa armadura ese escudo o esa espada. ¿Quién sabe? Quizás de algún
desafortunado guerrero que años atrás habían enterrado en el bosque, no lo sé,
ni incluso si lo han sacado todo del mismo lado o han manipulado ellas a la
materia de alguna forma con su poderosa magia. Pero sé que el poder que las
hadas le concedieron solo se extiende a los alrededores del palacio porque son
esas piedras plateadas las que mantienen el encantamiento. Sugum es por esto el
más fiel protector de la orden y el primero en unirse a Neilad, y a mí por
supuesto. Sugum no necesita nada más que una causa para existir. Es por esto
que siempre aguarda a las puertas del palacio y permanece inmóvil por días. A
veces uno hasta se olvida que está ahí, esperando. No me explico cómo ha
llegado hasta aquí. Como se ha alejado tanto del palacio de plata.
El rey se acariciaba la barba -Interesante
criatura la que describes. Creo que nada me asombrará mañana después de lo que
he visto hoy.
Sugum atravesó la puerta que antes había cruzado
Serotonino acompañado de los guardias del castillo. Algo diferente notaron en
él. En su pecho incrustado donde estaría el corazón se encontraba una pieza de
piedra plateada que parecía haber sido arrancada por las manos del propio Sugum
de los muros del palacio con su fuerza antinatural. Alrededor de la piedra se
había fundido oro que la unía a la armadura. Hilos del dorado metal se
extendían por la armadura como venas de oro. Todos los de la orden que estaban
despiertos se alegraron de verlo llegar. Azhalea se acercó a él y notó que en
la piedra de su pecho brillaba una inscripción escrita en el extraño idioma de
las hadas, el mágico. Y la leyó en voz alta para que todos escuchasen.
Que el espíritu de Sugum
guardián
Continúe con su
importante misión
Para que aquellos que habían
Jurado con gran decisión
Proteger al bosque sagrado
Puedan esta semana haber
regresado
Que su corazón de oro y piedra
Traiga con vida a Neilad a
nuestra tierra.
Que aquel que porta el anillo
plateado
Regalo de la
brillante estrella
Sepa que otros y no tan solo
ella
Lo esperan en el bosque
sagrado.
Luego la piedra dejó de brillar y las letras desaparecieron. Las hadas del
bosque le habían concedido al guardián la oportunidad de viajar hasta donde se
encontraba la orden para poder protegerla. El rey y los soldados observaban con
atención a la criatura. El rey Urael miró al gato nuevamente y después a Maz -Y
todavía me falta conocer a un tal Zauner. ¿Tendré la oportunidad de conocerlo?
El gato sentado en la ventana contestó -Tarde o
temprano todos veremos a Zauner pues él ya no forma parte de este mundo. Y en
el sendero que todos recorremos el país donde esta Zauner es el último de
nuestros destinos.
-¿Qué me has querido decir con esto? -preguntó
el rey. Pero antes de que alguien pudiese contestar un soldado entro corriendo
a la habitación.
-Mi rey han asesinado a Frerias el santo en su
habitación. El rito ya no podrá realizarse.
El plan que Maz había explicado al rey, había sido puesto en acción.
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