Llanura de Fenor.
Día 13 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
Ninguno de los cinco había desayunado esa mañana, todos buscaban con prisa
llegar a la fortaleza de Fenor lo antes posible y anhelaban encontrar en su
camino rastros de los orcos o de Neilad. Pero no tenían éxito. La angustia se
veía en el rostro de los enanos. Azhalea buscaba con su vista de elfa en el
horizonte cualquier indicio de sus enemigos pero no pudia encontrar en la
llanura a ningún ser andante. El gato azul movía la cola de un lado a otro muy
inquieto. Sefit viajaba en silencio. El olfato de la elfa nuevamente la puso en
alerta.
-Huelo la presencia de los orcos pero no puedo
verlos. Puede que se encuentren cerca o que hayan pasado por aquí hace poco
tiempo.
-¿Dónde? -preguntó Rikenv-. Esto es un
descampado, no hay nada. Nadie puede ocultarse acá y menos a plena luz del día.
-Yo solo te estoy diciendo lo que mi olfato me
indica no puedo saber más.
El gato dijo -Callen y no peleen como niños.
Miren hacia allí. -E indicó moviendo su cabeza. Un hombre vestido de blanco
hacía señas a lo lejos. Azhalea se extrañó de no haberlo visto antes. Pero
antes de que los demás lo reconocieran, su aguda vista distinguió el rostro de
Betu. Se acercaron lo más rápido que pudieron. Y para su sorpresa, como si del
mismo aire apareciesen, surgieron las figuras de cuatro orcos. Uno llevaba el
inconfundible cuerpo de Neilad, por sus cabellos largos y negros, en su hombro.
-¿Qué significa esto? -preguntó Sefit.
-Calma guerrero todo tiene explicación. No
ataques a estos orcos que han hecho un pacto con Neilad quien me ha pedido que
me asegure que sea cumplido. Ahora que están ustedes podremos ayudarlo, hace
varias horas fue herido y su condición es grave.
El orco dejó a Neilad sobre el césped húmedo por la lluvia de la noche
anterior. Los enanos se acercaron empuñando sus armas, no se fiaban de los
orcos. Betu se quedó en compañía de los guerreros que estaban cubiertos de
barro al igual ahora que Betu y Neilad. Sefit no desmontó. Azhalea se acercó al
cuerpo del hombre que se encontraba herido e inconsciente. Lo examinó y vio la
herida profunda y mortal. La piel del hombre estaba pálida. Sus labios estaban
secos, una ceja estaba partida y su cuerpo desaseado. La mujer recitó unas
palabras en elfo y luego apoyó su mano derecha sobra la herida. La magia blanca
de la sacerdotisa era efectiva y poderosa pero no absoluta. La herida
permaneció igual. Sacó de su bolso un pequeño recipiente de cristal labrado,
finamente tallado. Y le dio de beber al hombre un sorbo y después volcó el
resto sobre la herida y el líquido cristalino hizo ebullición.
-Esta agua bendita saciara la sed y el hambre
que su cuerpo siente en este momento y purificara la herida. Mi magia acelerará
su cicatrización y detendrá la hemorragia. Pero aunque su cuerpo se salve no sé
qué pasará con su alma. El arma que se clavó en su cuerpo estaba
envenenada es posible que el brebaje que le dio la ogra haya minimizado
el efecto pero no se cuánto. Le he dado un poco más de tiempo y ahora depende
de su fortaleza sobrevivir. Debemos llevarlo a la fortaleza lo antes
posible Ahí quizás podrán atenderlo mejor de lo que yo puedo aquí, pero
aun así de él dependerá regresar. Los enanos miraban afligidos al hombre, Betu
todavía acompañaba a los orcos que miraban con atención a Sefit montado en su
caballo negro e ignoraban a Neilad.
-¿Por qué me miran de esa forma orcos? Acaso recuerdan
que he matado a alguno de sus hermanos. -dijo Sefit desafiante.
-No sé de eso, pero nosotros hemos matado ayer a
varios de los tuyos. -El orco jefe habló por primera vez ante los guerreros de
la orden.
El antaño lobo del desierto de Gull se acomodó
en su montura –Pero ¿Qué significa eso?
Betu intervino -Debemos de contarles muchas
cosas y estimo que ustedes también a nosotros. Viajemos con prisa hacia la
fortaleza y les contaremos en viaje. Pero antes hare las introducciones. Los
orcos que me acompañan son Glansh-Glakh el que antes era el octavo general de
Murgthiz, pero ahora desea que lo llamen solamente Glakh -El orco jefe gruñó
sin quitarle los ojos de encima a Sefit-, él es Frunzzhsh -el de la voz aguda
movió la cabeza-. Gluk -El orco más pequeño de los cuatro se sacudió-. Y
finalmente Grur -el último orco era fornido y de ojos saltones-. Y los
caballeros de la orden son estos, el enano de barba rojiza es Rikenv el
aventurero, el enano gigantesco es Beraza, la hermosa elfa es la sacerdotisa de
Eiugun Azhalea y el caballero negro es Sefit el imbatible y este de aquí es el
legendario gato azul.
Los enanos ya habían cargado a Neilad sobre la
carreta en que se movían y lo habían envuelto en la capa que antes había dejado
ahí. Colocaron a su lado su armadura blanca que el rey orco no se había llevado
ya que no poseía ninguna cualidad especial. Y se colocaron en posición para
seguir con su viaje. Azhalea nuevamente montó en su yegua y todos comenzaron a
andar esta vez más lentamente porque Betu y los orcos iban a pie. Azhalea
explicó que llevar a Neilad a la fortaleza solo le proporcionaría más comodidad
pero que difícilmente podrían hacer allí algo que ella ya no había hecho por él,
sus esperanzas se iban esfumando. Los enanos continuamente deseaban dejar atrás
a los orcos y llevar a Neilad al Fenor lo más rápido posible. Pero separarse no
era una buena idea y era mejor que estuvieran todos juntos escoltando al hombre
inconsciente, que viajar por separado, además si los orcos quedaban solos seria
presa fácil para los hombres y para los de su especie y Neilad les había
prometido protección.
Rikenv habló muy seriamente y
con desprecio a los orcos mientras viajaban -Entonces ¿Cómo es que se mueven
sin que los veamos y que es eso que me están contando de un gran número de
orcos ocultos aquí en el descampado?
Grur, el de los ojos saltones, miró a su jefe
como si le pidiera permiso para hablar y Glakh asintió con la cabeza. Grur tomó
un pequeño pote que colgaba de su cintura. Lo abrió y mostró que había cenizas
dentro -Cuando mezclamos esto con el barro creamos una sustancia que nos vuelve
invisibles a los ojos y a la magia si nos la untamos. Pero solo funciona a
veinte pasos de distancia. Si estamos más cerca nos pueden ver, claro que para
ese momento ya es demasiado tarde por lo general.
-Eso explica porque todos los de su especie que
encontramos estaban cubiertos de lodo. Incluso Neilad y Betu -Beraza movía su
pipa de un lado a otro de su boca-. ¿Y cuál es el número de orcos que
enfrentamos entonces?
Glakh quien ya no se sentía siervo de nadie
respondió -Cada uno de nosotros estaba al mando de dos mil soldados orcos. A su
vez cada uno de los Glansh contaba con la protección de por lo menos un orco
guardaespaldas, llamados nurorcg, que son esos grandes guerreros armados con
garrotes. Y con veinte orcos de élite como lo son mis compañeros. Además
Murgthiz comanda un grupo de tres mil orcos montados en lobos. Y varios
nurorcg.
-¿Me estás diciendo que hay veinte mil orcos
aquí en el prado? -Rikenv comenzó a inquietarse y a ver por sobre sus hombros.
-No. Nuestra misión inicial era conseguir el
huevo de la ogra y en nuestra fortuna conseguimos dos. Además no enteramos de
la presencia de Neilad en la zona desde hacía tiempo. Murgthiz quien ha estado
buscando armas y armaduras poderosas desde hace años codiciaba esas armas pero
no había tenido oportunidad de conseguirlas. Por eso envío a tres de nosotros,
a buscarlas. Su plan era enviar a un pequeño grupo a buscar al hombre. Debía
ser lo suficientemente grande como para desbordar a su orden y aniquilarla
fácilmente en un ataque sorpresa pero lo suficientemente pequeño como para no
ser advertido por los hombres de Fenor, además de que siendo pocos nos
moveríamos más rápido. Enviaría dos contingentes, uno hacia su palacio plateado
y otro más pequeño a la aldea de Lurand. Y yo me quedaría en custodia del
huevo. Pero las cosas cambiaron en el camino. Los imbéciles de Brgrunt y
Glugarth discutían sobre quien debía ser el que se quedase con la gloria de
vencerlos. Finalmente Glugarth que era el quinto Glansh y por eso más
importante que Brgrunt, que era el sexto, comando la tropa que fue hacia su
palacio. Brgrunt por su parte fue de mala gana a Lurand sabiendo que no
encontraría ahí mucha resistencia por lo que tomó solo a treinta orcos con él y
ni siquiera se molestó en llevar a su guardaespaldas. Esos son orcos estúpidos
que solo sirven en batalla, pero que retrasan al resto ya que no son capaces de
abrocharse un cinturón por sí mismos. Pero yo pensé que era mejor plan
engañarlos que atacarlos, por eso extorsioné a la ogra para que los engañase
haciéndole creer que le devolvería a uno de sus hijos y le tendí la trampa a
Neilad. Sabia de su reputación y calculé que era lo suficientemente… -el orco
iba a decir estúpido pero se contuvo, no sintió que era el mejor momento para
insultar al hombre- confiado como para dirigirse hacia ahí por voluntad propia.
Brgrunt y Glugarth creyeron que era una estupidez y atacaron sus objetivos como
estaba planeado en un principio usando todas las fuerzas con la que contaban
sin pensarlo dos veces. Yo en cuanto capturé los huevos de la ogra envíe un
mensajero llamando a Murgthiz para que obtuviese su botín lo antes posible y él
viajo hasta aquí movilizando un pequeño ejército de cerca de mil soldados, los
más fieros y fuertes. Al enterarse de la muerte de dos Glansh le pidió a
Glansh-Mur-hr, el segundo general que lo acompañase. Los tres primeros Glansh
son los más terribles de nosotros, no querrán tenerlos enfrente. Neilad conoció
a Mur-hr y también este semi dios. Mur-hr carga una espada maldita al igual que
los otros dos. Las otras armas poseen poderes diferentes.
Sefit escuchaba con atención pero no se atrevía
a interrumpir. La información que el orco estaba revelando era valiosa, si
Neilad le había perdonado la vida esperando que el orco en su despecho
confesase esto, había actuado con sabiduría. Pero sintió más admiración todavía
por Maz que había calculado todo esto tres días atrás. Finalmente necesitó
conocer el resto de la información. –Dime ahora ¿De qué tipo de armas estás
hablando? ¿Qué ha pasado con el resto de las tropas, incluso las que manejabas
tú? ¿Y por qué dijiste hoy más temprano que habías matado a mis hermanos?
-No solo ha traído a parte de su ejército con él
a la planicie, sino también ha reclutado a un grupo de mercenarios humanos
conocidos como los lobos del desierto de Gull de los cuales tengo entendido tú
formabas parte. Esto ha sucedido mientras yo no me encontraba con él, así que
no sé por qué lo ha hecho. Anoche matamos a cinco de ellos pero al menos quince
más se encuentran con él -Sefit meditó lo que el orco decía y no le parecía
para nada imposible-. En cuanto a las tropas lo más probable es que las hayan
repartido entre los demás Glanshs que se encuentran esperando ocultos en el
bosque que separa las montañas grises de la Fortaleza de Fenor. Los últimos
días nos hemos encargado de matar a los hombres que se aventuraban en el lugar
para que no revelasen nuestra posición. ¿Y por las armas de los Glanshs
preguntas? No querrás saber.
-Si lo deseo, no le temó a nada. –Contestó el
imbatible, en cualquier otra persona tal afirmación hubiera sido soberbia, de
parte de Sefit era la pura verdad.
El orco río -Pues deberías. Glansh-Bridgunt el
séptimo general es un imbécil pero es fuerte como un león. Y es mejor no estar
al alcance de su pesada alabarda o de sus poderosas garras. Glansh-Briver el
cuarto general es veloz e incansable así como pequeño y carga una porra y un
martillo de guerra con los que aplasta las cabezas de sus enemigos y monta en
el lobo más veloz y fuerte de los orcos que está muy protegido por placas de
metal y cuero trenzado. Pero como dije ellos dos no son nada al igual que los
tres que hemos venido aquí en comparación de los tres primeros generales.
Glansh-Drurt el tercer general carga el hacha de Tairan el antiguo Rey enano
del norte de Denjiia. Se dice que la fuerza del monstruoso golpe del hacha
puede derribar un roble de un solo hachazo y partir al piso en dos -Rikenv
había oído hablar de esa arma y no imaginaba como había caído en manos de los
orcos-. Glansh-Mur-hr posee la espada bastarda que los hombres forjaron para
enfrentar al gigante Ignor hace cientos de años y que se encontraba protegida y
oculta en un monasterio remoto al este de aquí. Los hombres que la hicieron
lanzaron una maldición sobre su hoja y desde entonces cualquiera que sea herido
por el filo de la espada o que su sangre este en contacto con la misma será
envenenado y tendrá una muerte horrible y dolorosa. Necesitaron los hombres
crear un arma gigantesca y que solo necesitara un golpe para asegurar su
victoria ante un gigante. Pero Lerouas el héroe de los hombres no esperaba que
la maldición se volviese en contra suya. Para asegurarse que nadie más que él
la usara, la empuñadura de la espada tiene pequeñas púas que cuando cualquiera
las toca hacen brotar su sangre y es en consecuencia envenenado. En batalla con
el gigante una de ellas rozó la piel del hombre que murió después de vencer a
su enemigo. Desde entonces nadie más la había usado hasta que Mur-hr saqueó el
monasterio. Pero Glansh-Dlek es todavía más temible, él ha obtenido una vara
mágica que le permite controlar la mente de las criaturas y viaja por esto en
un dragón de tierra que es tan grande como ocho de esas carretas y tan alto
como cinco de ellas. El dragón vomita fuego y como todos los dragones, es
inmune a la magia excepto a esta vara. Y es el arma secreta de Murgthiz quien
ahora equipado con Grurdahara es invencible. Tengan en cuenta además que todos
nosotros los ocho Glansh y el supremo comandante poseemos armaduras forjadas
por los enanos que nos hacen muy resistentes a los golpes. Brgrunt y Glugarth
murieron por subestimarlos y por su desesperación por entrar en batalla. Pero
eso ya no volverá a ocurrir.
-¿Grurdahara? -Preguntó Beraza.
-En nuestro idioma Grur significa resistente o
duro y Dahara estrella. Aunque en este caso la traducción más exacta seria la “Dureza
Estelar” o “la resistente espada de las estrellas”. Así conocíamos
los orcos a la espada de este hombre. Y desde que Murgthiz supo de su
existencia que anhelaba conseguirla.
-Dahara…-pronuncio la elfa- que hermosa palabra
usan los orcos para nombrar a las estrellas. Nunca lo hubiera imaginado -Luego
agregó-. Pero hay algo que todavía me intriga ¿Para qué querría Murgthiz los
huevos de ogro? ¿Acaso alarga la vida de los orcos?
-¿Alargar nuestra vida? Eso es imposible. Los
orcos fuimos la primera raza creada por los dioses. Nacimos en el seno de
nuestra madre la diosa tierra y somos para tu sorpresa inmortales. Si ningún
orco ha llegado a viejo es porque nos matamos los unos a los otros. Por eso los
dioses crearon a las otras razas.
-Jamás había escuchado locura similar, ¡¡¡Orcos
inmortales, jah!!! -exclamó Rikenv.
El orco que venía hablando, Glakh, siseo -Cree
lo que quieras enano pero lo que te digo es cierto -Y prosiguió-. Nuestra madre
la diosa tierra no nos dio habilidad mágica alguna así como tampoco nos proporcionó
alguna defensa contra ella. Porque fuimos creados antes de que la magia misma
existiese. Nuestras características físicas y mentales están determinadas por
los atributos que posea el suelo a la hora de nuestra formación. El supremo
comandante tuvo noticias por parte de un mago elfo que si se mezclan ciertos
ingredientes, entre ellos un huevo de ogro, que si son seres con cualidades
mágicas, se obtendrá un orco que pueda ejecutar magia y se cree también
defenderse de ella sin tener que valerse de ningún tipo de arma especial, así
como hace Murgthiz ahora con Grurdahara. Y esos serían los nuevos soldados del
ejército de Murgthiz.
Los caballeros de la orden guardaron silencio
tratando de asimilar toda la información que habían recibido y si la mitad de
lo que decía el orco era cierto estaban en grandes problemas. El inminente
ataque de los orcos a la fortaleza de Fenor no podía ser repelido sin por lo
menos algo de preparación. Y el tiempo escaseaba. Se necesitaría más de un
milagro para poder salir de tal situación. Pero ahora ya estaban atrapados y si
era cierto que el rey orco estaba suelto por la pradera junto con sus soldados
alejarse de la fortaleza ya no era una opción y tampoco podían abandonar al
resto de sus compañeros que estaban en él. Como había dicho el orco era un
suicidio. Y nada podían hacer para evitarlo. Las fauces del ejército oscuro del
rey orco se estaban cerrando cada vez más e iban a devorarse a los soldados de
Rey Urael y a la mismísima Orden del Gato Azul de un solo bocado.
Siguieron su viaje hacia la fortaleza que les resultó interminable. Azhalea comenzó a cantar. La canción no estaba escrita en algún idioma que conocieran porque era una canción mágica. Que entonaban las sacerdotisas para sanar el alma de quienes la escuchaban. Quizás esto reanimase a Neilad. Pero mientras escuchaban la canción Betu y los orcos sentían como sus heridas también eran sanadas. Y los orcos experimentaron por primera vez la paz, aun con veinte mil soldados buscándolos. La hermosa voz de la elfa siguió sonando y nadie se atrevió a interrumpir la armoniosa melodía. Cuatro horas habían pasado del alba cuando la patrulla de soldados del Rey de Fenor lideradas por Nuel el campeón los alcanzó. Se sorprendieron de ver a los orcos pero Betu y Azhalea convencieron a los soldados y en especial a Guy de Montevid, la joven guerrera, de que habían hecho un pacto con ellos y que tenían información vital para el rey Urael. La patrulla había estado buscando en varias direcciones y no se había alejado demasiado de la fortaleza. Por esto con los orcos y Betu a pie llegarían en un poco más de tres horas. Serotonino se alegró de ver a sus compañeros y a Neilad aún con vida a pesar de su estado. No vio la patrulla a ningún otro orco que no fueran los cuatro que viajaban con Neilad y con Betu. Cuando llegaron a la fortaleza las puertas del mismo estaban abiertas y como había dicho el rey no se había interrumpido la celebración de Noirus. Y la fortaleza estaba llena ahora de peregrinos. Los orcos fueron disfrazados para que no alarmasen a los visitantes y puestos en presencia del rey así como Neilad y los otros caballeros de la orden que se reunieron con Verokai y Maz. El rey escuchó a los orcos que contaron lo que habían dicho a los miembros de la orden y también lo sucedido con Neilad. Y así también contaron su historia Azhalea y los dos enanos. Después de esto, el rey hizo encarcelar a los orcos. Betu protestó pero el rey explicó que los pactos que había hecho Neilad nunca habían sido autorizados por él, pero que por respeto a la situación no lastimaría a los orcos. No se fiaba de ellos y todavía desconfiaba de los caballeros de la orden. Aunque había empezado a creer que lo que le habían dicho era cierto. La Orden se encontraba reunida en la torre donde se habían presentado inicialmente, todos alrededor del cuerpo inmóvil del hombre herido. Los enanos estaban inquietos y no soportaron la espera. Pidieron permiso al rey para usar la forja y les fue concedido y bajaron donde el herrero a descargar su ira contra el metal. Verokai, Serotonino y Sefit descansaron sentados en sillas ya que hacía tiempo que no dormían. Azhalea se quedó al lado de Neilad que no despertaba. Betu bajó a las mazmorras para hacerle compañía a los orcos que habían sido encarcelados celando la palabra de Neilad, y los orcos agradecieron el gesto del semi dios.
El reloj de sol de la plaza principal marcó las seis de la tarde cuando Maz se
acercó al rey que a pesar de la fiesta también se encontraba en la misma
habitación que Neilad. El carismático cleptómano dijo -Hay algo que tengo que
decirle. Y me temo que no son buenas noticias.
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