Fortaleza de Fenor.
Día 14 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
Rikenv movía su martillo de una mano a la otra, inquieto. Una gran sonrisa
podía verse bajo su rojiza barba -Por fin vamos a poder pelear. ¡He estado
esperando este momento! -Su alegría no podía ser disimulada.
-Esta no va a ser una batalla fácil, no te confíes
enano. Hoy solo la muerte saldrá victoriosa. -dijo Glakh gruñendo.
-No me amargues la guerra orco. -Rikenv
enfureció.
Maz pasó por delante de ellos montado en el
caballo de pelaje dorado -No desperdicien fuerzas peleando entre ustedes
adelante esta el ejército de Murgthiz es a él a quien debemos enfrentar -Los
dos guerreros guardaron silencio. El caballo de Maz estaba inquieto y giraba en
el lugar. El hombre era un experto jinete pero aun así le costaba controlarlo.
Él también estaba inquieto. Miró a Neilad. Raras veces se veía a Maz con
preocupación en el rostro pero esta vez era así. Seriamente dijo al hombre-.
Nunca me han gustado estas guerras, Neil, no soy un guerrero como ustedes. No
deseo abandonarlos pero tampoco me inspira mucho ir a cortar cabezas. La diosa
luna me ha dado el cerebro para no tener que hacer uso de mis bolas.
Neilad guío a Nes donde estaba Maz -Tú has
liderado a la orden mientras no estaba y si no te hubieses dado cuenta de todo
esto antes de que sucediese, realmente hubiera sido demasiado tarde. Has hecho
bien. No te atrevas ahora a llamarte cobarde.
El orco jefe se acercó a donde estaban parados
-¿No has sido tú acaso el que mató a Glansh-Brgrunt?
Maz rio -Pues sí, pero es porque he sabido
aprovechar mis oportunidades.
-Pues ya es más que lo que ha hecho ese orco que
era un estúpido. Hace tiempo aprendí que hace falta más que destreza con la
espada o las armas para ser un guerrero. Brgrunt era un idiota y posiblemente
me hayas ahorrado el tener que matarlo yo -El orco rio y los otros orcos lo
acompañaron-. Pero haces bien en tenerle respeto a esta batalla. La sed de
guerra me pica en la garganta ya que es el alimento de los orcos y aun así
respeto al ejército al que me enfrento, ya que no dudo de su fortaleza. No creí
nunca conocer a un grupo tan peculiar de criaturas como son ustedes y mucho
menos espere pelear de su lado. Cosas increíbles pasan en el campo de batalla
-El orco sacudía la cabeza y escupía mientras hablaba pero aun así mantenía su
porte de líder. Los otros orcos claramente eran fieles seguidores de sus
palabras. La orden, incluso Rikenv, escuchaba con atención al orco-. Y te diré
algo más, criatura, hasta donde se eres el único humano que ha matado a un
Glansh de Murgthiz. Ni siquiera el pequeño que tienen de jefe ha hecho eso.- El
orco lanzó una carcajada y los otros orcos se rieron pero no había burla en sus
palabras.
-Hoy sabremos si he hecho bien o no.- Neilad ya
no miraba a los orcos o a otro de los miembros de la orden mientras decía esto,
solo miraba a la puerta del castillo que estaba por ceder.
Sobre las murallas la mayor Guy de Montevid gritaba a sus tropas las órdenes
mientras caminaba por toda la periferia del lugar. La joven estaba equipada con
una armadura azul y gris del color de Fenor pero no llevaba ahora ningún yelmo.
Muchos orcos caían muertos, víctimas de los proyectiles lanzados por los
soldados del rey. El ariete golpeaba contra el portón principal del norte sin
cesar. Los hombres de Niguarn el joven amurallaban la puerta, sus lanceros
rodeaban la entrada esperando que la puerta cayese para entrar en batalla. Los
guerreros de Shires de Montevid esperaban detrás y su general miraba
atentamente sentado sobre su montura. Una de las rocas llameantes que lanzaban
sus enemigos golpeó las almenas del castillo a pocos pasos de donde se
encontraba su nieta. El hombre giró para verla, algunos hombres del rey habían
muerto pero la guerrera todavía estaba en pie dando órdenes y alentando a las
tropas.
-Esas son mis tropas, Neilad. Las catapultas y los
arietes. Esas son mis tropas -dijo Glakh-. Estoy seguro que están bajo el mando
de Glansh-Bridgunt. Son dos mil soldados Neilad, más otros dos mil que él ya
tenía y posiblemente también comande los arqueros de Brgrunt.
-¿No es ese el orco General de la albarda,
Bridgunt? -preguntó Beraza
-Sí. Es fácil de reconocer porque es más alto
incluso que aquellos que lo protegen. Los guerreros que llevan pesados garrotes
de madera, los nurorcgs.
-¿Existe alguna posibilidad de que tus antiguas
tropas te vuelvan a seguir? -Neilad seguía concentrado en el portón de entrada.
Muchas de las tropas del rey veían al extraño grupo de guerreros aguardando su
oportunidad de entrar en batalla. Y querían escuchar a la canción de la espada
nuevamente.
-No sueñes humano, eso no sucederá -respondió el
orco-. Esto recién empieza, mi división de artilleros va a cambiar su objetivo.
Hasta ahora han estado lanzando proyectiles al azar buscando debilitar a la
muralla que es alta y resistente y tratando de conseguir atemorizar aún más a
los hombres, porque sabíamos que la altura de las murallas no nos permitiría
alcanzar objetivos claves fácilmente. Pero allí donde recién han golpeado,
puedo ver las grietas en la estructura, pronto solo golpearan ahí.
-Maz, informa a Nuel de esto, has que bajen o se
retiren de esa parte las tropas de Guy.- dijo Neilad con apuro y el ladrón
viajo hasta donde se encontraba Nuel para informarle.
Mientras tanto el portón de entrada por fin
cedía. Una ola de gritos orcos y humanos silenció a todo aquel que intentase
dar órdenes. Luego comenzó la lucha cuerpo a cuerpo. Cuando los orcos
invadieron la fortaleza se encontraron con los hombres de Niguarn esperándolos.
El joven empuñaba su espada y se unió a la lucha alentando a los hombres que
protegían la entrada con sus lanzas. Arriba las tropas de Guy atacaban a los
que se acercaban lo suficiente para estar al alcance de sus flechas. Pero no
alcanzaban las armas para tal número de enemigos. Afuera la división de
artillería que comandaba Glansh-Bridgunt había cesado sus ataques como había
predicho Glakh el astuto. Y ahora apuntaba todas sus armas a donde la
estructura había sido debilitada. El ataque de todas las catapultas al mismo
tiempo sacudió los muros, veinte proyectiles impactaron cerca de donde había
caído el anterior y la grieta se hizo visible. Guy intentaba sacar a las tropas
del lugar. Muchos de los hombres y mujeres arqueros caían desde la altura para
morir contra el suelo. Concentró ahora sus hombres en donde estaba la entrada y
retiró a las tropas de la periferia del castillo. Los laceros de Niguarn
todavía impedían el paso de los guerreros del Rey Orco. Arriba, Guy centró a
sus hombres en las dos torres principales de la entrada. Tenían almacenadas ahí
las granadas de cerámica que usaban para defenderse. Veinte hombres comenzaron
a distribuirlas. En su interior contenían aceites combustibles. El arma poseía
una mecha que le permitía encender el aceite dentro del recipiente de cerámica.
El objetivo era esparcir el aceite en su enemigo y prenderlo fuego. No tardaron
en recibir todos sus armas y mientras abajo los hombres de Niguarn resistían
Guy de Montevid gritó.
-¡Que ardan los malditos orcos! -Los hombres
arrojaron las granadas sobre los orcos que enseguida fueron cubiertos por las
llamas-. Enciendan la punta de sus flechas, que el fuego purifique la entrada
de nuestra fortaleza. -Y las flechas comenzaron a caer sobre el resto de los
orcos mientras se quemaban y perdían formación. Niguarn todavía resistía abajo
pero ya había perdido a muchos hombres y afuera la cantidad de orcos todavía
era incontable.
Los proyectiles seguían golpeando la muralla que
cada vez se debilitaba más. La fuerza de ataque de los orcos era abrumadora y
los lanceros y soldados de infantería de Niguarn comenzaban a cansarse pero la
adrenalina que corría por sus venas no les permitía bajar la guardia. A pesar
de los esfuerzos de Guy los orcos seguían llegando. Finalmente el número fue
tan grande que las lanzas no fueron suficientes. Los orcos que invadían pisaban
los cuerpos de sus compañeros muertos y poco a poco iban ganando terreno. Y de
fondo se escuchaban las rocas golpear contra la muralla rítmicamente. Llegaban
unas detrás de otras y se contaba el tiempo en que tardaban en recargar y
volvían a llegar sin parar.
Neilad desenfundo su espada
que zumbo en el aire. -Ya he visto suficiente, es hora de ayudar al rey de
Fenor. Azhalea, creo que a Guy le vendría bien tu puntería en este momento -La
elfa asintió con la cabeza y se dirigió hasta las escaleras que llevaban a la
parte alta de las murallas-. Serotonino, si alguna vez nos hizo falta tu magia
es ahora. Tú y Maz piensen como acabar con esas catapultas. El resto, únanse a
mi contra los orcos del portón. -No término Neilad de decir esto que finalmente
se escuchó el sonido de las murallas derrumbarse. No tardarían los orcos en
atacar por ese lugar también. La orden enfrentó a los orcos que intentaban
atravesar el portón. Un grupo de ellos había conseguido abrir una brecha entre
las líneas del ejército de Fenor y comenzaba a desbordar sus defensas. La
espada cantó otra vez y se unió a la lucha. El hacha de Zauner golpeaba a los
orcos que caían muertos a varios pasos de ahí. Verokai y Sefit se encargaron de
todos los que consiguieron superar las líneas de los lanceros y corrían por el
castillo. Beraza levantó a uno de los orcos por arriba de sus hombros y lo
arrojó contra las lanzas de los soldados. Los orcos nada podían hacer contra su
brutal fuerza. Sugum cuidaba la espalda de Neilad. Betu lanzaba sus rayos
contra los guerreros que no tenían oportunidad. Glakh y sus orcos también
lucharon matando a sus antiguos compañeros, que no dudarían en matarlos ahora
tampoco de tener la oportunidad. Rikenv aplastó la cabeza de uno con su
martillo de guerra. Mientras exclamaba.
-Por fin. ¡¡¡Por fin!!!
Desde arriba las flechas de la elfa cubrían los
movimientos de los miembros de la orden. Ningún orco se acercaba por la espalda
de alguno de ellos sin que ella no lo matase con sus infalibles flechas.
Las rocas seguían golpeando a la muralla que cada
vez se derrumbaba más. Los arqueros orcos que ahora podían ver al ejército se
colocaron en posición. Los pasos de los orcos acomodándose en formación se
escuchaban a distancia atemorizando a los hombres. Shires de Montevid y Nuel
agruparon a sus tropas detrás de lo que todavía protegían las murallas. Pero
pronto todo caería y pelear dentro de la fortaleza era la última opción y no la
más favorable. El rey orco estaba forzando a los hombres a salir a enfrentar a
sus catapultas o a morir aplastados por sus proyectiles. Y junto con las rocas
comenzaron a caer las oleadas de flechas sobre los hombres del Rey Urael.
Muchos de ellos no podían ocultarse o protegerse y murieron irremediablemente.
Una nueva oleada cayó y más hombres murieron.
Neilad luchaba con los orcos que atacaban la puerta norte cuando escuchó en su
mente. “Me has pedido Maestro que acabe con las catapultas y eso hare. Pero
esto consumirá todas mis fuerzas ya que es el conjuro más poderoso que conozco,
dependerá de ustedes terminar el trabajo.” Neilad abandonó el combate y buscó
en la batalla al Mago rojo. Lo encontró sobre la parte más alta de la muralla
que todavía quedaba en pie. Esa zona ya no se encontraba defendida y la
solitaria figura del mago que contemplaba al campo de batalla se cubría entre
las sombras a los ojos de sus enemigos gracias a sus ilusiones. Como antes
ellos habían hecho con él. El mago rojo hablo con su habitual frialdad. No
gritó, simplemente habló, pero su voz fue escuchada por ambos ejércitos.
-Has venido a destruir a Fenor, Murgthiz. Y has
derrumbado a la fortaleza que protegía a los hombres del reino. Pero aunque sus
muros caigan, Fenor se levantara para aplastarte -Movió sus manos y las colocó
en un gesto de oración. Los escombros de las murallas grises y azules que antes
habían sido derrumbadas con rocas en llamas comenzaron a temblar y a moverse.
Rodaron agrupándose ante los ojos de los soldados que no entendían que sucedía.
Y formada por las piedras que antes componían a la muralla una criatura emergió.
Su cuerpo era de piedra azul y gris y su cabeza y sus manos estaban cubiertas
de fuego. Tenía la altura de seis hombres y era controlada por los movimientos
de las manos de Serotonino-. Fenor está aquí para aniquilarte.
Los hombres del rey Urael vitorearon. Y el
gigantesco elemental de piedra y fuego comenzó a destruir las catapultas
mientras aplastaba a los orcos con sus pies. De nada servían las flechas contra
él. Los orcos de infantería rodearon a la criatura y avanzaron ahora sobre lo
que quedaba de las murallas, terminarían de matar a los hombres a fuerza de
espadas. Otro grupo de orcos intentó detener a la criatura pero fue en vano ya
que su fuerza no tenía comparación. Los orcos llegaron a la muralla mientras
todavía intentaban desbordar por el otro lado a la puerta principal. Comenzaron
a escalar por lo que quedaba de los escombros dirigiéndose hacia el interior
del castillo. Los hombres de Nuel interceptaron ahora a estos orcos
deteniéndolos, detrás estaban los lanceros de Shires esperando para empujar a
los orcos hacia atrás. La extensión que los orcos habían derrumbado era mucha
era difícil de proteger. La magia que Serotonino utilizaba para tal invocación
lo consumía. Y no notó que la ilusión que lo protegía de los ojos de sus
enemigos se iba debilitando a medida que empleaba más y más magia en sostener a
la criatura de roca y fuego. Nuel había movido a sus dos divisiones de
infantería para enfrentar a los orcos y Shires a sus dos divisiones de
lanceros. Los orcos y los hombres morían por igual y al final esto solo beneficiaría
a los orcos que los superaban en número. Una figura resaltó entre las tropas
orcas invasoras. Un orco enorme que agitaba una alabarda mataba a los hombres
que se le acercaban a cinco pasos de distancia. Ningún guerrero era capaz de
alcanzarlo. El orco había visto al mago y escalaba por las rocas para estar
cerca de él. Serotonino que estaba concentrado controlando al elemental no
advirtió su presencia.
-No mataras a ese mago sin antes matarme a mí,
orco. -Glansh-Bridgunt volteó a ver quién le hablaba y se encontró con Nuel el
campeón de los hombres que había escalado hasta ahí al notar al descomunal
orco.
Serotonino ya había conseguido destruir a más de
la mitad de las catapultas. La espada del hombre enfrentó a la alabarda del
orco que agitaba su arma arrastrando todo a su paso. Las armas chocaron una y
otra vez los hombre de Nuel subieron a ayudarlo pero ninguno fue capaz golpear
al orco que dé a uno fue matándolos. Solo Nuel conseguía esquivar los golpes
del orco. Abajo Neilad luchaba contra los orcos de la muralla desesperadamente
intentando alcanzar el lugar donde estaba su compañero. Pero los orcos eran
muchos y no se lo permitían. También los soldados bajo el mando del Glansh
notaron la lucha sobre la muralla y prepararon sus flechas y tensaron sus
arcos. El Glansh atacó, pero Nuel fue más rápido, lo esquivó y contraatacó. Su
espada se clavó en el pecho del orco. No importo la armadura enana ni la
fortaleza del orco. La espada de Nuel era enorme y este la empuñaba con destreza
y con furia. El orco mal herido retrocedió soltando su arma. Nuel cortó su
cabeza y pateó al cuerpo que cayó rodando por los bordes derrumbados de la
muralla. Los orcos al ver al cuerpo de su general caer donde se encontraban
perdieron valor y comenzaron a retroceder. Pero las flechas de los orcos
alcanzaron a Nuel en un hombro y a Serotonino en el pecho dos veces. Antes de
que pudiesen volver a disparar, las flechas doradas de Azhalea habían matado a
los orcos. Nuel se arrancó la flecha del hombro como si no fuera nada y sostuvo
al mago en sus brazos. El elemental de piedra se derrumbó pero para ese
entonces solo quedaban tres catapultas y cientos de orcos arqueros habían sido
aplastados por la criatura.
-Te pido disculpas por todo lo que antes te dije
mago. Me alegro que hoy luchases a nuestro lado y no te preocupes, que ahora
terminaremos lo que has empezado -Dos soldados se aproximaron a Nuel y
sujetaron al mago herido que no podía moverse y le costaba respirar. Diez de
los soldados de elite que comandaba Nuel escoltaron al mago hasta un lugar
seguro donde fue atendido por los enfermeros del rey. Ante la retirada de los
orcos Neilad había conseguido acercarse a donde estaba el hombre que antes
había enfrentado-. Cuidaremos de él no te preocupes. Tu amigo el mago nos ha
regalado la oportunidad de triunfar. Y no vamos a desaprovecharla. -Neilad no
dijo nada. Nuel reagrupó a sus tropas detrás de lo que quedaba de la muralla.
En el portón los orcos que ahí luchaban retrocedieron para poder también reagruparse.
Los lanceros de Niguarn estaban exhaustos pero habían matado a cientos de
orcos. La orden había cubierto su cuota también junto con los cuatro orcos.
Betu fue donde Neilad sobre
los escombros de la muralla. Nes el caballo del jefe de la orden era duro e
imparable y sus cascos se afirmaban con seguridad sobre las ruinas de la
fortaleza. Desde donde estaba Neilad podía ver al ejercito orcos moverse. Contó
las divisiones de sus enemigos. El rey orco había enviado a Glansh-Bridgunt
junto con las tropas de artilleros de Glakh y los arqueros de Brgrunt. Aunque
muchos habían muerto en batalla, los orcos que recién habían peleado también se
reagrupaban. Cerca de mil arqueros orcos todavía estaban en pie, las tres
catapultas y aproximadamente mil quinientos soldados de a pie, todos de las
tropas que recién habían peleado. Detrás de ellos se encontraba el resto del ejército
que todavía no había entrado en batalla y que se encontraba descansado en
contraste casi todas las tropas del rey ya habían peleado. Las tropas de Shires
y las de Nuel habían sufrido muchas bajas y las de Niguarn estaban agotadas.
Aunque seguramente al rey orco le había costado más bajas de las que esperaba
su ataque había sido demoledor y ahora solo tenía que esperar a que el ejército
de Fenor saliese a enfrentarlo o terminar de derrumbar la fortaleza a fuerza de
piedras, fuego y flechas.
Maz que estaba al lado del rey lo aconsejó
-Murgthiz quiere que salgamos y luchemos afuera ahí considera que su diferencia
numérica nos aplastara. Pero si no acabamos con las catapultas y el resto de
los arqueros cuando todavía podemos no tendremos oportunidad. Envíe a la
caballería, mi rey, que con velocidad destruya a las armas que todavía quedan
en pie. -El rey dudó un segundo.
Desde un balcón miraba el gato que murmuró–
Recuerde rey lo que le dije de confiar en los consejos de Maz.
El rey se molestó de qué el gato quisiera darle
órdenes pero en el fondo sabía que tenía razón. -Que la caballería ataque,
maten a los orcos que queden en las catapultas y a todos los arqueros que
encuentren. Los caballeros del rey se movilizaron saliendo por la puerta
principal, Cuando la orden los vio venir Zauner y Sugum salieron del castillo a
protegerlos. La infantería de Niguarn salió a cubrirlos. Los escudos de los soldados
protegían a las tropas que avanzaban lentamente Detrás de ellos Niguarn
había juntado a todos su lanceros en una división que avanzaba acompañada de
Rikenv, Beraza y Sefit que todavía montaba en su corcel negro. Verokai trepó
por la muralla para observar la batalla desde arriba después fue junto
con Neilad donde había caído la fortaleza. Las antiguas tropas de la infantería
de Glugarth ahora bajo el mando de Glansh-Briver que montaba al lobo más veloz
del ejército del rey orco avanzaron para enfrentarlos y detrás de ellos los
lobos se acomodaban para rodearlos. Las tropas de Niguarn chocaron con los dos
mil orcos de a pie que comandaba Glansh-Briver. La caballería del ejército de
Fenor atacó a las catapultas que eran defendidas por los arqueros y por los
soldados que antes habían luchado. Detrás de Nuel todavía estaban todos sus
soldados de elite de los cuales todavía no había muerto ninguno y el resto de
sus tropas de infantería y detrás de Neilad estaban Betu, Verokai la inmortal y
los tres orcos bajo el mando de Glakh junto con él.
-Iré a apoyar a la caballería contra los orcos.
-dijo Nuel a Neilad que no decía nada.
Detrás de él se escuchó una voz de mando -No,
General Nuel, mis tropas irán a apoyarlos necesitaremos las tuyas al final de
la batalla. -Shires de Montevid movilizó a sus guerreros y Nuel y Neilad le
hicieron paso para que bajasen por la muralla derrumbada. Los caballeros del
rey atacaban con gran destreza y luego retrocedían. Una de las catapultas ya
había sido destruida. La infantería orca resistía y protegía a los arqueros que
lanzaban oleadas de flechas sobre los caballeros, muchos de ellos murieron a
causa de los proyectiles pero su ataque no cesó.
Finalmente los lobos y los
jinetes de Glansh-Briver rodearon a la división de Niguarn, dejándolos
atrapados. Los orcos sobre los lobos dejaban que sus animales matasen a los
soldados del rey. Las lanzas de Niguarn eran efectivas contra los jinetes pero
poco a poco el círculo se fue cerrando. Un orco atravesó el cuello del caballo
de Sefit que murió allí mismo. El imbatible abandonó su montura pero antes de
hacerlo ya había matado al orco que había asesinado a su corcel. El martillo de
Rikenv había cobrado la vida de los orcos que se le aproximaba y detrás de su
espalda estaba Beraza que los mataba con un solo golpe de su hacha. Niguarn
blandía su espada como un experto pero no podía contener a sus tropas que
estaban siendo aniquiladas. Zauner se encontraba con ellos. El no-muerto era
más alto que los orcos montados en sus lobos y con su imponente hacha de guerra
desmontó a uno de ellos de un golpe matándolo en el acto. Luego terminó de
rematar a su montura. Sugum que era más lento que los demás por su pesada
armadura había quedado atrás y no había sido encerrado por los orcos. Dos de
los jinetes lo embistieron pero su escudo resistió los ataques. Su espada de un
solo filo cortó la cabeza de uno de los lobos y su jinete cayó al piso Sugum lo
mató antes de que pudiera pararse. El otro orco volvió a atacar
pero su escudo nuevamente detuvo el golpe y con su contraataque mató al orco y
luego a su montura.
Los guerreros de Shires
cargaban al ataque. Una de las divisiones de lanceros fue a apoyar a Niguarn y
junto a ellos Neilad había mandado a Betu para apoyarlos. La otra división de
laceros y la de infantería entre la que se encontraban Neilad, Verokai y los
cuatro orcos avanzaba para enfrentar a los orcos de a pie que habían
sobrevivido. Pero la más temida de todas las fuerzas del rey orco llegó a
apoyarlos. Las tropas del primer general de Murgthiz habían llegado.
Sorprendidos por su flanco izquierdo los soldados del rey vieron cómo se
aproximaban los más extraños guerreros orcos. Glansh-Dlek montaba en su dragón
negro y rojo. Y sus tropas vestían no solo el rojo oscuro del ejército de
Murgthiz sino que además llevaban capas verdes y montaban en lobos negros y no
grises como los de Glansh-Briver. Shires coloco a sus lanceros para que los
enfrentaran pero aunque podían repeler el avance de los orcos en lobo nada
podían hacer contra el dragón que escupía fuego sobre ellos y los mataba con
sus garras. Los lanceros comenzaron a retroceder y pronto ellos también
quedaron rodeados. Los caballeros del rey ya habían eliminado otra pieza de
artillería pero todavía no podían alcanzar a los arqueros que hacían estragos
en las tropas de Fenor. En su parte derecha el círculo que los cerraba era más
débil y por ahí Verokai, Glakh y Gluk consiguieron escapar acompañados por un
grupo de soldados de infantería. Verokai los dirigió con velocidad donde
estaban los arqueros. Neilad veía a los hombres del rey Urael caer a su lado
mientras su espada cortaba a los cuerpos de sus enemigos. Giró y vio como dos
lanceros orcos alcanzaban a Grur, el más alto de los orcos que lo acompañaban,
que murió en ese mismo lugar.
Nuel no pudo resistir en el
lugar donde se encontraba y lanzó su ataque. Los refuerzos consiguieron
aplastar a una parte de los orcos de Glansh-Dlek y las tropas de Shires
consiguieron liberarse. Pero para entonces ya estaban desgastados y todavía
enfrentaban a la infantería orca de frente y a las tropas del orco del dragón
sobre la izquierda. El dragón mataba de a diez hombres con una sola llamarada.
Una vez más Neilad extrañó a su escudo con el cual hubiera podido enfrentar a
la bestia, pero sin él no era más que otro hombre tan mortal como cualquiera.
Entonces escuchó un inconfundible sonido, los pasos de Sugum, el guardián y su
protector, que se dirigía a enfrentar al dragón.
Los lanceros de Shires
llegaron donde estaban siendo rodeado Niguarn y el resto de la orden. Los rayos
de Betu mataron a los soldados orcos que se aproximaban a ellos. Los lanceros
chocaron contra los lobos violentamente. Los lobos devoraron a los soldados que
pudieron mientas los orcos que los montaban cortaban las cabezas de sus enemigos.
Betu consiguió rápidamente asentarse en el campo de batalla y desde su posición
calcinaba a los orcos que trataban de golpearlo. Su espada se movía a toda
velocidad mientras se clavaba en el pecho de los orcos que corrían hacia él. Su
agilidad lo ayudaba a esquivar los golpes de los martillos de guerra orcos y de
los garrotes de madera del bosque del norte de Fenor de dos de los orcos
guardaespaldas que ahora se habían acercado a él. Un veloz orco que montaba en
un lobo pasó detrás de él y lo golpeó con una porra. Betu no alcanzó a
esquivarlo por completo y recibió parte del golpe en el pecho y cayó tumbado al
piso. Glansh-Briver había aparecido montado en su veloz lobo, portando su porra
y su martillo de guerra.
Escuchó que alguien lo llamaba -¡Tsk! ¡Tsk! Orco
-Glansh-Briver miró a sus espaldas y no vio a nadie- ¡Tsk! ¡Tsk! Aquí abajo
orco -El general orco consiguió ver por fin a quien lo estaba llamando. Rikenv
se encontraba a doce pasos de donde estaba él. El enano era pequeño y su
martillo de guerra estaba cubierto por sangre orca. Glansh-Briver lanzó una
carcajada y arremetió contra el enano. El lobo se lanzó contra él pero Rikenv
sonrió y le aplastó el cráneo al animal antes de que tocase el piso- ¡Si habré
matado yo de estos con mi papá, cuando era pequeño!
Zauner llegó donde estaban y enfrentó a los dos
orcos guardaespaldas uno de ellos golpeó su esqueleto pero él no muerto solo se
sacudió y golpeo con su hacha al orco matándolo. El otro orco lanzó un garrotazo
pero Zauner lo detuvo con su mano. El orco lucho para liberar su arma pero no
lo consiguió. Zauner se la quitó de las manos y la arrojó lejos de ahí. Luego
cargó su hacha en su hombro y sujetó al orco por el cuello. Tal era la altura
del no-muerto y tal su fuerza que el orco quedó suspendido en el aire y ahí
murió, asfixiado. Glansh-Briver se levantó del piso, Rikenv lo esperaba
ansioso. Pero un rayo ilumino la batalla, a pocos pasos Betu se había levantado
y empuñaba su espada hacia donde estaba el general orco que ahora estaba
calcinado en el piso. El hacha de Beraza y la espada de Sefit habían acabado
con los soldados orcos que enfrentaban. Pocas eran las tropas que ahora
comandaba Niguarn pero el joven todavía permanecía con vida. Era un diestro
guerrero. Betu se encargó de terminar de arrasar con las tropas enemigas con su
rayos eléctricos, los lobos y los jinetes que escapaban caían muertos y el
terror los llevó a huir de la batalla ahora que su general había caído. Los
pocos soldados que quedaban corrieron acompañados por los caballeros de la
orden a terminar con los arqueros.
Verokai, Glakh y Gluk
acompañados por un puñado de hombres de Fenor enfrentaban ahora a los arqueros
del rey orco. Portaban potentes arcos negros pero pésimas espadas que de nada
le servían contra la velocidad de Verokai. La elfa corría entre los orcos
moviendo su espada entre ellos produciendo heridas mortales. Detrás de ella
estaban los dos orcos que a fuerza de espada y lanza se abrían paso y los
soldados de Fenor terminaban de matar a los que los rodeaban. Un orco señaló
donde estaba la elfa y cincuenta arqueros apuntaron donde ella y los soldados
de Fenor. La primera oleada de proyectiles cayó sobre ellos. Muchos soldados
del rey cayeron muertos, solo unos pocos sobrevivieron. Cinco flechas habían
alcanzado a la elfa. Glakh el jefe orco se había salvado una vez más gracias a
su armadura enana. Pero su compañero Gluk había sido alcanzado por una flecha y
estaba ahora rengo. Verokai trataba de sobreponerse al dolor que le causaban
sus heridas. La segunda oleada cayó mientras ella corría hacia donde estaban
los orcos. Once flechas más cayeron sobre ella y ninguno de los soldados del
rey pudo resistir tal ataque. Dos orcos guardaespaldas salieron de entre las
tropas de a pie que aguardaban, a liquidar a los orcos y a Verokai mientras los
arqueros cargaban una tercer ronda. Verokai cayó sobre ellos matándolos con sus
veloces movimientos. Por el otro lado atacaba Niguarn y el resto de sus
hombres, los arqueros estaban terminando de ser aniquilados cuando uno de los
orcos guardaespaldas golpeo a Verokai quebrándole varios huesos. La elfa
intentó pararse pero varios orcos que todavía luchaban de la infantería
clavaron sus espadas y lanzas en ella. Aun con el cuerpo destrozado Verokai
lanzaba estocadas. Los orcos no podían entender porque no moría. El orco
guardaespaldas levantó su garrote y la golpeó una vez más. Pudo escucharse el
grito de dolor de la elfa cuando todos sus huesos crujían. El orco volvió a
levantar su garrote pero una vez más sonó la canción de la espada de Fenor y el
orco cayó cortado en varias partes. El filo de la veloz espada de Neilad seguía
cobrando víctimas. Los otros orcos que antes habían atacado a Verokai
retrocedieron. Pero los hombres de Niguarn los acabaron. El segundo orco
guardaespaldas se dirigió dónde estaban los orcos que peleaban para Urael.
Glakh lo enfrentó y esquivó los golpes de su garrote. Gluk, rengo y como
estaba se tiró sobre él con su lanza y se la clavó en el vientre pero no pudo esquivar
el contraataque del orco y su garrote golpeo su cabeza. Gluk cayó y nunca más
se levantó. El orco jefe aprovechó el momento y le clavó la espada en el pecho
al guardaespaldas que murió en el acto. Los hombres de Niguarn rodearon a
Neilad que había desmontado a Nes y que ahora sostenía al cuerpo de Verokai.
Glakh se unió al grupo.
-Protejan a estos guerreros, soldados de Fenor.
Estos son los caballeros de la orden del Gato Azul. -gritó Niguarn y los
soldados se agruparon alrededor de Neilad y Verokai protegiendo sus flancos.
-Siento no haber llegado antes, Verokai.
-Está bien Neilad no te preocupes. Creo que no
me queda un solo hueso sano y no debo tener una sola pulgada de mi cuerpo sin
heridas. Hoy ya no podré seguir luchando. Pero no te preocupes porque en esta
noche de luna llena en la que mis poderes están al máximo no puedo ser
derrotada y aunque hoy muera mañana estaré con ustedes otra vez -La elfa hizo
un esbozo de risa mientras Neilad le acariciaba la cara quitando su sangre de
las pálidas mejillas-. Porque soy Verokai la inmortal. -La elfa se quedó quieta
y no dijo nada más y su cuerpo se secó y momifico en los brazos de Neilad.
El hombre se puso de pie sosteniendo al cadáver
de su amiga y se lo entregó a uno de los soldados del rey bajo el mando de
Niguarn. -Llévala dentro del castillo y que no toque la luz del sol nunca su
cuerpo. -El hombre no entendía que le estaba pidiendo el caballero de blanco
pero su sola presencia inspiraba autoridad y confianza. Vio a Niguarn y el
asintió con la cabeza y el hombre corrió hacia el castillo con el cadáver de la
elfa en brazos.
Los hombres de Shires y Nuel
seguían luchando contra las tropas de infantería orca y contra los que montaban
en los lobos negros. Los pocos caballeros que quedaban intentaban atacar al
dragón pero el animal escupía fuego y los hombres quemados corrían por el campo
de batalla sin poder protegerse. La bestia amenazaba con destruir todo. Nadie
podía hacerle frente. No había manera de parar a semejante máquina de
destrucción. El fuego que respiraba no perdonaba a nadie y el Glansh no dudaba
incluso en tirarlo sobre sus propios soldados con tal de producir bajas en el
ejército de Fenor. Los hombres del rey Urael comenzaron a retroceder abrumados
por la fuerza del dragón. El arma secreta del rey orco se había desencadenado
en la batalla y terminaría de destruir al debilitado ejército de hombres. Si
nadie detenía a la bestia todo estaba perdido. Pero de entre los soldados de
Fenor surgió Sugum corazón de oro. Su espada se movía hacia ambos lados con
gran velocidad y los orcos y sus lobos morían a su paso. Llegó el guardián ante
el dragón que era manejado por Glansh-Dlek. El feroz animal escupió su
llamarada sobre Sugum que se protegió con su pesado escudo. El dragón lo atacó
con su garra y nuevamente el escudo de Sugum lo protegió. Fue ahora el guardián
quien atacó pero el animal era rápido y no dejaba que Sugum hiciera blanco.
Neilad montó nuevamente en Nes mientras observaba la lucha. Verokai y
Serotonino habían caído y si ahora también caía Sugum quien había ido a
protegerlo no se lo perdonaría. El animal giró y golpeó con su cola a Sugum.
Solo el inamovible ser podía resistir tal embate. Pero aun así se vio obligado
a retroceder un paso a causa del impacto. El animal volvió a escupir fuego
sobre él pero esta vez no se detenía el fuego continuaba y continuaba. Neilad
se abrió paso en la batalla para llegar a Sugum y escuchó un grito de guerra
que provenía de donde estaba la puerta principal del Norte. Guy de Montevid se
dirigía a todo galope hacia donde estaba el dragón. Neilad vio como la joven
sin desmontar levantó del suelo una de las lanzas de Fenor que se encontraba
clavada en un orco. Y la apuntó al dragón sin perder velocidad. Sugum protegido
por su escudo dio unos pasos hacia delante y con su espada de un solo filo
golpeó a una de las garras que apoyaban en el suelo. El dragón se detuvo y
gritó. Sugum le había cortado dos dedos. Levantó sus patas delanteras para
pisar al guardián pero antes de poder bajar Guy llegó empuñando su lanza a todo
velocidad y alojó su arma en el corazón de la bestia que había quedado
expuesto.
Neilad exclamó -¡Eso, ha sido impresionante!
El dragón se sacudió mientras moría y con una de
sus garras golpeó a Guy y la arrojó contra los escombros de la muralla. La
mayor Guy de Montevid no se levantó, estaba gravemente herida. Y ahora los
orcos montados en lobos negros estaban sobre ella, Sugum el guardián se
interpuso y no los dejo avanzar. Maz apareció montando en el caballo dorado.
Levantó a Guy del suelo y se la llevó dentro de la fortaleza.
Sugum luchaba contra los orcos cuando escuchó a
Maz que no perdería oportunidad alguna, decir -¡Que viva Guy la Mata dragones!
¡Viva el ejército de Fenor que no se doblega ante ninguna criatura! Expulsen a
los orcos de estas tierras. Que no caigan sus lanzas soldados ¡¡¡MATEN A LOS
ORCOS DE MURGTHIZ!!!
Los soldados festejaron el
triunfo de Guy y eufóricos terminaron con los orcos con los que estaban peleando.
Los hombres de Shires y de Nuel acabaron con la catapulta y los pocos
caballeros que quedaban habían hecho huir a los arqueros que sobrevivieron al
ataque de Verokai. Pero aun así las filas de orcos que se encontraban a
trescientos pasos de distancia eran numerosas. Glansh-Dlek había
conseguido escapar montado en uno de los lobos negros. La parte norte de la
fortaleza de Fenor había sido derrumbada y todo el ejército de hombres estaba
afuera enfrentando al Rey orco. Hasta el rey Urael y los últimos caballeros que
lo acompañaban junto con los hombres y mujeres que antes Guy lideraba habían
salido. Ni los orcos ni los hombres de Fenor podían creer que casi diez mil
orcos habían sido vencidos y muertos y los que sobrevivieron escaparon
atemorizados. Pero el ejército de Fenor había sufrido numerosas bajas también.
Contando los caballeros y los hombres de Guy de Montevid el rey Urael estaba
rodeado por seiscientos hombres Shires de Montevid, consiguió agrupar cerca de
mil quinientos mientras que Nuel que comandaba a los más feroces y más diestros
solo había perdido a trescientos hombres. De los valientes soldados de Niguarn
solo quedaban quinientos hombres. Dos de los orcos que acompañaban a Glakh
habían muerto y ahora solo estaba Frunzzhsh para acompañarlo y su voz
aguda. Hasta en la orden habían caído guerreros. La mitad del ejército de Fenor
había muerto pero cada muerte había costado dos vidas de orco. Murgthiz aun en
esta derrota demostraba su sabiduría, desde un comienzo había querido derrumbar
la moral de los soldados de Fenor. Enviando a los lobos del desierto de Gull y
haciendo sonar a los tambores, sorprendiéndolos a todo momento. Pero no había
conseguido hacerlo y le había costado la mitad del ejército y seguramente no
calculaba perder ni la mitad de eso. La ventaja seguía de su lado. Podía mandar
al resto de sus orcos a acabar con Fenor pero el costo era muy alto. Sus
soldados habían perdido moral ante tal derrota y más aun viendo morir al dragón
mientras que los hombres de Fenor por lo menos en ese instante sentían que
podían llevarse al mundo por delante. Murgthiz no dudaba de su victoria pero no
quería que su ejército siguiera reduciéndose. Los soldados del rey orco no
avanzaron más y esperaron órdenes.
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