Fortaleza de Fenor.
Día 14 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
Neilad y Maz se acercaron al rey y detrás los acompañaba Glakh. Maz hizo una
reverencia al rey que estaba reunido con sus tres generales -Mi rey. No nos
queda nada más que la esperanza. Los orcos que nos duplican en número se
reponen de su derrota. Y no tardarán en darse cuenta de que ellos son más, y
que su victoria es todavía la mayor de las posibilidades. Hay que atacar,
defenderse no es una posibilidad.
-Sé contar al igual que tú y aunque sé que mis
hombres en este momento están emocionados por la victoria reciente no es tan
fácil dar la orden que deseas. Me pides que los mande a una muerte segura.
Cuando sea tu turno de enviar hombres a la muerte, cuando te toque a ti soñar
con los rostros de tus hombres muertos, veras que no es tan fácil dar esa
orden. Soy rey y entiendo cuando debo ser frío pero también recuerdo que antes
de eso soy hombre.
-Maz tiene razón rey Urael. Ya no quedan
estrategias ahora solo se trata de valor y fuerza bruta -dijo Nuel con el
hombro vendado-. Ellos tienen la fuerza bruta, pero en este momento nosotros
tenemos el valor. Ese Murgthiz nos teme ahora por eso no ha lanzado otro
ataque.
-El rey no le teme a nada humano -dijo Glakh-
pero no desea perder más orcos. Si para ganar pierde a todo su ejército pronto
lo alcanzaron otros hombres y lo matarán. Y es por lo mismo que tu rey no desea
atacar tampoco.
El rey miró al orco y levantó una mano para que
Nuel no siguiese en la discusión -Dime tu nombre otra vez orco y
que hacías para Murgthiz.
-Yo soy Glakh y fui uno de sus ocho Glansh, rey
de los hombres.
-Muy bien Glakh, y dime ¿Cuál es tu opinión
sobre esto? ¿Qué estrategia crees que utilizará?
-Murgthiz no desea que ninguno de ustedes
sobreviva y tampoco que yo lo haga. No quiere que nadie cuente sobre su
ejército o sobre su número de orcos. No ha venido a tomar prisioneros o a
apoderarse de la fortaleza. Ha venido a matarlos a todos y derrumbar todo lo
que encuentre. Y sin ustedes arrasará con el resto del reino con gran
facilidad. Hará que más orcos se levanten de la tierra para engrosar su
ejército y esta vez serán todavía más poderosos y más leales y después no
perdonará nada. No lanzará su ejército sobre lo que queda de tus hombres, no
después de esto. Primero jugará con sus mentes de hombre. Esperará hasta que el
miedo se apodere otra vez de sus corazones. Su campeón tiene razón en algo:
esto es sobre fuerza bruta y valor. Y ahora sus ánimos están altos pero no lo
estarán en una hora o dos cuando sus hombres terminen de contar las cabezas de
los orcos a los que enfrentan otra vez -El orco río-. Murgthiz esperará a que
sus hombres corran o muestren cualquier signo de miedo. Y después los rodeará.
Dividirá a sus orcos en grupos de quinientos y alargará su formación de manera
tal que se extienda hasta poder abarcar todo el frente norte de la fortaleza.
Las tropas de los bordes avanzarán primero para que no puedan escapar por los
flancos y después avanzará y los encerrará. Y si acaso entran en la fortaleza
le será todavía más fácil. En cuanto den un solo paso atrás avanzará para
destruirlos o simplemente los encerrará en la fortaleza para acabarlos con
fuego. Pero la batalla de una forma u otra acabará antes del amanecer -Glakh
hizo una pausa y se sacó la saliva que caía por sus labios, luego miró al
ejército de orcos perfectamente formados delante de él-. Pero tienen, - volvió
a hacer una pausa y entonó- tenemos una oportunidad.
-¿Cuál? -preguntó el rey.
-La espada que Murgthiz robó al hombre de
blanco, Grurdahara es conocida y temida entre los orcos. No hay mayor símbolo
de poder que porte el Rey orco en este momento. Si se la quitas o lo matas el
ejército orco se desarmara. Corta la cabeza de la serpiente y la serpiente
morirá. Si lo atacas ahora tendrás que superar a los diez mil orcos que te
separan de él. Pero si esperas a que te rodee, por lo menos en el frente serán
menos. Junto a él estarán sus mejores orcos. Y los dos Glansh que todavía no
has enfrentado, Mur-hr que tiene la espada maldita con la que Lerouas mató a
Ignor, no permitan que los corte porque aunque la herida no sea profunda
morirán sin remedio y en el peor de los sufrimientos. Y también estará Drurt
que carga el hacha de Tairan con ella demolerá a cualquiera que lo enfrente. No
digo que sea fácil ni mucho menos seguro pero es la única oportunidad que tenemos.
Deja que los soldados descansen y recuperen aire, que los soldados de Murgthiz
a los que ahora te enfrentas todavía no han luchado. El rey orco querrá que
nuestra moral caiga y cuando este formando a sus hombres para atacar. Ataca tú
y ve en busca del Rey. Estas criaturas que acompañan al hombre de blanco tienen
alguna oportunidad contra él si les permites enfrentarlos. Y si no crees que
tengas las palabras para mantener la moral de tus guerreros, deja que el
pequeño hombre hable. Yo he sido el general de dos mil orcos y he peleado
batallas desde el día en que surgí de la tierra Y hoy, hasta yo lo sigo.
El rey observó al orco y a su compañero y luego
miró a Neilad que todavía no había dicho nada. Vio a los enanos, el pequeño de
barba rojiza solo miraba al ejército de orcos y el enano gigante calmaba sus
nervios pulverizando rocas solo con la fuerza de sus manos. Vio al otro hombre
de blanco y como lo rodeaban rayos eléctricos. Al gigantesco cadáver animado
con su imponente hacha. Vio a la hermosa elfa de flechas doradas. Al caballero
negro con su espada envainada en la espalda y su rostro frío. Al ladrón cuya
inteligencia no dejaba de asombrarlo. Y a la extraña criatura mágica que las
mismas hadas habían enviado. Y giró para ver por sobre sus hombros al gato azul
que estaba por sobre los escombros de la muralla y lo miraba también a él con
sus ojos de plata. Y miró otra vez a Neilad y se preguntó ¿Quién era ese hombre
que aun con un paso en el más allá lo habían seguido elfos, humanos y enanos?
¿Qué en su auxilio habían llegado los dioses y habían despertado los muertos?
¿Qué tipo de magia rodeaba al hombre vestido de blanco? ¿Qué autoridad tenia
para perdonar a sus enemigos? ¿Y acaso habría conseguido salvarle el alma a
unos pocos orcos? ¿Era eso posible acaso? Pensó en la espada cantante de Fenor
regalo de un rey elfo a su padre. Solo el rey elfo había hecho cantar a la
espada y posiblemente solo Shires y él recordaban esa canción. Ni su padre ni
ningún hombre antes habían podido conseguir eso. Y él durante años había
intentado junto con Shires sacarle algún sonido. Y aunque no estuviese su hijo,
el príncipe Udgar de Fenor, para escuchar la hermosa canción de la espada se
alegró de su ausencia. Porque alguien debía sobrevivir a ese horror. Miró a sus
hombres otra vez. Al joven Niguarn que había dado todo por defender la entrada,
a Nuel el campeón que había acabado con la vida de uno de los generales orcos,
y al sabio Shires de Montevid de estirpe guerrera y valiente que en su rostro
mostraba lo afligido que estaba por su nieta Guy. Y pensó en la valiente joven
que con solo una lanza había matado un dragón y había conseguido hacer
retroceder a los orcos. Y pensó en él, Urael rey de Fenor. ¿Cómo lo recordaría
la historia? ¿Solo juzgarían este día? Y si así fuera ¿Qué dirían de él? ¿Qué
fue sabio o estúpido? ¿Qué fue valiente o cobarde? Pensó en su fortaleza
derrumbada y consideró lo que pasaría si eso se extendía a todo el reino.
¿Acaso en las palabras del general orco estaba la clave de la victoria? Y luego
pensó que si morir era la única opción, no podía hacerlo en mejor compañía. Que
la Luna recordase a los hombres de Fenor luchando contra el mal que
representaba Murgthiz. Y que le permitiese arrástralo junto con él al país de
los muertos.
La noche se había vuelto fría. Las horas habían pasado sin hacerse notar. Y los
hombres sentían ahora que se habían despertado de una pesadilla. Despiertos
pero cansados y con el corazón agitado. Nada querían más que tirarse sobre los
orcos y terminar con ellos. Vieron como su rey avanzaba y se ponía al frente de
ellos y luego le daba la espalda al ejército de orcos.
-Hombres de Fenor- El rey acaparó toda la
atención en él y luego desenvaino su espada. -Nadie odia más a los orcos que
han venido a destruir nuestra fortaleza que yo. Y hoy mi espada se unirá a la
de ustedes en la lucha y mi sangre se derramara como siempre lo ha hecho por
Fenor -gritó nuevamente el nombre de su reino y todos los hombres lo repitieron
festejando-. Sé que todos ustedes desean lanzarse sobre ellos y matarlos con
sus propias manos si hace falta -Muchos hombres gritaron y pidieron ser los
primeros en las filas- no dudo ni dudé nunca de su valor, guerreros de Fenor.
Pero el ejercito que enfrentamos no solo es numeroso sino que además esta
comandado por un inteligente rey orco. Y él, está esperando que cometamos el
error de correr hacia su muro de guerreros. Esperará a que lo hagamos porque
cree que nos ha acorralado. Y que ahora por fin le temeremos. Pero yo sé que
eso no sucederá. Hemos matado a sus generales, hemos hecho retroceder a sus
orcos, y solo hizo falta una lanza y valor para matar a su dragón. Y no
peleamos solos, Lurandel y su orden está aquí y ya hemos visto lo que pueden
hacer -Los hombres volvieron a festejar las palabras del rey-. Hoy la espada de
Fenor canta y la luna nos observa. Hoy más que nunca probaremos nuestra fe. El
rey orco esperara para jugar con nuestras mentes, porque cree que le tememos.
Yo digo, esperémoslo a él que ha venido hasta aquí a matarnos si es que ahora
se atreve a subir a finalizar lo que ha empezado. -El ejército de Fenor
festejó. Y luego, bajo las órdenes de sus generales, se agruparon en
formaciones cerradas dispuestos a esperar el avance del rey orco.
Dos horas pasaron y la batalla se enfrío. Otros orcos habrían pensado que su
general se acobardo pero estos no lo hacían. El control de Murgthiz sobre sus
orcos era total. Y esperaban seguir sus órdenes con ansias. Sabían también que
la ventaja estaba de su lado. A lo lejos los hombres de Fenor cambiaban de
formación y se movían de un flanco a otro cada determinado lapso de tiempo para
no enfriarse. Sus generales constantemente los alentaban. Los caballeros de la
orden estaban en el medio esperando su oportunidad de entrar en batalla. La figura
de Murgthiz apareció de entre las filas orcas montando en un lobo negro. Y
comenzó a hablar en orco, dirigiéndose a sus soldados.
El rey Urael se acercó a los orcos y preguntó
-Quisiera saber que dice el rey orco.
Frunzzhsh el de la voz aguda empezó a traducir
para el rey -Ustedes recuperaran las tierras de Fenor. Que antes, en el
principio de los tiempos, eran de nosotros los orcos. Mataremos a los
asquerosos humanos, que nos temen y se encuentran desprotegidos en las ruinas
de su fortaleza. Nos creyeron estúpidos pero aquí estamos y no fue hasta cuando
quisimos que lo supieran que notaron nuestra presencia. Y será hasta cuando
nosotros decidamos que seguirán viviendo. Ni un momento más -Los orcos
festejaron-. Ustedes son mis orcos, los orcos de Murgthiz. Y ahora con
Grurdahara soy invencible. Y mi ejército no será derrotado jamás. -Los orcos
volvieron a festejar y sus gritos se escucharon en todo Fenor. Seguían igual
que cuando había empezado la batalla.
Neilad se separó del grupo y montado en Nes
cabalgó hacia la mitad que separaba a ambos ejércitos. Nes levantó sus patas
delanteras cuando Neilad tiró de las riendas para frenarlo en seco. Los
soldados de Fenor veían al hombre de largos cabellos negros. Vestido de blanco
brillante y montado en un caballo de igual porte y alumbrado por la luz de la
luna y las estrellas. Era imposible no notar su presencia porque parecía que la
luna misma se reflejaba sobre los campos de Fenor. Y para sorpresa de los
soldados de Fenor Neilad comenzó a hablar en orco.
-Nunca había conocido a un humano que hablase
orco. -dijo Glakh.
-Yo conozco a dos. -El gato miraba desde lo alto
la batalla.
-Dinos ahora a todos y en voz alta que es lo que
dice el hombre. -El rey volvió a pedirle al orco que tradujese.
-No habla muy bien en orco pero se entiende lo
que dice, rey de los hombres -Frunzzhsh tradujo- Él ha dicho: “¿Me recuerdas
Murgthiz? Yo soy Neilad y soy a quien has robado las armas que portas. Y aunque
te las hayas llevado no me has quitado lo que me hace invencible a mí, no me
has quitado a mis compañeros que acabaron con tus arqueros y tus catapultas y
con tres de tus generales. Nos has podido matarme antes y no lo harás ahora, y
escupo sobre tu miserable ejército. Puede que hayas rastreado por todo Kiem
buscando a las más poderosas armas, puede que hayas esperado años para
encontrar a los más fuertes guerreros -Neilad desenfundó la espada cantante de
Fenor-. Pero mientras que tú buscas rodearte de los fuertes, yo hago fuertes a
los que me rodean.” -La espada cantó una vez más una melodía más inspiradora
incluso que la que había sonado cuando la uso por primera vez. Y ni siquiera el
rey Urael había escuchado antes esa canción. Luego Neilad gritó algo que
Frunzzhsh no tradujo- FenorGsh ikk grungarthn guibrorah, Murgthiz!!! FenorGsh
ikk grungarthn!!! Bribg glieran uk guibrorah. FenorGsh ikk grungarthn!!!
-Y aunque sea difícil de creer los diez mil orcos dieron un paso atrás. Solo
Murgthiz siguió donde estaba.
-¿Qué es lo que ha dicho? -preguntó el rey.
Frunzssh levantó la voz -¡Fenor te destruirá
esta noche, Murgthiz! ¡¡¡Fenor te destruirá!!! ¡¡¡Porque esta noche pelea a mi
lado, Fenor te destruirá!!!
Glakh levantó su espada y sonrío -Voy a
concederle algo a ese pequeño hombre, es cierto que Murgthiz le teme a algo
después de todo. Esta noche Murgthiz le teme a él y a su orden.
El rey orco comenzó a reacomodar a su ejército y
como había dicho Glakh el astuto sus filas comenzaron a alargarse. Neilad
regresó junto con los soldados que ahora solo gritaban en orco “FenorGsh ikk
grungarthn!!!”, ¡¡¡Fenor te destruirá!!!
Los hombres de Shires se
colocaron en el flanco derecho que daba al este y los de Nuel excepto por los
de elite que lo acompañarían a él en el izquierdo que daba al oeste. En el
medio junto con todos los caballeros de la orden estaba el rey. Nuel el campeón
con sus mejores guerreros y todos los hombres que antes eran de Guy y los de
Niguarn. Los flancos permitirán contener a los orcos por lo menos por el tiempo
que fuera suficiente para que la delantera avanzase hasta donde estaba el rey
orco, pero era casi imposible que el plan diera resultado porque eran superados
dos a uno y los guerreros que avanzaban no tenían ninguna herida. Pero su nuevo
canto les daba valor “FenorGsh ikk grungarthn!!!”, “FenorGsh ikk
grungarthn!!!”. El ejército del rey orco finalmente los rodeó y avanzó
lentamente haciendo retumbar sus tambores. Hasta que solo cincuenta pasos de
distancia los separaron. Detrás del semicírculo que los encerraba todavía otra
división de dos mil orcos separaban al ejercito de Fenor del rey orco y los
tres Glansh que todavía vivían y además los rodeaban los lobos y los orcos que
habían sobrevivido al primer ataque que eran cerca de doscientos. Los tambores
orcos se detuvieron y el grito de los hombres continuó imparable, “FenorGsh ikk
grungarthn!!!”. Y los orcos se lanzaron al ataque habiendo encerrado por
completo a los hombres. Al mismo tiempo Fenor lanzó su ataque. La primera fila
de caballeros embistió con el mismo rey Urael a la cabeza. Neilad, Azhalea
sobre Brura e incluso Maz lo acompañaban que había levantado una espada que
manejaba torpemente porque no había sentido nunca el peso de un arma de guerra.
Los hombres de los flancos fueron capaces de detener a los orcos y empezó la más
cruenta de las batallas. Las espadas cortaban el aire. La sangre tiñó las
tierras de Fenor y a las rocas grises y azules. Los hombres clavaban sus lanzas
en sus enemigos orcos. Los orcos aplastaban a los hombres con sus garrotes y
mazos y la primera línea del ejército de Fenor chocó contra los orcos que no
esperaban ser atacados. Pero eso no los detuvo. Los guerreros a caballo
retrocedieron y detrás de ellos llegaron los hombres a pie. Y volvieron a
chocar sus lanzas y sus mazos. Y detrás llegó la orden. La descomunal figura de
Zauner sobresalía entre los guerreros en el campo de batalla y su hacha que
giraba lanzaba a los orcos hacia los costados. Los rayos de Betu se
multiplicaban y acababan con las líneas de orcos de a cinco muertes a la vez.
El hacha de Beraza abría camino y el martillo de Rikenv destrozaba las
armaduras y los cuerpos de sus víctimas. Los orcos trepaban por el cuerpo de
Sugum que los pisaba mientras avanzaba a paso lento pero sin detenerse jamás.
Sefit movía su espada y los orcos caían muertos sin parar. Glakh y Frunzzhsh
hicieron su parte matando a muchos orcos de trajes rojo oscuro. Y el
semicírculo que los encerraba se partió. Las tropas de Nuel el campeón y de
Niguarn avanzaron terminando de acabar con los orcos. Y vieron frente a ellos a
los dos mil orcos que todavía esperaban. El rey fue el primero en salir
nuevamente al ataque y detrás Neilad que hizo sonar la espada otra vez y lo
acompañó junto con todos los demás. Y antes de poder llegar los lobos se
vinieron contra ellos. Los caballeros del rey llegaron detrás y cargaron contra
los lobos. Los orcos que todavía formaban delante de ellos se unieron a la
lucha y detrás llegaron los hombres de Niguarn y Nuel con toda la orden. Los
dos mil orcos se lanzaron sobre el puñado de hombres que enfrentaba. Neilad
siguió avanzando, su espada cortaba las cabezas y los cuerpos de sus enemigos
como si estuvieran hechos de manteca. Los orcos se lanzaban contra él pero lo
cubrían los rayos eléctricos del otro elahara. Murgthiz que estaba sobre una
plataforma que los orcos habían preparado para que pudiera ver más alto mandó a
todos sus guardaespaldas a detenerlo y a Glansh-Drurt que portaba el hacha de
Tairan el rey enano del norte de Denjiia.
Glansh-Drurt golpeó la tierra
con su hacha y el suelo tembló. Nes perdió el equilibrio e hizo un fuerte
movimiento y Neilad cayó del caballo. Beraza y Rikenv salieron de entre las
filas enemigas.
-Neilad, sigue avanzando nosotros nos
encargaremos de él. -gritó Beraza, que levantó su hacha y corrió hacia donde estaba
el general orco seguido por Rikenv con su poderoso martillo de guerra. Betu
lanzaba sus rayos contra los soldados orcos frenando su avance. Un orco montado
en un lobo levantó una lanza y se la arrojó pero la espada de Betu y su
velocidad le permitieron cortarla en el aire. Zauner y Sugum seguían haciendo
estragos en las líneas enemigas. Y los orcos tenían la misma suerte que siempre
ante Sefit. El rey acompañado por Maz y Azhalea defendía su posición. Y desde
atrás Nuel y Niguarn acababan con todos los que intentaban rodear al rey. Un
lobo se tiró sobre Frunzzhsh y lo mordió por el cuello. Lo arrastró por el
suelo hasta que la espada de Glakh le atravesó las costillas. Ya solo quedaba
él de los cuatro orcos. Neilad seguía avanzando atrás, de él estaba ahora Glakh
que buscaba su venganza. Cinco orcos guardaespaldas los rodearon. Neilad y
Glakh peleaban espalda a espalda contra los feroces guerreros. Neilad hacia
danzar la espada que cortaba los brazos de los guerreros y sus manos caían al
suelo. Glakh eludía los garrotazos y lanzaba estocadas mortales contra los
gigantescos orcos que no eran muy veloces o por lo menos no más veloces que él.
Cayeron los cinco pero no dejaban de llegar los soldados del rey orco. Uno de
ellos consiguió herir a Neilad en el brazo. Glakh le cortó la cabeza. Nuel se
les unió acompañado por cinco de sus mejores guerreros. Y los ocho se
enfrentaron al resto de los guardaespaldas del rey orco. Dos de los guerreros
de elite murieron pero los orcos murieron todos.
Los dos enanos enfrenaban al
tercer general del rey orco. El hacha de Tairan hizo retumbar nuevamente al
piso. Luego el orco corrió hasta donde estaba Rikenv su hacha bajó velozmente
pero el enano rodó por el piso y consiguió esquivarlo. Beraza aprovechó el
momento para atacar. Su pesada hacha cayó sobre el orco con su brutal fuerza.
Pero Glansh-Drurt no se intimido, levantó su hacha y golpeó al arma de Beraza
partiéndola en dos. Beraza no podía comprender lo que sucedía pero Rikenv
conocía al arma y sabia de lo que era capaz. No era buena idea probar la fuerza
del hacha de Tairan. El orco lanzó una carcajada y se arrojó sobre el enano
gigante. Beraza apretó los dientes y antes de que el hacha cayese sobre él,
avanzó y sostuvo las garras del orco con sus manos. El orco no podía moverse,
la fuerza de Beraza no tenía comparación en este mundo. Rikenv dio vuelta su
martillo y con la parte puntiaguda atacó al orco. Su punta se clavó en la
pierna del orco. Beraza sujetó ahora del arma y tiró para un costado. El orco
salió volando y cayó con la cara al suelo. Varios lobos vinieron a su rescate.
Los jinetes orcos atacaron a los enanos que se defendían de ellos con el
martillo y ahora Beraza con el hacha de Tairan. Glansh-Drurt montó sobre un
lobo y escapó.
Beraza miró a Rikenv -Esta es el hacha de
Tairan.
-Si amigo es la misma.
-Tú cárgala que eres más sabio que yo que
todavía soy joven en esta tierra. Tú eres el experto.
-Amigo, eres el más fuerte de nuestra raza. El
más fuerte de todas las razas. Si alguien debe cargar el hacha de Tairan eres
tú. Yo tengo a mi martillo y con él me llevo bastante bien. Además, soy un
enano al que le gusta estar en el anonimato, siempre en un segundo plano y
dispuesto a ayudar a quien lo necesite sin ánimo de lucro ni gloria. No podría
con tal honor.
Beraza contempló el hacha una vez más y no dijo
más nada.
Glansh-Mur-hr se vio forzado a
abandonar su lado junto al rey orco. Y empuñando su espada oscura de dos manos
enfrentó a los guerreros de Nuel que habían alcanzado la plataforma. El orco
lanzaba carcajadas mientras luchaba. La guerra y la sangre le encantaba y más aún
el sufrimiento ajeno. Uno de los hombres fue cortado por la espada y cayó al
suelo revolcándose de dolor. Su piel comenzó a granjearse hasta que finalmente
se marchitó. El rostro del hombre quedó irreconocible y el mismo destino
tuvieron todos los demás soldados de Fenor que lo enfrentaron.
El orco río -Tengan cuidado de mi espada
maldita. Que no toque vuestra sangre su hoja.
Nuel, Neilad y Glakh enfrentaron al segundo
Glansh del rey orco que reía descontroladamente delante de ellos. Nuel se lanzó
sobre él. Sus espadas se cruzaron y los dos midieron sus fuerzas. Neilad lanzó
una estocada pero el orco era hábil y la esquivó. Glakh se acercó y atacó, el
general orco soltó la espada con una mano y detuvo al ataque con sus
muñequeras. Sujetó a Glakh por su armadura y luego le dio un violento cabezazo.
Glakh retrocedió y cayó sentado. Atrás Nuel volvía a atacar. El orco esquivó el
golpe y lanzó el suyo pero Nuel sabía que no podía ser tocado por la
espada. Detuvo el golpe con la suya. Neilad se lanzó por la espalda del
orco pero Glansh-Mur-hr no se intimidaba ante nada. Giró e hizo girar la espada
en su cuerpo como si esta no pesase nada. Glakh se corrió para no ser tocado
por la espada. Neilad se agachó. Pero Mur-hr siguió girando y el movimiento
sorprendió a Nuel, la espada maldita le cortó la cabeza que rodó por el piso y
se marchito en poco tiempo.
-Neilad, Glansh-Mur-hr es el mejor guerrero del
supremo comandante. Es hábil, veloz y fuerte. Y no tiene que hacerte una herida
profunda para matarte alcanza con que te toque esa hoja y se acabó.
-Lo sé.
-Hazme un favor, mata a Murgthiz por mí.
-Neilad no terminó de escuchar esto cuando el orco se arrojó sobre el general
de Murgthiz. Glansh-Mur-hr lanzó una carcajada y le clavó la espada a Glakh en
el cuerpo. La piel de Glakh comenzó a ponerse negra. Pero cuando Glansh-Mur-hr
quiso sacar su arma Glakh, que se retorcía de dolor, sostuvo la hoja con sus
garras y aunque Glansh-Mur-hr tiraba no conseguía zafarla. El general orco
levantó la cabeza. Neilad dibujo círculos en el aire mientras corría hacia él,
la espada cantó una vez más.
El orco miró al hombre y con desprecio gruñó
-Maldito.
La espada de Fenor atravesó la armadura enana,
el pecho de Glansh-Mur-hr y nuevamente la armadura y salió por el otro lado e
inmediatamente Neilad sacó su arma y la enfundó. El orco cayó de rodillas
frente al hombre y quedaron a la misma altura sus ojos. Neilad no dijo nada,
solo vio morir al orco delante de él. Luego se dirigió dónde estaba Glakh que
sufría la agonía de la maldición de la espada de Lerouas. Su piel verde se
llenaba de escamas negras y el orco no podía disimular su dolor. Zauner y Sugum
llegaron y comenzaron a luchar contra los últimos orcos que defendían a su rey.
Atrás todo el ejército de orcos y todo el ejército de humanos se mataban sin
piedad pero notaron que la orden ya había llegado a donde estaba el rey orco.
Neilad sostuvo en sus brazos al orco que estaba atravesado por la enorme
espada.
-Mátame Neilad, concédeme la muerte que no me
regalaste en el bosque bajo la lluvia. Quítame de este mundo al que no le
agrado. -dijo el orco agonizando.
-No. -dijo Neilad.
-¿Acaso prefieres verme sufrir? Puedo entender
eso…
El rey que estaba cerca y montado sobre su
caballo se aproximó -Mata al orco Neilad o lo hare yo. Ha peleado en
forma justa. No merece sufrir en su último momento en esta tierra.
Neilad se puso de pie y sujetó la espada maldita
con su mano derecha. La sangre del brazo herido chorreaba por la hoja de la
espada y las púas del mango que habían matado al héroe humano se clavaban en su
mano.
-Te has condenado humano estúpido te advertí de
la empuñadura de la espada. Correrás el mismo destino que Lerouas. -Glakh
escupió sangre.
La mano de Neilad comenzó a ponerse negra, pero
el hombre no dejó de tirar de la espada. Neilad trataba de disimular el dolor
que le causaba sostener al arma, pero no se detenía y la hoja iba saliendo del
cuerpo del orco. Sostuvo ahora la espada con las dos manos y el anillo que
llevaba en la mano izquierda hizo un pequeño destello. Mientras la espada salía
del cuerpo del orco la mano de Neilad regresaba a su normalidad y también lo
hacia la piel del orco que se había quedado mudo. Quizás fuera el brebaje que
le había dado la ogra o el anillo cargado de amor de su mujer o el poder de su
puro corazón, o todo junto pero Neilad de una forma u otra quitó la espada del
cuerpo del orco que regresó a la normalidad sin dolor e incluso la herida del
corte cicatrizo. Neilad lanzó la espada a un lado y cuando esta cayó y golpeó
el suelo, se rompió como si estuviese hecha de cristal. La maldición de la
espada había sido rota y ya no lastimaría a nadie más.
El rey que había visto todo desde su caballo,
miró a Neilad y exclamó -¡Que soberbio eres hombre!
Una de las flechas doradas de Azhalea voló hasta donde estaba el rey orco que
se protegió detrás de su escudo. Los dos generales que quedaban con vida se
refugiaban detrás de él. Betu contenía a los guerreros que se querían acercar a
proteger al rey orco. La orden estaba ahora enfrentando a Murgthiz. Sugum y
Zauner se tiraron contra él. Pero la habilidad del rey orco, su fuerza y su
destreza con la espada opacaba a todos los guerreros de Fenor. La espada de
Sugum que antes le había cortado los dedos al dragón no podía superar al escudo
que en otros tiempos había sido de Neilad, y que ahora Murgthiz había pintado
de negro al igual que la espada, con brea. El escudo hecho del mismo material
que la espada era después de todo indestructible y el peso que siempre detenía
a Neilad y lo hacía verse lento al orco no parecía afectarlo. Con tal fuerza
atacó Murgthiz que atravesó el escudo de Sugum. Grurdahara la espada
indestructible no se detendría ante nada en las manos del orco. Zauner acertó
un golpe contra el pecho del orco. Su armadura hecha por enanos lo protegió y
tan imponente era el orco que no se doblegó y cortó el pecho de Zauner con la
espada. Una herida azul se hizo visible. Zauner retrocedió. El orco lanzó una
carcajada. Sugum atacó pero Murgthiz se defendió con su espada y el arma de
Sugum quedó destrozada. El orco se quitó a Sugum del medio con su escudo y lo
lanzó contra unas rocas. Atacó de vuelta a Zauner y consiguió herirlo otra vez.
-Tengo en mis manos a Grurdahara el arma de un
paladín, que no te extrañe si acaso te lastimo espectro. Con ella y con su
escudo que detiene a los rayos de los dioses nadie podrá hacerme nada. No me
ganaran en un duelo ni aun luchando todos juntos.- Gruñó Murgthiz mientras
reía.
Rikenv, él solo, quería acabar con el rey orco
de una vez. Beraza se lanzó contra el cargando el hacha de Tairan. Murgthiz
esquivó el martillo del enano y lo pateó en la cabeza haciéndolo rodar por el
piso. Su yelmo voló por los aires. Beraza golpeó con su hacha y Murgthiz se
defendió con su escudo pintado con Brea. El sonido se escuchó en todo el campo
de batalla. El rey orco no se detuvo y clavó la espada en el hombro de Beraza.
Pero antes de que pudiera liquidarlo el sonido de las armas de los lobos de
Gull zumbó en el aire. Y una de ellas se alojó en el brazo del rey orco donde
las piezas de la armadura se unían y no estaba protegido. Sefit había llegado.
Murgthiz quitó el arma de su brazo. Por primera vez esa noche sangraba. Faltaba
poco para que amaneciese y como había dicho Glakh la batalla terminaría esa
noche. Atrás los dos ejércitos contemplaban el duelo.
-Uno de los lobos de Gull. Tú debes de ser Sefit
el asesino, el imbatible, el terror de orcos y humanos. He escuchado de ti
incluso antes que de tu líder. ¿Qué haces al lado de ese hombre? Únete a mí
como lo hicieron tus compañeros. Tú eres el mejor de ellos y sé que eres mejor
guerrero que Neilad. Tu lugar es al lado mío Te daré riquezas y te daré poder. Serán
tuyas las…
-Me importa una mierda lo que pienses, orco -el
imbatible interrumpió al rey orco y luego escupió en el piso-. Confundes al
pasado con el presente. Yo soy Sefit el protector de Lurand, Sefit el caballero
de la orden del Gato Azul. Toda la noche he estado matando orcos. Y, si valoras
tu vida, levantaras tu arma porque eres el próximo en mi cuenta personal -Sefit
desenvaino su arma y atacó al orco.
Murgthiz interpuso su escudo, pero el imbatible sabía
que de nada servía golpear un escudo indestructible. Él era capaz de cambiar la
dirección de sus golpes mientras estaba en el aire su espada. Poseía un control
completo de sus movimientos, que estudiaba todo el tiempo. El hombre no hacía
más que practicar con su espada desde la mañana hasta el anochecer. Nada más
sabía hacer que manejar esa espada, esa única espada. Y como el rey orco había
dicho era mejor guerrero que Neilad. En cada ataque que hacía y que Murgthiz lo
enfrentaba con su escudo o su espada pintados con brea Sefit detenía su espada para
no tener que enfrentarla a la dureza extrema del metal sagrado. Ningún nombre
llevaba su espada. Ningún poder mágico poseía. Y podía ser que estuviese
forjada de una manera excelente pero no era ciertamente indestructible. Y algo
que no advirtió Murgthiz es que no era a la espada de Sefit a quien debía temer
sino a su gran habilidad con ella. El hombre siguió atacando buscando algún
punto débil. Pero la armadura negra del orco era impenetrable y el guerrero no
iba a permitir que el imbatible lo alcanzase con un golpe pleno. El
pesado escudo que a Neilad lo volvía lento y le hacía perder en gran parte su
habilidad no afectaba para nada al orco. Y la velocidad que alcanzaba la espada
hacia que la misma se convirtiese incluso en un arma afilada. Sefit lanzó
entonces una estocada hacia el yelmo del orco que estaba adosado a la armadura.
La espada del imbatible entró por el visor del yelmo y cortó la cara del orco.
Murgthiz gritó pero sabía que el hombre estaba cerca y lanzó un golpe que dio
de pleno en el pecho de Sefit haciéndole un corte. El orco se cubrió con su
escudo y retrocedió.
-Maldito hombre me has dejado tuerto -Sefit miró
su pecho y vio la herida, comenzaba a perder sangre. El orco seguía gruñendo y
se quitó el yelmo porque la sangre no le permitía ver nada. Se limpió la cara y
tiró el yelmo al suelo. La horrenda cara del rey orco ahora desfigurado
inspiraba terror. Sefit sonrió.
El orco se tiró sobre el blandiendo a Grurdahara
pero el imbatible lo esquivó y contraatacó. Dirigió su golpe hacia una de las
piernas y rápidamente el orco se defendió con su escudo inclinándose hacia
adelante. Pero Sefit cambio la dirección de su golpe con gran velocidad y
volvió a levantar la espada que esta vez podía golpear a algo. La espada bajó
como si quisiera clavarla en el suelo y entró por la garganta del rey orco, y
siguió bajando hasta que le atravesó las entrañas. Sefit quitó la espada del
cuerpo del rey orco que dio un paso hacia atrás mientas la sangre brotaba de su
cuello. De repente la espada y el escudo de Neilad se volvieron demasiado
pesados para que pudiera sostenerlos y los soltó. Sefit volvió a levantar su
espada y realizó el golpe final. El movimiento casi no pudo verse y el aire
silbó. El orco dio otro paso hacia atrás y el peto de su armadura negra se
dividió en dos. En el torso desnudo del orco pudo verse el tajo que abarcaba
todo su cuerpo y las entrañas destruidas estaban expuestas. Murgthiz dio un
último grito seco y murió. Sefit volvió a agitar su espada quitando la sangre
de su hoja y la envaino en su espalda. Finalmente el rey orco había muerto y
los hombres que habían estado viendo se sintieron revitalizados. Las espadas y
las lanzas de Fenor se alzaron una vez más para terminar con la lucha aun
cuando eran superados en número.
Los dos Glansh que todavía
vivían escaparon hacia las montañas montados en lobos mientras los soldados de
Fenor peleaban contra los orcos que ahora sin líderes habían perdido formación.
Los gritos de victoria retumbaban entre los hombres cubiertos de heridas y
sangre orca y humana. Las tropas orcas no pudieron resistir en la lucha
completamente desanimados e intentaron escapar pero fueron perseguidos por los
hombres hasta que ninguno quedó con vida. De los veinte mil orcos que habían
pisado el suelo de Fenor solo unos pocos habían conseguido escapar hacia las
montañas. La fortaleza de Fenor había sido destruida y del ejército del rey
Urael solo mil hombres quedaban con vida. Habían ganado pero el precio había
sido muy alto, aun así habían ganado.
Neilad levantó su espada y su
escudo del suelo donde estaban cerca del cadáver del rey orco. Luego se acercó
al rey Urael. Y le entregó la espada cantante de Fenor.
-Gracias Rey Urael por permitirme usarla, es una
gran espada, pero aun así prefiero volver a usar la mía que es lenta y
desafilada, pero que ha sido un regalo de mi querido maestro. -Neilad levantó
su espada nuevamente.
-Prefiero que tu espada Grurdahara terror de los
orcos este en tus manos hombre y no en las del difunto rey orco. Pero lamento
el saber que nunca más volveré a escuchar el canto de la espada de Fenor.
¿Quién más que tú podría hacerla cantar?, que eres el mejor espadachín del
reino.
-Si dicen eso es porque nunca he tenido que
enfrentar a Sefit, el imbatible, rey Urael.
Sefit que estaba detrás de él aclaró -Lo que sea
por ti amigo, mientras no brindemos por nuestro triunfo con esa asquerosa
hidromiel.
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