martes, 8 de septiembre de 2015

El rey pescador de Denjiia



Leyenda Denjiien.



Un día el rey de Denjiia salió a pescar, como hacia todos los días. Junto con dos de sus escoltas navegaron en un bote hasta la mitad de un lago y allí se detuvieron. Según el rey este era el mejor lugar. Mientras preparaba su anzuelo una abeja confundida, pensando que se trataba de una flor se acercó al bote. El rey trató de asustarla y esta lo picó. El dedo del rey se hinchó a tal punto que llevar sus anillos le molestaba así que se quitó el anillo que llevaba en el dedo hinchado. El bote se sacudió y en un acto de torpeza del rey, el anillo cayó al fondo del lago.
— ¡Hagan algo! —ordenó el rey a sus escoltas que se arrojaron al lago.
Cuando emergieron trajeron malas noticias.
—El anillo se ha perdido, mi  rey. —dijo uno.
—Se lo habrá comido una carpa. —dijo el otro.
Enojado el rey hizo lo que pudo por encontrar el anillo. Pero ningún hombre podía recuperarlo, pensando que el anillo había sido ingerido por un animal ordenó prohibir la pesca pues quizás alguien pescase el que tenía su anillo y no quisiera devolverlo. Por la nueva ley del rey nadie podía ser encontrado pescando o comiendo pescado. La situación se volvió realmente desesperada cuando el tiempo pasó y la cosecha se arruinó con el frio. Los peces era lo único que tenía el pueblo del lago para comer pero el rey seguía buscando su anillo. Los plebeyos hambrientos reclamaron a su rey, pero el rey contesto:
—He perdido mi anillo, en mi lago, en mi reino. Ustedes por ley son mis súbditos y deberán de obedecer. Hasta que recupere mi anillo, nadie volverá a probar de mis peces, esa es mi ley.
Finalmente, un pescador apareció diciendo que él resolvería el problema del rey. Y fue llevado ante su monarca. Exhibió ante él una red plateada y exclamó —¡Oh, rey de Denjiia! Con esta red sacaré su anillo del lago.
Pero el rey no estaba convencido —Mi anillo era pequeño y tu red tiene separaciones muy grandes, se caerá por los huecos.
—No mi rey — contestó el pescador—. Porque esta red es mágica y me permite sacar lo que desee que se encuentre donde la lance, de una sola vez.
—Pues eso lo veremos —dijo el rey.
—Pero hay un problema mi rey, yo no deseo sacar el anillo del lago, deseo que mis hermanos y mis vecinos dejen de pasar hambre.
—Si sacas el anillo del lago todos podrán volver a comer pescado.
—Pero mi rey ¿Qué pasará si vuelves a perder un anillo en el lago? O si otro rey lo hace.
—Si sacas el anillo del lago, todos podrán pescar en este lago, por siempre. –contestó el rey.
—¿Y qué pasa si se cae en otro lago? –replicó el pescador.
El rey había perdido un poco la paciencia pero no quería perder también su oportunidad —Si sacas el anillo del lago, todo hombre o mujer en Denjiia podrá pescar en todo lago, rio o mar, y nadie, ni siquiera el rey de Denjiia podrá reclamar eso que ha tomado de allí, pues será de quien lo haya tomado y de nadie más. Pero si esa es una red mágica cuando hayas sacado mi anillo del lago me la regalarás.
El pescador aceptó el trato.
El rey tenía una hija muy curiosa, su única hija, que intrigada por los poderes de la red, pidió acompañar a su padre a ver la hazaña del pescador que sacaría un anillo de un lago de una sola lanzada. El rey no se pudo negar así que tanto él como el pescador y la princesa se subieron a un bote y fueron hasta la mitad del lago donde el rey había perdido su anillo. El pescador reverenció al rey y arrojó su red. La princesa estaba fascinada, tanto, que se asomó demasiado a mirar y terminó cayendo al lago. Entre tanto vestido y joyas la princesa no flotaba. El rey se encontraba más desesperado que antes.
—¡Has algo! —ordenó al pescador.
El pescador nuevamente lo reverenció y levantó su red, que traía entre ella a la princesa. Estando todos nuevamente arriba del bote el pescador dijo al rey entregando su red.
—He cumplido mi rey, le entregó a usted mi red mágica y sé que usted cumplirá con lo que ha prometido.
—Pero tú no has sacado el anillo del lago, si lo hubieras hecho todos los hombres y mujeres del reino podrían pescar donde quisieran y nadie, ni siquiera yo, podría reclamar lo que han tomado de allí. Incluso tú podrías reclamar la vida de mi hija pues la has sacado del agua —Y repitió burlonamente—. Si hubieras sacado el anillo del lago.
El pescador se arrodilló ante la princesa pidiéndole que extendiese su mano. Y enseñó al rey, que en su dedo índice estaba el anillo que él había perdido.
—He cumplido mi rey. Sé que usted también cumplirá.
El rey preocupado preguntó —Lo has hecho ¿Reclamaras entonces la vida de mi hija?
—No señor no lo haré. Nadie debería de tener poder sobre la vida de otra persona, y aunque la ley pareciera decir eso, no se puede poseer a alguien. Así como usted no posee a sus súbditos a los que ha puesto a tener hambre por un anillo. Cumpla lo que ha prometido, es lo único que me interesa, para todo lo demás estoy a su servicio. –Tras esto volvió a reverenciar al monarca.
El rey quedó mudo y preocupado de que el pescador cambiase de idea se alejó de él y cumplió con lo que había prometido conservando la red como un tesoro del reino.
La princesa por su parte conmovida por la congruencia entre las palabras y los actos del pescador volvió a encontrarse con él para pedirle que se casase con ella. El pescador por supuesto acepto, pues no hubiera podido sacarla del lago si no fuera porque la deseaba en un principio. El pueblo entero celebró esta unión.
Ningún rey de Denjiia reclamó más lo que sus habitantes tomasen de sus ríos, lagos o el mar. Cuando el rey murió, muchos, muchos años después, el pescador se convirtió en rey. Y recuperó su red.
Durante su mandato el rey pescador siempre predicó: “Si antepones pequeñeces al bienestar de los otros pronto te lo reclamarán. En cambio si posees algo valioso, ponlo al servicio de los demás, y cuando sea de todos,  jamás lo perderás.”
 

Fin


Referencias:

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