domingo, 14 de mayo de 2017

08 - Invierno

Capítulo anterior.




Ciudad de Kirun, provincia de Koria.
Día 30 del noveno mes de 1280 del calendario de Finvir.

            Esa noche sería la última de las fiestas y el día de mañana seria ya invierno. Este era un pueblo extraño en sus festejos pero si adoraban al sol, esa noche más que nunca lo alabarían porque era cuando mas lejos estaria y su poder y presencia disminuiría. Ya que querrían que no los olvide. Así como ellos en Fenor lo hacían a la luna, solo que cuando ella estaba en su mejor momento. Recién ese día había permanecido en la propiedad de Kaner de Riorojo. Había estado antes con sus tropas y en el funeral de los hombres que habían muerto en su encuentro con los rebeldes en el puente de Bridan. El capitán Nin había sido dejado a cargo de los hombres ese día y su entrenamiento recién comenzaba. Guy había decidido que postergaría el reclutamiento de nuevas tropas por lo menos unos días hasta que hayan pasado las fiestas por completo. Texu había llegado a la mañana a acompañarla aunque no estaba invitada a la fiesta a la que asistiría la Mayor. Guy finalmente conocería a Guipac el sumo sacerdote del culto al sol.  
—Ten cuidado de Guipac —Advirtió Texu mientras peinaba a uno de sus caballos. Ella poseía dos de los más veloces animales de Koria—. Intentará provocarte. No le des excusas para tomar represalias.
—Me encontré con un sacerdote similar en Minbou.
—Guipac es inteligente y carismático y mientras permanezca encerrado en el templo del sol las llamas de Kirun lo protegerán. Tengo contactos y una buena red de espías que me son leales. Cuando empezaron las ejecuciones me sentí preocupada por el futuro de la ciudad. Ilman y Guipac quieren gobernar por medio del terror y eso no me agrada. Seis de mis hombres fingieron alejarse de la guardia de Kirun y algunos de ellos han conseguido acercarse a Guipac como ninguno de nosotros podría. Los clérigos del sol que portan armas son muchos más de los que calculábamos. Algo está pasando y temo que nos enteremos demasiado tarde.
—Tengo fe en que las cosas se resolverán y veras que tu dios no te odia o te ha olvidado. ¿Has averiguado algo sobre las torres de Fruel en la ciudad?
—Son todos leales a Guipac o temen las acciones punitorias del General Unmar. Me temo que el mensaje que deseas enviar a Minbou no saldrá de aquí. Y tan solo proponerlo alertaría a Guipac. No es aconsejable que lo intentes.
—Sin embargo tenemos que pedir más ayuda a Guiles y si es posible al mismísimo rey Urael.
—Partiendo de Kirun nos encontraremos con una de las torres de Fruel antes del puente. Esa también está en poder de Guipac aunque no ha dejado hombres allí. Esa torre está abandonada. Pero la torre que viene después del puente está en poder de los rebeldes.
—Si tomamos esa torre podríamos enviar el mensaje a Guiles de Minbou.
—Si, pero si salimos de aquí camino al puente de Bridan estaremos entre el ejército de los rebeldes y entre el de la ciudad de Kirun si es que se enteran de lo que queremos hacer.
—Gracias. Veremos cómo resolvemos esto después, de una forma u otra necesitamos más hombres, somos demasiado pocos.

Las dos mujeres continuaron hablando largo rato planeando futuras estrategias. En la tarde Guy se preparó para la fiesta de esa noche ayudada por Nebrá. Y antes de que cayera el sol en su ultimo día de otoño Texu escoltó al carruaje que llevaría a Guy al templo del sol, a su destino.

            El pueblo de Kirun rodeaba al templo del sol. Miles de hombres amontonados festejando, esperando las palabras que Guipac diría al amanecer. Las guirnaldas blancas y amarillas adornaban las calles como había visto en Minbou y en las otras ciudades. La gente comía y bebía alegremente por las calles. Se escuchaban canciones y se observaban los bailes por todas partes. Los más distinguidos hombres de Koria estaban en esa fiesta. Muchos nobles cuyos escudos defendían al templo vestían los colores de sus clanes. Guy había intentado hacer lo mismo con su vestido verde y dorado. Pero no lo sentía cómodo. Movía los hombros de un lado a otro por que le hacía picar la espalda. Nebrá la seguía detrás regañándola. El prendedor de La Orden Del Gato Azul seguía adornando su pecho. No faltaban tampoco los sacerdotes vestidos de blanco con sus espadas colgando de sus cinturas. Todo era mármol blanco y oro en el templo del sol. Y todo lugar hacia donde uno mirase el lujo se hacía presente. Enormes columnas y grandes arcos soportaban al techo que estaba muy arriba. Y detrás, en la habitación central, estaba el trono donde se sentaba Guipac, rodeado por un muro de llamas que se unían por senderos en el suelo a otros muros de llamas que rodeaban a la habitación. Este era el fuego de Kirun que Guipac manejaba a su antojo gracias a su poder. Gracias a estas llamas la habitación era cálida a pesar del intenso frio que hacia afuera. Y abajo estaba la gran cisterna donde se almacenaba el agua de la ciudad. Podía verse desde donde estaban ya que no solo los muros dividían a la sala sino fosos y niveles, como en toda la ciudad de Kirun y estaban comunicados por escaleras. Una gran escalera unía al salón donde estaban las mesas con el nivel donde estaba el trono del sumo sacerdote. Los platos del banquete fueron numerosos. Muchos de ellos eran frutos del mar. La pesca en Kirun era importante. Exquisitos sabores de extrañas frutas que jamás había probado encantaron los sentidos de Guy, quien deseaba averiguar de donde habían sido traídas esas maravillas. Kaner de Riorojo no estaba esa noche allí a pesar de haber sido invitado. Guy estaba sola con Nebrá intentando encajar. Y Guipac estaba sentado en su trono muy alejado de ellas. El sumo sacerdote no iba a acercarse a ella tampoco, los temas del ejército no le incumbían o por lo menos eso pretendía simular. Sin embargo Guy estaba ahí por ser la emisaria del rey y sabía que en algún momento debería enfrentar a Guipac. El baile comenzó como en la fiesta que había participado en Minbou. La mayoría de las personas se levantó de sus mesas y bailo varias canciones. Guy recordó varias de las melodías. Pero una en especial llamo su atención. Había escuchado antes esa canción. Eran los acordes que Ilko estaba tocando sentado sobre la roca antes de llegar a Minbou. Se abrió paso entre la multitud y encontró para su sorpresa al bardo que le había pedido seguirla para escribir canciones sobre ella.
Guy solo sonrió de un lado de su cara por un segundo. Luego preguntó al bardo —¿No estabas tú acaso muerto? Creíamos que habías desaparecido en el enfrentamiento en el puente de Bridan.
—Dama de Montevid, me inclino ante ti y te saludo. He prometido servirte y no se librará de eso tan fácilmente. Que no la avergüence pensar que había fallecido pues casi ha sido así. Pero tuve suerte y recibí ayuda. Ayuda sin duda de un lugar muy especial.
—Admito que me impresiona tanto tu habilidad para sobrevivir como la que tienes para colarte en estos grandes eventos.
—Es que la magia de la música esta de mi lado. Y la música abre puertas, señora de las vides.
—No lo dudo. Tu presencia aquí lo demuestra. Deberás decirme, si es que estas a mi servicio, como sobreviviste a la batalla y a lo que vino después. No hará falta que digas como llegaste hasta aquí, dejo que guardes ese secreto.
—Me temo que le costará creerme heroína.
—Pronto se te acabaran las maneras de llamarme y todavía no me has dicho como sobreviviste a los rebeldes.
—Lo hare pero le cantaré primero la canción que practicaba. Es una canción antigua pero no es de Koria sino de Fenor. Has de haberla escuchado alguna vez. Quizás solo los cantos o quizás solo su música. Pero habrá tenido una nodriza que le cante esto en su cuna. Y claro quizás no la hayan interpretado con este instrumento. Pero me es útil ahora. –Dijo el bardo mirando a su lira. Sus dedos comenzaron a golpear las cuerdas y pronto los presentes voltearon a ver a quien tocaba. La hermosa música atrapó a todos y entonces Ilko cantó:

Antes, solo la luna brillaba en la noche.
Iluminando la vida de los hombres.
Antes, siempre la luna brillaba en el cielo,
Cuando el sol se ocultaba
y nunca jamás, descansaba.

Una noche llego a un pequeño lago un viajero
Cuya única posesión valiosa era su voz.
Y sentado en la orilla contemplo una imagen
El reflejo de la luna en el agua del lago.
E inspirado por esto comenzó a cantar.

Antes, solo la luna brillaba en la noche.
Iluminando la vida de los hombres.
Antes, siempre la luna brillaba en el cielo,
Cuando el sol se ocultaba
y nunca jamás, descansaba.

Cantó el viajero para la luna
Y ella no pudo evitar enamorarse de su voz.
Convirtió su reflejo en la imagen de una mujer
De cabellos plateados y piel blanca
Y le pidió que cantase para ella hasta el amanecer.

Antes, solo la luna brillaba en la noche.
Iluminando la vida de los hombres.
Antes, siempre la luna brillaba en el cielo,
Cuando el sol se ocultaba
y nunca jamás, descansaba.

Cantó el viajero para la luna
esa noche y cien mas
Y aunque ella deseaba bajar a besarlo
Estaba atrapada en el cielo ya que sin ella en la noche
nadie iluminaria la vida de los hombres.

Antes, solo la luna brillaba en la noche.
Iluminando la vida de los hombres.
Antes, siempre la luna brillaba en el cielo,
Cuando el sol se ocultaba
y nunca jamás, descansaba.

Pero una noche el viajero no cantó más
Desesperada lo buscó desde el cielo y no lo encontró.
Triste comenzó a llorar.
Cada lagrima se transformo en una brillante estrella.
Y lloro así hasta que cubrió todo el cielo.

Antes, solo la luna brillaba en la noche.
Pero desde esa vez, algunas noches
Ella baja convertida en mujer buscando a su amado
Y esas noches sin luna
Las estrellas brillan más que nunca.


La canción terminó y los presentes aplaudieron. Guy no recordaba esa canción de cuando era pequeña. Pero le inspiró un sentimiento hermoso. Y recordó que el rey Urael le había pedido a Neilad que blandiese la espada cantante para honrar a la luna. Quizás el rey si había escuchado esta canción. Cuando el bardo dejó de ser el centro de atención la mayor del ejército real se acercó nuevamente a él.
—Ha sido una hermosa canción, y solo la he escuchado interpretada por ti. Lo cual creo ha sido algo especial. Entiendo de qué magia hablas y porque eres capaz de convencer a la gente que haga lo que quieres. Como llegar a esta fiesta. Pero no me has dicho todavía lo que pasó.
—Sí, es cierto, mata dragones. Pero intentaba que recordases esto: A veces los dioses se fijan en nosotros los mortales. Y también es cierto que no solo los hombres se enamoran de los dioses sino que también ellos lo hacen de nosotros. Como Kirun y Breadan.
—Querrás decir Bridan. –Corrigió Guy.
—No. Lo he dicho bien. Se ahora cosas que antes no sabía. Ya que un dios se ha fijado en mi también. Aunque no por amor sino por tristeza.
—Tendrás que explicarte mejor.
—Tengo que contarte una historia que no tiene fin todavía. Y eso es bueno, pues es mi historia. Ya que poco a poco me convierto en canción, así como lo haces tú.
—Basta de canciones, bardo. Dime de una vez que sucede.
—Caí del puente de Breadan. Bridan todavía para ti. Y sentí que el rio me llamaba. Le pedí un deseo. Y de alguna extraña forma el rio lo cumplió. El me ofreció una espada, que escondo en el estuche de mi lira. Me dijo que esa espada se volvería más fuerte a través de mis buenas acciones. Siempre que obrase en son de la justicia y a favor de Koria. No puedo mostrártela ahora pero lo hare después y veras que luce horrible. Sin embargo estoy seguro de su poder. El rio me dijo que debía viajar al norte, subiendo hasta donde nace el rio y que allí encontraría a la ciudad del héroe Breadan donde su espíritu se encuentra todavía prisionero por el poder del rio. Y que podría liberarlo gracias a esta espada que fue antes de él. No se usar espadas ni armas, por eso he venido a pedir tu ayuda, ya que eres la mejor guerrero… —Corrigió— guerrera que conozco. Sé que el rio me ha dicho como podía ayudar a Kirun, por eso me lo pidió.
Guy frunció el ceño y luego se limpió uno de sus ojos. Miró de nuevo al bardo con ternura —Algo en tu nombre me dice que estás loco. Has estado perdido, y no sabes de lo que aquí acontece. Hay muchas formas de ayudar a Kirun y créeme que comparto tus nobles intenciones. Pero viajar con una espada corroída a un glaciar, en busca de una ciudad perdida haces siglos, que quien sabe no sea solo una leyenda, para enfrentar al fantasma de un héroe, no parece ser la mejor forma de resolver los problemas de la ciudad.
—Yo no puedo explicar esto mejor. Y aunque he jurado servirte. Debo cumplir con esa misión.
—Puedes ir a buscar todos los fantasmas que quieras perdidos entre las montañas. Y enfrentar tu propia muerte. Pero estoy atada a esta ciudad por ahora con problemas más grandes. Como los clérigos y los rebeldes.
—He estado con ellos. Con los rebeldes.
Guy se puso incluso más seria —¿Qué dices? ¿Tienes alguna información de ellos? ¿Cómo es que escapaste de ellos?
—Tengo de mi lado el poder de la música y camino con la espada de la justicia atada a mi espalda. No ha sido difícil. –Presumió el bardo jocosamente y con una sonrisa burlona. Aunque estaba dándose aires no lo hiso de una manera en la que insultase a Guy, solo pretendía ser cómico.
Guy en cambio comenzaba a irritarse y no se fiaba del bardo. Pero en la sala ya no se escuchaban canciones. Guipac decencia en ese momento al salón principal por la escalera central. Dos guardias de tamaño y aspecto imponente caminaban detrás de él. Guy miró al bardo y le dijo por lo bajo —Me dirás después de eso. Ahora estoy ocupada. Ya sabrás como encontrarme, que te ha resultado más fácil que a mi encontrarte a ti.
—No lo dudes, Guy, que así será.

            Guy estaba ahora más cerca que nunca del sumo sacerdote. Podía observarlo bien. Guipac era más joven que su abuelo Shires pero más viejo que Guiles de Minbou. Vestía de blanco como todos los otros sacerdotes. Pero llevaba adornos de oro mucho más notorios que los demás clérigos. Era alto y su figura era imponente, dos grandes hombreras remataban sus hombros y acentuaban el ancho de su espada. Y en su mano derecha llevaba un báculo tan alto como él donde en su punta había colocado a la gema regalo del sol a Kirun. Varios de los clérigos que estaban allí se acercaron a besar sus manos. Entre ellos Guy reconoció a Joselib quien había sido presentado por Ilman días atrás. Los sacerdotes de la Luna le parecían más humildes. Tocó con su mano derecha el talismán del sol que le habían regalado. Y esperó a que Guipac se acercase a ella. Mientras, observó cómo lo saludaban los demás para saber cómo hacerlo, aunque no le besaría la mano.
Guy se inclinó más que de costumbre ante el sumo sacerdote, detestaba hacerlo pero el engaño y la sutileza eran necesarios. Su espíritu jamás se doblaría ante la presencia del clérigo y esperaba con ansias la oportunidad de demostrarlo —Saludos, Sumo Sacerdote. Yo soy Guy de las vides de Montevid. Mayor del ejército real de Fenor y emisaria del rey Urael. Es un honor presenciar tal hermosa ceremonia.
Guipac golpeó con el báculo al suelo y corrigió su postura. Entrecerró los ojos y tirando su cabeza levemente hacia atrás observó detenidamente a la mujer. Luego, se rascó la cara. Guy pudo escuchar el sonido de sus dedos secos raspando en la barba corta y blanca —Saludos adoradora de la luna,  asesina de dragones, forastera de Fenor. Yo soy Guipac como has de saber. Me alegra que encuentres de tu agrado a una de nuestras fiestas más importantes.
Guy se sintió irritada. En una sola oración la había llamado asesina y extranjera así como la había excluido de la ceremonia al recalcar su religión. Guipac era hábil con las palabras y fuerte de espíritu. En nada se comparaba al cobarde de Ilman. Maldijo por dentro pero contestó —Así es sumo sacerdote. Espero que podamos llevarnos bien. —Pero al escuchar esto Guipac ya se estaba alejando.
El hombre volteó a ver a Guy nuevamente —Joven, emisaria del rey. Espero pueda resolver sus asuntos y encuentre cómoda a mi tan amada Kirun. Seguramente el General Unmar y nuestro gobernante Ilman podrán ayudarle en lo que necesite. Yo sin embargo no encuentro como podría serle útil. Debo irme ahora. Otros asuntos requieren de mi presencia.
Sin tener la necesidad de hacerlo y con total sutileza Guipac la había insultado y la había hecho quedar como una tonta. El odio que por el sentía había aumentado y juró cobrarse todas las ofensas. Pero se limitó a contestar mientras sonreía falsamente —Por supuesto. —Supo que Guipac no le dirigiría mas la palabra esa noche y posiblemente jamás, a menos que se viera forzado a hacerlo.

            Cuando el sumo sacerdote terminó de saludar a los presentes, ya faltaba poco para el amanecer. Había sido una noche larga y estaba a punto de terminar. Y con el fin de la noche comenzaba la última parte del rito. Guipac saldría a hablar con el pueblo de la ciudad de Kirun y de todos los habitantes de Koria que ahí estuviesen escuchando. Reforzando su poder y control sobre ellos. Subiría a un balcón en lo alto del templo para que todos lo escuchasen pero primero hablaría con la corte de Kirun, con sus nobles y clérigos más importantes y con los más distinguidos militares.
Guipac se colocó en el centro de la sala —He sido elegido por el Dios sol para una tarea muy importante. Estoy aquí para iluminar los días de Koria. Esta es la nación del sol. Somos los hijos del gigantesco astro dorado. Y estaremos siempre protegidos por las llamas eternas de Kirun —Inclino su báculo hacia uno de los muros de fuego que rodeaban la habitación y una llama caminó por el aire hasta donde estaba él y quedó flotando sobre su mano izquierda. La llama se convirtió en una pequeña bola de fuego que comenzó a ascender lentamente hasta estar por sobre ellos casi en techo de la sala. Comenzó a brillar cada vez más y el calor en la sala aumentó. Guy tuvo que cerrar los ojos porque ya no podía ver. Había demasiada luz. Luego la llama se desvaneció —. Siempre nos protegerá —Repitió Guipac. Guy pudo verlo a los ojos nuevamente—. Pero el templo del sol en Kirun posee ahora nuevos protectores. No solo los nobles de Koria están aquí así como los soldados del ejército real y la guardia de Kirun. Hoy debo presentarles a los guardianes del sol —Guipac movió el báculo nuevamente y las paredes de fuego se apagaron lo suficiente para dejar ver lo que había detrás. Formados dentro del palacio protegidos por los muros del mismo y ocultos tras las llamas de Kirun estaba el ejército que Guipac había formado en secreto. El ejercito de clérigos armados. Todos vestían de blanco y dorado. Llevaban armas, espadas, lanzas, grandes escudos. Con sus túnicas relucientes y su formación perfecta exigían respeto. Guy contó a los hombres formados sumando las hileras y las columnas. Más de tres mil hombres armados estaban bajo el control directo del sumo sacerdote del sol—. Estos son guerreros santos. Que defenderán al templo y a Koria y a todo hombre que rece a nuestro dios.
Guy buscó reacciones en la cara de los presentes. Ilman parecía complacido. Sin duda el sabía de antemano lo que sucedía y había permitido que el abominable sueño del megalómano clérigo fuese llevado a cabo. El general Unmar en cambio pareció disconforme como si las dimensiones de tal ejército superasen sus expectativas. Kirun era una ciudad de varios cientos de miles de habitantes. Pero todo el ejército de la ciudad no superaría los cinco mil hombres. Un ejército de más de la mitad de sus fuerzas había aparecido de pronto en la ciudad al servicio de Guipac. Su importancia ante el sumo sacerdote había disminuido o podría hacerlo. Unmar sabía también que Guipac no era alguien que desease compartir su poder. Guy siguió viendo los rostros de los invitados y le sorprendió que fueran muchos más los alegres que los sorprendidos. Se escucharon los aplausos y vitorearon el nombre del sumo sacerdote. Guy se alejó cuanto pudo de la multitud sin acercase a los clérigos guerreros de Guipac. Afuera el frio le helaba los huesos pero dentro del templo el calor agobiaba a la mujer. El sumo sacerdote salió a hablar con el pueblo al momento del amanecer. Pero Guy ya no escucho más. Calculaba en su mente el poder del hechicero. Y solo cuando los rayos del sol iluminaron la habitación por completo se animó a salir del templo. Donde la multitud de ciudadanos de Kirun la esperaba, festejando alegremente las palabras de Guipac el iluminado. La próxima noche sería luna llena y ella debía prepararse para sus propias celebraciones religiosas, pero sabia que serian mucho mas intimas que estas.


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