domingo, 14 de mayo de 2017

07 - Kirun

Capítulo anterior.



Ciudad de Kirun, provincia de Koria.
Día 29 del noveno mes del calendario de Finvir.

             Llegaron a las puertas de Kirun esa misma tarde, a paso forzado. Para Guy y Nin al igual que para todos aquellos que habían partido desde la fortaleza de Fenor el largo viaje había terminado más no así su misión. Cuatro de los reclutas de Fenor habían muerto y otros dos estaban heridos y habían sido atendidos por Vicay el médico. Una decena de hombres más había caído en la batalla de ese día y también uno de los clérigos. Los otros tres se despidieron de Guy y de las tropas llevándose el cuerpo de su compañero, que era el único que habían transportado hasta allí. La muerte de un sacerdote del sol en tiempo de fiestas no era lo mejor que podía suceder en ese momento. Con la parte exterior de la ciudad de Kirun amenazada por los rebeldes y con la provincia de Koria llena de influencias separatistas y su fanatismo religioso, Guy sintió que sus tropas, casi en su totalidad de Koria no le serian leales por mucho tiempo, mas después de la batalla, todo lo que ella era ahora era un nombre, Guy la mata dragones la heroína de Fenor. Pero la batalla de Fenor estaba lejos en tiempo y espacio y debía ganarse el favor de sus tropas. El rey la había enviado a esta misión con pocos hombres o demasiado tarde. No había salido de Fenor con la intención de detener una guerra civil a punto de estallar.
Texu interrumpió los pensamientos de la mayor —Antes que nada me reportaré ante mis superiores a dar parte de lo sucedido. Sus tropas de seguro serán recibidas en nuestras barracas. Los nobles de Minbou encontraran refugio por su propio medio, asumo.
Guy movió su cabeza en señal de que había entendido lo que decía Texu. —Tengo que agradecerte a ti y a tus hombres por ayudarnos en batalla una vez más. Pero no entiendo porque eran tan pocos ustedes allí sabiendo el número de hombres de los cuales disponen los rebeldes de Kirun.
—Mis guerreros son pocos aquí pero leales a mí y fieros en batalla. Cuando me enteré de su llegada pregunté por quienes irían a recibirla al puente de Bridan pues sabemos que es un sector complicado. Nadie iba a recibirlos ya que así lo quiso Ilman, nuestro gobernante. Más no creo que haya sido una decisión de él. Detrás de esto, como de todos sus actos esta Guipac. Al partir con mis hombres allí desobedecí órdenes directas —Texu sonrió—. Pero quiero creer que nuestra presencia por mínima que fuera ayudó a que una tragedia peor se evitase.
—Y sin duda ha sido así. Los riesgos que has tomado en mi defensa no serán olvidados. —contestó Guy.
—A pesar de todo le aseguro que las tropas a su mando estarán seguras aquí. Por lo menos físicamente. Pero serán sin duda influenciados por la ciudad y lo que sucede en ella. Fuera de la ciudad no es seguro en absoluto.

La muralla de Kirun era descomunal en su entrada se encontraban dos torres rectangulares que sobresalían de la misma. Detrás de la muralla los esperaban los habitantes de Kirun. Esa parte de la ciudad antes debía de estar repleta de gente pero ahora se encontraba bastante despoblada. El comercio con Tulis y Minbou había cesado progresivamente y los vendedores que invadían la entrada de la ciudad acosando a los peregrinos ya no encontraban redituable su presencia allí. Guy calculó que estarían del otro lado de la ciudad en el puerto del que le había hablado el Rey, donde todavía permanecía la vida de la ciudad. Los hombres y mujeres que allí se encontraban miraban extrañados al desfile de soldados armados campesinos y nobles a caballo que entraba a la ciudad. Cerca de setecientos hombres entraron al mando de Guy que para Kirun era un número muy pequeño y para Guy también sobre todo en estas circunstancias. Cuando llegaron a los cuarteles más cercanas donde estaba asignada Texu un hombre gordo y desarreglado caminó de forma apresurada hasta donde estaba ella. Refunfuñaba y maldecía por lo bajo. Era un Korien de raza pura.
—Maldita seas Texu. Te recuerdo que aun estas bajo mi mando y así también tus hombres. Has desperdiciado la vida de ellos y… —El hombre no pudo continuar por que fue interrumpido por Guy.
—Saludos, hombre de Kirun. Yo soy la Mayor Guy de Montevid y él es el capitán Nin. Enviados por el Rey Urael en misión a esta ciudad. Gracias a las acciones de esta mujer y sus tropas las bajas en nuestro enfrentamiento con los rebeldes han sido muchísimo menores de lo que se esperaría —Nin encerró con su caballo al hombre que ahora estaba siendo rodeado por Guy y Texu. La mayor continuó—. Nos ha servido bien y ha dado lo mejor en batalla esta guerrera de Kirun o ¿Acaso debo suponer que la capital de Koria había abandonado a la emisaria del Rey Urael?
—¡No, no!—exclamó el hombre un poco preocupado—. No he querido decir eso.
—¿Y qué has querido decir entonces? —La voz potente de Nin intimidaba todavía más al hombre gordo al mando de Texu.
Se escucharon los pasos de un hombre chapotear sobre el barro de la caballeriza. —Saludos, soy el General Unmar al mando de las fuerzas de Kirun. No mal interpreten el mal genio de Tireban. Texu es valiente y temeraria pero suele olvidar la cadena de mando. Mas hombres tendrían que haberla acompañado y de no haber salido con la prisa que salió así habría sido. Kirun nunca olvidaría al rey Urael. —El general, que todavía no había alcanzado los cuarenta años era apuesto y educado. Otro Korien de raza pura, rubio alto y de tez cobriza, con ojos ámbar. Sonreía de una manera burlona. Guy desconfiaba de él pero no podía terminar de estar segura. Era diferente a Güiyinkt el general de Minbou, que a pesar de no estar a su favor era sin duda un hombre de honor.
—Estoy segura de que no. —dijo Guy que no sentía en lo más mínimo sus palabras.
—Además, —agregò el general— No podemos controlar la voluntad de los rebeldes ni sabemos cuándo atacaran. No podíamos predecir esto —Guy no estaba conforme con las respuestas pero Unmar continuó—. Lo hecho, hecho esta. Texu nos informará de la batalla después. En cuanto a sus tropas podrán descansar aquí. Les encontraremos lugar hoy mismo. Los próximos días son los últimos de la ceremonia del sol de invierno. Nuestros hombres tendrán licencia esos días. O por lo menos muchos de ellos. Piense usted también si desea dársela. Es un ritual importante en Koria.
—Estudiaré sus consejos. He intentaré ponerlo al tanto de cuanto pueda. En cuanto mis hombres estén instalados, desearía que alguien me acompañase hasta donde esta Ilman.
—Serán recibidos por él cuando deseé Mayor. Yo mismo la acompañaré hasta el palacio real. –dijo el General Unmar y se retiró cortésmente luego de saludar junto con el gordo Tireban.

            Guy se reunió con Nin cuando los hombres de Kirun se retiraron. Incluso Texu que había servido bien y de manera valiente estaba ahora alejada de ellos —Nin, me retiraré ahora a ver a Ilman. Confió en que mantengas a las tropas unidas. Ha habido bajas hoy. Deberíamos poder caminar por nuestras tierras sin preocuparnos de ser atacados y aun así eso ha sucedido.  Asegúrate de que los hombres estén bien.
—¿Puedo hablar con libertad? —preguntó Nin que no olvidaba que estaba ante una oficial superior.
—Si.—contesto Guy.
—No confío en esta ciudad o en ninguno de ellos. No creo que debería ir sola.
—Quizás tengas razón. Aunque no he conocido al igual que tú todavía la ciudad. Pero los hombres que han luchado a nuestro lado hoy no nos conocen. No podemos dejarlos solos.
—Entiendo, aun así… —Nin no deseaba desobedecer sus órdenes pero sabía que debía insistir.
Un hombre que había viajado con ellos desde Minbou se acercó hasta donde estaba haciéndose notar. Guy reconoció a uno de los dos nobles de los que le había hablado Guiles, los que la acompañarían. Inclinó su cabeza en señal de saludo. —Yo soy Kaner de Riorojo. Soy amigo y un leal súbdito de Guiles de Minbou. Mi familia tiene propiedades en Kirun. Guiles me pidió personalmente que le ofreciera hospedaje Dama de Montevid cuando llegamos aquí. Me dijo que Ilman le ofrecería una habitación en el palacio real, pero que estaría más segura y más cómoda en alguna de nuestras casas.
Guy sonrió, Guiles una vez más extendía una mano para ayudarla aun sin conocerla —Gracias, Kaner de Riorojo. Aceptaré tu hospitalidad. Te pregunto entonces si deseas ser mi escolta en esta ciudad que desconozco.
—Con gusto. Aunque no he estado en Kirun desde hace años —Kaner tenía el cabello negro y lacio. Si había una herencia Korien casi no podía reconocerse pues su piel era pálida. Kaner era uno de los nobles de Koria que no poseía un linaje completamente korien. El hombre señaló a un Korien de raza pura, el otro noble enviado por Guiles —Quizas el señor duque de Cifrán pueda ayudarnos y escoltarnos también.
El duque de Cifrán contestó con un gesto rudo en su rostro —No. Acompañaré a la mayor si esta lo desea pero preferiría que lo hicieran algunos de mis caballeros. Ellos pueden sumarse a los tuyos Kaner. Soy algo más viejo que ustedes y estoy cansado debo decir. Me quedaré un poco más con el capitán Nin y luego buscaré hospedaje. Si me lo permite emisaria.
—Por supuesto, sus hombres serán valiosa compañía. —contestó la mayor. La mujer miró a Nin, seria —Ya no debes preocuparte entonces, valiente Capitán Nin. Parto a continuar con mi misión y te dejo al mando las tropas. —Guy busco a Nebrá y acompañada ahora por Kaner dos de sus hombres y cuatro de los del duque se despidió de sus reclutas en busca del General Unmar.

            Camino al palacio real Guy tuvo la oportunidad de ver mejor a la ciudad. Así como había dicho el rey era una ciudad dorada. Repleta de plazas y jardines con monumentos tallados en piedras blancas y con incrustaciones de oro. Las calles de piedra se enredaban y los caminos en ocasiones se superponían. Más de una vez debieron pasar bajo un puente que sostenía a otra calle que pasaba por encima y que se dirigía a alguna construcción más elevada. No se parecía en nada a cualquier otra ciudad que había visto. Y de a poco fueron subiendo por las calles. Llegaron a un punto desde donde podía verse el mar. Recién ahí Guy entendió que había llegado al límite del territorio de Fenor. El lugar estaba cercado por una pequeña muralla de piedra que llegaba hasta la cintura y que marcaba el límite de la calle y de ese nivel. Casi como un balcón en el exterior. A lo lejos estaba el puerto y al sur el Templo del Sol convenientemente cerca del palacio de gobierno. Desde allí vio a los gigantescos molinos que ayudaban a subir al agua desde la cisterna ubicada debajo del templo del sol.

            El palacio era tan suntuoso como el resto de la ciudad. Las altas estructuras reformadas por siglos cambiaban a veces de aspecto y estética pero mantenían una línea armoniosa. Y todo estaba inundado en oro, mosaicos amarillos y blancos y cerámicas y porcelanas. Era un lugar hermoso. Caminaron por largos pasillos con hileras de columnas hasta llegar a la entrada de la habitación principal del palacio. El general Unmar saludo a dos guardias que custodiaban la entrada de dos puertas y le indicó a Guy que esperasen allí, luego desapareció por una puerta de un pasillo lateral. Pasaron unos minutos y las puertas de la entrada a la habitación se abrieron desde adentro. Ilman los recibió del otro lado. Guy no encontró en èl ningún rasgo que lo distinguiese de cualquier otro hombre, incluso su vestimenta era insulsa. El hombre no tenía porte y había algo de desesperación en su rostro. Ella hubiera esperado encontrarlo sentado y cómodo pero en vez de eso estaba caminando por la habitación de una manera poco elegante a su gusto. A estas alturas Ilman estaba lejos de ser una de las personas favoritas de Guy por lo que intentó limitar su desprecio para darle aunque sea una oportunidad al hombre. No estaba solo en la habitación. Algunos siervos aparecían y desaparecían de detrás de las columnas ocupados en sus obligaciones, pero obligaban a Guy a estar alerta de sus movimientos. No estaba acostumbrada a la servidumbre y le era difícil ignorarlos en una habitación que en ese momento debía ser un poco más íntima. A Kaner y Nebrá en cambio, de mundos diferentes no les molestaba. También estaban el general Unmar y uno de los sacerdotes del sol. Las ropas de este eran iguales a las de los que se había encontrado en Rimblau y en Minbou pero diferentes a las de Tifun así que dedujo que no se trataba de Guipac sino de alguno de sus hombres puesto ahí para seguir a los movimientos de Ilman.
—Saludos Ilman, señor de Kirun.
—Saludos Guy de Montevid —contestò el hombre—. Me alegro de que hayan llegado hasta aquí y lamento los incidentes de esta mañana. Los culpables, puedo asegurarle, serán castigados.
—He visto cientos de hombres allí afuera. Hemos tenido suerte. —Guy no se había presentado para exigir nada.
—Ha sido algo más que suerte —Interrumpió el General Unmar—. Has matado a su líder en la batalla. Dicen que tu lanza atravesó su escudo y armadura y que te lanzaste hacia él incluso con cientos de enemigos rodeándote.
—Hice lo que tenía que hacer. —dijo Guy siempre seria.
—Le aseguro Dama de Montevid, que será un placer ayudarla en su misión, cualquiera que sea –retomó Ilman—. En esta habitación se encuentran mis hombres de confianza. Ya conoce al General Unmar y él es el sacerdote Joselib uno de los más cercanos a Guipac el iluminado.
Guy reverenció al sacerdote —He viajado desde Fernor con el Capitán Nin, pero el que se encuentra ahora conmigo es Kaner de Riorojo —Los presentes saludaron al hombre, que repitió el gesto—. Mi misión es sencilla: debo reclutar hombres para el ejército. No será una asignación permanente, solo momentánea hasta que consigamos reponer fuerzas en Fenor. Algunos otros detalles están explicados en un documento que les acercará mi escriba. —Guy prefirió no explicar la parte en la que el rey pretendía reorganizar el sistema del ejército dejando de lado a las familias. No era el momento de discutir.
—La ayudaremos en lo que sea posible. Con gusto designaré yo mismo de mi guardia personal algunas tropas bajo su mando. —Ilman intentó poner serio su rostro pero todavía podía verse su miedo y preocupación.
—Tengo órdenes de permanecer aquí cerca de cuarenta días, si no son más –Ilman abrió los ojos de una manera antinatural, sin duda no esperaba tener por tanto tiempo de invitada a la mata-dragones—. No es necesario por lo tanto que haga usted eso. El Rey ha considerado que sería mejor entrenar un poco a los hombres aquí antes de partir. Después de todo no estamos en tiempos de guerra. Aunque viendo las circunstancias… —Guy no llegó a terminar la frase.
—Sera de esa forma entonces. Me encargaré de sus habitaciones hoy mismo. Aquí en palacio podrá sentirse a gusto.
Guy sonrío y luego volvió a su acostumbrada seriedad —No será necesario. Hoy pasaré la noche con mis hombres que han sufrido las penas de la batalla aun antes de llegar a conocerme a mí. Mañana dispondré de la hospitalidad de la casa de Riorojo. No deseo ser una molestia en el palacio.
—¡Emisaria! —exclamó Ilman—, Usted jamás sería una molestia.
—Aun así agradezco su gentileza pero deseo estar cerca de mis tropas y no alejada en el palacio. Espero que sepa entender.
—No diga nada más. No es de hombres virtuosos insistir. ¿No la veremos entonces en las fiestas de esta noche?
—No, no esta noche. Pero me verán pronto.
—Pronto será el último día del rito. Espero que se presente al menos entonces.
—No faltaré. Hoy debo organizar todavía muchas cosas, así que debo pedir que me disculpe pero debo retirarme. A sido un placer conocerlos caballeros y sé que cuento con su ayuda para cumplir mi misión. —Guy se despidió y así lo hicieron Nebrá y Kaner.
—Estamos a su servicio. —contestó el General Unmar y recién entonces Guy se retiró.

           
            La fiesta del sol de invierno no era tan diferente en los cuarteles que fuera de ellos. Los hombres bebían y festejaban desde tarde pasada la medianoche esperando el amanecer. Habían estado descansando desde muy temprano y se levantaban horas antes del amanecer para comenzar. Guy ya se había acostumbrado a este extraño cambio de horario y llegó al punto de considerar que extrañaría un poco estas fiestas cuando ya no estuviesen.
Texu se acercó a Guy que estaba sentada en frente a una hoguera. Los ojos atentos del gordo Tireban la seguían a donde fuese —Mayor ¿Puedo sentarme a su lado?
—Sí. —contestó Guy secamente, aunque no fue su intención.
—Debo preguntarle ¿Es realmente reclutar hombres para el ejército su única misión? —Era de noche y hacia mucho frio, Texu al igual que Guy estaba cubierta de pies a cabeza con pesadas telas pero su extraño rostro todavía podía verse y la luz del fuego acentuaba sus cambios de color.
—Unmar tiene razón, eres insubordinada. Le preguntas a un oficial superior por sus órdenes.
Texu miró a un costado observando a Tireban. Pero miraba aún más allá —Soy de Kirun, siempre he sido de Kirun y de Koria. Y no sé si el Rey de Fenor, que es también mi rey sabe de mí. No sé si he hecho algo alguna vez para merecer ese reconocimiento. Pero defiendo una parte de su territorio y lo defiendo por eso también a él. Usted es nueva aquí, una forastera en su propio reino. Usted ha hablado con él pero no ha visto todavía la miseria y el mal que atacan estas tierras hoy. No crea que porque hoy peleó contra unos llamados rebeldes sabe lo que aquí sucede. Hay mucho más. Y tengo esta fantasía, quizás, de que el Rey Urael sabe de lo que aquí sucede y la ha enviado a usted, la heroína de Fenor, a que nos salve. Y si así es, siento que tengo el derecho a saber si ha venido por Koria, porque entonces, me uniré a su lucha. Yo no soy noble, y sé que el escudo de su familia y sus tierras es una vid dorada sobre un fondo verde, mas yo no tengo escudo o tierras. Pero tengo a mi veloz caballo para viajar, a mi espada para pelear y a mi sangre para derramar. Digame entonces ¿Para qué ha venido?
Guy sonrió y apoyó su mano derecha sobre el hombro de la mujer —No sé si el Rey Urael conoce tu nombre. Pero puedo asegurarte que sabe de la gente como tú y que por ellos me ha enviado.
—Gracias. —contestó Texu.
—De nada. Pero debo advertirte que no soy más guerrera que tú. No tengo habilidad alguna que me destaque. Soy solo una mujer que pelea por su patria.
—Está aquí todavía, y eso la hace grande.
—Ja —Guy rio jocosa—. Dime eso cuando conozca lo peor, que dices que todavía no conozco.
—Puedo mostrarte eso hoy mismo. —contestó Texu que empezaba a tutear a Guy, posiblemente ambas tuvieran la misma edad. A Guy no le molesto.
—Hazlo y te estaré agradecida. —Texu se puso de pie y se dirigió a su caballo. Y así también lo hizo Guy siguiéndola sin decir nada más. Pero vio que Tireban se les acercaba así que pasó cerca de Nin y le dijo desde su caballo. —Entretén al gordo hasta que regrese.

            La noche estaba de fiesta y en ninguna parte de Koria más que en Kirun. Y mientras cabalgaban por las calles de la ciudad Guy notó cuan reconocida era la mujer que estaba a su lado. En cada esquina Texu era saludada por los hombres y mujeres que festejaban en las calles la mayoría allí no eran Korien de raza pura. Poco a poco se fueron alejando de la fiesta. Como si un mundo aparte existiese en la ciudad dorada. Dos guardias a pie que patrullaban la calle por donde pasaban las detuvieron pero Texu les indicó que los dejaran pasar. Y su autoridad fue suficiente. Continuaron por un camino oscuro.
—No creí que encontraría en Koria un rincón que en estas fechas no festejase hasta el amanecer e incluso después de él —Guy observaba a su alrededor y era capaz de divisar a lo lejos sombras de personas que se escondían a su paso— ¿Dónde estamos?
—Cerca de la costa. Lejos de los molinos, del templo y del palacio real. Te dije hoy que era yo una mujer maldita, pero no lo soy más que este lugar o quienes habitan en ella.
—Se escapan de nosotros.
—Sí y son sabios pues conocen que solo los oficiales y soldados del ejército real cabalgan por aquí. Nadie más puede entrar o salir. Este es el sector que Ilman bajo el consejo de Guipac utiliza para traer a aquellos de los que se sospecha son rebeldes o a las familias de los mismos —Texu se detuvo frente a un gran árbol que se encontraba donde convergían varios pasajes—. Y aquí también es donde ajustician a quienes encuentran culpables de tales actos.
Tres cuerpos estaban colgados. Uno era el de una mujer joven. Otro era un hombre anciano, el tercero estaba tan descompuesto que no fue capaz de reconocerlo. El terrible olor que llegó de pronto la hizo olvidar del frio por un segundo. Guy estaba horrorizada. Las ejecuciones públicas habían desaparecido desde hacía siglos en Fenor. Los cuerpos dejados a pudrirse para inspirar terror irritaron a la mujer que fue invadida por una ola de rabia.
—¿Qué está sucediendo aquí?
—Hace poco más de un año Guipac fue nombrado sumo sacerdote del Sol. Desde ahí todo ha ido empeorando. Pero no fue hasta hace un par de meses que estas ejecuciones comenzaron —Texu hizo girar su caballo y comenzó a alejarse del árbol—. Vamos, todavía hay otro lugar que debo mostrarte. —Guy la siguió.
—Se de Guipac, desde Minbou —aclaró Guy—. Y se de los rebeldes también.
—Hoy debes de haber conocido a Joselib. Él solía ser mi guía espiritual, antes del tiempo de Guipac. Ahora está muy cambiado. Guipac ha ido adquiriendo poder poco a poco. Y se ha aprovechado del orgullo de los Koriens para sus fines personales. Pero perjudicó a muchos en su ambición de poder y así los rebeldes aparecieron. De alguna forma consiguió convencer a muchos de los sacerdotes más ancianos y a quienes no convenció se encargó de hacerlos desaparecer. Algunos pocos que se oponían a él están ahora con los rebeldes. Gran parte de ellos están ahora en algún lugar al sur cerca de Tulis donde la mano de Guipac no alcanza. Minbou ha resistido gracias a Guiles, es un hombre justo. Pero el sacerdote Tifun, fiel seguidor de Guipac, hace lo que puede para contrarrestar esto.
—Guiles es un buen hombre. —interrumpió Guy.
—Mucho más que Ilman que se ha vendido a Guipac. Ilman es débil y cobarde. No le fue difícil al  sumo sacerdote ir tomando control de la ciudad.
—¿Y por qué no han llegado noticias fuera de Koria de que esto estaba sucediendo?
—Kirun que es la parte más afectada está rodeada por los rebeldes. Han tenido suerte de llegar hasta aquí, quizás gracias a las distracciones de las fiestas. Pero las caravanas que viajaban por las tierras de Koria han disminuido y siempre viajan en compañía de alguno de los clérigos de Guipac.
—Sí, los he visto.
—Ellos informan a Guipac sobre lo que sucede y están esparcido por toda Koria y se encargan también de controlar los rumores a la fuerza. No tengo idea de que tan grande es la red de conexiones de Guipac. Pero puedo asegurarte que controla a un gran número de hombres armados directamente. Y no dudo que otros como el General Unmar prestarían servicio a sus fines de una forma u otra. Ya que Guipac quiere que la nación del sol surja otra vez y se desprenda de Fenor para luego gobernarla a su placer. El acto más horroroso que ha hecho es extraer la piedra regalada por el dios sol a la ninfa Kirun de su altar y la ha colocado en un báculo que lleva con él. Gracias a esto y su magia de hechicero controla a las llamas del templo del sol y allí se ha protegido más de una vez de las revueltas. Hace tres meses el hombre que mataste esta mañana,  acompañado por muchos más, consiguió por un momento derrotar a las fuerzas de ejército y avanzó por la ciudad hacia el templo. Pero no fue capaz de atravesar ni él ni nadie la muralla de llamas que lleva hasta donde esta Guipac. Él en parte es prisionero del templo desde ese entonces y también por esto han comenzado las persecuciones —Texu se detuvo ante una casa de gran tamaño completamente quemada—. Esta fue alguna vez la casa de un amigo mío. El escudo de su casa adorna la entrada al templo del sol ya que su familia ha sido desde hace siglos renombrada en Koria. Y porqué se sospechaba que era un seguidor de Guipac los rebeldes quemaron su casa con él dentro. Alguna vez consideré que mi lugar era con los rebeldes pero no después de esto. Y hace rato que no siento ser parte del ejército al mando de Unmar. Sé que soy de Koria y que cuando salgo a luchar contra hombres como los de hoy no lo hago por Guipac sino por los hombres y mujeres de Koria que se resisten a formar parte de esta locura. Pero pronto no quedará nadie así. Me considero una guerrera solitaria, me visto de soldado para poder luchar pero no tengo un bando o una causa. Pero me uniré a tu causa y seguiré tus órdenes. No deseo pelear más contra mis hermanos, solo paz para Koria. Puedes por supuesto hacer tus propias averiguaciones. Yo ya sé lo que quería saber de ti. Los rebeldes estaban dispuestos a matarte y Guipac no hubiera enviado a nadie a salvarte.
—No necesito hacer más averiguaciones pues no eres la primera en decirme esto. O por lo menos una parte. Lo que necesito aquí son aliados y alguien con contactos en Koria.
—Ya tienes a una.
Guy no contestó pero se notó cuan agradecida estaba en su rostro. Se alejaron de ahí lentamente volviendo a la fiesta. Aún faltaban algunas horas para el amanecer.


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