La fiebre citadina era trasmitida por un tipo
de mosquitos que acostumbraba reproducirse en áreas urbanas donde quedase agua
estancada. Las zonas más humildes con el mayor grado de hacinamiento y menor
nivel de higiene presentaban mayor exposición. La enfermedad era mortal solo en
raros casos de niños muy pequeños o ancianos cuyas defensas naturales no
pudieran pelear contra ella. Los síntomas eran fiebre, dolor de cabeza, sueño,
aturdimiento y dolor en los ojos, que podía llegar a producir ceguera temporal.
Los síntomas a veces podían a llegar a ser intermitentes y no presentarse todos
juntos alternándose e incluso desapareciendo y regresando después. El cuerpo
podía eliminar la enfermedad solo en diez días. Los individuos con buena
alimentación eran menos propensos a contraer esta enfermedad por lo que también
se la conocía como “mal de los pobres”.
Los elfos eran naturalmente inmunes a esta
enfermedad. Los enanos presentaban los mismos padecimientos que los hombres
pero raras veces se daba en ellos pues no solía estar en contacto con estos
animales.
Si bien la enfermedad podía desaparecer sin
necesidad de tratamiento, podía usarse jarabe de nuez, una mezcla de
corteza de Enerinan, vino tinto y azúcar, para aliviar los síntomas hasta que
estos desapareciesen solos. No obstante rara vez era tratado porque los
enfermos de bajos recursos económicos no podían costearse el tratamiento. El
agua divina que podían entregar los clérigos del sol también podía llegar a
curar esta enfermedad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario