miércoles, 8 de enero de 2020

09 – El gigante muerto


Cuarteles de Kirun, provincia de Koria.
Dia 03 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.

—¿Cómo esta Nioroc? —preguntó Guy a Vicay fuera del cuartel. Habían pasado cuatro días desde la batalla en el puente de Bridan. Vicay se había encargado de los heridos casi sin asistencia de sanadores de Kirun. Nioroc había sido en único herido grave entre los soldados que habían llegado desde Fenor, Utsner había salido lastimado pero con mas suerte, otros cuatro hombres no obstante habían muerto en batalla. Guy había puesto desde hacía tiempo a Nin a entrenar a las tropas pero era demasiado pronto para esperar resultados.
—Se repondrá pronto. Creo que mañana ya podrá levantar una espada nuevamente, al menos para entrenar. –contestó el anciano.
—Bien. Gracias por tus servicios.
—Mayor —la detuvo Vicay—. ¿Qué sabe de Nuanes?
—Nada. Desde ayer que no tenemos noticias.
— ¿Significa que lo han capturado? —preguntó el médico.
—Es lo más probable.
—¿Quiénes?
—Es una buena pregunta.
Vicay regresó a sus deberes murmurando algo para sí mismo —Sepa disculpar, Mayor. Si bien estoy para servir a todos los hombres les había tomado simpatía a estos con los que habíamos salido de la fortaleza de Fenor.
—Lo comprendo. Estos hombres no estaban preparados para esto. Muchos de los hombres que hoy sirven para mí no lo están. Son inexpertos. Pesa sobre mí sus vidas.

            Guy se alejó del cuartel para encontrarse con Nin. El hombre se hayaba observando a Asilod, el joven de madre Korien que estaba en ese momento sosteniendo un amuleto del sol y rezando. Nin todavía no había notado la presencia de Guy.
—¿Qué haces? —preguntó con autoridad al joven.
—Estoy rezándole al sol. —contestó Asilod.
—Creí que habías dicho que no eras una persona religiosa. —señaló Nin.
—No lo era.
—Deja rezar al joven —intervino Guy— ¿Por qué rezas al dios sol?
—Para que se mejore Nioroc. Para que regrese Nuanes. Para que los rebeldes no lo hayan capturado.
—¿Piensas que los rebeldes lo han capturado? —preguntó Nin.
—¿Quién más?
Nin iba a contestar pero Guy lo detuvo moviendo su cabeza en señal de negación —Deja rezar al joven.

            Utsner y Malael entrenaban entre ellos. Shines, el herrero afilaba sus armas. El resto de los hombres se encontraban casi todos entrenando o con los nobles. Guy y Nin permanecían casi siempre juntos sin salir de los cuarteles para nada. No habían intentado todavía reclutar hombres. Era demasiado pronto. Texu desde que Nuanes había desaparecido el día anterior había ido a buscar información. Estaba mejor preparada que ellos para tal misión y a Guy solo le quedaba confiar en ella. No había vuelto a reunirse con Unmar aunque sabía que el hombre estaba al tanto de sus movimientos pues Tireban de seguro la observaba de cerca. Un hombre al servicio de Texu se acercó hasta donde estaban Nin y Guy. Luego de reverenciarlos habló al oído a la mayor. Tras escucharlo Guy le indicó que se retirase.
—Texu desea encontrarse conmigo. —dijo Guy a Nin.
—Déjeme acompañarla.
—No. Usted permanezca aquí y continúe vigilando a las tropas. Me llevaré a Utsner y a Malael.
—Ellos no podrían defenderla. Quizá terminen corriendo la misma suerte que Nuanes y sean capturados por los rebeldes. Permita al menos que me comunique con Kaner o el Duque de Cifran, ellos podrán cederle caballeros. —Nin insistía.
—No —contestó enérgicamente Guy—. Utsner y Malael estará bien. Confío en ellos, confió en usted, no sé qué pasa con los demás.
Nin guardó silencio y fue a indicarles a los hombres que se preparasen para seguir a la mayor.

            Guy y sus dos escoltas llegaron hasta el árbol donde Texu le había indicado que Guipac colgaba a sus enemigos. Dos cuerpos se encontraban colgados en ese momento, uno reducido a huesos. Los hombres de Guy jamás habían visto esto ni estaban enterados de lo que sucedía. Guy solo había informado a Nin y le había pedido guardar silencio.
—¿Pero qué es esto? —preguntó Malael horrorizado.
—¿Quién ha hecho esto? —preguntó Utsner.
Guy volteó a verlos con una mirada fulminante —Silencio –ordenó—. Me acompañarán pero guardarán silencio. Aprendan a escuchar.
Los hombres no contestaron nada más, temerosos de la reacción de Guy.
Texu apareció cabalgando sola detrás de la esquina de una vivienda donde había permanecido esperando los últimos minutos. Tras los saludos correspondientes la mujer Korien se dirigió a Guy —He estado ocupada, investigando algunos asuntos. Haciendo preguntas.
—¿Has averiguado algo de Nuanes? —preguntó Guy.
—No. Pero puedo decirte que es poco probable que este muerto, pues si lo estuviera ya lo habría encontrado.
—Cuando me citaste aquí temía que me encontraría con el cuerpo de mi soldado colgando de ese árbol, ajusticiado por Guipac, como los demás.
Los escoltas de Guy murmuraron algo entre ellos, pero cesaron inmediatamente.
—He encontrado esto —dijo Texu removiendo un pequeño recipiente cerámico de una de las alforjas de su montura—. ¿Ha visto esto alguna vez? —y acercó el recipiente a la mayor que lo destapó y olió.
—No.
—Yo tampoco. Pero me he enterado para que sirve. Es una droga, al parecer muy adictiva. Te vuelve dócil, si te drogan con esto aceptaras cualquier orden además es un estimulante.
—¿Dónde has conseguido eso?
—En este momento lo venden en el mercado negro. Mis hombres lo confiscaron esta mañana. Pero lo interesante no es solo esto, acompáñenme. —Texu hizo girar su caballo y se dirigió por donde había llegado. Guy y sus hombres la siguieron.
           
            Texu los llevó hasta un callejón custodiado por cuatro guardias de Kirun. Texu les ordenó que le permitiesen pasar. Los hombres dieron paso a los cuatro. El cadáver de un Korien de raza pura yacía allí. El hombre estaba vestido como uno de los clérigos del sol y llevaba una espada colgando de su cinturón. Lo más llamativo era su desproporcionada altura. Estaba boca abajo con su cara apoyada en el piso.
—Un clérigo. —señaló Guy.
—Si y no —contestó Texu—. Ahora se encuentra vestido como un clérigo, pero este hombre era un soldado de la guardia real. De hecho era de familia noble, su nombre era Urlxu de Piedradorada.
—¿Cómo ha muerto?
—Se ha ahogado en su propio vómito. —respondió Texu, seria.
—Eso descarta un asesinato.
—No necesariamente. Ha muerto por ingerir esta droga en exceso. Encontramos decenas de estos recipientes alrededor de él.
—¿Crees que alguien podría obligar a semejante gigante a ingerir esa droga?
—No.
—Entonces él ha decidido matarse solo. ¿Las dimensiones de este hombre son normales?
—La familia de Piedradorada es una de las más antiguas y más puras estirpes Korien. Los hijos del Sol siempre hemos sido más altos que ustedes. —dijo Texu.
—Todos somos hijos del Sol. —acotó Guy sin medir sus palabras.
Texu parecía enfadada, como si Guy la hubiese acusado de racismo —Sí. Pero tú adoras a la Luna.
—No todos hemos sido criados por nuestros padres —contestó Guy mirando esta vez a Texu a los ojos—. ¿O no conoces a nadie que ame a alguien más que a sus padres por protegerlo?
—Si, conozco a gente. No pretendía ofenderla.
—Yo tampoco —Guy se relajó y continuó observando al hombre muerto—. Me dices entonces que esa altura es normal, y que este hombre antes era un soldado.
—Si, él al igual que muchos otros nobles de estirpes antiguas siendo su servicio voluntario, ha renunciado a la guardia real y se ha puesto al servicio de Guipac. La mayoría de estos jóvenes están en el templo del Sol en este momento, protegiendo al sumo sacerdote.
Guy estaba molesta —Los nobles de Koria renuncian a su servicio al rey Urael para servir al sumo sacerdote.
—Servir a dios es una tarea sagrada. —aclaró Texu.
—No más que servir a nuestro Rey.
—No estaba haciendo nada ilegal. —protestó Texu.
—Creí que Guipac no te gustaba.
—No me gusta, pero no por eso odio a mi Dios aunque él me desprecie, sigue siendo mi Dios. Me preocupa que el ejército real se ponga al servicio de Guipac, no lo considero correcto. Pero por lo menos en este caso, el hombre tenía todo su derecho a hacerlo.
Una voz masculina los interrumpió —No lo será más si el rey Urael triunfa con sus nuevas leyes. —Guy reconoció la voz enseguida, se trataba del general Unmar el jefe del ejército real en Kirun.
Guy miró a sus dos escoltas y les habló en voz baja y con desagrado —¿Por qué no dijeron que estaba allí? —Los hombres no supieron que contestar.
—¿Qué? —preguntó Texu.
—¿No está usted enterada jefa de la guardia? —preguntó Unmar con un gesto de desprecio en su rostro—. El rey Urael no solo pretende recuperar a los hombres que ha perdido en batalla. También espera formar un ejército permanente, lo cual aumentará los impuestos y le dará a él, poder absoluto.
Guy intervino rápidamente —Esta apurando las conclusiones general Unmar. Cada territorio tendrá su ejército permanente que servirán a la corona en caso de desatarse una guerra. Las familias nobles podrán seguir usando a sus guerreros, pero es más sencillo llamar a un solo ejército que a decenas particulares.
Unmar sonrió —No mal interprete lo que digo emisaria por favor —dijo inclinándose ante ella —. Soy un soldado del ejército real, de ninguna forma esto me perjudica. Pero pronto seremos todos soldados. Entre los miles de hombres que sirven en las torres que creó el padre del rey Urael y los que ahora formarán parte del ejército permanente no quedará nadie para sembrar los campos.
—¿Y usted o su familia ha sembrado campos alguna vez?
—Por supuesto que no. Pero mi familia protege a esos hombres que siembran campos y para ejercer su poder militar el rey primero debía preguntar a los nobles. Dentro de poco ya no lo necesitará.
—Las familias siempre serán necesarias —contestó Guy secamente—. No es el momento de discutir política militar.
—Sepa disculpar mi impertinencia emisaria —Unmar sonrió una vez más—Podría preguntarle ¿por qué se encuentra aquí?
—Uno de mis hombres, que ha estado acompañando desde Fenor ha desaparecido. Desde ayer que no lo encontramos. Le he pedido a Texu que me informase si es que sabía algo.
—¿La muerte de este hombre se relaciona en algo con la desaparición?
—No, hasta el momento. Pero al igual que él era un servidor de la corona.
—Este joven había dejado de servir a la corona de Urael, ya se lo había dicho Texu. Al morir servía a Guipac.
—Quizás alguien resentido lo envenenó por abandonar al ejército.
—Eso nos haría a todos sospechosos, emisaria. —contestó Unmar—. Lamento la muerte de este hombre, porque es un verdadero Korien.
—Lamento la muerte de este hombre –contesto Guy—porque era un Fenorien.
—También —contestó Unmar—. En los días que ha estado aquí no le he visto reclutar hombres. Todavía no ha tenido ninguna entrevista formal conmigo.
—El rey Urael me ha encomendado que venga como noble y diplomatica más que como militar. De haber sido diferente usted seria al primero al que habría recurrido. —Guy guardó silencio por un momento y luego entonó hacia sus dos escoltas—Retírense. Regresen al árbol a esperar.
Unmar sin decir una sola palabra indicó a los cuatro soldados que custodiaban el cuerpo y a Texu que se retirasen. Todos acataron las órdenes.
—Entiendo mayor que usted ha desarrollado cierta simpatía por Texu. Es comprensible, ella partió a ayudarla cuando llegó.
—Texu se ha ganado mi confianza. Es cierto. Si tuviera que pedirle que cediese a alguien seria a ella.
—Créame que con gusto renunciaría a Texu, es insubordinada e irrespetuosa. No goza de una buena reputación entre los oficiales superiores que la desprecian por diversas razones. Pero debo de admitir que cumple bien con su trabajo y es una fiel servidora de su pueblo. Los hombres y mujeres de las clases más bajas la adoran.
A Guy le sorprendieron las sinceras palabras de Unmar —Quizá le pida entonces que ponga a Texu a mi servicio.
—Eso es algo que le toca a ella decidir, todavía —antes de que Guy le contestase Unmar continuó—. No tengo muchos hombres para ceder. Me he enterado que ha reclutado hombres entrenados de familias y del ejército en Minbou. Pero aquí no se si podrá hacer eso. Yo mismo necesito hombres. Así como este joven que yace aquí, otros nobles se han puesto directamente al servicio de Guipac.
—Pero usted no lo hara. —dijo Guy en un término medio entre una afirmación y una pregunta.
—Yo no soy un clérigo. Este joven tampoco lo era, por más que se haya vestido como tal. Sirvo a dios y a mi patria de otra forma.
—Entiendo. Texu cree que este hombre ha sido asesinado. ¿Qué piensa usted?
Unmar observó consternado —No sé. Honestamente creo que hay temas más importantes.
—¿Cómo cuál? ¿Por qué esta aquí entonces? —preguntó Guy.
Unmar observó a la mujer como si estuviera midiendo algo —Usted –contestó—. Usted es mucho más importante que este hombre. Usted no ha venido a verme en todos estos días así que tuve que venir yo. Para ser honestos salí esta mañana para encontrarme con usted, pero no estaba en su residencia con Riorojo o en los cuarteles con sus hombres así que pregunté y mis hombres me trajeron hasta aquí. Necesito saber que va a hacer. Si se lleva hombres a mi servicio eso me afecta. No sé nada de este hombre.
Lo que decía Unmar era lógico, quizás Guy había desatendido sus tareas preocupada por otras cosas. No sabía en este punto si discutir con el general Unmar sus ideas sobre una posible revolución clerical o civil era buena idea. Texu había dejado claro que no confiaba en él. Pero Unmar era un noble y un militar de carrera. Era cierto que Texu había salido sola a defenderla, pero quizás Unmar decía la verdad y hubiera enviado más hombres. En ese momento se sintió una niña insegura, algo que le duro quizás un segundo —¿Si yo le pidiera hombres estaría usted dispuesto a cederlos voluntariamente?
—No —contestó Unmar rotundamente—. No están dadas las condiciones, pero si me obliga usted en este momento me supera en rango. Entonces no tendría elección.
—¿Conoce algún noble que pudiera desear cederme hombres o mujeres preparados para la guerra?
—Conozco a muchos nobles con hombres y mujeres entrenados pero ninguno que yo conozca le cederá hombres. Lo que usted necesita de todas formas son soldados. Plebeyos tiene de sobra, solo tenga cuidado de no reclutar rebeldes entre sus filas. La matarán cuando duerman. Esta zona está repleta de ellos, quizás sean los que envenenaron a este hombre.
—La droga debe de haberla consumido voluntariamente. Quizá no sabía que estaba envenenada o quizá no estaba envenada en lo absoluto y fue la misma droga lo que lo mató. En tal caso la pregunta sería porque comenzó a tomar esta droga.
—Eso no lo sé pero sé de qué son capaces estos asquerosos rebeldes.
—¿Sí? Según entiendo esas personas que cuelgan del árbol fueron ajusticiadas por órdenes de Guipac el sumo sacerdote del Sol por sospecharse que eran rebeldes. La pena de muerte fue prohibida desde la fundación de la alianza de Fenor, eso atenta a lo que nos constituye como nación.
—Con todo respeto emisaria, usted no comprende. Mi hermano fue secuestrado por los rebeldes y luego colgado de un árbol tal y como lo hicieron con estos hombres. Usted solo está viendo un árbol.
—Lamento lo de su hermano. Pero recuerde que los rebeldes también trataron de matarme a mí, no estoy del lado de ellos.
—Guipac no ajustició a estos hombres, fue Ilman. —replicó Unmar.
—Sí, pero ha sido por consejo de Guipac. Y fueron sus hombres los que ataron las sogas al cuello de estos pobres miserables.
—Y bien que se lo merecían. —insistió Unmar indignado.
—Usted y yo podemos estar en desacuerdo en muchas cosas, general. Pero hay algunas en la que tenemos que concordar. El respeto a las diez leyes es esencial porque eso nos define como ciudadanos de este reino. Usted y yo somos nobles y militares, eso también tenemos en común y seguramente poseemos más dinero que la suma de todo lo que poseen nuestros subordinados.
—¿Adónde pretende llegar?
—Recién hablaba de que no quedarían hombres para sembrar los campos, actúa como si defendiera a los granjeros. Pero se olvida que junto con las torres aumentó la alfabetización de los plebeyos que ahora pueden elegir entre ser granjeros u otra cosa. No sabe nada de ellos y posiblemente yo tampoco pero usted los cuelga por ser mestizos y por suponer que eran rebeldes. Aunque así lo fueran hemos abandonado la muerte como un castigo. No se esconda detrás de la obediencia ni use a Ilman como a un chivo expiatorio. Yo no comparto su fe pero no uso la mía para justificar mi odio. Compartimos un mismo enemigo, estos rebeldes.
—Y si me llama para combatir contra ellos le serviré con gusto.
—Si, ya he entendido sus condiciones. —A Guy en este momento le preocupaban más lo clérigos, Unmar no se uniría a ella en contra de ellos. Pero él era la oposición correcta a los rebeldes. O al menos eso asumía Guy.
La charla terminó allí y regresaron junto a sus hombres.

            Texu observó sentada nuevamente sobre su caballo, como regresaban Guy y Unmar. Los hombres del general cargaban al clérigo muerto.
Malael preguntó —¿Crees que podremos encontrar a Nuanes?
—Honestamente no.
—¿Dices que ya ha muerto?
—No. No creo que este muerto. Creo que el hombre ha desertado. Es solo que la emisaria todavía no lo considera posible. Ella no escaparía y piensa que nadie más lo haría. No todo el mundo elige un lado del que estar.

            Unmar llegó hasta estar a pocos pasos de Texu y la miró fijamente —La emisaria ha llegado a Kirun y ha viajado por Koria para reclutar hombres para el ejército real. Considera que no hay tiempo para entrenar así que retirará tropas experimentadas a servir para ella. ¿Te unirías tú bajo su mando?
Texu miró a Guy que estaba sorprendida por la pregunta de Unmar, pero era después de todo una pregunta justa —¿Unirme bajo el mando de la mayor?
—Si.
Texu regresó la mirada a Unmar que no había dejado de observarla y contestó —No, a menos que se me imponga. Yo sirvo a Kirun y es aquí donde deseo estar.
Unmar dejó de mirar Texu, se acercó al árbol montando en su caballo y dándole la espalda a Guy dijo —Ya tiene su respuesta Mayor. No será Texu la primera persona que reclutes en Kirun al menos. —luego desenfundó su espada y cortó las sogas que mantenían a los cuerpos colgando del árbol—- Los familiares de los muertos son libres de llevarse a estos traidores. —Tras esto se retiró junto con los cuatro soldados y Texu, adentrándose en la ciudad.

La respuesta de Texu había devastado a la mayor,estaba segura de que ellaaceptaría. Pasó un largo tiempo observando a los cuerpos, sus escoltas no le dijeron nada por temor a interrumpir sus pensamientos. Unos habitantes del lugar rodearon al árbol. Primero fueron una decena, luego cientos. Guy levantó la mirada. Ella y sus hombres eran los únicos a caballo, pero estaban rodeados de cientos de hombres y mujeres. La mujer solo portaba su espada y no llevaba siquiera armadura. Observó a la silente multitud. Eligió a una mujer de edad avanzada y habló mirándola a ella, pero para todo el mundo. Le recordaba a la anciana que le había regalado el amuleto del sol en Rimblau —Soy Guy de Montevid, emisaria del rey Urael de Fenor —La multitud permaneció en silencio—. Estoy aquí para escucharlos –Nadie contestó. Guy cambió el tono de su voz—. Si ustedes no me hablan, otros lo harán y entonces escucharé solo a ellos.
—Sabemos quién es y para que esta aquí —dijo una voz a su espalda. Volteó a ver pero nadie se hizo cargo—. El bardo nos ha hablado de usted mata dragones.
—Urael nos ha olvidado. —dijo otra voz.
 Guy dejó de buscar quien hablaba y se limitó a contestar —El rey no los ha olvidado.
—Urael no es rey aquí.
—Si lo es –gritó encolerizada Guy—. Las autoridad aquí los han acusado a ustedes de sedición. No ha habido juicio alguno y el castigo que han recibido viola las diez leyes. Terminaré con esto y reestableceré el orden.
—No tienes autoridad aquí. —gritó alguien entre la multitud.
—Soy los ojos y la voz del rey.
—Urael, no es rey en Koria. Y tú no tienes autoridad.
A Guy se le cruzó por la cabeza gritarle amenazas que quizá no podría llegar a cumplir y que de nada le servirían para convencerlos —Pues hoy he conseguido que puedan enterrar a sus muertos.
—¿Y castigará a los que los han matado?
—¿Cómo podría si no tengo autoridad aquí? —preguntó desafiante Guy. Se escuchó a los hombres y mujeres murmurar entre ellos. Guy arremetió—. ¿Quiénes entre los presentes son familia de los muertos? —Algunos de entre la multitud dieron un paso al frente y se acercaron a los cuerpos, unas mujeres jóvenes lloraban—. Pueden hacer los arreglos funerarios que necesiten.
—Yo me encargaré de que se haga lo necesario. —dijo un hombre korien que había pasado los sesenta años. Estaba vestido humildemente y sin armas.
—¿Quién es usted? —preguntó Guy firmemente.
—¿Importa? —preguntó amablemente el anciano.
—Sí. —contestó secamente la mujer.
—Mi nombre es Telib. Soy un sacerdote del sol.
—¿Usted?
—Sí. ¿Pensó que todos los sacerdotes estaban llenos de atavíos de oro y seda blanca? No todos los estan. Solo los más importantes. A mí, me tocan estos lugares. Dígame dama de Montevid, emisaria, confía usted en mí.
—¿Importa?
—Sí, porque desearía volver a verla pero si no confía en mí, no tendría sentido.
—Confió en usted.
—Bien. —contestó sonriendo el hombre.
—Uno de los suyos ha muerto en el callejón. ¿Podría decirme algo sobre eso?
El hombre se encogió de hombros y miró a Guy lamentándose —Sé que ha muerto, pero no lo conocí. Y no sé cómo ha muerto. Sé que piensa que ha sido alguien de aquí, pero realmente no lo creo.
—¿Cómo esta tan seguro?
—Porque para el que haya matado a un clérigo seria el exterminio, no solo matarían a aquella persona que se atreviese a tal blasfemia matarían a toda su familia también, para evitar represalias. Ya ha pasado antes.
—Entiendo. —Guy guardó silencio por un breve momento pero luego continuó—. Uno de mis hombres ha desaparecido…
—Texu ya nos ha preguntado, no sabemos nada de él tampoco —El hombre se acercó hasta donde estaba ella—. Mañana enviaré a alguien a buscarla. Si desea podríamos hablar.
Guy asintió con moviendo su cabeza. Buscó entre sus bolsillos y luego entregó al anciano dos monedas de oro —Tome, para los funerales. Entrégueselo a las familias.
—Es usted muy generosa. —contestó Telib sonriendo.
—Soy lo suficientemente rica como para que esas monedas no signifiquen nada para mí. La vida de cada una de esas personas valía mucho más que una moneda de oro. No estoy pagando por sus muertes, solo por sus funerales.
Telib sonrió aún más —Ahora estoy impaciente de nuestro encuentro.
Guy montó a caballo y tras saludar regresó a los cuarteles acompañada por Utsner y Malael.

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