Cuarteles de Kirun, provincia de Koria.
Dia 03 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.
—¿Cómo esta
Nioroc? —preguntó Guy a Vicay fuera del cuartel. Habían pasado cuatro días
desde la batalla en el puente de Bridan. Vicay se había encargado de los
heridos casi sin asistencia de sanadores de Kirun. Nioroc había sido en único
herido grave entre los soldados que habían llegado desde Fenor, Utsner había
salido lastimado pero con mas suerte, otros cuatro hombres no obstante habían
muerto en batalla. Guy había puesto desde hacía tiempo a Nin a entrenar a las
tropas pero era demasiado pronto para esperar resultados.
—Se repondrá
pronto. Creo que mañana ya podrá levantar una espada nuevamente, al menos para
entrenar. –contestó el anciano.
—Bien. Gracias
por tus servicios.
—Mayor —la
detuvo Vicay—. ¿Qué sabe de Nuanes?
—Nada. Desde
ayer que no tenemos noticias.
— ¿Significa
que lo han capturado? —preguntó el médico.
—Es lo más
probable.
—¿Quiénes?
—Es una buena
pregunta.
Vicay regresó
a sus deberes murmurando algo para sí mismo —Sepa disculpar, Mayor. Si bien
estoy para servir a todos los hombres les había tomado simpatía a estos con los
que habíamos salido de la fortaleza de Fenor.
—Lo comprendo.
Estos hombres no estaban preparados para esto. Muchos de los hombres que hoy
sirven para mí no lo están. Son inexpertos. Pesa sobre mí sus vidas.
Guy
se alejó del cuartel para encontrarse con Nin. El hombre se hayaba observando a
Asilod, el joven de madre Korien que estaba en ese momento sosteniendo un
amuleto del sol y rezando. Nin todavía no había notado la presencia de Guy.
—¿Qué haces? —preguntó
con autoridad al joven.
—Estoy
rezándole al sol. —contestó Asilod.
—Creí que
habías dicho que no eras una persona religiosa. —señaló Nin.
—No lo era.
—Deja rezar al
joven —intervino Guy— ¿Por qué rezas al dios sol?
—Para que se
mejore Nioroc. Para que regrese Nuanes. Para que los rebeldes no lo hayan
capturado.
—¿Piensas que
los rebeldes lo han capturado? —preguntó Nin.
—¿Quién más?
Nin iba a
contestar pero Guy lo detuvo moviendo su cabeza en señal de negación —Deja
rezar al joven.
Utsner
y Malael entrenaban entre ellos. Shines, el herrero afilaba sus armas. El resto
de los hombres se encontraban casi todos entrenando o con los nobles. Guy y Nin
permanecían casi siempre juntos sin salir de los cuarteles para nada. No habían
intentado todavía reclutar hombres. Era demasiado pronto. Texu desde que Nuanes
había desaparecido el día anterior había ido a buscar información. Estaba mejor
preparada que ellos para tal misión y a Guy solo le quedaba confiar en ella. No
había vuelto a reunirse con Unmar aunque sabía que el hombre estaba al tanto de
sus movimientos pues Tireban de seguro la observaba de cerca. Un hombre al
servicio de Texu se acercó hasta donde estaban Nin y Guy. Luego de
reverenciarlos habló al oído a la mayor. Tras escucharlo Guy le indicó que se
retirase.
—Texu desea
encontrarse conmigo. —dijo Guy a Nin.
—Déjeme
acompañarla.
—No. Usted
permanezca aquí y continúe vigilando a las tropas. Me llevaré a Utsner y a
Malael.
—Ellos no
podrían defenderla. Quizá terminen corriendo la misma suerte que Nuanes y sean
capturados por los rebeldes. Permita al menos que me comunique con Kaner o el
Duque de Cifran, ellos podrán cederle caballeros. —Nin insistía.
—No —contestó
enérgicamente Guy—. Utsner y Malael estará bien. Confío en ellos, confió en
usted, no sé qué pasa con los demás.
Nin guardó
silencio y fue a indicarles a los hombres que se preparasen para seguir a la
mayor.
Guy
y sus dos escoltas llegaron hasta el árbol donde Texu le había indicado que
Guipac colgaba a sus enemigos. Dos cuerpos se encontraban colgados en ese
momento, uno reducido a huesos. Los hombres de Guy jamás habían visto esto ni
estaban enterados de lo que sucedía. Guy solo había informado a Nin y le había
pedido guardar silencio.
—¿Pero qué es
esto? —preguntó Malael horrorizado.
—¿Quién ha
hecho esto? —preguntó Utsner.
Guy volteó a
verlos con una mirada fulminante —Silencio –ordenó—. Me acompañarán pero
guardarán silencio. Aprendan a escuchar.
Los hombres no
contestaron nada más, temerosos de la reacción de Guy.
Texu apareció
cabalgando sola detrás de la esquina de una vivienda donde había permanecido
esperando los últimos minutos. Tras los saludos correspondientes la mujer
Korien se dirigió a Guy —He estado ocupada, investigando algunos asuntos.
Haciendo preguntas.
—¿Has
averiguado algo de Nuanes? —preguntó Guy.
—No. Pero
puedo decirte que es poco probable que este muerto, pues si lo estuviera ya lo
habría encontrado.
—Cuando me
citaste aquí temía que me encontraría con el cuerpo de mi soldado colgando de
ese árbol, ajusticiado por Guipac, como los demás.
Los escoltas
de Guy murmuraron algo entre ellos, pero cesaron inmediatamente.
—He encontrado
esto —dijo Texu removiendo un pequeño recipiente cerámico de una de las
alforjas de su montura—. ¿Ha visto esto alguna vez? —y acercó el recipiente a
la mayor que lo destapó y olió.
—No.
—Yo tampoco.
Pero me he enterado para que sirve. Es una droga, al parecer muy adictiva. Te
vuelve dócil, si te drogan con esto aceptaras cualquier orden además es un
estimulante.
—¿Dónde has
conseguido eso?
—En este
momento lo venden en el mercado negro. Mis hombres lo confiscaron esta mañana.
Pero lo interesante no es solo esto, acompáñenme. —Texu hizo girar su caballo y
se dirigió por donde había llegado. Guy y sus hombres la siguieron.
Texu
los llevó hasta un callejón custodiado por cuatro guardias de Kirun. Texu les ordenó
que le permitiesen pasar. Los hombres dieron paso a los cuatro. El cadáver de
un Korien de raza pura yacía allí. El hombre estaba vestido como uno de los
clérigos del sol y llevaba una espada colgando de su cinturón. Lo más llamativo
era su desproporcionada altura. Estaba boca abajo con su cara apoyada en el
piso.
—Un clérigo. —señaló
Guy.
—Si y no —contestó
Texu—. Ahora se encuentra vestido como un clérigo, pero este hombre era un
soldado de la guardia real. De hecho era de familia noble, su nombre era Urlxu
de Piedradorada.
—¿Cómo ha
muerto?
—Se ha ahogado
en su propio vómito. —respondió Texu, seria.
—Eso descarta
un asesinato.
—No
necesariamente. Ha muerto por ingerir esta droga en exceso. Encontramos decenas
de estos recipientes alrededor de él.
—¿Crees que
alguien podría obligar a semejante gigante a ingerir esa droga?
—No.
—Entonces él
ha decidido matarse solo. ¿Las dimensiones de este hombre son normales?
—La familia de
Piedradorada es una de las más antiguas y más puras estirpes Korien. Los hijos
del Sol siempre hemos sido más altos que ustedes. —dijo Texu.
—Todos somos
hijos del Sol. —acotó Guy sin medir sus palabras.
Texu parecía
enfadada, como si Guy la hubiese acusado de racismo —Sí. Pero tú adoras a la
Luna.
—No todos
hemos sido criados por nuestros padres —contestó Guy mirando esta vez a Texu a
los ojos—. ¿O no conoces a nadie que ame a alguien más que a sus padres por
protegerlo?
—Si, conozco a
gente. No pretendía ofenderla.
—Yo tampoco —Guy
se relajó y continuó observando al hombre muerto—. Me dices entonces que esa
altura es normal, y que este hombre antes era un soldado.
—Si, él al
igual que muchos otros nobles de estirpes antiguas siendo su servicio
voluntario, ha renunciado a la guardia real y se ha puesto al servicio de
Guipac. La mayoría de estos jóvenes están en el templo del Sol en este momento,
protegiendo al sumo sacerdote.
Guy estaba
molesta —Los nobles de Koria renuncian a su servicio al rey Urael para servir
al sumo sacerdote.
—Servir a dios
es una tarea sagrada. —aclaró Texu.
—No más que
servir a nuestro Rey.
—No estaba
haciendo nada ilegal. —protestó Texu.
—Creí que
Guipac no te gustaba.
—No me gusta,
pero no por eso odio a mi Dios aunque él me desprecie, sigue siendo mi Dios. Me
preocupa que el ejército real se ponga al servicio de Guipac, no lo considero
correcto. Pero por lo menos en este caso, el hombre tenía todo su derecho a
hacerlo.
Una voz
masculina los interrumpió —No lo será más si el rey Urael triunfa con sus
nuevas leyes. —Guy reconoció la voz enseguida, se trataba del general Unmar el
jefe del ejército real en Kirun.
Guy miró a sus
dos escoltas y les habló en voz baja y con desagrado —¿Por qué no dijeron que
estaba allí? —Los hombres no supieron que contestar.
—¿Qué? —preguntó
Texu.
—¿No está
usted enterada jefa de la guardia? —preguntó Unmar con un gesto de desprecio en
su rostro—. El rey Urael no solo pretende recuperar a los hombres que ha
perdido en batalla. También espera formar un ejército permanente, lo cual aumentará
los impuestos y le dará a él, poder absoluto.
Guy intervino
rápidamente —Esta apurando las conclusiones general Unmar. Cada territorio
tendrá su ejército permanente que servirán a la corona en caso de desatarse una
guerra. Las familias nobles podrán seguir usando a sus guerreros, pero es más
sencillo llamar a un solo ejército que a decenas particulares.
Unmar sonrió —No
mal interprete lo que digo emisaria por favor —dijo inclinándose ante ella —. Soy
un soldado del ejército real, de ninguna forma esto me perjudica. Pero pronto
seremos todos soldados. Entre los miles de hombres que sirven en las torres que
creó el padre del rey Urael y los que ahora formarán parte del ejército
permanente no quedará nadie para sembrar los campos.
—¿Y usted o su
familia ha sembrado campos alguna vez?
—Por supuesto
que no. Pero mi familia protege a esos hombres que siembran campos y para
ejercer su poder militar el rey primero debía preguntar a los nobles. Dentro de
poco ya no lo necesitará.
—Las familias
siempre serán necesarias —contestó Guy secamente—. No es el momento de discutir
política militar.
—Sepa
disculpar mi impertinencia emisaria —Unmar sonrió una vez más—Podría
preguntarle ¿por qué se encuentra aquí?
—Uno de mis
hombres, que ha estado acompañando desde Fenor ha desaparecido. Desde ayer que
no lo encontramos. Le he pedido a Texu que me informase si es que sabía algo.
—¿La muerte de
este hombre se relaciona en algo con la desaparición?
—No, hasta el
momento. Pero al igual que él era un servidor de la corona.
—Este joven
había dejado de servir a la corona de Urael, ya se lo había dicho Texu. Al
morir servía a Guipac.
—Quizás
alguien resentido lo envenenó por abandonar al ejército.
—Eso nos haría
a todos sospechosos, emisaria. —contestó Unmar—. Lamento la muerte de este
hombre, porque es un verdadero Korien.
—Lamento la
muerte de este hombre –contesto Guy—porque era un Fenorien.
—También —contestó
Unmar—. En los días que ha estado aquí no le he visto reclutar hombres. Todavía
no ha tenido ninguna entrevista formal conmigo.
—El rey Urael
me ha encomendado que venga como noble y diplomatica más que como militar. De
haber sido diferente usted seria al primero al que habría recurrido. —Guy
guardó silencio por un momento y luego entonó hacia sus dos escoltas—Retírense.
Regresen al árbol a esperar.
Unmar sin
decir una sola palabra indicó a los cuatro soldados que custodiaban el cuerpo y
a Texu que se retirasen. Todos acataron las órdenes.
—Entiendo
mayor que usted ha desarrollado cierta simpatía por Texu. Es comprensible, ella
partió a ayudarla cuando llegó.
—Texu se ha
ganado mi confianza. Es cierto. Si tuviera que pedirle que cediese a alguien
seria a ella.
—Créame que
con gusto renunciaría a Texu, es insubordinada e irrespetuosa. No goza de una
buena reputación entre los oficiales superiores que la desprecian por diversas
razones. Pero debo de admitir que cumple bien con su trabajo y es una fiel
servidora de su pueblo. Los hombres y mujeres de las clases más bajas la
adoran.
A Guy le
sorprendieron las sinceras palabras de Unmar —Quizá le pida entonces que ponga
a Texu a mi servicio.
—Eso es algo
que le toca a ella decidir, todavía —antes de que Guy le contestase Unmar
continuó—. No tengo muchos hombres para ceder. Me he enterado que ha reclutado
hombres entrenados de familias y del ejército en Minbou. Pero aquí no se si
podrá hacer eso. Yo mismo necesito hombres. Así como este joven que yace aquí,
otros nobles se han puesto directamente al servicio de Guipac.
—Pero usted no
lo hara. —dijo Guy en un término medio entre una afirmación y una pregunta.
—Yo no soy un
clérigo. Este joven tampoco lo era, por más que se haya vestido como tal. Sirvo
a dios y a mi patria de otra forma.
—Entiendo. Texu
cree que este hombre ha sido asesinado. ¿Qué piensa usted?
Unmar observó
consternado —No sé. Honestamente creo que hay temas más importantes.
—¿Cómo cuál?
¿Por qué esta aquí entonces? —preguntó Guy.
Unmar observó
a la mujer como si estuviera midiendo algo —Usted –contestó—. Usted es mucho más
importante que este hombre. Usted no ha venido a verme en todos estos días así
que tuve que venir yo. Para ser honestos salí esta mañana para encontrarme con
usted, pero no estaba en su residencia con Riorojo o en los cuarteles con sus
hombres así que pregunté y mis hombres me trajeron hasta aquí. Necesito saber
que va a hacer. Si se lleva hombres a mi servicio eso me afecta. No sé nada de
este hombre.
Lo que decía
Unmar era lógico, quizás Guy había desatendido sus tareas preocupada por otras
cosas. No sabía en este punto si discutir con el general Unmar sus ideas sobre
una posible revolución clerical o civil era buena idea. Texu había dejado claro
que no confiaba en él. Pero Unmar era un noble y un militar de carrera. Era
cierto que Texu había salido sola a defenderla, pero quizás Unmar decía la
verdad y hubiera enviado más hombres. En ese momento se sintió una niña
insegura, algo que le duro quizás un segundo —¿Si yo le pidiera hombres estaría
usted dispuesto a cederlos voluntariamente?
—No —contestó
Unmar rotundamente—. No están dadas las condiciones, pero si me obliga usted en
este momento me supera en rango. Entonces no tendría elección.
—¿Conoce algún
noble que pudiera desear cederme hombres o mujeres preparados para la guerra?
—Conozco a
muchos nobles con hombres y mujeres entrenados pero ninguno que yo conozca le
cederá hombres. Lo que usted necesita de todas formas son soldados. Plebeyos
tiene de sobra, solo tenga cuidado de no reclutar rebeldes entre sus filas. La
matarán cuando duerman. Esta zona está repleta de ellos, quizás sean los que
envenenaron a este hombre.
—La droga debe
de haberla consumido voluntariamente. Quizá no sabía que estaba envenenada o
quizá no estaba envenada en lo absoluto y fue la misma droga lo que lo mató. En
tal caso la pregunta sería porque comenzó a tomar esta droga.
—Eso no lo sé
pero sé de qué son capaces estos asquerosos rebeldes.
—¿Sí? Según
entiendo esas personas que cuelgan del árbol fueron ajusticiadas por órdenes de
Guipac el sumo sacerdote del Sol por sospecharse que eran rebeldes. La pena de
muerte fue prohibida desde la fundación de la alianza de Fenor, eso atenta a lo
que nos constituye como nación.
—Con todo
respeto emisaria, usted no comprende. Mi hermano fue secuestrado por los
rebeldes y luego colgado de un árbol tal y como lo hicieron con estos hombres.
Usted solo está viendo un árbol.
—Lamento lo de
su hermano. Pero recuerde que los rebeldes también trataron de matarme a mí, no
estoy del lado de ellos.
—Guipac no
ajustició a estos hombres, fue Ilman. —replicó Unmar.
—Sí, pero ha
sido por consejo de Guipac. Y fueron sus hombres los que ataron las sogas al
cuello de estos pobres miserables.
—Y bien que se
lo merecían. —insistió Unmar indignado.
—Usted y yo
podemos estar en desacuerdo en muchas cosas, general. Pero hay algunas en la
que tenemos que concordar. El respeto a las diez leyes es esencial porque eso
nos define como ciudadanos de este reino. Usted y yo somos nobles y militares,
eso también tenemos en común y seguramente poseemos más dinero que la suma de
todo lo que poseen nuestros subordinados.
—¿Adónde
pretende llegar?
—Recién
hablaba de que no quedarían hombres para sembrar los campos, actúa como si
defendiera a los granjeros. Pero se olvida que junto con las torres aumentó la
alfabetización de los plebeyos que ahora pueden elegir entre ser granjeros u
otra cosa. No sabe nada de ellos y posiblemente yo tampoco pero usted los
cuelga por ser mestizos y por suponer que eran rebeldes. Aunque así lo fueran
hemos abandonado la muerte como un castigo. No se esconda detrás de la
obediencia ni use a Ilman como a un chivo expiatorio. Yo no comparto su fe pero
no uso la mía para justificar mi odio. Compartimos un mismo enemigo, estos
rebeldes.
—Y si me llama
para combatir contra ellos le serviré con gusto.
—Si, ya he
entendido sus condiciones. —A Guy en este momento le preocupaban más lo
clérigos, Unmar no se uniría a ella en contra de ellos. Pero él era la
oposición correcta a los rebeldes. O al menos eso asumía Guy.
La charla terminó allí y
regresaron junto a sus hombres.
Texu
observó sentada nuevamente sobre su caballo, como regresaban Guy y Unmar. Los
hombres del general cargaban al clérigo muerto.
Malael
preguntó —¿Crees que podremos encontrar a Nuanes?
—Honestamente
no.
—¿Dices que ya
ha muerto?
—No. No creo
que este muerto. Creo que el hombre ha desertado. Es solo que la emisaria
todavía no lo considera posible. Ella no escaparía y piensa que nadie más lo
haría. No todo el mundo elige un lado del que estar.
Unmar
llegó hasta estar a pocos pasos de Texu y la miró fijamente —La emisaria ha
llegado a Kirun y ha viajado por Koria para reclutar hombres para el ejército
real. Considera que no hay tiempo para entrenar así que retirará tropas
experimentadas a servir para ella. ¿Te unirías tú bajo su mando?
Texu miró a
Guy que estaba sorprendida por la pregunta de Unmar, pero era después de todo
una pregunta justa —¿Unirme bajo el mando de la mayor?
—Si.
Texu regresó
la mirada a Unmar que no había dejado de observarla y contestó —No, a menos que
se me imponga. Yo sirvo a Kirun y es aquí donde deseo estar.
Unmar dejó de
mirar Texu, se acercó al árbol montando en su caballo y dándole la espalda a
Guy dijo —Ya tiene su respuesta Mayor. No será Texu la primera persona que
reclutes en Kirun al menos. —luego desenfundó su espada y cortó las sogas que
mantenían a los cuerpos colgando del árbol—- Los familiares de los muertos son
libres de llevarse a estos traidores. —Tras esto se retiró junto con los cuatro
soldados y Texu, adentrándose en la ciudad.
La respuesta
de Texu había devastado a la mayor,estaba segura de que ellaaceptaría. Pasó un
largo tiempo observando a los cuerpos, sus escoltas no le dijeron nada por
temor a interrumpir sus pensamientos. Unos habitantes del lugar rodearon al
árbol. Primero fueron una decena, luego cientos. Guy levantó la mirada. Ella y
sus hombres eran los únicos a caballo, pero estaban rodeados de cientos de
hombres y mujeres. La mujer solo portaba su espada y no llevaba siquiera
armadura. Observó a la silente multitud. Eligió a una mujer de edad avanzada y
habló mirándola a ella, pero para todo el mundo. Le recordaba a la anciana que
le había regalado el amuleto del sol en Rimblau —Soy Guy de Montevid, emisaria
del rey Urael de Fenor —La multitud permaneció en silencio—. Estoy aquí para
escucharlos –Nadie contestó. Guy cambió el tono de su voz—. Si ustedes no me
hablan, otros lo harán y entonces escucharé solo a ellos.
—Sabemos quién
es y para que esta aquí —dijo una voz a su espalda. Volteó a ver pero nadie se
hizo cargo—. El bardo nos ha hablado de usted mata dragones.
—Urael nos ha
olvidado. —dijo otra voz.
Guy dejó de buscar quien hablaba y se limitó a
contestar —El rey no los ha olvidado.
—Urael no es
rey aquí.
—Si lo es
–gritó encolerizada Guy—. Las autoridad aquí los han acusado a ustedes de
sedición. No ha habido juicio alguno y el castigo que han recibido viola las
diez leyes. Terminaré con esto y reestableceré el orden.
—No tienes
autoridad aquí. —gritó alguien entre la multitud.
—Soy los ojos
y la voz del rey.
—Urael, no es
rey en Koria. Y tú no tienes autoridad.
A Guy se le
cruzó por la cabeza gritarle amenazas que quizá no podría llegar a cumplir y
que de nada le servirían para convencerlos —Pues hoy he conseguido que puedan
enterrar a sus muertos.
—¿Y castigará
a los que los han matado?
—¿Cómo podría
si no tengo autoridad aquí? —preguntó desafiante Guy. Se escuchó a los hombres
y mujeres murmurar entre ellos. Guy arremetió—. ¿Quiénes entre los presentes
son familia de los muertos? —Algunos de entre la multitud dieron un paso al
frente y se acercaron a los cuerpos, unas mujeres jóvenes lloraban—. Pueden
hacer los arreglos funerarios que necesiten.
—Yo me
encargaré de que se haga lo necesario. —dijo un hombre korien que había pasado
los sesenta años. Estaba vestido humildemente y sin armas.
—¿Quién es
usted? —preguntó Guy firmemente.
—¿Importa? —preguntó
amablemente el anciano.
—Sí. —contestó
secamente la mujer.
—Mi nombre es
Telib. Soy un sacerdote del sol.
—¿Usted?
—Sí. ¿Pensó
que todos los sacerdotes estaban llenos de atavíos de oro y seda blanca? No
todos los estan. Solo los más importantes. A mí, me tocan estos lugares. Dígame
dama de Montevid, emisaria, confía usted en mí.
—¿Importa?
—Sí, porque
desearía volver a verla pero si no confía en mí, no tendría sentido.
—Confió en
usted.
—Bien. —contestó
sonriendo el hombre.
—Uno de los
suyos ha muerto en el callejón. ¿Podría decirme algo sobre eso?
El hombre se encogió de hombros y
miró a Guy lamentándose —Sé que ha muerto, pero no lo conocí. Y no sé cómo ha
muerto. Sé que piensa que ha sido alguien de aquí, pero realmente no lo creo.
—¿Cómo esta
tan seguro?
—Porque para
el que haya matado a un clérigo seria el exterminio, no solo matarían a aquella
persona que se atreviese a tal blasfemia matarían a toda su familia también,
para evitar represalias. Ya ha pasado antes.
—Entiendo. —Guy
guardó silencio por un breve momento pero luego continuó—. Uno de mis hombres
ha desaparecido…
—Texu ya nos
ha preguntado, no sabemos nada de él tampoco —El hombre se acercó hasta donde
estaba ella—. Mañana enviaré a alguien a buscarla. Si desea podríamos hablar.
Guy asintió
con moviendo su cabeza. Buscó entre sus bolsillos y luego entregó al anciano
dos monedas de oro —Tome, para los funerales. Entrégueselo a las familias.
—Es usted muy
generosa. —contestó Telib sonriendo.
—Soy lo
suficientemente rica como para que esas monedas no signifiquen nada para mí. La
vida de cada una de esas personas valía mucho más que una moneda de oro. No
estoy pagando por sus muertes, solo por sus funerales.
Telib sonrió aún
más —Ahora estoy impaciente de nuestro encuentro.
Guy montó a
caballo y tras saludar regresó a los cuarteles acompañada por Utsner y Malael.
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