jueves, 9 de enero de 2020

10 – El sacerdote


Residencia de riorojo, Kirun, provincia de Koria.
Día 04 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.


            Guy se encontraba desde hacía algunos minutos hablando con el bardo y Nebrá en el despacho de Kaner de Riorojo en su residencia. Había pasado el mediodía y la mayor consideraba que el enviado de Telib el sacerdote del sol que había conocido el día anterior no llegaría. De un día al otro el frió había aumentado. Nebrá arrojó algunos leños de madera blanca a la chimenea fingiendo que no escuchaba la conversación entre Guy e Ilko. La madera desprendió un sabroso aroma al quemarse. Sobre el escritorio que los separaba había un mapa dibujado en un papiro en el que Guy había estado escribiendo cosas. Afuera de la habitación estaba Kaner y un hombre llamado Raen, un capitán al igual que Nin que Guiles había puesto al servicio de Guy desde Minbou. Raen a diferencia de Kaner era un Korien de raza pura y no era un noble de ninguna clase. Era un oficial importante y principalmente hablaba con Kaner. Guy había depositado toda su confianza en Nin y se había dedicado, como señalaban sus órdenes a actuar como una noble y no como una militar. Lo cual le había resultado bastante difícil hasta el momento.
—Préstame tu espada otra vez, por favor. —Guy hablaba con amabilidad pero seria.
La espada corroída del bardo descansaba entre sus piernas. Este la sostuvo en sus manos unos segundos y se la entregó —¿Usted tampoco me cree, no es así?
—Depende. —contestó la mayor sin mirarlo a los ojos, mientras recibía la espada.
—¿Depende de que?
—De cual parte de la historia que me has contado te refieras —Guy levantó su mirada para encontrar la del hombre—. Cuando te conocí días atrás, tu desinterés por lo que sucedía alrededor tuyo me convenció de que podías marchar con nosotros. De hecho te prefería a esos clérigos que nos acompañaban entonces. Después en el ataque del puente de Bridan…
—Breadan. —La corrigió el bardo.
Guy retomó algo fastidiada —¡Breadan! En el puente de Breadan te di por muerto. Después apareciste en el templo del sol. Diciendo que habías estado con los rebeldes y que habías escapado.
—Ya le he dicho que no escapé necesariamente.
—Si, el pacto de vida. Ya me has dicho. —Guy observaba la espada detenidamente.
—¿No cree que esa sea una espada mágica?
Guy se encogió de hombros —He visto espadas mágicas. No es que no crea que existan, pero esta no tiene nada en particular.
—Es que solo yo puedo…
Guy interrumpió al bardo y le señaló que callase haciendo un gesto con su mano —Nebrá. Usted ha estudiado la cultura Korien. ¿Qué reconoce en esta espada?
La mujer mayor se acercó con cierta solemnidad y observó la espada detenidamente, pero sin tocarla —La espada es realmente vieja. No lo digo solo por el oxido, me refiero a que el diseño de la empuñadura es anterior al del reino de Fenor.
—¿Considera que podría ser falsa? —preguntó la mayor.
—Podría. No obstante la oxidación es real, para llegar a ese grado de deterioro, aun si la hubiesen degradado intencionalmente les habría tomado meses, quizás años. Es mucho más probable que la espada sea realmente antigua.
—Gracias Nebrá —dijo Guy y Nebra la reverenció y se alejó—. Bien, te concedo que se trate de una espada realmente antigua. Pero la condición que de solo en tus manos reluzca hace todo esto un poco de difícil de creer asi como la aparición de un supuesto dios.
—Si hubiese orquestado todo esto desde un principio, ¿No cree que hubiera mentido respecto a que soy un bardo? Le hubiese dicho cualquier otra cosa.
—No es eso. En este punto te considero inofensivo. Estos últimos días he dispuesto algunos hombres a que te vigilen y no has hecho nada que pudiera considerar amenazante. Solo es extraño el que insistas en permanecer cerca mio.
—Es que creo que usted puede ayudarme. Yo no soy un guerrero.
—No puedo aceptar tu misión Ilko, tengo la misión de un rey sobre mis hombros y un posible conflicto civil a punto de explotar. Eso si creyese absolutamente todo lo que has dicho.
—¿Y cual es el problema?
Guy suspiró un poco agotada —Si yo admitiese en este momento que esta es la espada de Breadan, el héroe más importante de Koria, quien desaparecio misteriosamente antes de acceder al trono del reino hace siglos y que la misma ha sido entregada a ti por un dios. Tendría que admitir que de alguna forma te has convertido en el “heredero” de Breadan. Muchos al menos te considerarían así. Y en este momento tengo muchas personas que se disputan estas tierras. Y mi deber es que sigan siendo del rey Urael.
—Yo no deseo ser rey. —contestó Ilko ingenuamente.
Guy sonrió —No, por supuesto. Pero si la gente te reconociese como alguien importante quizás quisieras nombrar a alguien como el legítimo heredero. Después de todo llevas los atributos de Breadan cuyo linaje lo conecta con los reyes de Koria.
—¿Y porque alguien propondría algo así?
—Porque los reyes de todos los reinos han sido elegidos por algún motivo para gobernar. Se han ganado ese derecho. Porque o han triunfado militarmente o han dado algo a sus súbditos. O porque son hijo de alguien que lo ha hecho lo que supuestamente garantiza que ellos también lo harán. Esa es la tradición. —contestó Guy.
—¡Míreme! —exclamó el bardo señalándose—. Soy un mestizo. Para gente como yo la tradición es todo eso con lo que luchamos para poder ser libres. Vivimos en residencias separadas a la de los Korien de raza pura, por no tener su color de piel. Ninguno de los míos podrá jamas ser clérigo. Sí, nos aceptan, porque somos ciudadanos de Fenor más que de Koria.
Guy guardó silencio por un segundo y luego se acomodó mejor en su asiento murmurando para si unas palabras del bardo —La tradición es todo eso con lo que luchamos para poder ser libres.
El hombre aprovechó el momento para insistir —No quiero ser rey. Hoy, en este momento, lo que más deseo es que me crea. Me esta diciendo que todos estos días, que esperé, ¿Usted estaba fingiendo?
—No soy la única que estaba fingiendo. Los datos que me has dado confirman los que me ha dado Texu respecto a la ubicación de los rebeldes. Me has dicho que para poder escapar alguien ha hecho un pacto de vida por ti. Es decir que en garantía de tus actos alguien ha ofrecido su vida.
—Si.
—¿Y cuales son estos actos?
—No la entiendo.
—Un pacto de vida es una costumbre de marineros. Según tengo entendido, cuando algún pirata reclama algo de otra persona toma a un rehén cuya vida depende de si la otra persona cumple o no esa acción.
—No. Un pacto de vida se ofrece voluntariamente. Es un pacto de honor.
—Bien –dijo Guy haciendo un ademan con sus manos —. La vida de alguien depende de que tú hagas “algo”. Quiero saber con exactitud que es ese “algo”.
—Debo demostrar que esta espada es la espada de Breadan, la espada de la justicia.
—Según la historia que me contaste tú ya le demostraste eso a los rebeldes. Su líder ¿Cómo era que se llamaba? —preguntó la mayor mirando fijamente a los ojos al bardo.
—Andoo. Su nombre es Andoo —Ilko desistió—. Si. Debo matar a unas personas.
Guy sonrio con cierta ironía —Entonces, no eres un guerrero, pero si eres un sicario. ¿Quiénes son esas personas?
—Illman, el gobernador, Guipac el sumosacerdote y…
—Continua, por favor. Gguy sonreía todavía.
—Y a usted.
La mujer permaneciendo sentada se acomodó su túnica con paciencia. Dejó de sonreír y volvió a su acostumbrada seriedad —Entonces para que esta persona viva, tú debes matarme a mi a Illman y a Guipac. ¿Piensas hacer algo de todo esto?
—No —contestó el bardo, su mirada, distraída, recorría los objetos de la mesa evitando los ojos de la mayor—. Por eso le di la información a usted. Para que fuera por los rebeldes.
—¿Cómo se llama la mujer que hizo el pacto de vida por ti?
—Miana. Su nombre es Miana de Berberak.
—Si yo fuera por los rebeldes, ella caería también, pues es ella también una de ellos.
—Si usted se hubiera decidido por ir yo hubiera intervenido.
—Te tienes mucha fe, bardo. ¿Piensas que puedes convencerme de hacer lo que quieres?
—No. Pero tenia que intentarlo. Por ella.
—¿Piensas que Andoo verdaderamente la matará si no cumples?
—No tengo duda de que la matará si me vuelvo en contra de él. No espero que pretenda realmente que yo pueda con tales hazañas como matar a Guipac a Illman y a ti siendo yo solo un bardo. Miana lo acorraló y el tuvo que respetar esta tradición pero me ha pedido algo imposible.
—Has hecho bien en admitir esto. Pero no es a mí a quien deberías haber pedido ayuda. Creo que Texu podría haberte ayudado mejor. No puedo hacer nada por ti.
—No conozco a Texu. La he visto hablando contigo pero no se nada de ella. ¿Podrías al menos ponerme en contacto con ella?
—Creo que Texu no desea hablarme más. Podrías buscarla tú mismo.
—¿Por qué no desea hablarle? —preguntó Ilko mirándola a los ojos.
Guy no lo notaba todavía pero Ilko sabía cuando hablar y cuando escuchar y se había dado cuenta de que Guy necesitaba desahogarse. La mayor contestó sin problemas —No se. Texu al igual que tú es despreciada por estas tierras. Por su enfermedad es perseguida por los clérigos, que dicen que esta maldita por su dios. Sin embargo se ha rehusado a ponerse a mi servicio, cuando eso garantizaba el alejarse de este martirio. Tú dices que por ser un mestizo te persiguen y sin embargo estas dispuesto a liberar al mas grande héroe de Koria, un Korien de raza pura. Todos aquí odian a otros a quienes no consideran pares, pero aman estas tierras de una manera auto destructiva. Texu quizás hubiera enviado hombres a rescatar a Miana. Yo no lo puedo hacer, tan pronto como movilice tropas esto alertará a Illman y a Guipac y posiblemente también a los rebeldes. Texu tiene contactos ella hubiera podido hacer algo mas.
Ilko la observó detenidamente y esperó incluso bastante tiempo después de que ella terminase de hablar para estar seguro de que no tenia nada más que decir. Fue un momento incomodo, Guy había sido completamente sincera. El bardo entendió que en algún punto, si hubiera estado en las manos de Guy quizá ella lo hubiese ayudado, pero estaba abrumada —Has venido aquí por orden de nuestro rey. Eso lo entiendo. Pero te has comportado como una extranjera. Estas haciendo esto por un rey, no conozco a ese rey,  pero si él fuera justo esperaría que lo hicieras por nosotros.
—¿Porqué he sido elegida para eso?
—No. —contestó Ilko.
—Entonces ¿por que?
Nebrá, que se había retirado, interrumpió en ese momento —Mayor, el enviado de Telib ha llegado.
—No creo que yo pueda ayudarte Ilko, pero quizás tú si puedas. Puedes acompañarme si lo deseas.
—Me ha pagado para eso, con una moneda de plata. —dijo Ilko sonriendo.

            El joven que había enviado Telib, el clérigo, los llevó hasta una residencia en el barrio de los mestizos. Guy estaba siendo acompañada por Ilko, Kaner y Nebrá, Raen había ido con ellos pero no entraría. El resto de sus hombres permanecía con Nin. El lugar era enorme, por fuera parecía un almacén abandonado pero por dentro estaba adornado con signos del sol. Tras ingresar atravesaron una gran sala sin amueblar que posiblemente antes hubiera funcionado como bodega, donde muchos hombres y mujeres rezaban. Subieron dos pisos por una escalera caracol hasta llegar a una habitación pequeña donde los esperaba Telib. En ella había un pequeño lecho, una salamandra rodeada de leños, un solo asiento, una pequeña ventana que permitía la iluminación, un escritorio con algunos libros y códices y una botella de vidrio junto a varios cuencos y frascos con contenidos misteriosos, varias velas apagadas, una pluma, un tintero, ningún papiro. Hacia mucho frió y el poco calor que entregaba la salamandra de la habitación era para calentar una cacerola donde un poco de agua hervía. El anciano los reverenció amablemente y mientras sus invitados se acomodaban se dedicó a preparar infusiones para todos de algún tipo de hierbas. Hasta el momento no habían hecho faltas las palabras, incluso cuando le indicó al joven que había enviado a que se retirase.
Telib repartió los recipientes, que eran meros cuencos mal esmaltados solo por dentro y luego tomó la botella y les preguntó —¿Alguno desea licor de los monjes? Es bueno para el frió. —Solo Ilko aceptó el ofrecimiento.
—¿Por qué me ha citado? —preguntó Guy.
—Hay tiempo todavía para hablar de cosas más insignificantes. ¿Hoy no ha traído de escolta a aquellos hombres de Gono? —contestó el anciano.
—No. He dejado a  mis soldados junto con los demás. Ellos son Kaner de Riorojo, y ella es mi dama de compañía.
—¿Y quien es el otro mestizo? —preguntó el anciano tranquilamente mientras se sentaba en el único asiento.
—Su nombre es Ilko, es un bardo a mi servicio.
—¿Y siempre lleva a bardos a sus visitas sociales?
—No, aunque si lo desea puedo pedirle a mis escoltas que se retiren. —dijo la mayor seriamente.
—No. No hará falta. Imagino que ha de tener sus motivos para traerlos. Me intriga porque dejó al único Korien de raza pura a que montara guardia. Lo he visto por la ventana, no es que los estuviera espiando.
—No me he fijado en que fuera Korien o no, es un soldado, un capitán entre mis hombres, lo he dejado allí porque confio en él.
—Entiendo —Telib sorbió un poco de la infusión, el sabor del licor que le había agregado lo estremeció un poco—. Usted ha llegado a Kirun, ¿Puedo preguntar para que? No soy militar, ni un político y no me llegan esas noticias.
Guy miró a Kaner. El hombre entendió rápidamente y sonrió al clérigo —Estimado sacerdote, la presencia de la emisaria ya ha sido explicada hace días. Si todavía no lo ha escuchado estamos reclutando soldados para el ejército. Todos los voluntarios serán bien recibidos.
El anciano le devolvió la sonrisa a Kaner y luego dirigió una mirada fulminante y seria a Guy —La he citado para hablar con usted, mayor. No me molesta la presencia de los demás pero son sus palabras las que me interesan. No había conocido al bardo de Tulis todavía, pero sus palabras sobre usted por ejemplo, han llegado a mis oídos por mis feligreses. Buenas palabras por cierto.
—Agradezco las palabras de Ilko, pero me temo que pueden ser exageradas. Él prácticamente no me conoce. Seré franca con usted, como lo fui con aquellos hombres y mujeres que lo rodeaban ayer. El rey me ha enviado a reclutar hombres para el ejército pero también me ha pedido que observe lo que aquí sucede. En Koria, pero sobre todo en Kirun. Los reportes que llegan a la capital son cada vez más confusos y vagos. Y ahora que estoy aquí entiendo porque.
—¿Lo dice por Ilman nuestro gobernante? ¿O acaso por Guipac? ¿Son los rebeldes a quien teme?
—Toda la región esta en crisis. Independientemente de las aberraciones que hayan cometido los rebeldes, las constantes violaciones que ha cometido Ilman a las diez leyes deben cesar.
—Para algunos las aberraciones que han cometido los rebeldes están justificadas. —contestó desafiante Telib.
—Para mi no. Estos insurgentes pagarán lo que han hecho.
—¿Los niños también?
—Los niños no han salido a matar soldados —Guy comenzaba a enfadarse—. No me haga perder el tiempo, si usted es uno de ellos o los esta defendiendo terminemos con esto.
—¿Cómo puedo ser yo un rebelde si soy un sacerdote del sol?
—Si, uno que simpatiza con pobres y humildes, con mestizos.
Telib soltó una carcajada —¿Y eso solo me hace un rebelde? ¿Usted sabe quien dirige a los rebeldes?
—Si, un hombre llamado Andoo.
—Correcto, quien es un Korien de raza pura.
—Si –insistió Guy—. Uno que se ha auto proclamado defensor de estos pobres y humildes mestizos y que los ha enviado a matar soldados y nobles.
—¿Y no encuentra en eso alguna ironía, dama de Montevid? ¿Qué el defensor de estos pobres y humildes mestizos sea un Korien de raza pura?
La conversación se había vuelto algo tensa. Kaner se acercó a la salamandra para calentarse, Nebrá se apoyó en la puerta de la habitación que estaba cerrada. Ilko jugaba con su espada que descansaba apoyada verticalmente sobre su punta en el suelo. Guy había agotado su paciencia que no era tanta —¿Podría usted dejar de hablar con acertijos? Realmente no lo entiendo.
—Déjeme decirle que usted también es una persona compleja. Ayer consideré que usted estaba dispuesta a defender a estos pobres y humildes mestizos. Hoy considero que los categoriza directamente como rebeldes. Si le hablo con acertijos es porque pretendo que usted tenga una visión más grande de lo que sucede. Hoy Koria esta dividía en dos, una son los fieles y estrictos seguidores de las mas antiguas tradiciones Korien, y otros son los rebeldes. Si usted no elige a alguno de los lados ambos intentarán destruirla.
—Me rehúso a formar parte de cualquiera de esos bandos. Yo no soy una asesina ni alguien que sostiene que el gobierno deba de ejercerse a través del terror. Y ese es un crimen que ambos lados han cometido.
—Joven dama uno no se define por lo que no es.
—Bien —contestó Guy bastante enfadada—, lo pondré en palabras que usted acepte entender. Fenor es grande gracias a Koria y Koria es grande gracias a Fenor. Soy una defensora de la unión y de la paz. Creo en las diez leyes y en que ellas otorgan orden y un camino a la tolerancia. Soy una seguidora de la Luna, pero aunque no practico su religión no la censuro y estoy dispuesta a defender su libertad de orar al dios que mas le guste, porque su libertad es la mía. También soy una noble, y el linaje de mi familia se remonta a las más antiguas familias Gojiien. Y como soy una noble se que he tenido el privilegio de ser respetada, de comer todos días, de tener acceso a la cultura todas cosas que indudablemente los pobres y humildes mestizos es probable que no tengan. Y no me molesta que muchos de ellos hayan elegido como líder a un supuesto noble de raza pura. No es su etnia ni su supuesta condición de nobleza lo que me molesta, pues si lo creyese así, yo misma no podría pretender defenderlos. Son sus actos los que repudio. Y encuentro mucho mas creíble que este supuesto noble y verdadero hijo del sol este aprovechando la desesperación y el descontento de pobres y ricos por las injusticias vividas para poder cumplir sus propios deseos de dominación y control. Pero no lo culpo de esas injusticias que han vivido quienes lo siguen, culpo a los clérigos corrompidos como Guipac. Y en este punto lo que me interesa saber es si usted es uno de ellos o acaso un rebelde. ¿Qué lado eligió para que no lo destruyan?
Telib había terminado su infusión y dejó el cuenco sobre su lecho —Deseo pensar que no soy un sacerdote corrompido como Guipac, más sería un acto de soberbia de parte mía afirmar tal cosa. Soy un hombre viejo. Cuando era tan joven como tú, tenia tan claras las cosas, tan pocas dudas —dijo reflexionando—. Pero cuando envejeces y te equivocas te vuelves mas tolerantes a los errores de otros. Muchos clérigos, como yo, han seguido el camino de Guipac y han callado las injusticias que él ha generado. Conocí a Guipac, antes de que fuera sumosacerdote. Era un hombre diferente. Con el tiempo se ha vuelto cada vez más paranoico y más totalitario. Ha perdido el contacto con su pueblo, ahora siempre esta encerrado en el templo del sol, rodeado por las llamas de Kirun, resguardado por ellas, temeroso del exterior. Oro por él para que encuentre el camino a la paz. Entiendo la desesperación de aquellos que han sufrido su locura, pero los terribles actos de violencia contra sus pares no son el camino de Dios. Somos todos hijos del sol y no deberíamos de matarnos entre nosotros.
La espada de Ilko, la espada de la justicia, cayó al suelo. El bardo había estado jugando haciéndola mecerse sobre su punta arrojándola con sus dedos de una mano a la otra. Con tanta mala suerte que terminó sobre uno de los pies de Guy. La mujer miró enfadada al bardo e instintivamente se agachó para recoger la espada. En ese momento la puerta de la habitación se abrió. Del otro lado se encontraban dos hombres de gran altura con sus rostros completamente cubiertos por capuchas y con guantes en sus manos. Nebra alcanzó a voltear a verlos y gritó. El encapuchado que estaba mas adelante le atravezó su pecho con su espada y luego la desprendió de su arma pateándola. Esto le dio tiempo a Kaner de empujar a Guy hacia un lado para interponerse él entre sus agresores y la emisaria. El noble apuró la primera estocada, porque sabia que mientras el sicario no pudiera atravesar la puerta solo enfrentaría a uno, si el otro hombre también pasaba sus posibilidades de vencer se reducirían a la mitad. El primer encapuchado detuvo la estocada. Para entonces el bardo había levantado su espada del suelo y también lo enfrentaba. Kaner esquivó con facilidad el contraataque de su enemigo. Se escucharon pasos de alguien que subía por la escalera. El segundo encapuchado dio media vuelta y descendió por la escalera a enfrentar a quien estuviese subiendo. A Ilko le temblaban las manos y al sicario le tomó solo un movimiento desarmarlo y su espada cayó del otro lado de la habitación. Guy había caído cerca de la salamandra su instinto de supervivencia bombeaba adrenalina a su cuerpo. No estaba vestida con su armadura y no llevaba su espada, esa seria la ultima vez que cumpliría con esa orden, si sobrevivía. Necesitaba improvisar delante de ella estaban los leños para la salamandra uno en particular tenia un lado ligeramente puntiagudo. Lo tomó y volteó todavía en el suelo. El hombre que había atacado a Nebrá estaba a punto de atravesar con su espada también al bardo. Con la mitad superior de su cuerpo tumbada en el suelo pateó detrás de la rodilla izquierda de Ilko y esto lo obligó a flexionarse hacia atrás y caer. Un segundo antes de que la espada del sicario le atravezace el corazón. Kaner retomó la lucha desde allí. Guy, empuñando un leño, se incorporó enfurecida. Esperó al momento exacto después que su enemigo lanzace un golpe a Kaner. El noble de riorojo lo esquivó otra vez y mientras el asesino regresaba su espada para poder volver a atacar Guy arremetió contra él, dirigiendo el leño con su lado afilado hacia su rostro, alojándoselo en uno de sus ojos.
—Aprendí esto de un lobo del desierto —dijo Guy con desprecio mientras el hombre se sacudía sujetándose el rostro. Kaner lo desarmó y Guy tomó su espada del suelo, el hombre tropezó y cayó boca arriba. Guy apuntó su arma al pecho del hombre derrotado y preguntó  con odio gritando—. ¿Quién te envía? —Pero el hombre buscó entre sus ropas una daga y realizó un movimiento brusco intentando zafarse. Guy no tuvo más remedio que rematarlo. Raen apareció subiendo las escaleras con su espada en mano, cubierta de sangre.
—¿Está usted bien mayor? —preguntó el capitán.
Guy asintió con su cabeza y volteó a ver a Telib. Empuñó su arma hacia él y gritó —¿Has enviado a matarme? ¿Me has tenido hablando para eso?
Raen la interrumpió rápidamente —No lo creo mayor. Un grupo de cinco hombres que estaban abajo rezando con los demás comenzó a matarlos. Se habían ocultado desde un principio entre ellos. Por suerte alguien les enfrentó, al escuchar esto entré y vi a estos dos subiendo y me apresuré a seguirlos. Le di muerte a uno y usted ha matado a este.
—¿Y los otros tres?
—Cuando subí Texu ya había matado a dos y había acorralado al tercero.
—Pues ve a ayudarla, tú también Kaner. —gritó y ambos descendieron por la escalera.
Telib tenía sus manos levantadas pues todavía no confiaba en que Guy no le diera muerte. —Yo no tengo nada que ver con esto.
Guy lo ignoró ahora estaba concentrada en Ilko que estaba arrodillado delante de su dama de compañía —¿Nebra? —preguntó.
—Esta muerta. —contestó el bardo.
Guy caminó nuevamente hasta donde estaba el hombre que había matado recién y le quitó la capucha. Era un Korien de raza pura.
Telib se levantó, tembloroso. Miró a Guy a los ojos y dijo —No conozco a ese hombre. Pero seguramente era alguien al servicio de Guipac. No te molestes en buscar algo que lo conecte con él, pues no creo que encuentres nada. Mi gente me necesita ahora, debo descender.
Guy guardó silencio pero descendió ella primero empuñando la espada de su enemigo, atrás lo seguían Ilko y Telib. Abajo había acontecido una masacre. Guy contó a tres hombes, dos mujeres y dos niños muertos por los cuchillos de estos asesinos. Los otros tres cuerpos que había en la sala estaban vestidos con capuchas y capas tendidos en el suelo victimas de la espada de Texu. Raen y Kaner estaban a su lado. Telib se apresuró y se arrodilló con dificultad, producto de sus años, cerca del cuerpo de uno de los niños. Un meztizo. Acarició su rostro y se largó a llorar.
—Gracias Texu. —dijo Guy y la reverenció y lo mismo hicieron los hombres que la acompañaban. —Tu presencia nos ha salvado. Pero ¿Qué hacias aquí?
Texu frunció el ceño mientras enfundaba su espada mirando a Guy —He venido a rezar. Antes cuando era mas joven aquí me encontraba con Joselib quien era mi guía espiritual, tú lo conociste en el palacio de gobierno cuando llegaste. Hoy solo queda su maestro aquí, el hombre que llora arrodillado delante del niño muerto. Me encargaré de que mis hombres busquen más complices. —Texu reverenció a la mayor, dio media vuelta y comenzó a caminar hasta la puerta de salida.
Ilko se acercó al oído de Guy y dijo —No importa el que te haya elegido el rey Urael para esta misión. Se supone que Guipac ha sido elegido por dios. Pero al parecer hasta los dioses se equivocan, como el dios del rio de la historia que te he contado. Te has comportado desde que llegaste a Kirun como una extranjera. Si vas a luchar por nosotros hazlo como una de nosotros, no porque te lo ha ordenado un rey. Hazlo porque alguien tiene que hacerlo.
La mujer miró al bardo a los ojos por un breve momento y luego dirigió su mirada hacia la jefa de la guardia de Kirun, la mujer que posiblemente ya le había salvado la vida dos veces. Texu estaba a punto de salir cuando el grito de Guy la detuvo —Texu, cuando te pedí que te unieras a mis hombres, te pedí que abandonases la ciudad que amas. Entiendo ahora que no eres tú quien debe unirse a mi, sino yo a ti. Espero que me creas cuando digo que defiendo a Fenor, a Koria y a Kirun. Y también espero sinceramente no haber perdido tu amistad.
Texu contestó sin voltear —No lo has hecho. —cerró la puerta tras de si y se retiró. Era, al igual que Guy, demasiado orgullosa para quedarse.
Telib secó sus lágrimas y dijo a Guy —Escuche, dama de Montevid. Guipac planea separar a Koria del resto de Fenor. Es aun mucho más influyente de lo que demuestra. En los próximos días se encargara de adquirir más tierras y mas hombres, y el día de la unión mostrará su verdadero rostro. Ese día intentará una revolución y Andoo lo sabe. Los rebeldes se le opondrán y detrás de ellos llegara Urael y su ejercito y después no quedará nada.
—El día de la unión se celebra el día en que “Breadan” unificó los tres reinos de Koria en uno solo. Faltan tres días. —dijo Guy.
—Sí. —contestó Telib.

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