Residencia de riorojo, Kirun, provincia de Koria.
Día 04 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.
Guy
se encontraba desde hacía algunos minutos hablando con el bardo y Nebrá en el
despacho de Kaner de Riorojo en su residencia. Había pasado el mediodía y la
mayor consideraba que el enviado de Telib el sacerdote del sol que había
conocido el día anterior no llegaría. De un día al otro el frió había aumentado.
Nebrá arrojó algunos leños de madera blanca a la chimenea fingiendo que no
escuchaba la conversación entre Guy e Ilko. La madera desprendió un sabroso
aroma al quemarse. Sobre el escritorio que los separaba había un mapa dibujado
en un papiro en el que Guy había estado escribiendo cosas. Afuera de la
habitación estaba Kaner y un hombre llamado Raen, un capitán al igual que Nin
que Guiles había puesto al servicio de Guy desde Minbou. Raen a diferencia de
Kaner era un Korien de raza pura y no era un noble de ninguna clase. Era un
oficial importante y principalmente hablaba con Kaner. Guy había depositado
toda su confianza en Nin y se había dedicado, como señalaban sus órdenes a
actuar como una noble y no como una militar. Lo cual le había resultado bastante
difícil hasta el momento.
—Préstame tu
espada otra vez, por favor. —Guy hablaba con amabilidad pero seria.
La espada
corroída del bardo descansaba entre sus piernas. Este la sostuvo en sus manos
unos segundos y se la entregó —¿Usted tampoco me cree, no es así?
—Depende. —contestó
la mayor sin mirarlo a los ojos, mientras recibía la espada.
—¿Depende de
que?
—De cual parte
de la historia que me has contado te refieras —Guy levantó su mirada para
encontrar la del hombre—. Cuando te conocí días atrás, tu desinterés por lo que
sucedía alrededor tuyo me convenció de que podías marchar con nosotros. De
hecho te prefería a esos clérigos que nos acompañaban entonces. Después en el
ataque del puente de Bridan…
—Breadan. —La corrigió el bardo.
Guy retomó
algo fastidiada —¡Breadan! En el puente de Breadan te di por muerto. Después
apareciste en el templo del sol. Diciendo que habías estado con los rebeldes y
que habías escapado.
—Ya le he
dicho que no escapé necesariamente.
—Si, el pacto
de vida. Ya me has dicho. —Guy observaba la espada detenidamente.
—¿No cree que
esa sea una espada mágica?
Guy se encogió de hombros —He
visto espadas mágicas. No es que no crea que existan, pero esta no tiene nada
en particular.
—Es que solo
yo puedo…
Guy
interrumpió al bardo y le señaló que callase haciendo un gesto con su mano —Nebrá.
Usted ha estudiado la cultura Korien. ¿Qué reconoce en esta espada?
La mujer mayor
se acercó con cierta solemnidad y observó la espada detenidamente, pero sin
tocarla —La espada es realmente vieja. No lo digo solo por el oxido, me refiero
a que el diseño de la empuñadura es anterior al del reino de Fenor.
—¿Considera
que podría ser falsa? —preguntó la mayor.
—Podría. No
obstante la oxidación es real, para llegar a ese grado de deterioro, aun si la
hubiesen degradado intencionalmente les habría tomado meses, quizás años. Es
mucho más probable que la espada sea realmente antigua.
—Gracias Nebrá
—dijo Guy y Nebra la reverenció y se alejó—. Bien, te concedo que se trate de
una espada realmente antigua. Pero la condición que de solo en tus manos
reluzca hace todo esto un poco de difícil de creer asi como la aparición de un
supuesto dios.
—Si hubiese
orquestado todo esto desde un principio, ¿No cree que hubiera mentido respecto
a que soy un bardo? Le hubiese dicho cualquier otra cosa.
—No es eso. En
este punto te considero inofensivo. Estos últimos días he dispuesto algunos
hombres a que te vigilen y no has hecho nada que pudiera considerar amenazante.
Solo es extraño el que insistas en permanecer cerca mio.
—Es que creo
que usted puede ayudarme. Yo no soy un guerrero.
—No puedo
aceptar tu misión Ilko, tengo la misión de un rey sobre mis hombros y un
posible conflicto civil a punto de explotar. Eso si creyese absolutamente todo
lo que has dicho.
—¿Y cual es el
problema?
Guy suspiró un
poco agotada —Si yo admitiese en este momento que esta es la espada de Breadan,
el héroe más importante de Koria, quien desaparecio misteriosamente antes de
acceder al trono del reino hace siglos y que la misma ha sido entregada a ti
por un dios. Tendría que admitir que de alguna forma te has convertido en el
“heredero” de Breadan. Muchos al menos te considerarían así. Y en este momento
tengo muchas personas que se disputan estas tierras. Y mi deber es que sigan
siendo del rey Urael.
—Yo no deseo
ser rey. —contestó Ilko ingenuamente.
Guy sonrió —No,
por supuesto. Pero si la gente te reconociese como alguien importante quizás
quisieras nombrar a alguien como el legítimo heredero. Después de todo llevas
los atributos de Breadan cuyo linaje lo conecta con los reyes de Koria.
—¿Y porque
alguien propondría algo así?
—Porque los
reyes de todos los reinos han sido elegidos por algún motivo para gobernar. Se
han ganado ese derecho. Porque o han triunfado militarmente o han dado algo a
sus súbditos. O porque son hijo de alguien que lo ha hecho lo que supuestamente
garantiza que ellos también lo harán. Esa es la tradición. —contestó Guy.
—¡Míreme! —exclamó
el bardo señalándose—. Soy un mestizo. Para gente como yo la tradición es todo
eso con lo que luchamos para poder ser libres. Vivimos en residencias separadas
a la de los Korien de raza pura, por no tener su color de piel. Ninguno de los
míos podrá jamas ser clérigo. Sí, nos aceptan, porque somos ciudadanos de Fenor
más que de Koria.
Guy guardó silencio
por un segundo y luego se acomodó mejor en su asiento murmurando para si unas
palabras del bardo —La tradición es todo eso con lo que luchamos para poder ser
libres.
El hombre
aprovechó el momento para insistir —No quiero ser rey. Hoy, en este momento, lo
que más deseo es que me crea. Me esta diciendo que todos estos días, que esperé,
¿Usted estaba fingiendo?
—No soy la
única que estaba fingiendo. Los datos que me has dado confirman los que me ha
dado Texu respecto a la ubicación de los rebeldes. Me has dicho que para poder
escapar alguien ha hecho un pacto de vida por ti. Es decir que en garantía de
tus actos alguien ha ofrecido su vida.
—Si.
—¿Y cuales son
estos actos?
—No la
entiendo.
—Un pacto de
vida es una costumbre de marineros. Según tengo entendido, cuando algún pirata
reclama algo de otra persona toma a un rehén cuya vida depende de si la otra
persona cumple o no esa acción.
—No. Un pacto
de vida se ofrece voluntariamente. Es un pacto de honor.
—Bien –dijo Guy
haciendo un ademan con sus manos —. La vida de alguien depende de que tú hagas
“algo”. Quiero saber con exactitud que es ese “algo”.
—Debo
demostrar que esta espada es la espada de Breadan, la espada de la justicia.
—Según la
historia que me contaste tú ya le demostraste eso a los rebeldes. Su líder
¿Cómo era que se llamaba? —preguntó la mayor mirando fijamente a los ojos al
bardo.
—Andoo. Su
nombre es Andoo —Ilko desistió—. Si. Debo matar a unas personas.
Guy sonrio con
cierta ironía —Entonces, no eres un guerrero, pero si eres un sicario. ¿Quiénes
son esas personas?
—Illman, el
gobernador, Guipac el sumosacerdote y…
—Continua, por
favor. Gguy sonreía todavía.
—Y a usted.
La mujer permaneciendo
sentada se acomodó su túnica con paciencia. Dejó de sonreír y volvió a su
acostumbrada seriedad —Entonces para que esta persona viva, tú debes matarme a
mi a Illman y a Guipac. ¿Piensas hacer algo de todo esto?
—No —contestó
el bardo, su mirada, distraída, recorría los objetos de la mesa evitando los
ojos de la mayor—. Por eso le di la información a usted. Para que fuera por los
rebeldes.
—¿Cómo se
llama la mujer que hizo el pacto de vida por ti?
—Miana. Su
nombre es Miana de Berberak.
—Si yo fuera
por los rebeldes, ella caería también, pues es ella también una de ellos.
—Si usted se
hubiera decidido por ir yo hubiera intervenido.
—Te tienes
mucha fe, bardo. ¿Piensas que puedes convencerme de hacer lo que quieres?
—No. Pero
tenia que intentarlo. Por ella.
—¿Piensas que
Andoo verdaderamente la matará si no cumples?
—No tengo duda
de que la matará si me vuelvo en contra de él. No espero que pretenda realmente
que yo pueda con tales hazañas como matar a Guipac a Illman y a ti siendo yo solo
un bardo. Miana lo acorraló y el tuvo que respetar esta tradición pero me ha
pedido algo imposible.
—Has hecho bien
en admitir esto. Pero no es a mí a quien deberías haber pedido ayuda. Creo que
Texu podría haberte ayudado mejor. No puedo hacer nada por ti.
—No conozco a
Texu. La he visto hablando contigo pero no se nada de ella. ¿Podrías al menos
ponerme en contacto con ella?
—Creo que Texu
no desea hablarme más. Podrías buscarla tú mismo.
—¿Por qué no
desea hablarle? —preguntó Ilko mirándola a los ojos.
Guy no lo
notaba todavía pero Ilko sabía cuando hablar y cuando escuchar y se había dado
cuenta de que Guy necesitaba desahogarse. La mayor contestó sin problemas —No
se. Texu al igual que tú es despreciada por estas tierras. Por su enfermedad es
perseguida por los clérigos, que dicen que esta maldita por su dios. Sin
embargo se ha rehusado a ponerse a mi servicio, cuando eso garantizaba el
alejarse de este martirio. Tú dices que por ser un mestizo te persiguen y sin
embargo estas dispuesto a liberar al mas grande héroe de Koria, un Korien de
raza pura. Todos aquí odian a otros a quienes no consideran pares, pero aman estas
tierras de una manera auto destructiva. Texu quizás hubiera enviado hombres a
rescatar a Miana. Yo no lo puedo hacer, tan pronto como movilice tropas esto
alertará a Illman y a Guipac y posiblemente también a los rebeldes. Texu tiene
contactos ella hubiera podido hacer algo mas.
Ilko la observó
detenidamente y esperó incluso bastante tiempo después de que ella terminase de
hablar para estar seguro de que no tenia nada más que decir. Fue un momento
incomodo, Guy había sido completamente sincera. El bardo entendió que en algún
punto, si hubiera estado en las manos de Guy quizá ella lo hubiese ayudado,
pero estaba abrumada —Has venido aquí por orden de nuestro rey. Eso lo
entiendo. Pero te has comportado como una extranjera. Estas haciendo esto por
un rey, no conozco a ese rey, pero si él
fuera justo esperaría que lo hicieras por nosotros.
—¿Porqué he
sido elegida para eso?
—No. —contestó
Ilko.
—Entonces ¿por
que?
Nebrá, que se
había retirado, interrumpió en ese momento —Mayor, el enviado de Telib ha
llegado.
—No creo que
yo pueda ayudarte Ilko, pero quizás tú si puedas. Puedes acompañarme si lo
deseas.
—Me ha pagado
para eso, con una moneda de plata. —dijo Ilko sonriendo.
El
joven que había enviado Telib, el clérigo, los llevó hasta una residencia en el
barrio de los mestizos. Guy estaba siendo acompañada por Ilko, Kaner y Nebrá,
Raen había ido con ellos pero no entraría. El resto de sus hombres permanecía
con Nin. El lugar era enorme, por fuera parecía un almacén abandonado pero por
dentro estaba adornado con signos del sol. Tras ingresar atravesaron una gran
sala sin amueblar que posiblemente antes hubiera funcionado como bodega, donde
muchos hombres y mujeres rezaban. Subieron dos pisos por una escalera caracol
hasta llegar a una habitación pequeña donde los esperaba Telib. En ella había
un pequeño lecho, una salamandra rodeada de leños, un solo asiento, una pequeña
ventana que permitía la iluminación, un escritorio con algunos libros y códices
y una botella de vidrio junto a varios cuencos y frascos con contenidos
misteriosos, varias velas apagadas, una pluma, un tintero, ningún papiro. Hacia
mucho frió y el poco calor que entregaba la salamandra de la habitación era
para calentar una cacerola donde un poco de agua hervía. El anciano los
reverenció amablemente y mientras sus invitados se acomodaban se dedicó a
preparar infusiones para todos de algún tipo de hierbas. Hasta el momento no
habían hecho faltas las palabras, incluso cuando le indicó al joven que había
enviado a que se retirase.
Telib repartió
los recipientes, que eran meros cuencos mal esmaltados solo por dentro y luego
tomó la botella y les preguntó —¿Alguno desea licor de los monjes? Es bueno
para el frió. —Solo Ilko aceptó el ofrecimiento.
—¿Por qué me
ha citado? —preguntó Guy.
—Hay tiempo
todavía para hablar de cosas más insignificantes. ¿Hoy no ha traído de escolta
a aquellos hombres de Gono? —contestó el anciano.
—No. He dejado
a mis soldados junto con los demás.
Ellos son Kaner de Riorojo, y ella es mi dama de compañía.
—¿Y quien es
el otro mestizo? —preguntó el anciano tranquilamente mientras se sentaba en el
único asiento.
—Su nombre es
Ilko, es un bardo a mi servicio.
—¿Y siempre
lleva a bardos a sus visitas sociales?
—No, aunque si
lo desea puedo pedirle a mis escoltas que se retiren. —dijo la mayor
seriamente.
—No. No hará
falta. Imagino que ha de tener sus motivos para traerlos. Me intriga porque
dejó al único Korien de raza pura a que montara guardia. Lo he visto por la
ventana, no es que los estuviera espiando.
—No me he
fijado en que fuera Korien o no, es un soldado, un capitán entre mis hombres,
lo he dejado allí porque confio en él.
—Entiendo —Telib
sorbió un poco de la infusión, el sabor del licor que le había agregado lo
estremeció un poco—. Usted ha llegado a Kirun, ¿Puedo preguntar para que? No
soy militar, ni un político y no me llegan esas noticias.
Guy miró a
Kaner. El hombre entendió rápidamente y sonrió al clérigo —Estimado sacerdote,
la presencia de la emisaria ya ha sido explicada hace días. Si todavía no lo ha
escuchado estamos reclutando soldados para el ejército. Todos los voluntarios
serán bien recibidos.
El anciano le
devolvió la sonrisa a Kaner y luego dirigió una mirada fulminante y seria a Guy
—La he citado para hablar con usted, mayor. No me molesta la presencia de los
demás pero son sus palabras las que me interesan. No había conocido al bardo de
Tulis todavía, pero sus palabras sobre usted por ejemplo, han llegado a mis
oídos por mis feligreses. Buenas palabras por cierto.
—Agradezco las
palabras de Ilko, pero me temo que pueden ser exageradas. Él prácticamente no
me conoce. Seré franca con usted, como lo fui con aquellos hombres y mujeres
que lo rodeaban ayer. El rey me ha enviado a reclutar hombres para el ejército
pero también me ha pedido que observe lo que aquí sucede. En Koria, pero sobre
todo en Kirun. Los reportes que llegan a la capital son cada vez más confusos y
vagos. Y ahora que estoy aquí entiendo porque.
—¿Lo dice por
Ilman nuestro gobernante? ¿O acaso por Guipac? ¿Son los rebeldes a quien teme?
—Toda la
región esta en crisis. Independientemente de las aberraciones que hayan
cometido los rebeldes, las constantes violaciones que ha cometido Ilman a las
diez leyes deben cesar.
—Para algunos
las aberraciones que han cometido los rebeldes están justificadas. —contestó
desafiante Telib.
—Para mi no.
Estos insurgentes pagarán lo que han hecho.
—¿Los niños
también?
—Los niños no
han salido a matar soldados —Guy comenzaba a enfadarse—. No me haga perder el
tiempo, si usted es uno de ellos o los esta defendiendo terminemos con esto.
—¿Cómo puedo
ser yo un rebelde si soy un sacerdote del sol?
—Si, uno que
simpatiza con pobres y humildes, con mestizos.
Telib soltó
una carcajada —¿Y eso solo me hace un rebelde? ¿Usted sabe quien dirige a los
rebeldes?
—Si, un hombre
llamado Andoo.
—Correcto,
quien es un Korien de raza pura.
—Si –insistió
Guy—. Uno que se ha auto proclamado defensor de estos pobres y humildes mestizos
y que los ha enviado a matar soldados y nobles.
—¿Y no
encuentra en eso alguna ironía, dama de Montevid? ¿Qué el defensor de estos
pobres y humildes mestizos sea un Korien de raza pura?
La
conversación se había vuelto algo tensa. Kaner se acercó a la salamandra para
calentarse, Nebrá se apoyó en la puerta de la habitación que estaba cerrada.
Ilko jugaba con su espada que descansaba apoyada verticalmente sobre su punta
en el suelo. Guy había agotado su paciencia que no era tanta —¿Podría usted
dejar de hablar con acertijos? Realmente no lo entiendo.
—Déjeme
decirle que usted también es una persona compleja. Ayer consideré que usted
estaba dispuesta a defender a estos pobres y humildes mestizos. Hoy considero
que los categoriza directamente como rebeldes. Si le hablo con acertijos es
porque pretendo que usted tenga una visión más grande de lo que sucede. Hoy
Koria esta dividía en dos, una son los fieles y estrictos seguidores de las mas
antiguas tradiciones Korien, y otros son los rebeldes. Si usted no elige a alguno
de los lados ambos intentarán destruirla.
—Me rehúso a
formar parte de cualquiera de esos bandos. Yo no soy una asesina ni alguien que
sostiene que el gobierno deba de ejercerse a través del terror. Y ese es un
crimen que ambos lados han cometido.
—Joven dama
uno no se define por lo que no es.
—Bien —contestó
Guy bastante enfadada—, lo pondré en palabras que usted acepte entender. Fenor
es grande gracias a Koria y Koria es grande gracias a Fenor. Soy una defensora
de la unión y de la paz. Creo en las diez leyes y en que ellas otorgan orden y
un camino a la tolerancia. Soy una seguidora de la Luna, pero aunque no
practico su religión no la censuro y estoy dispuesta a defender su libertad de
orar al dios que mas le guste, porque su libertad es la mía. También soy una
noble, y el linaje de mi familia se remonta a las más antiguas familias
Gojiien. Y como soy una noble se que he tenido el privilegio de ser respetada,
de comer todos días, de tener acceso a la cultura todas cosas que
indudablemente los pobres y humildes mestizos es probable que no tengan. Y no
me molesta que muchos de ellos hayan elegido como líder a un supuesto noble de
raza pura. No es su etnia ni su supuesta condición de nobleza lo que me
molesta, pues si lo creyese así, yo misma no podría pretender defenderlos. Son
sus actos los que repudio. Y encuentro mucho mas creíble que este supuesto
noble y verdadero hijo del sol este aprovechando la desesperación y el
descontento de pobres y ricos por las injusticias vividas para poder cumplir
sus propios deseos de dominación y control. Pero no lo culpo de esas
injusticias que han vivido quienes lo siguen, culpo a los clérigos corrompidos
como Guipac. Y en este punto lo que me interesa saber es si usted es uno de
ellos o acaso un rebelde. ¿Qué lado eligió para que no lo destruyan?
Telib había
terminado su infusión y dejó el cuenco sobre su lecho —Deseo pensar que no soy
un sacerdote corrompido como Guipac, más sería un acto de soberbia de parte mía
afirmar tal cosa. Soy un hombre viejo. Cuando era tan joven como tú, tenia tan
claras las cosas, tan pocas dudas —dijo reflexionando—. Pero cuando envejeces
y te equivocas te vuelves mas tolerantes a los errores de otros. Muchos
clérigos, como yo, han seguido el camino de Guipac y han callado las injusticias
que él ha generado. Conocí a Guipac, antes de que fuera sumosacerdote. Era un
hombre diferente. Con el tiempo se ha vuelto cada vez más paranoico y más
totalitario. Ha perdido el contacto con su pueblo, ahora siempre esta encerrado
en el templo del sol, rodeado por las llamas de Kirun, resguardado por ellas,
temeroso del exterior. Oro por él para que encuentre el camino a la paz.
Entiendo la desesperación de aquellos que han sufrido su locura, pero los
terribles actos de violencia contra sus pares no son el camino de Dios. Somos
todos hijos del sol y no deberíamos de matarnos entre nosotros.
La espada de
Ilko, la espada de la justicia, cayó al suelo. El bardo había estado jugando
haciéndola mecerse sobre su punta arrojándola con sus dedos de una mano a la
otra. Con tanta mala suerte que terminó sobre uno de los pies de Guy. La mujer
miró enfadada al bardo e instintivamente se agachó para recoger la espada. En
ese momento la puerta de la habitación se abrió. Del otro lado se encontraban
dos hombres de gran altura con sus rostros completamente cubiertos por capuchas
y con guantes en sus manos. Nebra alcanzó a voltear a verlos y gritó. El
encapuchado que estaba mas adelante le atravezó su pecho con su espada y luego la
desprendió de su arma pateándola. Esto le dio tiempo a Kaner de empujar a Guy
hacia un lado para interponerse él entre sus agresores y la emisaria. El noble
apuró la primera estocada, porque sabia que mientras el sicario no pudiera
atravesar la puerta solo enfrentaría a uno, si el otro hombre también pasaba
sus posibilidades de vencer se reducirían a la mitad. El primer encapuchado
detuvo la estocada. Para entonces el bardo había levantado su espada del suelo
y también lo enfrentaba. Kaner esquivó con facilidad el contraataque de su
enemigo. Se escucharon pasos de alguien que subía por la escalera. El segundo
encapuchado dio media vuelta y descendió por la escalera a enfrentar a quien
estuviese subiendo. A Ilko le temblaban las manos y al sicario le tomó solo un
movimiento desarmarlo y su espada cayó del otro lado de la habitación. Guy
había caído cerca de la salamandra su instinto de supervivencia bombeaba
adrenalina a su cuerpo. No estaba vestida con su armadura y no llevaba su
espada, esa seria la ultima vez que cumpliría con esa orden, si sobrevivía.
Necesitaba improvisar delante de ella estaban los leños para la salamandra uno
en particular tenia un lado ligeramente puntiagudo. Lo tomó y volteó todavía en
el suelo. El hombre que había atacado a Nebrá estaba a punto de atravesar con
su espada también al bardo. Con la mitad superior de su cuerpo tumbada en el
suelo pateó detrás de la rodilla izquierda de Ilko y esto lo obligó a
flexionarse hacia atrás y caer. Un segundo antes de que la espada del sicario
le atravezace el corazón. Kaner retomó la lucha desde allí. Guy, empuñando un
leño, se incorporó enfurecida. Esperó al momento exacto después que su enemigo
lanzace un golpe a Kaner. El noble de riorojo lo esquivó otra vez y mientras el
asesino regresaba su espada para poder volver a atacar Guy arremetió contra él,
dirigiendo el leño con su lado afilado hacia su rostro, alojándoselo en uno de
sus ojos.
—Aprendí esto
de un lobo del desierto —dijo Guy con desprecio mientras el hombre se sacudía
sujetándose el rostro. Kaner lo desarmó y Guy tomó su espada del suelo, el
hombre tropezó y cayó boca arriba. Guy apuntó su arma al pecho del hombre
derrotado y preguntó con odio gritando—.
¿Quién te envía? —Pero el hombre buscó entre sus ropas una daga y realizó un
movimiento brusco intentando zafarse. Guy no tuvo más remedio que rematarlo.
Raen apareció subiendo las escaleras con su espada en mano, cubierta de sangre.
—¿Está usted
bien mayor? —preguntó el capitán.
Guy asintió
con su cabeza y volteó a ver a Telib. Empuñó su arma hacia él y gritó —¿Has
enviado a matarme? ¿Me has tenido hablando para eso?
Raen la
interrumpió rápidamente —No lo creo mayor. Un grupo de cinco hombres que
estaban abajo rezando con los demás comenzó a matarlos. Se habían ocultado
desde un principio entre ellos. Por suerte alguien les enfrentó, al escuchar
esto entré y vi a estos dos subiendo y me apresuré a seguirlos. Le di muerte a
uno y usted ha matado a este.
—¿Y los otros
tres?
—Cuando subí Texu ya había matado a dos y había acorralado al tercero.
—Pues ve a
ayudarla, tú también Kaner. —gritó y ambos descendieron por la escalera.
Telib tenía
sus manos levantadas pues todavía no confiaba en que Guy no le diera muerte. —Yo
no tengo nada que ver con esto.
Guy lo ignoró
ahora estaba concentrada en Ilko que estaba arrodillado delante de su dama de
compañía —¿Nebra? —preguntó.
—Esta muerta. —contestó
el bardo.
Guy caminó
nuevamente hasta donde estaba el hombre que había matado recién y le quitó la
capucha. Era un Korien de raza pura.
Telib se
levantó, tembloroso. Miró a Guy a los ojos y dijo —No conozco a ese hombre.
Pero seguramente era alguien al servicio de Guipac. No te molestes en buscar
algo que lo conecte con él, pues no creo que encuentres nada. Mi gente me
necesita ahora, debo descender.
Guy guardó
silencio pero descendió ella primero empuñando la espada de su enemigo, atrás
lo seguían Ilko y Telib. Abajo había acontecido una masacre. Guy contó a tres
hombes, dos mujeres y dos niños muertos por los cuchillos de estos asesinos.
Los otros tres cuerpos que había en la sala estaban vestidos con capuchas y
capas tendidos en el suelo victimas de la espada de Texu. Raen y Kaner estaban
a su lado. Telib se apresuró y se arrodilló con dificultad, producto de sus
años, cerca del cuerpo de uno de los niños. Un meztizo. Acarició su rostro y se
largó a llorar.
—Gracias Texu.
—dijo Guy y la reverenció y lo mismo hicieron los hombres que la acompañaban. —Tu
presencia nos ha salvado. Pero ¿Qué hacias aquí?
Texu frunció
el ceño mientras enfundaba su espada mirando a Guy —He venido a rezar. Antes
cuando era mas joven aquí me encontraba con Joselib quien era mi guía
espiritual, tú lo conociste en el palacio de gobierno cuando llegaste. Hoy solo
queda su maestro aquí, el hombre que llora arrodillado delante del niño muerto.
Me encargaré de que mis hombres busquen más complices. —Texu reverenció a la
mayor, dio media vuelta y comenzó a caminar hasta la puerta de salida.
Ilko se acercó
al oído de Guy y dijo —No importa el que te haya elegido el rey Urael para esta
misión. Se supone que Guipac ha sido elegido por dios. Pero al parecer hasta
los dioses se equivocan, como el dios del rio de la historia que te he contado.
Te has comportado desde que llegaste a Kirun como una extranjera. Si vas a
luchar por nosotros hazlo como una de nosotros, no porque te lo ha ordenado un
rey. Hazlo porque alguien tiene que hacerlo.
La mujer miró
al bardo a los ojos por un breve momento y luego dirigió su mirada hacia la
jefa de la guardia de Kirun, la mujer que posiblemente ya le había salvado la
vida dos veces. Texu estaba a punto de salir cuando el grito de Guy la detuvo —Texu,
cuando te pedí que te unieras a mis hombres, te pedí que abandonases la ciudad
que amas. Entiendo ahora que no eres tú quien debe unirse a mi, sino yo a ti.
Espero que me creas cuando digo que defiendo a Fenor, a Koria y a Kirun. Y
también espero sinceramente no haber perdido tu amistad.
Texu contestó
sin voltear —No lo has hecho. —cerró la puerta tras de si y se retiró. Era, al
igual que Guy, demasiado orgullosa para quedarse.
Telib secó sus
lágrimas y dijo a Guy —Escuche, dama de Montevid. Guipac planea separar a Koria
del resto de Fenor. Es aun mucho más influyente de lo que demuestra. En los
próximos días se encargara de adquirir más tierras y mas hombres, y el día de
la unión mostrará su verdadero rostro. Ese día intentará una revolución y Andoo
lo sabe. Los rebeldes se le opondrán y detrás de ellos llegara Urael y su
ejercito y después no quedará nada.
—El día de la
unión se celebra el día en que “Breadan” unificó los tres reinos de Koria en
uno solo. Faltan tres días. —dijo Guy.
—Sí. —contestó Telib.
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