Torre
de Fruel, territorio de Kirun, provincia de Koria.
Día 06 del décimo mes de 1280 del
calendario de Finvir. Medianoche.
Raen
era tan alto como Nin y tan poderoso como él. Estaba sentado en la parte
superior de la torre limpiando su espada. Era de noche y podía verse a lo lejos
el incendio en la ciudad de Kirun y el humo del templo que todavía ardía. Pronto
se vería forzado a descansar ya que había sido un día agotador. Pero todavía no
se había quitado la armadura y no se había preocupado tampoco por conseguir
abrigo alguno.
—Entonces, —dijo
Raen dirigiéndose a Guy y al bardo— Kaner de Riorojo me ha contado sobre lo que
sucedió en el templo del sol. Has sido capaz de vencer al esbirro de Guipac con
esa espada destruida. Digna historia de contar para un bardo.
—Gracias.—contestó
Ilko que no sabía cuan en serio era el elogio que estaba recibiendo.
—Pero no nos
has contado todavía sobre como escapaste de los rebeldes. O que viviste con
ellos —Raen sonrió—. O por lo menos no a mí. Texu —El hombre elevó la voz llamando
la atención de la mujer—. ¿Tú has escuchado esa historia acaso?
—No. No lo he
hecho, la única información que recibí ha sido de Guy en quien confió. —respondió
Texu.
—¿Tú acaso no
lo haces? —preguntó Guy a Raen.
—Lo que le he
visto hacer, Mayor, me ha dejado sin palabras. Y si este hombre ha derrotado a
una criatura como la que Kaner describe, me resulta comprensible que haya
escapado de los rebeldes. Solo quiero escuchar una historia antes de irme a
dormir —Raen bostezó y luego agregó—. Confío en usted más que en mi propia
espada.
Guy miró al
bardo y le indicó que contase su historia. Ilko comenzó su relato —Como les he
contado ya, esta espada ha sido un regalo del rio muerto que cruzamos esta
tarde cabalgando sobre el puente de “Breadan”. El rio me hizo prometer que
viajaría hasta el norte siguiendo su camino hasta llegar a donde nace, que es
donde se encuentra la ciudad que ha sido la tumba del más grande de nuestros
héroes y liberar su alma que ha quedado prisionera allí. Y cuando prometí esto
la espada brilló, llamando la atención de los hombres que ahora han tomado
Kirun. No escuché más la voz del rio y de pronto me vi rodeado por los rebeldes,
una vez más. En el último encuentro que había tenido con ellos una sartén había
sido mi arma, ahora con mi espada sentí que tenía alguna oportunidad.
—¿La espada te
ayudó a ganarle a los rebeldes aun cuando te superaban en número? —preguntó
Raen intrigado.
Pero Ilko rio
fuertemente —No. En realidad no tenía oportunidad alguna. Quizás si fuese un
guerrero experto como tú, Raen. Pero no lo soy y no me valdría de las armas en
ese momento. El rio me dio una espada pero no me enseñó a usarla. Los rebeldes
no deseaban matarme, de todas formas. Solo interrogarme. Pero si levantaba mi
espada contra ellos me matarían fácilmente. Así que me rendí. Me ataron y por
suerte se llevaron mi espada con ellos. Caminé esa noche más de lo que recuerdo
haya caminado alguna vez en mi vida. Hasta que por fin llegamos donde estaba su
campamento. No perdieron el tiempo en vendarme. Aunque poco podía ver yo de
noche.
—¿Sabes dónde está
la guarida de estos hombres? —preguntó otra vez Raen.
—Sí, pero te
aseguro que no queda nadie allí.
—Quizás ahora
no. Pero podríamos haberle atacado antes. —Insistió Raen.
—¿Con cuales
hombres? —Intervino Guy—. Deja que el bardo termine de contar su historia.
Raen se
disculpó un poco de mala gana y el bardo continuó —Al sur de Kirun camino a
Tulis, mi ciudad natal, está su campamento. Entre cuevas y aberturas entre el cañón
del rio muerto. Allí vivían todos los exiliados de la ciudad de Kirun y muchos
hombres de Tulis también. Y no me refiero solo a guerreros, estaban allí campesinos,
mujeres y niños. Todos aquellos que habían caído en desgracia por el terror del
gobierno de Guipac e Ilman, que hoy son comidos por los gusanos. Estuve prisionero por un día sin recibir
alimento ni agua. Era custodiado por dos hombres armados. A la noche siguiente
de llegar al campamento llegó quien creí que sería mi verdugo, en busca de
información. El hombre era siniestro y realmente inspiró en mi terror al solo
verlo. Sobre todo porque no tenía nada de información para darle. El valor no
me servía de nada en ese momento. Así que hice lo único que realmente se hacer.
Le conté una historia. Eso me ha dado de comer hasta el día de hoy. Si me había
mantenido con vida estos últimos años, quizás lo haría otra vez ese día, pensé.
—¿Y qué fue lo
que le contaste? —preguntó Raen.
—Pues en parte
la verdad y en parte no. No mentí sobre quién era. Ni tampoco sobre quien era
ella —dijo señalando a Guy—. Le conté sobre la gran Guy de Montevid la mata
dragones y sobre la batalla de Fenor. Y de cómo había matado a diez dragones
ella sola y que por eso había vencido
con tanta facilidad al comandante de las fuerzas rebeldes.
—Creí que la
Mayor había matado solo a un dragón. —Intervino Raen.
—Bueno,
exageré un poco —contestó el bardo y Raen se soltó a reír a carcajadas—. Y
también le conté sobre La Orden del Gato Azul. Y sobre como Guy era una de
ellos ahora.
Raen dejó de
mirar al bardo y volteó a ver a Guy —¿Es eso cierto?
—Sí. —contestó
Guy que no desperdiciaba palabras.
—Entonces…
estos guerreros existen realmente —continuó Raen—. Pensé que solo eran
exageraciones de los bardos. ¿Realmente un muerto maldito pisó la fortaleza de
Fenor y partió con su hacha a los orcos del condenado Murgthiz? Y ¿Un guardián
de hierro protegía al hombre de blanco que hizo cantar a la espada de Fenor? ¿Es
cierto que una elfa resucitó aun después de recibir cientos de golpes y
heridas?
Nin estaba
parado y miraba al hombre —Cosas aun más increíbles sucedieron. Y la armadura
de Guy que puedes ver ahora ha sido un regalo de estos guerreros a nuestra
Mayor. —Raen lo escuchó y no dijo nada más.
—Yo deseaba
convertirme en un prisionero valioso. Diría que tenía aliados en todas partes
que vinieran a rescatarme. Por eso le hablé también sobre Neilad y La Orden del
Gato Azul. Todo cuanto sabía y podía inventar sobre eso. Y dio resultado, en
parte. De todos los interrogatorios que ese hombre había llevado a cabo ninguno
había sido tan extravagante. Así que fui llevado en presencia del jefe de estos
rebeldes. Que quería saber que estaba haciendo la orden del gato azul aquí y
por qué Guy de Montevid había llegado a Kirun. Le dije entonces que ahora que
ellos habían atacado a Guy la tendrían de enemiga. Pero al líder de los
rebeldes no pareció molestarle eso. Solo le intrigaba mi historia. Estaba claro
que si había decidido atacar al ejército de Fenor no esperaría tenerlo de otra
cosa que de enemigos. Le conté entonces sobre lo que me había ofrecido el rio.
Y esto pareció enfurecerlo. Pues al parecer no sabía yo quien era él.
—¿Quién? —preguntó
Texu—. Tenemos identificados a muchos de ellos. Pero jamás fuimos capaces de
llegar a su líder. Lo único que sabemos es que su nombre es Andoo. Lo más alto
que llegamos en su cadena de mando fue a Hirshac, el hombre que mató Guy el
primer día que llego a la ciudad.
—Su nombre en
Andoo. No es un noble como era Hirshac. —respondió Ilko explicando por qué Texu
no lo conocería.
—¿Y por qué
Hirshac lo seguiría? Hirshac era uno de los terratenientes más importantes de
Koria, antes de que Ilman se apropiase de sus tierras.
—Andoo
afirmaba ser de la estirpe de Dulis. La ultima dinastía de reyes de Koria. Andoo
fue capaz de hacerse de un gran número de seguidores. Y clamaba ser el
verdadero heredero del trono de Koria.
—Eso es
imposible. La familia real de Koria fue exterminada en la gran guerra
trescientos años después de la muerte de Bridan. —Texu se detuvo y corrigió—. Breadan.
Ningún familiar de él quedó con vida.
—Yo pensaba
igual pero aun así este hombre afirmaba ser descendiente de uno de los primos de
Breadan. Del tercer hijo del Rey de Minbou tío de nuestro héroe. El rey de
Minbou se llamaba Zureman Dulis. Y fue el primer rey de Koria. Ducuñar su
primer hijo fue el segundo rey de Koria. Mitén su segundo hijo murió antes de
que Breadan se convirtiera en el héroe de estas tierras. De Zuñar su tercer
hijo poco se sabía, solo que fue compañero de Breadan en la campaña anterior a
su desaparición en la ciudad que construyó Kirun para él. Andoo me dijo que
Zuñar se había casado en secreto y había tenido descendencia. Y que él era
parte de esa familia. Su sangre real se había lavado a lo largo de las
generaciones. Pero que aun así era el único verdadero gobernante genuino de la
ciudad Kirun y del reino de Koria. Y se sintió ofendido cuando le dije que la
espada que me habían quitado era la espada de Breadan. Y mucho más cuando le
expliqué que solo yo podía usarla. No sé porque le conté eso, me dejé llevar
por la historia.
Texu lo
interrumpió —Si lo que dice Ilko es cierto y este hombre, Andoo, es el
verdadero heredero al trono… —La mujer miró a Guy—. ¿Por qué no nos habías
dicho esto?
—No tengo
todas las piezas que completan esta historia mujer. No reconozco la autoridad
de este supuesto rey de Koria. Y no tengo motivos para creerle tampoco. —contestó
Guy seria.
—¿Temías que
yo también me uniera a la lucha de este hombre en busca de la independencia de
Koria?
—Si temiese
eso no le habría permitido al bardo que contase su historia. Te considero una
amiga y una aliada. Pero tengo bien claro que como has dicho tienes tu propia
causa. No peleas ya para el ejército de Fenor.
—No peleaba para
Unmar, pero lo hago por ti. —Texu maldijo.
—Escucha el
resto de la historia y cálmate. —dijo Guy tratando de calmarla.
Ilko continúo —Andoo estaba
enfurecido. Y ordenó mi ejecución. No comprendía entonces su odio y todavía hoy
no lo comprendo. Quizás no le gustó que me relacionara de alguna forma con
Breadan. O pensó que si llevaba esta espada los hombres que lo seguían empezasen
a seguirme a mí. Pensé que moriría sin poder cumplir mi palabra. Quizás después
de todo solo había alucinado y me había tropezado con una espada oxidada que no
era nada más que eso. Mi imaginación suele ser muy grande. Pero alguien creyó
en mis palabras aun cuando yo no las creía del todo. Una mujer llamada Miana de
Berberak.
Texu guardó
silencio pero aun así reaccionó al nombre de la mujer —La conoces ¿No es así,
Texu? —preguntó Guy.
—Su padre es
el amigo del que te conté. El que los rebeldes mataron en Kirun.
—Sí, yo
también tengo informantes. Y sabía esto para cuando Ilko me lo contó—. Aclaró
Guy.
—Yo había
conocido a Miana hace un par de años atrás. Ella tiene una voz hermosa —continúo
el bardo—. Para que entiendan los motivos de Miana para creer en mí solo diré
que alguna vez estuvimos muy enamorados. Pero no soy noble o un Korien de raza
pura como para merecerla. Soy solo un bardo de Tulis. Miana que estaba en la
corte de Andoo lo desafío al afirmar que ella si creía en mi palabra.
—¿Y qué pasó
después? —preguntó Texu—. ¿Qué pasó con Miana?
—Miana estaba
dispuesta a hacer un pacto de vida por mí. Arriesgaría su vida para probar mi
que mis palabras eran ciertas. —explicó Ilko.
Texu asintió
con su cabeza —Un pacto de vida. No me extraña, la familia de Berberak son
marineros después de todo.
—Sí. Andoo decidió
poner a prueba a mi espada y a mí. Como le había contado que la espada solo
podía ser usada por mí la prueba debía ser completada por mí. Y como sabía que
yo no era un guerrero no podía enfrentarme a alguno de sus hombres. Meditó
sobre varios minutos como desafiarme y como probar que no era yo más que un charlatán.
Pude ver como se dibujaba una sonrisa en su rostro cuando por fin se le ocurrió
la más macabra de las ideas. Me dijo con su potente voz “Si tu espada es la
espada de Breadan y con su poder proteges a Kirun salvarás la vida de quien
defiende tu honor.” He hizo encadenar a Miana. Luego sus hombres nos rodearon y
trajeron a un cesto. Dentro de el traían a una serpiente de gran tamaño. Tan
ancha como la pierna de un hombre, tan larga como dos caballos. Era muy pesada
podía verse ya que el cesto era traído por dos de sus guardias. Hizo que sus
hombres clavasen mi espada en el suelo y prendieron a su alrededor una pequeña
hoguera. El color de mi espada cambió y podía notarse que había cambiado también
su temperatura. Un hombre con la mano desnuda se quemaría al tocarla. Andoo
hizo que liberaran a la sierpe y la golpearon para que atacase a Miana. Luego
me dijo “Si solo tú puedes usar esa espada no te quemarás como lo haría
cualquier hombre al tocarla. Pues ella debería permitirte salvar a esta mujer
de Kirun de una muerte tan injusta. Levanta esa espada si eres un verdadero
defensor de Koria.”
—¿Quitaste la
espada del fuego, bardo? —preguntó Raen.
—Los hombres
de Andoo me soltaron entonces. No podía dejar que Miana muriese. En ese momento
ni siquiera yo estaba del todo convencido de que la espada fuera capaz de hacer
algo de lo que me había dicho el rio. Pero no tenía otra opción. Así que tomé
la espada con mi mano como lo había hecho la noche anterior en el rio. Y para
mi sorpresa la espada estaba fría a mi tacto. Enfrenté a la serpiente y me
alcanzó un solo golpe para dividirla en dos partes. Luego golpeé con mi espada
a las cadenas de Miana y las rompí. No solo los hombres de Andoo se convencieron
de que lo decía era cierto sino que yo también. No dudo desde entonces de esta
espada.
—¿Fue entonces
cuando Andoo te liberó? —preguntó nuevamente Raen.
—No. Aun
cuando había probado que era lo que decía, no deseó liberarme. Pero había
impresionado a muchos de sus hombres. Ellos trataron de convencerlo de que
quizás yo había sido enviado a matar a Guipac. Andoo en cambio decía que si yo
era enviado del rio no sería de fiar, aun llevando la espada de Breadan.
Debatieron un largo rato sobre si debían dejarme ir o no. Incluso volvieron a
calentar a mi espada para levantarla ellos mismos porque algunos todavía
desconfiaban. Pobres, solo consiguieron quemarse. Finalmente Andoo decidió que
me dejaría ir pero me dio esta advertencia: “Esta mujer que hoy ha salvado tu
vida permanecerá conmigo. Pues para mí todavía no has probado quien eres. Si tú
eres un defensor de Kirun matarás al tirano de Guipac y al cobarde de Ilman. Pero
si te revelas contra mí que soy el verdadero gobernante por derecho de sangre
de Koria, no te consideraré más como eso. Si acaso recibimos un ataque del ejército
de Fenor aquí, sabré que has sido tú y ella será la primera en morir y tú serás
el siguiente” –Ilko prefirió omitir la parte en la que Andoo le había pedido
matar a Guy también, pues debería de dar demasiadas explicaciones. Luego
continuó—. Desde ese día que he pensado en Miana. Su vida depende de mis actos.
Hice mi parte contra Guipac pero no sé cómo convencerme a mí mismo para
enfrentar a estos hombres.
—¿Valoras más la
vida de esta mujer que la libertad de los habitantes de Kirun? —preguntó Raen.
Guy contestó
la pregunta que Raen había hecho al bardo —Cuando fuimos a rescatar a Texu
perdimos hombres en el camino. ¿O no fue así? ¿Crees que valoro más la vida de
ella que la de los hombres que murieron a mi mando? —Raen intentó contestar
pero Guy no se lo permitió—. No responderé tu pregunta con otra pregunta, pues
lo que intento decirte es esto. Nosotros regresamos por un ideal y es que no
dejamos compañeros atrás. La vida de los nuestros exige sacrificio de uno o de
muchos. No puedes decidir que es más justo sacrificar, si la vida de esta mujer
o la de muchos en la ciudad porque lo realmente justo es impedir que nos obliguen a tomar esa decisión.
Raen soltó su
espada y con la mano que la sostenía acaricio su barba. Luego se levanto del
suelo y se inclino ante Guy y el bardo —Cargar esa espada requiere valor,
hombre, que he demostrado no tener. Pero no me avergüenza pelear a tu lado. Ha
sido un honor servir bajo tu mando dama de Montevid. Reconquistaremos Kirun, de
los clérigos o de estos rebeldes, si tú nos guías.
—Kirun está
fuera de nuestro alcance, capitán Raen. Somos un puñado de hombres contra una
ciudad. Hoy pudimos vencer porque la suerte estaba de nuestro lado y aun
nuestra retirada nos costó la vida de muchos hombres. Regresar allí y pelear
contra miles de hombres no es una opción. Y aunque lo fuera, ya no deseo ver más
la sangre de los hombres de Fenor derramada en sus propias tierras.
La voz potente
de Nin interrumpió las palabras de Guy —Miren allí. —Señaló hacia donde estaba
la ciudad. Por varias de las entradas de Kirun salían hombres cargando
antorchas en el medio de la noche. Guardaron silencio por un tiempo.
Guy hizo que
sus hombres se formaran. Avanzó en la noche hasta el puente de Breadan sin
cruzarlo. Si el ejército de rebeldes atacaba allí reducirían el frente de
batalla. Los hombres de Guy estaban agotados pero deberían seguir luchando.
Pasó el tiempo y las antorchas avanzaban lentamente. Guy decidió entonces
enviar a un grupo de hombres a investigar de que se trataba. Texu juntó a
varios de sus caballeros montados en los animales más veloces y cabalgaron
hacia la ciudad a ver de cerca a los hombres que avanzaban. Cuando Texu regresó
la mayor supó que no se trataba del ejercito de rebeldes sino de una parte de
la ciudad de Kirun que se alejaba de la misma por temor a los rebeldes. Andoo
finalmente había vencido a los clérigos que quedaban y había tomado control de
la ciudad en una gran revuelta. La ciudad de Kirun era grande y tomarla por
completo le tomaría tiempo. Aunque disponía de los hombres suficientes para
hacerlo. Podía enfrentar a quienes tratasen de sitiar la ciudad y luchar contra
los pocos que todavía se le resistían atrincherados en varios edificios importantes.
Andoo solo había continuado con el caos iniciado por Guipac e Ilman. Los
exiliados de Kirun habían quedado ahora a cargo de la Mayor Guy de Montevid. Habían
escapado en medio del frio del invierno sin provisiones o abrigo y la ciudad más
cercana estaba a dos días. Guy también supo que la reserva de agua de la ciudad
pronto se acabaría. Eran las llamas de Kirun lo que evitaba que el agua de la
cisterna principal se congelase. Con el templo destruido y la gema en manos de
Texu Andoo ya no podía utilizar el agua de allí. Los molinos con los que subían
el agua se habían detenido.
—¿Qué haremos
ahora? —preguntó Nin.
—No hay forma
de mantener esta posición. Esta noche descansaremos, mañana tú, Raen y Kaner de
Riorojo guiarán a nuestros hombres y a los habitantes de Kirun que se nos han
unido camino a la ciudad más cercana. Las tropas de Guiles de Minbou pueden
tardar hasta cinco días en llegar. De una forma u otra espero que regresen a
encontrarse con nosotros. —ordenó Guy.
—¿Piensa
quedarse usted con alguien a mantener la posición? —preguntó Nin nuevamente.
—No. La ciudad
de Kirun pronto estará indefensa. A menos que nieve.
Nin frunció el
ceño —¿Y usted es capaz de hacer que nieve?
—No, Nin no soy capaz de hacer
que nieve. Pero creo saber cómo traer agua a estas tierras otra vez. Y con un
poco de suerte quizás pueda aprovechar eso para recuperar Kirun. Tienes tus
ordenes Nin. —El hombre asintió con su cabeza y se retiró dejando sola a Guy.
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