jueves, 9 de enero de 2020

13 - La historia


Torre de Fruel, territorio de Kirun, provincia de Koria.
Día 06 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir. Medianoche.

            Raen era tan alto como Nin y tan poderoso como él. Estaba sentado en la parte superior de la torre limpiando su espada. Era de noche y podía verse a lo lejos el incendio en la ciudad de Kirun y el humo del templo que todavía ardía. Pronto se vería forzado a descansar ya que había sido un día agotador. Pero todavía no se había quitado la armadura y no se había preocupado tampoco por conseguir abrigo alguno.
—Entonces, —dijo Raen dirigiéndose a Guy y al bardo— Kaner de Riorojo me ha contado sobre lo que sucedió en el templo del sol. Has sido capaz de vencer al esbirro de Guipac con esa espada destruida. Digna historia de contar para un bardo.
—Gracias.—contestó Ilko que no sabía cuan en serio era el elogio que estaba recibiendo.
—Pero no nos has contado todavía sobre como escapaste de los rebeldes. O que viviste con ellos —Raen sonrió—. O por lo menos no a mí. Texu —El hombre elevó la voz llamando la atención de la mujer—. ¿Tú has escuchado esa historia acaso?
—No. No lo he hecho, la única información que recibí ha sido de Guy en quien confió. respondió Texu.
—¿Tú acaso no lo haces? —preguntó Guy a Raen.
—Lo que le he visto hacer, Mayor, me ha dejado sin palabras. Y si este hombre ha derrotado a una criatura como la que Kaner describe, me resulta comprensible que haya escapado de los rebeldes. Solo quiero escuchar una historia antes de irme a dormir —Raen bostezó y luego agregó—. Confío en usted más que en mi propia espada.
Guy miró al bardo y le indicó que contase su historia. Ilko comenzó su relato —Como les he contado ya, esta espada ha sido un regalo del rio muerto que cruzamos esta tarde cabalgando sobre el puente de “Breadan”. El rio me hizo prometer que viajaría hasta el norte siguiendo su camino hasta llegar a donde nace, que es donde se encuentra la ciudad que ha sido la tumba del más grande de nuestros héroes y liberar su alma que ha quedado prisionera allí. Y cuando prometí esto la espada brilló, llamando la atención de los hombres que ahora han tomado Kirun. No escuché más la voz del rio y de pronto me vi rodeado por los rebeldes, una vez más. En el último encuentro que había tenido con ellos una sartén había sido mi arma, ahora con mi espada sentí que tenía alguna oportunidad.
—¿La espada te ayudó a ganarle a los rebeldes aun cuando te superaban en número? —preguntó Raen intrigado.
Pero Ilko rio fuertemente —No. En realidad no tenía oportunidad alguna. Quizás si fuese un guerrero experto como tú, Raen. Pero no lo soy y no me valdría de las armas en ese momento. El rio me dio una espada pero no me enseñó a usarla. Los rebeldes no deseaban matarme, de todas formas. Solo interrogarme. Pero si levantaba mi espada contra ellos me matarían fácilmente. Así que me rendí. Me ataron y por suerte se llevaron mi espada con ellos. Caminé esa noche más de lo que recuerdo haya caminado alguna vez en mi vida. Hasta que por fin llegamos donde estaba su campamento. No perdieron el tiempo en vendarme. Aunque poco podía ver yo de noche.
—¿Sabes dónde está la guarida de estos hombres? —preguntó otra vez Raen.
—Sí, pero te aseguro que no queda nadie allí.
—Quizás ahora no. Pero podríamos haberle atacado antes. —Insistió Raen.
—¿Con cuales hombres? —Intervino Guy—. Deja que el bardo termine de contar su historia.
Raen se disculpó un poco de mala gana y el bardo continuó —Al sur de Kirun camino a Tulis, mi ciudad natal, está su campamento. Entre cuevas y aberturas entre el cañón del rio muerto. Allí vivían todos los exiliados de la ciudad de Kirun y muchos hombres de Tulis también. Y no me refiero solo a guerreros, estaban allí campesinos, mujeres y niños. Todos aquellos que habían caído en desgracia por el terror del gobierno de Guipac e Ilman, que hoy son comidos por los gusanos.  Estuve prisionero por un día sin recibir alimento ni agua. Era custodiado por dos hombres armados. A la noche siguiente de llegar al campamento llegó quien creí que sería mi verdugo, en busca de información. El hombre era siniestro y realmente inspiró en mi terror al solo verlo. Sobre todo porque no tenía nada de información para darle. El valor no me servía de nada en ese momento. Así que hice lo único que realmente se hacer. Le conté una historia. Eso me ha dado de comer hasta el día de hoy. Si me había mantenido con vida estos últimos años, quizás lo haría otra vez ese día, pensé.
—¿Y qué fue lo que le contaste? —preguntó Raen.
—Pues en parte la verdad y en parte no. No mentí sobre quién era. Ni tampoco sobre quien era ella —dijo señalando a Guy—. Le conté sobre la gran Guy de Montevid la mata dragones y sobre la batalla de Fenor. Y de cómo había matado a diez dragones ella sola y que  por eso había vencido con tanta facilidad al comandante de las fuerzas rebeldes.
—Creí que la Mayor había matado solo a un dragón. —Intervino Raen.
—Bueno, exageré un poco —contestó el bardo y Raen se soltó a reír a carcajadas—. Y también le conté sobre La Orden del Gato Azul. Y sobre como Guy era una de ellos ahora.
Raen dejó de mirar al bardo y volteó a ver a Guy —¿Es eso cierto?
—Sí. —contestó Guy que no desperdiciaba palabras.
—Entonces… estos guerreros existen realmente —continuó Raen—. Pensé que solo eran exageraciones de los bardos. ¿Realmente un muerto maldito pisó la fortaleza de Fenor y partió con su hacha a los orcos del condenado Murgthiz? Y ¿Un guardián de hierro protegía al hombre de blanco que hizo cantar a la espada de Fenor? ¿Es cierto que una elfa resucitó aun después de recibir cientos de golpes y heridas?
Nin estaba parado y miraba al hombre —Cosas aun más increíbles sucedieron. Y la armadura de Guy que puedes ver ahora ha sido un regalo de estos guerreros a nuestra Mayor. —Raen lo escuchó y no dijo nada más.
—Yo deseaba convertirme en un prisionero valioso. Diría que tenía aliados en todas partes que vinieran a rescatarme. Por eso le hablé también sobre Neilad y La Orden del Gato Azul. Todo cuanto sabía y podía inventar sobre eso. Y dio resultado, en parte. De todos los interrogatorios que ese hombre había llevado a cabo ninguno había sido tan extravagante. Así que fui llevado en presencia del jefe de estos rebeldes. Que quería saber que estaba haciendo la orden del gato azul aquí y por qué Guy de Montevid había llegado a Kirun. Le dije entonces que ahora que ellos habían atacado a Guy la tendrían de enemiga. Pero al líder de los rebeldes no pareció molestarle eso. Solo le intrigaba mi historia. Estaba claro que si había decidido atacar al ejército de Fenor no esperaría tenerlo de otra cosa que de enemigos. Le conté entonces sobre lo que me había ofrecido el rio. Y esto pareció enfurecerlo. Pues al parecer no sabía yo quien era él.
—¿Quién? —preguntó Texu—. Tenemos identificados a muchos de ellos. Pero jamás fuimos capaces de llegar a su líder. Lo único que sabemos es que su nombre es Andoo. Lo más alto que llegamos en su cadena de mando fue a Hirshac, el hombre que mató Guy el primer día que llego a la ciudad.
—Su nombre en Andoo. No es un noble como era Hirshac. —respondió Ilko explicando por qué Texu no lo conocería.
—¿Y por qué Hirshac lo seguiría? Hirshac era uno de los terratenientes más importantes de Koria, antes de que Ilman se apropiase de sus tierras.
—Andoo afirmaba ser de la estirpe de Dulis. La ultima dinastía de reyes de Koria. Andoo fue capaz de hacerse de un gran número de seguidores. Y clamaba ser el verdadero heredero del trono de Koria.
—Eso es imposible. La familia real de Koria fue exterminada en la gran guerra trescientos años después de la muerte de Bridan. —Texu se detuvo y corrigió—. Breadan. Ningún familiar de él quedó con vida.
—Yo pensaba igual pero aun así este hombre afirmaba ser descendiente de uno de los primos de Breadan. Del tercer hijo del Rey de Minbou tío de nuestro héroe. El rey de Minbou se llamaba Zureman Dulis. Y fue el primer rey de Koria. Ducuñar su primer hijo fue el segundo rey de Koria. Mitén su segundo hijo murió antes de que Breadan se convirtiera en el héroe de estas tierras. De Zuñar su tercer hijo poco se sabía, solo que fue compañero de Breadan en la campaña anterior a su desaparición en la ciudad que construyó Kirun para él. Andoo me dijo que Zuñar se había casado en secreto y había tenido descendencia. Y que él era parte de esa familia. Su sangre real se había lavado a lo largo de las generaciones. Pero que aun así era el único verdadero gobernante genuino de la ciudad Kirun y del reino de Koria. Y se sintió ofendido cuando le dije que la espada que me habían quitado era la espada de Breadan. Y mucho más cuando le expliqué que solo yo podía usarla. No sé porque le conté eso, me dejé llevar por la historia.
Texu lo interrumpió —Si lo que dice Ilko es cierto y este hombre, Andoo, es el verdadero heredero al trono… —La mujer miró a Guy—. ¿Por qué no nos habías dicho esto?
—No tengo todas las piezas que completan esta historia mujer. No reconozco la autoridad de este supuesto rey de Koria. Y no tengo motivos para creerle tampoco. —contestó Guy seria.
—¿Temías que yo también me uniera a la lucha de este hombre en busca de la independencia de Koria?
—Si temiese eso no le habría permitido al bardo que contase su historia. Te considero una amiga y una aliada. Pero tengo bien claro que como has dicho tienes tu propia causa. No peleas ya para el ejército de Fenor.
—No peleaba para Unmar, pero lo hago por ti. —Texu maldijo.
—Escucha el resto de la historia y cálmate. —dijo Guy tratando de calmarla.
Ilko continúo —Andoo estaba enfurecido. Y ordenó mi ejecución. No comprendía entonces su odio y todavía hoy no lo comprendo. Quizás no le gustó que me relacionara de alguna forma con Breadan. O pensó que si llevaba esta espada los hombres que lo seguían empezasen a seguirme a mí. Pensé que moriría sin poder cumplir mi palabra. Quizás después de todo solo había alucinado y me había tropezado con una espada oxidada que no era nada más que eso. Mi imaginación suele ser muy grande. Pero alguien creyó en mis palabras aun cuando yo no las creía del todo. Una mujer llamada Miana de Berberak.
Texu guardó silencio pero aun así reaccionó al nombre de la mujer —La conoces ¿No es así, Texu? —preguntó Guy.
—Su padre es el amigo del que te conté. El que los rebeldes mataron en Kirun.
—Sí, yo también tengo informantes. Y sabía esto para cuando Ilko me lo contó—. Aclaró Guy.
—Yo había conocido a Miana hace un par de años atrás. Ella tiene una voz hermosa —continúo el bardo—. Para que entiendan los motivos de Miana para creer en mí solo diré que alguna vez estuvimos muy enamorados. Pero no soy noble o un Korien de raza pura como para merecerla. Soy solo un bardo de Tulis. Miana que estaba en la corte de Andoo lo desafío al afirmar que ella si creía en mi palabra.
—¿Y qué pasó después? —preguntó Texu—. ¿Qué pasó con Miana?
—Miana estaba dispuesta a hacer un pacto de vida por mí. Arriesgaría su vida para probar mi que mis palabras eran ciertas. —explicó Ilko.
Texu asintió con su cabeza —Un pacto de vida. No me extraña, la familia de Berberak son marineros después de todo.
—Sí. Andoo decidió poner a prueba a mi espada y a mí. Como le había contado que la espada solo podía ser usada por mí la prueba debía ser completada por mí. Y como sabía que yo no era un guerrero no podía enfrentarme a alguno de sus hombres. Meditó sobre varios minutos como desafiarme y como probar que no era yo más que un charlatán. Pude ver como se dibujaba una sonrisa en su rostro cuando por fin se le ocurrió la más macabra de las ideas. Me dijo con su potente voz “Si tu espada es la espada de Breadan y con su poder proteges a Kirun salvarás la vida de quien defiende tu honor.” He hizo encadenar a Miana. Luego sus hombres nos rodearon y trajeron a un cesto. Dentro de el traían a una serpiente de gran tamaño. Tan ancha como la pierna de un hombre, tan larga como dos caballos. Era muy pesada podía verse ya que el cesto era traído por dos de sus guardias. Hizo que sus hombres clavasen mi espada en el suelo y prendieron a su alrededor una pequeña hoguera. El color de mi espada cambió y podía notarse que había cambiado también su temperatura. Un hombre con la mano desnuda se quemaría al tocarla. Andoo hizo que liberaran a la sierpe y la golpearon para que atacase a Miana. Luego me dijo “Si solo tú puedes usar esa espada no te quemarás como lo haría cualquier hombre al tocarla. Pues ella debería permitirte salvar a esta mujer de Kirun de una muerte tan injusta. Levanta esa espada si eres un verdadero defensor de Koria.”
—¿Quitaste la espada del fuego, bardo? —preguntó Raen.
—Los hombres de Andoo me soltaron entonces. No podía dejar que Miana muriese. En ese momento ni siquiera yo estaba del todo convencido de que la espada fuera capaz de hacer algo de lo que me había dicho el rio. Pero no tenía otra opción. Así que tomé la espada con mi mano como lo había hecho la noche anterior en el rio. Y para mi sorpresa la espada estaba fría a mi tacto. Enfrenté a la serpiente y me alcanzó un solo golpe para dividirla en dos partes. Luego golpeé con mi espada a las cadenas de Miana y las rompí. No solo los hombres de Andoo se convencieron de que lo decía era cierto sino que yo también. No dudo desde entonces de esta espada.
—¿Fue entonces cuando Andoo te liberó? —preguntó nuevamente Raen.
—No. Aun cuando había probado que era lo que decía, no deseó liberarme. Pero había impresionado a muchos de sus hombres. Ellos trataron de convencerlo de que quizás yo había sido enviado a matar a Guipac. Andoo en cambio decía que si yo era enviado del rio no sería de fiar, aun llevando la espada de Breadan. Debatieron un largo rato sobre si debían dejarme ir o no. Incluso volvieron a calentar a mi espada para levantarla ellos mismos porque algunos todavía desconfiaban. Pobres, solo consiguieron quemarse. Finalmente Andoo decidió que me dejaría ir pero me dio esta advertencia: “Esta mujer que hoy ha salvado tu vida permanecerá conmigo. Pues para mí todavía no has probado quien eres. Si tú eres un defensor de Kirun matarás al tirano de Guipac y al cobarde de Ilman. Pero si te revelas contra mí que soy el verdadero gobernante por derecho de sangre de Koria, no te consideraré más como eso. Si acaso recibimos un ataque del ejército de Fenor aquí, sabré que has sido tú y ella será la primera en morir y tú serás el siguiente” –Ilko prefirió omitir la parte en la que Andoo le había pedido matar a Guy también, pues debería de dar demasiadas explicaciones. Luego continuó—. Desde ese día que he pensado en Miana. Su vida depende de mis actos. Hice mi parte contra Guipac pero no sé cómo convencerme a mí mismo para enfrentar a estos hombres.
—¿Valoras más la vida de esta mujer que la libertad de los habitantes de Kirun? —preguntó Raen.
Guy contestó la pregunta que Raen había hecho al bardo —Cuando fuimos a rescatar a Texu perdimos hombres en el camino. ¿O no fue así? ¿Crees que valoro más la vida de ella que la de los hombres que murieron a mi mando? —Raen intentó contestar pero Guy no se lo permitió—. No responderé tu pregunta con otra pregunta, pues lo que intento decirte es esto. Nosotros regresamos por un ideal y es que no dejamos compañeros atrás. La vida de los nuestros exige sacrificio de uno o de muchos. No puedes decidir que es más justo sacrificar, si la vida de esta mujer o la de muchos en la ciudad porque lo realmente justo es impedir  que nos obliguen a tomar esa decisión.
Raen soltó su espada y con la mano que la sostenía acaricio su barba. Luego se levanto del suelo y se inclino ante Guy y el bardo —Cargar esa espada requiere valor, hombre, que he demostrado no tener. Pero no me avergüenza pelear a tu lado. Ha sido un honor servir bajo tu mando dama de Montevid. Reconquistaremos Kirun, de los clérigos o de estos rebeldes, si tú nos guías.
—Kirun está fuera de nuestro alcance, capitán Raen. Somos un puñado de hombres contra una ciudad. Hoy pudimos vencer porque la suerte estaba de nuestro lado y aun nuestra retirada nos costó la vida de muchos hombres. Regresar allí y pelear contra miles de hombres no es una opción. Y aunque lo fuera, ya no deseo ver más la sangre de los hombres de Fenor derramada en sus propias tierras.
La voz potente de Nin interrumpió las palabras de Guy —Miren allí. —Señaló hacia donde estaba la ciudad. Por varias de las entradas de Kirun salían hombres cargando antorchas en el medio de la noche. Guardaron silencio por un tiempo.
Guy hizo que sus hombres se formaran. Avanzó en la noche hasta el puente de Breadan sin cruzarlo. Si el ejército de rebeldes atacaba allí reducirían el frente de batalla. Los hombres de Guy estaban agotados pero deberían seguir luchando. Pasó el tiempo y las antorchas avanzaban lentamente. Guy decidió entonces enviar a un grupo de hombres a investigar de que se trataba. Texu juntó a varios de sus caballeros montados en los animales más veloces y cabalgaron hacia la ciudad a ver de cerca a los hombres que avanzaban. Cuando Texu regresó la mayor supó que no se trataba del ejercito de rebeldes sino de una parte de la ciudad de Kirun que se alejaba de la misma por temor a los rebeldes. Andoo finalmente había vencido a los clérigos que quedaban y había tomado control de la ciudad en una gran revuelta. La ciudad de Kirun era grande y tomarla por completo le tomaría tiempo. Aunque disponía de los hombres suficientes para hacerlo. Podía enfrentar a quienes tratasen de sitiar la ciudad y luchar contra los pocos que todavía se le resistían atrincherados en varios edificios importantes. Andoo solo había continuado con el caos iniciado por Guipac e Ilman. Los exiliados de Kirun habían quedado ahora a cargo de la Mayor Guy de Montevid. Habían escapado en medio del frio del invierno sin provisiones o abrigo y la ciudad más cercana estaba a dos días. Guy también supo que la reserva de agua de la ciudad pronto se acabaría. Eran las llamas de Kirun lo que evitaba que el agua de la cisterna principal se congelase. Con el templo destruido y la gema en manos de Texu Andoo ya no podía utilizar el agua de allí. Los molinos con los que subían el agua se habían detenido.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó Nin.
—No hay forma de mantener esta posición. Esta noche descansaremos, mañana tú, Raen y Kaner de Riorojo guiarán a nuestros hombres y a los habitantes de Kirun que se nos han unido camino a la ciudad más cercana. Las tropas de Guiles de Minbou pueden tardar hasta cinco días en llegar. De una forma u otra espero que regresen a encontrarse con nosotros. —ordenó Guy.
—¿Piensa quedarse usted con alguien a mantener la posición? —preguntó Nin nuevamente.
—No. La ciudad de Kirun pronto estará indefensa. A menos que nieve.
Nin frunció el ceño —¿Y usted es capaz de hacer que nieve?
—No, Nin no soy capaz de hacer que nieve. Pero creo saber cómo traer agua a estas tierras otra vez. Y con un poco de suerte quizás pueda aprovechar eso para recuperar Kirun. Tienes tus ordenes Nin. —El hombre asintió con su cabeza y se retiró dejando sola a Guy.

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