jueves, 9 de enero de 2020

12 – La revuelta


Ciudad de Kirun, provincia de Koria.
Día 06 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.

         Guy y sus hombres avanzaron hacia el interior de la ciudad buscando el árbol que Texu había mostrado antes a Guy, en el barrio de los mestizos. Pero estaba muy adentro de la ciudad y sabían que aun antes de llegar deberían usar el filo de sus espadas. Pronto encontraron a los primeros clérigos. Pero para su sorpresa estaban siendo atacados por varios de los hombres de Kirun. Posiblemente rebeldes. Lo hubieran sido antes o no, ahora estaba clara la posición de ellos. Guy recordó lo que había dicho Guiles, al final aun los indecisos habían elegido un lugar al verse forzados por esto. Guy atacó y fue más sencillo vencerlos. Los caballeros cayeron sobre ellos a toda velocidad. Embistiendo con sus caballos y espadas. Y el pequeño grupo de clérigos dejó de existir. Y tan rápido como habían sido exterminados siguieron en busca de Texu. Pasaron cerca de donde estaba la propiedad de Kaner y lo vieron luchando junto con muchos de sus hombres. Y nuevamente cargaron sobre los clérigos que no eran suficientes y que tampoco eran guerreros entrenados y expertos como ellos. Kaner y sus hombres se unieron a Guy e informados de lo sucedido continuaron adentrándose en la ciudad a toda velocidad. Kaner miró atrás para ver por última vez el cuerpo de muchos de los hombres que habían dado su vida por él.
           
            Antes de llegar al árbol de los muertos, Guy tendría que vencer en otra escaramuza. Esta vez los clérigos eran más y los superaban en número. Pero las tropas de Texu tenían todavía una carta por jugar. Eran caballería ligera y por esto mas agiles y flexibles que los caballeros de Guy. Estaban equipados con arcos y varias municiones y su puntería era excelente. La primera línea de caballeros chocó contra los clérigos. Los hombres de Guy y Kaner con pesadas armaduras podían defenderse mejor que los de Texu. Y blandían espadas más grandes que dañaban la poca protección que llevaban los clérigos. La lanza de Guy atravesó el pecho de muchos hombres que jamás tuvieron oportunidad. Pero los clérigos eran demasiados y pronto flanquearon a los caballeros. Los hombres de Texu entonces se abrieron y comenzaron a cabalgar en círculos lanzando sus flechas contra las espaldas de los clérigos y cuando diezmaron lo suficiente a sus enemigos atacaron con sus espadas. Le había costado la vida de diez hombres pero los clérigos estaban ahora todos muertos. A lo lejos Guy pudo ver el árbol donde se hacían las ejecuciones y a una multitud luchando entre sí alrededor de él.

            Los familiares de los perseguidos y los mismos rebeldes que habían permanecido ocultos en el pueblo luchaban contra una masa de clérigos y simpatizantes de Guipac que habían querido usar nuevamente el árbol como muestra de su poder colgando a Texu, Unmar y a varios más, entre ellos los espías de Texu. Pero algo se les había salido de las manos. Uno de los clérigos se cansó de golpear a los manifestantes y desenfundó su espada. Empuñó con fuerza el arma hacia adelante y una mujer cayó muerta. Luego de esto la multitud enloqueció. Asustados, algunos intentaron escapar pero otros solo reaccionaron de una manera más violenta. Comenzaron a llover piedras sobre los clérigos y todos ellos desenfundaron sus armas. Unmar y Texu que estaban prisioneros también recibieron la lluvia de piedras, pero estaban atados y no podían defenderse. Guy y sus hombres aprovecharon esta oportunidad. La multitud no tenía chance contra los clérigos que en poco tiempo los matarían a todos. Al ver que Guy avanzaba sobre ellos empuñando la lanza que había derribado al dragón, los clérigos que sabían de su fama se asustaron. Y decidieron terminar con su ejecución de la manera más rápida. Los que estaban cerca de Texu armados con sus espadas quisieron matarla. Texu todavía no se entregaba y se las arregló para patear a uno de ellos. Luego cayó al piso, indefensa y maniatada. Pero las flechas de sus compañeros alcanzaron a los clérigos. Uno recibió una en el cuello y se tomó el mismo con ambas manos soltando la espada. Otro recibió tres en el pecho y cayó muerto ahí donde estaba. Un tercero recibió una al costado de su cuerpo y mientras trataba de quitársela Guy, que había llegado a ese lugar lo atravesó con su lanza. El cuerpo del hombre terminó sobre el del clérigo que sostenía su cuello mientras agonizaba dando sus últimos respiros. Los caballeros de Guy rodearon a Texu, a Unmar y a los espías, mientras las fuerzas de Kirun al mando de Texu la protegían lanzando flechas. Guy liberó a Texu de sus ataduras y le dio uno de sus dos caballos. Texu levantó dos de las espadas que habían soltado los clérigos antes de morir. Unmar había sido liberado pero estaba siendo sostenido por dos de los caballeros de Montevid. El General Unmar se arrojó al suelo.
—Dame la oportunidad de vengarme de Guipac e Ilman. Dama de Montevid.
—¿Por qué habría de fiarme de ti? —contestó secamente Guy.
—Sé que merezco la muerte. Pude haber detenido esto antes. Solo dame la oportunidad de morir luchando. —El hombre lloraba en el piso.
—Que así sea. Pero yo misma te mataré si nos traicionas. Levántate ahora y toma las armas que puedas, nos vamos ya.
—Vayan ustedes, yo me quedaré a matar a Ilman. Se encuentra en el templo con Guipac. Y la mitad de sus hombres se encuentra desparramada por la ciudad. Iré por los hombres que me queden a aniquilar cuantos clérigos pueda. Me iré así de este mundo. —Unmar secaba sus lágrimas mientras levantaba una espada del suelo.
—Los rebeldes están llegando. —Pensó Guy en voz alta—. Guipac no conseguirá reagrupar a todos sus clérigos a tiempo antes de que nosotros lleguemos al templo.
Raen intervino —Mayor, ¿hace unos minutos estaba dispuesta a abandonar la ciudad y ahora desea enfrentarse sola a todo el ejercito de clérigos del sol?
—Mira a tu alrededor Raen, esto es el caos. Entre todo esto tenemos alguna oportunidad. —respondió Guy.
Kaner que era un poco mayor que Guy lanzó una carcajada —No, no la tenemos pero yo iré igual a intentar cazar a esa basura.
Texu agitó las riendas de su caballo —Vamos estamos perdiendo el tiempo acá. —Y partió a todo galope. Detrás de ellas fueron sus hombres, que le habían salvado la vida.
—¡Vamos, valientes de Koria! —gritó Guy siguiendo a Texu junto con el bardo que había sobrevivido a la batalla y que ese día todavía no había tenido oportunidad de usar su espada. El General Unmar fue detrás. Raen y el resto de los hombres solo lo pensaron un segundo antes de seguirlos también.

            En el camino al templo Unmar había juntado a los soldados del ejército real bajo su mando que todavía no había sido absorbido por Guipac y su armada. Muchos hombres que antes habían servido para él ahora blandían sus espadas en contra suyo. Con esfuerzo juntó casi cuatrocientos caballeros. Al llegar al templo del sol Guy vio como los clérigos atrincherados entre las columnas se defendían del pueblo de Kirun. La dama de Montevid notó enseguida que los rebeldes se vestían con túnicas grises para diferenciarse. Pero el frente del templo era amplio y para poder cubrir todos los lados habían tenido que alargar mucho sus filas. Los clérigos eran muchos más pero defendían un área demasiado grande.
—Escucha Emisaria. –dijo Unmar dirigiéndose a Guy—. He descubierto el porqué de la muerte de Piedradorada, el joven de gran altura. El korien noble que se convirtió en clérigo. No es que importe ahora pero no queda tiempo, y después no podré decirte. Aunque Guipac cuenta con el apoyo de muchos nobles su paranoia no lo dejaba tranquilo. Los hombres más cercanos a él están bajo su control absoluto gracias a una droga que les suministra. Si desafían cualquiera de sus órdenes les priva de esta droga. Lo que los vuelve locos. Piedradorada habría cometido algún error y sin la droga buscó en el mercado negro. Tomó demasiada y murió de una sobredosis. Habrá más hombres así dentro del templo. Ellos no sienten miedo y no se detienen ante nada.
Guy asintió con su cabeza luego contestó —Estamos frente al templo ahora y tú tienes a tus hombres. Has tu parte ahora si realmente hablaste enserio. Ábreme camino y yo entraré al edificio en busca de Ilman y Guipac.
—Iré allí pero no para abrirte una brecha sino para matar a cuantos clérigos me sea posible. –contestó el militar que enseguida lanzó una carga contra los clérigos. Un acto estúpido que costó la vida de muchos hombres. Pero cuando llegaron, los clérigos comenzaron a retroceder. Y se vieron forzados a dejar de disparar contra los rebeldes. Estos aprovecharon su oportunidad de atacar y se lanzaron también contra los clérigos.

            Pero entre la multitud que rodeaba al templo también estaban los simpatizantes de Guipac que era muchos, ellos también lucharon. La sangre de Kirun se derramó por los escalones del templo del sol. Texu desesperada no deseaba esperar más para lanzarse al ataque. Su oportunidad llegó pronto y actuaron velozmente. Guy comandaba ahora una división de casi cuarenta hombres entre los caballeros suyos los de Kaner y los de Texu. Y junto a Raen e incluso a Ilko. Y todos ellos cargaron con brutalidad en el punto más débil de la línea de los clérigos. Partiéndola en dos. A partir de allí ya no habría estrategia, ahora todo seria coraje y resistencia. Guy de Montevid, la mata dragones, se abrió paso con su lanza con Kaner a su derecha y Texu a su izquierda y detrás de ella y entre los otros dos iba el bardo blandiendo su espada oxidada. ¿Quién podía decirle que estaba más loco que cualquiera de los que había entrado en esa batalla?

            Los cuatro entraron cabalgando por las habitaciones del templo. Después serían seguidos por los demás si conseguían ellos pasar también. Guy seguiría avanzado hasta dar con Ilman. Escuchó la voz del General Unmar gritar y otro grito seco lo acompañó. Guy siguió lo que le decía su oído y llegaron a la habitación donde estaba Unmar. El General había cobrado una parte de su venganza. Había podido atravesar las líneas de los clérigos aprovechando la confusión, antes que ellos, y había alcanzado al gobernante de la ciudad. Ilman había sido un cobarde y había muerto huyendo. Las puertas de un pasillo se abrieron de pronto a un costado y más clérigos entraron en batalla. Cuatro de ellos se distinguían de los demás por su gran tamaño. Nobles de Koria de la más pura estirpe bajo el control de Guipac gracias a su droga. Sus más cercanos guardianes. Llevaban espadas más pesadas y una armadura completa. Sus cuerpos eran puro musculo. Y podía sentirse su descomunal fuerza. Unmar peleaba de pie en ese momento y fue el primero en enfrentarlos. Era uno de los generales del ejército real de Fenor y como tal un diestro guerrero. Ya había matado a tres clérigos antes de que uno de los “gigantes” cayese sobre él. La estocada llegó desde arriba y Unmar alcanzó a cubrirse. Pero fue tan brutal que el general tuvo que apoyar una de sus rodillas en el suelo. La segunda estocada no pudo frenarla y llegó desde su costado izquierdo. La espada del clérigo noble se clavó en su cuerpo desgarrando sus músculos y quebrando sus costillas. Ni su armadura había sido capaz de detener lo suficiente al golpe del monstruo.
—Retrocedamos. Que nos sigan, los enfrentaremos de a uno, entre los cuatro podremos con cada uno de estos gigantes. Si podemos separarlos.— Kaner hizo que su caballo diera media vuelta.
—El único motivo por el que me capturaron es porque me sorprendieron. Yo no retrocedo. ¡Jamás! —gritó Texu y se lanzó al ataque.
Montada sobre su caballo atacó al primero de los clérigos. Lanzó su caballo sobre él y el animal golpeó con sus patas delanteras al clérigo que cayó sentado al suelo. Estaba herido pero todavía podría pelear. El segundo clerigo atacó con su pesada espada, pero ella cargaba dos y sentada sobre su montura y utilizando las dos armas al mismo tiempo fue capaz de detener el golpe, aunque con gran esfuerzo. Él levantó su espada para dar un segundo golpe pero Texu anticipó su movimiento y clavó una de las suyas en su cuello que estaba a la altura de sus ojos. Uno de los gigantes había muerto. Escuchó un grito detrás de ella. Otro de los clérigos de gran tamaño embistió a ella y su montura. Eran bestias que peleaban sin control alguno. Texu cayó al suelo e incluso su caballo terminó acostado en el piso. Guy peleaba contra el resto de los clérigos que todavía estaban en la sala. Detrás se escuchaban pasos de varios hombres, mas llegarían pronto. Texu enfrentaba ahora a dos de los clérigos gigantes y los esperaba en guardia con sus dos espadas.
—¡Vengan! —gritó la mujer manchada.
Los clérigos trataron de golpearla pero ella era ágil y rápida. Y aunque ellos arremetían con fuerza ella consiguió eludirlos. Pudo herir a uno es su estomago cuando la espada que empuñaba en su mano izquierda atravesó la armadura del hombre en donde se plegaba. El gigante soltó su espada y se tomó con ambas manos donde estaba herido. El otro levantó su espada y se lanzó sobre ella. Pudo eludir el golpe aunque no con gran facilidad. Retrocedió y giró hacia uno de sus lados. La pesada espada golpeó el suelo y antes de que hombre pudiera levantarla Texu atacó con sus dos armas una y otra vez. Este fue el fin del gigante que cayó muerto a causa de los numerosos cortes. La mujer pasó por detrás del clérigo que sostenía su estómago y lo mató atravesando su espalda con la espada que cargaba en su mano derecha. En el tiempo justo pudo retirar el arma del cuerpo del hombre para poder defenderse del primero que había enfrentado. Que ahora, recuperado, volvía a atacarla. Nuevamente detuvo el golpe con sus dos espadas y se sintió el centelleo en el aire. Pero el gigante no volvería a ser sorprendido y pateó con toda su fuerza a la mujer. Texu cayó hacia atrás y quedó aturdida. El hombre venía por ella y desde el suelo, como estaba, no iba a ser capaz de defenderse. Silbó llamando a su animal. El gigante volteó al ver que el caballo se le acercaba y fue golpeado por sus patas traseras. Texu tuvo el tiempo suficiente para poder levantarse y atacar. Sus dos espadas se clavaron en el vientre del hombre, que todavía alzaba su espada. Nunca fue capaz de terminar su golpe. Guy de Montevid arremetió con su lanza que atravesó el cuerpo del hombre y lo empujó varios pasos más atrás. Guy quitó su lanza del cadáver y así también recuperó Texu sus dos espadas. Solo quedaban ellos cuatro en la sala.
Guy rio fuertemente y luego agregó —¡Tú sí que eres una verdadera mata gigantes!
—Te dije que tenía mi propia reputación. —contestó Texu.  
Kaner, Guy de Montevid, Texu e Ilko continuaron adentrándose en el templo del sol. No podían darse el lujo de perder más tiempo.

            Llegaron a la sala en la que había tenido lugar la última parte del rito del sol. Allí Guipac había hecho su demostración hacia pocos días. Ahora el sumo sacerdote los esperaba sentado en su trono y sostenía en su mano el báculo con la gema de Kirun. Los separaban de él varios fosos profundos que desembocaban en la cisterna de la ciudad y los muros de fuego de las llamas eternas de la ciudad de Kirun que funcionaban al antojo del sumo sacerdote. Guipac no estaba solo, varios clérigos todavía estaban en esa sala. Pero fueron poca cosa para las espadas de Texu y Kaner de Riorojo o para la lanza de Guy de Montevid la mata dragones.
—¡Han venido hasta aquí solo para morir! Has ido demasiado lejos emisaria del rey. Y tu Texu, maldita eres entre todas las mujeres. Recuerda que el poderoso dios sol te odia, y no a mí. Sentirán ahora el poder de Kirun. —Guipac levantó su báculo y las llamas crecieron.
El calor en la habitación también se elevó y el clima se puso insoportable. Afuera el frío los helaba y por eso estaban exigidos a usar abrigo y capas pero ahora todo eso estorbaba. Kaner no podía ver. El aire estaba llenó de vapor del agua que hervía en la cisterna y subía por los fosos. Solo había llamas delante de ellos. Podían retroceder pero no lo harían, no habían llegado tan lejos para nada. Además afuera solo los esperaban cientos de clérigos. Guy miró hacia atrás esperando que Raen y los caballeros de Guy llegasen pero esto no sucedió. Hacía demasiado calor. El bardo se quitó el abrigo. Kaner y Texu se dejaron sus capas pues con eso se protegerían de las llamas. Pero Guy permaneció igual. Su armadura no solo la había protegido del frio de afuera sino que además la hacía inmune a la temperatura que estaba viviendo ahora.
Guy empuñó con fuerza su lanza y se arrojó a las llamas. Guipac soltó una carcajada pensando que este sería el fin de la mujer. Pero Guy consiguió atravesar el muro de fuego y comenzó a subir por la escalera —Es tu fin Guipac. —gritó la mujer.
—Pero… ¿Cómo es posible que hayas sobrevivido? —El sumo sacerdote no podía entender como Guy había cruzado atreves del fuego. Pero luego notó que la túnica celeste y gris que llevaba se había quemado y ahora podía verse su armadura—. Maldita vistes la piel de un dragón.
—Si. Este es el regalo que La Orden del Gato Azul me ha ofrecido. Y con el soy inmune a tu magia, hechicero. También conocerás mi lanza. —gritó Guy la mata dragones.
—No es magia lo que controlo sino algo aun mucho más poderoso. Que es el poder divino. —El sumo sacerdote se puso de pie y dirigió nuevamente el báculo hacia las llamas. Esta vez una de las llamas saltó hacia la escalera y comenzó a cambiar de forma. Su tamaño creció y su altura se multiplico. Mientras crecía Guy notó como de la amorfa llama surgían primero dos brazos luego una cabeza con un horrible pico y luego dos piernas muy cortas. La criatura dio un alarido y se abalanzó sobre ella. Guy la atacó con su lanza. Pero solo atravesaba el cuerpo de la criatura sin dañarla. La criatura siguió atacándola hasta que la acorraló contra el muro de llamas. Después fue capaz de sujetar a Guy que seguía intentando hacerle daño a la bestia de fuego.
Pero algo que nadie esperaba sucedió. El bardo que hasta ese momento no había enfrentado a nadie ni había lanzado un solo golpe con su arma, se levantó. Alzó su espada oxidada señalando a Guipac y dijo —No permitiré que continúes con esto.
—¿Y qué pretendes hacer tú, ridículo hombrecito, con esa espada destruida? No tienes siquiera el aspecto de un guerrero.
—Esta es la espada de la justicia. La espada de Breadan el jinete celeste, protector de Koria. Kirun jamás se atrevería a dañarlo. —contestó el bardo.
Texu al igual que Kaner estaban arrodillados en el suelo cubriéndose con sus capas del calor y del fuego. El aire mismo ardía —Esto está fuera de nuestro control. No podemos ayudar a Guy. —dijo la mujer.
—No. Tengo fe en la espada de Breadan.
—Aunque esa sea realmente la espada de Breadan, tú no eres él.
Ilko ya no la escuchaba. Blandió su espada contra el muro de fuego y por un instante fue como si las llamas se hubieran dividió en dos. Aprovechó ese momento para saltar del otro lado. Estaba ahora junto a Guy. La espada de la justicia estaba ahora de un color rojo intenso. Y con ella el bardo atacó a la criatura que tenia prisionera a Guy. Quien pronto moriría sofocada. La bestia de fuego gritó adolorida y soltó a la mujer. Por fin habían podido herirla.
Guy se incorporó ayudándose con su lanza —Quizás esta era una espada mágica después de todo —Luego ordenó—. Lo que sea que hayas hecho, hazlo otra vez mata a la criatura.
Ilko siguió lanzando golpes y la criatura retrocedió hasta regresar a las llamas y desapareció en ellas. La había vencido. El bardo miró entonces al sumo sacerdote con odio y fue a enfrentarlo. Pero antes de poder alcanzarlo Guipac lo golpeó en la cara con su báculo. Ilko cayó por las escaleras hasta llegar a los pies de Guy.
No te preocupes —dijo la mujer—. Yo me encargaré de él.

Guipac también quiso golpearla a ella, pero Guy era una guerrera y detuvo el golpe con su lanza. Con su otra mano desenfundo su espada. El sumo sacerdote atacó nuevamente y esta vez Guy golpeó el báculo con su espada quitándoselo de sus manos. El báculo rodó por las escaleras hasta el nivel en el que se encontraba Texu pero ella no podía alcanzarlo por que todavía estaba delante el muro de llamas. Guy clavó su lanza en el hombro del sumo sacerdote. Él retrocedió adolorido y tropezó. Siguió arrastrándose hasta donde estaba el balcón.
—No, tú no acabaras conmigo, mata dragones. —Escupía Guipac desesperado.
Pero Guy lo siguió, caminando sin prisa. El hombre ya no era una amenaza. Ella se asomó al balcón para ver la locura que afuera acontecía. Los clérigos por fin se habían recuperado y junto a sus simpatizantes estaban tomando control nuevamente del templo. Los caballeros de Guy ya no tenían aliados.
—Ponle fin a lo que has desencadenado, tirano. Tus propios hermanos mueren.
Pero Guipac reía descontrolado —Nunca. —contestó.
—¿No te das cuenta de tu masacre? Kirun arderá por tu culpa.
—Sí. Sí —gritaba el sumo sacerdote. Y levantó sus manos. Las llamas de Kirun volvieron a crecer. Eran ya enormes habían alcanzado las paredes y el techo. Guipac iba a quemar al templo —. Sí, todo ardera muchacha.
Algo dentro del templo explotó. Guy fue alcanzada por la onda expansiva y tuvo que tomarse de la baranda del balcón para no caer. Las llamas estaban ahora por todos lados pero los muros de fuego habían desaparecido. El templo se quemaba. El clérigo quiso estrangular a Guy que interpuso su espada. Guipac escupió sangre. La mujer extrajo su arma del clérigo y luego lo sujetó de su atuendo blanco y lo arrojó del balcón. El cadáver destrozado del sumo sacerdote se mezcló con el de cientos de clérigos que esa tarde habían muerto en las escaleras del templo del sol.

            Texu llegó hasta donde estaba Guy cargando el báculo con la gema de Kirun. La ayudó a escapar de allí. Kaner de Riorojo hizo lo mismo con el bardo que estaba herido. Salieron de la sala justo a tiempo antes de que el techo comenzase a caer. El templo se derrumbaba a causa del incendio. Texu silbó y nuevamente su caballo apareció trayendo con él a los otros. Pero antes de que pudiera subirse al animal alguien salió de entre las llamas. Joselib el clérigo que acompañaba a Ilman, que había sido su guía espiritual antes de que Guipac tomase el poder.
—He estado ciego. Hipnotizado por el impresionante poder de Guipac. Soy libre ahora. Pero no merezco vivir. Y aun así créeme que solo deseo lo mejor para Kirun. —dijo el clérigo.
—Todavía podemos sacarte de aquí, Joselib. —dijo Texu.
—No — contestó Joselib rotundamente—. Debo detener estas llamas. Pero no puedo hacerlo solo con mi poder. Estas son las llamas eternas de Kirun. Jamás podría apagarlas y si nadie las controla quemarán a la ciudad misma. Necesito que confíes en mí y me prestes el báculo que le han quitado a Guipac. —Texu miró a Guy quien le dio una señal de aceptación moviendo su cabeza—. Gracias, no te alejes ahora no tengas miedo. Texu. —El clérigo se paró en el umbral de entrada y apunto el báculo hacia donde estaban las llamas que cada vez crecían más. Un torbellino de fuego divino comenzó a girar en la sala. Todo parecía estar peor. Pero entonces las llamas se dirigieron a la gema. El tiempo se detuvo por un segundo. Y luego otra gran explosión ocurrió delante de ellos. El fuego quemaba todo y había aumentado. Pero algo había cambiado. La gema de Kirun ahora ardía. El clérigo entregó el báculo a Texu nuevamente—. La llama de Kirun está ahora encerrada en esa gema. Lo que queda es solo fuego y puedo detener esto por un tiempo con mi poder. Escapen de aquí y no miren atrás.

            Cada vez que una de las rocas del templo caía y golpeaba el suelo, la tierra temblaba. Cabalgaron por los pasillos del templo en busca de la salida. Las ruinas y el fuego los rodeaban. Vieron las columnas de la entrada y a los clérigos que estaban de espaldas a ellos protegiendo su posición. Estaban desconcertados el templo se caía detrás de ellos. Cargaron sobre ellos haciéndose un lugar y salieron de allí. Raen, que todavía vivía y había matado a decenas de clérigos los vio y se unió a ellos. Guy llamó a la retirada y sus soldados regresaron a donde estaba ella. Quedaban pocos pero aun así haber sobrevivido a tal misión era más que una hazaña. Guipac e Ilman ya no estaban así como tampoco el General Unmar. Para cuando los clérigos descubriesen que sus comandantes habían dejado de existir quizás ya habrían sido vencidos por los rebeldes que estaban a las puertas de la ciudad. Tal era el caos que escaparon de allí sin siquiera ser perseguidos. El templo finalmente terminó de derrumbarse y este fue el fin de muchos de los clérigos que habían quedado atrapados. Lagrimas caían por las mejillas de Texu y de muchos de sus hombres.
—Los malditos han tenido su merecido. No lamentes nada de esto. —dijo Guy a Texu.
—Es que no entiendes. Es el templo del Sol. Nuestra fe está basada en él. Además la cisterna de la ciudad ha sido destruida también. Pasaran meses hasta que puedan reconstruir eso. ¿De dónde saldrá el agua de la ciudad si ni siquiera nieva? Es el fin de Kirun.
Siguieron cabalgando hacia la entrada de la ciudad en la que habían acordado que esperarían Nin y el resto de la armada. Con la esperanza de que ellos estuvieran todavía ahí.

            Nin había dado batalla a los rebeldes que habían querido tomar la entrada y había frenado su avance. Pero muchos hombres habían muerto, incluso el Duque de Cyfran. Los rebeldes pronto comprendieron que la única entrada realmente defendida era esa. Así que se dividieron y estaban en ese momento entrando por otros lados a la ciudad. Los clérigos en su gran mayoría se habían dirigido al centro de la ciudad donde estaban las ruinas del templo. La batalla final entre estos dos bandos se llevaría allí y aunque los rebeldes eran muchos más, los clérigos del sol de Guipac estaban mejor armados y preparados. Y en este momento estaban siendo rodeados así que pelearían hasta morir. Guy no miró atrás. No podía intervenir en esa guerra. Estaba fuera de sus manos. Ahora debía pedir ayuda a Guiles de Minbou, para poder recuperar la ciudad estaban perdiendo. Guy de Montevid abandonó Kirun junto con cerca de quinientos hombres y mujeres a caballo camino al puente de Bridan para cruzarlo y llegar hasta la torre de Fruel más cercana. Los rebeldes tampoco los persiguieron. No arriesgarían sus vidas siguiendo a caballeros entrenados. Cuando hubieran tomado la ciudad cerrarían las puertas y nadie más pasaría por allí.

            Cabalgaron por horas, pero llegaron sin esfuerzo hasta la torre de Fruel. Y allí vencieron sin problemas. Y con la ayuda del hombre que había conseguido Texu, enviaron el mensaje y se sentaron a esperar la respuesta. Pasaron dos horas y cuando estaban perdiendo las esperanzas llegó el mensaje de las otras torres. Minbou acudirá a su rescate. Aun así estaban a tres días de distancia a paso forzado. Y eso era demasiado tiempo.

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