Leyenda Nevarien
—¡Mira que hermosa palmera!
Siempre me han maravillado estas plantas. ¡Su lucha por crecer es tan dura!
Esas marcas allí son por su sufrimiento, aquel de los primero años. Tardan
décadas en tomar fuerza, siendo apenas pequeñas plántulas y cuando finalmente
lo hacen se convierten en gigantes. Y aun así, todavía demoran mucho más en
florecer. A diferencia de otras plantas, no se ramifican y crecen siempre hacia
arriba. Debería de tener tu edad cuando me enteré de que cuando alcanzan la
mayor altura posible de su crecimiento, apenas dejan algunas hojas y luego mueren,
incapaces de poder continuar. Eso me entristeció tanto. Ser tan fuerte, tan
grande, haber llevado una vida tan adversa, para que, sin importar qué, su vida
simplemente llegue a su final por no ser capaces de superar una barrera
invisible, que para ellos, no debería de ser nada.
—Padre, eso es un
Lepidodendron, son como helechos arborescentes. No dan flores ni nada, si se
ramifican, y como mucho se mueren si les cae un rayo.
—Ahh…
Fin.
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