domingo, 25 de octubre de 2020

Sobre el despido de Vinwaen

Leyenda Denjiien

 

            Afamado como pocos, Vinwaen un elfo originario de la tribu de Irethdia, se desempeñó como boticario, biólogo marino, paleontólogo, entre otras cosas, al servicio de los reyes de Denjiia durante más de trescientos años. Fue expulsado de la corte acusado de sedición y por esparcir rumores. Inihú, un viejo amigo suyo e historiador de las primeras dinastías de Denjiia dejó un pequeño texto escrito en alguna de sus tantos diarios haciendo referencia a los comentarios y explicaciones que dio Vinwaen respecto a su despido.

 

            “Mi gran amigo Vinwaen es uno de los pocos de mi raza que viven y trabajan aquí en la corte. Siempre ha sido amable, no solo conmigo, sino con la gente en general. Solíamos compartir almuerzos pues, al igual que yo, es vegetariano. El último día que lo vi, antes de que escapase al oeste, me habló algo enfadado. Un poco de su enojo era hacia sí mismo, gran parte realmente estaba dirigido hacia la raza humana. Aunque simpatizo con Vinwaen, me resulta bastante comprensible la decisión del rey. Aun así debo admitir, para mí mismo, pues sería imposible hablar libremente de este asunto sin seguir la misma suerte del biólogo marino, que los motivos para que hiciera tales declaraciones son más que justificadas.

 

            Un sobrino del rey se había dirigido a su laboratorio hacia dos días, aburrido y empujado por sus padres para ir a encontrarse con el elfo para saciar su curiosidad. La hermana del rey, la madre del niño, esperaba que Vinwaen lo entretuviese, como si esa fuera la verdadera función del él en la corte. Y no la de investigar sobre los misterios de la naturaleza.

 

            La primera cosa por la que preguntó fue por una roca algo redondeada que Vinwaen tenía sobre su escritorio. Es un coprolito, dijo él. A lo que el niño preguntó: ¿Qué es eso? El paleontólogo contestó, según él, muy serio: Un excremento muy viejo que se ha convertido en roca y que nos permite ver cómo eran algunas cosas, hace mucho tiempo. El niño lejos de estremecerse parecía entusiasmado por la escatológica explicación. El coprolito en cuestión, además de evidenciar el consumo de diferentes semillas y granos tenía la impresión de un alargado insecto. El estafilínido impreso allí, había sido un escarabajo largo, acostumbrado a dejar su crías en el las heces de otros animales y se encontraba extinto desde hacía ya tiempo. No obstante en su juventud Vinwaen recordaba haber visto alguno de esos con vida. El niño entonces preguntó por la cigarras, otros insectos de los que solía hablar mucho su padre, y que ya no veía más. Pero el, entre tantas otras cosas, entomólogo, explicó que las cigarras no estaban extintas, sino que más bien se trataba de una confusión muy común. Siendo el ciclo de vida de las mismas de entre doce y diecisiete años, ellas pasaban casi una década bajo el suelo en su forma larval para después reaparecer en la faz de la tierra como adultos. Pero el niño comenzó a insistir con que, según su padre, los insectos siempre tenían la misma forma, y que eso a lo que él llamaba larvas eran solo gusanos. Según me explicó, fue en vano convencer al niño, tanto de la metamorfosis de los insectos como de la existencia de una futura generación de cigarras. Sin muchos recursos pedagógicos, el sabio, intentó explicar al joven respecto al ciclo que se vivía en los bosques que muchas veces tras un incendio que acaba con la mayoría de la vida vegetal, algunos árboles crecían con mayor facilidad que otros, al pasar de las décadas, esos árboles daban sombra a una nueva generación de otra especie, que había permanecido dormida durante mucho tiempo, esperando las condiciones favorables para su desarrollo. Eventualmente esos árboles superaban en altura a los anteriores y con su sombra terminaban por matarlos. El bosque se poblaba de esa nueva especie y la anterior desaparecía, hasta que llegase otro incendio que acabase con todo. Y entonces el ciclo se repitiese, pues sin los arboles más altos que dieran sombra, los anteriores que necesitaban más luz eran favorecidos y volvían a brotar. El joven tampoco estaba muy convencido de esto. Y no conforme con eso explicó que sabía muy bien que ciertos primos suyos habían estado incendiando parte de los bosques del sur y que eso no había sido nada natural. Tenía bien claro el elfo que esos incendios, no tenían nada de natural, sino que habían surgido de la codicia y ambición de los hombres que buscaban expandir sus tierras de cultivo o montar allí algún negocio de viviendas de lujo. Que no solo estaban arruinando la diversidad vegetal de la zona sino que además afectaban la forma de vida de criaturas tan nobles y simpáticas como los carpinchos. Pero el niño insistió con que su padre decía que eso no importaba, que la tierra era del hombre y que los dioses habían puesto al servicio del mismo a todas las criaturas vivientes.

 

            Soy capaz de imaginar la frustración de mi compañero de almuerzos en ese momento que fútilmente intentó explicarle al joven que el haber tirado abajo a todos los árboles, que se encargaban de fijar la tierra y absorber el agua de las lluvias terminaría por generar inundación en los pueblos vecinos en zonas más bajas. De la manera más irreverente, imaginó, el sobrino del rey explicó que su padre decía que ese era problema de esa gente, que vivía allí, que si eran pobres, era porque querían y que no debía de detenerse al progreso.

 

            Fue entonces que Vinwaen manifestó que daba la impresión de que el padre del niño había hablado muchos coprolitos, más allá de permitir ver un conjunto de ideas antiguas y que merecían extinguirse, habían sido un montón de excremento.

 

            Habiendo llegado a los oídos del rey, las palabras dirigidas hacia su cuñado, se vio forzado a enjuiciar al boticario que tan bien le había servido por tanto tiempo.

 

            Ya han pasado cuatro meses desde el exilio de mi amigo; y las cigarras que tocan hermosas melodías con sus exoesqueletos por fuera de mi ventana, ponen en evidencia el hecho, irrefutable, de que estaba en lo cierto.”

 

Fin.

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