Leyenda Nevarien
El primero de los Nehis, los hombres
rayo, fue Sirdú. Él nació de la
unión de Sehitu, dios de las
tormentas, y de una princesa llamada Biriadaú,
la menor de diez hermanas. El dios se enamoró de ella y la persiguió durante
años, hasta que Biriadaú accedió a
entregarse a él. Su hijo, su único hijo, Sirdú,
fue un semi dios, un guerrero implacable y poderoso. Era capaz de controlar el
rayo y arrojaba descargas eléctricas a los que lo enfrentaban. Su padre, estuvo
orgulloso de él desde el principio y siempre lo favoreció. Obligó al rey de
Nevaria, el padre de Biriadaú, a
construirle una fortaleza en la cima de una montaña y puso a toda una región a
que le rindiera tributo. El tiempo pasó, y Biriadaú
envejeció. El dios, vanidoso y egoísta, se alejó de ella, olvidándola en el
palacio que había hecho construir para su hijo.
Llegó el tiempo en que los hombres
comenzaron a despreciar a Sirdú, lo
envidiaban. Sabían que ahora su padre se había alejado y ya no recibiría más
favores. No querían pagar más tributo. No deseaban al semi dios entre los
suyos. Sirdú los castigó,
demostrando su poder. Y los hombres de Nevaria tuvieron que someterse. Pero el
odio nunca se fue. Y el nieto del rey,
siempre lo recordó.
Dos hijos varones tuvo con la misma
mujer, Bebu y Sum. Y tan pronto crecieron, notó, que no eran tan fuertes como él.
Pues su parte divina se había diluido en otra mortal, como lo había sido su
madre. Y sintió vergüenza de su prole. Con ayuda de sus poderes, de sus hombres
y de su dinero y posición capturó a la ninfa Hririn, asumiendo que se juntaba con ella, poseería una
descendencia más digan, pues se trataba de una divinidad. Bebu, su hijo mayor, viendo esto intentó detener a su padre, pero
este era mucho más fuerte que él y tras vencerlo lo desterró. Sum, sin embargo, sabiendo que era
ahora el primer heredero, decidió no intervenir.
Hririn,
jamás accedió por voluntad propia, pero fue forzada y violada por Sirdú. Y dio a luz a Eylú, un niño ciego. Sirdú lo aborreció y también a Hririn y por esto la encerró a ella en
la misma habitación en la que su padre había abandonado a su madre, y a Eylú lo llevó a las mazmorras,
ocultándolo de la luz del sol y obligándolo a alimentarse de insectos. Incapaz
de matarlo, como a su hijo mayor, pero incapaz de verlo, al mismo tiempo.
Pero sus hijos serian su perdición. Bebu habiéndose ganado el favor de su
abuelo, y alertándolo sobre las atrocidades que estaba cometiendo su padre,
consiguió inspirar a los hombres para revelarse nuevamente contra él. Esta vez
las cosas serían diferentes. Sum,
cansado de esperar su herencia, se negó a ayudar a su padre y decidió
permanecer neutral, sabiendo que al final saldría ganando de todas formas. Viendo,
Sirdú, que sus dos primeros hijos se
habían revelado ante él, decidió encargarse del tercero por mano propia, antes
de que se volviera en contra suyo, él también. Pero Eylú, era un joven inocente de quince años para ese entonces y poco
era lo que le habían hablado de su padre o sobre quien era él. Eylú hablaba con murmullos, balbuceaba
cosas sin sentido y nadie podía comprenderlo. Su padre, empuñando su espada, lo
buscó en la oscura celda en la que lo había abandonado, para degollarlo. Pero Eylú lo desconoció, no sabía quién era
él o que pretendía. Sirdú iluminaba
la habitación controlando sus rayos. Afuera, su palacio estaba siendo sitiado. Sabía
que mataría a miles de hombres antes de que lo matasen a él, pero su destino,
era inevitable. Quería llevarse antes al menos a uno de su prole. Si hubiera
conocido a su hijo, quizás hubiera tenido una oportunidad. Eylú no controlaba los rayos, pero era capaz de otra cosa, cavar. Y
en su celda, sin ser observado por nadie, había cavado su madriguera, para
sentirse protegido. Sirdú, el
poderoso semi dios de las tormentas, cayó por un hueco rompiéndose una pierna.
Y antes de que pudiera reaccionar, Eylú
le robó la espada y lo asesinó, clavándosela en la espalda.
Los hombres comandados por Bebu, tomaron la fortaleza y
encontraron el cadáver de Sirdú a
medio enterrar en un pozo dentro de una oscura celda. Bebu liberó a su hermano Eylú,
quien eligió perderse en la selva y el olvido. Y liberó también a la ninfa Hririn, que acompañó a su hijo. Sum se quedó gobernando desde el
palacio, prometiendo ser más justo que su padre. Bebu consideró, que lo único justo, era renunciar a su poder y
eligió ser un plebeyo más, regresando al exilio. Para muchos hombres y mujeres
de Nevaria Bebu, heredero legitimo
del palacio, hombre excepcional y bendecido por los mismos dioses, fue un
ejemplo de humildad y una inspiración, pues fue capaz de levantarse nuevamente
a enfrentar a quien lo había vencido y a renunciar al poder, aun teniendo el
apoyo de todos.
Fin.
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