Antes de que los hombres
construyesen el palacio de plata, antes de que las hadas llenasen al bosque con
flores de vivos colores y trajesen de lugares remotos a las aves doradas,
incluso antes de esto, el bosque de piedra existía. Y en ese lugar vivía la
Bestia. Esta criatura era hijo de un dios perverso. Había sido engendrada
cuando la raza de los hombres todavía era muy joven y había sido enviada al
bosque por los dioses para ser olvidada. Pero su padre no lo olvidó. Pasaron
los siglos y los laboriosos hombres crearon ciudades por el mundo. Los sagrados
elfos viajaron por los viejos bosques y cultivaron nuevos donde se agruparon en
tribus y los poderosos enanos se adentraron en la tierra. Y nunca ninguno quiso
saber de la Bestia o del bosque de piedra cerca del río grande. Pero los
humanos siempre inquietos nunca dejaron de esparcirse y finalmente llegaron al
bosque. Se acordaron entonces de la Bestia que allí vivía y no pudieron tolerar
su presencia. Pero todos los cazadores que allí entraron nunca regresaron. Pasó
el tiempo y el dios creyó que nadie jamás sería capaz de lastimar a su hijo.
Pero un hombre se presentó. Un hombre alto y de espalda ancha. Con brazos
fuertes y rostro hermoso. Su pelo era negro como el azabache, su piel blanca
como la crema y sus ojos eran del color verde del mar. Era joven y amigo de
todos en la recién formada aldea de Lurand. Ahí su fortaleza lo ayudaba en su trabajo
de leñador y en varias ocasiones había luchado contra los orcos del norte
cargando su hacha para defender su ciudad. Por esto su fama creció y pronto en
la aldea le pidieron que luchase contra la Bestia y la matara. Él era el mejor
de los hombres, pero Zauner no quiso. Entonces los hombres de la aldea
insistieron y le ofrecieron oro, pero Zauner no quiso. Forjaron un hacha de
guerra tan alta como él y le dijeron que con esa arma no podría ser vencido,
pero Zauner no quiso. Nadie se atrevería a llamar a Zauner cobarde pero tampoco
entendían porque se negaba. Pensaron entonces que sería mejor engañarlo para
que enfrentase a la Bestia y la matase de una vez. Entonces una bruja apareció
y le dijo a los hombres que si le daban el oro que le habían prometido a Zauner
ella lo convencería de matar a la Bestia. Los hombres accedieron. Y la bruja
sedujo al hombre. Y le pidió que matase a la bestia “Tengo miedo” dijo “de la
horrible Bestia que vive en el bosque, temo que por las noches venga a nuestro
hogar y nos mate” el hombre entonces accedió y cargando su hacha de guerra fue
a enfrentarse a la Bestia. Pero cuando llegó al bosque de piedra un cuervo
apareció y dijo ser el padre de la bestia. “No mates a mi hijo que nada te ha
hecho has como los enanos y los elfos que se han olvidado de él” Pero Zauner no
le hizo caso y continuó su camino. El dios temió por la vida de su hijo ya que
la fortaleza del hombre que parecía indetenible lo impresionaba “Te advierto
hombre que no te perdonaré si lo matas. Me apoderaré de tu alma y de tus huesos
y no descansaras jamás” Pero el hombre continuó y se encontró con la bestia. Y
con su imponente hacha de guerra la mató. Y el dios lleno de ira convertido en
cuervo maldijo al hombre desde una rama de piedra. “Yo te condeno mortal, mil
vidas de humano no alcanzan para compensar la que has quitado, buscaré tu alma
en el infierno y te traeré de vuelta para que castigues a los hijos de aquellos
que han confabulado para quitarme al mío”.
Regresó entonces a la aldea y por un
tiempo vivió con la bruja sin saber él quien era ella. Pero los hombres
desconformes de tener con ellos a una bruja también quisieron quitársela de
encima, pero no podían enfrentar a Zauner ni decirle quien era ella. Así que
envenenaron su comida y los mataron a los dos porque no deseaban saber qué
pasaría si Zauner se enteraba de que habían matado a su mujer. Pero ellos
desconocían la maldición que el dios había lanzado sobre Zauner. Y el dios
cumplió. Buscó el alma de Zauner y la trajo de vuelta a su cuerpo sin vida.
Conservó su fuerza, le devolvió su hacha y lo mando a existir donde antes
había vivido su hijo para que los hombres jamás se libraran del tormento del
bosque de piedra. Zauner, en contra de su voluntad, allí esperó a que los hijos de sus asesinos llegasen,
por siglos, para cumplir con la venganza del dios maligno.
Fin

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