Fortaleza de Fenor.
Día 14 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
La alegría y la tristeza se
mezclaban en la cara de los soldados de Fenor que habían podido sobrevivir. Su
tierra y castillo habían sido devastados y la mayoría de sus hermanos y amigos
habían muerto. Pero aquellos que sobrevivieron a la batalla jamás la
olvidarían, así como a la canción de la espada. Shires de Montevid salió de
entre los sobrevivientes cargando el cuerpo sin vida de Niguarn el joven, de
Niguarn el Valiente. Y lo dejó a los pies del rey.
-Hemos perdido a buenos hombres hoy, a
demasiados de ellos mi rey. -El último general con vida del ejército de Fenor
lloró –Mi nieta está muriendo permítame ir con ella rey.
-Me has cumplido como siempre Shires viejo
amigo. Ve donde tu nieta, Fenor le debe su victoria a ella. -El rey sujetó a
Shires por los hombros con ambas manos.
Shires montó sobre su caballo negro y partió
hacia el castillo.
Sobre la plataforma detrás del cadáver del rey orco la orden estaba reunida una
vez más. Solo faltaban Serotonino y Verokai. Azhalea había sido herida en su
brazo derecho mientas blandía la espada dorada de su padre contra los orcos.
Maz llevaba una venda improvisada sobre su pierna que sangraba. Sugum el
guardián tenía su escudo y espada destruidos y su armadura agujereada en muchos
lugares pero permanecía erguido e inamovible como siempre. La cabeza de Rikenv
estaba lastimada pero no le preocupaba porque sabía que no se podía romper.
Beraza sujetaba su hombro lastimado. Neilad tenía los antebrazos cortados. Sefit
tenía el corte del pecho que el rey orco le había regalado y su hombro vendado
desde la pelea con el jefe de los lobos de Gull. Betu había sido golpeado
varias veces y su jubón blanco estaba cubierto de su sangre, pero más era la
sangre de sus enemigos. Incluso Zauner el no-muerto había sido herido con las
armas sagradas de Neilad. El gato se acercó a ellos. El sol comenzaba a emerger
por el horizonte.
Zauner retrocedió -La luz del día ilumina ahora
la tierra de Fenor. Debo irme Neilad. Que lo que hoy he hecho disculpe todo lo
demás que haré. -Cuando los primeros rayos del alba tocaron a Zauner el
espectro comenzó a desvanecerse y se convirtió en polvo que el viento arrastró
y esparció por los campos del reino.
Neilad vio como el no-muerto desaparecía -Nos
volveremos a ver en el bosque de piedra Zauner. -La risa fantasmagórica de
Zauner retumbó en la tierra y lentamente se apagó.
El elahara se aproximó a Neilad -¿Qué haremos
ahora?
-Primero debemos ir por Serotonino y por
Verokai. -dijo el hombre seriamente.
Glakh que estaba sentado sobre una de las rocas
grises y celestes pregunto -¿Y qué hare yo? Soy un orco en tierra de hombres,
¿Por qué me salvaste Neilad?
-Por ahora tu solo me seguirás Glakh. Tengo que
solucionar algunas cosas antes de atenderte a ti. -Toda la orden fue hacia la
fortaleza a reencontrarse con sus amigos caídos. Antes de entrar Rikenv fue
donde estaba el dragón caído y le quitó varias escamas.
-¿Qué haces? -preguntó Maz.
-Ya verás hombre impaciente.
La enfermería del castillo era el peor lugar para estar. Los cuerpos
desparramados de los soldados mutilados estaban distribuíos por todas las salas
y el espacio no alcanzaba. Serotonino y Guy estaban en literas contiguas y el
cuerpo momificado y sin vida de Verokai sobre una próxima a ellos. Shires de
Montevid estaba sentado junto a su nieta que permanecía inconsciente. La mayor
parte de sus huesos estaban rotos había sido entablillada y vendada. Serotonino
todavía tenía las dos flechas clavadas en su pecho. Y se alegró al ver a Neilad
que cargaba su bolso con pociones.
Azhalea le dijo a Neilad al oído. -No tengo más
magia Neilad la he usado toda en ti. Necesito recuperar mis fuerzas. Lo poco
que puedo hacer lo haré. Pero no puedo salvarles yo sola.
-Mientras estaba inconsciente escuche tu voz que
cantaba una canción. Si puedes tan solo volver a cantarla hoy salvaras la vida
de muchos de estos hombres. Yo me encargare de Serotonino y Guy.
La elfa comenzó a cantar la canción que antes
había cantado para Neilad. Y el dolor de los hombres cesó mientras su música
aliviaba sus cuerpos heridos. Neilad usó sus pociones en las heridas de
Serotonino purificándolas.
-Maestro… -dijo el semielfo- está bien si muero
hoy, he hecho suficiente como para estar satisfecho en esta vida. No gastes tus
esfuerzos en mí y salva a la joven humana que no tiene la suerte de haber
tenido la larga vida que yo he tenido. Deja que pueda disfrutar una vez más del
sol -Serotonino tosía sangre-. Me han contado de lo que ha hecho.
Neilad miró al Gato Azul -¿Por qué es que están
todos tan apurados en morir hoy? -Luego le dio un brebaje a Serotonino–. Esto
es algo que aliviara tu dolor, tómalo -El mago lo hizo y cayó adormecido-. A
ver si ahora te callas de una vez.
El elahara sacó las flechas del pecho del mago y
vendó las heridas. Luego fue a ver a Guy.
Shires se levantó -¿Hay algo que puedas hacer
por ella? ¿O algo que puedo hacer la elfa?
-Me temo que no. Solo puedo aliviar su dolor un
tiempo pero ni Azhalea ni yo podemos en este momento recomponer el cuerpo destruido
de ella. Pero no es bueno que personas con tanta pasión mueran. Si me permites
llevarla al palacio de plata la magia de sus piedras y del bosque de Lurand
quizás hagan algo por ella -Neilad le dio el mismo brebaje a Guy y se aseguró
que lo bebiera-. Yo ya he hecho mi parte.
-Los escoltaré a su palacio, guerreros de la
orden del Gato azul. Lamento la muerte de su compañera. Me encargaré que
regrese a su tierra en el mejor de los ataúdes. Todos los honores para ustedes
valientes criaturas y para su heroica guerrera que dio su vida para salvar a
los guerreros de Fenor. Sus compañeros serán atendidos. Y gracias por darme
esperanza joven.
Neilad agradeció con la cabeza. Los caballeros
de la orden fueron atendidos por los enfermeros del rey y se les dio comida.
Todos en el reino celebraban con lo que había quedado en las bodegas y
descartaron los alimentos del día anterior que habían sido envenenados por los
lobos de Gull y sacaron lo que tenían en las despensas y almacenes del
castillo. Pero la celebración no duró mucho pues los cuerpos de los muertos que
estaban esparcidos por todos los campos de Fenor debían de ser levantados. Les
tomó toda la tarde juntar a todos los orcos en varias pilas. Todos los soldados
de Fenor fueron separados e incluso los tres orcos que habían peleado por Fenor
fueron llevados con ellos. El rey cumplía con su palabra y realmente estaban
siendo juzgados por sus actos después de que Neilad les había conseguido el perdón.
Eran ahora nuevos héroes de Fenor. Los cuerpos de Nuel el campeón de los
hombres y Niguarn el valiente fueron colocados en ataúdes especiales y también
hicieron uno para Verokai. Los mejores artesanos del lugar entre ellos muchos
de los peregrinos ayudaron a crear uno muy hermoso aunque sumamente triste. Era
completamente negro y con detalles en la más fina plata que habían conseguido.
Una esmeralda adornaba la cabecera y también llevaba incrustadas dos piedras
más una gris y otra azul de la fortaleza de Fenor. La noche estaba llegando.
Maz preparó nuevamente la nave
en la que él Verokai y Serotonino habían llegado. Subieron con camillas a
Serotonino y a Guy a ella. El ataúd de Verokai los acompañó. El rey les regaló
a la orden todo lo que podían llevar en la pequeña nave en la que habían
llegado y se encargó de que fueran escoltados por Shires que pidió permiso para
seguir a su nieta. El general viajó en su propia embarcación acompañado de
varios soldados. Uno de los embajadores de Denjiia, el señor Tinmaen lo
acompañó para conocer al misterioso Palacio de Plata. Los enanos y Maz llevaron
cuanto pudieron de las bodegas del rey de Fenor que con gusto cedió sus mejores
vinos. Maz apareció cargado de recipientes hechos con cuernos ahuecados.
-¡Te he conseguido hidromiel Neilad!
-Bien, solo no me digas si es que la has robado.
-No, no. Ha sido un obsequio del rey. Eso le ha
quitado un poco la gracia lógicamente pero te la he conseguido igual. El rey
Urael hasta me obsequio el caballo de pelaje dorado en el que monte en la
batalla. Creo que le pondré de nombre “Moneda”.- El ladrón subió el caballo a
la nave que estaba ahora prácticamente repleta. Los enanos, Betu y Azhalea
contemplaron el cuerpo de Verokai que ahora había sido vestido con ropas
ceremoniales blancas. Su armadura de placas y finas ropas de encajes habían
sido destruidas casi en su totalidad pero habían sido colocadas sobre el ataúd
junto con su espada oscura con antiguas runas grabadas- Falta que subas tú,
Nes, Brura y el señor gato, Neilad. Y el orco si es que lo desea. -Glakh seguía
a Neilad como él le había indicado.
-Subiré Maz pero no viajare con ustedes, todavía
falta algo más que hacer. -Neilad caminó por la pasarela hasta llegar a la
nave.
-¿Te refieres a los orcos que escaparon a las
montañas?, eso puede hacerlo el rey Urael y el resto de los soldados. -El
ladrón miró extrañado al hombre de blanco.
-Quizás pero tengo de asegurarme de recuperar
los huevos de la ogra. No podemos permitir que sigan en manos de los orcos. No
me gustaría mañana enterarme que unos nuevos orcos que tiran rayos por los
dedos van por ahí devastando todo. Además… se lo prometí a la ogra.
-Te partiré el mazo en la cabeza si es que
hablas en serio hombre. -Rikenv enrojeció aún más- ¿No pensaras realmente
cumplir con la promesa que le hiciste a la ogra?
-Neilad, la ogra nos traiciono y te entregó a
los orcos. Ya suficiente tenemos con este orco de aquí, ahora todavía te
sientes en deuda con ese monstruo. Cada día que te conozco te entiendo menos.
-Beraza estaba también irritado y movía su pipa de un lado a otro violentamente
y el tabaco caía de ella.
-Como han dicho, bastante tenemos con Glakh
-Neilad hizo una pausa-. La ogra hizo lo que hizo para defender a sus hijos. No
puedo ponerme en su lugar ya que no tengo yo hijos pero no me gustaría saber
que se siente. Y sin el antídoto que me dio hubiera muerto en el bosque aun
antes de que me encontrasen por la daga maldita del rey orco. Tampoco los
lastimó a ustedes cuando pudo hacerlo. Y si, Glakh fue quien la extorsiono y sin
embargo al final de la batalla fue por él que pude vencer a Mur-hr. Y fueron
sus ideas y sus conocimientos los que nos dieron la ventaja. Como él mismo
dijo: cosas extrañas suceden en el campo de batalla. La ogra no es más culpable
de todo esto que los enanos que fueron torturados por los orcos para hacer sus
armaduras. Y díganme Rikenv y Beraza, ¿No prometieron ustedes ayudar a la ogra?
¿O acaso son ustedes los primeros enanos de la historia en faltar a una
promesa?
Rikenv se rascó la cabeza. Luego gruñó un poco.
Luego señaló a Neilad con un dedo. Abrió la boca pero no dijo nada. Luego se acarició
la barba y finalmente dijo -Maldito hombre no iras por los orcos sin que yo te
acompañe.
-Por supuesto yo también iré.- dijo Beraza y
largó una bocanada de humo.
-Terminaremos la aventura juntos, Neilad.- La
elfa se acomodó la espada en su cinturón.
Neilad miró a Glakh -Eres libre de hacer lo que
desees, orco. Pero allá en la guarida del rey orco tú mejor que nadie sabrás
guiarnos. Y agradecería tu compañía. ¿Deseas acompañarnos?
Glakh se levantó del suelo de la orilla del río
en la que se había sentado. Shires de Montevid ya había cargado su embarcación
con lo que necesitaba y estaba listo para partir. Las muchas pilas de cuerpos
de orcos a la distancia comenzaron a arder como una gran antorcha de muerte. El
orco no dijo nada y luego se quitó la armadura que había sido abierta por la
espada maldita que portaba Mur-hr. Tiró de dos cintas de cuero y la armadura
cayó al piso. Luego miró donde debería estar la herida de la espada. La orden
lo miraba esperando su respuesta. Rara vez un orco se presenta con el torso
desnudo. La piel verde y el rostro duro de Glakh eran difíciles de leer. Sus
brazos largos y musculosos estaban cubiertos de cicatrices de las muchas batallas
que habían peleado. Ninguno sabía cuántos años tendría ese orco o en cuantas
matanzas había participado o que tan larga seria la lista de sus pecados.
-Te he hecho una pregunta orco.
-Te he escuchado hombre. He sobrevivido a la
única batalla que no debí sobrevivir. He estado pensando todo el día en que
debo hacer. Y en por qué me salvaste. Y pienso que me has castigado por mis
actos contra tu raza. En todos mis años de guerra nunca había experimentado la
paz, como cuando tú amiga elfa cantó. Y nunca alguien había arriesgado su vida
para salvarme tan estúpidamente como lo hiciste tú. Y ahora ni siquiera puedo
usar la armadura que han forjado los enanos que Murgthiz torturó para crearlas.
No puedo decir que me arrepiento ya que no conozco ese sentimiento. Pero desde
que quitaste la espada de mi cuerpo ya no soy el mismo. Ya no puedo seguir
haciendo lo que mejor hago. No me siento bien. No puedo perdonarte este
castigo, me has dejado sin hogar y sin causa. Extranjero en este mundo.
El gato caminó por la baranda de la nave con
gran desagrado ya que se movía demasiado -Neilad siempre ha sido difícil de
entender, por lo menos por ustedes…-El gato pensó que palabra usar y eligió-
bípedos. Pero yo que lo conozco más que nadie te diré que no te ha castigado
aunque ahora así lo sientas. Y sé qué lo empujó a salvarte. Y sé también que su
retorcido sentido de la justicia no permitiría que actuase de otra forma.
-Pues tendrás que decirme porque lo ha hecho.
-A su debido tiempo contestare tus preguntas,
ahora quiero saber si nos guiaras hasta allá y dentro de la guarida.
-Si lo hare y peleare con mis propias garras si
hace falta y con mi torso desnudo. -Gruñó el orco.
-Bien entonces partamos hacia allá. Le pediremos
a Shires que nos preste sus mejores caballos para que tú y los enanos puedan ir
lo más rápido posible.
-Ninguno de nosotros jamás ha montado en ese
animal alguna vez, Neilad. –dijo Beraza.
-Aprenderán -Neilad volvió a bajar de la
pasarela. La noche ya había llegado otra vez y estaba todo listo para partir.
Sugum camino junto a Neilad, pero el hombre apoyó su mano en el pecho de la
criatura-. Gracias amigo pero ya has hecho suficiente. Te estoy eternamente
agradecido y a las hadas del bosque por traerte a salvarme. Diles a ellas eso.
Necesitamos viajar rápido hasta allá y tu lugar es en palacio de plata que
ahora ha quedado abandonado. -La criatura se detuvo.
Sefit roncaba, y abajo en la
orilla ya todos estaban es sus caballos. Shires había hecho que bajasen a los
animales más fuertes que tenia. Tres caballos grises de piernas anchas y
musculosas le fueron entregados al grupo. Los enanos y el orco torpemente
subieron a ellos tratando de mantener el equilibrio pero rápidamente se
adaptaron. Como el hombro de Beraza había sido lastimado el gato azul decidió
viajar sobre los hombros de Rikenv el cual no estaba muy entusiasmado de que el
gato se le subiese encima. Rikenv se movía hacia todos lados tratando de
acomodarse y el gato clavaba sus garras en el hombro del enano para no caerse.
El gato azul miró el cielo -Ya es de noche otra
vez Neilad, te olvidas de algo.
-Tienes razón gato, últimamente no sé dónde
tengo la cabeza -El hombre bajó de su montura y desenvaino su espada que había
limpiado con sus aceites y pomadas especiales y ahora relucía más que nunca al
igual que su escudo. Corrió hasta la nave otra vez y llegó a cubierta
blandiendo su espada mientras todos observaban sin entender nada. Neilad
levantó la tapa del ataúd de Verokai. La hermosa Verokai ahora convertida en
una momia seca descansaba en un atuendo blanco. Neilad puso la palma de su mano
mirando a las estrellas y con su espada se cortó. Luego apretó su puño y la
sangre comenzó a caer. Varias gotas cayeron y se convirtieron en un una mancha
roja sobre el cadáver. Pero el cuerpo de la elfa las absorbió. Un tiempo estuvo
el hombre sosteniendo su puño ensangrentado sobre el cuerpo de su amiga. Los
tejidos de Verokai comenzaron a regenerarse hasta que su rostro volvió a ser
tan blanco como siempre y el rojo de sus labios se encendió otra vez. Su larga
cabellera negra retomó su volumen y sus puntas volvieron al color del fuego. Y
para sorpresa de muchos la elfa resucitó. Y se sentó en su ataúd. Nadie podía
decir nada.
La elfa miró a Neilad y sonrió y él le devolvió
la sonrisa. Luego ella acaricio la cara del hombre -Gracias, sabía que
entenderías -La elfa miro su ataúd-. Mmm... Esto es nuevo. Está bastante bien
hecho aunque no me gusta la ropa con la que me han vestido, el blanco irá bien
en la niña Azhalea pero no es un color que me favorece.
-El ataúd ha sido un regalo de Fenor y de Shires
de Montevid el abuelo de la joven que ahí descansa, ya que te daban por muerta.
-Neilad se sostuvo la mano cortada.
La elfa soltó una carcajada aterradora -¿Cuándo
aprenderán que soy Verokai “LA INMORTAL”? -Y luego siguió riendo- Ahora Neilad,
quita tu mano ensangrentada de mi nuevo ataúd, no me gusta llevar comida a la
cama.
Neilad sonrió -Ahora si podemos partir.
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