Bosque Viejo, Fenor.
Día 16 del
cuarto mes de 1280 del calendario de Finvir.
-¿Quién es? -preguntó extrañada la amargada ogra que había escuchado llamar a
la puerta de su choza.
-Soy Neilad y me acompañan mis amigos
nuevamente. Hemos cumplido con nuestra promesa. -se escuchó del otro lado de la
puerta.
La ogra abrió la puerta y se encontró con Neilad
que sostenía a sus dos hijos que todavía no eclosionaban. Detrás de él estaban
los enanos y la elfa que antes habían llegado a su puerta junto con el peculiar
gato azul. También notó la presencia de Glakh. La ogra primero sonrío y después
tomó una vara que estaba detrás de su puerta.
-Ese maldito orco es quien robo mis hijos. Pagarás
ahora lo que has hecho. –gritaba mientras mantenía en alto la vara.
El hombre elevó la voz -Ya no morirá nadie
más. La guerra se ha acabado.
-Tú no entiendes hombre.
-¿Que no entiendo? ¿No fuiste tú quien me
envenenó, a mí y a mis amigos? Por tu culpa caí yo prisionero de él. Pero estoy
aquí de todas formas y cumplí con la promesa que te hice. Aquí están tus dos
hijos. No se te ha hecho más daño que la angustia que has sufrido estos días,
que por mucho que sea no se compara con la de los hombres y mujeres de Fenor o
los enanos de Muran. Si yo he encontrado la manera de perdonarte has tú también
el esfuerzo. La verdad es mucho más grande de lo que solemos conocer aunque
hayas vivido cientos de años.
-Abusas de tu carismática presencia Neilad. No
todo lo solucionaras con palabras o con tu encantadora sonrisa. Y no todos
tenemos ganas de perdonar -La bruja tomó a los dos huevos moteados y se los
llevó dentro de la choza mientras caían lágrimas por sus mejillas-. Pasen si lo
desean, pero que el orco que se quede afuera. Ya me explicaran dentro que
sucedió.
Gudhlrash Gaga depositó los huevos en una cesta
cerca de la chimenea de piedra y secó sus mejillas. Luego sonrió a Neilad y a
todos los presentes -Estoy muy arrepentida de lo que hice. Pero no tuve opción,
se habían llevado a mis hijos y estaba desesperada.
-Nos has hecho pasar un mal momento bruja. Pero
aun así Neilad nos convenció de traerte de vuelta a tus hijos. -dijo Rikenv
enojado.
-Y les estoy muy agradecida por ello.
-Hemos hecho uso de tus regalos. Y debo decir
que nos han sido de gran ayuda. Es posible que me haya salvado la vida el brebaje
que me diste, en más de una vez en batalla. -El hombre apoyó las manos sobre el
lugar donde estaría la cicatriz de la daga de Murgthiz. Y luego se vio las
palmas de las manos.
-Los anillos también han resultado muy útiles y
también el amuleto que le regalaste a Azhalea. -dijo Beraza que estaba fumando
es su pipa.
-Me alegro que todo haya resultado bien.
-Las cosas no han resultado bien para nada,
bruja. Pero nada podías hacer tú para cambiar el curso de ellas. Cuando una
guerra se desata pervierte a todo lo que alcanza. Todos aquellos que queden
atrapados en ella serán victimas del horror y eventualmente se convertirán en
victimarios. Solo agradezco haber permanecido con vida así como mis compañeros.
La muerte del rey orco solo le da espacio para que algún otro monstruo tome su
lugar. Pero cuando eso suceda al menos yo ya sé cuál será mi lugar. Y espero
que entonces estés tu del mío Gudhlrash Gaga.
-Me inclino ante ustedes. Me has dejado sin nada
que decir. A pesar de ser tan joven has dejado sin palabras a una ogra
bicentenaria. -La ogra reverenció al hombre y a sus compañeros.
-Hemos cumplido y ahora nos iremos de aquí.
Necesitamos llegar al gran palacio de plata cuanto antes. -El hombre apoyó su
mano sobre la empuñadura de la espada cuya punta descansaba en el piso.
-Antes de eso Neilad ven que te diré al oído
como es que se hace el antídoto que te di. No necesitaras magia alguna para
hacerlo. -El hombre se acercó a la ogra y ella murmuró varias palabras a su
oído. Neilad sonrió.
-Jamás lo hubiera imaginado bruja. Pero es bueno
saberlo. Me despido y será hasta pronto.
Cuando estuvieron fuera todos montaron en sus caballos una vez más. Azhalea
volvió a sujetar el amuleto y se desvanecieron. Esta vez viajarían al gran
palacio de plata. Era cerca del mediodía y estaban muy lejos de donde habían
despertado esa mañana. A Glakh le dolían los ojos de ver los muros plateados y
las flores coloridas del lugar. Todo eso era algo tenebroso para él que
prefería lo oscuro y apagado. Pero a pesar de todo lo que le desagradase como
se veía el lugar no podía negar que el calor que emanaba el gran palacio de
plata también lo curaba a él. Y sus heridas se sentían sanar por la magia de
las piedras del bosque sagrado de Lurand. Neilad levantó su mirada y vio hacia
el río. A lo lejos llegaban los dos barcos que habían salido de Fenor hacia el
palacio de plata. Todos estarían juntos una vez más.
El gran Sugum guardián fue el primero en bajar. Los enanos ayudaron a bajar el
ataúd donde estaba Verokai. Betu y Maz llevaron la camilla en la que estaba
Serotonino y Neilad y Sefit la de Guy de Montevid que todavía estaba
inconsciente. Cuando todos estuvieron abajo se les unió Shires de Montevid, el
embajador de Denjiia y los hombres del general de Fenor. Todos admiraban la
belleza del lugar. Se asombraron de ver a Neilad y al resto de los guerreros
pero él les explicó del amuleto y de lo que había sucedido. Mientras todos se
acomodaban en el palacio de plata Beraza y Rikenv se llevaron las escamas que
el enano de barba rojiza había quitado del dragón y se escondieron de los
demás. Sugum con su escudo roto y su espada mellada estaba parado en la entrada
del palacio como siempre lo hacía. Azhalea se descalzó y limpio sus pies parada
dentro de la orilla del río grande. Se sintió reconfortada y aliviada. Y en la
distancia distinguió algo que había olvidado, a la familia del pescador que
hacía una semana atrás había invitado al palacio. El lugar posiblemente estaba
peor que antes y aunque Sugum en la ausencia de los demás se había encargado de
hacer desaparecer a los cuerpos de los orcos que ahí habían muerto, los vidrios
de las ventanas del palacio estaban destrozados por el ataque de
Glansh-Glugarth. Pero la elfa se puso feliz de ver a los niños otra vez. Y
detrás de la familia del pescador que traía a su esposa e hijos junto con
muchos pescados que prepararían esa misma tarde, venia todo el pueblo de Lurand
que se había enterado de la batalla en la fortaleza de Fenor de alguna forma.
Maz que disfrutaba más que nadie de las fiestas se encargó de organizar un gran
festín con todo lo que le habían traído y gran parte de lo que le había
regalado el Rey Urael de Fenor. Todos los aldeanos ayudaron a llevar las mesas
fuera. Ahí colocaron la comida que habían traído y todos ayudaron a cocinar los
pescados y todo lo que pudieron. Durante horas todos festejaron y comieron
hasta que sus estómagos se hincharon. Maz y Sefit cantaban canciones de
victoria. Y hasta el embajador de Denjiia se unió a ellos en el festejo. La
fiesta se extendió hasta la noche y todos siguieron brindando por cuanto
pudieron.
Cuando Guy de Montevid abrió los ojos fue el pálido rostro de Verokai lo
primero que vio -Si estoy donde tú estás es porque he muerto. Te vi morir en
batalla en la peor de las muertes con todos tus huesos triturados por los
garrotazos de los orcos.
Verokai lanzó una carcajada que retumbó en la
habitación -Ya te he dicho que soy inmortal querida. Los garrotazos de los
orcos me han dolido pero he tenido peores muertes que esa y aún estoy aquí. Estás
en el Palacio de Plata.
Shires se aproximó y abrazó a su nieta -Mataste
al dragón querida y salvaste a Fenor.
-Es cierto y debo decir que eso me ha
impresionado -Neilad miraba la fiesta que afuera todavía hacia bullicio en la
silenciosa noche del bosque-. Vendré en breve debo ir ahora a ver a Serotonino
que posiblemente también este despertando.
-¿Cómo es que casi no siento dolor? Sé que el
golpe que me tumbó al suelo podría haberme matado. -preguntó la joven.
-Es la magia del Palacio de Plata lo que te ha
salvado, joven. No sé qué poseen estas preciosas piedras plateadas que hacen
que sane el alma y el cuerpo pero siempre ha estado aquí. Este lugar es
misterioso hasta para mí y hace un año que vivo en él. No podría explicarte,
solo sé que está aquí. Y que hoy te ha salvado. Volveré a hablar contigo más
tarde ahora solo puedo decirte que me alegro de que hayas sobrevivido al horror
de la batalla de Fenor. Haré que te traigan comida, no te aconsejo que te
levantes todavía.
-Gracias Neilad. -dijo Guy de Montevid.
-No me agradezcas a mí. Fue Sugum quien te
defendió cuando caíste y Maz quien te rescató. Fue toda la orden la que te
trajo hasta aquí. Y fue este maravilloso lugar el que curó tus heridas.
-Aun así, gracias.
Neilad no dijo más y saludó inclinando su
cabeza, luego abandonó la habitación y se dirigió dónde estaba Serotonino. En
el pasillo que conectaba las habitaciones estaba Glakh.
-¿Qué haces aquí Glakh?
-No me siento cómodo abajo Neilad. Los hombres
me miran con desprecio y no los culpo. No encajo aquí. Aunque te agradezco la
oportunidad que me distes de conocer esto.
-Es lógico que te miren con desprecio. Nunca
esperé que el pueblo de Lurand abrace tu presencia. Pero no te preocupes que
encontraré un lugar para ti donde te sentirás cómodo. Pero todavía no es tiempo
-Neilad abrió una de las puertas del pasillo-. Sé que los orcos no entienden lo
que es una habitación para descansar y que posiblemente todo aquí te parezca
horrendo pero puedes descansar en este lugar. Y si te es más cómodo puedes
dormir en el suelo aunque te aconsejo hacerlo en la cama.
-No todo me parece tan horrible como piensas
Neilad. Al principio lo fue, pero ahora es diferente.
-Te creo. Descansa Glakh. Hoy ha sido un día
difícil para todos. Y el mío todavía no ha terminado.
El hombre dejó al orco en la habitación y fue
nuevamente a ver al mago rojo. Serotonino estaba sentado sobre la cama. Y
aunque todavía respiraba con dificultad ya no corría peligro de morir.
-Gracias maestro.
-No tienes nada que agradecer amigo. No sabía
que poseías un poder tal. La criatura que invocaste ha resultado increíble.
-Es la luna llena. Mis poderes están al máximo
cuando la luna está llena ya que mi magia es la de la ilusión y la de los
sueños. Es la luna la dueña de la noche y en su presencia mi poder se
intensifica.
Neilad sonrió -Lo tendré en cuenta entonces.
Sanarás mucho antes de lo que piensas pero ahora descansa tú también.
-Repondré mis fuerzas maestro.
-Eso espero. Que descanses.
Neilad salió de la habitación y fue donde estaba
la joven soldado de Fenor. Las puertas se abrieron. Shires hablaba con su nieta
y estaba feliz de verla bien.
-Neilad, te dejaré solo con ella para que hables
como me lo has pedido antes. Agradezco todo lo que has hecho. -El hombre se
inclinó saludando al paladín. Neilad repitió el gesto. Y luego se quedó a solas
con Guy que todavía estaba sentada en su cama. Un plato con comida de donde
ella había estado comiendo estaba sobre las sabanas. La joven se acomodó en la
cama, busco una servilleta pero no la encontró, así que chupó sus dedos para
limpiar su mano.
-¿Qué deseabas hablar conmigo primer caballero
de la orden del Gato Azul?
El hombre se aproximó a una silla que estaba
cubierta por una tela. Algo había sobre la silla pero Guy no podía adivinar lo
que era -Tu pasión en batalla es abrumadora mujer. Aun con tu frágil cuerpo de
mujer has enfrentado a la más feroz de las criaturas. Y mientras otros
escapaban con terror del fuego de la bestia tú te arrojaste hacia ella
arriesgando todo. -Neilad decía seriamente estas palabras.
Guy miró al hombre un poco ofendida porque le
había dicho mujer frágil, aunque Neilad no lo dijese como un insulto -Es lo que
debía hacerse.
-El valor y la estupidez no están tan lejos una
de otra.
-No dejes que tus pensamientos entorpezca a tu
voluntad. -dijo la orgullosa Guy de Montevid.
Neilad rió fuertemente -Nunca lo hago
joven guerrera de Fenor. Pero a veces es difícil. Yo tengo a mi espada
indestructible y a mi escudo sagrado para enfrentar a los monstruos y a mis enemigos.
Pero fuera de eso mi cuerpo es tan frágil como el de cualquier otro hombre. Y
tan vulnerable al veneno y a la magia como lo es el tuyo. Los humanos somos una
raza débil comparada a otras.
-No tenías a tu escudo o a tu espada cuando
enfrentaste a los orcos en batalla y aun así lo hiciste. ¿Te sorprende acaso
que yo lo haga? ¿Crees que solo tú puedes hacer esas cosas?
-Es cierto lo que dices: no contaba con mis
armas en la batalla. Y no, no creo que yo solo pueda. Pero lamentablemente si
me sorprende a veces. Y aunque esta vez yo no portase mis armas siempre
prefiero hacerlo porque de otra manera no podría hacer muchas cosas que hago.
Es por eso que tengo algo para darte y algo que proponerte.
-Dime.
-Los enanos han hacho esto para ti. Me han dicho
que esta sin terminar y que deberán hacerle muchos ajustes pero que deseaban
que igual la vieses y que cuando pudieses te la probases -El hombre quitó la
tela que cubría a la silla y sobre ella se encontraba una armadura hecha con
las escamas del dragón que ella había matado. Las escamas colocadas a modo de
placas protegían el cuerpo. Las hombreras eran de metal oscuro al igual que la
protección de las piernas y brazos. Una túnica celeste y gris del color de
Fenor había sido colocada detrás para que con ella se vistiese por debajo de la
armadura. Neilad aproximó una lanza y la acercó a la armadura-. Los enanos
temen a los dragones que acostumbran meterse en sus minas y cuevas y
comérselos. Ha sido algo especial para ellos verte matar al dragón. Con sus
escamas han hecho esta armadura para que la uses. Tu cuerpo ya no será tan
frágil como antes. Ellas permitirán absorber en parte la magia de tus enemigos
y resisten muy bien el calor y el frío. No existen muchas iguales puedo
asegurarte eso. Y la punta de la lanza que tengo en mis manos es la de la lanza
que usaste para matar al dragón. Algo extraño sucede con el metal que toca la
sangre de los dragones. Beraza pensó que sería buena idea mejorar la lanza que
usaste y cambió el bastón que lleva la punta. Esta ahora perfectamente
equilibrado y reforzado con metal. Pensarás que por eso es más pesada pero no
es así.
-Gracias -Guy miraba emocionada las armas-. No
sé qué decir -Observó nuevamente la armadura y notó que bajo el hombro derecho
estaba colocado el emblema de La orden con el Gato Azul marcado y pintado con
esmaltes azulados-. Esa armadura, Neilad, lleva el sello de tu orden.
-Sí. Deseo que te nos unas. No eres fuerte como
Beraza ni veloz como Verokai. Pero tu pasión y tu entrega no tienen comparación.
Y estás invitada a formar parte de la orden cuando lo desees. Supongo que el
rey de Fenor no querrá perderte pero aun así, deseo que te nos unas. Puedes
pensarlo si quieres. Serás invitada en el palacio hasta que te recuperes.
Espero tu respuesta cuando partas. -Neilad se dirigió hacia la puerta por la
que había entrado.
-Gracias.
-No es nada, pero recuerda que aun vestida con
la armadura de escamas de dragón y portando la lanza que han hecho mis amigos
para ti, nada harán por si solas. De tu voluntad dependerá todo. -Neilad se fue
sin esperar a que Guy contestase.
Arub y Gala corrían por el jardín del palacio de plata cuando vieron llegar a
Neilad y lo distinguieron por su vestimenta y sus cabellos largos y negros.
Sabían que Betu, el otro elahara, los llevaba cortos.
-¿Usted es Neilad? -preguntó la niña dulcemente.
Neilad le sonrió y luego hizo una reverencia -Si
lo soy niña. ¿Quién eres tú?
-Yo soy Gala.
-Y yo soy Arub. -Interrumpió el niño.
-Ya veo. ¿Se están divirtiendo niños?
-Si -dijo la niña-. ¿Cuándo vamos a conocer al
gato que habla?
-¿Es que todavía no han conocido al gato azul?
-No. Se ha escondido. -protestó Arub.
-Es que el gato es un perezoso. -dijo Neilad
riéndose.
-Siempre aprovechas a insultarme cuando no estoy
Neilad. -El gato los miraba desde arriba del árbol.
Los niños saltaron de alegría al verlo.
-Creo recordar que tú haces lo mismo gato.
-Neilad se ató el cabello con la cinta azul que acostumbraba.
-Puede ser pero yo soy más cómico. Mis saludos
niños, yo soy el gato que habla. -El felino saltó desde la rama en la que
estaba hasta el suelo y camino entre los niños.
Gala acarició el lomo del animal -¿Deseas jugar
a algo gato?
-Mmm, no les aconsejo jugar conmigo a las
escondidas.
-Si saben guardar silencio hoy conocerán a otras
criaturas más increíbles todavía, niños. -dijo el hombre sonriendo.
-¿Más increíbles que yo? -preguntó el gato
ofendido-. Eso es imposible.
-Tú puedes venir también gato.
Los niños siguieron al hombre que fue donde
estaba el banquete que todavía continuaba. Y pidió permiso a los padres de los
niños para llevarlos al bosque a conocer a las hadas del sagrado bosque de
Lurand. Pasó por donde estaba Sugum corazón de oro. Y el guardia se movió. Los
niños corrieron alrededor de él.
-Camina, camina. -gritaba Arub emocionado.
-Te dije que se movía. -decía mientras reía la
niña.
Durante varios minutos caminaron por el bosque
de Lurand. Adentrándose cada vez más. Neilad y Sugum caminaban delante,
mientras los niños saltaban y corrían entre ellos. El gato caminaba detrás de
ellos. Cuando llegaron a un pequeño claro en el bosque, Neilad les indicó a los
niños que guardaran silencio y se escondiesen detrás de unos árboles.
-No se muevan de ahí y no hagan ruido y podrán
ver a las hadas del bosque sagrado de Lurand.
-Sí. -dijeron ambos niños.
Sugum clavó su espada en el suelo y apoyó su
mano sobre ella mientras con la otra sostenía al escudo destruido. Los niños
observaban a distancia y permanecían callados. Pudieron ver como Neilad se
aproximaba a la criatura silenciosa. Y como el gato caminaba de un lado a otro.
Neilad habló pero ellos no pudieron escuchar bien cuáles eran las palabras que
decía. Entonces de la oscuridad de entre los árboles pequeñas criaturas que
volaban por el aire comenzaron a rodearlos. Eran un poco más grandes que
mariposas y muy luminosas. El batir de sus alas emitía un delicado sonido. Y
dejaban una estela de luz y polvo brillante mientras se movían de un lado a
otro. Una de ellas de color liliáceo se detuvo cerca de la cara del hombre.
Extraños sonidos vibraron en el aire. Como si las hadas hablasen a través de
canciones.
-No conozco su idioma, criaturas. Deberán hablar
en el mío. -dijo Neilad.
El hada de color lila nuevamente se colocó
delante de Neilad y se escuchó una voz que no salía de donde ella estaba
-Estamos felices de que Sugum guardián te haya traído de vuelta y que tú lo
hayas traído de vuelta a él. Protege a nuestro bosque sagrado y Sugum cuidará
de las piedras plateadas por siempre.
-Agradezco que le hayan permitido llegar hasta
donde estaba yo. Pero en la batalla su pesado escudo y su poderosa espada han
sido destruidos y su cuerpo lastimado. Y todo lo que sé de medicina o herrería
jamás podría igualar a su magia, hadas de la luz.
-Nosotras sanaremos a tu amigo Neilad. Y Sugum
volverá a su puesto a esperar -Las hadas rodearon a Sugum y comenzaron a girar
sobre él mientras el polvo de hadas caía sobre él. La inamovible criatura que
ni el dragón había podido voltear ahora flotaba en el aire y su cuerpo iba
sanando. Su armadura se alisaba y las abolladuras iban desapareciendo. El
agujero que tenía su escudo se cerró y nuevamente su metal se plancho. Y la
espada mellada fue afilada nuevamente. Luego Sugum volvió a estar parado. Y la
piedra que llevaba incrustada en el pecho brilló otra vez-. Recuerda Neilad que
la magia que hace que Sugum camine es la misma que sana tus heridas. Por eso
siempre que tú estés a su lado sanaras también en parte. Porque su corazón es
de las mismas piedras sagradas que veneramos.
Se escucharon sonidos detrás. El gato volteó y
vio a los niños que se asomaban detrás del árbol. Las hadas se alejaron dentro
del bosque. Gala despidió a las hadas agitando sus manos.
-¡¡¡Adiós haditas!!! Gracias por curar a Sugum.
-Sabias palabras niña. -dijo el gato.
Sugum Neilad y el gato regresaron a la fiesta acompañados por los niños. Luego
que Sugum regresó a su puesto en la puerta del palacio de plata, Neilad saludó
a todos y se despidió de los invitados que seguirían todavía más tiempo de
fiesta. Maz y Sefit seguían bebiendo acompañados de los enanos y de gran parte
del pueblo de Lurand. Hasta Shires había bajado a festejar ahora que estaba
aliviado de ver sana a su nieta. Después de subir por la torre que lo llevaba a
su habitación se detuvo en la puerta y acomodó su anillo en su dedo. Luego
entró a su habitación y se acostó. Y finalmente él también descanso.
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