domingo, 23 de abril de 2017

01 - La emisaria

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Fortaleza de Fenor; Provincia de Gono.
Dia 8 del noveno mes de 1280 del calendario de Finvir.


            El invierno todavía no comenzaba. Desde la fortaleza de Fenor, santuario de Irus la diosa luna, podía verse el bosque del norte que se encontraba deshojado por el crudo otoño que habían pasado. El templo  fortificado en piedras grises y azules había sido reconstruido finalmente. Hacía meses el rey orco, Murgthiz, había atacado y las murallas habían cedido antes sus catapultas. Murgthiz había muerto y su ejército había sido aniquilado. Pero muchos de los soldados habían fallecido y el ejército de Fenor todavía debía reponerse. El rey Urael había decidido permanecer en el lugar hasta que la fortaleza fuera debidamente reconstruida. Pero seguía teniendo un reino a su mando y todo Fenor había sentido el ataque del rey orco. Había mandado a traer albañiles y artesanos de todo el territorio que gobernaba para que ayudasen a la reconstrucción. Los laboriosos hombres levantaron una vez más los muros de piedra hasta el cielo. Y el templo resurgió.

            Fenor significaba “alianza”. El reino era en realidad la unión de cuatro reinos que hacia siglos se habían unido por acuerdo de todas las partes. Gono al oeste, Niceria al sudeste, Feceria al sur y Koria al norte. Estos antiguos reinos ahora debían ser considerados provincias, pero muchos seguían llamando reinos a sus tierras y reyes a sus gobernadores, aun tras el pasar de los siglos. Cada provincia poseía un gobernador, una capital y varias ciudades y aldeas. Las tierras cultivables y rentables estaban a cargo de terratenientes que las controlaban, no obstante el verdadero dueño de las tierras siempre era el rey. Era muy poco común que los reyes de Fenor revocasen los títulos de propiedad, así mismo la “alianza” no se había dedicado a expandirse territorialmente desde que se había formado. Así las tierras se heredaban durante las generaciones y las familias más nobles de la corte solían llevar el nombre de sus tierras en sus nombres. El culto a la Luna y al Sol estaba esparcido por todo el reino y los santuarios eran comunes en las ciudades más importantes. La fortaleza de Fenor estaba ubicada en Gono la provincia del oeste. El rio grande que recorría del norte al sur la parte oeste de Gono y lindaba con la capital del reino y con Lurand, entre otras ciudades y aldeas, era el límite con Denjiia su reino hermano. Mucho antes que la alianza se formase Denjiia y Gono habían sido una sola y poderosa nación, Gojiia, pero las diferencias políticas habían dividido al reino. El lenguaje usado por los hombres de Kiem, el mundo conocido y aceptado, era el de los Gojiien que habían conseguido expandirse por medio de alianzas matrimoniales y conquistas militares por casi todos los territorios. En Denjiia jamás aceptaron la alianza con los reinos del este que adoraban al dios Sol, Kun. No obstante las buenas relaciones entre ellos habían durado siglos y las defensas en Gono y en casi todas las provincias eran escasas. Para llegar a Fenor por tierra, primero habría que atravesar Denjiia y esto resultaba bastante difícil. Pero el reciente ataque había generado paranoia entre la población y Urael había decidido fortificar más la frontera con su vecino. Antes hubiera sido considerado un acto de guerra pero después de la muerte de uno de los embajadores de Denjiia en uno de los atentados de Murgthiz ambos reinos habían decidido aumentar sus defensas. Fruel Kiillar padre de Urael había hecho construir un sofisticado sistema de torres vigías que transportaban mensajes a través de señales de diferente índole por todo el reino. Así mantenía contacto con otras provincias de manera relativamente inmediata. Y las noticias corrían esos días más que nunca.

—¡Guy de Montevid! —exclamó el rey con una sonrisa en su rostro—. Joven guerrera de Fenor. Tu noble familia ha estado en la guardia real desde incontables generaciones atrás. Y las vides de tus tierras todavía abastecen de vino mis bodegas. —Urael había terminado de almorzar, y un grupo de jóvenes se llevaba los platos de la mesa en ese momento. La Mayor de Montevid permanecía de pie delante de él.
—Mi abuelo y yo estamos todavía aquí para defender la frontera del reino y a ti mi rey.
Urael apoyó sus manos en el trono y se acomodó. Desajustó un poco su cinturón y continuó:
—Sí. No tengo dudas de eso —Hizo una pausa—. Debo preguntarte algo. ¿Has estado en Kirun alguna vez?
—No señor, jamás he estado en la capital de Koria. No conozco el este del reino. Apenas conozco mis propias tierras, señor.
—¡Ohh! Pues te encantará Kirun. Kirun es una ciudad hermosa repleta de maravillas. Es una ciudad dorada. Es rica y su puerto es uno de los más importantes del reino. Los artesanos han trabajado cada detalle de los edificios reales y allí encontrarás el más grande de los templos del sol que existe en Kiem.
—¿Acaso voy a visitar Kirun? Señor.
—Si —dijo el rey sin más intermediarios—. Estas son tus ordenes —Urael extendió su mano y le ofreció un documento. Luego explicó—. El reino está en problemas Guy, aunque hayamos ganado, la terrible batalla que enfrentamos nos ha debilitado. Muchas cosas deben hacerse, pero la primera es recuperar la moral de los habitantes del reino. Hay miedo en sus corazones y eso no es bueno. Tus órdenes son sencillas. Viaja hasta Kirun y encuéntrate con Ilman, su gobernador. Estarás allí cuarenta días al menos así que prepárate para tal cosa. Necesito que me traigas un parte del estado de la ciudad, confío en tu criterio. Las noticias que recibo de la ciudad son cada vez más confusas. Durante tu trayecto a Kirun recluta cuantos hombres puedas, debemos engrosar las filas de nuestro ejército hasta recuperar lo que hemos perdido cuanto antes. Una parte de estos hombres deberá quedarse allí y otra volverá contigo aquí, la población de la ciudad es numerosa. Mientras estés en Koria te rodearás de la nobleza del lugar. Habrá fiestas, ceremonias y otros eventos públicos y espero que asistas a todos ellos, no como Guy la soldado, sino como Guy la noble. Serás mis ojos allí. Quiero que veas al pueblo y al reino, pero también a sus nobles. Y solo confío en ti para esta misión.
—¿Señor?
—Fenor necesita un héroe que genere confianza —Guy no entendía—. Guy,…-el rey habló suavemente—. Tú eres la heroína de la batalla de Fenor. Los bardos cantarán canciones sobre ti durante generaciones. Tu lanza mató a un dragón. Cien hombres no pudieron con él, pero tú lo acabaste con un golpe. Yo soy un rey y por eso me respetan porque deben hacerlo, mi palabra es ley. Pero a ti te aman porque eres inspiración. Eres una leyenda que camina, ve hasta Kirun y déjate ver por el pueblo.
—Preferiría matar otro dragón. No sé nada de bailes o cosas similares —Guy observó sus manos llenas de heridas y cortes de espadas y no podía imaginarlas con anillos y guantes de seda.
—Aun así, hoy es la mejor forma de servir a tu reino.
Guy se inclinó ante el rey —Entonces así se hará.
—Muy bien. He preparado para ti a un grupo que te acompañará. Un médico y una escriba, que será además tu dama de compañía, te ayudará en cuestiones de moda y cosas similares. He dispuesto para ti, diez hombres que se han ofrecido como voluntarios y a un capitán. Las provisiones y el equipo estarán listos para mañana al alba. Despídete de tu abuelo y prepárate para esta misión —El rey reverenció con su cabeza a Guy y la joven se inclinó ante él nuevamente—. Hay algo más Mayor —Urael removió uno de sus anillos y lo ofreció a la mujer que lo tomó con delicadeza—. Este es el anillo del emisario. Allí donde fueras si exhibieses este anillo sabrán que te he enviado yo, que hablas por mí y me representas. Cualquier sellista de Koria lo reconocería y así también sus clérigos. Cuando tu misión termine me lo devolverás, mientras tanto cuídalo con tu vida, de alguna forma él también protege la tuya.
            Guy observó el anillo con el emblema de la casa de Kiillar, que eran tres árboles. Literalmente “Ki” significaba tres e “illar” significaba árbol. El nombre de la casa de Urael era “Tres Árboles” y se remontaba a una antigua leyenda Nicerien, pues Urael era de la provincia de Niceria. Cuando el rey terminó de explicarse Guy se colocó el anillo en el dedo anular de la mano derecha y se inclinó ante Urael. Sin nada más que decir, se retiró para poder acomodar sus asuntos.

            No había tiempo para que Guy regresase a sus tierras a buscar nada, no si debía de partir al día siguiente. Consideró que Urael debería de estar preocupado y con mucha urgencia para que la enviase sin aviso a una misión de este carácter. La información que le había dado era escasa y los documentos que le había entregado eran formalidades para presentar en Kirun y ante los gobernadores de otras ciudades.

            La familia Montevid, al menos los miembros más respetados de su casa, tenían residencia permanente en la Fortaleza de Fenor desde hacía generaciones. Shires, abuelo de Guy, y ella eran los únicos que ocupaban las habitaciones destinadas a ellos en ese momento. Las tierras de Montevid eran manejadas por siervos y algunos primos lejanos de la joven. Después de su abuelo ella era la única y legitima administradoras de esas tierras. Los padres de Guy habían muerto hacia quince años en una epidemia, ninguno de los dos había sido militar. Shires era su abuelo materno. En Fenor el apellido o nombre de la casa podía heredarse tanto por la madre como por el padre o poseer incluso ambos, aunque esto era muy poco frecuente. Shires se había hecho cargo de la única nieta que le quedaba y la había educado como lo habían educado a él, como a un militar. Guy guardaba buenos recuerdos de las tierras de su familia, pero con el pasar del tiempo las temporadas que pasaba allí eran cada vez más cortas. Shires había procurado que la joven se formase además en otras disciplinas, tales como los conocimientos de la fabricación del vino y el cultivo de la vid, idiomas, historia y geografía. La educación rígida y estricta que había recibido había formado en ella un carácter cerrado. La casa de Montevid era una casa de gente de honor y fieles servidores a la corona y a la dinastía Kiillar. Era una familia acomodada y pudiente, poderosa y reconocida por todos e intachable. Guy lo sabía y estaba acostumbrada a ser tratada con ese reconocimiento. En la capital del reino nadie osaría tratarla de otra forma, pero fuera de allí quizá fuera diferente. Guy todavía no lo sabía, ni se había puesto a reflexionar sobre eso. En su habitación, compartió una taza de café con su abuelo y le comentó sobre la petición del rey, sobre sus órdenes y sobre que debía partir al alba. Shires estaba tan complacido como orgulloso. Las órdenes de Guy implicaban que solo ella de su casa, fuera a esta misión no solo su abuelo no podía ir, sino que ningún hombre bajo su cargo tenía permitido acompañar a Guy. Urael no quería debilitar su posición. Si bien los reyes de Fenor tenían una guardia personal, una armada propia de su familia y la protección del campeón de su reino y sus guerreros, título que había quedado bacante tras la muerte de Nuel Livir en la batalla contra el rey orco, los ejércitos del reino se formaban convocando a las familias. Cada familia noble poseía un número asignado y determinado de hombres que los servían de diversas formas, algunos eran labriegos o campesinos, otros eran soldados. El estado no financiaba a los ejércitos, sino que lo hacían las familias nobles. La corona y los nobles mantenían una relación de conveniencia mutua. Pues el poder del rey dependía de la aprobación de los nobles y a su vez estos recibían beneficios de la realeza. Los hombres al servicio de los nobles eran libres de renunciar a sus puestos y ponerse al servicio de otros. Ningún hombre era esclavo en Fenor. El rey había pedido a Guy que reclutase hombres, esto significaría que todos ellos serían voluntarios y que además Guy debería de encontrar la manera de financiarlos, pues les debía un salario, alimentos y protección, además de armarlos. Estos hombres y mujeres, si serían financiados por el estado, esto era poco común y de seguro muchos se resistirían. Representaba un aumento en los impuestos y que el poder militar de las familias quedaría relegado, ya que el rey pensaba tener sus propios hombres. Shires se despidió de ella, sabiendo que no podría acompañarla y se dirigió a sus tierras inmediatamente. Guy pasaría la noche, sola reflexionando.

Su habitación era austera y los siervos tenían prohibido entrar en ella. Su cama era grande y estaba bien arreglada por ella. Había un escritorio con varios libros de diversos temas, plumas, papel, tinta, varias conchas de caracoles marinos que ella misma había recolectado y algunas cartas. Un arcón con sus prendas de todos los días. Apoyados sobre una pared y desparramados por el piso había decenas de obsequios diversos que había recibido por parte de los habitantes de la fortaleza. También había una ventana que daba al noroeste y desde la cual se podía ver el patio de armas y a lo lejos, sus tierras. Estaba feliz de haber recibido tal misión, su trayectoria militar había sido principalmente en la fortaleza, estaba acostumbrada a dar órdenes, pero tenía dudas. A pesar de sus hazañas y de que muchos militares de alto rango habían muerto no había sido promovida de su rango, pues seguía siendo solo una Mayor, que era uno de los rangos más bajos para la nobleza. Sus habilidades como diplomática jamás habían sido exploradas. Hubiera sido más sencillo y más prudente enviar a un diplomático y a ella que lo escoltase. Quizás al rey ya no le quedaban hombres. Había sido elegida porque había matado a un dragón en batalla, el rey había sido claro en eso. Antes solo era una más entre los nobles y guerreros que deambulaban por los pasillos de la fortaleza. El rey no era el único que se había fijado en ella. Caminó hasta la pared donde descansaban los obsequios y quitó la tela que cubría un maniquí. En él estaba montada la armadura de escamas de dragón, el que había matado, que habían hecho los enanos de La Orden del Gato Azul para ella. Solo se había probado dos veces la armadura de escamas de dragón, la primera vez para que los enanos hicieran ajustes en ella y la segunda para ver cómo habían quedado estos ajustes. Las escamas negras y rojas hacían que la armadura fuera muy llamativa en contraste con las grises y azules de Fenor. Los colores de su familia eran el verde y el dorado y tampoco eran algo acertado. Siempre podía colocarle telas por encima pero solo la volverían incomoda. Los enanos también habían trabajado la lanza con la que había matado al dragón, con la punta endurecida por la sangre del monstruo. Con esa armadura y esa lanza Guy estaba mejor preparada que la mayoría de los guerreros que alguna vez había conocido. Según le habían dicho esa lanza ahora era más dura que cualquier acero y su armadura la protegía del calor y del frio, además de repeler la magia, al menos de manera directa. El líder de LODGA le había ofrecido ser parte de ella, pero Guy se había mostrado bastante reacia al asunto. Ella servía a Fenor y a su rey. La orden servía a la aldea de Lurand en un principio y estaba compuesta en su mayoría por extranjeros. Su estadía en el palacio de plata, hogar de la orden del gato azul, había sido corta. Había sido llevada allí para que las heridas que había dejado el dragón sanasen con las propiedades curativas de las piedras del palacio. Su líder había partido mucho antes que ella estuviese completamente recuperada y no había tenido oportunidad de contestarle. Al regresar Neilad, el líder de LODGA, de su viaje le escribió a la fortaleza. Ella contestó con muchas dudas e interrogantes. Neilad volvió a contestarle, sobre el escritorio todavía estaba la carta que el hombre había enviado. La última carta que Guy había recibido y todavía no había contestado. Dejó caer la tela al suelo y se acercó ahora al escritorio. Tomó la carta y la leyó en voz baja para ella misma.


Estimada dama de Montevid, las preguntas que me haces tienen muchas respuestas, todas ellas válidas. Pero, se me ha enseñado que la reflexión es el camino a la verdad.

Te preguntas: ¿Cómo puedes servir a la orden del gato azul y al mismo tiempo servir a tu reino?
En la vida eliges a muchos por quien ser. Al menos eso hace la gente afortunada. ¿O acaso no es capaz la gente de amar a sus padres, a sus amigos, a sus amantes o a sus hijos al mismo tiempo? Si alguna vez la orden se opusiera a Fenor deberías de elegir, pero no lo hace ahora.

Te preguntas: ¿Cómo puedes llamar hogar al palacio de plata si no vives aquí?
No olvides que tú no vives tampoco en Montevid, pero no por eso es menos tu hogar.

Servir a la orden del gato azul no interferirá con tus órdenes y tu servicio a la realeza. Nosotros no ordenamos, nosotros escuchamos a los que nos necesitan y actuamos por ellos. Cualquier causa inspirada en la compasión, es una causa justa para La Orden del Gato Azul. Te he ofrecido ser parte de nuestra hermandad porque cuando te encuentres ante una causa digna de nuestros actos, siempre será mejor que estés acompañada por hermanos que te ayuden a sobrellevarla. Para que nunca más debas matar sola a un dragón. Muchos tienen el potencial, pero tú, has sido probada por fuego. Recuerda que cuando debas cumplir con tu causa, la de los justos, aquellos que te ayuden a cumplirla, serán tus hermanos. Tú has probado ser mi hermana y por eso así te llamo.

Desde el momento que elijas llamar al palacio de plata tu hogar y hasta que dejes de hacerlo, serás llamada hermana de La Orden del Gato Azul.

            Dejó la carta sobre el escritorio nuevamente y volvió a recorrer con la vista la habitación. Detuvo su mirada en varios recipientes cerámicos, dejados cerca de la armadura y su lanza. En ese momento decidió que se llevaría de esa habitación. Se dirigió hacia el pasillo que comunicaba todas las habitaciones hasta encontrar a una sierva a la que ordenó que le despertasen una hora antes del alba. Guy podía hacerlo sola pero esta vez no quería arriesgarse. Faltaban seis horas para partir.

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