Fortaleza de Fenor
Día 9 del noveno mes de 1280 del calendario de Finvir.
Guy
se levantó temprano, cuando la sierva entró a despertarla ella ya se encontraba
levantada y cambiada. Le pidió que la ayudase a empacar, lo poco que llevaría y
se dirigió a la puerta del noreste de la fortaleza. No quedaba lejos.
En
la puerta estaba todo preparado, sus hombres sus caballos y carruajes, sus
provisiones y todo lo demás que había dispuesto el rey para ella. La mujer
reconoció enseguida por las lunas dibujadas en su armadura al oficial superior,
que sería a partir de entonces su segundo al mando. Se dirigió solo a él
ignorando al resto que, tan pronto como la habían visto habían formado una
línea recta entre ellos y se habían parado tan bien como habían podido.
El hombre se
inclinó ante Guy que le devolvió el gesto —Saludos dama de Montevid, mi nombre
es Nin.
—Lo conozco capitán
Nin. Usted sirvió para Nuel, el campeón del reino. Prefiero que me llame Mayor
a “dama de Montevid”.
—Por supuesto —A
la izquierda de Nin se encontraban un hombre y una mujer mayor —. Si me permite
presentarlos ellos son Vicay, sanador del rey y Nebrá escriba y la dama de
compañía que ha dispuesto Urael para usted. Los hombres que se han ofrecido
para esta misión son…
Antes de que
pudiera seguir Guy lo interrumpió —Tendremos tiempo de conocernos en el viaje —Guardó
silencio un breve momento y continuó—. Antes de la batalla contra el Rey Orco,
conocía el rostro y nombre de todos aquí en la fortaleza, pero ahora la mayoría
están muertos. Ustedes son hombres y mujeres dispuestos a servir a su reino con
honor y les prometo que eso haremos mientras sigan mis órdenes. Puede que yo no
los conozca todavía, pero estoy segura de que todos me conocen a mí. Están aquí
como voluntarios, si alguno tiene dudas o no desea servir bajo mi mando, puede
irse ahora, nada les ha sido impuesto —Todos permanecieron rígidos y en
silencio—. Si nadie tiene nada que decir o desea retirarse, entonces partimos
ahora –habló ahora solo a Nin aunque todos pudieron escucharla—. Que los
hombres monten sus caballos, el tiempo no nos sobra.
El
sol recién se asomaba por el horizonte y los dos guardias vestidos de azul y
gris abrieron las puertas de la fortaleza para que el grupo de peregrinos
partiese. Guy de Montevid estaba a la cabeza vistiendo su armadura con los
colores del reino de Fenor. Detrás, un grupo de diez soldados la escoltaba. Dos
de ellos llevaban estandartes del reino para que todos fácilmente reconociesen
a quienes integraban el grupo. Al lado de ella estaba Nin, su segundo al mando.
Él era uno de los guerreros de elite de las tropas del difunto Nuel, campeón de
los hombres, quien había sido decapitado por Glansh Mur-hr. Pocos hombres tan
fieros como él pisaban Fenor todavía. Había dos carretas ambas de cuatro
ruedas, una con las muchas pertenencias que llevaban en la que estaban el sanador
que había enviado el rey y Nebrá la dama de compañía y escriba que debía ayudar
a Guy en su rol dentro de la corte. La mujer tenía edad suficiente para ser su
madre y poseía cierta mueca de desagrado en su rostro. La mayor recién la
conocía y ya le disgustaba. Guy a pesar de ser de una familia noble no estaba
acostumbrada a esos tratos. Habiendo pasado los últimos años en la fortaleza de
Fenor como militar, los siervos la incomodaban. Dos de los soldados habían
atado sus caballos a la carreta y guiaban la misma. Otros dos hacían lo mismo
con otra carreta llena de provisiones, algunas entregadas por el rey y otras
que Guy había hecho subir especialmente, como una caja de madera de dos brazos de
largo por uno de alto y varios recipientes cerámicos cuidadosamente sellados.
Su primer destino sería una aldea llamada Rimblau, pero se encontraban todavía
a días de allí.
Las
horas pasaron mientras marchaban a paso moderado. Todos a caballo o carreta.
Guy demoró la hora del almuerzo. No habló con nadie solo observó su mapa
calculando cuanto les llevaría llegar al primer destino. De vez en cuando
miraba al norte, donde se encontraban sus tierras. Continuaron su viaje esta
vez más despacio. Hasta que se hizo de noche y volvieron a acampar. Los hombres
estaban algo incomodos pues Guy todavía no les hablaba. Permanecía seria y
concentrada. Los soldados hablaban entre si despreocupados, al principio se
habían mantenido en silencio pero con las horas se fueron animando y al ver que
Guy no los reprimía charlaban mientras montaban de temas banales. La Mayor solo
intercambiaba palabras con Nin y prácticamente ignoraba al resto. Tras comer y
organizar las guardias de esa noche se echó a descansar.
Su descanso se
vería interrumpido, un joven de los que se había ofrecido como voluntario la
despertó —Mayor se aproximan hombres.
Guy se levantó
tranquilamente, las posibilidades de que fueran bandidos eran muy pocas y
estaba claro para todos quienes eran ellos, enfrentar un grupo de soldados era
un suicidio a menos que se tratase de un número excesivo de hombres y el botín
que podrían proporcionar ellos era inexistente, demasiado riesgo para tan poco
beneficio. Ya levantada Guy distinguió al emblema de su familia, una hoja de
vid dorada sobre un fondo verde. Eran tres hombres, uno iba sobre una carreta
tirada por dos caballos y los otros iban a caballo escoltándolo. Guy ordenó a
todos que bajasen sus armas.
El hombre de
la carreta habló —Saludos dama de Montevid, tu abuelo nos envía con una
diligencia para ti. El señor Shires sabe que no puede acompañarla ni enviar
hombres con usted pero desea al menos que su viaje sea cómodo y espera que todo
lo que aquí se encuentra le sirva en su misión.
Guy se sintió
un poco una niña mimada. Recorrió con su mirada las pertenencias, había unos
pocos libros, tinajas de vino, algunas cajas seguramente con ropa y varios
utensilios de cocina. Además una gran provisión de armas. Sería en vano
rechazar tal oferta de su abuelo así que la aceptó. Agradeció a los hombres y envió saludos para su abuelo.
El hombre de la carreta montó en el caballo de uno de los otros dos y se retiró.
Ahora la caravana tenía una tercera carreta y uno de los soldados debería de
atar su caballo a ella para que no escapase y dirigirla. Guy ordenó continuar
con las guardias y seguir durmiendo. Al día siguiente investigaría más sobre lo
que había enviado su abuelo.
Antes
del mediodía del segundo día de marcha pasaron cerca de la aldea de Treliz
desde allí, tan pronto como llegaron al rio Ilem, su camino se dividía en dos,
podían ir por el del norte o por el del sur. Al sur se encontrarían pronto con
una ciudad y seguirían costeando el rio. Guy eligió el camino del norte, era más
solitario y no encontrarían civilización por varios días pero su destino era
llegar a Rimblau, el camino del sur los demoraría. Lejos al norte, se
encontraba la cordillera de Suminer, de las montañas grises.
El
viaje fue tranquilo pero el frío se hizo notar y las capas se hicieron
obligatorias. Cada día que pasaba se acercaban más al noreste, pero sobre todo
al norte. Y el clima era cada vez más frío. Esto también estaba marcado por el
invierno que estaba por caer sobre ellos. Recorrieron las propiedades de tres
poderosos terratenientes, quienes habían sido advertidos del paso de Guy y su
grupo. Extensos campos de siembra donde les regalaron espinacas, zanahorias,
cebollas largas y varias otras verduras que aprovisionaron con gusto, además de
varias decenas de huevos de gallina y pato. Los labriegos simplemente se
acercaban a ellos a dejar provisiones y agradecían el paso de Guy que se
limitaba a sonreírles amablemente e intentaba no demorarse.
El
quinto día forzaron el paso pues debían atravesar una meseta para llegar a la
laguna de Itsgia, donde repondrían sus reservas de agua y descansarían. Nin le
había indicado que si no atravesaban la meseta podrían ahorrarse varias horas y
llegar hasta la última torre vigía del territorio de Gono incluso ese día. Guy
insistió en seguir por ese camino pues según aclaro al capitán Nin “Deseaba ver a unas aves.” Nin trasmitió
esto a los soldados que no protestaron. Nebrá, la escriba parecía un poco
ofendida de que Guy todavía no hablase con ella más que de temas completamente
esporádicos y mundanos. A la noche acamparon en la laguna de Itsgia.
A
pocas horas de allí se encontraban las ruinas de la antigua ciudad de Kiminer.
Aunque la ciudad varios siglos atrás había sido prospera actualmente se
encontraba abandonada y solo era el refugio de maleantes y ladrones. Era común que
los hombres de las guardias ciudadanas de las poblaciones vecinas terminasen allí
persiguiendo a algún malhechor. Los guardias eran hombres de armas que
prestaban un servicio en conflictos civiles interviniendo en favor de las leyes
vigentes. Siempre se trataba de plebeyos pues los nobles tenían un lugar
asegurado en el ejército. Los plebeyos que participaban en el ejército, como el
capitán Nin superaban en autoridad casi siempre a cualquier integrante de la
guardia de cualquier ciudad más allá de su rango. Como los guardias no solían
intervenir en asuntos militares estaban equipados con armaduras livianas y
armas mejor preparas para el combate dentro de espacios urbanos, en contraste
con los equipos del ejército como los de Guy. Aun así, en las grandes ciudades
dentro de la cadena de mando de las guardias eventualmente se llegaba a
funcionarios del ejército, que los controlaban. Guy misma había administrado
alguna vez a guardias de la fortaleza de Fenor, y sabía por esto de Kiminer.
Pero un ataque era improbable, si bien eran pocos los ladrones elegirían escapar
antes de enfrentar a una patrulla como ellos. Por esto estaba tranquila.
Los
hombres preparaban la cena. Guy estaba alejada como siempre. Nebrá caminó hasta
donde estaba la mayor, que se encontraba sentada observando un mapa y leyendo
un libro de geografía e historia.
—Dama de
Montevid, ¿Podemos hablar? —preguntó Nebrá a espaldas de la otra mujer.
—Podemos,
¿Podría usted llamarme Mayor? —dijo Guy sin voltear.
—No. No haré
tal cosa.
—¿Disculpe
usted? —preguntó Guy esta vez volteando.
—No soy una
militar, su rango militar no significa nada para mí. Soy su dama de compañía.
—No. Usted
está a mis órdenes.
—En eso se
equivoca, yo estoy a su servicio, pero bajo las órdenes del rey Urael. Él me ha
ordenado que la ayude en esta misión. Cosa que encuentro bastante difícil de
hacer teniendo en cuenta que ni siquiera ha intentado dirigirme la palabra. Si
usted lo desea puedo quedarme en la torre a la que llegaremos mañana y
regresaré donde el rey Urael.
Guy la observó
de arriba abajo, midiéndola y luego suspiró —Estoy segura de que necesitaré de
su servicio más adelante, no veo en que puede ayudarme ahora.
Nebrá se
acomodó la ropa inexpresiva —No soy la única a la que ha estado ignorando. No
ha preguntado siquiera los nombres de los hombres bajo su mando, ni ha hablado
con ellos. Nos ha ignorado a mí y a Vicay. Solo habla con el capitán Nin.
Cuando lleguemos a una ciudad, ¿Así actuará como emisaria? ¿Ignorando a los
vasallos y a los jóvenes soldados?
Las palabras
de Nebrá sumadas a su edad y presencia podrían haber bastado para impresionar a
cualquier joven de la edad de Guy, pero ella no se asustaba fácilmente. Guy se
puso de pie, no era más alta que Nebrá, pero alcanzó para que esta si se
sintiese un poco intimidada aunque no lo demostraría —Tengo mucho tiempo en
esta misión para decepcionarla, Nebrá. Que no le hable no significa que la
ignore. Usted ha comido y ha gozado de nuestra protección. No discuto que usted
sea un elemento importante de nuestra misión, solo no lo es ahora.
La voz de Nin
interrumpió la conversación con Nebrá que de todas formas había llegado a su
fin. Guy y Nebrá fueron a ver qué era lo que sucedía.
Nin le gritaba
a dos de sus hombres —Son unos inútiles. Les he dado una simple misión y
ustedes la arruinan.
Uno de los
hombres de cabellos castaños y cortos y ojos negros dijo afligido –Disculpe
Capitán.
—¿Qué ha
pasado? —preguntó Guy a su primero al mando. Los hombres palidecieron.
—Les he
ordenado preparar la cena, luego he ido a mear… —Nin se detuvo—Disculpe.
—¿Por mear? Es
algo bastante sano, de no poder hacerlo le recomendaría hablar con el señor
Vicay —contestó Guy seriamente. La mujer vio lo que los hombres estaban
preparando, habían tomado varias cebollas largas y varias zanahorias y las
habían pelado, había también una gran olla donde hervía agua —. No se preocupe
capitán Nin yo me encargo.
Nin asintió
con su cabeza –Sí.
—Utsner,
–nombró a uno de los hombres que jamás le había sido presentado— ¿Al menos
sabes porque te está llamando la atención el capitán Nin?
—No Mayor.
—¿Y tú Asilod?
—No Mayor.
Guy guardó
silencio y observó al resto de la tropa, todos la estaban viendo en ese momento
y habían dejado lo que sea que estuviesen haciendo para prestar atención –Las
zanahorias que están preparando son provisiones. Provisiones que perecerán dentro
de mucho tiempo, de hecho tenemos todo un método especial para conservarlas lo
hacemos colocándolas verticalmente en cajas con arena y tierra para que duren
varias semanas. Estos son alimentos de los cuales podremos disponer más
adelante si es que no logramos reabastecernos, cosa que debemos asumir siempre
es una posibilidad. Lo que hacen es un desperdicio, un mero derroche, sobre
todo teniendo una laguna al lado de ustedes. Cuando el capitán les ordenó que
preparasen la cena llevaba implícita la orden de que salieran a cazar, pescar o
incluso recolectar algo. No nos valemos de las provisiones a menos que sea estrictamente
necesario y cuando lo hacemos utilizamos lo que esté más próximo a pudrirse, no
lo que más nos gusta. Esta no es la despensa de su madre, esta es una campaña
militar —Se dirigió ahora a otros hombres—. Cerner, Nioroc, Malael y Antir,
vayan por redes e intenten pescar algo, las carpas sombras de aquí serian una
buena cena. Shines, Nuanes, Mirub y Zaseff, busquen más leña y cuando terminen
saquen las espadas y lanzas que envió mi abuelo que están en mi carreta y afílenlas
con las piedras que también envió. Si no saben hacerlo estoy segura de que
Shines que creció ayudando en la herrería de su tío sabrá cómo explicarles a
los otros. No me extrañaría que no supieran porque el resto de ustedes son
labriegos y albañiles en su mayoría. Excepto por Antir cuyos padres son
pescadores de la aldea de Mien, por eso lo he enviado a pescar.
Los hombres
guardaron silencio, incluso Nin no sabía que decir, finalmente Asilod, el otro
joven que se encontraba cocinando preguntó —¿Cómo sabe usted todo eso?
Guy sabía muy
bien a donde iba esa pregunta pero aun así respondió sobradamente —Se cómo
organizar una campaña, mas como la nuestra que por ahora es pequeña. Si
consumimos lo que podemos almacenar pronto nos quedaremos con nada, los peces se pudren enseguida en cambio los
vegetales que tenemos con este frio y bien conservados duraran varios días
todavía. Si te refieres a cómo es que me he aprendido todos sus nombres y
oficios pues solo resta decir que escuchando sus charlas. Puede que no les
hable, pero estoy atenta de sus necesidades. No puedo medir sus capacidades
solo por lo que me dicen tengo que ver lo que son capaces de hacer.
|Los hombres
no contestaron nada. Nin al verlos pasivos indicó con voz de mando —Se le han
dado órdenes. —Y los hombres comenzaron con sus tareas, excepto Asilod y Utsner
que todavía no sabían cómo continuar.
Guy les señaló
que la siguieran y también a Nebrá, caminaron hasta la carreta que había
enviado su abuelo. La Mayor comenzó a buscar entre los objetos y a separar
varios de ellos. Luego comenzó a entregárselos a los hombres. Había una botella
con aceite, tres recipientes cerámicos, una caja con un queso y dos sartenes
grandes que se unían quedando una sobre la otra y calzando perfectamente —¿Qué
reconocen de todo esto? –preguntó.
—Esto es
aceite de oliva. —dijo Asilod.
—Esas tinajas
tienen vino. —contestó Utsner sonriendo.
—¿Reconoce
usted lo demás? —preguntó Guy a Nebrá.
—Queso azul y
una sartén doble para hacer tortillas. —contestó la escriba.
—¿Han comido
ustedes una tortilla alguna vez, o probado el queso azul?
—No, Mayor. —contesto
Utsner, Asilod lo negó también con su cabeza.
Esto no era de
extrañar, el queso Azul era un alimento artesanal reservado a los nobles y las
tortillas eran una comida demasiado elaborada para gente que era posible
consumiesen solo alimentos básicos. Guy miró a Nebrá seriamente —De pequeña en
mi hogar en Montevid recuerdo que mis cocineros me preparaban tortilla de
zanahoria con queso azul. ¿La ha probado alguna vez?
—Si. –contesto
secamente la mujer.
—No recuerdo
del todo la receta, jamás he sido buena para cocinar ¿Usted la recuerda?
—Si, la he
preparado antes. Aunque sin queso, eso siempre ha sido demasiado caro para mi
bolsillo.
—No para el mío
—contesto Guy inexpresiva—. ¿Y conoce eso de agregarle vino blanco a las
zanahorias?
—¿Desglasar?
–Nebrá soltó una risa fingida—. Si por supuesto.
—Genial, usted
ayudará a estos hombres a preparar dos tortillas, el resto de nuestra cena será
lo que hayan pescado los demás.
Nebrá intentó
protestar, ella no era la cocinera del grupo ni tenía intenciones de serlo
–Pero…
Guy habló para
los dos hombres —Esta noche comerán como nobles –dijo sonriendo—Usted Nebrá no
se preocupe, sus comensales no tienen experiencia en este tipo de cocina así
que no juzgaremos sus cualidades como cocinera, yo misma me he olvidado ya como
sabe una tortilla de zanahoria —la mayor se colocó cara a cara frente a la
escriba—. Como vera he tenido en cuenta sus recomendaciones y me he relacionado
mejor con la tropa. He cumplido con mí deber cumpla usted con el suyo.
Nebrá no insistió y con desagrado
ayudó a los jóvenes a cocinar dos tortillas de zanahoria con queso azul.
Nin se acercó
para hablar con la Mayor —Ha estado usted muy bien. Los hombres necesitaban
escuchar su voz de mando.
Guy miró al
hombre que le sacaba una cabeza de alto —He tenido cientos de hombres y mujeres
bajo mi mando, pero siempre he estado yo bajo el mando de otros también. Esta
es la primera vez que no dependo de las órdenes de nadie y es todo
completamente responsabilidad mía. ¿Cree, como Nebrá, que he sido demasiado
distante?
—Ha estado
usted muy bien —contestó Nin que era un hombre de pocas palabras. Nin no era un
noble, ni mucho menos un terrateniente. Según los códigos o leyes de Fenor,
podía ser nombrado noble armas si sus cualidades en batalla sobresalían por
algún motivo, como había pasado con Nuel Livir. En tal caso dejaría de ser un
plebeyo para pasar a ser un caballero, esto no le daría tierras pero si una
acomodada pensión del estado. Podía ser nombrado Noble de honor, si sus
cualidades humanas eran puestas a prueba y se distinguía de otros por su
incuestionable y extraordinario servicio al reino, en tal caso el Rey dispondría
de él para otras cualidades por fuera de las bélicas. Guy era otra clase de
noble, ella era una terrateniente, su familia poseía extensos territorios y sus
raíces en la nobleza se remontaban a decenas de generaciones atrás. Ella tenía
un nombre intachable, poder económico y poder militar. Era difícil llegar a ser
un noble, mas no imposible, y hacerlo no le garantizaba riqueza o una posición
acomodada, pero siempre era más que ser un plebeyo. Ese anhelo era parte del
motor de todo militar en Fenor, ascender de clase. Nin comprendió que la
respuesta que le había dado a Guy había sido demasiado corta por lo que agregó—.
Cuando sean cientos o miles, los hombres que estén bajo su mando, de seguro no
los conocerá a todos. No es necesario que sea amiga de ellos y hasta recomiendo
que mantenga distancia.
Guy meditó
unos segundos luego ordenó a Nin —Mañana antes de partir, mediremos las
cualidades de los hombres con la espada. Es obvio que ninguno de todos ellos
tiene experiencia militar, se le han dado espadas y túnicas con nuestros
colores pero nada saben hacer con ellas, se formaron para otra cosa eso no
tiene nada de malo, pero si van a portar espadas es mejor que aprendan a
usarlas o serán victimas fáciles. No hay
tiempo de hacer espadas de entrenamiento, use las que tenemos en sus vainas y
sea cuidadoso. También espero que sea exigente, hemos estado demasiado
relajados. No sé qué nos espera en Koria.
—Así se hará. —Nin
se inclinó ante Guy que le devolvió el saludo.
Las tortillas
de Zanahoria con queso azul acompañadas por la carne de carpa sombra y el vino
tinto de Montevid, vino de reyes, fueron una cena que muchos hombres allí jamás
repetirían. La imagen de Guy había cambiado para todos.
Descansaron
plácidamente. Despertaron al amanecer. Nin se retiró a entrenar con los hombres
dejando a Guy sola con Nebrá y Vicay. En esa región jamás nevaba aun así hacia
mucho frio. La mayor observaba el lago con detenimiento.
—¿Ha podido
ver sus aves? —preguntó Vicay a la mujer más joven.
—No. No me he
encontrado con ninguna que me interese.
—Es una pena. —contestó
el anciano enderezando su espalda.
Cuando el
entrenamiento terminó tomaron todo y partieron hacia la última torre de Fruel
del territorio de Gono, allí la última parte del bosque del norte de Fenor separaba
a la provincia del territorio de Koria. Aunque sus habitantes poseían un
orgullo particular por su tierra eran respetados ciudadanos de Fenor y
reconocidos por su devoción al dios sol.
Las horas
pasaron rápido. Al borde del camino encontraron un puesto de la guardia real.
La torre ligeramente fortificada era de piedra y ladrillos y de varios pisos de
altura. Poseía una guarnición de unos pocos hombres encargados del enviar las
señales del sistema que el padre del actual rey había enviado a construir. Estas
torres daban trabajo a varios hombres que mantenía el reino, eran hombres
libres que no servían a ningún señor feudal y constituían unas de las pocas
unidades que estaban solo al servicio directo de la corona. Estos hombres
habían sido escogidos por estar alfabetizados. La necesidad de hombres de
letras en las torres obligo a que gran parte de la población aprendiera a leer
lo que en una generación había cambiado la forma de vida de los vasallos del
reino. Algunas torres, como está cerca del camino, también daban refugio y
asilo a los viajeros y servían para reabastecer posibles marchas militares.
Guy se acercó
a la puerta de la torre, donde un soldado estaba parado haciendo guardia. Era
medio día pero el sol no daba calor alguno esa mañana.
—Saludos
soldado. —dijo Guy sin desmontar.
—Saludos
Mayor. —dijo el hombre inclinándose, que supo reconocer el rango de su superior
por su vestimenta—. Los estábamos esperando.
—¿Es eso
cierto? Las noticias vuelan.
—Filmon, quien
está al mando de este puesto bajará en unos segundos.
—Bien, aquí
esperaremos.
Guy
indicó a sus hombres que se detuvieran. Bajaron de sus monturas y estiraron sus
piernas, prácticamente desde el alba que estaban avanzando. A pesar de ser
diestros jinetes era cómodo poder caminar un poco para variar. Detrás de la
puerta de la torre se escucharon pasos apresurados de alguien que descendía por
una escalera. Para cuando el hombre salió Nin ya estaba al lado de Guy.
—Saludos yo
soy Filmon.— El hombre se reverencio.
—Saludos. Yo
soy la Mayor Guy de Montevid y él es el Capitán Nin enviados del rey Urael.
—Si, si, si —Insistió
Filmon sonriendo—. Por supuesto que hemos reconocido sus estandartes. Mis
hombres cumplen aquí varias misiones. Pero la más importante claro esta es
trasmitir cualquier señal que sea enviada desde las otras torres. Es por esto
que tendrán que conformarse con nosotros dos por el momento. Arriba hay tres
hombres y dentro tres más durmiendo esperando el cambio de guardia. Aquí no
descansamos nunca —Filmon movía demasiado las manos y la cabeza. Exageraba los
gestos tratando de impresionar a las vistas reales que pocas veces por no decir
nunca había tenido. Cualquier protocolo militar había sido olvidado hacía rato
después de meses de soledad. Los campesinos solían visitar a los soldados y los
abastecían de provisiones, agua y abrigo. Pero solo sucedía pocas veces al mes,
después de eso debían conformarse con ver sus rostros todo el día y las visitas
eran realmente bien recibidas. Guy intentó decir algo pero Filmon la interrumpió
aplaudiendo una vez—. Pronto Milen, trae las provisiones que se nos fue
encargado darles. —El guardia miró por un segundo a Filmon quien insistió
haciendo un gesto con las manos y pronto se adentró en la torre.
—¿El rey Urael
les ha pedido esto? —preguntó Guy.
—Si por
supuesto. Nos ha dicho que cerca de estos días nos llegarían visitas y que debíamos
conseguirles provisiones. Nos han dicho que serían visitas importantes. No nos habían
dicho quien claro está. Entenderá que los mensajes suelen ser cortos y claros y
es muy extraño que se lleven de aquí para allá detalles muy específicos. No sabíamos
que Guy la mata dragones pasaría por nuestro humilde puesto. —Guy a pesar de su
solemnidad característica se sonrojó.
—¡Con que esa
fama me he hecho! —Guy sintió la respiración de Nebrá en su nuca.
—Si, claro —dijo
Filmon enderezando su espalda—. Claro que la conocemos, es una gran historia la
de su hazaña. Si se quedan a almorzar con nosotros quizás pueda contárnosla.
—Eso sería maravilloso —dijo el
guardia que regresaba con los primeros sacos con granos—. ¿Dónde debo poner
esto?
Nin que miraba
al joven guardia desde arriba ya que le sacaba cerca de media cabeza extendió
su brazo indicando la carreta —Ahí estará bien. ¿Nos quedaremos a almorzar
aquí? -preguntó jocosamente.
Nebrá interrumpió
antes de que la mayor pudiese decir alguna palabra —Estoy segura, que la dama
Guy con gusto deseará quedarse aquí para almorzar con ustedes y contar sus
heroicas historias.
—¿Si? —preguntó
Guy. Pero esto fue interpretado como una rotunda afirmación por parte de los
guardias de la torre. Guy sintió que Nebrá se estaba cobrando lo de la noche
anterior, admiro su insistencia, pero le devolvería el favor.
Pronto
el almuerzo estuvo servido. A los tres guardias que estaban sobre la torre se
les concedió un descanso de apenas minutos para bajar y saludar a Guy de
Montevid y para llevarse su ración de comida. Filmon y Milen se quedaron arriba
esperando su regreso y cuando estos llegaron regresaron con Guy y sus hombres
que se encontraban almorzando cómodamente.
—El viaje
hasta aquí ha sido algo aburrido. —dijo Guy quien era sincera ya que la sangre
de sus venas le demandaba emociones.
—Imaginen como
estamos nosotros. —dijo Milen muy poco ceremonialmente.
—Soy capaz de
darme cuenta. Mas sepan que, todos en el reino sabemos cuan vital es su función.
Y que la seguridad del reino y todos sus habitantes depende de ustedes. —dijo
Guy que se encontraba sentada en un banco de madera. La armadura que portaba no
le resultaba incomoda pero limitaba un poco su movimiento. Milen sonrío después
del comentario halagador de Guy. Quien notó esto y sintió que empezaba a
cumplir un poco con su misión.
—¿Cuéntanos
algo sobre la batalla de Fenor dama de Montevid?
Nin que sostenía
un pedazo de carne en su mano exclamó –¡No es “dama de Montevid”, es la mayor
para nosotros!
—Por supuesto.
–se disculpó Filmon.
Nin continuó —Estoy
seguro de que ya habrán oído muchas historias sobre la batalla. Han pasado ya
meses. Pero ahora estamos en otra misión. Debemos llegar a la ciudad de Kirun.
Cualquier información que puedan darnos sobre nuestro camino hasta ahí será
bien recibido y que quede claro que sus nombres ya entraran dentro de nuestro
reporte, como los fieles servidores de su reino que son.
Filmon golpeó
con el reverso de su mano el hombro de su subalterno, orgulloso y emocionado de
ser nombrado en un documento real. —Pues sí, claro. Disculpen nuestra emoción.
—Es
entendible, joven. —dijo Nebrá a quien en realidad no le correspondía hablar.
—Verán,
cruzando el bosque esta la aldea de Rimblau. No esperen mucho de ella y no se sentirán
decepcionados. Son buena gente, hospitalarios, pero solo piensan en el dinero.
Son la primera población después de entrar a Koria o la última antes de salir,
depende de qué lado estén. Y como dije solo piensan en el dinero, todo el
pueblo es una gran aduana. No hay muchos hombres ahí, pero sí que se mueven las
monedas de oro.
—Entiendo —La
mayor se puso de pie y soltó las ataduras que sostenían su armadura, quitándose
el peto y la parte de su cintura para sentirse más cómoda. – ¿Y en cuanto
tiempo creen que llegaremos hasta allá? —Filmon se detuvo un segundo a
contemplar el cuerpo de Guy que ahora sin armadura era más notorio. Ella era de
una altura baja y delgada. Pero sus músculos eran fibrosos. Vestía ropas de
tela azul oscuro y gastada bajo su armadura. Entre la nobleza no habrían sido
considerados como el más hermoso atuendo y las mujeres de la corte jamás habrían
usado pantalones como Guy, pero para ella eran lo más práctico. Por el mismo
motivo llevaba el pelo bien corto. Era una militar antes que noble. Frunció el ceño
—He preguntado ¿Cuánto tardaremos en llegar allí?
—Si, si,
claro. Si salen hoy en una horaaa… —sostuvo la vocal como si estuviese
calculando en su cabeza y el pensamiento le hubiese tildado el habla—. mmm… yo
creo que llegarán a la medianoche. No están tan lejos pero el bosque es espeso,
sigan el camino de piedra. Allí, en Rimblau se encontraran con una torre igual
a esta.
—Entonces no
tenemos que perder el tiempo. —La mujer se limpió la grasa de su mano en el
pantalón.
—Si, si. Pero
aun así todavía hay tiempo. Cuéntanos algo. Por favor.
—No soy buena
contando historias. –contestó Guy seriamente.
—Cualquier
cosa.
La Mayor
intento no refunfuñar, pero deseaba mantener un perfil amable —Bien, no hace
falta que les diga que maté un dragón en aquella batalla. Mi lanza enfrentó a
la bestia y se incrustó en su corazón —Guy cerró la mano con fuerza como si
apretase con ella el corazón de la bestia. Los hombres repitieron el gesto con
cierta alegría—. Pero sabrán ustedes también que el ejército de Fenor no estaba
solo en esa batalla. Ciertas criaturas extrañas aparecieron. Nunca sabrán de
seres más extraños.
—Cuéntanos
algo de ellos.
—No me alcanzaría
el tiempo para poder explicarlos. ¿Cómo describo a un enano gigante o a un semi-dios
que lanza relámpagos por sus manos? ¿Cómo explico que vi a un muerto caminando
entre los vivos o a un orco peleando para nosotros sin que me consideren loca?
Incluso los acompañaba un gato cuya mayor peculiaridad no era ser azul o tener
los ojos color plata sino que era capaz de hablar al punto de hacerte desear
nunca haberlo conocido por insoportable. Y escuché la canción de la espada
cantante de Fernor posiblemente por única y última vez en mi vida.
—Fascinante. —exclamó
Milen.
—Cuando maté
al dragón, la bestia en su último acto me golpeó y dejó mal herida. Pero fui
rescatada y protegida por estos guerreros extraños. De otra forma hubiera
muerto sin remedio. Y me llevaron hasta donde viven. Sé que no he viajado
mucho, pero visité el palacio de plata. Un justo nombre puesto por Neilad, el líder
de esta orden de fenómenos extraños. Allí la magia de las piedras en que está
construido tal edificio curó mis heridas así como la de todos los que se
acercan a ella. Ya que el bosque mismo busca paz.
—¿Y cómo se hacen
llamar estos guerreros? —preguntó Filmon a quien se le caía la comida de la
boca.
Guy introdujo
la mano en sus ropajes y sacó un prendedor con la figura de un gato azul y se
los mostró a los hombres. Ni siquiera Nin había visto el prendedor alguna vez.
Ya que ella nunca había hablado sobre lo que había sucedido en el palacio de
plata más que lo obvio y era que ella se había recuperado allí –“Nosotros”
somos la Orden
del Gato Azul. –Los hombres de Guy murmuraron en voz baja y Milen y Filmon
abrieron los ojos asombrados.
—¿Eso
significa que tú eres parte de este grupo también? —preguntó Filmon.
—Pues sí. Eso
creo. Neilad me pidió que me uniese a ellos después de la batalla de Fenor —Guy
se levantó nuevamente y se dirigió a la carreta con las provisiones. Dio un
paso y se detuvo—. Antes de irme voy a obsequiarles algo. Ya que han sido tan
buenos escuchas y esta es mi primera vez contando historias. —Llegó a la carreta y quitó de entre las provisiones
dos de los varios jarros cerámicos que había hecho subir en la fortaleza de
Fenor. Y se los entregó a Filmon.
El hombre
quitó la tapa y vio en su interior. Luego metió la mano dentro para tocar lo que
había. –Gracias… son olivas.
—Si. Crecen en
el jardín del palacio de plata. Neilad me envía a menudo varios de estos
recipientes. Creo que es para recordarme que allí me recuerdan, pues.
—¡Oooh...,
gracias! No esperábamos tal cosa. Es usted muy generosa, no estamos
acostumbrados a esto.
—No es nada
realmente. Tengo muchas de ellas. Pero ahora entenderán que debemos partir
cuanto antes para poder llegar a Rimblau.
—Por supuesto.
–dijo Filmon.
Guy dejo de
mirarlo al escuchar un graznido busco al animal con la vista —¿Eso ha sido un
pato?
Filmon sonrió
–Si. ¿Desea verlo?
—Si. —contesto
Guy algo emocionada.
Filmon la guio
hsata un corral improvisado detrás de la torre donde se encontraba un pato con
el pico de color negro, el plumaje blanco y pardo y una línea negra que recorría
su lomo. El pato volvió a graznar. Filmon abrió la puerta del corral —Es un
pato soldado de Itsgia, lo encontramos lastimado y lo estamos cuidando.
Guy se inclinó
para acariciar al ave —Solo había visto uno de niña, unos primos míos tenían
uno de mascota. Jamás tuve uno.
Los patos
soldados de Itsgia eran mascotas comunes entre los nobles, consumir su carne
estaba prohibido en todo el reino.
—¿Desea usted
llevarse al pato? —preguntó Filmon.
Guy soltó una carcajada sincera,
era la primera vez que sus hombres la veían reír —No hombre, ¿Qué haría yo con
un pato? Le agradezco, pero está en mejores manos con usted que conmigo. Hacía
mucho que quería volver a ver uno de estos animales. –Guy terminó de acomodarse
la armadura y continuó—Me ha alegrado el día, señor Filmon. Le agradezco eso. Pero
ahora debemos partir.
Después de
esto y varios agradecimientos mas, finalmente los hombres al mando de Guy
pudieron escapar de la hospitalidad de los guardianes de la torre vigía. Como
dijo Filmon, les tomó todo el día cruzar esa parte del bosque hasta llegar a
Rimblau. Ya habían pasado varias horas desde que no veían al sol cuando
pudieron escuchar el sonido de la aldea. Les extraño el sonido pero les alegro
escucharlo. Estaban cansados y llegar hasta allí era una buena señal. Apuraron
la marcha para llegar cuanto antes. El frío en la noche era aún mayor.
Referencias
1) Espinaca
2) Zanahoria
5) Carpa sombra
6) Oliva
7) Quesoazul
8) Sartén doble
9) Vino blanco
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