domingo, 23 de abril de 2017

02 - Las torres de Fruel


Fortaleza de Fenor
Día 9 del noveno mes de 1280 del calendario de Finvir.


            Guy se levantó temprano, cuando la sierva entró a despertarla ella ya se encontraba levantada y cambiada. Le pidió que la ayudase a empacar, lo poco que llevaría y se dirigió a la puerta del noreste de la fortaleza. No quedaba lejos.

            En la puerta estaba todo preparado, sus hombres sus caballos y carruajes, sus provisiones y todo lo demás que había dispuesto el rey para ella. La mujer reconoció enseguida por las lunas dibujadas en su armadura al oficial superior, que sería a partir de entonces su segundo al mando. Se dirigió solo a él ignorando al resto que, tan pronto como la habían visto habían formado una línea recta entre ellos y se habían parado tan bien como habían podido.

El hombre se inclinó ante Guy que le devolvió el gesto —Saludos dama de Montevid, mi nombre es Nin.
—Lo conozco capitán Nin. Usted sirvió para Nuel, el campeón del reino. Prefiero que me llame Mayor a “dama de Montevid”.
—Por supuesto —A la izquierda de Nin se encontraban un hombre y una mujer mayor —. Si me permite presentarlos ellos son Vicay, sanador del rey y Nebrá escriba y la dama de compañía que ha dispuesto Urael para usted. Los hombres que se han ofrecido para esta misión son…
Antes de que pudiera seguir Guy lo interrumpió —Tendremos tiempo de conocernos en el viaje —Guardó silencio un breve momento y continuó—. Antes de la batalla contra el Rey Orco, conocía el rostro y nombre de todos aquí en la fortaleza, pero ahora la mayoría están muertos. Ustedes son hombres y mujeres dispuestos a servir a su reino con honor y les prometo que eso haremos mientras sigan mis órdenes. Puede que yo no los conozca todavía, pero estoy segura de que todos me conocen a mí. Están aquí como voluntarios, si alguno tiene dudas o no desea servir bajo mi mando, puede irse ahora, nada les ha sido impuesto —Todos permanecieron rígidos y en silencio—. Si nadie tiene nada que decir o desea retirarse, entonces partimos ahora –habló ahora solo a Nin aunque todos pudieron escucharla—. Que los hombres monten sus caballos, el tiempo no nos sobra.

            El sol recién se asomaba por el horizonte y los dos guardias vestidos de azul y gris abrieron las puertas de la fortaleza para que el grupo de peregrinos partiese. Guy de Montevid estaba a la cabeza vistiendo su armadura con los colores del reino de Fenor. Detrás, un grupo de diez soldados la escoltaba. Dos de ellos llevaban estandartes del reino para que todos fácilmente reconociesen a quienes integraban el grupo. Al lado de ella estaba Nin, su segundo al mando. Él era uno de los guerreros de elite de las tropas del difunto Nuel, campeón de los hombres, quien había sido decapitado por Glansh Mur-hr. Pocos hombres tan fieros como él pisaban Fenor todavía. Había dos carretas ambas de cuatro ruedas, una con las muchas pertenencias que llevaban en la que estaban el sanador que había enviado el rey y Nebrá la dama de compañía y escriba que debía ayudar a Guy en su rol dentro de la corte. La mujer tenía edad suficiente para ser su madre y poseía cierta mueca de desagrado en su rostro. La mayor recién la conocía y ya le disgustaba. Guy a pesar de ser de una familia noble no estaba acostumbrada a esos tratos. Habiendo pasado los últimos años en la fortaleza de Fenor como militar, los siervos la incomodaban. Dos de los soldados habían atado sus caballos a la carreta y guiaban la misma. Otros dos hacían lo mismo con otra carreta llena de provisiones, algunas entregadas por el rey y otras que Guy había hecho subir especialmente, como una caja de madera de dos brazos de largo por uno de alto y varios recipientes cerámicos cuidadosamente sellados. Su primer destino sería una aldea llamada Rimblau, pero se encontraban todavía a días de allí.

            Las horas pasaron mientras marchaban a paso moderado. Todos a caballo o carreta. Guy demoró la hora del almuerzo. No habló con nadie solo observó su mapa calculando cuanto les llevaría llegar al primer destino. De vez en cuando miraba al norte, donde se encontraban sus tierras. Continuaron su viaje esta vez más despacio. Hasta que se hizo de noche y volvieron a acampar. Los hombres estaban algo incomodos pues Guy todavía no les hablaba. Permanecía seria y concentrada. Los soldados hablaban entre si despreocupados, al principio se habían mantenido en silencio pero con las horas se fueron animando y al ver que Guy no los reprimía charlaban mientras montaban de temas banales. La Mayor solo intercambiaba palabras con Nin y prácticamente ignoraba al resto. Tras comer y organizar las guardias de esa noche se echó a descansar.

Su descanso se vería interrumpido, un joven de los que se había ofrecido como voluntario la despertó —Mayor se aproximan hombres.

Guy se levantó tranquilamente, las posibilidades de que fueran bandidos eran muy pocas y estaba claro para todos quienes eran ellos, enfrentar un grupo de soldados era un suicidio a menos que se tratase de un número excesivo de hombres y el botín que podrían proporcionar ellos era inexistente, demasiado riesgo para tan poco beneficio. Ya levantada Guy distinguió al emblema de su familia, una hoja de vid dorada sobre un fondo verde. Eran tres hombres, uno iba sobre una carreta tirada por dos caballos y los otros iban a caballo escoltándolo. Guy ordenó a todos que bajasen sus armas.

El hombre de la carreta habló —Saludos dama de Montevid, tu abuelo nos envía con una diligencia para ti. El señor Shires sabe que no puede acompañarla ni enviar hombres con usted pero desea al menos que su viaje sea cómodo y espera que todo lo que aquí se encuentra le sirva en su misión.

Guy se sintió un poco una niña mimada. Recorrió con su mirada las pertenencias, había unos pocos libros, tinajas de vino, algunas cajas seguramente con ropa y varios utensilios de cocina. Además una gran provisión de armas. Sería en vano rechazar tal oferta de su abuelo así que la aceptó. Agradeció  a los hombres y envió saludos para su abuelo. El hombre de la carreta montó en el caballo de uno de los otros dos y se retiró. Ahora la caravana tenía una tercera carreta y uno de los soldados debería de atar su caballo a ella para que no escapase y dirigirla. Guy ordenó continuar con las guardias y seguir durmiendo. Al día siguiente investigaría más sobre lo que había enviado su abuelo.

            Antes del mediodía del segundo día de marcha pasaron cerca de la aldea de Treliz desde allí, tan pronto como llegaron al rio Ilem, su camino se dividía en dos, podían ir por el del norte o por el del sur. Al sur se encontrarían pronto con una ciudad y seguirían costeando el rio. Guy eligió el camino del norte, era más solitario y no encontrarían civilización por varios días pero su destino era llegar a Rimblau, el camino del sur los demoraría. Lejos al norte, se encontraba la cordillera de Suminer, de las montañas grises.

            El viaje fue tranquilo pero el frío se hizo notar y las capas se hicieron obligatorias. Cada día que pasaba se acercaban más al noreste, pero sobre todo al norte. Y el clima era cada vez más frío. Esto también estaba marcado por el invierno que estaba por caer sobre ellos. Recorrieron las propiedades de tres poderosos terratenientes, quienes habían sido advertidos del paso de Guy y su grupo. Extensos campos de siembra donde les regalaron espinacas, zanahorias, cebollas largas y varias otras verduras que aprovisionaron con gusto, además de varias decenas de huevos de gallina y pato. Los labriegos simplemente se acercaban a ellos a dejar provisiones y agradecían el paso de Guy que se limitaba a sonreírles amablemente e intentaba no demorarse.
           
            El quinto día forzaron el paso pues debían atravesar una meseta para llegar a la laguna de Itsgia, donde repondrían sus reservas de agua y descansarían. Nin le había indicado que si no atravesaban la meseta podrían ahorrarse varias horas y llegar hasta la última torre vigía del territorio de Gono incluso ese día. Guy insistió en seguir por ese camino pues según aclaro al capitán Nin “Deseaba ver a unas aves.” Nin trasmitió esto a los soldados que no protestaron. Nebrá, la escriba parecía un poco ofendida de que Guy todavía no hablase con ella más que de temas completamente esporádicos y mundanos. A la noche acamparon en la laguna de Itsgia.

            A pocas horas de allí se encontraban las ruinas de la antigua ciudad de Kiminer. Aunque la ciudad varios siglos atrás había sido prospera actualmente se encontraba abandonada y solo era el refugio de maleantes y ladrones. Era común que los hombres de las guardias ciudadanas de las poblaciones vecinas terminasen allí persiguiendo a algún malhechor. Los guardias eran hombres de armas que prestaban un servicio en conflictos civiles interviniendo en favor de las leyes vigentes. Siempre se trataba de plebeyos pues los nobles tenían un lugar asegurado en el ejército. Los plebeyos que participaban en el ejército, como el capitán Nin superaban en autoridad casi siempre a cualquier integrante de la guardia de cualquier ciudad más allá de su rango. Como los guardias no solían intervenir en asuntos militares estaban equipados con armaduras livianas y armas mejor preparas para el combate dentro de espacios urbanos, en contraste con los equipos del ejército como los de Guy. Aun así, en las grandes ciudades dentro de la cadena de mando de las guardias eventualmente se llegaba a funcionarios del ejército, que los controlaban. Guy misma había administrado alguna vez a guardias de la fortaleza de Fenor, y sabía por esto de Kiminer. Pero un ataque era improbable, si bien eran pocos los ladrones elegirían escapar antes de enfrentar a una patrulla como ellos. Por esto estaba tranquila.

            Los hombres preparaban la cena. Guy estaba alejada como siempre. Nebrá caminó hasta donde estaba la mayor, que se encontraba sentada observando un mapa y leyendo un libro de geografía e historia.
—Dama de Montevid, ¿Podemos hablar? —preguntó Nebrá a espaldas de la otra mujer.
—Podemos, ¿Podría usted llamarme Mayor? —dijo Guy sin voltear.
—No. No haré tal cosa.
—¿Disculpe usted? —preguntó Guy esta vez volteando.
—No soy una militar, su rango militar no significa nada para mí. Soy su dama de compañía.
—No. Usted está a mis órdenes.
—En eso se equivoca, yo estoy a su servicio, pero bajo las órdenes del rey Urael. Él me ha ordenado que la ayude en esta misión. Cosa que encuentro bastante difícil de hacer teniendo en cuenta que ni siquiera ha intentado dirigirme la palabra. Si usted lo desea puedo quedarme en la torre a la que llegaremos mañana y regresaré donde el rey Urael.
Guy la observó de arriba abajo, midiéndola y luego suspiró —Estoy segura de que necesitaré de su servicio más adelante, no veo en que puede ayudarme ahora.
Nebrá se acomodó la ropa inexpresiva —No soy la única a la que ha estado ignorando. No ha preguntado siquiera los nombres de los hombres bajo su mando, ni ha hablado con ellos. Nos ha ignorado a mí y a Vicay. Solo habla con el capitán Nin. Cuando lleguemos a una ciudad, ¿Así actuará como emisaria? ¿Ignorando a los vasallos y a los jóvenes soldados?
Las palabras de Nebrá sumadas a su edad y presencia podrían haber bastado para impresionar a cualquier joven de la edad de Guy, pero ella no se asustaba fácilmente. Guy se puso de pie, no era más alta que Nebrá, pero alcanzó para que esta si se sintiese un poco intimidada aunque no lo demostraría —Tengo mucho tiempo en esta misión para decepcionarla, Nebrá. Que no le hable no significa que la ignore. Usted ha comido y ha gozado de nuestra protección. No discuto que usted sea un elemento importante de nuestra misión, solo no lo es ahora.
La voz de Nin interrumpió la conversación con Nebrá que de todas formas había llegado a su fin. Guy y Nebrá fueron a ver qué era lo que sucedía.
Nin le gritaba a dos de sus hombres —Son unos inútiles. Les he dado una simple misión y ustedes la arruinan.
Uno de los hombres de cabellos castaños y cortos y ojos negros dijo afligido –Disculpe Capitán.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Guy a su primero al mando. Los hombres palidecieron.
—Les he ordenado preparar la cena, luego he ido a mear… —Nin se detuvo—Disculpe.
—¿Por mear? Es algo bastante sano, de no poder hacerlo le recomendaría hablar con el señor Vicay —contestó Guy seriamente. La mujer vio lo que los hombres estaban preparando, habían tomado varias cebollas largas y varias zanahorias y las habían pelado, había también una gran olla donde hervía agua —. No se preocupe capitán Nin yo me encargo.
Nin asintió con su cabeza –Sí.
—Utsner, –nombró a uno de los hombres que jamás le había sido presentado— ¿Al menos sabes porque te está llamando la atención el capitán Nin?
—No Mayor.
—¿Y tú Asilod?
—No Mayor.
Guy guardó silencio y observó al resto de la tropa, todos la estaban viendo en ese momento y habían dejado lo que sea que estuviesen haciendo para prestar atención –Las zanahorias que están preparando son provisiones. Provisiones que perecerán dentro de mucho tiempo, de hecho tenemos todo un método especial para conservarlas lo hacemos colocándolas verticalmente en cajas con arena y tierra para que duren varias semanas. Estos son alimentos de los cuales podremos disponer más adelante si es que no logramos reabastecernos, cosa que debemos asumir siempre es una posibilidad. Lo que hacen es un desperdicio, un mero derroche, sobre todo teniendo una laguna al lado de ustedes. Cuando el capitán les ordenó que preparasen la cena llevaba implícita la orden de que salieran a cazar, pescar o incluso recolectar algo. No nos valemos de las provisiones a menos que sea estrictamente necesario y cuando lo hacemos utilizamos lo que esté más próximo a pudrirse, no lo que más nos gusta. Esta no es la despensa de su madre, esta es una campaña militar —Se dirigió ahora a otros hombres—. Cerner, Nioroc, Malael y Antir, vayan por redes e intenten pescar algo, las carpas sombras de aquí serian una buena cena. Shines, Nuanes, Mirub y Zaseff, busquen más leña y cuando terminen saquen las espadas y lanzas que envió mi abuelo que están en mi carreta y afílenlas con las piedras que también envió. Si no saben hacerlo estoy segura de que Shines que creció ayudando en la herrería de su tío sabrá cómo explicarles a los otros. No me extrañaría que no supieran porque el resto de ustedes son labriegos y albañiles en su mayoría. Excepto por Antir cuyos padres son pescadores de la aldea de Mien, por eso lo he enviado a pescar.
Los hombres guardaron silencio, incluso Nin no sabía que decir, finalmente Asilod, el otro joven que se encontraba cocinando preguntó —¿Cómo sabe usted todo eso?
Guy sabía muy bien a donde iba esa pregunta pero aun así respondió sobradamente —Se cómo organizar una campaña, mas como la nuestra que por ahora es pequeña. Si consumimos lo que podemos almacenar pronto nos quedaremos con nada, los  peces se pudren enseguida en cambio los vegetales que tenemos con este frio y bien conservados duraran varios días todavía. Si te refieres a cómo es que me he aprendido todos sus nombres y oficios pues solo resta decir que escuchando sus charlas. Puede que no les hable, pero estoy atenta de sus necesidades. No puedo medir sus capacidades solo por lo que me dicen tengo que ver lo que son capaces de hacer.
|Los hombres no contestaron nada. Nin al verlos pasivos indicó con voz de mando —Se le han dado órdenes. —Y los hombres comenzaron con sus tareas, excepto Asilod y Utsner que todavía no sabían cómo continuar.
Guy les señaló que la siguieran y también a Nebrá, caminaron hasta la carreta que había enviado su abuelo. La Mayor comenzó a buscar entre los objetos y a separar varios de ellos. Luego comenzó a entregárselos a los hombres. Había una botella con aceite, tres recipientes cerámicos, una caja con un queso y dos sartenes grandes que se unían quedando una sobre la otra y calzando perfectamente —¿Qué reconocen de todo esto? –preguntó.
—Esto es aceite de oliva. —dijo Asilod.
—Esas tinajas tienen vino. —contestó Utsner sonriendo.
—¿Reconoce usted lo demás? —preguntó Guy a Nebrá.
—Queso azul y una sartén doble para hacer tortillas. —contestó la escriba.
—¿Han comido ustedes una tortilla alguna vez, o probado el queso azul?
—No, Mayor. —contesto Utsner, Asilod lo negó también con su cabeza.
Esto no era de extrañar, el queso Azul era un alimento artesanal reservado a los nobles y las tortillas eran una comida demasiado elaborada para gente que era posible consumiesen solo alimentos básicos. Guy miró a Nebrá seriamente —De pequeña en mi hogar en Montevid recuerdo que mis cocineros me preparaban tortilla de zanahoria con queso azul. ¿La ha probado alguna vez?
—Si. –contesto secamente la mujer.
—No recuerdo del todo la receta, jamás he sido buena para cocinar ¿Usted la recuerda?
—Si, la he preparado antes. Aunque sin queso, eso siempre ha sido demasiado caro para mi bolsillo.
—No para el mío —contesto Guy inexpresiva—. ¿Y conoce eso de agregarle vino blanco a las zanahorias?
—¿Desglasar? –Nebrá soltó una risa fingida—. Si por supuesto.
—Genial, usted ayudará a estos hombres a preparar dos tortillas, el resto de nuestra cena será lo que hayan pescado los demás.
Nebrá intentó protestar, ella no era la cocinera del grupo ni tenía intenciones de serlo –Pero…
Guy habló para los dos hombres —Esta noche comerán como nobles –dijo sonriendo—Usted Nebrá no se preocupe, sus comensales no tienen experiencia en este tipo de cocina así que no juzgaremos sus cualidades como cocinera, yo misma me he olvidado ya como sabe una tortilla de zanahoria —la mayor se colocó cara a cara frente a la escriba—. Como vera he tenido en cuenta sus recomendaciones y me he relacionado mejor con la tropa. He cumplido con mí deber cumpla usted con el suyo. 
Nebrá no insistió y con desagrado ayudó a los jóvenes a cocinar dos tortillas de zanahoria con queso azul.
Nin se acercó para hablar con la Mayor —Ha estado usted muy bien. Los hombres necesitaban escuchar su voz de mando.
Guy miró al hombre que le sacaba una cabeza de alto —He tenido cientos de hombres y mujeres bajo mi mando, pero siempre he estado yo bajo el mando de otros también. Esta es la primera vez que no dependo de las órdenes de nadie y es todo completamente responsabilidad mía. ¿Cree, como Nebrá, que he sido demasiado distante?
—Ha estado usted muy bien —contestó Nin que era un hombre de pocas palabras. Nin no era un noble, ni mucho menos un terrateniente. Según los códigos o leyes de Fenor, podía ser nombrado noble armas si sus cualidades en batalla sobresalían por algún motivo, como había pasado con Nuel Livir. En tal caso dejaría de ser un plebeyo para pasar a ser un caballero, esto no le daría tierras pero si una acomodada pensión del estado. Podía ser nombrado Noble de honor, si sus cualidades humanas eran puestas a prueba y se distinguía de otros por su incuestionable y extraordinario servicio al reino, en tal caso el Rey dispondría de él para otras cualidades por fuera de las bélicas. Guy era otra clase de noble, ella era una terrateniente, su familia poseía extensos territorios y sus raíces en la nobleza se remontaban a decenas de generaciones atrás. Ella tenía un nombre intachable, poder económico y poder militar. Era difícil llegar a ser un noble, mas no imposible, y hacerlo no le garantizaba riqueza o una posición acomodada, pero siempre era más que ser un plebeyo. Ese anhelo era parte del motor de todo militar en Fenor, ascender de clase. Nin comprendió que la respuesta que le había dado a Guy había sido demasiado corta por lo que agregó—. Cuando sean cientos o miles, los hombres que estén bajo su mando, de seguro no los conocerá a todos. No es necesario que sea amiga de ellos y hasta recomiendo que mantenga distancia.
Guy meditó unos segundos luego ordenó a Nin —Mañana antes de partir, mediremos las cualidades de los hombres con la espada. Es obvio que ninguno de todos ellos tiene experiencia militar, se le han dado espadas y túnicas con nuestros colores pero nada saben hacer con ellas, se formaron para otra cosa eso no tiene nada de malo, pero si van a portar espadas es mejor que aprendan a usarlas o serán  victimas fáciles. No hay tiempo de hacer espadas de entrenamiento, use las que tenemos en sus vainas y sea cuidadoso. También espero que sea exigente, hemos estado demasiado relajados. No sé qué nos espera en Koria.
—Así se hará. —Nin se inclinó ante Guy que le devolvió el saludo.
Las tortillas de Zanahoria con queso azul acompañadas por la carne de carpa sombra y el vino tinto de Montevid, vino de reyes, fueron una cena que muchos hombres allí jamás repetirían. La imagen de Guy había cambiado para todos.

Descansaron plácidamente. Despertaron al amanecer. Nin se retiró a entrenar con los hombres dejando a Guy sola con Nebrá y Vicay. En esa región jamás nevaba aun así hacia mucho frio. La mayor observaba el lago con detenimiento.
—¿Ha podido ver sus aves? —preguntó Vicay a la mujer más joven.
—No. No me he encontrado con ninguna que me interese.
—Es una pena. —contestó el anciano enderezando su espalda.

Cuando el entrenamiento terminó tomaron todo y partieron hacia la última torre de Fruel del territorio de Gono, allí la última parte del bosque del norte de Fenor separaba a la provincia del territorio de Koria. Aunque sus habitantes poseían un orgullo particular por su tierra eran respetados ciudadanos de Fenor y reconocidos por su devoción al dios sol.

Las horas pasaron rápido. Al borde del camino encontraron un puesto de la guardia real. La torre ligeramente fortificada era de piedra y ladrillos y de varios pisos de altura. Poseía una guarnición de unos pocos hombres encargados del enviar las señales del sistema que el padre del actual rey había enviado a construir. Estas torres daban trabajo a varios hombres que mantenía el reino, eran hombres libres que no servían a ningún señor feudal y constituían unas de las pocas unidades que estaban solo al servicio directo de la corona. Estos hombres habían sido escogidos por estar alfabetizados. La necesidad de hombres de letras en las torres obligo a que gran parte de la población aprendiera a leer lo que en una generación había cambiado la forma de vida de los vasallos del reino. Algunas torres, como está cerca del camino, también daban refugio y asilo a los viajeros y servían para reabastecer posibles marchas militares.

Guy se acercó a la puerta de la torre, donde un soldado estaba parado haciendo guardia. Era medio día pero el sol no daba calor alguno esa mañana.
—Saludos soldado. —dijo Guy sin desmontar.
—Saludos Mayor. —dijo el hombre inclinándose, que supo reconocer el rango de su superior por su vestimenta—. Los estábamos esperando.
—¿Es eso cierto? Las noticias vuelan.
—Filmon, quien está al mando de este puesto bajará en unos segundos.
—Bien, aquí esperaremos.

            Guy indicó a sus hombres que se detuvieran. Bajaron de sus monturas y estiraron sus piernas, prácticamente desde el alba que estaban avanzando. A pesar de ser diestros jinetes era cómodo poder caminar un poco para variar. Detrás de la puerta de la torre se escucharon pasos apresurados de alguien que descendía por una escalera. Para cuando el hombre salió Nin ya estaba al lado de Guy.

—Saludos yo soy Filmon.— El hombre se reverencio.
—Saludos. Yo soy la Mayor Guy de Montevid y él es el Capitán Nin enviados del rey Urael.
—Si, si, si —Insistió Filmon sonriendo—. Por supuesto que hemos reconocido sus estandartes. Mis hombres cumplen aquí varias misiones. Pero la más importante claro esta es trasmitir cualquier señal que sea enviada desde las otras torres. Es por esto que tendrán que conformarse con nosotros dos por el momento. Arriba hay tres hombres y dentro tres más durmiendo esperando el cambio de guardia. Aquí no descansamos nunca —Filmon movía demasiado las manos y la cabeza. Exageraba los gestos tratando de impresionar a las vistas reales que pocas veces por no decir nunca había tenido. Cualquier protocolo militar había sido olvidado hacía rato después de meses de soledad. Los campesinos solían visitar a los soldados y los abastecían de provisiones, agua y abrigo. Pero solo sucedía pocas veces al mes, después de eso debían conformarse con ver sus rostros todo el día y las visitas eran realmente bien recibidas. Guy intentó decir algo pero Filmon la interrumpió aplaudiendo una vez—. Pronto Milen, trae las provisiones que se nos fue encargado darles. —El guardia miró por un segundo a Filmon quien insistió haciendo un gesto con las manos y pronto se adentró en la torre.
—¿El rey Urael les ha pedido esto? —preguntó Guy.
—Si por supuesto. Nos ha dicho que cerca de estos días nos llegarían visitas y que debíamos conseguirles provisiones. Nos han dicho que serían visitas importantes. No nos habían dicho quien claro está. Entenderá que los mensajes suelen ser cortos y claros y es muy extraño que se lleven de aquí para allá detalles muy específicos. No sabíamos que Guy la mata dragones pasaría por nuestro humilde puesto. —Guy a pesar de su solemnidad característica se sonrojó.
—¡Con que esa fama me he hecho! —Guy sintió la respiración de Nebrá en su nuca.
—Si, claro —dijo Filmon enderezando su espalda—. Claro que la conocemos, es una gran historia la de su hazaña. Si se quedan a almorzar con nosotros quizás pueda contárnosla.
—Eso sería maravilloso —dijo el guardia que regresaba con los primeros sacos con granos—. ¿Dónde debo poner esto?
Nin que miraba al joven guardia desde arriba ya que le sacaba cerca de media cabeza extendió su brazo indicando la carreta —Ahí estará bien. ¿Nos quedaremos a almorzar aquí? -preguntó jocosamente.
Nebrá interrumpió antes de que la mayor pudiese decir alguna palabra —Estoy segura, que la dama Guy con gusto deseará quedarse aquí para almorzar con ustedes y contar sus heroicas historias.
—¿Si? —preguntó Guy. Pero esto fue interpretado como una rotunda afirmación por parte de los guardias de la torre. Guy sintió que Nebrá se estaba cobrando lo de la noche anterior, admiro su insistencia, pero le devolvería el favor.
            Pronto el almuerzo estuvo servido. A los tres guardias que estaban sobre la torre se les concedió un descanso de apenas minutos para bajar y saludar a Guy de Montevid y para llevarse su ración de comida. Filmon y Milen se quedaron arriba esperando su regreso y cuando estos llegaron regresaron con Guy y sus hombres que se encontraban almorzando cómodamente.
—El viaje hasta aquí ha sido algo aburrido. —dijo Guy quien era sincera ya que la sangre de sus venas le demandaba emociones.
—Imaginen como estamos nosotros. —dijo Milen muy poco ceremonialmente.
—Soy capaz de darme cuenta. Mas sepan que, todos en el reino sabemos cuan vital es su función. Y que la seguridad del reino y todos sus habitantes depende de ustedes. —dijo Guy que se encontraba sentada en un banco de madera. La armadura que portaba no le resultaba incomoda pero limitaba un poco su movimiento. Milen sonrío después del comentario halagador de Guy. Quien notó esto y sintió que empezaba a cumplir un poco con su misión.
—¿Cuéntanos algo sobre la batalla de Fenor dama de Montevid?
Nin que sostenía un pedazo de carne en su mano exclamó –¡No es “dama de Montevid”, es la mayor para nosotros!
—Por supuesto. –se disculpó Filmon.
Nin continuó —Estoy seguro de que ya habrán oído muchas historias sobre la batalla. Han pasado ya meses. Pero ahora estamos en otra misión. Debemos llegar a la ciudad de Kirun. Cualquier información que puedan darnos sobre nuestro camino hasta ahí será bien recibido y que quede claro que sus nombres ya entraran dentro de nuestro reporte, como los fieles servidores de su reino que son.
Filmon golpeó con el reverso de su mano el hombro de su subalterno, orgulloso y emocionado de ser nombrado en un documento real. —Pues sí, claro. Disculpen nuestra emoción.
—Es entendible, joven. —dijo Nebrá a quien en realidad no le correspondía hablar.
—Verán, cruzando el bosque esta la aldea de Rimblau. No esperen mucho de ella y no se sentirán decepcionados. Son buena gente, hospitalarios, pero solo piensan en el dinero. Son la primera población después de entrar a Koria o la última antes de salir, depende de qué lado estén. Y como dije solo piensan en el dinero, todo el pueblo es una gran aduana. No hay muchos hombres ahí, pero sí que se mueven las monedas de oro.
—Entiendo —La mayor se puso de pie y soltó las ataduras que sostenían su armadura, quitándose el peto y la parte de su cintura para sentirse más cómoda. – ¿Y en cuanto tiempo creen que llegaremos hasta allá? —Filmon se detuvo un segundo a contemplar el cuerpo de Guy que ahora sin armadura era más notorio. Ella era de una altura baja y delgada. Pero sus músculos eran fibrosos. Vestía ropas de tela azul oscuro y gastada bajo su armadura. Entre la nobleza no habrían sido considerados como el más hermoso atuendo y las mujeres de la corte jamás habrían usado pantalones como Guy, pero para ella eran lo más práctico. Por el mismo motivo llevaba el pelo bien corto. Era una militar antes que noble. Frunció el ceño —He preguntado ¿Cuánto tardaremos en llegar allí?
—Si, si, claro. Si salen hoy en una horaaa… —sostuvo la vocal como si estuviese calculando en su cabeza y el pensamiento le hubiese tildado el habla—. mmm… yo creo que llegarán a la medianoche. No están tan lejos pero el bosque es espeso, sigan el camino de piedra. Allí, en Rimblau se encontraran con una torre igual a esta.
—Entonces no tenemos que perder el tiempo. —La mujer se limpió la grasa de su mano en el pantalón.
—Si, si. Pero aun así todavía hay tiempo. Cuéntanos algo. Por favor.
—No soy buena contando historias. –contestó Guy seriamente.
—Cualquier cosa.
La Mayor intento no refunfuñar, pero deseaba mantener un perfil amable —Bien, no hace falta que les diga que maté un dragón en aquella batalla. Mi lanza enfrentó a la bestia y se incrustó en su corazón —Guy cerró la mano con fuerza como si apretase con ella el corazón de la bestia. Los hombres repitieron el gesto con cierta alegría—. Pero sabrán ustedes también que el ejército de Fenor no estaba solo en esa batalla. Ciertas criaturas extrañas aparecieron. Nunca sabrán de seres más extraños.
—Cuéntanos algo de ellos.
—No me alcanzaría el tiempo para poder explicarlos. ¿Cómo describo a un enano gigante o a un semi-dios que lanza relámpagos por sus manos? ¿Cómo explico que vi a un muerto caminando entre los vivos o a un orco peleando para nosotros sin que me consideren loca? Incluso los acompañaba un gato cuya mayor peculiaridad no era ser azul o tener los ojos color plata sino que era capaz de hablar al punto de hacerte desear nunca haberlo conocido por insoportable. Y escuché la canción de la espada cantante de Fernor posiblemente por única y última vez en mi vida.
—Fascinante. —exclamó Milen.
—Cuando maté al dragón, la bestia en su último acto me golpeó y dejó mal herida. Pero fui rescatada y protegida por estos guerreros extraños. De otra forma hubiera muerto sin remedio. Y me llevaron hasta donde viven. Sé que no he viajado mucho, pero visité el palacio de plata. Un justo nombre puesto por Neilad, el líder de esta orden de fenómenos extraños. Allí la magia de las piedras en que está construido tal edificio curó mis heridas así como la de todos los que se acercan a ella. Ya que el bosque mismo busca paz.
—¿Y cómo se hacen llamar estos guerreros? —preguntó Filmon a quien se le caía la comida de la boca.
Guy introdujo la mano en sus ropajes y sacó un prendedor con la figura de un gato azul y se los mostró a los hombres. Ni siquiera Nin había visto el prendedor alguna vez. Ya que ella nunca había hablado sobre lo que había sucedido en el palacio de plata más que lo obvio y era que ella se había recuperado allí –“Nosotros” somos la Orden del Gato Azul. –Los hombres de Guy murmuraron en voz baja y Milen y Filmon abrieron los ojos asombrados.
—¿Eso significa que tú eres parte de este grupo también? —preguntó Filmon.
—Pues sí. Eso creo. Neilad me pidió que me uniese a ellos después de la batalla de Fenor —Guy se levantó nuevamente y se dirigió a la carreta con las provisiones. Dio un paso y se detuvo—. Antes de irme voy a obsequiarles algo. Ya que han sido tan buenos escuchas y esta es mi primera vez contando historias.  —Llegó a la carreta y quitó de entre las provisiones dos de los varios jarros cerámicos que había hecho subir en la fortaleza de Fenor. Y se los entregó a Filmon.
El hombre quitó la tapa y vio en su interior. Luego metió la mano dentro para tocar lo que había. –Gracias… son olivas.
—Si. Crecen en el jardín del palacio de plata. Neilad me envía a menudo varios de estos recipientes. Creo que es para recordarme que allí me recuerdan, pues.
—¡Oooh..., gracias! No esperábamos tal cosa. Es usted muy generosa, no estamos acostumbrados a esto.
—No es nada realmente. Tengo muchas de ellas. Pero ahora entenderán que debemos partir cuanto antes para poder llegar a Rimblau.
—Por supuesto. –dijo Filmon.
Guy dejo de mirarlo al escuchar un graznido busco al animal con la vista —¿Eso ha sido un pato?
Filmon sonrió –Si. ¿Desea verlo?
—Si. —contesto Guy algo emocionada.
Filmon la guio hsata un corral improvisado detrás de la torre donde se encontraba un pato con el pico de color negro, el plumaje blanco y pardo y una línea negra que recorría su lomo. El pato volvió a graznar. Filmon abrió la puerta del corral —Es un pato soldado de Itsgia, lo encontramos lastimado y lo estamos cuidando.
Guy se inclinó para acariciar al ave —Solo había visto uno de niña, unos primos míos tenían uno de mascota. Jamás tuve uno.
Los patos soldados de Itsgia eran mascotas comunes entre los nobles, consumir su carne estaba prohibido en todo el reino.
—¿Desea usted llevarse al pato? —preguntó Filmon.
Guy soltó una carcajada sincera, era la primera vez que sus hombres la veían reír —No hombre, ¿Qué haría yo con un pato? Le agradezco, pero está en mejores manos con usted que conmigo. Hacía mucho que quería volver a ver uno de estos animales. –Guy terminó de acomodarse la armadura y continuó—Me ha alegrado el día, señor Filmon. Le agradezco eso. Pero ahora debemos partir.

Después de esto y varios agradecimientos mas, finalmente los hombres al mando de Guy pudieron escapar de la hospitalidad de los guardianes de la torre vigía. Como dijo Filmon, les tomó todo el día cruzar esa parte del bosque hasta llegar a Rimblau. Ya habían pasado varias horas desde que no veían al sol cuando pudieron escuchar el sonido de la aldea. Les extraño el sonido pero les alegro escucharlo. Estaban cansados y llegar hasta allí era una buena señal. Apuraron la marcha para llegar cuanto antes. El frío en la noche era aún mayor.
 



Referencias
2) Zanahoria 
6) Oliva 
7) Quesoazul 


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