viernes, 14 de abril de 2017

Viaje a la isla del alba


Leyenda Korien


            Ñarxu fue una hermosa princesa del reino de Kirún. Nadie discutía su belleza y todos a sus caprichos sucumbían. Era inteligente y ambiciosa pero sobre todo poderosa. Era capaz poseer lo que quisiese o a quien quisiese pues era encantadora. Un día mientras caminaba por el puerto, conoció a un joven mercader llamado Olod. Él era alto y de ojos grises. Ñarxu supuso que sería una fácil conquista pero se equivocó. Olod, el mercader jamás la deseó y jamás fue seducido por la hermosa princesa. La mujer no podía entender lo que sucedía. Citó entonces al hombre al palacio real y lo entrevistó.

—Hace semanas te he notado trabajando en el puerto. He intentado acercarme a ti y me has ignorado. Te he ofrecido obsequios que has rechazado. ¿Acaso no me amas? ¿Acaso no soy nada para ti? —preguntó ella ofendida.
—Eres la hija del rey, lejos estas de ser nada. Te respeto, pero no puedo amarte. Te ruego e imploro busques otro hombre pues yo no te serviría. —contestó el mercader.
—¿Por qué? —preguntó Ñarxu mas ofendida.
—Porque amo a otra persona.
—Dime quien es esta mujer pues deseo conocerla. Quiero saber que ves en ella que no ves en mí.
—Estoy enamorado, mi princesa, pero no de una mujer sino de un hombre llamado Karán. Y este hombre me corresponde y me ama también. Entenderá entonces que no puedo aceptar vuestro amor, pues mi corazón ya ha sido entregado a alguien más.

Ñarxu se sentía humillada y odió a Olod por lo que había escuchado. No concebía como un hombre podía rechazarla a ella, una hermosa princesa, por un simple hombre. Pues por más inteligente y sabía que fuera Ñarxu, todavía debía aprender mucho acerca del amor. No quiso hablar más con él así que le dio la espalda y se alejó. Pero ella no renunciaría a Olod, todavía.

            Karan era un marinero en un navío ballenero que solía navegar por el mar de Itgren en busca de presas. Para ese entonces el reino de Kirún estaba en guerra. La princesa uso sus influencias para que reclutasen a Karan en la flota real y así se hizo. Karan fue puesto al servicio de un barco de guerra que fue enviado al este más allá de los territorios conocidos. Karan desapareció en el mar. Pero esto no acercó a Olod a Ñarxu, todo lo contrario. Olod se enfermó de tristeza y finalmente Ñarxu se aburrió de él y lo olvidó.

            Olod había perdido a su amor, sabía que todo era culpa de Ñarxu pero no podía enfrentar a una princesa y eso solo lo amargó más. Buscó ayuda en el templo del dios sol, Ko, y se convirtió en un aprendiz de clérigo. Entregó el amor que antes daba a Karan a su dios. Pero eso no era suficiente. Con el pasar del tiempo Olod se debilitaba, su depresión era enorme y consideró entonces quitarse la vida. Decidió arrojarse al mar para morir y reencontrarse con su amor en la próxima vida. Una noche rezó al dios sol por su alma y por la de Karan e imploró por su reencuentro. Se fue a dormir sabiendo que al día siguiente se mataría y finalmente su deseo se cumpliría. Pero a media noche la voz de una mujer lo despertó.
La voz le dijo —Espérame en el atrio del templo al amanecer.

Olod pensó que se trataba de un sueño y regresó a su descanso.

Pero la voz insistió —Si deseas reencontrarte con Karan espérame en el atrio del templo al amanecer.

Olod sintió miedo, pues a nadie excepto a la princesa había contado de Karan. Tuvo entonces esperanzas de que todavía estuviese vivo de que en algún lado se hallase perdido su amor. A pesar del intenso frio bajó hasta el atrio del templo y se sentó en un banco de piedra a esperar a la misteriosa voz. Cuando el sol pudo verse en el horizonte Olod dejó de sentir frio y la mano de alguien que se encontraba a sus espaldas se posó sobre su hombro. El hombre volteó a ver y se encontró con una mujer resplandeciente, que le habló con dulzura.
—Gracias por escucharme Olod.
—¿Quién eres tú y de donde me conoces?
—Como no conocerte si todos los días rezas a mi padre, tu dios. Pues yo soy Kirún. Y estoy aquí por tus ruegos.

Kirún era la mayor de tres hermanas cuyo padre era el dios sol que las había enviado a las tierras de Koria a cuidar de los hombres, pues era el dios Ko el que los había creado. Las tres ninfas eran mortales como sus hermanos los hombres, pero poseían poderes divinos y no envejecían.

Olod, abrumado se tumbó al piso para adorarla. —¡Tú eres Kirún! Tú eres la luz de la verdad la portadora de la justicia. Tú puedes decirme como recuperar a Karan. ¿Está él vivo? —dijo entre lágrimas.
La ninfa acarició el rostro del hombre y lo invitó a que se incorporase —Karan ha muerto y así también todos aquellos que lo acompañaban. Su barco fue atacado y destruido. Pero ni Karan, ni ninguno de los marineros ha llegado al reino de los muertos. Si te quitas la vida no lo volverás a ver.
Olod soltó a llorar nuevamente —Todo ha sido culpa de Ñarxu, ella lo condenó a muerte solo por orgullo. Si eres la portadora de la justicia deberías matarla, para que no haga más daño.
Kirún contestó solemnemente —La venganza no es justicia. Ñarxu debe vivir y en su destino se encuentran grandes cosas, si ella sabe alcanzarlas. También en el tuyo. Pues te he elegido para que rescates a Karan de su suerte y para que liberes a todas aquellas almas prisioneras en esa isla. Porque su destino no ha sido justo.
Olod no comprendía —¿Pero por qué me has elegido a mí para tal misión? Yo no sé nada del mar, solo soy un mercader. No sabré que hacer y no podré rescatarlo.
Kirún le sonrió –Iras a liberar, la cual es la más justa de las causas. Y estarás guiado por tu corazón la cual es la mejor de los faros. No puedo decirte si triunfarás o no pero puedo decirte que si me obedeces regresarás a estar con Karan.
Olod juntó valor y le contestó —Dime que hacer.
La ninfa respondió —Embárcate hoy mismo, los clérigos de este templo te ayudarán cuando vean esto —Kirún sujetó la mano de Olod y dejó marcada en su piel el signo del sol, el hombre no sintió nada—. Navega hacia el este persiguiendo el punto en el horizonte donde veraz salir a mi padre cada amanecer. La  primera isla que encuentres será la que buscas. Allí te enterarás de más. Ahora ve y rescata a tu amor.
Olod la reverenció y corrió a encontrarse con el clérigo mayor del sol para mostrarle su marca y para narrarle su encuentro con Kirún. Y por eso esta historia es conocida.

Olod viajó por días con fe y esperanza acompañado por otros clérigos que habían reunido el dinero para costear tal viaje, hasta que finalmente divisó la isla, que no figuraba en ningún mapa hasta ese entonces. Hoy se la conoce como la isla del alba.
Desembarcaron y exploraron la costa pero no encontraron nada, no había rastros de ningún barco encallado. No había tampoco ningún cuerpo. Cuando anocheció los hombres alejados de su dios buscaron refugio nuevamente en su barco. Olod estaba intranquilo, sabía que no se había equivocado, confiaba en Kirún y permaneció en cubierta aun cuando los demás se habían acostados. Las olas golpeaban el casco de la nave, una brisa ligera movía sus cabellos. Hacía un clima más cálido que en sus tierras, que eran heladas y secas. Entonces los vio, centenares de hombres espectrales emergían caminando por la costa, alejándose del mar. Perdidos, cansados, arrastrando sus pies, sin rumbo, pero alejándose del mar.

El hombre desembarcó y corrió hasta uno de ellos. Pero al intentar sujetarlo no pudo. Era capaz de verlo pero sus manos no tocaban nada.

Asustado preguntó —¿Quiénes son ustedes? ¿Dónde está Karan? —pero el espectro no le contestó. Ninguno le contestó, solo se limitaron a caminar alejándose del mar. Los muertos lo ignoraban.

Regresó al barco para llamar a su maestro, el cual le explicó —Estos hombres han muerto, no conozco las circunstancias, pero sus almas no han podido abandonar este mundo, algo los liga aquí como espectros perdidos. Dependiendo de porque estén aquí, las almas en pena algunas veces pueden comunicarse con los vivos y otras veces no. Ninguno de estos hombres estaba relacionado contigo en vida y no se comunicarán contigo en la muerte. Tu única oportunidad es encontrar a Karan, quizás con él puedas comunicarte.

Olod buscó a su amado entre los espectros pero no lo encontró esa noche pues eran decenas de miles. Antes del amanecer los muertos regresaron al mar. Olod esperó a la siguiente noche pero tampoco lo encontró. Le tomó tres semanas dar con el alma errante de Karan.

Dijo entonces —Karan amado he venido en tu rescate iluminado por el sol y siguiendo los consejos de la ninfa Kirún. Contéstame —pero Karan no contestó. Olod entonces continuó—. Déjame saber que todavía queda algo de ti –pero Karan no contestó, Olod insistió—. Yo todavía te amo.
Fue entonces que Karan despertó de su trance y levantó su mirada para encontrar la de Olod —¿Eres tú? ¿Acaso estas muerto tú también?
Olod contestó —No, no he muerto. ¿Qué ha pasado, porque no has abandonado este mundo? ¿Por qué ninguno de ustedes lo ha hecho?
—Es que ella nos tiene prisioneros. Por su soledad,  por su tristeza.
—¿Quién es ella? —preguntó aquel que todavía vivía—¿Cuál es su nombre? ¿Acaso Ñarxu?
—No, la princesa nada tiene que ver con esto. Puede que sea responsable de mi muerte pero no de mi condena —contestó el muerto—. La llamamos Yubaa. Ella es una ballena. Pero está sola pues ninguna criatura del mar la tolera, todos la desprecian. Así que no nos ha dejado partir, estamos atados a ella, para que no esté sola.
—No entiendo. —contestó honestamente el hombre—Si todos la desprecian y ha hecho tanto daño ¿Por qué nadie la ha matado?
—Porque nadie puede lastimarla o matarla —Karan dejó de mirarlo pero agregó—. Sígueme.

Olod lo acompañó. Siguió al espectro mientras se adentraba en la isla, hasta llegar a una caverna. Karan ingresó en ella y detrás fue el aprendiz de clérigo. Pero adentro no había oscuridad sino centenares de pequeñas luces producidas por seres agusanados que pendían del techo, demasiados pequeños como para causar miedo pero intrigantes. Olod intentó no distraerse y alumbrado por estas criaturas siguió el camino que le mostraba el fantasma. Karan se detuvo en un pozo inundado formado por la erosión natural que había tomado miles de años. El agua era allí salada pues el pozo se conectaba con el mar.

El fantasma de Karan volvió a hablar: — Krinshá es una de las hijas de Simú, diosa del océano, y a quien más ella amaba. Simú le obsequió una gema como muestra de su amor maternal. La gema en forma de perla le garantizaba a quien la poseyese protección dentro de las aguas saladas de los mares. Ningún ser podía dañar a quien la portase. Krinshá atesoró este regalo. Y para esto la rodeó con su cuerpo envolviéndola, convirtiendo sus brazos en valvas y transformándose en la primera de las ostras. Krinshá siempre se sintió orgullosa por haber recibido este regalo de su madre. Otras criaturas del mar le reclamaron que les ensañase el obsequio que le había entregado Simú. Y en su vanidad Krinshá accedió. Pero la gema cayó de su interior y fue devorada por una ballena, Yubaa. Krinshá le reclamó que se la devolviese pero la ballena no quiso pues la envidiaba. Krinshá llamó a su madre para que interviniese pero nada de lo que dijo Simú pudo convencer a la ballena de que la devolviese. Krinshá pidió entonces que Simú castigase a la ballena pero la diosa no acepto tal petición, entendiendo que tal disputa había sido causada en parte por ella pues solo había entregado un obsequio a Krinshá y nada a sus otros hijos. Simú permitió entonces que todas las hijas de Krinshá y también ella, formasen en su interior nuevas perlas de la arena del lecho del océano, convirtiendo en un tesoro una parte del mar. Por eso si abres una ostra probablemente te encontraras un obsequio de la diosa del mar. Pero ninguno será nunca tan poderoso como el primer regalo, pues nadie puede dañar a la ballena mientras se encuentre en el agua del océano, ni siquiera el tiempo. Todas las otras criaturas del mar decidieron ignorar a la ballena Yubaa pues lo que Simú a otros había regalado, ella lo había robado. Finalmente la ballena abandonada por todos se exilió a las proximidades de esta isla. Su pena es tan grande que el alma de cualquiera que muere cerca de aquí quedará atrapada para hacerle compañía. Miles de almas rodean a la ballena solitaria, algunos son sus víctimas otros simplemente han sido desgraciados que han muerto cerca de aquí por accidentes, pero todos debemos de acompañarla. Hasta que la ballena esté libre de pena.
—¿Y cómo sabes eso? —preguntó Olod.
—Porque he estado en las profundidades del mar y he hablado con Krinshá, ella me ha contado esto. Krinshá no quiso aceptar más regalos de su madre, así que cerró sus valvas con fuerza nuevamente para que nada entrase, ni siquiera la fina arena. Yo he podido atravesar esta barrera pues ya no poseo cuerpo. Krinshá ha perdido contacto incluso con su madre, ella sabe que si pudiera hablar con la diosa del océano podría terminar con esto y liberarnos a todos. Pero ha pasado tanto tiempo que ya no puede separar sus valvas, necesita que alguien, vivo, la ayude desde afuera.
Olod quería liberar a su amado y recordando el presagio de la hija del sol solo podía pensar en una cosa, por lo que preguntó —Si yo me encontrase con Krinshá ¿Podría ayudarla?
La imagen traslucida de Karan se desvaneció por un instante pero luego recuperó algo de su nitidez, como si hubiera deseado esconderse, como si se resignase — Si te sumerges en este pozo inundado viajaras a las profundidades de la isla, allí donde yace Krinshá. Pero el viaje es largo, no podrías contener el aliento. No podrás encontrar a Krinshá.
Olod entonces dijo a Karan aquellas palabras que le había dicho la ninfa Kirún —Iré iluminado por mi corazón el cual es el mejor de los faros.
Karan solo respondió con un quejido espectral.

Olod buscó a sus compañeros clérigos y les relató lo sucedido. Sin perder tiempo los convocó a todos para que se reuniesen allí, en el pozo inundado para que lo esperasen. Y luego de tomar una gran bocanada de aire, se sumergió. Olod, o por lo menos su cuerpo, jamás fue vuelto a ver. Todos asumieron que había muerto ahogado intentando encontrar a Krinshá. Pero si lo que había dicho era cierto su alma permanecería captiva por la ballena. Su maestro lo buscó entre los fantasmas varias noches, hasta que lo encontró. Entonces le pidió que le explicase lo que había sucedido.
Olod contestó más allá de la vida o la muerte.
—Nadé hasta el fondo del mar, cerca de los lindes de la isla. Sentí el aire escapando de mis pulmones, sentí a mis brazos cansarse y todavía no había visto a Krinshá. Podría haber regresado en ese momento, pero entonces  comprendí que jamás podría encontrarla y mucho menos ayudarla aun si lo intentase mil veces. Vine aquí para reencontrarme con Karan porque lo amo. Sin poder salvarlo solo me esperaba una vida de pena. Aquellos que han muerto aquí han quedado prisioneros por la pena de la ballena, pero yo he muerto y he permanecido por Karan. Algún día, llegará alguien que pueda rescatarnos y cuando ese día llegue yo estaré esperándolo para guiarle. Kirún me ha cumplido al permitirme reunirme con Karan y yo le cumpliré a ella así me tome mil años o más. El tiempo que me tome me hará feliz pues estaré junto a él.

La historia narrada por el maestro de Olod se esparció por los reinos del sol. Nadie viaja a la isla del alba, algunos temen a los fantasmas, otros a Yubaa. Algún día llegará alguien que los libere, hasta ese día Olod acompañará a Karan y jamás estarán solos.


Fin.



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