domingo, 7 de mayo de 2017

05 - La charla

Capítulo anterior.




Ciudad de Minbou, provincia de Koria.
Dia 23 del noveno mes de 1280 del calendario de Finvir.


         La habitación en la que Guy esperaba a Guiles ese mediodía era grande pero aun así muy íntima. Un tablero de un juego que simulaba estrategias militares estaba delante de ella pero ninguna de las piezas se encontraba sobre la mesa. Enormes ventanales cubrían toda la pared del este y la del oeste. La luz en ese momento todavía entraba por ambos lados por igual y por un breve instante perdería intensidad, hasta que pasase el mediodía y comenzase a brotar por la pared del oeste. Varias puertas comunicaban con otras habitaciones. Muchas de ellas parecían estar cerradas desde hacía años. Guy apoyó su dedo índice sobre los cuadros del tablero y comenzó a recorrer con él el perímetro del recuadro. Una puerta detrás de ella se abrió y volteó para ver a Guiles entrar por ella. Estaban solos y se saludaron sin palabras.
Una vez que se sentó delante de ella comenzó a hablarle con suavidad —Ayer, te enfrentaste a Güiyinkt y a Tifun. Has impresionado al primero pero en nada harás cambiar la mentalidad del segundo.
—¿Acaso necesito hacerlo? —preguntó Guy.
—Tifun es un líder religioso y mueve como tal la voluntad de sus seguidores. Te ha marcado algo que te seguirá por el resto de tu camino a Kirun: Tú no solo no eres de aquí sino que tu religión no es exactamente la nuestra. Y hoy en Koria la religión es todo. El rey Urael sabe esto o por lo menos eso asumo. No creo que haya sido casualidad el que te haya enviado justo en estas fechas hasta aquí.
—¿Por qué no me diría esto Urael?
—No sé —Meditó Guiles— Quizás porque un buen líder no siempre dice todo lo que puedes saber sino solo lo que necesitas y deja que descubras el resto por ti mismo. Creo que Urael ya ha sacado sus propias conclusiones, pero necesita la mirada de otra persona en quien confiar. Si te dijera lo que sabe o piensa te influenciaría. Es lo suficientemente sabio como para saber que no es infalible.
Guy guardó silencio solo un segundo pero había mucho que decir —He notado a los sacerdotes del sol portando espadas. No ha sido una imagen agradable.
—Entiendo, pero no juzgues a todos los sacerdotes del sol por esto. Ellos tienen sus órdenes. No están infringiendo ley alguna.
—Tener una espada y aprender a usarla, o incluso a no usarla, son cosas diferentes. Darle armas a cualquiera puede terminar en un desastre. Mis propios hombres están sin entrenar y estoy tomando parte en el asunto. No quiero que todos los hombres que me acompañan sean civiles armados. Estos clérigos preparados para la religión pueden terminar matando o dañando a personas inocentes. –contestó Guy, firme.
—Piensa Guy. Güiyinkt, quien es un bravo guerrero ha demostrado ayer temor porque la ciudad de Minbou pierda de sus fuerzas para defenderse. Él al igual que muchos hombres, considera que si una amenaza tan grande, como los orcos que atacaron la capital del reino de tal forma, ha podido llegar tan lejos sin ser detectada, pueda llegar a volver a pasar.
—Las probabilidades de que otro ejército de orcos se forme sin que lo sepamos son escasas. Pienso que es una débil escusa.
—Hay mucho más de lo que ves. No es un secreto que muchos en Koria a pesar de los cientos de años que hemos permanecido como ciudadanos de la alianza, piensan que sería mejor si nos separásemos. Yo en cambio temo porque eso suceda. Koria enfrenta en este momento males muy grandes. Parte de la población de Kirun se ha rebelado y las filas de estos hombres crecen día a día. Sospechamos que en Tulis está sucediendo algo similar. De una forma u otra si la capital cae, pronto todos los demás seguirán ese camino.
—¿Quiénes osan rebelarse ante el gobierno de Urael? ¿Quiénes son estos rebeldes separatistas? No he escuchado nada de ellos hasta el momento.
Guiles sonrió —¿Separatistas? Considero que “rebeldes” es un mejor término. No escucharás a nadie hablar de los rebeldes, están proscriptos. Si alguien es escuchado hablar de rebeldes, es perseguido. Nadie los nombrará en tu presencia.
—¿Y quién los ha proscripto?
—Los clérigos del sol.
Guy se acomodó dónde estaba sentada intentó ponerse más recta pero no lo consiguió, estaba incomoda, molesta —No me ha contestado quienes son estos rebeldes.
—¿Has notado que mi aspecto no es el mismo que el de otros hombres en Koria? –El hombre movió sus manos para que Guy no contestase esa pregunta—. Lo diré mejor ¿Quién es Korien para ti?
Guy no contestó inmediatamente pero la primera pregunta le daba un camino a seguir para reflexionar —Tengo claro que los Korien del antiguo reino de Koria no se mezclaban con los hombres de otras razas. Tù sin duda desciendes de ellos, tu color de piel ojos y cabello son diferentes, a los míos por ejemplo.
—Entonces ¿Crees que los Korien son como yo?
—No —respondió Guy inmediatamente—. Hay korien que no se parecen en nada a ti, pero que han nacido en estas tierras igual.
—Te manejas por reglas del antiguo imperio Gojiien si crees que el nacer en una tierra te hace pertenecer a ella.
—Me manejo por actuales reglas de la alianza. –aclaró Guy.
—Sin duda –contestó Guiles relajado—. Pero no todos lo ven igual. Existe un pueblo korien de hombres que no poseen mi color de piel, bien has señalado. Estos “mestizos” no pueden por ejemplo ser sacerdotes del sol. Solo los Korien de raza pura pueden serlo.
—En Niceria también se adora al sol en muchas partes y sin embargo ellos no son para nada Korien de raza pura.
—Cierto. Pero pregunta cuan importantes son para el sumo sacerdote del sol esos clérigos. Veras que no mucho —Guiles vio que Guy se alejaba del tema y retomó—. Los mestizos de Koria sin embargo se encuentran en muchos lugares de poder, entre el ejército y entre los nobles por ejemplo. Las leyes de la alianza se lo permiten, no así las antiguas leyes Korien. Estos “rebeldes” son casi en su totalidad mestizos, no obstante cuentan con el apoyo de varios korien de raza.
—¿Por qué?
—Diferentes motivos, los mestizos han sido segregados eso es cierto. No todos simpatizan con esta segregación. Algunos campesinos descontentos con la nobleza son Korien de raza pura y encuentran en estos rebeldes una oportunidad de cambio. Por otra parte algunos nobles que descienden de familias antiguas son hijos de algún padre extranjero, ellos también son despreciados y encuentran en estos rebeldes una manera de reclamar. Por esto te diré que más importante de quienes son es porque se rebelan. En Kirun te encontraras con el mayor templo del sol de todo Fenor y también con Guipac, el sumo sacerdote del sol. Desde la batalla de Fenor su discurso se ha puesto cada vez más intolerante. Su influencia en la gente es cada vez mayor. Peor que eso, al exigir que sus clérigos usen armas han invadido el territorio del ejército y muchas más veces todavía de la guardia local. En Kirun los juicios religiosos son cada vez más comunes y los propios sacerdotes capturan y juzgan a los habitantes de allí. El verdadero poder del sumo sacerdote del Sol radica en el hecho de que la cisterna principal de la ciudad está ubicada bajo del templo del sol. Cuando el actual río muerto se secó y según la leyenda Bridan quedó atrapado en el frío del glaciar del norte todos los cultivos y la misma ciudad quedaron sin agua dulce para poder ser utilizada y bebida. Y la ciudad poco a poco comenzó a morir también. Dicen que Kirun en un último sacrificio se convirtió en una gran llama de fuego y marcó donde debían excavar y de esta forma los habitantes de la ciudad encontraron una gran reserva de agua subterránea. El que controla el templo controla el agua de la ciudad y por lo mismo en gran parte a la ciudad en sí.
—Entiendo. Guipac, está extralimitandose. La religión no debería interferir en asuntos del gobierno o militares.
—No, pero tampoco las milicias deben tomar control de la religión o del gobierno. Estos rebeldes son hombres y mujeres de Koria perseguidos por Guipac. Si me preguntas creo que sus ideas sobre el futuro de estas tierras no son muy diferentes a las de Guipac. Ellos tienen sus propios sacerdotes del sol y poco a poco van consiguiendo armas y ganando poder a través del miedo.
—¿Han atacado a soldados de Fenor o aún no han llegado tan lejos?
—Hace tiempo cruzaron esa línea. Han matado a varios nobles o los han secuestrado pidiendo rescate. Para ellos el gobierno de Ilman, el gobernante de Kirun no es más que otro brazo ejecutor de Guipac. Y atacarán a cualquiera que se asocie a ellos. Los rebeldes buscan venganza y no les gusta Ilman menos de lo que les gusta Urael. De hecho ellos no ven diferencia. Creo que el general Güiyinkt está preocupado de que reduzcas sus tropas y los rebeldes tomen control de la ciudad.
—No tengo manera de entrenar a los hombres o controlarlos tan rápidamente. No entrare a Kirun con un montón de críos a los que se les ha dado armas. Incluso podría tener rebeldes entre mis tropas. ¿Estas intentando convencerme de que no haga esto?
—No. Creo que tu decisión demuestra sabiduría, como dices llevar un montón de hombres sin entrenar te hace una presa fácil. Pero no podrás controlar a esos hombres, que no te reconocen y que los has arrancado de sus líderes, en una festividad.
—Ellos deben servir, es lo que corresponde. Además llevaré clérigos conmigo a Kirun, sus creencias serán respetadas, he viajado hasta aquí de esa forma.
—Si llevas clérigos de Guipac contigo los rebeldes te verán como si fueras su enemigo.
—Lo soy. Lo que Guipac está haciendo quizá sea incorrecto, lo que hacen los rebeldes es criminal y serán detenidos. No vamos a tolerar insubordinaciones.
—Cierto, pero el reino que protegemos se compone de personas como los que rebeldes y su fe religiosa no puede ser robada. Este conflicto deja en medio de ellos a miles de hombres que pronto se verán forzados a elegir algún lado. Voy a preguntarte algo. ¿Crees que una sola elección en tu vida cambie todo lo que eres?
Guy no dudo ni un segundo –Sí.
—Yo también, pero solo puedes juzgar en ti misma cual ha sido esa elección. Cuando se trata de la vida de los demás, vas con los ojos vendados. Recuerda eso cuando te toque ser jueza y debas decidir sobre la vida de otros. —Guiles hizo una pausa esperando alguna respuesta de Guy que nunca llego, luego continúo. –Cuando el rey orco atacó, el miedo se esparció por todo el reino. Hombres como Güiyinkt a quien te enfrentaste anoche pueden fácilmente estar de tu lado o en contra. Ellos buscan la seguridad propia y la de aquellos a quienes protegen. Si las ideas del sacerdote Tifun fueran más convincentes quizás estaría de su lado. Guipac y muchos otros hombres han aprovechado ese miedo para apoderarse de los corazones de los inseguros. Y del miedo que ellos mismos han creado otros hicieron lo mismo —Guiles se levantó de donde estaba sentado. Se aproximó a la chimenea y lanzó más leños para avivar el fuego. La gran habitación era difícil de calefaccionar. Luego se acercó a un gabinete empotrado en la pared abrió sus puertas y se limpió las manos con una tela que había en el interior y sacó del gabinete dos copas y una botella de vino, Guy la reconoció como una de las de su tierra—. Este es vino de tus vides, pero las uvas que fermentaron para hacerlo nacieron incluso antes que tú. Tu padre me lo regaló, fuimos buenos amigos.
—Si deseas ganarte mi confianza no necesitas nombrar a mi padre.
Guiles sonrió como un padre que escucha a un hijo rebelde —Ja, ja, ja, Que innecesariamente directa eres Guy —Guiles había alcanzado una copa de vino a Guy. Luego se volvió a sentar—. Nombro a tu padre porque es un grato recuerdo. Él fue un hombre justo. Y en algún momento lo consideré un hermano. Pero mi deber aquí me separo de él hace muchísimos años. No tuve oportunidad de conocerte. Él estaría orgulloso de ti —Luego cambio el tema de la conversación.-. ¿Qué era el prendedor azul que llevabas el otro día?
—Un emblema.
—¿Me dirás de qué?
—Un regalo de Neilad, primer caballero de la Orden del Gato Azul. El hombre de blanco que hizo que la espada de Fenor cantase en batalla.
—Ese hombre. ¿Sabe el rey Urael que ahora dejas parte de tu lealtad a él, a Neilad?
—Sí, sabe que me lo han ofrecido. Para el rey ellos son héroes de Fenor y saber que soy una de ellos es en parte una garantía de que ellos estarán de su lado. No he repartido mi lealtad. –aclaró.
Guiles sonrió —Dudo que Urael esté tan seguro de eso. Pero sin duda estas criaturas se han ganado su respeto —Tomó de su copa un sorbo de vino y se detuvo a saborear el momento—. ¿Héroes, has dicho? Los héroes son personas que por un momento hacen lo imposible para otros. Como hacer cantar a una espada o como curar con el sonido de la voz —Guy supo en ese momento que la historia de la batalla de Fenor ya había sido narrada por otros a Guiles, ya que ella nunca había mencionado la magia de Azhalea porque nunca había estado presente ante eso—. O como matar un dragón que ningún otro hombre había sido capaz de enfrentar. Eso te hace un héroe. Pero esos actos heroicos son efímeros y se van con la brisa o se deshacen con el rocío de las mañanas. Los reinos no se hacen de héroes, ellos solo destacan, lo que hace grande a los hombres, o mujeres, son las decisiones que toman todos los días no solo en ese momento crucial. Esas decisiones que cambian tu vida por ejemplo. No te conviertas en leyenda aun antes de haber muerto. Puedes ser una heroína todos los días o ser la anécdota de una historia hasta que el tiempo deforme tu nombre en la lengua de los bardos que cantan tus canciones.
—Eso intento.
—Te prometí hombres y eso he de darte. Así como parte del equipo que necesitaras. He tenido tiempo y me he acercado estas últimas horas a los nobles más cercanos a mí. Dos de ellos te darán caballeros, cincuenta de ellos bien armados. Y tengo también doscientos cuarenta lanceros de las tropas de la ciudad a tu servicio, no son soldados de campos de batalla. Han funcionado más como policía local pero saben acatar órdenes. En los próximos días reclutarás a los jóvenes que puedas de la ciudad. Se hará tu voluntad y dejaremos parte de ellos para reponer nuestras filas y otra parte seguirá contigo. Voy a darte carretas y algunos caballos para transportar alimentos y carpas.
—Gracias. Hay algo más.
—Dime que deseas.
—Sé que el gremio de herreros de Minbou es reconocido por su talento.
—Así es.
—Necesito nuevas armaduras y equipo.
—¿En qué estás pensando?
—Urael ha decidido que junto a él se moverá un ejército compuesto por hombres de las cuatro provincias. Con un general a cargo de cada una de ellas. Mi abuelo será el de la provincia de Gono. Otros serán llamados para representar a las demás provincias. Quienes han sido, es información que más allá de que no se me estaría autorizado revelar, tampoco tengo y no sé si aún se ha decidido. Cada uno de estos ejércitos individuales tendrá autonomía en cuanto a cómo se dispondrán sus tropas. Estos cuatro ejércitos conformarán el nuevo ejército real. Que ya no dependerá de las familias. Independientemente cada una de las provincias tendrá su propio ejército que no se moverá de sus respectivas tierras. Como los hombres de Gono y su ejército fueron asesinados por el rey orco mi misión es simplemente reforzar el ejército de Gono con cuántos hombres encuentre para fortificar a la provincia. Eventualmente quienes vengan conmigo podrán elegir entre formar parte del ejército real o regresar a sus respectivas provincias. No pienso debilitar ninguna posición de por siempre, esto es solo temporal. Pero espero conseguir a nuevos hombres bajo mi mando. Y como se me ha dado la libertad de construir las tropas como deseo, modificarè la manera en la que hemos estado organizando las tropas. Por lo menos las que estén bajo mi mando –Guy extrajo un papel de entre sus ropas—Aquí está todo lo que necesito.
Guiles observó el papel y leyó la lista para sí mismo —Todo esto llevará meses en hacerse. —Aclaró Guiles un poco desconcertado por todos los números que había recibido.
—Para ese entonces el ejército habrá sido formado o por lo menos parte de él.
—Tendrás todo lo que pides en tres meses aproximadamente.
—Tengo oro como para cubrir una parte de todo esto. El resto…
—No te preocupes por el resto ahora. Primero encuentra a los hombres que necesitas. Después nos encargaremos de eso. Esta nueva idea sobre cómo organizar el ejército, que no depende de las familias, le da muchísimo poder a Urael. Además de que aumenta el costo de la realeza, esto aumentará los impuestos.
Guy realmente todavía no se había detenido a reflexionar sobre ello, pero lo que Guiles señalaba era cierto —Es el costo de mantener el reino seguro.
—Si –dijo Guiles preocupado—. El precio del control siempre es alto. Si no tienes problemas con los rebeldes o con Guipac, los tendrás con las familias y los gobernantes cuando se enteren de esto. Incluso con tus propias tropas. Necesitaras aliados Guy.
—Para eso te tengo a ti. Es bueno saber que tengo amigos de este lado del reino que todavía no conocía.
—Ha sido un honor. —Guiles hizo una reverencia a Guy quien le contestó de igual forma despidiéndose. Pero antes de que se fuera agrego— ¿Es cierto que en la batalla de Fenor pelearon a tu lado cuatro orcos?
—Sí. Neilad consiguió el perdón del rey para ellos a cambio de usar la espada cantante de Fenor para honrar a la luna.
—¿Y porque crees que el hombre se molestaría en conseguir el perdón para ellos?
—Se los prometió a cambio que lo llevasen a la fortaleza para poder ser curado. Era eso o morir.
—Si pero Ellos además pelearon a su lado.
—Los orcos de Murgthiz venían por todos incluyéndolos a ellos. Era de su conveniencia. Además…-Guy no continuó.
—Eventualmente el miedo controla los corazones de todas las criaturas. Siempre está ahí acechando esperando su oportunidad. Así que eliges un lado y peleas por él. Pero la única forma de detener al círculo de la guerra que consume a todos los que la integran es el perdón. No todos pueden ser perdonados. Solo aquellos que realmente buscan redención son los que la conseguirán. Y encontrar a aquellos es la verdadera difícil elección de los justos. —Guiles calló y Guy salió de la habitación.

            El día siguiente lo pasó organizando a los nuevos hombres que tendría a su mando por el periodo de los próximos meses. Entre los hombres que le había prometido Guiles y los que Nin había reclutado formaban casi quinientos hombres. Un  poco más que doce divisiones. Finalmente partieron a Kirun y todavía pasarían días de la fiesta en viaje. Pero el puente de Bridan estaba solo a cuatro días de allí. Pasarían por dos poblados más antes llegar a él y esperaban obtener algunos hombres más allí. Aunque no se detendrían pues querían llegar antes del solsticio. Antes de dejar la ciudad de Minbou un último hombre se agregó a las tropas, Ilko, el bardo sobre la piedra que habían conocido hacia días al llegar a la ciudad se había presentado como había prometido y los acompañaba. No en calidad de soldado pero si como un gran compañero. Guy por los servicios que ofrecería le dio una moneda de plata. Una cantidad inmensa de dinero para el bardo. La mayor consideró que el músico era una buena fuente de información sobre los plebeyos mestizos como él. Era un gran elemento a tener en cuenta y además empezaba a simpatizar con él.

            Las siguientes poblaciones permitieron agregar a Guy doscientos hombres más a sus filas. Cuatro clérigos del sol viajaban en su campaña aun con la renuencia de Guy que no los deseaba del todo allí pero los necesitaba pues estaba obligada a llevarlos como mínimo durante las fiestas. Después de cuatro días de intenso frío llegaron al puente de Bridan. Que unía los dos lados del inmenso cañón del río muerto por donde corría solo un delgado arrollo de agua a la altura de ocho hombres de profundidad. Y detrás aun a gran distancia podía verse la ciudad dorada de Kirun. 



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