Ciudad de Minbou, provincia de Koria.
Dia 23 del noveno mes de 1280 del calendario de Finvir.
La habitación en la que Guy
esperaba a Guiles ese mediodía era grande pero aun así muy íntima. Un tablero
de un juego que simulaba estrategias militares estaba delante de ella pero
ninguna de las piezas se encontraba sobre la mesa. Enormes ventanales cubrían toda
la pared del este y la del oeste. La luz en ese momento todavía entraba por
ambos lados por igual y por un breve instante perdería intensidad, hasta que
pasase el mediodía y comenzase a brotar por la pared del oeste. Varias puertas
comunicaban con otras habitaciones. Muchas de ellas parecían estar cerradas
desde hacía años. Guy apoyó su dedo índice sobre los cuadros del tablero y comenzó
a recorrer con él el perímetro del recuadro. Una puerta detrás de ella se abrió
y volteó para ver a Guiles entrar por ella. Estaban solos y se saludaron sin
palabras.
Una vez que se
sentó delante de ella comenzó a hablarle con suavidad —Ayer, te enfrentaste a Güiyinkt
y a Tifun. Has impresionado al primero pero en nada harás cambiar la mentalidad
del segundo.
—¿Acaso necesito
hacerlo? —preguntó Guy.
—Tifun es un líder
religioso y mueve como tal la voluntad de sus seguidores. Te ha marcado algo
que te seguirá por el resto de tu camino a Kirun: Tú no solo no eres de aquí
sino que tu religión no es exactamente la nuestra. Y hoy en Koria la religión
es todo. El rey Urael sabe esto o por lo menos eso asumo. No creo que haya sido
casualidad el que te haya enviado justo en estas fechas hasta aquí.
—¿Por qué no
me diría esto Urael?
—No sé —Meditó
Guiles— Quizás porque un buen líder no siempre dice todo lo que puedes saber
sino solo lo que necesitas y deja que descubras el resto por ti mismo. Creo que
Urael ya ha sacado sus propias conclusiones, pero necesita la mirada de otra
persona en quien confiar. Si te dijera lo que sabe o piensa te influenciaría.
Es lo suficientemente sabio como para saber que no es infalible.
Guy guardó
silencio solo un segundo pero había mucho que decir —He notado a los sacerdotes
del sol portando espadas. No ha sido una imagen agradable.
—Entiendo,
pero no juzgues a todos los sacerdotes del sol por esto. Ellos tienen sus
órdenes. No están infringiendo ley alguna.
—Tener una
espada y aprender a usarla, o incluso a no usarla, son cosas diferentes. Darle
armas a cualquiera puede terminar en un desastre. Mis propios hombres están sin
entrenar y estoy tomando parte en el asunto. No quiero que todos los hombres
que me acompañan sean civiles armados. Estos clérigos preparados para la
religión pueden terminar matando o dañando a personas inocentes. –contestó Guy,
firme.
—Piensa Guy. Güiyinkt,
quien es un bravo guerrero ha demostrado ayer temor porque la ciudad de Minbou
pierda de sus fuerzas para defenderse. Él al igual que muchos hombres, considera
que si una amenaza tan grande, como los orcos que atacaron la capital del reino
de tal forma, ha podido llegar tan lejos sin ser detectada, pueda llegar a
volver a pasar.
—Las
probabilidades de que otro ejército de orcos se forme sin que lo sepamos son
escasas. Pienso que es una débil escusa.
—Hay mucho más
de lo que ves. No es un secreto que muchos en Koria a pesar de los cientos de
años que hemos permanecido como ciudadanos de la alianza, piensan que sería
mejor si nos separásemos. Yo en cambio temo porque eso suceda. Koria enfrenta
en este momento males muy grandes. Parte de la población de Kirun se ha
rebelado y las filas de estos hombres crecen día a día. Sospechamos que en
Tulis está sucediendo algo similar. De una forma u otra si la capital cae,
pronto todos los demás seguirán ese camino.
—¿Quiénes osan
rebelarse ante el gobierno de Urael? ¿Quiénes son estos rebeldes separatistas?
No he escuchado nada de ellos hasta el momento.
Guiles sonrió —¿Separatistas?
Considero que “rebeldes” es un mejor término. No escucharás a nadie hablar de
los rebeldes, están proscriptos. Si alguien es escuchado hablar de rebeldes, es
perseguido. Nadie los nombrará en tu presencia.
—¿Y quién los
ha proscripto?
—Los clérigos
del sol.
Guy se acomodó
dónde estaba sentada intentó ponerse más recta pero no lo consiguió, estaba
incomoda, molesta —No me ha contestado quienes son estos rebeldes.
—¿Has notado
que mi aspecto no es el mismo que el de otros hombres en Koria? –El hombre
movió sus manos para que Guy no contestase esa pregunta—. Lo diré mejor ¿Quién
es Korien para ti?
Guy no
contestó inmediatamente pero la primera pregunta le daba un camino a seguir
para reflexionar —Tengo claro que los Korien del antiguo reino de Koria no se
mezclaban con los hombres de otras razas. Tù sin duda desciendes de ellos, tu
color de piel ojos y cabello son diferentes, a los míos por ejemplo.
—Entonces
¿Crees que los Korien son como yo?
—No —respondió
Guy inmediatamente—. Hay korien que no se parecen en nada a ti, pero que han
nacido en estas tierras igual.
—Te manejas
por reglas del antiguo imperio Gojiien si crees que el nacer en una tierra te
hace pertenecer a ella.
—Me manejo por
actuales reglas de la alianza. –aclaró Guy.
—Sin duda
–contestó Guiles relajado—. Pero no todos lo ven igual. Existe un pueblo korien
de hombres que no poseen mi color de piel, bien has señalado. Estos “mestizos”
no pueden por ejemplo ser sacerdotes del sol. Solo los Korien de raza pura
pueden serlo.
—En Niceria
también se adora al sol en muchas partes y sin embargo ellos no son para nada
Korien de raza pura.
—Cierto. Pero
pregunta cuan importantes son para el sumo sacerdote del sol esos clérigos.
Veras que no mucho —Guiles vio que Guy se alejaba del tema y retomó—. Los
mestizos de Koria sin embargo se encuentran en muchos lugares de poder, entre
el ejército y entre los nobles por ejemplo. Las leyes de la alianza se lo
permiten, no así las antiguas leyes Korien. Estos “rebeldes” son casi en su
totalidad mestizos, no obstante cuentan con el apoyo de varios korien de raza.
—¿Por qué?
—Diferentes
motivos, los mestizos han sido segregados eso es cierto. No todos simpatizan
con esta segregación. Algunos campesinos descontentos con la nobleza son Korien
de raza pura y encuentran en estos rebeldes una oportunidad de cambio. Por otra
parte algunos nobles que descienden de familias antiguas son hijos de algún
padre extranjero, ellos también son despreciados y encuentran en estos rebeldes
una manera de reclamar. Por esto te diré que más importante de quienes son es
porque se rebelan. En
Kirun te encontraras con el mayor templo del sol de todo Fenor y también con
Guipac, el sumo sacerdote del sol. Desde la batalla de Fenor su discurso se ha
puesto cada vez más intolerante. Su influencia en la gente es cada vez mayor.
Peor que eso, al exigir que sus clérigos usen armas han invadido el territorio
del ejército y muchas más veces todavía de la guardia local. En Kirun los
juicios religiosos son cada vez más comunes y los propios sacerdotes capturan y
juzgan a los habitantes de allí. El verdadero poder del sumo sacerdote del Sol
radica en el hecho de que la cisterna principal de la ciudad está ubicada bajo
del templo del sol. Cuando el actual río muerto se secó y según la leyenda
Bridan quedó atrapado en el frío del glaciar del norte todos los cultivos y la
misma ciudad quedaron sin agua dulce para poder ser utilizada y bebida. Y la
ciudad poco a poco comenzó a morir también. Dicen que Kirun en un último
sacrificio se convirtió en una gran llama de fuego y marcó donde debían excavar
y de esta forma los habitantes de la ciudad encontraron una gran reserva de agua
subterránea. El que controla el templo controla el agua de la ciudad y por lo
mismo en gran parte a la ciudad en sí.
—Entiendo.
Guipac, está extralimitandose. La religión no debería interferir en asuntos del
gobierno o militares.
—No, pero
tampoco las milicias deben tomar control de la religión o del gobierno. Estos
rebeldes son hombres y mujeres de Koria perseguidos por Guipac. Si me preguntas
creo que sus ideas sobre el futuro de estas tierras no son muy diferentes a las
de Guipac. Ellos tienen sus propios sacerdotes del sol y poco a poco van
consiguiendo armas y ganando poder a través del miedo.
—¿Han atacado
a soldados de Fenor o aún no han llegado tan lejos?
—Hace tiempo
cruzaron esa línea. Han matado a varios nobles o los han secuestrado pidiendo
rescate. Para ellos el gobierno de Ilman, el gobernante de Kirun no es más que
otro brazo ejecutor de Guipac. Y atacarán a cualquiera que se asocie a ellos. Los
rebeldes buscan venganza y no les gusta Ilman menos de lo que les gusta Urael.
De hecho ellos no ven diferencia. Creo que el general Güiyinkt está preocupado
de que reduzcas sus tropas y los rebeldes tomen control de la ciudad.
—No tengo
manera de entrenar a los hombres o controlarlos tan rápidamente. No entrare a
Kirun con un montón de críos a los que se les ha dado armas. Incluso podría
tener rebeldes entre mis tropas. ¿Estas intentando convencerme de que no haga
esto?
—No. Creo que
tu decisión demuestra sabiduría, como dices llevar un montón de hombres sin
entrenar te hace una presa fácil. Pero no podrás controlar a esos hombres, que
no te reconocen y que los has arrancado de sus líderes, en una festividad.
—Ellos deben
servir, es lo que corresponde. Además llevaré clérigos conmigo a Kirun, sus
creencias serán respetadas, he viajado hasta aquí de esa forma.
—Si llevas
clérigos de Guipac contigo los rebeldes te verán como si fueras su enemigo.
—Lo soy. Lo
que Guipac está haciendo quizá sea incorrecto, lo que hacen los rebeldes es
criminal y serán detenidos. No vamos a tolerar insubordinaciones.
—Cierto, pero
el reino que protegemos se compone de personas como los que rebeldes y su fe
religiosa no puede ser robada. Este conflicto deja en medio de ellos a miles de
hombres que pronto se verán forzados a elegir algún lado. Voy a preguntarte
algo. ¿Crees que una sola elección en tu vida cambie todo lo que eres?
Guy no dudo ni
un segundo –Sí.
—Yo también,
pero solo puedes juzgar en ti misma cual ha sido esa elección. Cuando se trata
de la vida de los demás, vas con los ojos vendados. Recuerda eso cuando te
toque ser jueza y debas decidir sobre la vida de otros. —Guiles hizo una pausa
esperando alguna respuesta de Guy que nunca llego, luego continúo. –Cuando el
rey orco atacó, el miedo se esparció por todo el reino. Hombres como Güiyinkt a
quien te enfrentaste anoche pueden fácilmente estar de tu lado o en contra.
Ellos buscan la seguridad propia y la de aquellos a quienes protegen. Si las
ideas del sacerdote Tifun fueran más convincentes quizás estaría de su lado.
Guipac y muchos otros hombres han aprovechado ese miedo para apoderarse de los
corazones de los inseguros. Y del miedo que ellos mismos han creado otros
hicieron lo mismo —Guiles se levantó de donde estaba sentado. Se aproximó a la
chimenea y lanzó más leños para avivar el fuego. La gran habitación era difícil
de calefaccionar. Luego se acercó a un gabinete empotrado en la pared abrió sus
puertas y se limpió las manos con una tela que había en el interior y sacó del
gabinete dos copas y una botella de vino, Guy la reconoció como una de las de
su tierra—. Este es vino de tus vides, pero las uvas que fermentaron para
hacerlo nacieron incluso antes que tú. Tu padre me lo regaló, fuimos buenos
amigos.
—Si deseas
ganarte mi confianza no necesitas nombrar a mi padre.
Guiles sonrió
como un padre que escucha a un hijo rebelde —Ja, ja, ja, Que innecesariamente
directa eres Guy —Guiles había alcanzado una copa de vino a Guy. Luego se volvió
a sentar—. Nombro a tu padre porque es un grato recuerdo. Él fue un hombre
justo. Y en algún momento lo consideré un hermano. Pero mi deber aquí me separo
de él hace muchísimos años. No tuve oportunidad de conocerte. Él estaría
orgulloso de ti —Luego cambio el tema de la conversación.-. ¿Qué era el
prendedor azul que llevabas el otro día?
—Un emblema.
—¿Me dirás de qué?
—Un regalo de
Neilad, primer caballero de la Orden del Gato Azul. El hombre de blanco que
hizo que la espada de Fenor cantase en batalla.
—Ese hombre.
¿Sabe el rey Urael que ahora dejas parte de tu lealtad a él, a Neilad?
—Sí, sabe que
me lo han ofrecido. Para el rey ellos son héroes de Fenor y saber que soy una
de ellos es en parte una garantía de que ellos estarán de su lado. No he
repartido mi lealtad. –aclaró.
Guiles sonrió —Dudo
que Urael esté tan seguro de eso. Pero sin duda estas criaturas se han ganado su
respeto —Tomó de su copa un sorbo de vino y se detuvo a saborear el momento—. ¿Héroes,
has dicho? Los héroes son personas que por un momento hacen lo imposible para
otros. Como hacer cantar a una espada o como curar con el sonido de la voz —Guy
supo en ese momento que la historia de la batalla de Fenor ya había sido
narrada por otros a Guiles, ya que ella nunca había mencionado la magia de
Azhalea porque nunca había estado presente ante eso—. O como matar un dragón
que ningún otro hombre había sido capaz de enfrentar. Eso te hace un héroe. Pero
esos actos heroicos son efímeros y se van con la brisa o se deshacen con el rocío
de las mañanas. Los reinos no se hacen de héroes, ellos solo destacan, lo que
hace grande a los hombres, o mujeres, son las decisiones que toman todos los días
no solo en ese momento crucial. Esas decisiones que cambian tu vida por
ejemplo. No te conviertas en leyenda aun antes de haber muerto. Puedes ser una
heroína todos los días o ser la anécdota de una historia hasta que el tiempo deforme
tu nombre en la lengua de los bardos que cantan tus canciones.
—Eso intento.
—Te prometí
hombres y eso he de darte. Así como parte del equipo que necesitaras. He tenido
tiempo y me he acercado estas últimas horas a los nobles más cercanos a mí. Dos
de ellos te darán caballeros, cincuenta de ellos bien armados. Y tengo también
doscientos cuarenta lanceros de las tropas de la ciudad a tu servicio, no son
soldados de campos de batalla. Han funcionado más como policía local pero saben
acatar órdenes. En los próximos días reclutarás a los jóvenes que puedas de la
ciudad. Se hará tu voluntad y dejaremos parte de ellos para reponer nuestras
filas y otra parte seguirá contigo. Voy a darte carretas y algunos caballos
para transportar alimentos y carpas.
—Gracias. Hay
algo más.
—Dime que
deseas.
—Sé que el
gremio de herreros de Minbou es reconocido por su talento.
—Así es.
—Necesito
nuevas armaduras y equipo.
—¿En qué estás
pensando?
—Urael ha
decidido que junto a él se moverá un ejército compuesto por hombres de las
cuatro provincias. Con un general a cargo de cada una de ellas. Mi abuelo será
el de la provincia de Gono. Otros serán llamados para representar a las demás
provincias. Quienes han sido, es información que más allá de que no se me estaría
autorizado revelar, tampoco tengo y no sé si aún se ha decidido. Cada uno de
estos ejércitos individuales tendrá autonomía en cuanto a cómo se dispondrán
sus tropas. Estos cuatro ejércitos conformarán el nuevo ejército real. Que ya
no dependerá de las familias. Independientemente cada una de las provincias tendrá
su propio ejército que no se moverá de sus respectivas tierras. Como los
hombres de Gono y su ejército fueron asesinados por el rey orco mi misión es
simplemente reforzar el ejército de Gono con cuántos hombres encuentre para
fortificar a la provincia. Eventualmente quienes vengan conmigo podrán elegir
entre formar parte del ejército real o regresar a sus respectivas provincias.
No pienso debilitar ninguna posición de por siempre, esto es solo temporal. Pero
espero conseguir a nuevos hombres bajo mi mando. Y como se me ha dado la
libertad de construir las tropas como deseo, modificarè la manera en la que
hemos estado organizando las tropas. Por lo menos las que estén bajo mi mando –Guy
extrajo un papel de entre sus ropas—Aquí está todo lo que necesito.
Guiles observó
el papel y leyó la lista para sí mismo —Todo esto llevará meses en hacerse. —Aclaró
Guiles un poco desconcertado por todos los números que había recibido.
—Para ese
entonces el ejército habrá sido formado o por lo menos parte de él.
—Tendrás todo
lo que pides en tres meses aproximadamente.
—Tengo oro
como para cubrir una parte de todo esto. El resto…
—No te
preocupes por el resto ahora. Primero encuentra a los hombres que necesitas. Después
nos encargaremos de eso. Esta nueva idea sobre cómo organizar el ejército, que
no depende de las familias, le da muchísimo poder a Urael. Además de que aumenta
el costo de la realeza, esto aumentará los impuestos.
Guy realmente
todavía no se había detenido a reflexionar sobre ello, pero lo que Guiles
señalaba era cierto —Es el costo de mantener el reino seguro.
—Si –dijo
Guiles preocupado—. El precio del control siempre es alto. Si no tienes
problemas con los rebeldes o con Guipac, los tendrás con las familias y los
gobernantes cuando se enteren de esto. Incluso con tus propias tropas.
Necesitaras aliados Guy.
—Para eso te
tengo a ti. Es bueno saber que tengo amigos de este lado del reino que todavía
no conocía.
—Ha sido un
honor. —Guiles hizo una reverencia a Guy quien le contestó de igual forma despidiéndose.
Pero antes de que se fuera agrego— ¿Es cierto que en la batalla de Fenor
pelearon a tu lado cuatro orcos?
—Sí. Neilad
consiguió el perdón del rey para ellos a cambio de usar la espada cantante de
Fenor para honrar a la luna.
—¿Y porque
crees que el hombre se molestaría en conseguir el perdón para ellos?
—Se los prometió
a cambio que lo llevasen a la fortaleza para poder ser curado. Era eso o morir.
—Si pero Ellos
además pelearon a su lado.
—Los orcos de
Murgthiz venían por todos incluyéndolos a ellos. Era de su conveniencia. Además…-Guy
no continuó.
—Eventualmente
el miedo controla los corazones de todas las criaturas. Siempre está ahí
acechando esperando su oportunidad. Así que eliges un lado y peleas por él.
Pero la única forma de detener al círculo de la guerra que consume a todos los
que la integran es el perdón. No todos pueden ser perdonados. Solo aquellos que
realmente buscan redención son los que la conseguirán. Y encontrar a aquellos
es la verdadera difícil elección de los justos. —Guiles calló y Guy salió de la
habitación.
El
día siguiente lo pasó organizando a los nuevos hombres que tendría a su mando
por el periodo de los próximos meses. Entre los hombres que le había prometido
Guiles y los que Nin había reclutado formaban casi quinientos hombres. Un poco más que doce divisiones. Finalmente
partieron a Kirun y todavía pasarían días de la fiesta en viaje. Pero el puente
de Bridan estaba solo a cuatro días de allí. Pasarían por dos poblados más
antes llegar a él y esperaban obtener algunos hombres más allí. Aunque no se detendrían
pues querían llegar antes del solsticio. Antes de dejar la ciudad de Minbou un último
hombre se agregó a las tropas, Ilko, el bardo sobre la piedra que habían
conocido hacia días al llegar a la ciudad se había presentado como había
prometido y los acompañaba. No en calidad de soldado pero si como un gran
compañero. Guy por los servicios que ofrecería le dio una moneda de plata. Una
cantidad inmensa de dinero para el bardo. La mayor consideró que el músico era
una buena fuente de información sobre los plebeyos mestizos como él. Era un
gran elemento a tener en cuenta y además empezaba a simpatizar con él.
Las
siguientes poblaciones permitieron agregar a Guy doscientos hombres más a sus
filas. Cuatro clérigos del sol viajaban en su campaña aun con la renuencia de
Guy que no los deseaba del todo allí pero los necesitaba pues estaba obligada a
llevarlos como mínimo durante las fiestas. Después de cuatro días de intenso frío
llegaron al puente de Bridan. Que unía los dos lados del inmenso cañón del río
muerto por donde corría solo un delgado arrollo de agua a la altura de ocho
hombres de profundidad. Y detrás aun a gran distancia podía verse la ciudad
dorada de Kirun.
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