lunes, 9 de octubre de 2017

Drunwea Kul Ten



Leyenda Gullien


                El gran dios lobo Wrughwarg mientras vagaba por el mundo, se encontró perdido en el desierto de Gull. El gran lobo pensó que moriría de sed cuando la ninfa Azures hija de Sehitu se le apareció. Azures ofreció llevar al dios lobo hasta un oasis si le prometía darle un vástago y Wrughwarg aceptó, pues la encontró hermosa. De esta unión surgió Drunwea Kul Ten. Ella tenía el aspecto de una loba pero era seis veces más grande. Azures fue feliz por un tiempo con su hija hasta que la misma arrancó su mano izquierda de un mordisco por robarle alimento. Enfadada y con temor de su propia hija la expulsó del desierto y la envió a vivir a las montañas del sur.  Drunwea Kul Ten intentó disculparse pero jamás fue escuchada y le fue prohibido pisar las arenas del desierto. Entonces se cruzó con los lobos negros de Gull y engendró a los dreokuls una raza de lobos monstruosos que vagaban por el desierto buscando a la ninfa Azures para llevarla hasta el cubil de su madre donde Drunwea terminara de devorarla. Drunwea no envejecía ni se enfermaba. Era capaz de triturar rocas con sus dientes, de alimentarse del fuego y su saliva contagiaba una variedad de la rabia que atacaba a sus víctimas mucho más rápido.

Los dreokuls cazaban constantemente a doncellas y niñas de Gull que viajaran por el desierto para presentarlas ante Drunwea pensando que se trataba de Azures. Un día capturaron a una niña llamada Iziramez hija de un señor feudal, que reunió un ejército para recuperarla. Para atravesar el desierto con sus hombres, el señor feudal debía detenerse en varios oasis para que descansasen y se reabasteciesen. En el primer oasis, en la primera noche, Azures se le apareció en un sueño a un hombre joven llamado Iram´Lum que había sido reclutado a la fuerza para engrosar las filas del ejército pero que no poseía conocimiento bélico alguno.

                Azures preguntó ¿Adónde se dirige este ejercito?
                Iram´Lun contestó Al sur, a enfrentar a tu hija Drunwea Kul Ten. Pues sus esbirros han capturado a Iziramez que es una niña inocente y no merece morir.
                La divinidad dijo entonces –Si mi hija la ha capturado no la comerá, pues es a mí a quien busca. Pero si la ha mordido la niña enfermará y morirá al pasar pocos días. Si realmente desean salvar a la pequeña entonces deberán de curar su mal. Cuando Drunwea me mordió yo enfermé y pensé que moriría. Pero mi padre visitó al gran lobo y este le dijo que existe una flor que crece en este desierto con la que podría preparar una infusión con sus pétalos y me salvaría. Pero necesitaras muchas flores para alcanzar la dosis que necesitas. Y Azures le mostró al hombre la planta de zurab de la cual debía recolectar las flores.
               
                Cuando Iram´Lun despertó corrió a narrarle su visión al señor feudal pero este despreció su consejo alegando que no necesitaba de flores para salvar a su hija y que en cambio le hacía falta agua para que su ejército sobreviviera en el desierto. No había tiempo para recolectar flores ni espacio para llevarlas pues cualquier brazo que pudiera cargar algo llevaría una lanza o una espada para enfrentar a los lobos. Iram’Lun no pudo más que obedecer las órdenes y continuaron su viaje sin los preciados pétalos. El noble enfrentó con su ejército a la loba y a su prole obligándolos a huir y recuperando a su hija. Solo para comprender que ella estaba enferma desde hacía días pues había sido mordida. Sin la cura y sin tiempo para ir a recolectar los pétalos Iziramez murió en brazos de su padre. Pero no abandonó el desierto ya que se convirtió en un fantasma que silva en el viento de la tormenta anunciando el peligro de acercarse a las montañas de la loba Drunwea.

                Todos los hombres que se adentran en el desierto de Gull han de saber que los problemas pueden ser más complejos de lo que parecen. Vale la pena tomarse el tiempo de analizar todo pues si uno se apresura a solucionar lo obvio y descuida los pequeños detalles, aquellos difíciles de considerar, se corre el riesgo de perder la oportunidad de resolverlos.

Fin.

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