Leyenda Gullien
El
gran dios lobo Wrughwarg
mientras vagaba por el mundo, se encontró perdido en el desierto de Gull. El
gran lobo pensó que moriría de sed cuando la ninfa Azures hija de Sehitu se le
apareció. Azures ofreció llevar al dios lobo hasta un oasis si le prometía
darle un vástago y Wrughwarg aceptó, pues la encontró hermosa. De esta unión
surgió Drunwea Kul Ten. Ella tenía el aspecto de una loba pero era seis veces
más grande. Azures fue feliz por un tiempo con su hija hasta que la misma arrancó
su mano izquierda de un mordisco por robarle alimento. Enfadada y con temor de
su propia hija la expulsó del desierto y la envió a vivir a las montañas del
sur. Drunwea Kul Ten intentó disculparse
pero jamás fue escuchada y le fue prohibido pisar las arenas del desierto.
Entonces se cruzó con los lobos negros de Gull y engendró a los dreokuls una
raza de lobos monstruosos que vagaban por el desierto buscando a la ninfa
Azures para llevarla hasta el cubil de su madre donde Drunwea terminara de
devorarla. Drunwea no envejecía ni se enfermaba. Era capaz de triturar rocas
con sus dientes, de alimentarse del fuego y su saliva contagiaba una variedad
de la rabia que atacaba a sus víctimas mucho más rápido.
Los dreokuls cazaban constantemente
a doncellas y niñas de Gull que viajaran por el desierto para presentarlas ante
Drunwea pensando que se trataba de Azures. Un día capturaron a una niña llamada
Iziramez hija de un señor feudal, que reunió un ejército para recuperarla. Para
atravesar el desierto con sus hombres, el señor feudal debía detenerse en
varios oasis para que descansasen y se reabasteciesen. En el primer oasis, en
la primera noche, Azures se le apareció en un sueño a un hombre joven llamado
Iram´Lum que había sido reclutado a la fuerza para engrosar las filas del ejército
pero que no poseía conocimiento bélico alguno.
Azures
preguntó —¿Adónde se dirige este ejercito?
Iram´Lun
contestó —Al sur, a enfrentar a tu hija
Drunwea Kul Ten. Pues sus esbirros han capturado a Iziramez que es una niña
inocente y no merece morir.
La
divinidad dijo entonces –—Si mi hija la ha capturado no la comerá,
pues es a mí a quien busca. Pero si la ha mordido la niña enfermará y morirá al
pasar pocos días. Si realmente desean salvar a la pequeña entonces deberán de
curar su mal. Cuando Drunwea me mordió yo enfermé y pensé que moriría. Pero mi
padre visitó al gran lobo y este le dijo que existe una flor que crece en este
desierto con la que podría preparar una infusión con sus pétalos y me salvaría.
Pero necesitaras muchas flores para alcanzar la dosis que necesitas. —Y Azures le mostró al hombre la planta de zurab
de la cual debía recolectar las flores.
Cuando
Iram´Lun despertó corrió a narrarle su visión al señor feudal pero este
despreció su consejo alegando que no necesitaba de flores para salvar a su hija
y que en cambio le hacía falta agua para que su ejército sobreviviera en el
desierto. No había tiempo para recolectar flores ni espacio para llevarlas pues
cualquier brazo que pudiera cargar algo llevaría una lanza o una espada para
enfrentar a los lobos. Iram’Lun no pudo más que obedecer las órdenes y continuaron
su viaje sin los preciados pétalos. El noble enfrentó con su ejército a la loba
y a su prole obligándolos a huir y recuperando a su hija. Solo para comprender
que ella estaba enferma desde hacía días pues había sido mordida. Sin la cura y
sin tiempo para ir a recolectar los pétalos Iziramez murió en brazos de su
padre. Pero no abandonó el desierto ya que se convirtió en un fantasma que
silva en el viento de la tormenta anunciando el peligro de acercarse a las
montañas de la loba Drunwea.
Todos
los hombres que se adentran en el desierto de Gull han de saber que los
problemas pueden ser más complejos de lo que parecen. Vale la pena tomarse el
tiempo de analizar todo pues si uno se apresura a solucionar lo obvio y
descuida los pequeños detalles, aquellos difíciles de considerar, se corre el
riesgo de perder la oportunidad de resolverlos.
Fin.
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