Leyenda Nevarien
En las tierras hostiles al sur de
Nevaría cerca de los lindes del rio Unerihi, las selvas desaparecían y daban
lugar a la sabana y mucho más al sur los desiertos. Allí habitaban especies de
plantas muy diferentes. Unos eran llamados anekis, aloes colgantes que trepaban
por árboles y rocas, almacenando agua en sus hojas para poder sobrevivir a las
estaciones secas. Ellos invadían y colonizaban. Algunos árboles preferían
perder ramas a tener que cargar con ellos pues los aloes colgantes pronto los
estrangularían y les quitarían los nutrientes o les taparían la luz del sol
haciendo que sus hojas se secasen y cayesen. Los anekis harían cualquier cosa
para trepar sobre algún árbol descuidado, ya que lo necesitaban para subsistir.
Un
día un gajo de aloe se encontró creciendo cerca de un brote de hierba de hojas
gemelas. Estas brotaban en el invierno para morir al llegar el verano y la
estación seca pues sus tallos eran delgados y no alcanzaban más de dos palmas
de alto. El aloe suplicó entonces que le permitiese enredarse en ella para
poder crecer. Pero la hierba se negó, argumentando que el aloe era un parasito
y que terminaría por matarla. El aloe insistió. La hierba le explicó que
moriría cuando comenzase la estación seca, pues esa era su vida. Pero al aloe
no le importó, pues él después de todo no tenía opción y moriría en ese momento
si no podía trepar sobre algo. El brote de hierba se apiadó del gajo y le permitió
cumplir con su destino. El aloe creció con lentitud entretejiéndose entre las
tupidas espinas alrededor de las ramas de la hierba, sin dañarlo.
Resultó
que cuando llegó la estación seca la hierba no murió, pues estaba protegida del
calor por su compañero el aloe. Al año siguiente la hierba de hojas gemelas
pudo ver brotar a sus hijos y protegerlos con su sombra. Ella misma pudo crecer
más mientras el aloe seguía trepando por ella. Las temporadas siguieron rotando
y la hierba creció hasta tomar la forma primero de un arbusto y luego de un
árbol, estando completamente cubierta por el aloe que también se ensanchó y se
hizo más fuerte. Esta asociación prosperó y ambas especies siguieron ayudándose
generando una selva de hierbas con forma de árboles y cubiertos de aloes.
Los
monjes elaharas que deambulan por esta selva de aloes y hierbas-arboles llamaron
a esta asociación de especies los Dusiearad, que significa los que se ayudan,
pues creen que: “El que se aferra a lo
que conoce, subsiste. Pero el que se arriesga a transformarse, trasciende.”
También creen que: “El que alguien
necesite de tu ayuda, no significa que a su vez no pueda ayudarte.”
Fin.
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