Leyenda Gullien.
De una pequeña planta de invierno brotó una flor en el desierto. Fue una bella flor que no conocía al poder del sol. Cuando el invierno pasó el gran astro que la iluminaba comenzó a quemarla. Pero una sombra la protegió. No sabía ella de donde llegaba pero la cubría y la abrigaba.
—¿Por qué me
cubres? —preguntó
la flor.
—Porque soy
sombra y dentro de mí no hay nada. Pero si tú te encuentras en mi podré
contemplar lo bello.
La
flor aceptó para perdurar, para resistir al verano. Y bajo el cobijo de la sombra
fue bella y completó a la sombra que sin ella estaría vacía. Pero sin luz, la
flor perecía. La sombra seguía siendo sombra y nada más. La flor entonces se
deformó y se torció para alcanzar la luz, pues la sombra ahora la estaba
matando. Sus hojas crecieron, sus tallos se ensancharon y cambió hasta que no
se reconoció. Llegó un día en que la flor ya no se vio hermosa ya no se sintió
bien. Entonces dijo a la sombra:
—Vete
sombra pues me estas matando. Vete sombra pues ya no soy hermosa y ya nada
puedes contemplar de mí. No merezco estar a tu lado pues en nada te enriquezco.
La sombra contestó —Todo lo que hayas cambiado no hará que dejes de ser hermosa, pues soy sombra y dentro de mí no hay nada, flor. Pero no puedo quedarme pues no quiero matarte.
La sombra contestó —Todo lo que hayas cambiado no hará que dejes de ser hermosa, pues soy sombra y dentro de mí no hay nada, flor. Pero no puedo quedarme pues no quiero matarte.
La
sombra entonces se dividió y desapareció. Y tan pronto como esto sucedió la luz
regresó a la vida de la flor cubriéndola de un brillo que la hizo renacer. Ya
no era la misma flor que había nacido en invierno, ahora era más grande y era
más fuerte. Entonces se recorrió con la mirada y descubrió que bajo ella, bajo
sus grandes hojas y deformados tallos, pequeña y escondida había una sombra,
pues una parte de ella que jamás la abandonaría.
Fin.
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