—Entonces
¿Usted cree que el elemental está atrapado en Makiias? ¿Existe algún
antecedente en la historia sobre algo así? ¿Cree que podré entrar en contacto
con él? No pude hacer nada con Izhá. —preguntó Viridrut, agobiando a la ogra
mientras atravesaban la puerta de entrada a la habitación donde yacía el elfo.
—Haces demasiadas preguntas,
aprendiz de mago —La ogra olfateó el lugar y dio una rápida inspección visual a
la sala—. No conozco ningún antecedente respecto a algo así. Claro que la
invocación no es mi fuerte y en realidad es algo bastante difícil de hacer, al
menos en la escala en la que lo hacía Anzhará. Lírudin era de gran ayuda. Sin
embargo sí sé lo que es el metaplasma del que hablaba el elfo y entiendo muy bien
para que lo quería.
—¿Y para qué sirve? —preguntó
Galerina.
—Espera —dijo la bruja intentando
contestar todas las preguntas de Viridrut antes—. No pudiste entrar en contacto
con Izhá en tu sueño porque él estaba angustiado y preocupado y es mucho más
difícil establecer un enlace con alguien si se encuentra así. Sin los poderes
de Ascophio que es capaz de meterse en el cerebro de sus víctimas, los magos no
podemos controlar la mente de la gente. La ilusión que le mostraste a Bladon
funcionó porque él vio en un principio lo que quería, una vez que te permitió
enlazarte con él, sin que se diera cuenta te dio acceso a conocer sus secretos.
Pero de otra forma hubiera sido imposible. La verdadera magia es encontrar la
forma de acceder a la mente de tu huésped de una forma amable. Al principio al
menos. Cuando tus compañeros me contaron lo que había pasado asumí que el
motivo por el cual Anzhará no era capaz de unirse al sueño de Makiias era
porque el otro elfo no quería ser invadido por él. Y posiblemente tampoco el
elemental. Sobre todo el elemental. Esta criatura no pertenece a este plano
existencial y sin duda ha de estar sufriendo. El elemental que Licken derrotó,
simplemente regresó a su dimensión, si así quieres llamarla. Pero este no ha
podido. Makiias confió en ti, y el elemental si no estoy equivocada, también,
justamente porque eres un fungí. Si la criatura realmente se encuentra en la
mente de Makiias, atrapada, tu misión será separarlos y enviarle al cristal de
sueños que tienes. Que se encuentra vacío.
—Si hago eso ¿Despertará Makiias? —preguntó
Viridrut.
—No. No sé con cual encantamiento
Radasté o Anzhará durmieron a este elfo. Si lo hicieron con Talisú y tocaron la
canción del sueño, Makiias no despertará jamás. Yo por lo menos no poseo los medios.
Si lo durmieron de alguna otra forma quizás pueda despertarlo —La bruja buscó
entre su morral un frasquito con un líquido de color verde y lo dejó sobre una
mesa cercana a la cama—. Esto debería ser suficiente.
—¿Existe una canción del sueño? —preguntó
Sorus.
—Por supuesto. Pero no es recomendable
interpretarla en Talisú.
—¿Por qué? —preguntó Galerina.
—Porque cualquier cosa que toques en
Talisú, dormirá a quien la escuche, excepto al interprete. Pero es un sueño del
cual puedes despertar, como el gato de ese clérigo. Si escuchas la canción del
sueño también despertaras. Pero si tocas la misma canción en Talisú, la
potencia de la magia será tal que jamás podrás volver a abrir los ojos. Lo que
me lleva al metaplasma. Esa sustancia, bien utilizada, sirve para lo mismo que
Talisú o Lírudin o el báculo de murmonb que di a Galerina, potenciar la magia,
solo que cualquiera. Pero es escaso y difícil de conseguir. Esa argolla está
repleta de eso. Por eso los poderes de esa maga Rouxy son tan grandes. Una parte
del elemental quedó atrapada en ella y otra en Makiias. Esa por lo menos es mi
teoría. No creo que Anzhará desease despertar a Makiias, pero tampoco apostaría
que intentaba dejarlo así para siempre. Creo que estaba experimentando. Lo que
verdaderamente pasó solo lo sabremos por lo que diga el elfo. Si es que
despierta. Y no tengo muy claro que será lo que pensará de nosotros.
—¿A qué se refiere? —preguntó
Viridrut.
—Ahora que Anzhará está muerto, los
elfos de Saldra buscarán saber qué fue lo que pasó. Ustedes, fungís, se han
ganado poderosos enemigos.
—Pero somos inocentes. —protestó
Penny.
—Eso no importa en lo absoluto. No
tienen a nadie que los defienda y mi versión es la que menos creerán —aclaró la
ogra—. Pues he matado a su príncipe. He dormido a Zantra y a sus elfos, porque
pienso que quizás Ascophio podría borrarles la memoria y hacer pasar la muerte
de Anzhará como un accidente de jardinería. O algo así.
—Tenías todo planeado, maestra. —dijo
Galerina.
—Por supuesto que no. No vine aquí con
la explicita idea de asesinar a un príncipe elfo.
—Pero si estabas equivocada él te
hubiera odiado. —sugirió Galerina.
—Sí, es posible. Y me hubiera echado
de su isla por dormir a sus guardias. No creo que hubiera recibido más castigo
que el desprecio. Pero ustedes hubieran estado bien.
—¿Y el desprecio de los elfos no le
importa? —preguntó Viridrut.
La ogra soltó a reír —No. Por
supuesto que no. Aun sin que lo sepas fungí, eres el monstruo de muchas
personas. No importa lo que seas, estoy segura de que alguien, en algún lado,
no vacilará en odiarte o hacerte daño. A mí me alcanza con que al menos para
algunos pocos, no sea el mismo monstruo que para los demás.
Ascophio los interrumpió —Puedo
intentar borrarles los recuerdos, pero quedarán infectados por mí. A la larga
se convertirán en mis títeres de todas formas.
—Además hay muchas otras cosas, como
los ágaves que mataste. —reflexionó Galerina.
Pero la bruja se limitó a contestar —Todo
a su tiempo, niños.
Viridrut eligió no continuar con el
interrogatorio —Voy a intentar utilizar lo que me ha enseñado, señora Ñuñu. ¿No
desea acompañarme? Está mejor preparada que yo.
—Soy una bruja, no una maga. Mi
magia no es igual a la tuya. No soy capaz de hacer lo que tú haces. Hago cosas
diferentes. Esto depende de ti.
El aprendiz de mago, cada vez más
capaz, se posicionó nuevamente a los pies del elfo y sujetó uno de ellos con su
mano izquierda. Los minutos pasaron y la espera se hizo larga. Penny era quien sostenía
el cristal de sueños. La ogra se mantenía inmutable aunque Galerina y sobre
todo Sorpus y Sorus se impacientaron y tuvieron que salir de la habitación,
porque se aburrían. Regresaron una hora después, justo a tiempo para ver el
cristal de sueños cambiar de color.
Viridrut despertó y tan pronto como
lo hizo fue interrogado por Galerina —¿Mi maestra tenía razón? ¿El elemental
estaba con Makiias?
—Sí, el elemental estaba con él. He
enviado su conciencia al cristal de sueños. También he hablado con Makiias, o
por lo menos con su parte inconsciente. Él no sabe de nosotros. Pero si de mí,
no comprende lo que es un fungí.
—Pero has hablado con él. —dijo
Penny.
—Sí, pero en un sueño —aclaró la
bruja—. Makiias ha estado dormido desde hace mucho tiempo y mientras ha estado así
no se ha enterado de lo que pasaba en el mundo real. Cuando despierte será muy
difícil para el asimilar lo que está sucediendo.
—Es más complicado que eso —manifestó
Viridrut—. Él sabe que está en un sueño. La poción que ha traído, señora, no hará
efecto según lo que me informó. Una máquina, de su propia fabricación, es lo
que lo mantiene en este estado. Anzhará lo obligó. Para despertar a Makiias hará
falta apagar esa máquina.
La ogra de todas formas deseaba
intentarlo así que destapó su frasco y lo colocó cerca de la nariz del elfo.
Pero este, como había predicho Viridrut, no despertó —Umpf —gruñó—. ¿Y dónde se
encuentra esa máquina?
—Anzhará tenía un laboratorio
secreto, oculto en el observatorio astronómico. El artefacto que buscamos se
encuentra allí. —explicó el fungí.
Galerina intervino —Es imposible
subir, la puerta está cerrada con llave y no se puede abrir. Estuvimos con
Sorus y Sorpus intentando acceder pero no abre.
—Y no lo hará —explicó Viridrut—. El
único que puede abrirla es Anzhará, pues Makiias también fabricó esa puerta. Y
no podremos tirar abajo las paredes tampoco. Pero hay una forma.
—¿Cuál? —preguntó la ogra.
—Makiias creó una llave capaz de
abrir cualquier cerrojo. Muy práctica. Pero un día la perdió. Eso todavía lo
angustia, eso y una elfa que lo rechazó cuando era joven. Entre otras cosas.
—¿Y la perdió cerca de aquí? —volvió
a preguntar la ogra—. Porque de otra forma esta información es inútil.
—Las perdió donde la udra, hace como
ciento cincuenta años. Todavía deben estar allí. —aseguró Viridrut.
—Entonces es un caso perdido, no
podremos sacarlas nunca de allí. Mejor vayámonos y dejemos a este elfo aquí. —dijo
la bruja.
—No podemos hacer eso —se quejó
Viridrut—. Si nos vamos ahora que Anzhará ha muerto, nadie cuidará de Makiias.
No sabemos cuándo pueda regresar Radasté.
—Viridrut tiene razón, maestra.
Makiias es inocente, no nos ha hecho daño alguno, ni siquiera sabe que
existimos.
—Él no, pero Radasté sí y no creo
que este contenta cuando se entere de que su amante ha muerto —explicó Ñuñu—. Lo
mejor para ustedes es escapar lejos de aquí. Este elfo no es su problema. Yo ya
he satisfecho mi curiosidad, nada más tengo que hacer aquí y ustedes tampoco.
Borremos nuestro rastro y desaparezcamos. Aunque Radasté regrese y Makiias
despierte, no sabe de ustedes, no será un cabo suelto. Ella no lo admitirá
nunca.
Galerina reflexionó por unos
instantes pero concluyó —No. Cuando conocí a Viridrut, se preocupó por un
hombre al cual yo había atacado con mi veneno. A pesar de que ese hombre había
sido su carcelero. No somos parásitos, como creía Anzhará. Puede ser que no
seamos capaces de salvar la vida de este elfo, pero no nos iremos sin
intentarlo. Y llevaremos la argolla y el cristal de sueños a Rouxy, ella sabrá
que hacer con eso. Luego cuando hayamos resuelto esto, partiremos con Albor y
los otros fungís.
—Radasté y los elfos vendrán por
ustedes. —dijo la bruja.
—Usted puede irse maestra. Nosotros
nos quedaremos.
—No solo arriesgas tu vida, sino
también la de tus hermanos. —dijo casi en suplica la ogra.
Pero Sorus intervino —Galerina,
creo, es nuestra lideresa. Estamos con ella.
—¿Tú también piensas así Ascophio? —buscó
la maloliente criatura algún aliado.
—He matado para defender a los míos.
Lo cual sin duda cambió algo en mí. No deseo volver a hacerlo y sin embargo lo
haría, pero no necesito dejar morir a este elfo. Es más, creo que quiero
salvarlo. No he vivido tanto como tú ogra, no conozco a los tuyos, no prejuzgo,
pero seguir a una lideresa que me convoca para salvar una vida inocente me
parece la más noble de las causas.
—Puedes irte maestra, te agradezco
por todo lo que has hecho —repitió Galerina—. Pero esta es una cuestión fungí.
—La muerte de Anzhará se sabrá, y
entonces toda una tribu de elfos nos buscará. No temo por mí, temo por ustedes,
temo por ti, Galerina. Por eso no me iré, veamos qué podemos hacer con esa
Udra. —contestó triste la bruja.
—Yo borraré la memoria de los elfos,
como has dicho. —dijo Ascophio.
—Siempre estará Radasté —insistió
Ñuñu—. Dejemos de perder el tiempo y partamos en búsqueda de la llave mágica.
Galerina se acercó a la udra para
observar el suelo pero no fue capaz de distinguir nada —La llave debe de estar
bajo la mismísima udra.
—No te acerques demasiado —reclamó
la bruja—. Si el príncipe elfo la ha estado alimentando con hongos no tendrá
problemas para devorarte. Se alzará sobre sus cuatro patas, te aplastará y te convertirás
en su almuerzo.
—Quizás Licken con su fuerza pueda
atraparlo. —sugirió Penny.
—No tienes idea de lo que pesa o de
su fuerza —explicó la ogra—. Pero debemos de moverla de alguna forma.
—Parece solo un montón de tierra. —dijo
Sorpus.
—Pero no lo es. —Viridrut se acercó
también a observar la criatura.
—¿Y no hay una canción para mover udras?
—preguntó Sorus.
—No —contestó la maestra de Galerina—.
Pero si hay una canción para calmar. No es la misma que para dormir, pero,
serviría para hacer a la udra menos violenta y una vez que se haya levantado
poder buscar por debajo. Las udras detectan a sus presas por el sonido así que
son capaces de escuchar, aunque no sé si tengan un cerebro.
—Pues tócala. —dijo Viridrut.
—Podría silbarla pero no será
suficiente, necesito algún instrumento que amplifique mi magia para estar segura
de que la udra no lastimará a quien busque debajo.
—Traigamos a Talisú. —sugirió
Sorpus.
Pero la ogra soltó a reír —¿Si, de
veras piensas que yo sé tocar un arpa, uno de los instrumentos más complicados
de usar? Eso es para elfos adinerados, no para ogros que se las rebuscan en
chozas y cocinan en hornos de barro. Estoy pensando en otra cosa.
—¿Cuál? —preguntó Galerina.
—En una pifilca, una simple pifilca,
realizada con la madera del holderon que se encuentra en frente. Pero si me
acerco al holderon me sujetará con sus ramas y se beberá mi sangre. Además no
sirve de nada si lo mato. Él tiene que ceder, voluntariamente, una rama para
que pueda fabricar la pifilca.
—¿Y cuál es el problema? —preguntó
Sorus.
—Ninguno de ustedes dos es muy
brillante ¿No? —dijo burlonamente la ogra—Aunque existen formas de comunicarse
con el holderon, yo claramente no poseo ninguna. Digamos que no se hablar en su
idioma. Seguimos en el mismo lugar que siempre.
Pero Ascophio por primera vez habló
sin que le hablasen primero —Entre los fungís con los que me encontré, prisionero
de los sombracortos, conocí a una llamada Amanita, de sombrero rojo y con
motas. Ella era capaz de enlazar su micelio con las raíces de las plantas y
unirse a ellas ayudándolas y siendo ayudada a la vez.
—Pero tú claramente no puedes hacer
eso o ¿sí? —preguntó desafiante la bruja.
—Yo no.
—Pero Sorus y Sorpus pueden. —Licken
se comunicó telepáticamente con todos, excepto con la maestra de Galerina que
no podía escuchar sus pensamientos—. Porus su antecesor, era capaz de
establecer estas micorrizas y al igual que yo mantengo una relación simbiótica
con mis algas, Porus lo hacía con las plantas. Creo que ustedes también pueden
hacerlo.
—¡Vale la pena intentarlo, Licken!
–exclamó Viridrut.
—¿Qué ha dicho el simbionte? —preguntó
la única que no podía escucharlo.
—Que Sorus y Sorpus intentarán comunicarse con el holderon. —contestó su discípula.
—Que Sorus y Sorpus intentarán comunicarse con el holderon. —contestó su discípula.
—Eso quiero verlo. Por su seguridad
no se acerquen demasiado tampoco al holderon. —sugirió.
Pero Sorus y Sorpus no tenían muy
claro que hacer. Por consejo de Licken se sacaron las botas que les había regalado Morún y colocaron sus pies en el
suelo. Al principio nada sucedió, pero tras unos momentos el micelio de sus
pies se alargó adentrándose en el suelo en busca de las raíces del holderon.
Los dos funguis cerraron sus ojos para concentrarse. Finalmente una de las
ramas del árbol con ojos de ámbar se desprendió.
—Puede tomarla señora Ñuñu, el
holderon no la lastimará. —aclaró Sorus.
Mientras se dirigía a recoger la
rama dijo a su discípula —Sin duda no son “parásitos” como decía Anzhará. Es de
gran ayuda ser amigo de un fungí.
Galerina contestó solo con una
sonrisa.
Ayudada por el cuchillo de Viridrut
la ogra talló una pifilca de la rama del holderon. Un instrumento alargado con
solo una hendidura en su centro por donde se debía soplar, que hacia un sonido similar
al que se hace al soplar dentro de una botella, pero mucho más profundo. Tras ensayar
un poco, confiada, caminó hacia la udra entonando la canción de la calma.
Instintivamente la criatura se levantó de donde estaba, erguida sobre sus
cuatro patas. Pero lo hizo lentamente, de forma muy tranquila. Fue notorio que
no tenía intenciones de aplastar a la bruja. Los fungís se apresuraron a
buscar bajo ella y fue Penny quien encontró la llave extraviada. Su aspecto era
el de una llave lisa con empuñadura pero sin dientes. Cuando todos estuvieron
lejos, la bruja también se alejó y dejó de tocar su canción. La udra entonces
volvió a agacharse quedando en la misma posición que antes. Caldishn-Ñuñu
guardó la pifilca en su morral y se dirigieron a la puerta del observatorio
astronómico.
Con la llave mágica en la mano
Viridrut se dispuso a abrir la puerta, solo para notar que no había ningún
cerrojo —No entiendo. ¿Dónde meto esto?
La ogra soltó a reír —Solo para
divertirme un rato dejaré que ustedes solos resuelvan esto. Galerina y
Viridrut, si ustedes desean ser magos deberán empezar a pensar como unos.
Galerina y Viridrut aceptaron el
reto y se quedaron parados frente a la puerta observándola. Los otros fungís
decidieron apartarse. La puerta era de un metal plateado completamente lisa. No
se veían las bisagras ni ningún tipo de ranura. Después de observar un rato
decidieron usar el tacto. Recorrieron con sus dedos toda la superficie pero no
había allí ninguna irregularidad.
Galerina decidió intentar algo al
azar y tomó la llave con su mano derecha y simplemente la apoyó en la puerta —Quizás
si hacemos esto. —pero nada sucedió.
Sorus sugirió desde lejos —Si
observan bien la puerta está levantada un poco del piso. Si arrojan la llave
por debajo quizás se abra.
—Ni siquiera intenten eso. —sugirió
la bruja tomándose la cabeza con una de sus manos.
—No sé. —dijo Viridrut rindiéndose.
—Piensa. Considera tus recursos, tus
capacidades. La magia te permite hacer algunas cosas si y otras no, tiene límites.
—Le aconsejó la maestra de Galerina.
A todo esto Licken decidió
intervenir. Y tomando la gema antimagia que poseía la acercó a la puerta, cada vez más y más
cerca hasta que prácticamente la apoyó en la misma. Entonces cuando llegó a su
centro, un cerrojo redondo pudo verse allí, justo en el medio.
—¡Ahh! —exclamaron todos.
—No era tan difícil. —dijo la ogra.
—Pero cuando los acuñadores usaron
la misma anti magia en mí, mi ilusión desapareció mucho más lejos. —reclamó
Galerina.
—Porque tu magia era mucho menos
fuerte que esta ilusión. Piensa en el arpa de Radasté, Talisú, hará que
cualquier canción que suene en ella produzca mejores resultados que si yo las silbase.
Cuanto más tiempo recibas la magia y cuanto más poderosa ella sea más difícil
será evitarla o descubrirla. Una armadura podrá defenderte de un buen golpe,
pero una udra te aplastará de todas formas.
—Entiendo. —dijo Galerina y luego
introdujo la llave en el cerrojo y esta brilló. Giró la llave y se escuchó como
las trabas de la puerta se movían y se soltaban. Finalmente, la puerta, se
abrió como si poseyese una voluntad propia. Del otro lado se encontraba una
escalera caracol que subía hasta el observatorio astronómico. La torre era
ancha y los escalones eran largos.
Desde arriba podía verse toda la
isla y hasta las costas de Denjiia. El observatorio ubicado en la parte más
alta, era circular y lleno de arcos, cuatro de ellos, para mirar por cada eje
cardinal. Dentro había paneles, tableros en los que se dibujaban los
movimientos de los astros, sobre todo de la luna. Había una vitrina llena de
artefactos valiosos y extraños. Pero estaban apartados del resto. Entre ellos
se encontraba un llamativo colgante con una piedra de color azul. Cerca había
un escritorio con un libro abierto con escrituras en el idioma de los elfos,
que ninguno allí sabía leer todavía. A su lado había una biblioteca repleta de
libros, posiblemente tratados de magia e historias de magos reconocidos. Sobre
la biblioteca había frascos, cada uno con semillas diferentes. Anzhará coleccionaba
de todo. Cada frasco contenía semillas de especies diferentes, perfectamente
catalogadas con símbolos de elfos. Frente a la biblioteca Viridrut reconoció al
artefacto que regulaba el sueño de Makiias. Era circular y hueco fabricado en
madera rojiza y metal. En su centro una gema luminosa los alumbraba al mismo
tiempo de levitar y vibrar. En todos los alrededores de la mesa se encontraban
cristales de sueños llenos de sueños y memorias de los visitantes del palacio.
Los fungís se preguntaron si entre ellos se encontrarían los de ellos también.
Cuando ellos habían estado en la playa por primera vez y descansado allí,
Galerina y Viridrut que no llevaban las gemas antimagia habían sido observados
por Anzhará. Antes de que ellos llegasen él ya sabía todo. Siempre había
fingido. Había también allí otras extrañas gemas de colores diferentes a la del
centro. Viridrut extrajo la gema y esta dejó de brillar.
—Makiias despertará pronto. —dijo el
fungí.
—Si cuando despierta nos ve a
nosotros temerá. Pero creo que ya se para que usaré el báculo que me has
regalado maestra. Me proyectaré ante él como si fuera Anzhará cargando a Lírudin.
—propuso Galerina.
Mientras Viridrut experimentaba
colocando otra gema dentro de la maquina contestó —Creo que podremos observarte
desde aquí, si he entendido bien cómo funciona esta cosa.
—Ten cuidado. —La ogra estaba
preocupada por su discípula.
Galerina bajó tan rápido como pudo
por los alargados escalones llevando en su mano izquierda al báculo de madera,
mientras ensayaba la forma de Anzhará. Viridrut consiguió activar correctamente
la máquina y la imagen de lo que sucedía en aquella habitación se proyectó en
una ligera niebla sobre la gema. Podía escucharse todo también. Makiias se
incorporaba cuando Galerina disfrazada de Anzhará apareció por la puerta. El
elfo se estremeció al verlo y asustado se acurrucó en un rincón de su lecho
apoyando su espalda sobre la pared. La fungí no esperaba tal reacción.
—¿Qué me ha hecho? ¿Qué le ha hecho al
elemental? —fueron las primeras palabras del elfo.
—Tranquilo Makiias —intentó calmarle
Galerina— Estarás bien. La conciencia del elemental se encuentra ahora en un
cristal de sueños. Tú estás a salvo.
—¿Por qué?
—¿A qué te refieres?
—¿Qué hará conmigo ahora que el
elemental se ha separado de mí? ¿Es esto un sueño todavía? —Makiias se
encontraba aterrado y miraba para todos lados.
—No. —contestó Galerina disfrazada
de Anzhará—. La máquina del sueño ha sido desconectada, el elemental se ha ido.
No tienes nada de qué preocuparte. Puedes confiar en mí.
—No. Discúlpeme oh príncipe de
Saldra, pero no confió en usted. Usted ha cambiado. Me forzó a someterme a este
experimento, me forzó a intentar lo que deseaba hacer con ese elemental. He
sufrido en mi propia carne el dolor —dijo
Makiias observando aterrado sus cicatrices. Luego suplicó—. Libéreme, no diré a
nadie lo que ha sucedido.
Galerina comprendió que haberse
disfrazado de Anzhará no había sido una buena idea pero debía mantener la mente
abierta si lo que estaba haciendo no daba resultado entonces quizás era mejor
decir la verdad —Voy a rebelarte algo, pero no quiero que te asustes. —dijo
amablemente.
—Niña boba. —gruñó la ogra viendo lo
que sucedía desde otra habitación.
—No soy quien piensas, no obstante
no estás en un sueño. Esto es real. —Galerina extendió su mano pero removió de
ella la ilusión que la cubría exhibiendo sus cuatro dedos de fungí.
—¿Qué le ha pasado a su mano? —preguntó
aterrado el elfo.
—Nada, esta es mi mano. Y es porque
yo no soy Anzhará. Estoy aquí para rescatarte.
—¿Y quién eres?
—Soy una maga, al igual que Anzhará.
Pero desapruebo lo que te ha forzado a hacer. Él también me persiguió a mí y a
los míos.
—¿Y qué le pasó al príncipe? —preguntó
el elfo— ¿Qué le pasó a Radasté?
—Anzhará ha muerto, pero no he sido
yo quien lo mató. No sabemos nada de Radasté.
—¿Quiénes son ustedes?
—Acompáñame y los conocerás, mis
amigos se encuentran el observatorio astronómico.
—¿Y cómo han entrado allí sin el
permiso de Anzhará?
—Tú le dijiste, en tu sueño, a uno
de los míos como hacerlo.
—¿Viridrut?
—Sí.
—¿Él es real?
—Sí, acompáñame. —Galerina extendió
su mano, la única parte en la que había removido su ilusión y permitió que
Makiias la tomase.
—Tu mano se siente extraña, liviana
y algo fría. ¿Qué clase de criatura eres? —preguntó mientras caminaban en
dirección al observatorio.
—Soy algo que tú creaste. En ese
experimento con el elemental.
—No entiendo.
—Para ser justa, yo tampoco.
—¿Eres mujer?
—Sí. También hay hombres y otros que
no podríamos clasificar como ninguna de las dos cosas. —contestó Galerina.
—Pero entonces… —dijo el elfo.
—Calla, solo acompáñame hasta donde
están los míos para que los conozcas.
Makiias obedeció y se mantuvo en
silencio hasta que llegó al observatorio entonces los vio a todos los fungís y
a la ogra. Como eran en realidad y volteó a ver a Galerina y esta vez la vio
con su forma de fungí. Y luego se desmayó.
—Ahora si servirá mi poción. —mencionó
la bruja y extrajo su frasco, lo destapó y lo puso en la nariz del elfo. El
cual se recuperó.
—Nosotros somos fungís. —dijo
Viridrut presentándose—. Hongos que hemos tomado conciencia por un accidente
con la magia que involucró tus cicatrices, y que un elemental fusionase la
mente contigo. Queremos saber que pasó, esa noche. ¿Qué pasó con Anzhará?, ¿Por
qué nos buscaba?, ¿Por qué nos temía?
—¿Fungís? —preguntó el elfo
extrañado.
—Sí, hongos —repitió Viridrut—.
Contesta por favor.
—Anzhará es un excéntrico. —dijo
Makiias.
—Era. —Lo corrigió Sorpus.
—Era, perdón —se corrigió el
artesano—. Yo he sido su siervo desde hace cientos de años, construí para él muchas
cosas, como ese artefacto —dijo señalando la máquina del sueño— y las rejas del
palacio o la puerta de acceso a esta torre. Cuando quedé mal herido tanto él
como su amante, enloquecieron. De repente el mismísimo príncipe de Saldra debía
de explicar que había generado mis lastimaduras y eso podría haber complicado
su situación como príncipe. Su intento de hacerse con tanto poder podría
costarle su casta. Además no quería que nadie tomase e imitase su idea de
quitarle a un elemental metaplasma. Radasté, quien siempre ha sido buena
conmigo, también perdió el control. Estaba demasiado adolorido para moverme y
Anzhará insistía en observarme. Me durmió con su magia y cuando estuve
indefenso me conectó a la máquina del sueño para extraer mis pensamientos. Lo
único que puedo decirles con certeza es que ambos temían el tener que dar
explicaciones respecto a lo que había sucedido.
—¿Pero y nosotros? —preguntó
Viridrut.
—No sé nada de ustedes, permítanme
leer su diario y les diré que me entero. —Makiias caminó confundido hacia el
libro escrito en el idioma elfo que
estaba abierto sobre el escritorio.
—Cientos de hombres nos vieron, jamás
podrán ocultar eso. —dijo Galerina.
—Al príncipe de Saldra no le
importan los hombres, no son quienes pueden juzgarlo y morirán de viejos
prontamente. Cualquier cabo suelto entre los hombres se perdería en
generaciones. Mientras que los elfos los perseguirán por sus faltas por
siempre. Tarde o temprano algún kento iría a preguntar por mí a Anzhará, si
podía inventarse que había muerto de alguna forma que no lo comprometiese
estaría libre de culpa y nadie jamás implicaría a Radasté.
—¿Crees que intentó matarte? —preguntó
Penny.
—No creo que haya sido la primera
idea de Radasté o de Anzhará. A él sobre todo le intrigaba el elemental. Pero
cuando hubiese saciado su curiosidad posiblemente me hubiera matado. Creo que
realmente me han salvado la vida —Makiias comenzó a leer el diario para sí
mismo.
Los minutos pasaron y la ogra pudo
observar por el mirador que la tarde llegaría pronto. Morún y sus hombres
estaban esperando todavía en la playa con los elfos dormidos. Los cuales
despertaría cerca del mediodía del día siguiente.
—Si queremos borrar nuestro rastro,
al igual que quería Anzhará deberemos de empezar a hacerlo. —propuso Caldishn-Ñuñu.
—No sé qué pretenden hacer pero al
final Radasté los encontrará —dijo Makiias—. Según el diario, Anzhará y Radasté
al enterarse de ustedes, los fungí, contrataron a un grupo de hombres para que
los cazase. El príncipe llamó a Zantra en secreto, y muy probablemente lo
hubiera matado junto conmigo y ustedes. Temía que su estatus social cambiase y
ya no pudiera darse los lujos que se dio toda su vida, solo por un error. Conocí
a Anzhará y a Radasté ya hace mucho tiempo, no siempre fueron así. Alguna vez
fueron amables. Puede ser que fueran arrogantes y pretenciosos, pero no eran
asesinos. ¿Tanto miedo tenían? —se lamentó.
—¿Los defiendes? —preguntó la fungí venenosa.
—No. Pero hubo otras épocas donde
las cosas fueron diferentes. Mi accidente y su aparición desencadenaron una
serie de eventos catastróficos, por culpa de la ambición de Anzhará.
—¿Pero descubrió Anzhará el porqué
de nuestra existencia? —preguntó Viridrut.
El elfo simplemente movió su cabeza
negándolo. La ogra agregó —Creo que su
creador estaba más preocupado por destruirlos. Borraremos de la mente de Zantra
los recuerdos de los fungís y arreglaremos la escena para que todo esto
parezca un accidente. Nos llevaremos este diario para que nadie lo encuentre y
sepa de ustedes. No toquen nada más. El problema será Radasté, ella sabrá que
algo pasó. Pero nunca podrá admitirlo. Es una lástima no poder llevarnos nada
de aquí. ¿Qué es ese colgante azul? —preguntó al elfo.
Makiias sonrió —Ese colgante permite
tele transportarse. Fue creado por elfos antiguos. Han de quedarle cinco
viajes.
—Podríamos usarlo para desaparecer. —dijo
la ogra.
—No creo. Para poder viajar hace
falta haber estado antes en lugar al que se desea viajar. Les servirá para
ganar tiempo, pero no para que desaparezcamos. —contestó Makiias.
—¿Planeas venir con nosotros? —preguntó
Sorpus.
—Radasté también me buscará a mí.
Debo desaparecer junto a ustedes.
Dejaron todo como estaba, incluso a
Talisú. No había tiempo para mucho. Se llevaron del palacio solo el diario de
Anzhará, pues debía de desaparecer cualquier registro de los fungís que
tuvieran los elfos,por eso tambien borraron algunos de los cristales de sueños almacenados por el mago. Cerraron la puerta y Galerina guardó la llave para si. Llegaron hasta donde estaba el cadáver de Anzhará. El lugar
era un desastre. Los rastros de la batalla estaban por todos lados. Los enanos
destruidos y las piezas del elemental apiladas donde se había desintegrado. Entonces
nuevamente la bruja buscó en su morral varios frascos y los repartió a los
hongos.
—Vuélquenlos en el suelo. —ordenó. Y
los fungís obedecieron. Caldishn-Ñuñu dio varios golpecitos en el suelo con
sus pies. En pocos segundos las raíces de los árboles se levantaron del suelo
enredando a las piezas cerámicas de las esculturas destruidas de Anzhará y los
restos del elemental debajo de la tierra.
Siguieron hacia el jardín de ágaves.
Galerina preguntó —¿Qué haremos para ocultar esto?
—Busquen en las raíces de los ágaves, siempre hay pequeñas copias de ellos creciendo. Es una de sus formas de
reproducirse. Remuévanlos y colóquenlos donde están los restos de los
anteriores.
Los fungís nuevamente hicieron caso
a la ogra y colocaron a las plántulas donde correspondía. La bruja extrajo esta
vez la pifilca de su morral y tocó una canción nueva. Una que los hongos nunca
habían escuchado. Fue reconfortante y hermosa. Las plantas crecieron y se
volvieron adultas. Los fungís se sintieron mejor, incluso la herida de Licken
que le había dejado el elemental cuando lo había atravesado, sanó.
—¿Cuál ha sido esa canción? —preguntó
Galerina.
—Esa ha sido la canción de la vida.
Al parecer tiene el mismo efecto en los fungís que la canción de curar tiene
en los animales. —explicó la ogra.
—¿Pero acaso las plantas tienen
oídos? —preguntó Viridrut.
—Sigues sin entender la magia. La
canción de la vida o la de curar, son canciones de magia blanca. La del miedo,
la serenidad, el sueño, la inspiración, la felicidad, son canciones de magia
roja. La magia blanca afecta al organismo vivo que lo recibe y solo hace falta
que vibre en él. Pero la magia roja afecta al cerebro, el complejo como el de
los elfos o el sencillo como el de los insectos. El cerebro necesita escuchar
la canción para que se sienta feliz o asustado, o dormido. Existe incluso una
canción para detener el tiempo, no importan los oídos allí tampoco. La ilusión de
Galerina entra por los ojos, como en el cerrojo oculto de la puerta del laboratorio
secreto, mientras que tu ilusión afecta directamente a la mente. No son lo
mismo. No puedes confundir los ojos de un ciego, por eso la ilusión de Galerina
al principio desaparecía cuando la tocaban. Pues el tacto revelaba su verdadera
naturaleza. La magia de la música vibra en el mismo aire.
—¿Y cuál magia es esa, la del tiempo?
—preguntó Galerina nuevamente.
—Purpura, como la de las piedras
azules que te permiten tele-transportate. La más escasa y compleja de las
magias.
—¿Y se sabe esa canción? —Viridrut
deseaba aprenderla.
—Me temo que no y aunque la supiera
estoy segura de que sería muy difícil de realizar. —contestó la ogra.
Dejaron el trayecto como si no
hubieran pasado nunca y luego se dirigieron a la playa. Morún y sus pocos
hombres los estaban esperando.
—¿Qué ha pasado con Zantra? —preguntó
la bruja.
—Lo he dormido como tú pediste. Dos
de mis hombres se durmieron también, pues para engañarlos tuvimos que brindar
con ellos. En unas pocas horas despertarán —Era de noche ya—. ¿Qué ha pasado
con Anzhará? ¿Quién es el elfo?
—Mi nombre es Makiias —contestó el
artesano—. Mi príncipe ha muerto.
—¿Cómo? —preguntó Morún tomándose
uno de sus bigotes con una mano.
—En un accidente de jardinería. —respondió
el elfo.
Morún miró seriamente a los fungís
y luego a la ogra —Es de los inteligentes. —dijo refiriéndose al elfo.
—Viridrut —se pronunció la ogra—. A parte
de Izhá y Radasté, los únicos elfos que saben de su existencia son Zantra y sus
guardias. Quiero que armes una ilusión para todos ellos, ayúdate con la pieza
de la cadena llena de metaplasma para aumentar tus poderes si hace falta. Los
hombres de Morún negarán que los han visto en Denjiia, tú invéntales una
historia feliz, una en la que vinieron a ayudar al príncipe con el mantenimiento
de su palacio. Y deja que mañana despierten tranquilos y luego descubran el
cuerpo de Anzhará y saquen sus propias conclusiones. Tú, Ascophio, bórrales la
memoria de estos últimos días. Y esperemos que sea suficiente. Yo mezclaré una
poción de curar entre sus alimentos para que mañana cuando desayunen borren
todo rastro de tu conexión con ellos en su cerebro.
—Está bien. —contestó Viridrut.
Los fungís obedecieron. Dejaron a
resguardo a los elfos que despertarían convencidos de que todo había sucedido
de una forma diferente. Los elfos de Saldra, no acostumbraban visitar Denjiia,
muchos al igual que Zantra eran algo xenofóbicos. Las historias de los fungís
en Gaved o en el pueblo sin nombre se perderían en generaciones y se
convertirían en leyenda. Pero a la bruja le preocupaba Radasté. Makiias estaba
angustiado de tener que partir. Si bien su vida corría peligro pues sería
perseguido por la maga blanca, odiaba tener que abandonar a todos en su vida,
para jamás regresar.
Se subieron al bote que Morún le
había entregado a los fungís hacía semanas atrás, que todavía estaba allí,
atado a una palma. Llevándose el último vestigio de la presencia de los hongos
en la isla. Eran muchos, pero el bote alcanzó para transportarlos nuevamente a
Denjiia.
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