miércoles, 25 de diciembre de 2019

14 - Gris claro, gris oscuro


            Desembarcaron en la isla en la que se encontraba Anzhará al mediodía. Los elfos escoltaron algunos pasos por la playa a los visitantes.
            —¡Buenos días Zantra guardia real de Saldra! ¡Buenos días a todos! —se escuchó en la mente de todos la melodiosa voz de Anzhará.
           —¡Bueno días príncipe! —contestó el guardia en voz alta sabiendo que su líder lo escucharía de todas formas a pesar de estar del otro lado de la isla—. Hemos conseguido la pieza faltante de la cadena. Y además han llegado visitas.
            —¿Visitas? Sí, puedo sentir a un hombre entre ellos.
            Morún que lo había escuchado respondió —Mi nombre es Morún de la orden de los acuñadores, sé que desconfía de mí, oh príncipe de Saldra. Pero vengo como amigo y protector de los fungís. He dejado mis protecciones contra la magia en señal de buena voluntad.
            —No había necesidad de eso Morún. Eres bienvenido.
            —También está con nosotros una ogra, llamada Caldishn-Ñuñu. —explicó Zantra.
            —¿Una ogra? ¿La maestra de Galerina? —preguntó extrañadísimo Anzhará— ¿Por qué no puedo sentir su presencia?
            —Soy una ogra, sus trucos de elfo no funcionan conmigo, poseo inmunidad natural a ese tipo de magia. Anzhará debería salir más al mundo real y sabría esas cosas. —dijo la bruja. Luego tirando de la manga de la camisa de Zantra agregó sonriendo —. Dile que quiero conocerlo. Dile que quiero conocer al poderoso príncipe de Saldra… y sobre todo a su laboratorio.
        —Sí. —contestó Zantra algo molesto—. Caldishn-Ñuñu, desea conocerlo príncipe. Ella ha ayudado a los fungís. Morún el humano se quedará con nosotros, pero permite que ella acompañe a los fungís.
            Tras un pronunciado silencio Anzhará se manifestó —Bien, no me opondré. ¿Hay entre ellos un nuevo fungí?
            —Su nombre es Ascophio. —dijo Zantra.
            —Muchas visitas en un solo mes. Tendré que arreglar todo un poco. Denme al menos una hora para prepararme y vengan, serán bienvenidos como corresponde. —contestó el mago.

            La ogra estaba impaciente, se arreglaba el cabello y se reacomodaba los colgantes una y otra vez. Llevaba un morral similar al de Viridrut repleto de los frasquitos que había llevado y que tintineaban cuando se movía de un lado al otro dando círculos. Los elfos acamparon y prepararon un almuerzo mientras esperaban.
            —Zantra, en agradecimiento a tus servicios y sobre todo a que me hayas traído hasta aquí —dijo Ñuñu solemnemente—. Les he preparado unas galletas. Mis amigas hongas me han ayudado para que sepas que no les he puesto nada. También les he traído  adnisad, ya que te gustan las bebidas raras. Lo fabrican los hombres, pero yo lo encuentro sabroso. Se lo pueden tomar de postre.
            Los elfos la reverenciaron —Muchas gracias. No conocía la generosidad de los ogros.
            —¿Cómo es eso que dicen? —dijo ella sarcásticamente—. Nunca confíes en un ogro.
            —Gente que no los conoce. —contestó Zantra.
            —Sí, ¿Quién habrá empezado su rumor? —dijo pensativa la bruja.

            La hora se cumplió antes de terminar el almuerzo, pero los fungís y sobre todo la ogra estaban apurados y ansiosos. Así que no esperaron a terminar y partieron. Llegaron hasta el laberinto del bosque, pero con Galerina como guía no fue muy difícil atravesarlo. Cruzaron el puente de madera ignorando el arroyo.
            Caldishn-Ñuñu vio a los pececillos de colores que nadaban debajo de sus pies y exclamó —¡Que bicho más feo!

            Galerina interpuso su mano para que la bruja no avanzase mas antes de que entrasen al jardín de agaves asesinos —Cuidado maestra. Estos ágaves no nos hacen nada a nosotros los fungís, pero para ti pueden ser mortales. Deberás moverte con cuidado para que esas plantas no te rocen.
            —No te preocupes querida. —contestó la ogra que buscó varios frasquitos transparentes en su morral. Destapó uno y vertió su contenido sobre los primeros ágaves, los cuales comenzaron a burbujear y se disolvieron—. Ya, con esto es suficiente.
            —¿Qué es eso? —preguntó Sorus.
            —Ácido de dodid. El mismo fruto con el que han hecho los hombres ese licor, claro que sin diluir. Procura que no te caiga algo de esto en tus ojos. —mientras la ogra seguía avanzando y arrojando ácido a las plantas, las cuales morían casi instantáneamente.
            —Pero estas destruyendo el jardín de Anzhará. —dijo Viridrut.
            Caldishn-Ñuñu mostró total indiferencia al respecto —¿Quién lo manda a él a poner estas cosas para matarnos en el camino? Tiene dinero, no te preocupes, se comprará otros.
            Viridrut estaba preocupado de lo que pensaría el mago. Esperaba que Galerina se hiciera cargo de los problemas que generase su maestra. Ninguno de los fungís estaba dispuesto a discutir con la bruja a la cual temían tanto como respetaban.

            Se adentraron por el pasillo de árboles y vieron que a lo lejos se encontraba Anzhará esperándolos cerca del murmonb, el árbol de la sabia corrosiva.
            Anzhará portaba a Lírudin en su mano derecha y estaba vestido con su habitual túnica roja. Les sonrió al verlos llegar —Que felicidad que hayan regresado sanos y salvos. Y es un honor tenerte aquí Caldishn-Ñuñu.
            —El honor sin duda es mío. —contestó la bruja.
            —¿Entonces si han conseguido la argolla de la cadena?
            Viridrut, buscó entre su morral y se la ofreció a Anzhará que la tomó gustoso, exponiéndola al sol y mirándola con detenimiento. El fungí agregó —Espero sea de utilidad para salvar a Makiias. Debemos devolverla cuando hayan terminado sus experimentos.
            —¿Cómo así? —preguntó Anzhará.
            —Es importante para los de nuestra raza. Un símbolo de nuestra joven cultura. —respondió Viridrut.
            —Sí, se llama el aro sagrado. —dijo Sorpus.
            El elfo levantó una ceja un poco sorprendido —¿Aro sagrado? Eso suena horrible.
            —Uno se acostumbra. —aclaró Sorus.
            Pero el elfo les seguía sonriendo satisfecho  —Eso no importa. Con gusto se les devolverá al terminar los experimentos. En cuanto a Makiias, lo mejor será esperar a Radasté. Ella sabrá mejor que hacer.
            —¿Todavía no ha regresado? —preguntó Galerina mientras jugaba con su báculo esperando que Anzhará lo notase.
            —No, todavía no —el elfo miró a la ogra y preguntó—. ¿Y en que puedo ayudarle a usted?
            La ogra contenta de que llegase su momento se dirigió al príncipe elfo con total formalidad —Yo solo tengo una pregunta para hacerle.
            —Por favor, hágala. —Anzhará le sonreía mientras de reojo observaba a la pieza de la cadena.
            —Quisiera saber ¿Por qué era necesario que un grupo de fungís fuese a buscar al “aro sagrado”?
            —No entiendo. —dijo el elfo sonriendo aún más.
            —Me refiero a que un elfo con sus recursos podría haber enviado al mago más humilde de Kiem a buscar con su magia un trozo insignificante de metal. Más si tiene encantamientos encima. Aun sin magia podría haberle pagado a un enano para que con su olfato lo encontrase, le hubiera tomado que: ¿medio día? Incluso el más estúpido de los humanos ayudado con un imán habría podido rastrear esa pieza de la cadena, con las más vagas indicaciones de en qué parte del bosque buscar. No hacía falta meterse en la cabeza de un elfo dormido, ni utilizar grandes conjuros mágicos para saber exactamente en qué lugar había caído. Considero que solo un grupo de criaturas ingenuas y confiadas que nacieron hace unos pocos días podría creer un cuento así.
            Anzhará levantó una ceja nuevamente, los fungís enmudecieron algo temerosos, sobre todo Viridrut estaba avergonzado. El elfo dijo algo enfadado —Tus acusaciones me parecen una aberración. En honor a mis amigos fungís, llamaré a Zantra para que con sus guardias te remueva de mi vista. No toleraré tales infamias.
            —No creo que puedas. Zantra es un asquerosos elfo al igual que tú, claro, con la diferencia de que es inocente. Él solo es un esclavo más a tu servicio que desconoce tus planes. El polvo del sueño que mi discípula preparó hace tiempo, y que había repartido entre sus hermanos no mágicos, que por cierto yo disolví en el adnisad que se tomaron Zantra y sus guardias ya debe de haber hecho efecto. Despertarán como dentro de un día. Entre tanto resolvamos tú y yo nuestros asuntos.
            Anzhará se cruzó de brazos ofendido y dio un pisotón al suelo demostrando frustración —Muy bien, primero que nada. —dijo mientras buscó con su mano izquierda algo dentro de su túnica, un pequeño frasco de cristal muy delicado. El cual arrojó contra la cara de Ascophio. El cristal se rompió y el líquido que estaba en su interior entró en contacto con el fungí el cual comenzó a disolverse. No podía sentir dolor, pero si desesperación, pues iba desapareciendo.
            Los hongos fueron sorprendidos y como pudieron se pusieron en guardia. Penny y Viridrut se quedaron con Ascophio que se retorcía en el piso. Sorus Sorpus y Licken desenfundaron sus espadas. Galerina sostuvo su báculo. Incluso Caldishn-Ñuñu buscó nuevamente un frasco en el interior de su morral.
            —¿Qué le has arrojado a Ascophio? ¿Por qué lo has atacado? —preguntó enérgica Galerina.
            Anzhará no contestó mientras miraba a su alrededor moviendo extrañamente sus ojos y su mano izquierda. La bruja se acercó y apoyó un dedo sobre la sustancia que cubría a Ascophio y luego se lo llevó a la boca. —Es una simple poción de curar. —aclaró.
            —¿Y por qué lo está matando? —preguntó Penny.
          —Contestando a sus preguntas —dijo Anzhará—. He atacado a ese hongo porque es el único de ustedes que realmente me puede hacer algo. Tengo mis contactos y ya sabía de él. Me preocupa mucho eso de que se pueda meter en mi cerebro. Ustedes con su maestra ogra me resultan insignificantes. Verán, cuando me enteré de su inusitada existencia, me preocupó un poco su naturaleza. Como buen alquimista que soy necesitaba muestras de algunos de ustedes para entender que eran. Por eso contacté a los sombracortos. Para que me trajeran algunas. Creo que tengo algunas tuyas Licken —dijo dirigiéndose solo esa vez al fungí mudo— y del hongo que llamaban Porus. Tras experimentar un poco —tuvo que interrumpir su explicación para esquivar un frasco con ácido de dodid que la bruja le había arrojado y que no dio en el blanco sino que se rompió contra la corteza del murmonb el cual no se vio afectado, su sabia era mucho más corrosiva que el ácido del dodid— tras experimentar un poco, —continuó— me di cuenta de lo inevitable. Ustedes son hongos, como los que tienen los hombres en los pies. Son parásitos asquerosos del universo, destinados a consumir todo lo que muere, o a matar para después poder consumir. La magia que cura a los hombres y a los elfos, los mata a ustedes. ¿Que irónico no? —Nuevamente tuvo que esquivar un frasco que dio contra la corteza de una rama del murmonb, esta vez la corteza se volvió gris clara allí donde rompió el cristal— ¿Y esta vez que fue?
            —Ese era para convertirte en piedra. —aclaró la bruja.
            —Te pediré el inmenso favor de que dejes de lastimar a mi murmonb ese árbol tiene más años que tú —clamó el elfo enfurecido. Galerina frotó una de sus manos por su cabeza, pues con la otra sostenía al báculo, y recogió bastante del polvo toxico que producía. Luego se lo arrojó tan rápido como pudo. Pero el elfo movió una de sus manos en el aire y nada del polvo lo alcanzó. Galerina descartó usar lo último del polvo del sueño que le quedaba—. Se lo suficiente de magia azul como para que un simple polvo volador me toque. Y antes de que se den cuenta de que pueden venir a atacarme con sus espadas ¿Por qué mejor no se enfrentan a ellos?
            De entre los arboles de alrededor aparecieron los enanos jardineros, animados como títeres por Anzhará. Armados con rastrillos a azadones. La bruja soltó a reír a carcajadas —Que ridículos son los elfos. Mira en que cosas desperdician la magia. ¿Y con eso piensas detenernos?
            —No, en realidad esos están para molestar un poco. Su verdugo será él. —tras decir esto Anzhará sostuvo con fuerza a Lírudin y cerró sus ojos. Las piezas metálicas y filosas que se encontraban en el suelo que antes habían cortado a Sorpus vibraron y se fueron uniendo rápidamente para formar a un elemental metálico con cuatro piernas y dos brazos, el izquierdo con una mano al finalizar y el derecho con una gran hoja filosa. Tenía una cabeza alargada con un extraño pico por boca.

            Sorus y Sorpus armados con sus espadas enfrentaron a los enanos jardineros. Como eran principalmente cerámicos se rompían al recibir un golpe. Pero eran decenas de ellos. Penny y Viridrut se alejaron arrastrando al moribundo Ascophio, ya prácticamente inmóvil. La ogra destruía a los enanos a simples manotazos. Galerina los aplastaba usando su báculo mágico como garrote. Buscó entusiasmada especialmente a uno, el del pantalón caído y corto. Lo destruyó sintiendo el más puro de los placeres.
           
Mientras Licken enfrentaba al elemental, que era dos veces su tamaño. Pero Licken era el más fuerte y grande entre todos los fungís. El sol le daba su energía y era prácticamente mediodía. El elemental metálico lo atacó con su gran hoja y el fungí interpuso su espada. Fue en vano porque con tanta fuerza y sin ser un experto espadachín como Morún se la arrancó de la mano. El elemental buscaba ahora sujetarle.
            —¡Ten cuidado, no dejes que te tome! Te pasará lo que a Makiias. —gritó Galerina.
            Pero en realidad Licken no tenía opción. Debía detener al monstruoso elemental, ninguno más allí podría hacerlo. No podía estar esquivándolo todo el día, tenía que atacar. Decidió que sacrificar su vida para salvar a la de todos los demás era algo necesario. La criatura dejó caer su mano sobre sobre su contendiente pero Licken la interceptó y la inmovilizó usando solo la fuerza de su mano y de su brazo derecho. Anzhará no se inmutó, esperaba que en contacto con el elemental Licken quedase paralizado, sobre todo ante tanta exposición. Pero eso no sucedió. Los funguis eran resistentes al contacto con los elementales algo con lo que él no había experimentado. Después de todo de uno de ellos habían surgido. La criatura atacó nuevamente con su hoja a Licken atravesando su cuerpo. Pero sin órganos internos esto no le hizo nada al fungui. Soltó la mano de la criatura para sujetar el brazo derecho del monstruo con ambas manos. Tiró del brazo desequilibrándolo, y luego volvió a tirar con más fuerza. Tanta que se lo arrancó. Con el mismo brazo que se iba desarmando en partes lo golpeó en la cabeza. Forzándolo a caer. El elemental amputado intentó incorporarse pero Licken se arrojó sobre él. Lo sostuvo por lo que hacía de mandíbula en tal quimera y con uno de sus pies en el hombro del monstruo tiró y le arrancó la cabeza. Sorus le arrojó su espada con gema anti magia. Licken la tomó en el aire y la clavo en el hueco que había quedado en el cuello del elemental. La criatura perdió cohesión y se desarmó pieza por pieza.

            Con los enanos casi derrotados por completo Anzhará, que no esperaba tal resultado retrocedió, quedando muy cerca del murmonb —¡Esto no puede ser posible! —dijo alarmado—. Pero no importa. Se irán de aquí de una forma u otra. —Extendió su brazo izquierdo hacia adelante con su mano abierta y luego la cerró con fuerza. Las ramas de los árboles que los rodeaban comenzaron a agitarse y sus raíces se desprendieron del suelo sujetándolos por los pies, a todos incluyendo la ogra.

            Pero la bruja tenía un último truco y silbó dos notas. El báculo de Galerina se extendió un poco desenroscándose. También se movieron las ramas del murmonb incluyendo la rama donde había caído la poción de petrificar. Aquella parte petrificada se partió y cayó, y la sabia del murmonb brotó con fuerza siendo bombeada por el movimiento de la rama. La corrosiva sustancia cayó sobre la parte de atrás del cráneo del elfo. El cual no pudo siquiera hablar solo se quedó quieto por un segundo y luego se derrumbó en el suelo. Era el fin para el príncipe de Saldra. Las ramas y las raíces dejaron de moverse y todos pudieron soltarse.

            La ogra caminó lentamente hasta donde estaba el cadáver de Anzhará y buscó la pieza faltante de la cadena. Se la arrojó a Penny que no fue capaz de atajarla. —Levanta eso mujer. Y ayuda a Ascophio a recuperarse, lo necesito vivo.
            Penny obedeció aunque no sabía que esperar y apoyó la argolla de la cadena sobre Ascophio. Entonces ayudado por los poderes de la misma se regeneró, las partes que le faltaban crecieron con rapidez y pronto pudo estar en pie nuevamente.
            La bruja movía desconfiada con el pie a Lírudin que rodaba lentamente por el suelo, cayendo por un poco pronunciado declive cuando Galerina preguntó —¿Qué ha pasado?
            Viridrut no permitió que la bruja contestara y la acosó con preguntas —¿Cómo sabía todo eso? ¿Nos enseñará la canción mágica para que las ramas se muevan?
            La ogra contestó sin mirarlo —No es ninguna canción mágica. Es primavera, todavía, y es temporada de reproducción para muchas plantas, incluidos los murmonbes. El árbol silva para que otros de su especie extiendan sus ramas y sean capaces de  recibir el polen. El báculo de Galerina está hecho con la madera de un murmonb, al cual convencí de que cediese una rama, por eso es mágico. No es bueno tomar las cosas contra la voluntad de otros. Lo que hice fue imitar el sonido de un murmonb. Por eso la rama se movió. Que yo sepa no puedes silbar así que de nada te servirá este truco. —la ogra rio—. ¿No se habían dado cuenta que el báculo estaba hecho de la misma madera?
            —Yo sí. –dijo Penny —. Pero no quería parecer pedante.
            —Buena honga. —respondió la bruja.
            —Gracias. —murmuró Ascophio.
            —De nada. —contestó la ogra.
            —¿Tu conocías el plan de Anzhará? —preguntó Galerina.
            —Lo sospechaba, muchas cosas no tenían sentido para mí.
            —¿Y por eso has venido? —insistió Galerina.
            —No —Caldishn-Ñuñu sonrió nuevamente—. Sabía que Anzhará era demasiado poderoso para ustedes no podía arriesgarme, quizás estaba confundida, quizás no. —se encogió de hombros—. Vine aquí porque te quiero. Y no iba a permitir que nada malo le pasase a mi niña. —Tras esto le dio unas palmaditas en la cabeza a Galerina, evitando la parte venenosa.
            —¿Y ahora qué? —preguntó Viridrut—. Nunca sabremos el significado de nuestra existencia. —se lamentó.
            —El significado de tu existencia es el que tú le das y ningún otro, Viridrut. Supongo que lo que podemos hacer ahora es despertar a Makiias y quitarle el elemental que tienen adentro. El que pide ser liberado. —La bruja levantó a Lírudin del suelo y lo agitó intentando escuchar si hacia algún ruido, luego lo volvió a dejar en el suelo.
            —¿Cómo un elemental? ¿Y eso de que las cosas en los sueños significan otras cosas? —Viridrut no comprendía nada.
            —¿Qué? ¿Me vienes con interpretación de sueños? Psicología barata llamó yo a eso. El elemental es muy obvio. ¿O no? ¿O piensas que podemos jugárnoslo a la lotería? ¿Un elemental cual era? ¿El doscientos treinta y siete?
            Todos los fungís se encogieron de hombros al igual que siempre lo hacia la bruja imitando su gesto. Y continuaron hacia el palacio de Anzhará.

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