Residencia de riorojo, Kirun, provincia de Koria.
Día 06 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.
Era
el sexto día de invierno. Por alguna extraña razón todavía no nevaba. Kaner
avivó el fuego de la estufa en la sala de su residencia. Luego regresó a la
mesa donde los otros hombres y mujeres de confianza de Guy de Montevid se
encontraban reunidos.
—Puedo
entender la presencia del Duque de Cyfran jefe de ochenta caballeros de su
ciudad quien se unió a nosotros a poco tiempo de partir de Minbou —dijo Raen,
quien era un importante caballero de la corte de Guiles—. Así como entiendo porque
están aquí el Capitán Nin y la jefa de la guardia Texu. Sin contar claro con
Kaner de Riorojo quien ha prestado este lugar y nos ha brindado su
hospitalidad. Pero no entiendo porque está aquí este hombre llamado Ilko. Hasta
donde sé es solo un bardo. Nosotros somos hombres de armas que hemos jurado
servirte. ¿Pero que tiene para aportar él?
—Calma, Raen.
No dudo de la lealtad de ninguno de los presentes. Tú, Kaner de Riorojo y el Duque
de Cyfran, son íntimos amigos de Guiles de Minbou y confió en él y en ustedes así
como en Nin. Texu puede ser una oficial menor pero ha demostrado su valor y
lealtad en el enfrentamiento en el puente de Bridan, sin mencionar lo que ha
sucedido días atrás. —Guy hablaba con serenidad.
—No discuto
eso.— Refunfuñó Raen.
—Este hombre
ha estado con los rebeldes y me ha brindado vital información de ellos, que
deseo ahora compartir con ustedes —Guy se detuvo un segundo y tomó una copa de
vino, luego continuó—. Maté a un hombre en esa batalla, si así desean llamarla.
Pero no fue a su líder, sino al hombre que comandaba sus tropas. A estas
alturas ya deben haber designado a otro para ocupar ese puesto.
El Duque de
Cyfran era un hombre un poco más alto que Guy. Vestía pieles para abrigarse y
llevaba en ese momento dos collares de piedras verdes y amarillas. Golpeó la
mesa con la palma de su mano tratando de llamar la atención —En este momento
nos preocupan otras cosas que los rebeldes que están afuera. Guipac se ha vuelto
loco. Desde que dio a conocer a sus guardianes las cosas han cambiado
drásticamente. En estos últimos días ha capturado a varios hombres a quienes
considera culpables de ser rebeldes al orden sin hacer juicio alguno. Ha
empezado a achicar lista de enemigos que poseía. Nadie sabe quién será el
próximo. Y como si esto fuera poco… —El hombre no pudo continuar porque fue
interrumpido por Raen.
—Como si esto
fuera poco ha convertido a parte del ejército real bajo el mando del General
Unmar a clérigos para que se unan a sus filas. Calculamos que maneja ya casi
cinco mil hombres. Pronto terminará de disolver el poder de Unmar, de una forma
u de otra.
—Se ha llevado
todo por delante y ya ha expropiado varias tierras a nobles, muchos de ellos
amigos míos. —Retomó el Duque de Cyfran.
—Guipac
intentó asesinar a la emisaria. Ilman no ha hecho nada por poner en evidencia a
los culpables. —agregó Nin enfadado.
—Calma Nin.
–dijo Guy nuevamente con serenidad.
—El número de
rebeldes es mucho mayor al ejército de clérigos de Guipac —acotó Texu—. Me lo
han dicho mis informantes y así también lo ha visto el bardo.
—¿Y cómo ha
escapado este hombre de ellos? ¿Cómo sabemos que él no es un espía? —preguntó
Raen de manera desafiante.
—Te ha
contestado ya Texu —explicó Guy, que entendía perfectamente las sospechas de
capitán Korien—. Ilko solo ha confirmado lo que le dijeron los espías de ella.
Sabemos que esto es cierto y que están avanzando hacia Kirun desde Tulis. Y que
además muchos de ellos se encuentran ya dentro de la ciudad.
—Pues ¿Acaso
podemos aliarnos a ellos? —preguntó el Duque.
—Imposible —contestó
Texu—. Como ya he explicado antes, para ellos el ejército real es su enemigo ya
que ha permitido el maltrato de Guipac. El mismo general Unmar es la prueba y
el mejor ejemplo de por qué se sienten traicionados. Ni hablar de Ilman.
Guy dijo
seriamente sobre todo dirigiéndose al Duque de Cyfran —Y si fuera posible
aliarnos, no me interesa. Han matado ya a muchos de mis hombres, y han
intentado matarme a mí.
El Duque la
reverenció —Por supuesto. Solo he dicho esto porque siempre es mejor
enfrentarse a un solo enemigo que a dos.
—Sin duda.
Pero esta vez no es posible. —contestó Guy seria.
—Justamente uno
de los motivos por los que me permitieron marchar es porque no soy parte del ejército
—explicó Ilko—. No me consideraron una amenaza, no todos ellos al menos. Además
pude convencerlos de que tengo una misión.
Guy volteó a
ver donde estaba Ilko que se encontraba sacando la espada corroída del estuche —Ilko,
realmente no creo que sea una buena idea que… —Pero era demasiado tarde.
—Esta es la
espada de Breadan. Que se hará más fuerte cada vez que sea usada por la
justicia. —dijo el bardo orgulloso. Tras esto se escucharon las carcajadas de
muchos. Solo Texu y Guy permanecieron en silencio.
—¿Qué? —gritó
Raen que estaba al lado del bardo. Enfadado quitó la espada de la mano del hombre
y lo empujó. Ilko cayó al piso. La espada era toda herrumbre e incluso su
empuñadura era áspera y rugosa—. Sí, voy a admitir que esta espada debe de
tener como mil años —Y rió—. Quizás fue de Bridan. Que no sabes ni pronunciar
su nombre. Pero quizás fue de un pobre diablo como tú, que al menos sabría como
usarla.
Guy miró a
Raen seriamente —Devuelve la espada al bardo.
—Este hombre
delira Mayor. ¿Acaso usted también se ha contagiado de su locura?—contestó
Raen.
—No vuelvas
jamás a desconfiar de mi criterio o cordura Raen. Y te he dicho que le
devuelvas la espada al bardo. —Los demás miraban en silencio.
Raen movió su
cabeza negando alguna idea. Luego extendió su mano al bardo y lo ayudó a
levantarse —Disculpa hombre, toma tu espada. Y si haces con ella cualquier obra
de bien ya serás mejor hombre yo y sin duda un mejor guerrero porque nada podría
hacer yo con esa espada. —El bardo tomó su espada nuevamente.
—Y… ¿tenemos
que creer que este es nuestro salvador? —preguntó el Duque.
—No. Yo
tampoco estoy segura de que quiere decir este hombre con su misión o su espada.
Pero por alguna razón confío en él. He visto cosas extrañas en la batalla de
Fenor que no había visto antes. Y si no hubiese vivido eso, hoy sería como
ustedes. Tengo un plan para salir de aquí y solucionar esto.
—Estamos aquí
para escucharte Mayor. —Agregó Nin que había estado entrenando a las tropas
hasta ese día.
—Desde que
llegamos aquí que he considerado enviar un mensaje lo más corto y claro posible
al rey. Y también a nuestro aliado Guiles. Pero sabrán que eso es más difícil
de lo que parece. Si lo enviase en una caravana tardaría días en llegar y
cualquier cosa que salga de aquí esta escoltada por alguno de los malditos
clérigos. Así que es posible que el mensaje no llegase o se perdiese en el
camino. Si envió a un hombre a caballo hasta allí seria interceptado por los
rebeldes. Cualquier movimiento que hagamos hacia el exterior será registrado por
Guipac o por los rebeldes y considero que está claro que aunque Guipac no se
haya quitado todavía del todo su máscara es obvio que nos querrá muertos tanto
como los rebeldes. Según nos han informado nuestros contactos mañana será un
día clave. Tenemos prácticamente la certeza de que intentará separar la ciudad
de Fenor y luego a toda Koria. Es solo cuestión de tiempo para que venga por nosotros.
Solo está terminando de juntar fuerzas. Por esto considero que debemos de
buscar ayuda en las torres vigías de Fruel.
—¿No están
bajo el control de Guipac las de la ciudad? —preguntó Raen.
—Si y también
las más cercanas a la ciudad y sobre todo hacia Tulis. Pero no hacia Minbou. Si
cruzamos el puente de Bridan a poco tiempo nos encontraremos con una que está
bajo el control de los rebeldes. No pasamos por ahí en nuestro camino porque no
se encuentra en el camino oficial. Esta más al norte, cruzando el bosque. Si
podemos hacernos de esa torre e informar a Guiles en pocos días estarán ellos
aquí.
—Si salimos
tendremos que enfrentarnos a los rebeldes que dice usted son muchos más que los
clérigos de Guipac. —Nin se rascó la barba. Estaba un poco confundido.
—Sí, pero
están peor armados que ellos y que nosotros. Las tropas de Minbou son nuestra última
alternativa. Y aunque estemos perdidos, y no digo que así sea, debemos al menos
avisarles a tiempo. Antes de que la revuelta llegue hasta esa ciudad también.
—¿Y cómo
haremos eso? —preguntó Raen.
—La única
opción que tenemos es tomar el cuartel en el que se encuentran nuestros
hombres. Reduciremos con facilidad a los hombres que están allí y por lo menos
por un poco de tiempo estaremos a salvo de ser descubiertos. Al menos hasta el
cambio de guardia. Allí nos haremos de todos los caballos que podamos y en
menos de una hora deberemos tomar alguna de las salidas de la ciudad. Todos
nuestros soldados montarán a caballo, no podemos ir a paso de hombre. Y nos
dirigiremos a toda velocidad y sin detenernos hasta llegar donde se encuentra
la torre. Allí acabaremos con los rebeldes que la protegen. No consideramos que
sean muchos. Pero debemos asegurarnos que hemos dejado atrás al ejército de los
rebeldes. No podemos enfrentarnos a todos ellos con el pequeño grupo de hombres
que controlamos. Eso sería un suicidio.
—¿Y cómo
pretende que nos aseguremos de eso? —preguntó el Duque de Cyfran.
—Atacaremos
cuando ellos hayan cruzado ya el puente de Bridan y estén por llegar a las
puertas de Kirun —contestó Guy—. Creemos que el ataque de los rebeldes es
inminente.
—¿Abandonaremos
la ciudad en manos de los rebeldes? —preguntó Raen.
—No estamos en
control de la misma. En este momento es del delirante de Guipac. Nuestra única
opción real es escapar y conseguir refuerzos. El único motivo por el cual
Guipac seguramente no nos ha atacado ya, es por guardar apariencias y eso no
durará mucho tiempo tampoco. Recordemos el intento de asesinato que frustró
Texu. Si más hombres leales a la corona de Fenor se nos unen podremos enfrentar
a los dos. Rebeldes y clérigos. Ahora estamos a merced de ambos. No deseo
abandonar a los inocentes de esta ciudad. Pero si morimos aquí en una pelea
absurda sin poder llevar la información que poseemos a Guiles o a Urael la
situación solo empeorará.
—Estoy de
acuerdo. —dijo Nin.
—Yo también. —dijo
Riorojo
—Y yo. —dijo
el Duque.
—Conoces mi
respuesta. —dijo Texu.
—Yo los
acompañaré en condición de lo que sea necesario. —dijo Ilko.
—Es una
locura, pero yo también estoy de acuerdo. Haré lo que has dicho. —dijo Raen y
reverenció a Guy con respeto.
—Bien. —contestó
Guy—. Los contactos de Texu nos han traído a un hombre. Era uno de los viejos
guardias de las torres vigías de Fruel. Él sabe como enviar estos mensajes y
nosotros no. Está ahora en la habitación contigua esperando. Iremos hacia el
cuartel ahora mismo y pondremos en marcha nuestro plan. Agruparemos a los
hombres y daremos las instrucciones esperando el momento justo para poder
actuar —Guy tomó su última copa de vino. Algunos de los presentes se levantaron
y comenzaron a tomar sus cosas para dirigirse al cuartel. Pero Guy llamó su
atención nuevamente—. Les aseguro caballeros, que ustedes obran por el bien de
sus tierras. Sé que les ha pasado por su cabeza que esta podría no ser su
lucha. Que es posible que hayan dudado de su posición en esto. Pero créanme que
no traicionan a su tierra. Kirun, Koria, son algo más que un nombre. Yo peleo
para garantizar el orden de la corona de Fenor, que exige justicia y no le roba
a sus habitantes ni los cuelga de los arboles. Ahora, yo no soy una mujer santa
y mucho menos se de su religión. Pero si se esto, y es que: si el dios sol envió
a la tierra tres gemas para que los tres reinos de Koria se unieran y dejasen
de derramar la sangre de sus hijos, el dios sol no querría ver enfrentados a
rebeldes contra campesinos o a clérigos contra hermanos. Por que son todos
hijos de Koria. Y cualquiera de estos dos lados consumiría la ciudad a cenizas
si así lo necesitase. Y es lo que debemos impedir. Así que no duden al empuñar
sus armas. Por que la suya es la más justa de las causas.
El Duque de
Cyfran se acercó a Guy y luego apoyó su mano derecha sobre el hombro de la
mujer. —Usted es realmente, una heroína de nuestro reino al cual tengo el orgullo
de formar parte. Y recordaré sus palabras cuando enfrente a la muerte en la batalla
que nos espera. —Y el resto también reverenció a Guy antes de salir así como
hizo el hombre de los collares.
Texu y los
demás esperaban afuera. Todos excepto Texu y Kaner de Riorojo regresarían al
cuartel. Texu debía encontrarse con los hombres que funcionaban de espías para regresar
con ellos al cuartel más tarde. Kaner de Riorojo se quedaría en su propiedad
garantizando el escape de sus parientes y siervos. Una vez hecho esto, iría el
también a encontrarse con el resto. Guy salió de la casa vistiendo la armadura
de escamas de dragón que habían hecho para ella los enanos de La Orden del Gato
Azul. Pero la armadura era negra y roja del color de las escamas del dragón. Así
que Guy se había colocado una túnica de colores celeste y gris para entonar
mejor con el resto de sus hombres. Tomó su lanza y se dirigió a donde estaban
Texu y los demás. Se despidió de ella y de Kaner y junto al bardo y los otros
tres hombres fueron rumbo al cuartel.
Tireban, el obeso
hombre al mando de Texu, los estaba esperando. Siempre con su asquerosa cara.
El Duque de Cyfran indicó en secreto a sus hombres que debían hacer. Los
ochenta caballeros, puestos al servicio por Guiles de Minbou junto con Raen, se
encargarían de tomar el cuartel. No habría ninguna baja, ya que tenían órdenes
de Guy de no matar a ningún soldado del ejército real. Y con paciencia se
dedicaron a esperar.
Una ola de
gritos y sonidos llegó hasta donde estaban. Los cantos de los ciudadanos de
Kirun se hacían notar. Pero no eran de miedo o terror sino de alegría. Algo
había pasado que Guy todavía desconocía. Uno de los soldados fue enviado a
averiguar. El hombre regresó media hora
después exhausto.
—Guipac ha
proclamado la independencia de Koria del reino de Fenor. Dice que ahora somos una
nación libre. Los clérigos del sol van por las calles capturando a aquellos de
los que solo se sospecha traición. Cualquiera que sea acusado cae en sus manos.
Es una locura. Han atacado a lo que quedaba del ejército real en otras partes
de la ciudad. Y hasta ha tomado al general Unmar como prisionero por traidor.
—Los rebeldes
todavía no han llegado y el maldito de Guipac ya viene por nosotros. —maldijo
Guy.
—Eso no es
todo Mayor —agregó el hombre—. También han tomado prisionera a Texu y la ahorcarán
al igual que al General Unmar en cualquier momento.
Tireban
intentaba correr hasta donde estaba Guy. Él también había escuchado lo que
decía el hombre. Resoplaba ya que se había cansado de tanto moverse. Antes de
que pudiera decir nada, Guy dio la orden y los ochenta caballeros del Duque se
pusieron en acción. El cuartel fue tomado. Capturaron a los hombres del ejército
que habían sido leales a Unmar y les quitaron las armas así como a Tireban.
Cuatro hombres murieron. Los cuatro clérigos que se encontraban entre ellos.
Pero pronto llegarían más.
Guy miró a Nin
y a Raen, que eran sus dos capitanes en ese momento —Esto ha cambiado un poco
las cosas. Es tiempo de organizarnos —Luego montó en su caballo y se dirigió a
sus hombres que estaban ahora formados ante ella—. Soldados de Fenor. La paz de
nuestro reino se pagará una vez más con nuestra sangre. Pero es un precio bajo
por defenderla. El hombre que se dice santo los juzga y mata sin piedad. Y
tomará lo que es de ustedes sin pensarlo, si lo desea. Él les ofrece una sola
opción, ser sus esclavos. Mi rey no les dijo a cual dios debían rezar. Ni que
lengua debían hablar. Mi rey no les exigió que peleasen por él. Ustedes han
decidido esto por su propia voluntad. Y de haberse negado no los habría
perseguido. Mi rey ha respetado los tratados y a sus tierras. Y ha portado una
espada en batalla y ha derramado su sangre por su reino tanto como les pide a
ustedes que lo hagan. Les pido por eso que recuerden ahora que mi rey es su
rey. Que jamás se ha olvidado de ustedes. Y soy la prueba de eso. Estoy aquí y daré
hasta la última gota de sangre por Koria, por Fenor, por mis tierras y por mi
libertad y la suya. Por esto deseo saber antes de continuar, ¿Quiénes de
ustedes no se unirán a mí en esta batalla? Les garantizo que si no desean
hacerlo serán tratados con justicia. No mataré o perseguiré por deserción a
ninguno de ustedes si no desean pelear. —Guy avanzó con su caballo entre las
filas de hombres vestidos de celeste y gris. Todos estaban armados ahora
incluso los que apenas habían recibido entrenamiento. Raen más alejado y
acompañado por varios caballeros entre ellos los que habían llegado a Kirun
desde la fortaleza de Fenor, iba trayendo los caballos para los soldados. El
tiempo valía oro. —¿Tú te unirás a mi? —preguntó Guy a un soldado que había
elegido al azar—. Y tú ¿Qué harás? —De los casi setecientos hombres de Guy solo
un poco más de treinta se retiraron de las filas dejando sus armas—. ¿Y tú
Tireban? ¿Qué deseas hacer quedarte aquí a morir en manos de los clérigos
acaso?
—Yo me quedaré
aquí, repugnante perra demoníaca. He estado con Guipac desde el principio.
—Y alguno de
ustedes caballeros… —Insinuó Guy a los hombres del cuartel. Muchos de ellos
habían tenido a Texu como compañera y no les gustaba cual sería su destino. Quizás
por convicción quizás por conveniencia, a Guy no le importaba, muchos de ellos
se unieron a las tropas incluso más de los que habían desertado. Cuando todos
estuvieron nuevamente formados empezaron a subirse a sus caballos por órdenes
de los capitanes. —Ahora que sé a quienes hablo voy a prometerles que traeré
paz a Kirun nuevamente o moriré en el intento. Si Guipac triunfa, Kirun solo
será lo primero que tomará, seguirá Tulis y Minbou y todo lo que se encuentre
en el medio. Si ustedes tienen algo que defender aquí háganlo junto a mí, hoy,
ahora. —Y todos los soldados gritaron el nombre de la mata dragones.
En
pocos minutos todos habían tomado su equipo y se encontraban ahora montados en
sus caballos. Hasta Vicay se encontraban sobre uno. Escaparían de ahí como sea.
Nin gritó —Iremos
ahora por la puerta de la ciudad. Y después por la torre vigía de Fruel,
soldados.
Guy se acercó
al hombre —Ustedes tomen la puerta y espérennos cuanto puedan. Yo iré a
rescatar a Texu. No voy a dejarla aquí.
—En esta
circunstancia Mayor, yo creo que Texu entendería…
Guy sabía que Nin no hablaba por cobardía,
lo que ella se proponía era entrar a la boca del lobo. Y no quería verla muerta
a ella también. —Haz lo que te he dicho Nin. Me uniré a ustedes en cuanto pueda
—Luego gritó a las tropas—. Antes de dejar la ciudad, hay alguien a quien le
debo el ir a buscarle. Pienso rescatar a Texu y cualquiera que deseé
acompañarme será bien recibido aunque viajará a una muerte casi segura, más yo iré
sola si es que ninguno desea acompañarme —Pero no iría sola. Raen la acompañaría
y si Guy no le hubiera ordenado lo
contrario posiblemente también Nin. Los más de veinte hombres al servicio de la
jefa de la guardia que antes habían peleado en el puente se ofrecieron a
acompañarla. Así como los cinco soldados que habían venidos desde Fenor que
todavía quedaban con vida y el bardo, Ilko. Guy no discutió ni preguntó por la
presencia o ausencia de ninguno. Solo agregó—. Estaremos en la puerta de la
ciudad de vuelta con Texu y Riorojo. Aseguren nuestra salida.
En ese mismo
momento desde arriba de la muralla de la ciudad y desde el interior de la misma
se escucharon los gritos de los hombres —“Los rebeldes. Los rebeldes están
aquí.”
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