jueves, 9 de enero de 2020

11 – Independencia


Residencia de riorojo, Kirun, provincia de Koria.
Día 06 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.


         Era el sexto día de invierno. Por alguna extraña razón todavía no nevaba. Kaner avivó el fuego de la estufa en la sala de su residencia. Luego regresó a la mesa donde los otros hombres y mujeres de confianza de Guy de Montevid se encontraban reunidos.
—Puedo entender la presencia del Duque de Cyfran jefe de ochenta caballeros de su ciudad quien se unió a nosotros a poco tiempo de partir de Minbou —dijo Raen, quien era un importante caballero de la corte de Guiles—. Así como entiendo porque están aquí el Capitán Nin y la jefa de la guardia Texu. Sin contar claro con Kaner de Riorojo quien ha prestado este lugar y nos ha brindado su hospitalidad. Pero no entiendo porque está aquí este hombre llamado Ilko. Hasta donde sé es solo un bardo. Nosotros somos hombres de armas que hemos jurado servirte. ¿Pero que tiene para aportar él?
—Calma, Raen. No dudo de la lealtad de ninguno de los presentes. Tú, Kaner de Riorojo y el Duque de Cyfran, son íntimos amigos de Guiles de Minbou y confió en él y en ustedes así como en Nin. Texu puede ser una oficial menor pero ha demostrado su valor y lealtad en el enfrentamiento en el puente de Bridan, sin mencionar lo que ha sucedido días atrás. —Guy hablaba con serenidad.
—No discuto eso.— Refunfuñó Raen.
—Este hombre ha estado con los rebeldes y me ha brindado vital información de ellos, que deseo ahora compartir con ustedes —Guy se detuvo un segundo y tomó una copa de vino, luego continuó—. Maté a un hombre en esa batalla, si así desean llamarla. Pero no fue a su líder, sino al hombre que comandaba sus tropas. A estas alturas ya deben haber designado a otro para ocupar ese puesto.
El Duque de Cyfran era un hombre un poco más alto que Guy. Vestía pieles para abrigarse y llevaba en ese momento dos collares de piedras verdes y amarillas. Golpeó la mesa con la palma de su mano tratando de llamar la atención —En este momento nos preocupan otras cosas que los rebeldes que están afuera. Guipac se ha vuelto loco. Desde que dio a conocer a sus guardianes las cosas han cambiado drásticamente. En estos últimos días ha capturado a varios hombres a quienes considera culpables de ser rebeldes al orden sin hacer juicio alguno. Ha empezado a achicar lista de enemigos que poseía. Nadie sabe quién será el próximo. Y como si esto fuera poco… —El hombre no pudo continuar porque fue interrumpido por Raen.
—Como si esto fuera poco ha convertido a parte del ejército real bajo el mando del General Unmar a clérigos para que se unan a sus filas. Calculamos que maneja ya casi cinco mil hombres. Pronto terminará de disolver el poder de Unmar, de una forma u de otra.
—Se ha llevado todo por delante y ya ha expropiado varias tierras a nobles, muchos de ellos amigos míos. —Retomó el Duque de Cyfran.
—Guipac intentó asesinar a la emisaria. Ilman no ha hecho nada por poner en evidencia a los culpables. —agregó Nin enfadado.
—Calma Nin. –dijo Guy nuevamente con serenidad.
—El número de rebeldes es mucho mayor al ejército de clérigos de Guipac —acotó Texu—. Me lo han dicho mis informantes y así también lo ha visto el bardo.
—¿Y cómo ha escapado este hombre de ellos? ¿Cómo sabemos que él no es un espía? —preguntó Raen de manera desafiante.
—Te ha contestado ya Texu —explicó Guy, que entendía perfectamente las sospechas de capitán Korien—. Ilko solo ha confirmado lo que le dijeron los espías de ella. Sabemos que esto es cierto y que están avanzando hacia Kirun desde Tulis. Y que además muchos de ellos se encuentran ya dentro de la ciudad.
—Pues ¿Acaso podemos aliarnos a ellos? —preguntó el Duque.
—Imposible —contestó Texu—. Como ya he explicado antes, para ellos el ejército real es su enemigo ya que ha permitido el maltrato de Guipac. El mismo general Unmar es la prueba y el mejor ejemplo de por qué se sienten traicionados. Ni hablar de Ilman.
Guy dijo seriamente sobre todo dirigiéndose al Duque de Cyfran —Y si fuera posible aliarnos, no me interesa. Han matado ya a muchos de mis hombres, y han intentado matarme a mí.
El Duque la reverenció —Por supuesto. Solo he dicho esto porque siempre es mejor enfrentarse a un solo enemigo que a dos.
—Sin duda. Pero esta vez no es posible. —contestó Guy seria.
—Justamente uno de los motivos por los que me permitieron marchar es porque no soy parte del ejército —explicó Ilko—. No me consideraron una amenaza, no todos ellos al menos. Además pude convencerlos de que tengo una misión.
Guy volteó a ver donde estaba Ilko que se encontraba sacando la espada corroída del estuche —Ilko, realmente no creo que sea una buena idea que… —Pero era demasiado tarde.
—Esta es la espada de Breadan. Que se hará más fuerte cada vez que sea usada por la justicia. —dijo el bardo orgulloso. Tras esto se escucharon las carcajadas de muchos. Solo Texu y Guy permanecieron en silencio.
—¿Qué? —gritó Raen que estaba al lado del bardo. Enfadado quitó la espada de la mano del hombre y lo empujó. Ilko cayó al piso. La espada era toda herrumbre e incluso su empuñadura era áspera y rugosa—. Sí, voy a admitir que esta espada debe de tener como mil años —Y rió—. Quizás fue de Bridan. Que no sabes ni pronunciar su nombre. Pero quizás fue de un pobre diablo como tú, que al menos sabría como usarla.
Guy miró a Raen seriamente —Devuelve la espada al bardo.
—Este hombre delira Mayor. ¿Acaso usted también se ha contagiado de su locura?—contestó Raen.
—No vuelvas jamás a desconfiar de mi criterio o cordura Raen. Y te he dicho que le devuelvas la espada al bardo. —Los demás miraban en silencio.
Raen movió su cabeza negando alguna idea. Luego extendió su mano al bardo y lo ayudó a levantarse —Disculpa hombre, toma tu espada. Y si haces con ella cualquier obra de bien ya serás mejor hombre yo y sin duda un mejor guerrero porque nada podría hacer yo con esa espada. —El bardo tomó su espada nuevamente.
—Y… ¿tenemos que creer que este es nuestro salvador? —preguntó el Duque.
—No. Yo tampoco estoy segura de que quiere decir este hombre con su misión o su espada. Pero por alguna razón confío en él. He visto cosas extrañas en la batalla de Fenor que no había visto antes. Y si no hubiese vivido eso, hoy sería como ustedes. Tengo un plan para salir de aquí y solucionar esto.
—Estamos aquí para escucharte Mayor. —Agregó Nin que había estado entrenando a las tropas hasta ese día.
—Desde que llegamos aquí que he considerado enviar un mensaje lo más corto y claro posible al rey. Y también a nuestro aliado Guiles. Pero sabrán que eso es más difícil de lo que parece. Si lo enviase en una caravana tardaría días en llegar y cualquier cosa que salga de aquí esta escoltada por alguno de los malditos clérigos. Así que es posible que el mensaje no llegase o se perdiese en el camino. Si envió a un hombre a caballo hasta allí seria interceptado por los rebeldes. Cualquier movimiento que hagamos hacia el exterior será registrado por Guipac o por los rebeldes y considero que está claro que aunque Guipac no se haya quitado todavía del todo su máscara es obvio que nos querrá muertos tanto como los rebeldes. Según nos han informado nuestros contactos mañana será un día clave. Tenemos prácticamente la certeza de que intentará separar la ciudad de Fenor y luego a toda Koria. Es solo cuestión de tiempo para que venga por nosotros. Solo está terminando de juntar fuerzas. Por esto considero que debemos de buscar ayuda en las torres vigías de Fruel.
—¿No están bajo el control de Guipac las de la ciudad? —preguntó Raen.
—Si y también las más cercanas a la ciudad y sobre todo hacia Tulis. Pero no hacia Minbou. Si cruzamos el puente de Bridan a poco tiempo nos encontraremos con una que está bajo el control de los rebeldes. No pasamos por ahí en nuestro camino porque no se encuentra en el camino oficial. Esta más al norte, cruzando el bosque. Si podemos hacernos de esa torre e informar a Guiles en pocos días estarán ellos aquí.
—Si salimos tendremos que enfrentarnos a los rebeldes que dice usted son muchos más que los clérigos de Guipac. —Nin se rascó la barba. Estaba un poco confundido.
—Sí, pero están peor armados que ellos y que nosotros. Las tropas de Minbou son nuestra última alternativa. Y aunque estemos perdidos, y no digo que así sea, debemos al menos avisarles a tiempo. Antes de que la revuelta llegue hasta esa ciudad también.
—¿Y cómo haremos eso? —preguntó Raen.
—La única opción que tenemos es tomar el cuartel en el que se encuentran nuestros hombres. Reduciremos con facilidad a los hombres que están allí y por lo menos por un poco de tiempo estaremos a salvo de ser descubiertos. Al menos hasta el cambio de guardia. Allí nos haremos de todos los caballos que podamos y en menos de una hora deberemos tomar alguna de las salidas de la ciudad. Todos nuestros soldados montarán a caballo, no podemos ir a paso de hombre. Y nos dirigiremos a toda velocidad y sin detenernos hasta llegar donde se encuentra la torre. Allí acabaremos con los rebeldes que la protegen. No consideramos que sean muchos. Pero debemos asegurarnos que hemos dejado atrás al ejército de los rebeldes. No podemos enfrentarnos a todos ellos con el pequeño grupo de hombres que controlamos. Eso sería un suicidio.
—¿Y cómo pretende que nos aseguremos de eso? —preguntó el Duque de Cyfran.
—Atacaremos cuando ellos hayan cruzado ya el puente de Bridan y estén por llegar a las puertas de Kirun —contestó Guy—. Creemos que el ataque de los rebeldes es inminente.
—¿Abandonaremos la ciudad en manos de los rebeldes? —preguntó Raen.
—No estamos en control de la misma. En este momento es del delirante de Guipac. Nuestra única opción real es escapar y conseguir refuerzos. El único motivo por el cual Guipac seguramente no nos ha atacado ya, es por guardar apariencias y eso no durará mucho tiempo tampoco. Recordemos el intento de asesinato que frustró Texu. Si más hombres leales a la corona de Fenor se nos unen podremos enfrentar a los dos. Rebeldes y clérigos. Ahora estamos a merced de ambos. No deseo abandonar a los inocentes de esta ciudad. Pero si morimos aquí en una pelea absurda sin poder llevar la información que poseemos a Guiles o a Urael la situación solo empeorará.
—Estoy de acuerdo. —dijo Nin.
—Yo también. —dijo Riorojo
—Y yo. —dijo el Duque.
—Conoces mi respuesta. —dijo Texu.
—Yo los acompañaré en condición de lo que sea necesario. —dijo Ilko.
—Es una locura, pero yo también estoy de acuerdo. Haré lo que has dicho. —dijo Raen y reverenció a Guy con respeto.
—Bien. —contestó Guy—. Los contactos de Texu nos han traído a un hombre. Era uno de los viejos guardias de las torres vigías de Fruel. Él sabe como enviar estos mensajes y nosotros no. Está ahora en la habitación contigua esperando. Iremos hacia el cuartel ahora mismo y pondremos en marcha nuestro plan. Agruparemos a los hombres y daremos las instrucciones esperando el momento justo para poder actuar —Guy tomó su última copa de vino. Algunos de los presentes se levantaron y comenzaron a tomar sus cosas para dirigirse al cuartel. Pero Guy llamó su atención nuevamente—. Les aseguro caballeros, que ustedes obran por el bien de sus tierras. Sé que les ha pasado por su cabeza que esta podría no ser su lucha. Que es posible que hayan dudado de su posición en esto. Pero créanme que no traicionan a su tierra. Kirun, Koria, son algo más que un nombre. Yo peleo para garantizar el orden de la corona de Fenor, que exige justicia y no le roba a sus habitantes ni los cuelga de los arboles. Ahora, yo no soy una mujer santa y mucho menos se de su religión. Pero si se esto, y es que: si el dios sol envió a la tierra tres gemas para que los tres reinos de Koria se unieran y dejasen de derramar la sangre de sus hijos, el dios sol no querría ver enfrentados a rebeldes contra campesinos o a clérigos contra hermanos. Por que son todos hijos de Koria. Y cualquiera de estos dos lados consumiría la ciudad a cenizas si así lo necesitase. Y es lo que debemos impedir. Así que no duden al empuñar sus armas. Por que la suya es la más justa de las causas.
El Duque de Cyfran se acercó a Guy y luego apoyó su mano derecha sobre el hombro de la mujer. —Usted es realmente, una heroína de nuestro reino al cual tengo el orgullo de formar parte. Y recordaré sus palabras cuando enfrente a la muerte en la batalla que nos espera. —Y el resto también reverenció a Guy antes de salir así como hizo el hombre de los collares.

Texu y los demás esperaban afuera. Todos excepto Texu y Kaner de Riorojo regresarían al cuartel. Texu debía encontrarse con los hombres que funcionaban de espías para regresar con ellos al cuartel más tarde. Kaner de Riorojo se quedaría en su propiedad garantizando el escape de sus parientes y siervos. Una vez hecho esto, iría el también a encontrarse con el resto. Guy salió de la casa vistiendo la armadura de escamas de dragón que habían hecho para ella los enanos de La Orden del Gato Azul. Pero la armadura era negra y roja del color de las escamas del dragón. Así que Guy se había colocado una túnica de colores celeste y gris para entonar mejor con el resto de sus hombres. Tomó su lanza y se dirigió a donde estaban Texu y los demás. Se despidió de ella y de Kaner y junto al bardo y los otros tres hombres fueron rumbo al cuartel.

Tireban, el obeso hombre al mando de Texu, los estaba esperando. Siempre con su asquerosa cara. El Duque de Cyfran indicó en secreto a sus hombres que debían hacer. Los ochenta caballeros, puestos al servicio por Guiles de Minbou junto con Raen, se encargarían de tomar el cuartel. No habría ninguna baja, ya que tenían órdenes de Guy de no matar a ningún soldado del ejército real. Y con paciencia se dedicaron a esperar.

Una ola de gritos y sonidos llegó hasta donde estaban. Los cantos de los ciudadanos de Kirun se hacían notar. Pero no eran de miedo o terror sino de alegría. Algo había pasado que Guy todavía desconocía. Uno de los soldados fue enviado a averiguar. El hombre regresó  media hora después exhausto.
—Guipac ha proclamado la independencia de Koria del reino de Fenor. Dice que ahora somos una nación libre. Los clérigos del sol van por las calles capturando a aquellos de los que solo se sospecha traición. Cualquiera que sea acusado cae en sus manos. Es una locura. Han atacado a lo que quedaba del ejército real en otras partes de la ciudad. Y hasta ha tomado al general Unmar como prisionero por traidor.
—Los rebeldes todavía no han llegado y el maldito de Guipac ya viene por nosotros. —maldijo Guy.
—Eso no es todo Mayor —agregó el hombre—. También han tomado prisionera a Texu y la ahorcarán al igual que al General Unmar en cualquier momento.

Tireban intentaba correr hasta donde estaba Guy. Él también había escuchado lo que decía el hombre. Resoplaba ya que se había cansado de tanto moverse. Antes de que pudiera decir nada, Guy dio la orden y los ochenta caballeros del Duque se pusieron en acción. El cuartel fue tomado. Capturaron a los hombres del ejército que habían sido leales a Unmar y les quitaron las armas así como a Tireban. Cuatro hombres murieron. Los cuatro clérigos que se encontraban entre ellos. Pero pronto llegarían más.

Guy miró a Nin y a Raen, que eran sus dos capitanes en ese momento —Esto ha cambiado un poco las cosas. Es tiempo de organizarnos —Luego montó en su caballo y se dirigió a sus hombres que estaban ahora formados ante ella—. Soldados de Fenor. La paz de nuestro reino se pagará una vez más con nuestra sangre. Pero es un precio bajo por defenderla. El hombre que se dice santo los juzga y mata sin piedad. Y tomará lo que es de ustedes sin pensarlo, si lo desea. Él les ofrece una sola opción, ser sus esclavos. Mi rey no les dijo a cual dios debían rezar. Ni que lengua debían hablar. Mi rey no les exigió que peleasen por él. Ustedes han decidido esto por su propia voluntad. Y de haberse negado no los habría perseguido. Mi rey ha respetado los tratados y a sus tierras. Y ha portado una espada en batalla y ha derramado su sangre por su reino tanto como les pide a ustedes que lo hagan. Les pido por eso que recuerden ahora que mi rey es su rey. Que jamás se ha olvidado de ustedes. Y soy la prueba de eso. Estoy aquí y daré hasta la última gota de sangre por Koria, por Fenor, por mis tierras y por mi libertad y la suya. Por esto deseo saber antes de continuar, ¿Quiénes de ustedes no se unirán a mí en esta batalla? Les garantizo que si no desean hacerlo serán tratados con justicia. No mataré o perseguiré por deserción a ninguno de ustedes si no desean pelear. —Guy avanzó con su caballo entre las filas de hombres vestidos de celeste y gris. Todos estaban armados ahora incluso los que apenas habían recibido entrenamiento. Raen más alejado y acompañado por varios caballeros entre ellos los que habían llegado a Kirun desde la fortaleza de Fenor, iba trayendo los caballos para los soldados. El tiempo valía oro. —¿Tú te unirás a mi? —preguntó Guy a un soldado que había elegido al azar—. Y tú ¿Qué harás? —De los casi setecientos hombres de Guy solo un poco más de treinta se retiraron de las filas dejando sus armas—. ¿Y tú Tireban? ¿Qué deseas hacer quedarte aquí a morir en manos de los clérigos acaso?
—Yo me quedaré aquí, repugnante perra demoníaca. He estado con Guipac desde el principio.
—Y alguno de ustedes caballeros… —Insinuó Guy a los hombres del cuartel. Muchos de ellos habían tenido a Texu como compañera y no les gustaba cual sería su destino. Quizás por convicción quizás por conveniencia, a Guy no le importaba, muchos de ellos se unieron a las tropas incluso más de los que habían desertado. Cuando todos estuvieron nuevamente formados empezaron a subirse a sus caballos por órdenes de los capitanes. —Ahora que sé a quienes hablo voy a prometerles que traeré paz a Kirun nuevamente o moriré en el intento. Si Guipac triunfa, Kirun solo será lo primero que tomará, seguirá Tulis y Minbou y todo lo que se encuentre en el medio. Si ustedes tienen algo que defender aquí háganlo junto a mí, hoy, ahora. —Y todos los soldados gritaron el nombre de la mata dragones.
           
            En pocos minutos todos habían tomado su equipo y se encontraban ahora montados en sus caballos. Hasta Vicay se encontraban sobre uno. Escaparían de ahí como sea.  
Nin gritó —Iremos ahora por la puerta de la ciudad. Y después por la torre vigía de Fruel, soldados.
Guy se acercó al hombre —Ustedes tomen la puerta y espérennos cuanto puedan. Yo iré a rescatar a Texu. No voy a dejarla aquí.
—En esta circunstancia Mayor, yo creo que Texu entendería…
Guy sabía que Nin no hablaba por cobardía, lo que ella se proponía era entrar a la boca del lobo. Y no quería verla muerta a ella también. —Haz lo que te he dicho Nin. Me uniré a ustedes en cuanto pueda —Luego gritó a las tropas—. Antes de dejar la ciudad, hay alguien a quien le debo el ir a buscarle. Pienso rescatar a Texu y cualquiera que deseé acompañarme será bien recibido aunque viajará a una muerte casi segura, más yo iré sola si es que ninguno desea acompañarme —Pero no iría sola. Raen la acompañaría y si Guy no  le hubiera ordenado lo contrario posiblemente también Nin. Los más de veinte hombres al servicio de la jefa de la guardia que antes habían peleado en el puente se ofrecieron a acompañarla. Así como los cinco soldados que habían venidos desde Fenor que todavía quedaban con vida y el bardo, Ilko. Guy no discutió ni preguntó por la presencia o ausencia de ninguno. Solo agregó—. Estaremos en la puerta de la ciudad de vuelta con Texu y Riorojo. Aseguren nuestra salida.
En ese mismo momento desde arriba de la muralla de la ciudad y desde el interior de la misma se escucharon los gritos de los hombres —“Los rebeldes. Los rebeldes están aquí.”

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