domingo, 22 de marzo de 2020

15 - Idilkó


Idilkó, territorio de Kirun, provincia de Koria.
Día 07 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.

         Ilko narró lo que había desencadenado que ellos se aventurasen en la montaña en busca de la ciudad de Breadan. Esta vez no exageró su historia y eso fue lo que le resultó más difícil. Habían sido llevados hasta una cueva para protegerse del frio. El líder de los bridicos se había presentado como Cillydan. Él escuchó pacientemente la historia. Jamás les pidió que se desarmasen aunque era obvio que eran superados absurdamente en número. Por otro lado la gema de Kirun era respetada, de manera suficiente como para que no se atrevieran a atacar a quien la llevase.
—Dijo usted más temprano que sabía de quien era mi espada y luego me mostró la suya. Usted sabía que era la espada de Breadan. ¿Cómo es que tiene usted una espada igual?
—Desciendo de Zuñar primo de Breadan y hermano de armas del mismo. Él también estaba aquí cuando el rio se congeló y dejó atrapado a los hombres de Breadan en Idilkó. Que es el verdadero nombre de la ciudad de Breadan, como ustedes la llaman. El hombre que nombras, Andoo, no sé quién es, pero te aseguro que no está relacionado a mí. Breadan y los tres hijos de Zureman poseían las mismas espadas.
—Si tú eres el verdadero heredero del reino de Koria, ¿Por qué no reclamas lo que es tuyo? —preguntó Texu.
—El reino de Koria no es mío sino de ustedes. No tengo deseos de reclamar nada. Y aun si los tuviese no puedo escapar de aquí.
—El firn ya ha sido derrotado. —dijo Ilko solemnemente.
—El firn, no es el problema. Cuando las puertas de Idilkó se congelaron la ciudad ya estaba poblada en parte. Pues al llegar Breadan muchos hombres y mujeres se habían instalado ya. Parte de ellos no se encontraba dentro de la ciudad y fueron testigos de lo que sucedió. Entre ellos mi antepasado, Zuñar Dulis. Él juró que ninguno de los hombres que habían acompañado a Breadan en sus campañas lo dejaría solo o a los que habían sido atrapados. Así también juraron los hijos de aquellos que estaban con él. Incluso las mujeres que los acompañaban. Pues tal era la lealtad que sentían por Breadan. Pero nunca nadie fue capaz de liberar a Breadan o capaz de abrir nuevamente las puertas de la ciudad. Las generaciones pasaron y el número de hombres aquí no descendió. Nos hemos seguido entrenando como guerreros. Pero no hemos luchado guerra alguna. Solo hemos esperado. Atrapados aquí por la promesa de nuestros antepasados. Pero no ha sido una mala vida tampoco. Este es nuestro reino ahora. Estas son mis tierras. Las hemos defendido de quienes quisieron adentrarse en ellas. Son muchos más los que se unieron a nuestras tropas. Viajeros, exploradores muchos llegaron y se quedaron. Así también supimos sobre lo que sucedía afuera. Estamos en paz aquí, no deseamos ser molestados. Ustedes son libres de unírsenos, mas no los dejaremos escapar de aquí.
—¿Somos sus prisioneros entonces? —preguntó Guy.
—No es como yo lo veo. —contestó Cillydan.
—Pues así lo veo yo. —dijo la mujer.
Cillydan sonrió —Los superamos dos mil a uno. No saldrían de aquí jamás. Pero si desean quedarse encontraran más paz de la que piensan. Existe un motivo por el cual hacemos lo que hacemos y es por que preferimos las historias de miedo que difunden los bardos como él a las matanzas innecesarias buscando gloria o territorios. Si le temen a estas tierras no nos hará falta defendernos y masacrar a nadie. Hace años que nadie llegaba aquí. Y entiendo lo desesperada de su situación. Pero lo único que podemos hacer por ustedes es llevarlos hasta las puertas de Idilkó. Pueden probar suerte allí si lo desean.
—A eso hemos venido —dijo Guy—. Si fracasamos seremos unos más de ustedes —Y luego agregó por lo bajo—. O moriremos enfrentándolos.

            Cíllydan acompañado por varios de sus hombres escoltaron a Guy, Texu e Ilko hasta llegar a las puertas de Idilkó. Vieron la ciudad perdida desde afuera. Al sur estaba la bajada del rio que se había congelado y que salía de dentro de la ciudad. Al este estaba la entrada principal. Al oeste la cordillera y al Norte el océano. La entrada a la ciudad estaba cubierta de hielo que alcanzaba todo, incluso subía por encima de las murallas la altura de varios hombres. Frente al muro de hielo Ilko repitió lo que había hecho antes con el mismo resultado. No derribarían este muro así tampoco. Y la gema de Kirun tampoco resultó.
Texu maldijo de todas las formas que conocía —¿Es que acaso hemos venido hasta aquí para nada?
Cillydan, que era un hombre calmado, preguntó —¿El rio te dijo que debías hacer esto? ¿Te dijo como debías hacerlo?
—No —contestó el bardo—. Me dijo que debía liberar al alma de Breadan y a la de sus hombres que estaban aquí atrapados por el frio hielo de las murallas.
—Entonces ha sido idea de ustedes que creyeron ser capaces de derribar al hielo desde afuera de la ciudad el golpear el muro con la espada.
—¿Tiene usted otra idea, Cillydan rey de Idilkó? —preguntó Guy.
—Sí. Si la tengo. ¿Han considerado intentar abrir las puertas desde adentro?
—Si fuésemos capaces de entrar ¿para que necesitaríamos abrir las puertas? ¿No estarían acaso abiertas?
—En todo el tiempo que estuvimos aquí hemos averiguado mucho sobre la ciudad y sobre lo que pasa dentro de ella. Existe otra entrada además de esta. Al norte desde el océano donde están las rompientes esta el muelle de Idilkó. Podemos subir por allí y llegar hasta la ciudad. El alma de Breadan y la de sus guerreros no están atrapadas aquí porque no exista otra salida que la del este. Cuando fuimos capaces de abrir la salida del norte nada pasó. De hecho los hombres que entraron a la ciudad jamás regresaron. Algo sucede allí que esta mas allá de nuestra comprensión. Con el tiempo aprendimos que estaba por fuera de nuestro alcance el liberar a Breadan.
—Llévennos hasta donde está la entrada del Norte —Exigió Guy con autoridad—. Debo preguntarles algo antes.
—Lo que desees Mayor del ejército real de Fenor. —contestó cortésmente Cillydan.
—¿Qué sucedería si nosotros liberásemos al alma de Breadan y a sus antepasados con él?
—Nos liberarían también a nosotros. Ya que nuestra promesa nos obligó a permanecer aquí como guardianes esperando a ese momento.
—¿Estarían dispuestos entonces a marchar conmigo a Kirun?
—Sí. Más allá de nuestra promesa nosotros fuimos alguna vez los defensores de Koria y regresaríamos con gusto y honor a nuestra misión —El hombre sonrió—. ¿He contestado a tus preguntas Mayor?
—Ha hecho más que eso Cillydan —Guy sonrió con fuego en sus ojos—. Me ha dado un motivo más para quitar el hielo de las murallas. Llévenos ahora hasta donde nos has dicho.

            Les tomó el resto del día llegar hasta el puerto en las rompientes del norte. Un camino los llevaba directamente ahí. En tiempos de guerra les habría resultado imposible llegar hasta allí. Ya que viajaba por entre las rocas y desde arriba podrían ser atacados con facilidad. También pasaron por varias puertas altas como ocho hombres que estaban tan destruidas como la espada de Ilko. Vieron el gran mar del Norte, Itgren har. Y acamparon a descansar allí dentro del muelle de Idilkó. El muelle entero había sido tallado en la roca misma de la montaña y un túnel los llevaría hasta la ciudad. En el muelle estaban las naves y los trirremes que utilizaban los marinos de Cillydan para cazar ballenas jorobadas, que era su principal fuente de alimento. El túnel había sido amurallado para que nadie pasase. Lo derribarían al día siguiente. Recuperarían fuerzas antes de seguir con su aventura. Texu no recordó haber pasado una noche más fría. Al alba, Cillydan los despertó. Sus hombres habían estado trabajando y ya nada obstruía le entrada a la ciudad.
—No sé qué los espera del otro lado. Pero tienen nuestra promesa de que los seguiremos si son capaces de salir de allí con éxito. Más no deseo que mueran. Y tengo fe y esperanzas en que ustedes tres podrán liberar a Breadan. En mil años son los únicos que han llegado hasta aquí armados con la espada de Breadan y con la gema de Kirun. Tengo fe porque sé que si ustedes no lo consiguen nadie lo hará —Luego, antes de que montaran, Cillydan bendijo, dibujando con sus manos el signo del sol, a los tres que entrarían a Idilkó.  Texu cerró los ojos para recibir la bendición—. No es el destino ni el de mis hombres liberar a Breadan de allí. Pero sé que más de un dios los ha enviado aquí a cumplir con esa misión.

            Montaron en sus caballos y se adentraron en la ciudad de Idilkó. Cruzaron el túnel alumbrados por la llama de Kirun. Y una vez que llegaron a la plaza principal observaron a su alrededor con sus armas empuñadas. Pero la ciudad estaba desierta, como era de esperarse. Aun así no se confiaron. La plaza central era enorme. Podían ver la entrada del este sepultada por el hielo. Y en el centro de la plaza estaba una fuente rectangular que medía cerca de cuarenta pasos de ancho por ochenta de largo.  El agua de la fuente estaba completamente congelada. Los arquitectos de la ciudad habían canalizado el trayecto del rio que venía del deshielo más arriba en la cumbre para que brotase por ahí. Y se sumergía nuevamente por debajo de la ciudad hasta salir por debajo de la pared del sur. Guy se maravilló de lo grandiosa que había sido la visión de los arquitectos de Idilkó casi mil años atrás. Y entonces la silenciosa ciudad cantó su canción. Se escuchó el tintineo de las placas de metal de las armaduras golpear unas sobre otras. El ruido de los escudos ser arrastrado por el piso. De las cadenas subir y bajar por poleas. Pero nada podía verse.
—Atrás tuyo.—gritó Texu a Guy, quien volteó velozmente. Un guerrero que cargaba una espada estaba a sus espaldas dispuesto a atacarla. La mujer hizo girar su caballo y embistió con su lanza. Le destruyó la armadura y el guerrero cayó al suelo.
Guy agregó —No pasa nada. Mueren fácil. —No pudo terminar de decirlo que vio como el guerrero volvía a levantarse. Y comprendió que el cuerpo del mismo estaba hecho de polvo y aire lo único realmente solido eran sus armas y armadura. Y no estaba solo, muchos otros igual estaban ahora tras ellos. No avanzaban rápidamente parecían cansados.
—Son los guerreros de Breadan. —dijo el bardo— ¿Por qué nos atacan?
Texu arrojó uno más al suelo —No sé, pero no piensan detenerse. Es por esto que los hombres de Cillydan jamás regresaron.
—¿No eran los guerreros de Breadan los mejores de Koria? —preguntó Guy.
—Si, eso dicen. —contestó Texu mientras se defendía de otro que había llegado hasta donde estaba ella. Con su espada curva intentó cortarle el brazo al guerrero fantasma pero la espada simplemente atravesó el aire. Texu apenas consiguió esquivar el golpe del guerrero. Luego pateó el yelmo que llevaba equipado el fantasma y este retrocedió. —Estas almas en pena no son capaces de hacernos daños por ellas mismas. Necesitan sus armas para eso. Olvídense de atacar su cuerpo no les harán daño. Destruyan sus armas y acaben con sus armaduras.
Guy golpeaba a los fantasmas tratando de desarmarlos. Pero empezaban a ser demasiados. Y habían conseguido rodearla junto a Ilko. El bardo se defendía como podía, cuando su espada alcanzó a uno de los fantasmas. Algo diferente sucedió entonces. El guerrero que había muerto congelado en el glaciar del rio regresó al polvo y allí mismo quedaron su espada y equipo.
Guy gritó —Están aquí para proteger la ciudad pero todavía reconocen la espada de su líder. No volverán si son alcanzados por ella —Luego miró al bardo—. Yo los desarmo. Tú acaba con ellos. –Ilko asintió con la cabeza.
La espada de Guy golpeaba y luego llegaba su lanza que destruía a las viejas armaduras. El bardo la seguía golpeando con su espada oxidada y regresándolos al polvo. La espada de Breadan brillaba cada vez más con cada alma liberada. Texu cabalgó cerca de los muros interiores y consiguió robarle de las manos a uno de los fantasmas una pesada maza. Las paredes centenarias casi se derrumbaban solas. Los tres iban a caballo lo que les permitía más movilidad sobre los guerreros a pie. Cinco perseguían a Texu que los acercó hasta la muralla y cuando los tuvo cerca golpeó la misma con su maza. La muralla se derrumbó sobre los fantasmas. Texu pasó por sobre los escombros montada en su caballo. Miró a sus espaldas como los cuerpos de los muertos atravesaban las rocas. Pero sus armas habían quedado debajo. Llamó la atención del bardo silbando y él llegó a acabar con ellos como le había indicado Guy. Uno a uno los guerreros fueron cayendo y siendo alcanzados por la espada de la justicia. Pero los guerreros estaban aun más allá de poder ser contados. Y finalmente los rodearon por completo. Fueron retrocediendo hasta llegar al centro de la plaza. Los primeros rayos del sol todavía no terminaban de alumbrar del todo al suelo de Idilkó. Los fantasmas se detuvieron entonces. Y el último de los caballeros fantasmas hizo su aparición. Montado en un caballo de huesos cabalgó sobre la fuente congelada. Luego hizo girar a su montura hacia atrás y regresó. El caballero fantasma se paseaba por la ciudad observando a sus hombres y los de Guy. Llevaba una armadura completa y pesada. Cargaba un escudo y una lanza. Su caballo tan fantasmagórico como él también estaba protegido por una armadura. Breadan defendía Idilkó de los invasores una vez más. Texu no fue capaz de seguir luchando. Breadan era el héroe máximo de Koria. Hacia días había acabado con el templo del sol y no era capaz de levantar sus armas contra el hombre que representaba todo el honor de Koria.
Guy miró a la mujer y comprendió que no se movería así que ella atacó al caballero fantasma. Breadan no estaba acostumbrado a ser atacado. Aun cuando la sangre todavía corría por sus venas, siempre había sido él quien atacaba primero. Pero Guy de Montevid era indetenible. La lanza de la mujer se encontró con el escudo del héroe de Koria. Ella siguió de largo con su caballo y luego lo hizo girar desenfundó nuevamente su espada y atacó. Otra vez el escudo de Breadan no le permitía hacer blanco. Guy pudo alejarse y se preparó para volver a atacar nuevamente. Breadan la estaría esperando esta vez. Esto era una justa. Guy guardó su espada y quitó el escudo que llevaba en su montura. Cabalgaron a toda la velocidad que les permitían sus monturas buscando con sus lanzas el cuerpo de su enemigo. Pero Breadan era el jinete celeste. El enviado del sol. Y había luchado en más guerras, y había vencido en más justas de las que Guy jamás había participado. El caballero fantasma cambió la dirección del golpe de la mujer valiéndose de su escudo. Y alcanzó a Guy en un costado de su cuerpo atravesando primero el escudo y luego la armadura de dragón. Que fue capaz de contener lo suficiente el golpe como para evitar que fuese una herida mortal. La Mayor cayó al suelo. Con su brazo izquierdo dislocado por el impacto y su herida en un costado no sería capaz de pelear de igual manera contra el héroe de Koria. Antes de que Breadan tuviera tiempo para reaccionar Ilko se lanzó sobre él. Aprovechando su única oportunidad. Ya que él no sería capaz jamás de enfrentar como un igual al caballero fantasma. La espada de la justicia se clavó en el costado del muerto atravesando su armadura. El bardo había quedado al alcance de sus brazos. Breadan miró por sobre su hombro a Ilko. Soltó su lanza y golpeó con su mano en el pecho al hombre que salió despedido de su montura y cayó sin aire a los pies de Texu. La mujer que todavía montaba su caballo salió de su trance. El bardo estaba desarmado y Guy la mata dragones gravemente herida. A Breadan no le costaría nada acabar con ellos. Texu contempló al héroe de Koria mientras se quitaba la espada del costado. La espada mágica perdió por completo su herrumbre y se regeneró en las manos del fantasma.
Guy se arrastraba por el suelo buscando su lanza. Y antes de que Breadan llegase a ella se la arrojó a Texu gritando —El arma del bardo es solo para sus manos. La mía no.
Texu la tomó en el aire y no titubeó. Dejó el báculo con la gema de Kirun en manos de Ilko y antes de que el muerto pudiera hacer más daño a Guy, se lanzó sobre él cargando la lanza de la mata dragones. La punta del arma se incrustó en el hombro del fantasma. Y Breadan quedó inmovilizado por un instante. Lagrimas caían por las mejillas de la mujer de cabellos rubio pálido —Dime, maldito muerto milenario, ¿Por qué cada cosa que defiendo se vuelve contra mí? Si tú eres el enviado del sol y yo una mujer maldita por él —Texu secó una de sus mejillas con su guante y luego extrajo con violencia la lanza—. Dime ¿por qué entonces voy a acabar contigo y con tu estúpido caballo que camina sobre el agua? —Breadan levantó su espada para atacar a Texu pero la mujer golpeó con su lanza al caballo del muerto. El animal cambió su dirección y el guerrero no fue capaz de llegar a Texu. Ella en cambio tuvo su espalda a su alcance. Con todo su odio atacó nuevamente con la lanza. Breadan soltó su escudo. Luego ella desenfundo su espada curva una vez más. El guerrero recuperó el control de su caballo y giró para alcanzarla con su espada. Pero Texu detuvo el golpe. Ella tenía ventaja ahora porque le estaba atacando con dos armas.—. ¿Es que tu soberbia no te permite detenerte? Nosotros somos los defensores de Kirun ahora —Texu atacó al fantasma nuevamente con su lanza—. ¿Me has escuchado? ¿Acaso no me responderás? —Texu seguía golpeándolo. La armadura completa del caballero fantasma se iba arruinando con cada golpe. Su espada alcanzó el brazo derecho del caballero y la espada cayó al suelo. Texu enfundó su espada e hizo retroceder a su caballo. Guió a su animal para que se parase sobre sus patas traseras y erguido relincho para después golpear con sus patas delanteras al héroe de Koria. Breadan cayó vencido al suelo. Texu deseaba terminar con esto y clavó la lanza de Guy en el pecho del muerto. Su armadura terminó de destruirse. Hacia frio esa mañana como ninguna otra mañana de invierno en Kirun. Y Texu había derrotado al más grande de los héroes de su reino.
Atravesado por la lanza de Guy Breadan dijo sus primeras palabras en mil años —Devuélveme a Kirun.
Ilko que había recuperado el aire se levantó del piso sosteniéndose con el báculo que llevaba la gema de Kirun. Ya no estaban siendo atacados. Texu quitó la lanza del pecho del muerto que no parecía haber recibido daño alguno. Solo su armadura había resultado dañada. El bardo se acercó hasta el fantasma y le dijo —El dios del rio muerto me dijo que esta ciudad que llamas Idilkó, seria iluminada por las llamas del sol y que por eso estaría a salvo del frio de aquí. Pero eso nunca sucedió. Te hemos traído las llamas de Kirun. Idilko puede ahora convertirse en lo que estaba destinada a ser. El hielo se retirará de aquí. El rio volverá a su cauce y tú y tus hombres podrán descansar. Kirun protege ahora esta ciudad. Y por esto los hijos de tus hombres podrán proteger a Kirun en el momento en que más los necesitan. —Luego el bardo entregó el báculo a Breadan.
—Que así sea. —dijo Breadan y tomó el báculo. Caminó sobre el rio congelado hasta cruzar la plaza. Luego sostuvo el báculo sobre el borde de la fuente. Y la llama de Kirun llegó hasta ella. El fuego que ardía en la gema se apagó. Y las llamas eternas de Kirun comenzaron a crecer y a multiplicarse. Pronto se esparció lo suficiente como para rodear toda la ciudad. El hielo que cubría todo se derritió poco a poco. El calor aumentó pero la temperatura no resultaba insoportable. Aun así el glaciar que rodeaba a la ciudad desaparecía. La fuente de la plaza central se iluminó. Un rayo de luz salió de ella hasta unirse con el cielo. Y los soldados que acompañaban a Breadan fueron subiendo por él hasta que no quedó ninguno. Solo quedó Breadan sosteniendo el báculo. El agua corría a los pies de los vivos. La tierra antes sepultada en nieve y hielo reapareció. Ilko levantó la espada de la justicia. Y Texu ayudó a Guy a incorporarse —Usa esa espada con sabiduría bardo de Tulis, es tuya ahora —dijo Breadan al bardo— Eres valiente mata dragones. No has vencido en esta justa pero has liberado a la ciudad que amo. Y lo harás una vez más. Y tú Texu. Yo soy el enviado del sol y puedo asegurarte que no estás maldita por él. El dios del rio a quien vencí en una ocasión tuvo su oportunidad de probar suerte conmigo una vez más y me derrotó. Estoy a mano con él. Pero jamás tendré otra chance de enfrentarme a ti. Eres la campeona de estas tierras. Idilkó es de ustedes ahora. Y espero que sean capaces de defenderla aun después de su muerte. Como he hecho yo. —Breadan no dijo nada más y soltando el báculo se dejó llevar por la columna de fuego y luz que subía hasta el cielo. La figura de una mujer se unió a él mientras desaparecían en lo alto.

            Las puertas de Idilkó se abrieron después de cientos de años. Detrás de ellas estaba el ejército de Cillydan y las mujeres, niños y ancianos que lo acompañaban. Habían visto todo y festejaban. No solo Breadan y sus hombres eran libres, también ellos lo eran.
Guy caminaba ayudada por Texu —Has un surco en el suelo donde está la tierra. Ilko —Indicó Guy al bardo. El hombre obedeció mientras Guy se acercaba a su caballo para meter la mano en sus alforjas. Tomo las olivas que le habían regalado y las arrojó al surco. Nadie preguntó cuál era el significado de esto.
Ilko observó su espada, podía verse algo de la hoja bajo la herrumbre pero no estaba intacta como la había convertido Breadan cuando la había sostenido –No entiendo. ¿Por qué ha vuelto a estar oxidada? Ya cumplí con mi promesa.
Cillydan apoyó su mano en el hombro del bardo y sonriendo contestó –Porque tú aventura recién comienza héroe de Tulis. Y porque la espada necesita una vida de justicia para brillar como debe hacerlo.

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