Idilkó,
territorio de Kirun, provincia de Koria.
Día 07
del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.
Ilko narró lo que había
desencadenado que ellos se aventurasen en la montaña en busca de la ciudad de
Breadan. Esta vez no exageró su historia y eso fue lo que le resultó más difícil.
Habían sido llevados hasta una cueva para protegerse del frio. El líder de los
bridicos se había presentado como Cillydan. Él escuchó pacientemente la
historia. Jamás les pidió que se desarmasen aunque era obvio que eran superados
absurdamente en número. Por otro lado la gema de Kirun era respetada, de manera
suficiente como para que no se atrevieran a atacar a quien la llevase.
—Dijo usted más
temprano que sabía de quien era mi espada y luego me mostró la suya. Usted sabía
que era la espada de Breadan. ¿Cómo es que tiene usted una espada igual?
—Desciendo de Zuñar
primo de Breadan y hermano de armas del mismo. Él también estaba aquí cuando el
rio se congeló y dejó atrapado a los hombres de Breadan en Idilkó. Que es el
verdadero nombre de la ciudad de Breadan, como ustedes la llaman. El hombre que
nombras, Andoo, no sé quién es, pero te aseguro que no está relacionado a mí. Breadan
y los tres hijos de Zureman poseían las mismas espadas.
—Si tú eres el
verdadero heredero del reino de Koria, ¿Por qué no reclamas lo que es tuyo? —preguntó
Texu.
—El reino de
Koria no es mío sino de ustedes. No tengo deseos de reclamar nada. Y aun si los
tuviese no puedo escapar de aquí.
—El firn ya ha
sido derrotado. —dijo Ilko solemnemente.
—El firn, no es
el problema. Cuando las puertas de Idilkó se congelaron la ciudad ya estaba
poblada en parte. Pues al llegar Breadan muchos hombres y mujeres se habían
instalado ya. Parte de ellos no se encontraba dentro de la ciudad y fueron
testigos de lo que sucedió. Entre ellos mi antepasado, Zuñar Dulis. Él juró que
ninguno de los hombres que habían acompañado a Breadan en sus campañas lo
dejaría solo o a los que habían sido atrapados. Así también juraron los hijos
de aquellos que estaban con él. Incluso las mujeres que los acompañaban. Pues
tal era la lealtad que sentían por Breadan. Pero nunca nadie fue capaz de
liberar a Breadan o capaz de abrir nuevamente las puertas de la ciudad. Las
generaciones pasaron y el número de hombres aquí no descendió. Nos hemos seguido
entrenando como guerreros. Pero no hemos luchado guerra alguna. Solo hemos
esperado. Atrapados aquí por la promesa de nuestros antepasados. Pero no ha
sido una mala vida tampoco. Este es nuestro reino ahora. Estas son mis tierras.
Las hemos defendido de quienes quisieron adentrarse en ellas. Son muchos más
los que se unieron a nuestras tropas. Viajeros, exploradores muchos llegaron y
se quedaron. Así también supimos sobre lo que sucedía afuera. Estamos en paz
aquí, no deseamos ser molestados. Ustedes son libres de unírsenos, mas no los
dejaremos escapar de aquí.
—¿Somos sus
prisioneros entonces? —preguntó Guy.
—No es como yo
lo veo. —contestó Cillydan.
—Pues así lo
veo yo. —dijo la mujer.
Cillydan sonrió
—Los superamos dos mil a uno. No saldrían de aquí jamás. Pero si desean
quedarse encontraran más paz de la que piensan. Existe un motivo por el cual
hacemos lo que hacemos y es por que preferimos las historias de miedo que
difunden los bardos como él a las matanzas innecesarias buscando gloria o
territorios. Si le temen a estas tierras no nos hará falta defendernos y
masacrar a nadie. Hace años que nadie llegaba aquí. Y entiendo lo desesperada
de su situación. Pero lo único que podemos hacer por ustedes es llevarlos hasta
las puertas de Idilkó. Pueden probar suerte allí si lo desean.
—A eso hemos
venido —dijo Guy—. Si fracasamos seremos unos más de ustedes —Y luego agregó
por lo bajo—. O moriremos enfrentándolos.
Cíllydan
acompañado por varios de sus hombres escoltaron a Guy, Texu e Ilko hasta llegar
a las puertas de Idilkó. Vieron la ciudad perdida desde afuera. Al sur estaba
la bajada del rio que se había congelado y que salía de dentro de la ciudad. Al
este estaba la entrada principal. Al oeste la cordillera y al Norte el océano.
La entrada a la ciudad estaba cubierta de hielo que alcanzaba todo, incluso subía
por encima de las murallas la altura de varios hombres. Frente al muro de hielo
Ilko repitió lo que había hecho antes con el mismo resultado. No derribarían
este muro así tampoco. Y la gema de Kirun tampoco resultó.
Texu maldijo de
todas las formas que conocía —¿Es que acaso hemos venido hasta aquí para nada?
Cillydan, que
era un hombre calmado, preguntó —¿El rio te dijo que debías hacer esto? ¿Te
dijo como debías hacerlo?
—No —contestó
el bardo—. Me dijo que debía liberar al alma de Breadan y a la de sus hombres
que estaban aquí atrapados por el frio hielo de las murallas.
—Entonces ha
sido idea de ustedes que creyeron ser capaces de derribar al hielo desde afuera
de la ciudad el golpear el muro con la espada.
—¿Tiene usted
otra idea, Cillydan rey de Idilkó? —preguntó Guy.
—Sí. Si la
tengo. ¿Han considerado intentar abrir las puertas desde adentro?
—Si fuésemos
capaces de entrar ¿para que necesitaríamos abrir las puertas? ¿No estarían
acaso abiertas?
—En todo el
tiempo que estuvimos aquí hemos averiguado mucho sobre la ciudad y sobre lo que
pasa dentro de ella. Existe otra entrada además de esta. Al norte desde el
océano donde están las rompientes esta el muelle de Idilkó. Podemos subir por
allí y llegar hasta la ciudad. El alma de Breadan y la de sus guerreros no están
atrapadas aquí porque no exista otra salida que la del este. Cuando fuimos
capaces de abrir la salida del norte nada pasó. De hecho los hombres que
entraron a la ciudad jamás regresaron. Algo sucede allí que esta mas allá de
nuestra comprensión. Con el tiempo aprendimos que estaba por fuera de nuestro
alcance el liberar a Breadan.
—Llévennos
hasta donde está la entrada del Norte —Exigió Guy con autoridad—. Debo
preguntarles algo antes.
—Lo que desees
Mayor del ejército real de Fenor. —contestó cortésmente Cillydan.
—¿Qué
sucedería si nosotros liberásemos al alma de Breadan y a sus antepasados con él?
—Nos
liberarían también a nosotros. Ya que nuestra promesa nos obligó a permanecer
aquí como guardianes esperando a ese momento.
—¿Estarían
dispuestos entonces a marchar conmigo a Kirun?
—Sí. Más allá
de nuestra promesa nosotros fuimos alguna vez los defensores de Koria y
regresaríamos con gusto y honor a nuestra misión —El hombre sonrió—. ¿He
contestado a tus preguntas Mayor?
—Ha hecho más
que eso Cillydan —Guy sonrió con fuego en sus ojos—. Me ha dado un motivo más
para quitar el hielo de las murallas. Llévenos ahora hasta donde nos has dicho.
Les
tomó el resto del día llegar hasta el puerto en las rompientes del norte. Un
camino los llevaba directamente ahí. En tiempos de guerra les habría resultado
imposible llegar hasta allí. Ya que viajaba por entre las rocas y desde arriba
podrían ser atacados con facilidad. También pasaron por varias puertas altas
como ocho hombres que estaban tan destruidas como la espada de Ilko. Vieron el
gran mar del Norte, Itgren har. Y acamparon a descansar allí dentro del muelle
de Idilkó. El muelle entero había sido tallado en la roca misma de la montaña y
un túnel los llevaría hasta la ciudad. En el muelle estaban las naves y los
trirremes que utilizaban los marinos de Cillydan para cazar ballenas jorobadas,
que era su principal fuente de alimento. El túnel había sido amurallado para
que nadie pasase. Lo derribarían al día siguiente. Recuperarían fuerzas antes
de seguir con su aventura. Texu no recordó haber pasado una noche más fría. Al
alba, Cillydan los despertó. Sus hombres habían estado trabajando y ya nada
obstruía le entrada a la ciudad.
—No sé qué los
espera del otro lado. Pero tienen nuestra promesa de que los seguiremos si son
capaces de salir de allí con éxito. Más no deseo que mueran. Y tengo fe y
esperanzas en que ustedes tres podrán liberar a Breadan. En mil años son los
únicos que han llegado hasta aquí armados con la espada de Breadan y con la
gema de Kirun. Tengo fe porque sé que si ustedes no lo consiguen nadie lo hará —Luego,
antes de que montaran, Cillydan bendijo, dibujando con sus manos el signo del
sol, a los tres que entrarían a Idilkó. Texu
cerró los ojos para recibir la bendición—. No es el destino ni el de mis
hombres liberar a Breadan de allí. Pero sé que más de un dios los ha enviado
aquí a cumplir con esa misión.
Montaron
en sus caballos y se adentraron en la ciudad de Idilkó. Cruzaron el túnel
alumbrados por la llama de Kirun. Y una vez que llegaron a la plaza principal observaron
a su alrededor con sus armas empuñadas. Pero la ciudad estaba desierta, como
era de esperarse. Aun así no se confiaron. La plaza central era enorme. Podían
ver la entrada del este sepultada por el hielo. Y en el centro de la plaza
estaba una fuente rectangular que medía cerca de cuarenta pasos de ancho por ochenta
de largo. El agua de la fuente estaba
completamente congelada. Los arquitectos de la ciudad habían canalizado el
trayecto del rio que venía del deshielo más arriba en la cumbre para que
brotase por ahí. Y se sumergía nuevamente por debajo de la ciudad hasta salir
por debajo de la pared del sur. Guy se maravilló de lo grandiosa que había sido
la visión de los arquitectos de Idilkó casi mil años atrás. Y entonces la
silenciosa ciudad cantó su canción. Se escuchó el tintineo de las placas de
metal de las armaduras golpear unas sobre otras. El ruido de los escudos ser
arrastrado por el piso. De las cadenas subir y bajar por poleas. Pero nada
podía verse.
—Atrás tuyo.—gritó
Texu a Guy, quien volteó velozmente. Un guerrero que cargaba una espada estaba
a sus espaldas dispuesto a atacarla. La mujer hizo girar su caballo y embistió
con su lanza. Le destruyó la armadura y el guerrero cayó al suelo.
Guy agregó —No
pasa nada. Mueren fácil. —No pudo terminar de decirlo que vio como el guerrero volvía
a levantarse. Y comprendió que el cuerpo del mismo estaba hecho de polvo y aire
lo único realmente solido eran sus armas y armadura. Y no estaba solo, muchos
otros igual estaban ahora tras ellos. No avanzaban rápidamente parecían
cansados.
—Son los
guerreros de Breadan. —dijo el bardo— ¿Por qué nos atacan?
Texu arrojó uno más al suelo —No sé,
pero no piensan detenerse. Es por esto que los hombres de Cillydan jamás
regresaron.
—¿No eran los
guerreros de Breadan los mejores de Koria? —preguntó Guy.
—Si, eso
dicen. —contestó Texu mientras se defendía de otro que había llegado hasta
donde estaba ella. Con su espada curva intentó cortarle el brazo al guerrero
fantasma pero la espada simplemente atravesó el aire. Texu apenas consiguió
esquivar el golpe del guerrero. Luego pateó el yelmo que llevaba equipado el
fantasma y este retrocedió. —Estas almas en pena no son capaces de hacernos
daños por ellas mismas. Necesitan sus armas para eso. Olvídense de atacar su
cuerpo no les harán daño. Destruyan sus armas y acaben con sus armaduras.
Guy golpeaba a
los fantasmas tratando de desarmarlos. Pero empezaban a ser demasiados. Y
habían conseguido rodearla junto a Ilko. El bardo se defendía como podía,
cuando su espada alcanzó a uno de los fantasmas. Algo diferente sucedió
entonces. El guerrero que había muerto congelado en el glaciar del rio regresó
al polvo y allí mismo quedaron su espada y equipo.
Guy gritó —Están
aquí para proteger la ciudad pero todavía reconocen la espada de su líder. No
volverán si son alcanzados por ella —Luego miró al bardo—. Yo los desarmo. Tú
acaba con ellos. –Ilko asintió con la cabeza.
La espada de
Guy golpeaba y luego llegaba su lanza que destruía a las viejas armaduras. El
bardo la seguía golpeando con su espada oxidada y regresándolos al polvo. La
espada de Breadan brillaba cada vez más con cada alma liberada. Texu cabalgó
cerca de los muros interiores y consiguió robarle de las manos a uno de los
fantasmas una pesada maza. Las paredes centenarias casi se derrumbaban solas.
Los tres iban a caballo lo que les permitía más movilidad sobre los guerreros a
pie. Cinco perseguían a Texu que los acercó hasta la muralla y cuando los tuvo
cerca golpeó la misma con su maza. La muralla se derrumbó sobre los fantasmas. Texu
pasó por sobre los escombros montada en su caballo. Miró a sus espaldas como
los cuerpos de los muertos atravesaban las rocas. Pero sus armas habían quedado
debajo. Llamó la atención del bardo silbando y él llegó a acabar con ellos como
le había indicado Guy. Uno a uno los guerreros fueron cayendo y siendo
alcanzados por la espada de la justicia. Pero los guerreros estaban aun más allá
de poder ser contados. Y finalmente los rodearon por completo. Fueron
retrocediendo hasta llegar al centro de la plaza. Los primeros rayos del sol
todavía no terminaban de alumbrar del todo al suelo de Idilkó. Los fantasmas se
detuvieron entonces. Y el último de los caballeros fantasmas hizo su aparición.
Montado en un caballo de huesos cabalgó sobre la fuente congelada. Luego hizo
girar a su montura hacia atrás y regresó. El caballero fantasma se paseaba por
la ciudad observando a sus hombres y los de Guy. Llevaba una armadura completa
y pesada. Cargaba un escudo y una lanza. Su caballo tan fantasmagórico como él
también estaba protegido por una armadura. Breadan defendía Idilkó de los
invasores una vez más. Texu no fue capaz de seguir luchando. Breadan era el héroe
máximo de Koria. Hacia días había acabado con el templo del sol y no era capaz
de levantar sus armas contra el hombre que representaba todo el honor de Koria.
Guy miró a la
mujer y comprendió que no se movería así que ella atacó al caballero fantasma.
Breadan no estaba acostumbrado a ser atacado. Aun cuando la sangre todavía corría
por sus venas, siempre había sido él quien atacaba primero. Pero Guy de Montevid
era indetenible. La lanza de la mujer se encontró con el escudo del héroe de
Koria. Ella siguió de largo con su caballo y luego lo hizo girar desenfundó
nuevamente su espada y atacó. Otra vez el escudo de Breadan no le permitía
hacer blanco. Guy pudo alejarse y se preparó para volver a atacar nuevamente. Breadan
la estaría esperando esta vez. Esto era una justa. Guy guardó su espada y quitó
el escudo que llevaba en su montura. Cabalgaron a toda la velocidad que les
permitían sus monturas buscando con sus lanzas el cuerpo de su enemigo. Pero
Breadan era el jinete celeste. El enviado del sol. Y había luchado en más
guerras, y había vencido en más justas de las que Guy jamás había participado.
El caballero fantasma cambió la dirección del golpe de la mujer valiéndose de
su escudo. Y alcanzó a Guy en un costado de su cuerpo atravesando primero el
escudo y luego la armadura de dragón. Que fue capaz de contener lo suficiente
el golpe como para evitar que fuese una herida mortal. La Mayor cayó al suelo.
Con su brazo izquierdo dislocado por el impacto y su herida en un costado no sería
capaz de pelear de igual manera contra el héroe de Koria. Antes de que Breadan
tuviera tiempo para reaccionar Ilko se lanzó sobre él. Aprovechando su única
oportunidad. Ya que él no sería capaz jamás de enfrentar como un igual al
caballero fantasma. La espada de la justicia se clavó en el costado del muerto
atravesando su armadura. El bardo había quedado al alcance de sus brazos.
Breadan miró por sobre su hombro a Ilko. Soltó su lanza y golpeó con su mano en
el pecho al hombre que salió despedido de su montura y cayó sin aire a los pies
de Texu. La mujer que todavía montaba su caballo salió de su trance. El bardo
estaba desarmado y Guy la mata dragones gravemente herida. A Breadan no le
costaría nada acabar con ellos. Texu contempló al héroe de Koria mientras se
quitaba la espada del costado. La espada mágica perdió por completo su
herrumbre y se regeneró en las manos del fantasma.
Guy se
arrastraba por el suelo buscando su lanza. Y antes de que Breadan llegase a
ella se la arrojó a Texu gritando —El arma del bardo es solo para sus manos. La
mía no.
Texu la tomó
en el aire y no titubeó. Dejó el báculo con la gema de Kirun en manos de Ilko y
antes de que el muerto pudiera hacer más daño a Guy, se lanzó sobre él cargando
la lanza de la mata dragones. La punta del arma se incrustó en el hombro del
fantasma. Y Breadan quedó inmovilizado por un instante. Lagrimas caían por las
mejillas de la mujer de cabellos rubio pálido —Dime, maldito muerto milenario,
¿Por qué cada cosa que defiendo se vuelve contra mí? Si tú eres el enviado del
sol y yo una mujer maldita por él —Texu secó una de sus mejillas con su guante
y luego extrajo con violencia la lanza—. Dime ¿por qué entonces voy a acabar
contigo y con tu estúpido caballo que camina sobre el agua? —Breadan levantó su
espada para atacar a Texu pero la mujer golpeó con su lanza al caballo del
muerto. El animal cambió su dirección y el guerrero no fue capaz de llegar a
Texu. Ella en cambio tuvo su espalda a su alcance. Con todo su odio atacó
nuevamente con la lanza. Breadan soltó su escudo. Luego ella desenfundo su
espada curva una vez más. El guerrero recuperó el control de su caballo y giró
para alcanzarla con su espada. Pero Texu detuvo el golpe. Ella tenía ventaja
ahora porque le estaba atacando con dos armas.—. ¿Es que tu soberbia no te permite
detenerte? Nosotros somos los defensores de Kirun ahora —Texu atacó al fantasma
nuevamente con su lanza—. ¿Me has escuchado? ¿Acaso no me responderás? —Texu
seguía golpeándolo. La armadura completa del caballero fantasma se iba
arruinando con cada golpe. Su espada alcanzó el brazo derecho del caballero y
la espada cayó al suelo. Texu enfundó su espada e hizo retroceder a su caballo.
Guió a su animal para que se parase sobre sus patas traseras y erguido relincho
para después golpear con sus patas delanteras al héroe de Koria. Breadan cayó
vencido al suelo. Texu deseaba terminar con esto y clavó la lanza de Guy en el
pecho del muerto. Su armadura terminó de destruirse. Hacia frio esa mañana como
ninguna otra mañana de invierno en Kirun. Y Texu había derrotado al más grande
de los héroes de su reino.
Atravesado por
la lanza de Guy Breadan dijo sus primeras palabras en mil años —Devuélveme a
Kirun.
Ilko que había
recuperado el aire se levantó del piso sosteniéndose con el báculo que llevaba
la gema de Kirun. Ya no estaban siendo atacados. Texu quitó la lanza del pecho
del muerto que no parecía haber recibido daño alguno. Solo su armadura había
resultado dañada. El bardo se acercó hasta el fantasma y le dijo —El dios del
rio muerto me dijo que esta ciudad que llamas Idilkó, seria iluminada por las
llamas del sol y que por eso estaría a salvo del frio de aquí. Pero eso nunca
sucedió. Te hemos traído las llamas de Kirun. Idilko puede ahora convertirse en
lo que estaba destinada a ser. El hielo se retirará de aquí. El rio volverá a
su cauce y tú y tus hombres podrán descansar. Kirun protege ahora esta ciudad.
Y por esto los hijos de tus hombres podrán proteger a Kirun en el momento en
que más los necesitan. —Luego el bardo entregó el báculo a Breadan.
—Que así sea. —dijo
Breadan y tomó el báculo. Caminó sobre el rio congelado hasta cruzar la plaza. Luego
sostuvo el báculo sobre el borde de la fuente. Y la llama de Kirun llegó hasta
ella. El fuego que ardía en la gema se apagó. Y las llamas eternas de Kirun
comenzaron a crecer y a multiplicarse. Pronto se esparció lo suficiente como
para rodear toda la ciudad. El hielo que cubría todo se derritió poco a poco.
El calor aumentó pero la temperatura no resultaba insoportable. Aun así el
glaciar que rodeaba a la ciudad desaparecía. La fuente de la plaza central se
iluminó. Un rayo de luz salió de ella hasta unirse con el cielo. Y los soldados
que acompañaban a Breadan fueron subiendo por él hasta que no quedó ninguno.
Solo quedó Breadan sosteniendo el báculo. El agua corría a los pies de los
vivos. La tierra antes sepultada en nieve y hielo reapareció. Ilko levantó la
espada de la justicia. Y Texu ayudó a Guy a incorporarse —Usa esa espada con
sabiduría bardo de Tulis, es tuya ahora —dijo Breadan al bardo— Eres valiente mata
dragones. No has vencido en esta justa pero has liberado a la ciudad que amo. Y
lo harás una vez más. Y tú Texu. Yo soy el enviado del sol y puedo asegurarte
que no estás maldita por él. El dios del rio a quien vencí en una ocasión tuvo
su oportunidad de probar suerte conmigo una vez más y me derrotó. Estoy a mano
con él. Pero jamás tendré otra chance de enfrentarme a ti. Eres la campeona de
estas tierras. Idilkó es de ustedes ahora. Y espero que sean capaces de
defenderla aun después de su muerte. Como he hecho yo. —Breadan no dijo nada más
y soltando el báculo se dejó llevar por la columna de fuego y luz que subía
hasta el cielo. La figura de una mujer se unió a él mientras desaparecían en lo
alto.
Las
puertas de Idilkó se abrieron después de cientos de años. Detrás de ellas
estaba el ejército de Cillydan y las mujeres, niños y ancianos que lo
acompañaban. Habían visto todo y festejaban. No solo Breadan y sus hombres eran
libres, también ellos lo eran.
Guy caminaba
ayudada por Texu —Has un surco en el suelo donde está la tierra. Ilko —Indicó
Guy al bardo. El hombre obedeció mientras Guy se acercaba a su caballo para
meter la mano en sus alforjas. Tomo las olivas que le habían regalado y las
arrojó al surco. Nadie preguntó cuál era el significado de esto.
Ilko observó
su espada, podía verse algo de la hoja bajo la herrumbre pero no estaba intacta
como la había convertido Breadan cuando la había sostenido –No entiendo. ¿Por
qué ha vuelto a estar oxidada? Ya cumplí con mi promesa.
Cillydan apoyó
su mano en el hombro del bardo y sonriendo contestó –Porque tú aventura recién
comienza héroe de Tulis. Y porque la espada necesita una vida de justicia para
brillar como debe hacerlo.
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