domingo, 22 de marzo de 2020

17 – Paz


Norte del Rio Grande, territorio de Kirun, provincia de Koria.
Día 10 del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.

         Miana e Ilko viajaron hacia Idilkó. No estarían a salvo hasta llegar donde estaba Guy y el ejército de Cillydan. El bardo trataba de no pensar en Texu y en el sufrimiento que Andoo le estaría causando. Pero también sabía que si alguien tenía una posibilidad de sobrevivir a eso era ella. Miana lloró todo el camino, su corazón estaba roto. La avanzada de Cillydan los encontró a las orillas del rio muerto. A mitad de camino a Idilkó. Guy que guiaba al ejército escuchó la historia de Miana y la del bardo y lamentó que Texu hubiera caído prisionera. La había salvado antes y esperaba poder volver a hacerlo. No sabía que hacer con Miana si dejarla ir o hacerla prisionera. No era jueza ni una guía espiritual. Como Guiles de Minbou le había dicho “Una sola elección podía cambiar todo lo que eres pero solo puedes juzgar en ti mismo cual ha sido esa elección.” Miana había descubierto que no podría jamás perdonarse el haberse aliado a Andoo y que jamás podría verse a ella misma como lo había hecho antes. Al igual que el sacerdote Joselib. Ilko parecía no darse cuenta todavía que al haber elegido cumplir con la promesa que le había hecho al rio se había convertido en un héroe. Pero la historia del reino no se escribiría solo por esas  historias sino por la historia de todos los habitantes de Koria. Habría más que las historias de los héroes. Y recordó una última cosa: Que el círculo de la guerra y el odio solo terminaría con el perdón. Pero ¿Quien era ella para perdonar? Guy tenía que reconquistar Kirun pero sabía que al hacerlo cientos de hombres de Kirun morirían como habían muerto en los últimos días. Y si vencía dispondría de la vida de miles de los rebeldes. Tenía que prepararse para dar la orden de ejecución de esos hombres y eso no era sencillo.

            Cuando llegaron cerca del puente de Breadan vieron que los hombres que estaban en la torre de Fruel abandonaban la posición y regresaban a Kirun. Jamás podrían enfrentar solos a todo ese ejército. No intentaron perseguirlos. No perdieron el tiempo y tomaron también con un grupo de avanzada la torre que estaba más cerca a Kirun solo para mejorar la visión sobre el campo de batalla ya que de ninguna forma podrían enviar mensajes al no tener nadie que conociese los códigos. Desde la primera torre que conquistaron vieron que a lo lejos llegaba el ejército de Minbou. Guy dijo que no atacarían ese día y esperarían a Minbou. El asedio a Kirun había comenzado. Cillydan dio la orden de acampar y el ejército de armaduras blancas armó sus tiendas cerca de la torre de Fruel.

            Guiles de Minbou y el General Güiyinkt se unieron al asedio. Y las tropas de Minbou y los nobles de las tierras de Koria llegaron a las puertas de Kirun. Nin, Raen, Kaner de Riorojo, los soldados de Fenor, incluso Vicay el médico estaban con ellos. Guiles se encargó de abrir una línea de suministros así que podría permanecer donde estaban por años. Kirun era rica y fértil. El único acceso que no estaba bloqueado era el puerto pero pronto lo estaría. Si no invadían no tomarían Kirun. Guy habló con Guiles y Güiyinkt y les contó sobre los Bridicos y sobre lo que habían vivido. Sobre el bardo y sobre Texu, dentro de la ciudad.
Guiles sonrió —Que fea herida te has hecho Guy. Pero cuanto has logrado. El rio muerto corré otra vez y has traído a un ejército. Y hasta a un rey de Koria.
—Sí. Pero Kirun todavía no es nuestra. 
—Volverá a serlo no te preocupes.
Cillydan se acercó hasta Guiles —Saludos gobernador de Minbou. Lamentamos lo que ha sucedido con Andoo. Deseamos enfrentarnos a sus rebeldes pero también es nuestro deseo minimizar el daño a la ciudad y a sus habitantes. Somos defensores de Kirun no sus destructores.
—Saludos Cillydan rey de Idilkó. Nosotros también nos consideramos defensores de Kirun y de toda la región de Koria y de todo el reino de Fenor. No deseo que haya más muertes. Pero no espero que simplemente abran las puertas de la ciudad para que nosotros entremos. Este es un tema serio. —contestó Guiles.
—He estado pensando, gobernador. Reflexionando sobre sus palabras. Creo tener una solución. Es algo que podríamos intentar. Algo que quizás resuelva muchos de nuestros problemas. —dijo Guy respetuosamente.
Guiles, Güiyinkt y Cillydan se reunieron a escucharla. Guiles le indicó —Dinos tus ideas y te escucharemos, emisaria.

            Las banderas del ejército de Fenor flamearon llamando a reunión con los líderes de la ciudad de Kirun. Hablarían antes de pelear. Pasó un tiempo pero finalmente las puertas de la ciudad se abrieron y tres hombres salieron. Entre ellos Andoo. A Guy le extrañó que el mismísimo líder se acercara poniéndose en riesgo. Guy, Guiles y Cilydan fueron a encontrarse con los hombres de Kirun.
—Saludos hombres de Fenor —dijo Andoo—. Yo soy Andoo rey de Kirun. Ellos son mis generales Mike de Tiraf y Trobeguí de Buéhr Dibou.
—Saludos Andoo —contestó la Mayor—. Yo soy Guy de Montevid, él es Guiles gobernador de Minbou y Cillydan Dulis de Idilkó. —Los nobles que acompañaban a Andoo murmuraron entre ellos.
—¿Cillydan Dulis? No mantengo ningún parentesco con ese hombre. —dijo Andoo con desprecio.
—No, no posees ninguno y sin embargo te dices rey de Kirun. —dijo Guy seria.
—Tengo pruebas de quién soy yo y de mi linaje. Y más allá de todo soy el que liberó a Kirun de Guipac y del dominio siniestro de Fenor.
—Te recuerdo en Idilkó Andoo, pero llevabas otro nombre en ese momento —dijo Cillydan con su voz tranquila. Luego desenvainó su espada. Los hombres de Andoo y él mismo tomaron sus armas. Pero Cillydan no pretendía lastimarlos solo la alzó sobre su cabeza. Y su voz se puso más severa—. Te has quedado con la espada del bardo que no eres capaz de usar. Pues miren Mike y Trobegui, vean esta que es mi espada y compárenla con la del bardo. Esta es la espada gemela de la de Breadan pues es la espada de Zuñar Dulis mi antepasado. Yo soy el último de la dinastía Dulis. No él. —Luego ofreció la espada a Mike—. No hemos venido aquí a matar a los ciudadanos de Kirun. Hemos venido aquí a restaurar el orden. Toma mi espada hombre de Koria y compárala con la del bardo y sabrás que es cierto lo que digo.
—No tomes nada Mike —ordenó Andoo—. Me pides que compare esa espada con una toda oxidada. Dejas mucho a la imaginación. ¿Qué vienes de donde, dices? Y que me conoces acaso. No se cansarán jamás de mentir los hombres de Fenor.
—No reconozco tu autoridad Andoo, solo la del rey de Fenor. Escucha ahora los términos de tu rendición. —Guy hablaba con autoridad.
—No tengo intenciones de escucharte, he venido hasta aquí solo para saber si estaban dispuestos a reconocer a Kirun como a un estado independiente. Pero si desean tomar la ciudad por la fuerza solo debo advertirte esto. Tengo un ejército de miles de hombres dentro y una ciudad rica y fructífera que resistirá a sus ataques y los desgastará. No podrán tomar el puerto y traeré aliados del Este si me hacen falta pero al final no tendrán otra opción que aceptar lo inevitable. Kirun es libre ahora.
—Eres falso Andoo. Has empezado esto con una mentira y seguirá así hasta que choques con la verdad. ¿Te has creído acaso a ti mismo? ¿Consideras que tienes derecho sobre esta ciudad y sus habitantes? —dijo Guiles.
—Fenor y el Rey Cillydan de Idilkó están dispuestos a perdonar la vida de todos los hombres y mujeres de la ciudad. De todos los soldados y nobles. De respetar sus tierras y propiedades dentro y fuera de la ciudad. Si se rinden ahora y deponen sus armas sin violencia alguna. Deberás liberar también a los soldados y clérigos que estén todavía en tu poder y serán sometidos a juicio al igual que tú. Somos dos ejércitos contra la ciudad de Kirun. No esperaremos a sus refuerzos, los destruiremos ahora. Tus fuerzas en Tulis ya han sido sometidas, estas solo Andoo —explicó Guy—. Y hay una última cosa —Esta vez había ira en la voz de Guy— Has tomado prisionera a Texu jefa de la guardia de tu ciudad. Deberas liberarla inmediatamente. Es por ella y el bardo al que le has robado su espada que el rio muerto esta aquí de nuevo. Si le has hecho daño te batirás a duelo conmigo aquí o en campo de batalla. Me da igual. Te arrancaré la cabeza de una forma u otra. Tienen un día para darnos su respuesta.
—Tienes mi respuesta ahora: Todos ustedes morirán intentando tomar Kirun. —contestó Andoo y se retiró de nuevo a la ciudad. Los dos nobles esperaron a que su rey estuviera lejos del alcance de los negociadores para regresar a la ciudad, cubriendo así su retirada.
Mike de Tiraf preguntó —¿Perdonarán la vida de nobles y soldados y nos permitirán regresar a nuestras vidas?
—No —contestó Guy—. Perdonaré sus vidas pero servirán bajo mi mando en el ejército real hasta haber obtenido el perdón del rey. Recién entonces, después de haber probado lealtad a su reino nuevamente regresarán a sus tierras. No compraré la paz de Koria con la impunidad de los infieles y los traidores. Tienen un día.
Mike no dijo nada más y se retiro con su compañero a la ciudad.
Cuando estuvieron lejos Guiles se acercó a Guy y dijo —Has hablado bien dama de Montevid esperemos que las cosas resulten como esperas. Y si no iremos a la guerra.

            Pasaron las horas. Los hombres de Guiles se prepararon para atacar. Las maquinas de guerra empezaban a ser ensambladas. Habían traído solo una catapulta y un ariete. No seria suficiente. Pero comenzarían con eso. Las líneas a otras ciudades estaban abiertas así que traerían materiales para construir torres de asedio y más catapultas. Les tomaría un día armar la catapulta. El día que le habían dado a Andoo. El bardo se acercó lo más cerca que pudo a las puertas de la ciudad con su lira y cantó para los guardias.

El rey de Koria ha regresado
Para librarnos del mal y del miedo
Desde Idilkó ha viajado
Gracias a Kirun y su eterno fuego
El rio muerto ha renacido
Y el dios sol cuida en el cielo
Que sus calidas aguas nos den abrigo
Gracias a Kirun y su eterno fuego
Cilydan ha llegado a la ciudad dorada
Con su ejército de hombres sin duda,
lo ha enviado a nuestra tierra amada
Breadan el jinete celeste
Y Están aquí en su ayuda
los hombres de la ciudad del oeste
Que la paz reine por siempre
En la tierra del sol
Que todo hombre cumpla su rol
Que el campesino siembre
Que los justos reinen
Que los bardos canten
Que los usurpadores caigan
Para que nunca jamás traigan
Sangre,  muerte y miseria
El ejército de Cilydan no asedia
Solo espera ser recordado
Por todo lo que ha otorgado
Paz, justicia y libertad.
Esa es la única verdad.

  
La catapulta fue terminada y la pusieron para que disparase a una de las murallas. En Kirun los estaban viendo. Los arqueros de Kirun subieron a la muralla y tensaron sus arcos. La puerta de la ciudad se abrió nuevamente. Los rebeldes salieron marchando. Soldados, caballeros todos ellos. Y se formaron ante el ejército de Fenor. Uno de ellos se acercó al frente de batalla. Era Mike. Nuevamente estuvo frente a Guiles, Guy y Cillydan.
—Rey de Koria. Te entrego esto para que lo devuelvas a su verdadero dueño —dijo Mike entregándole la espada del bardo—. Así como el sol no quiso hace mil años que los hombres de Tulis Minbou y Kirun se enfrentasen en batalla, estamos convencidos que no lo desea ahora. Tu llegada y el retorno del rio muerto son señales que no podemos dejar de notar. No deseamos que haya más muerte. Solo justicia para Koria. Nos levantamos ante la tiranía de Ilman y Guipac pero ahora están muertos. Ha sido esta mujer del oeste quien te ha liberado a ti y a nosotros, les debemos eso. Perdona nuestros errores rey de Koria y dispone de nuestras vidas como consideres sea necesario. No nos levantaremos en armas ante ti.
             Los hombres de Minbou festejaron. La guerra se había evitado gracias a la presencia de Cillydan y a los actos de Guy. Kirun volvía a ser parte de Fenor, por ahora. Pero para la mayor de Montevid todavía había algo que solucionar.
—¿Dónde está Andoo y donde esta Texu y Celat? —preguntó.
—Andoo está atrincherado en el palacio. Hemos decidido no atacarle y dejar eso para ustedes. Un pequeño grupo de hombres esta con él. Tienen a Texu de prisionera todavía. La mujer está bien, aunque golpeada. Andoo no fue capaz de utilizar la gema de Kirun y eso fue lo que nos terminó de convencer de que él no era quien decía ser. Eso y la espada. Lo dejamos allí hagan ustedes la justicia que sientan correcta.

Guy llamó a Kaner, Raen y Nin que le habían servido bien y junto con un grupo mas de caballeros entraron a Kirun en busca de Andoo. Aunque no se los había llamado los hombres de Guy que habían viajado desde la fortaleza de Fenor con ella se ofrecieron como voluntarios, también lo hizo el bardo que no podía dejar sola a Texu que había ofrecido su vida para salvarle, la poca ayuda que pudiera ofrecer la daría. Terminarían con esto de una vez por todas. El camino al palacio real le pareció a Guy una eternidad pero cuando llegaron ahí, se enteraron que Andoo se había alejado de allí y que se dirigía ahora al puerto.

Kaner de Riorojo los guió hasta el puerto. Allí vieron la embarcación en la que Andoo pretendía escapar. Pero los hombres del usurpador peleaban con alguien más. Celat que había permanecido oculto esos últimos días había reaparecido para detener a Andoo. Texu le había dicho que hiciera eso, que esperase. Ella sabía que tendría que cambiar su vida por la de Miana si deseaba salvarla, Andoo no iba a aceptar algo diferente. Y Celat no había tenido una oportunidad real hasta ese momento pero era ahora cuando Andoo estaba más desprotegido. Texu estaba ahora en el piso y Celat enfrentaba a Andoo y a dos de sus guardias al mismo tiempo. Celat venció al primero de los guardias y se lanzó contra Andoo. Ambos eran buenos espadachines. Texu levantó la espada del guardia caído y fue por Andoo ella también. Había sido golpeada y su cuerpo estaba lleno de heridas. Más hombres de Andoo bajaron de la embarcación y fueron por Texu. Guy desde su caballo arrojó su lanza contra el usurpador, su otro brazo estaba dislocado y ella no podía entrar en batalla. No hizo blanco. Kaner, Nin, Raen y el resto de los soldados enfrentaron a los hombres de Andoo que habían bajado de la embarcación. Guy ya no podía pelear pero observaba a sus hombres, a los jóvenes que había partido con ella en su misión desde el principio, hacia más de un mes. Shines, Asilod, a todos ellos derrotando a los hombres del usurpador. El entrenamiento con Nin les había servido y se sintió orgullosa del valor y coraje de sus hombres. Desde la embarcación arrojaban proyectiles, una flecha se clavó en el pecho del bardo y lo dejó fuera de combate. Ilko soltó su espada y cayó arrodillado al suelo, su vista se nubló, le faltaba el aire. Andoo sorprendió a Celat y lo hirió con su espada. Celat cayó al suelo y dejo de moverse, un charco de sangre se formó a su alrededor. La mujer manchada enfureció y sacó fuerzas de donde no había nada. Sus espadas se encontraron. Atrás los hombres de Andoo morían en manos de los caballeros de Guy pero allí adelante el líder de los rebeldes todavía resistía. Y más de sus hombres estaban llegando por él. Andoo levantó su espada y atacó a la mujer, que había sido su prisionera. Texu le cortó la mano a la altura de la muñeca separándola de su cuerpo. El hombre gritó de dolor pero antes de que Texu pudiera rematarlo sus hombres lo protegieron y lo arrastraron a la embarcación. Los arqueros que estaban en la ella se prepararon para arrojar sus flechas. A la orden de retirada de Guy, Texu y los demás buscaron donde refugiarse. Los proyectiles llegaron pero no lastimaron a nadie. Aun así Andoo había escapado rumbo al este. Irían por él luego. Ese día, habían triunfado.

Guy cerró los ojos de Celat. Sería difícil dar la noticia de su muerte a Cillydan. Lo que más la entristeció fue ver al bardo, agonizando, inconsciente. Nunca debería de haber permitido que se arrojase a una batalla así. Luego fue por Texu —¿Cómo te encuentras? —preguntó.
Texu estaba descansando en el suelo a punto de desmayarse, no había visto lo que había pasado con Ilko —He estado mejor. ¿Cómo está Celat?
—Muerto.
—¿Y Andoo?
—Andoo ha escapado pero la ciudad de Kirun es nuestra otra vez. Descansa, ni tú ni ningún otro hombre o mujer de Kirun morirá hoy. —dijo Guy seria. Pero Texu ya se encontraba inconsciente.

La bandera de Fenor fue izada nuevamente en las torres de Kirun. Las picas y las cabezas de la entrada de la ciudad fueron tiradas abajo, y los cuerpos muertos fueron quemados. Había paz otra vez en la ciudad dorada. Y también mucha confusión. Guiles llamó al rey Urael. Para que viniese a Koria. Guiles tomó el mando de la ciudad y esperaba saber que sucedería con Cillydan. Y Guy obtuvo finalmente lo que había ido a buscar a Kirun. Hombres para el ejército. Aunque no de la manera que esperaba hacerlo. Había mucho trabajo por hacer. Pero había paz y eso era todo lo que importaba.

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