Norte
del Rio Grande, territorio de Kirun, provincia de Koria.
Día 10
del décimo mes de 1280 del calendario de Finvir.
Miana e Ilko viajaron hacia
Idilkó. No estarían a salvo hasta llegar donde estaba Guy y el ejército de Cillydan.
El bardo trataba de no pensar en Texu y en el sufrimiento que Andoo le estaría
causando. Pero también sabía que si alguien tenía una posibilidad de sobrevivir
a eso era ella. Miana lloró todo el camino, su corazón estaba roto. La avanzada
de Cillydan los encontró a las orillas del rio muerto. A mitad de camino a
Idilkó. Guy que guiaba al ejército escuchó la historia de Miana y la del bardo
y lamentó que Texu hubiera caído prisionera. La había salvado antes y esperaba
poder volver a hacerlo. No sabía que hacer con Miana si dejarla ir o hacerla
prisionera. No era jueza ni una guía espiritual. Como Guiles de Minbou le había
dicho “Una sola elección podía cambiar todo lo que eres pero solo puedes juzgar
en ti mismo cual ha sido esa elección.” Miana había descubierto que no podría
jamás perdonarse el haberse aliado a Andoo y que jamás podría verse a ella
misma como lo había hecho antes. Al igual que el sacerdote Joselib. Ilko
parecía no darse cuenta todavía que al haber elegido cumplir con la promesa que
le había hecho al rio se había convertido en un héroe. Pero la historia del
reino no se escribiría solo por esas
historias sino por la historia de todos los habitantes de Koria. Habría más
que las historias de los héroes. Y recordó una última cosa: Que el círculo de
la guerra y el odio solo terminaría con el perdón. Pero ¿Quien era ella para
perdonar? Guy tenía que reconquistar Kirun pero sabía que al hacerlo cientos de
hombres de Kirun morirían como habían muerto en los últimos días. Y si vencía
dispondría de la vida de miles de los rebeldes. Tenía que prepararse para dar
la orden de ejecución de esos hombres y eso no era sencillo.
Cuando
llegaron cerca del puente de Breadan vieron que los hombres que estaban en la
torre de Fruel abandonaban la posición y regresaban a Kirun. Jamás podrían
enfrentar solos a todo ese ejército. No intentaron perseguirlos. No perdieron
el tiempo y tomaron también con un grupo de avanzada la torre que estaba más
cerca a Kirun solo para mejorar la visión sobre el campo de batalla ya que de
ninguna forma podrían enviar mensajes al no tener nadie que conociese los
códigos. Desde la primera torre que conquistaron vieron que a lo lejos llegaba
el ejército de Minbou. Guy dijo que no atacarían ese día y esperarían a Minbou.
El asedio a Kirun había comenzado. Cillydan dio la orden de acampar y el ejército
de armaduras blancas armó sus tiendas cerca de la torre de Fruel.
Guiles
de Minbou y el General Güiyinkt se unieron al asedio. Y las tropas de Minbou y
los nobles de las tierras de Koria llegaron a las puertas de Kirun. Nin, Raen,
Kaner de Riorojo, los soldados de Fenor, incluso Vicay el médico estaban con
ellos. Guiles se encargó de abrir una línea de suministros así que podría
permanecer donde estaban por años. Kirun era rica y fértil. El único acceso que
no estaba bloqueado era el puerto pero pronto lo estaría. Si no invadían no tomarían
Kirun. Guy habló con Guiles y Güiyinkt y les contó sobre los Bridicos y sobre
lo que habían vivido. Sobre el bardo y sobre Texu, dentro de la ciudad.
Guiles sonrió —Que
fea herida te has hecho Guy. Pero cuanto has logrado. El rio muerto corré otra
vez y has traído a un ejército. Y hasta a un rey de Koria.
—Sí. Pero
Kirun todavía no es nuestra.
—Volverá a
serlo no te preocupes.
Cillydan se
acercó hasta Guiles —Saludos gobernador de Minbou. Lamentamos lo que ha
sucedido con Andoo. Deseamos enfrentarnos a sus rebeldes pero también es
nuestro deseo minimizar el daño a la ciudad y a sus habitantes. Somos
defensores de Kirun no sus destructores.
—Saludos Cillydan
rey de Idilkó. Nosotros también nos consideramos defensores de Kirun y de toda
la región de Koria y de todo el reino de Fenor. No deseo que haya más muertes.
Pero no espero que simplemente abran las puertas de la ciudad para que nosotros
entremos. Este es un tema serio. —contestó Guiles.
—He estado
pensando, gobernador. Reflexionando sobre sus palabras. Creo tener una
solución. Es algo que podríamos intentar. Algo que quizás resuelva muchos de
nuestros problemas. —dijo Guy respetuosamente.
Guiles,
Güiyinkt y Cillydan se reunieron a escucharla. Guiles le indicó —Dinos tus
ideas y te escucharemos, emisaria.
Las
banderas del ejército de Fenor flamearon llamando a reunión con los líderes de
la ciudad de Kirun. Hablarían antes de pelear. Pasó un tiempo pero finalmente
las puertas de la ciudad se abrieron y tres hombres salieron. Entre ellos
Andoo. A Guy le extrañó que el mismísimo líder se acercara poniéndose en
riesgo. Guy, Guiles y Cilydan fueron a encontrarse con los hombres de Kirun.
—Saludos
hombres de Fenor —dijo Andoo—. Yo soy Andoo rey de Kirun. Ellos son mis
generales Mike de Tiraf y Trobeguí de Buéhr Dibou.
—Saludos Andoo
—contestó la Mayor—. Yo soy Guy de Montevid, él es Guiles gobernador de Minbou
y Cillydan Dulis de Idilkó. —Los nobles que acompañaban a Andoo murmuraron
entre ellos.
—¿Cillydan
Dulis? No mantengo ningún parentesco con ese hombre. —dijo Andoo con desprecio.
—No, no posees
ninguno y sin embargo te dices rey de Kirun. —dijo Guy seria.
—Tengo pruebas
de quién soy yo y de mi linaje. Y más allá de todo soy el que liberó a Kirun de
Guipac y del dominio siniestro de Fenor.
—Te recuerdo
en Idilkó Andoo, pero llevabas otro nombre en ese momento —dijo Cillydan con su
voz tranquila. Luego desenvainó su espada. Los hombres de Andoo y él mismo
tomaron sus armas. Pero Cillydan no pretendía lastimarlos solo la alzó sobre su
cabeza. Y su voz se puso más severa—. Te has quedado con la espada del bardo
que no eres capaz de usar. Pues miren Mike y Trobegui, vean esta que es mi
espada y compárenla con la del bardo. Esta es la espada gemela de la de Breadan
pues es la espada de Zuñar Dulis mi antepasado. Yo soy el último de la dinastía
Dulis. No él. —Luego ofreció la espada a Mike—. No hemos venido aquí a matar a
los ciudadanos de Kirun. Hemos venido aquí a restaurar el orden. Toma mi espada
hombre de Koria y compárala con la del bardo y sabrás que es cierto lo que
digo.
—No tomes nada
Mike —ordenó Andoo—. Me pides que compare esa espada con una toda oxidada.
Dejas mucho a la imaginación. ¿Qué vienes de donde, dices? Y que me conoces
acaso. No se cansarán jamás de mentir los hombres de Fenor.
—No reconozco
tu autoridad Andoo, solo la del rey de Fenor. Escucha ahora los términos de tu
rendición. —Guy hablaba con autoridad.
—No tengo
intenciones de escucharte, he venido hasta aquí solo para saber si estaban
dispuestos a reconocer a Kirun como a un estado independiente. Pero si desean
tomar la ciudad por la fuerza solo debo advertirte esto. Tengo un ejército de
miles de hombres dentro y una ciudad rica y fructífera que resistirá a sus
ataques y los desgastará. No podrán tomar el puerto y traeré aliados del Este
si me hacen falta pero al final no tendrán otra opción que aceptar lo
inevitable. Kirun es libre ahora.
—Eres falso
Andoo. Has empezado esto con una mentira y seguirá así hasta que choques con la
verdad. ¿Te has creído acaso a ti mismo? ¿Consideras que tienes derecho sobre
esta ciudad y sus habitantes? —dijo Guiles.
—Fenor y el
Rey Cillydan de Idilkó están dispuestos a perdonar la vida de todos los hombres
y mujeres de la ciudad. De todos los soldados y nobles. De respetar sus tierras
y propiedades dentro y fuera de la ciudad. Si se rinden ahora y deponen sus
armas sin violencia alguna. Deberás liberar también a los soldados y clérigos
que estén todavía en tu poder y serán sometidos a juicio al igual que tú. Somos
dos ejércitos contra la ciudad de Kirun. No esperaremos a sus refuerzos, los
destruiremos ahora. Tus fuerzas en Tulis ya han sido sometidas, estas solo
Andoo —explicó Guy—. Y hay una última cosa —Esta vez había ira en la voz de Guy—
Has tomado prisionera a Texu jefa de la guardia de tu ciudad. Deberas liberarla
inmediatamente. Es por ella y el bardo al que le has robado su espada que el
rio muerto esta aquí de nuevo. Si le has hecho daño te batirás a duelo conmigo
aquí o en campo de batalla. Me da igual. Te arrancaré la cabeza de una forma u
otra. Tienen un día para darnos su respuesta.
—Tienes mi
respuesta ahora: Todos ustedes morirán intentando tomar Kirun. —contestó Andoo
y se retiró de nuevo a la ciudad. Los dos nobles esperaron a que su rey
estuviera lejos del alcance de los negociadores para regresar a la ciudad,
cubriendo así su retirada.
Mike de Tiraf
preguntó —¿Perdonarán la vida de nobles y soldados y nos permitirán regresar a
nuestras vidas?
—No —contestó
Guy—. Perdonaré sus vidas pero servirán bajo mi mando en el ejército real hasta
haber obtenido el perdón del rey. Recién entonces, después de haber probado
lealtad a su reino nuevamente regresarán a sus tierras. No compraré la paz de
Koria con la impunidad de los infieles y los traidores. Tienen un día.
Mike no dijo
nada más y se retiro con su compañero a la ciudad.
Cuando
estuvieron lejos Guiles se acercó a Guy y dijo —Has hablado bien dama de Montevid
esperemos que las cosas resulten como esperas. Y si no iremos a la guerra.
Pasaron
las horas. Los hombres de Guiles se prepararon para atacar. Las maquinas de
guerra empezaban a ser ensambladas. Habían traído solo una catapulta y un
ariete. No seria suficiente. Pero comenzarían con eso. Las líneas a otras
ciudades estaban abiertas así que traerían materiales para construir torres de
asedio y más catapultas. Les tomaría un día armar la catapulta. El día que le
habían dado a Andoo. El bardo se acercó lo más cerca que pudo a las puertas de
la ciudad con su lira y cantó para los guardias.
El rey de Koria
ha regresado
Para librarnos
del mal y del miedo
Desde Idilkó ha
viajado
Gracias a Kirun
y su eterno fuego
El rio muerto ha
renacido
Y el dios sol
cuida en el cielo
Que sus calidas
aguas nos den abrigo
Gracias a Kirun
y su eterno fuego
Cilydan ha
llegado a la ciudad dorada
Con su ejército
de hombres sin duda,
lo ha enviado a
nuestra tierra amada
Breadan el
jinete celeste
Y Están aquí en
su ayuda
los hombres de
la ciudad del oeste
Que la paz reine
por siempre
En la tierra del
sol
Que todo hombre
cumpla su rol
Que el campesino
siembre
Que los justos
reinen
Que los bardos
canten
Que los
usurpadores caigan
Para que nunca
jamás traigan
Sangre, muerte y miseria
El ejército de
Cilydan no asedia
Solo espera ser
recordado
Por todo lo que
ha otorgado
Paz, justicia y
libertad.
Esa es la única
verdad.
La catapulta
fue terminada y la pusieron para que disparase a una de las murallas. En Kirun
los estaban viendo. Los arqueros de Kirun subieron a la muralla y tensaron sus
arcos. La puerta de la ciudad se abrió nuevamente. Los rebeldes salieron
marchando. Soldados, caballeros todos ellos. Y se formaron ante el ejército de
Fenor. Uno de ellos se acercó al frente de batalla. Era Mike. Nuevamente estuvo
frente a Guiles, Guy y Cillydan.
—Rey de Koria.
Te entrego esto para que lo devuelvas a su verdadero dueño —dijo Mike entregándole
la espada del bardo—. Así como el sol no quiso hace mil años que los hombres de
Tulis Minbou y Kirun se enfrentasen en batalla, estamos convencidos que no lo
desea ahora. Tu llegada y el retorno del rio muerto son señales que no podemos
dejar de notar. No deseamos que haya más muerte. Solo justicia para Koria. Nos
levantamos ante la tiranía de Ilman y Guipac pero ahora están muertos. Ha sido
esta mujer del oeste quien te ha liberado a ti y a nosotros, les debemos eso.
Perdona nuestros errores rey de Koria y dispone de nuestras vidas como
consideres sea necesario. No nos levantaremos en armas ante ti.
Los hombres de Minbou festejaron. La guerra se
había evitado gracias a la presencia de Cillydan y a los actos de Guy. Kirun volvía
a ser parte de Fenor, por ahora. Pero para la mayor de Montevid todavía había
algo que solucionar.
—¿Dónde está
Andoo y donde esta Texu y Celat? —preguntó.
—Andoo está
atrincherado en el palacio. Hemos decidido no atacarle y dejar eso para
ustedes. Un pequeño grupo de hombres esta con él. Tienen a Texu de prisionera
todavía. La mujer está bien, aunque golpeada. Andoo no fue capaz de utilizar la
gema de Kirun y eso fue lo que nos terminó de convencer de que él no era quien
decía ser. Eso y la espada. Lo dejamos allí hagan ustedes la justicia que
sientan correcta.
Guy llamó a
Kaner, Raen y Nin que le habían servido bien y junto con un grupo mas de
caballeros entraron a Kirun en busca de Andoo. Aunque no se los había llamado
los hombres de Guy que habían viajado desde la fortaleza de Fenor con ella se
ofrecieron como voluntarios, también lo hizo el bardo que no podía dejar sola a
Texu que había ofrecido su vida para salvarle, la poca ayuda que pudiera
ofrecer la daría. Terminarían con esto de una vez por todas. El camino al
palacio real le pareció a Guy una eternidad pero cuando llegaron ahí, se
enteraron que Andoo se había alejado de allí y que se dirigía ahora al puerto.
Kaner de
Riorojo los guió hasta el puerto. Allí vieron la embarcación en la que Andoo
pretendía escapar. Pero los hombres del usurpador peleaban con alguien más.
Celat que había permanecido oculto esos últimos días había reaparecido para
detener a Andoo. Texu le había dicho que hiciera eso, que esperase. Ella sabía
que tendría que cambiar su vida por la de Miana si deseaba salvarla, Andoo no
iba a aceptar algo diferente. Y Celat no había tenido una oportunidad real
hasta ese momento pero era ahora cuando Andoo estaba más desprotegido. Texu
estaba ahora en el piso y Celat enfrentaba a Andoo y a dos de sus guardias al
mismo tiempo. Celat venció al primero de los guardias y se lanzó contra Andoo.
Ambos eran buenos espadachines. Texu levantó la espada del guardia caído y fue
por Andoo ella también. Había sido golpeada y su cuerpo estaba lleno de
heridas. Más hombres de Andoo bajaron de la embarcación y fueron por Texu. Guy
desde su caballo arrojó su lanza contra el usurpador, su otro brazo estaba
dislocado y ella no podía entrar en batalla. No hizo blanco. Kaner, Nin, Raen y
el resto de los soldados enfrentaron a los hombres de Andoo que habían bajado
de la embarcación. Guy ya no podía pelear pero observaba a sus hombres, a los
jóvenes que había partido con ella en su misión desde el principio, hacia más
de un mes. Shines, Asilod, a todos ellos derrotando a los hombres del
usurpador. El entrenamiento con Nin les había servido y se sintió orgullosa del
valor y coraje de sus hombres. Desde la embarcación arrojaban proyectiles, una
flecha se clavó en el pecho del bardo y lo dejó fuera de combate. Ilko soltó su
espada y cayó arrodillado al suelo, su vista se nubló, le faltaba el aire. Andoo
sorprendió a Celat y lo hirió con su espada. Celat cayó al suelo y dejo de
moverse, un charco de sangre se formó a su alrededor. La mujer manchada
enfureció y sacó fuerzas de donde no había nada. Sus espadas se encontraron. Atrás
los hombres de Andoo morían en manos de los caballeros de Guy pero allí
adelante el líder de los rebeldes todavía resistía. Y más de sus hombres estaban
llegando por él. Andoo levantó su espada y atacó a la mujer, que había sido su
prisionera. Texu le cortó la mano a la altura de la muñeca separándola de su
cuerpo. El hombre gritó de dolor pero antes de que Texu pudiera rematarlo sus
hombres lo protegieron y lo arrastraron a la embarcación. Los arqueros que
estaban en la ella se prepararon para arrojar sus flechas. A la orden de
retirada de Guy, Texu y los demás buscaron donde refugiarse. Los proyectiles
llegaron pero no lastimaron a nadie. Aun así Andoo había escapado rumbo al
este. Irían por él luego. Ese día, habían triunfado.
Guy cerró los
ojos de Celat. Sería difícil dar la noticia de su muerte a Cillydan. Lo que más
la entristeció fue ver al bardo, agonizando, inconsciente. Nunca debería de
haber permitido que se arrojase a una batalla así. Luego fue por Texu —¿Cómo te
encuentras? —preguntó.
Texu estaba
descansando en el suelo a punto de desmayarse, no había visto lo que había
pasado con Ilko —He estado mejor. ¿Cómo está Celat?
—Muerto.
—¿Y Andoo?
—Andoo ha
escapado pero la ciudad de Kirun es nuestra otra vez. Descansa, ni tú ni ningún
otro hombre o mujer de Kirun morirá hoy. —dijo Guy seria. Pero Texu ya se encontraba
inconsciente.
La bandera de
Fenor fue izada nuevamente en las torres de Kirun. Las picas y las cabezas de
la entrada de la ciudad fueron tiradas abajo, y los cuerpos muertos fueron
quemados. Había paz otra vez en la ciudad dorada. Y también mucha confusión.
Guiles llamó al rey Urael. Para que viniese a Koria. Guiles tomó el mando de la
ciudad y esperaba saber que sucedería con Cillydan. Y Guy obtuvo finalmente lo
que había ido a buscar a Kirun. Hombres para el ejército. Aunque no de la
manera que esperaba hacerlo. Había mucho trabajo por hacer. Pero había paz y
eso era todo lo que importaba.
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