Leyenda ancestral
Dicen que cuando la ninfa Hririn,
protectora de todos los animales del bosque, le preguntó al gato que deseaba
para ser mejor, éste contestó “nada, ya soy perfecto.” “¿Quién se cree?”,
“¡Cuanta soberbia!” dijeron algunos a sus espaldas. Pero cuando volteó ya
habían callado y no supo quienes serias los próximos destinatarios de su odio. La
ninfa insistió y por compromiso el gato pidió “unos bolsillos”, para así tener
donde llevar a sus presas con mayor facilidad.
Primero los llevó en su espalda,
pero fue un fracaso absoluto pues no podía arquearse y, en más de una ocasión,
quedó enganchado en alguna rama después de un acrobático salto. Pidió entonces,
a Hririn, que los colocase en sus patas posteriores, pero fueron otra molestia
cuando ya no podía correr. Más se frustró cuando se enteró de que la zarigüeya se había copiado y ponía en su bolsillo a sus
crías. Quería ya deshacerse de los bolsillos. Así que pidió por última vez a la
ninfa que los moviera de lugar. Y fueron a parar a sus orejas, pequeñas,
diminutas bolsitas en la parte de atrás de sus orejas, que algunos llaman
pinnas.
Y esta vez el gato salió ganando,
porque gracias a las pinnas, los bolsillos en las orejas de los gatos, éstas
pueden girar completamente hacia atrás y con esto escuchar mejor lo que pasa
detrás de ellos, sin tener que mover la cabeza. Ya no tendría que voltear para
reconocer a la chusma que cuchicheaba a sus espaldas.
Y alguna vez un carancho preguntó:
“¿Y qué guardarás en esos bolsillos tan pequeños?” A lo que el gato contestó:
“las ganas de escuchar tu opinión.”
Fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario