Leyenda Nevarien.
Cuando Ariud era pequeña se perdió
en la selva. Su padre que era un hombre valiente, partió en su búsqueda. Pocos
días después Ariud fue encontrada desmayada, cerca de una aldea. Su padre no
estaba con ella, pero aquellos que la habían encontrado vieron que junto a ella
se encontraba un ave de color dorado, que jamás habían visto. Cuando recogieron
a la niña el ave escapó. Jamás volvieron a tener noticias del padre de Ariud y
esto entristeció a la niña, que se sentía culpable por su desaparición.
Ariud creció, marcada por el trauma,
siempre intrigada por el misterio de qué había sucedido aquella vez. Habiendo
pasado una década desde aquel evento, llegó a su aldea una maga elfa, alta,
hermosa y rodeada por una docena de aves doradas. Ariud preguntó a la maga por
las aves, pues nunca nadie en la aldea había visto otra de ellas, excepto por
la vez cuando la habían encontrado. “Estas
aves han sido mi creación, ellas son mágicas y a través de ellas puedo ver lo que
sucede en lugares remotos pues lo que ellas ven lo veo yo. Pero existen algunas
criaturas que han corrompido a varias de mis aves y han aprendido a
controlarlas. No te recuerdo de niña así que no creo que aquella ave haya
estado a mi servicio. Pero sé a quién podría haber servido. Es un viejo brujo,
corrompido, obsesionado.” La elfa buscó entre sus posesiones un pequeño
frasco con agua cristalina en su interior y se lo ofreció a la joven para luego
continuar con su explicación. “Si deseas
encontrarte con él, puedo explicarte como hallarlo, mas no lo recomiendo. Pero
si has de ir entrégale esto a cambio de tu vida, pues buscará a toda costa
matarte. Aun así, lo conozco bien y su
naturaleza no es maligna, solo es un viejo amargado.” Ariud aceptó el
frasco de agua cristalina y aprendió como llegar hasta donde el brujo.
Agradeció a la elfa y se dirigió en búsqueda de respuestas, sola.
Fue necesario que caminase por tres
días para llegar hasta donde la elfa le había indicado, una perdida cueva en la
mitad de la selva. Era de día todavía y la luz del sol se filtraba por huecos
que comunicaban con el exterior. Supo que se encontraba en el lugar correcto
cuando tuvo que abrir una puerta de madera gruesa y pesada para poder
continuar, puesta allí posiblemente para ahuyentar a los depredadores y otros
animales salvajes. La cueva por dentro se convertía en un laberinto. Ariud
llegó hasta una habitación repleta de panales de abejas. El zumbido era
ensordecedor y las abejas al reconocerla se arremolinaron preparándose para
atacarla. Pero algo las detuvo, el ritmo de un sonajero que se escuchaba detrás
de ella. Las abejas se calmaron y regresaron a su labor. Ariud había encontrado
al brujo. Jamás se le había ocurrido que el brujo era un ogro viejo y arrugado,
lleno de verrugas violáceas y vestido con un traje harapiento y hediondo. En
una de sus manos sujetaba un sonajero metálico con piezas tanto de chapa como
de pequeños huesos que golpeaban entre sí para generar el sonido que había
detenido a las abejas.
El ogro ató el sonajero a su
cinturón y gruñendo preguntó “¿Dime
porque no debo de dejar que mis abejas te maten? Estas son abejas asesinas,
mucho más agresivas que las del este o el sur. Éstas acabarán con tu vida en
segundos, solo yo puedo controlarlas, con mi sinoj.” Refiriéndose al
sonajero. Ariud tomó el recipiente con el agua cristalina y se lo mostró al
ogro “Una maga me ha dado esto para que
se lo ofrezca a cambio de mi vida”. Entonces el ogro contestó “Muy bien, dime entonces ¿Por qué no debería
dejar que mis abejas asesinas te maten y luego tomar el recipiente que me
ofreces?”. Ariud realmente no había pensado en eso. Desesperada contó su
historia mientras el ogro se acercaba lentamente “Hace casi diez años me perdí, mi padre fue a buscarme, yo aparecí
desmayada junto a un ave dorada. La maga me dijo que usted podría saber algo de
eso.” El ogro se detuvo y con sus brazos colgando, relajados hizo una mueca
con su boca y le contestó. “Ah, entonces
eres tú. Así que la maga te envió por su ave.” Pero la joven contesto “No, no he venido por su ave yo solo quiero
saber que ha pasado con mi padre y pensé que usted podría saber.” El ogro movió
su cabeza de lado a lado y exclamó “¡Regresa
por dónde has venido, no te conviene saber que ha pasado con tu padre!” Pero
la joven rompió en llanto, el ogro se acercó y tomó el recipiente con el agua
que había enviado la maga con delicadeza para después alejarse. “He venido hasta aquí en busca de respuestas,
si usted sabe lo que pasó esa noche debe decirme, deseo saber que sucedió con
mi padre, deseo poder reencontrarme con él”, replicó la joven. El ogro le
indicó con una mano que lo siguiese y así lo hizo Ariud secándose las lágrimas.
El ogro, que jamás se presentó, la
guió por su laberíntica cueva llena de panales de abejas asesinas rebosantes de
miel. Un atemorizante zumbido se escuchaba a todo momento pero las abejas los
ignoraban. Ella, mucho más baja que él, había sucumbido al miedo que le producían
los insectos, mucho más que el que ahora le producía el ogro y se acercó a él, colocándose
a su sombra. Llegaron a una habitación helada, allí no había abejas, pero si un
frio antinatural, Ariud intuyó que se trataba de alguna magia que controlaba el
ogro. En la habitación había un lecho de piedra y sobre el lecho había un ogro,
que parecía dormido y era más pequeño
que con quien ella hablaba, asumió que se trataba de un niño. Entonces el brujo
habló “Como seguramente habrás asumido,
este es mi hijo, está vivo, pero sumergido en un sueño del que mi magia no
puede sacarlo. Los de mi especie necesitamos medicina mucho más potente que la
que necesitan los humanos. Por eso tú estas viva y hablando conmigo y él no. Todo
está conectado.” Pero la joven no entendía así que pregunto “¿Cómo?”. El ogro continuó con su
explicación “Existe en la selva una
planta, a veces es un árbol a veces es un arbusto, ustedes los humanos la
conocen como adelfa, tiene una hermosa flor también muy venenosa y mortal. Tú, claramente,
eres alérgica a ella y cuando te perdiste tuviste la mala suerte de encontrarte
con una. Yo las conozco bien, pues son las favoritas de mis abejas, por eso su
miel es mortal para los hombres, pero no para los ogros, como yo. Necesitamos más
para morir y también más para sanar. Tu padre te encontró, y yo los encontré a
ambos. Así que me preguntó si podía salvarte, y le conteste que sí, pero que le
saldría caro. Él dijo que haría lo que fuese. Y así fue. Soy capaz de hacer una
medicina capaz de curar muchas cosas, tu estado y el de mi hijo. Pero toma
mucho tiempo prepararla y sus
ingredientes son demasiado caros aunque el principal es la miel, el otro es el
cadáver de una persona. Cuando mi hijo enfermó, tanto su madre como yo quedamos
destruidos. Yo sabía que podía salvarlo así que ella preparó esta cámara de
frio para conservarlo vivo, aunque dormido y me encargó que preparase la
medicina para traerlo de vuelta. Ella misma se envenenó con la miel de estas
abejas hasta morir, y tuvo que consumir mucha, luego sumergí su cuerpo en miel
para que en ella se descompusiese y yo eventualmente pudiera destilarlo para
conseguir la medicina. Cuanto más tiempo deje al cuerpo en miel, más potente
será la medicina. Así que apareciste tú y tu padre, yo podía salvarte con la
mezcla de miel y la madre de mi hijo, pero esa mezcla todavía no podía salvar a
mi hijo. Así que intercambié la medicina por la vida de tu padre para fabricar más
medicina. Te traje a la vida nuevamente y dejé a mi ave contigo para mostrarle
a tu padre que te habían encontrado, pues
puedo ver lo que ve el aliud. Luego tu padre cumplió con su parte y bebió la
miel de mis abejas. Puse el cuerpo de tu padre en miel, que ha estado
descomponiéndose desde entonces. Pronto la medicina estará lista, y esto que me
has traído enviado por la maga elfa ayudará. Después de todo ella seguro sabía
lo que pasaba pues nunca dejó de ver lo que veía el ave que le robé.” La
niña, con el corazón roto, estaba confundida. Siempre había asumido que su
padre había muerto, pero ahora habiéndolo confirmado se encontraba destruida: “¿Si la maga sabía lo que había pasado por
que me mintió?” preguntó. El ave dorada, que desde hacía años acompañaba al
brujo, entró a la habitación desde la cueva, por la que ellos también habían
entrado, y se posó sobre un palo. Ágil como, el relámpago, moviendo solo su
cabeza, cazó, de un solo picotazo, a una abeja perdida, devorándola en el acto.
El ogro entonces contestó “Como no me
gustan los elfos, te contestaría que porque es malvada. Pero voy a concederle
el que quizás supiera que no lo creerías sino llegases hasta aquí. La miel no
envejece, no se degrada, no se corrompe. Tú puedes matar lo que quieras y
tirarla a ella, siempre curará, pero nunca como la de aquellos que se han
entregado voluntariamente. Porque así funciona la magia. Ese sacrificio es
escaso, es caro, es valioso. Sobre todo cuando es invisible. En esas raras ocasiones,
en las que alguien renuncia a algo por nosotros, somos, sin lugar a dudas,
privilegiados. Cualquiera con privilegios, se convence a si mismo que los
merece, sobre todo cuando no sabe cuánto cuestan, a veces incluso aun así. Lo
que quedamos tenemos privilegios, lo que tenemos conciencia lo lamentamos.
Creo, que si no hubieras sido tan joven e inocente, no habrías venido. Hubieras
preferido cualquier otra verdad, una más cómoda. Voy a preguntarte lo mismo que
me has preguntado tú, ¿Por qué crees que te ha mentido la maga?”. Y Ariud,
ya sin esperanzas de volver a ver a su padre y conociendo su fatal destino y el
motivo de su permanencia en el reino de los vivos contestó, sin duda alguna, “Porque es malvada.”
Fin.
Y
usted ¿Por qué cree que la elfa mintió?
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