domingo, 27 de septiembre de 2020

La cueva de la miel

Leyenda Nevarien.

 

            Cuando Ariud era pequeña se perdió en la selva. Su padre que era un hombre valiente, partió en su búsqueda. Pocos días después Ariud fue encontrada desmayada, cerca de una aldea. Su padre no estaba con ella, pero aquellos que la habían encontrado vieron que junto a ella se encontraba un ave de color dorado, que jamás habían visto. Cuando recogieron a la niña el ave escapó. Jamás volvieron a tener noticias del padre de Ariud y esto entristeció a la niña, que se sentía culpable por su desaparición.

 

            Ariud creció, marcada por el trauma, siempre intrigada por el misterio de qué había sucedido aquella vez. Habiendo pasado una década desde aquel evento, llegó a su aldea una maga elfa, alta, hermosa y rodeada por una docena de aves doradas. Ariud preguntó a la maga por las aves, pues nunca nadie en la aldea había visto otra de ellas, excepto por la vez cuando la habían encontrado. “Estas aves han sido mi creación, ellas son mágicas y a través de ellas puedo ver lo que sucede en lugares remotos pues lo que ellas ven lo veo yo. Pero existen algunas criaturas que han corrompido a varias de mis aves y han aprendido a controlarlas. No te recuerdo de niña así que no creo que aquella ave haya estado a mi servicio. Pero sé a quién podría haber servido. Es un viejo brujo, corrompido, obsesionado.” La elfa buscó entre sus posesiones un pequeño frasco con agua cristalina en su interior y se lo ofreció a la joven para luego continuar con su explicación. “Si deseas encontrarte con él, puedo explicarte como hallarlo, mas no lo recomiendo. Pero si has de ir entrégale esto a cambio de tu vida, pues buscará a toda costa matarte. Aun así, lo conozco  bien y su naturaleza no es maligna, solo es un viejo amargado.” Ariud aceptó el frasco de agua cristalina y aprendió como llegar hasta donde el brujo. Agradeció a la elfa y se dirigió en búsqueda de respuestas, sola.

 

            Fue necesario que caminase por tres días para llegar hasta donde la elfa le había indicado, una perdida cueva en la mitad de la selva. Era de día todavía y la luz del sol se filtraba por huecos que comunicaban con el exterior. Supo que se encontraba en el lugar correcto cuando tuvo que abrir una puerta de madera gruesa y pesada para poder continuar, puesta allí posiblemente para ahuyentar a los depredadores y otros animales salvajes. La cueva por dentro se convertía en un laberinto. Ariud llegó hasta una habitación repleta de panales de abejas. El zumbido era ensordecedor y las abejas al reconocerla se arremolinaron preparándose para atacarla. Pero algo las detuvo, el ritmo de un sonajero que se escuchaba detrás de ella. Las abejas se calmaron y regresaron a su labor. Ariud había encontrado al brujo. Jamás se le había ocurrido que el brujo era un ogro viejo y arrugado, lleno de verrugas violáceas y vestido con un traje harapiento y hediondo. En una de sus manos sujetaba un sonajero metálico con piezas tanto de chapa como de pequeños huesos que golpeaban entre sí para generar el sonido que había detenido a las abejas.

 

            El ogro ató el sonajero a su cinturón y gruñendo preguntó “¿Dime porque no debo de dejar que mis abejas te maten? Estas son abejas asesinas, mucho más agresivas que las del este o el sur. Éstas acabarán con tu vida en segundos, solo yo puedo controlarlas, con mi sinoj.” Refiriéndose al sonajero. Ariud tomó el recipiente con el agua cristalina y se lo mostró al ogro “Una maga me ha dado esto para que se lo ofrezca a cambio de mi vida”. Entonces el ogro contestó “Muy bien, dime entonces ¿Por qué no debería dejar que mis abejas asesinas te maten y luego tomar el recipiente que me ofreces?”. Ariud realmente no había pensado en eso. Desesperada contó su historia mientras el ogro se acercaba lentamente “Hace casi diez años me perdí, mi padre fue a buscarme, yo aparecí desmayada junto a un ave dorada. La maga me dijo que usted podría saber algo de eso.” El ogro se detuvo y con sus brazos colgando, relajados hizo una mueca con su boca y le contestó. “Ah, entonces eres tú. Así que la maga te envió por su ave.” Pero la joven contesto “No, no he venido por su ave yo solo quiero saber que ha pasado con mi padre y pensé que usted podría saber.” El ogro movió su cabeza de lado a lado y exclamó “¡Regresa por dónde has venido, no te conviene saber que ha pasado con tu padre!” Pero la joven rompió en llanto, el ogro se acercó y tomó el recipiente con el agua que había enviado la maga con delicadeza para después alejarse. “He venido hasta aquí en busca de respuestas, si usted sabe lo que pasó esa noche debe decirme, deseo saber que sucedió con mi padre, deseo poder reencontrarme con él”, replicó la joven. El ogro le indicó con una mano que lo siguiese y así lo hizo Ariud secándose las lágrimas.

 

            El ogro, que jamás se presentó, la guió por su laberíntica cueva llena de panales de abejas asesinas rebosantes de miel. Un atemorizante zumbido se escuchaba a todo momento pero las abejas los ignoraban. Ella, mucho más baja que él, había sucumbido al miedo que le producían los insectos, mucho más que el que ahora le producía el ogro y se acercó a él, colocándose a su sombra. Llegaron a una habitación helada, allí no había abejas, pero si un frio antinatural, Ariud intuyó que se trataba de alguna magia que controlaba el ogro. En la habitación había un lecho de piedra y sobre el lecho había un ogro, que parecía dormido y era  más pequeño que con quien ella hablaba, asumió que se trataba de un niño. Entonces el brujo habló “Como seguramente habrás asumido, este es mi hijo, está vivo, pero sumergido en un sueño del que mi magia no puede sacarlo. Los de mi especie necesitamos medicina mucho más potente que la que necesitan los humanos. Por eso tú estas viva y hablando conmigo y él no. Todo está conectado.” Pero la joven no entendía así que pregunto “¿Cómo?”. El ogro continuó con su explicación “Existe en la selva una planta, a veces es un árbol a veces es un arbusto, ustedes los humanos la conocen como adelfa, tiene una hermosa flor también muy venenosa y mortal. Tú, claramente, eres alérgica a ella y cuando te perdiste tuviste la mala suerte de encontrarte con una. Yo las conozco bien, pues son las favoritas de mis abejas, por eso su miel es mortal para los hombres, pero no para los ogros, como yo. Necesitamos más para morir y también más para sanar. Tu padre te encontró, y yo los encontré a ambos. Así que me preguntó si podía salvarte, y le conteste que sí, pero que le saldría caro. Él dijo que haría lo que fuese. Y así fue. Soy capaz de hacer una medicina capaz de curar muchas cosas, tu estado y el de mi hijo. Pero toma mucho tiempo prepararla y  sus ingredientes son demasiado caros aunque el principal es la miel, el otro es el cadáver de una persona. Cuando mi hijo enfermó, tanto su madre como yo quedamos destruidos. Yo sabía que podía salvarlo así que ella preparó esta cámara de frio para conservarlo vivo, aunque dormido y me encargó que preparase la medicina para traerlo de vuelta. Ella misma se envenenó con la miel de estas abejas hasta morir, y tuvo que consumir mucha, luego sumergí su cuerpo en miel para que en ella se descompusiese y yo eventualmente pudiera destilarlo para conseguir la medicina. Cuanto más tiempo deje al cuerpo en miel, más potente será la medicina. Así que apareciste tú y tu padre, yo podía salvarte con la mezcla de miel y la madre de mi hijo, pero esa mezcla todavía no podía salvar a mi hijo. Así que intercambié la medicina por la vida de tu padre para fabricar más medicina. Te traje a la vida nuevamente y dejé a mi ave contigo para mostrarle a  tu padre que te habían encontrado, pues puedo ver lo que ve el aliud. Luego tu padre cumplió con su parte y bebió la miel de mis abejas. Puse el cuerpo de tu padre en miel, que ha estado descomponiéndose desde entonces. Pronto la medicina estará lista, y esto que me has traído enviado por la maga elfa ayudará. Después de todo ella seguro sabía lo que pasaba pues nunca dejó de ver lo que veía el ave que le robé.” La niña, con el corazón roto, estaba confundida. Siempre había asumido que su padre había muerto, pero ahora habiéndolo confirmado se encontraba destruida: “¿Si la maga sabía lo que había pasado por que me mintió?” preguntó. El ave dorada, que desde hacía años acompañaba al brujo, entró a la habitación desde la cueva, por la que ellos también habían entrado, y se posó sobre un palo. Ágil como, el relámpago, moviendo solo su cabeza, cazó, de un solo picotazo, a una abeja perdida, devorándola en el acto. El ogro entonces contestó “Como no me gustan los elfos, te contestaría que porque es malvada. Pero voy a concederle el que quizás supiera que no lo creerías sino llegases hasta aquí. La miel no envejece, no se degrada, no se corrompe. Tú puedes matar lo que quieras y tirarla a ella, siempre curará, pero nunca como la de aquellos que se han entregado voluntariamente. Porque así funciona la magia. Ese sacrificio es escaso, es caro, es valioso. Sobre todo cuando es invisible. En esas raras ocasiones, en las que alguien renuncia a algo por nosotros, somos, sin lugar a dudas, privilegiados. Cualquiera con privilegios, se convence a si mismo que los merece, sobre todo cuando no sabe cuánto cuestan, a veces incluso aun así. Lo que quedamos tenemos privilegios, lo que tenemos conciencia lo lamentamos. Creo, que si no hubieras sido tan joven e inocente, no habrías venido. Hubieras preferido cualquier otra verdad, una más cómoda. Voy a preguntarte lo mismo que me has preguntado tú, ¿Por qué crees que te ha mentido la maga?”. Y Ariud, ya sin esperanzas de volver a ver a su padre y conociendo su fatal destino y el motivo de su permanencia en el reino de los vivos contestó, sin duda alguna, “Porque es malvada.”

 

 

Fin.

 

Y usted ¿Por qué cree que la elfa mintió?

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