Ya en la casa de
Uruduntis, el ermitaño, Licken fue atendido por Izhá y tras un exitoso
tratamiento se recuperó casi inmediatamente. Las capacidades regenerativas de
los fungi que Viridrut había mencionado con anterioridad eran evidentes. Al día
siguiente Izhá y Viridrut acompañados por Licken fueron a buscar el tesoro del ladrón
y a recuperar el cuerpo mismo del criminal para presentarlo ante la justicia.
Para esto se hicieron de una carreta de cuatro ruedas tiradas por dos bezules,
potentes rumiantes que el elfo había conseguido.
Licken
que era tres cabezas más alto que Viridrut excavaba con sus propias manos en la
cueva, mientras que los otros dos usaban palas. La fuerza del fungi no tenía
comparación, incluso levantó un cofre repleto de oro y plata y lo cargó en la
carreta él solo y sin complicaciones. De vez en cuando se asomaba al sol a
recuperar fuerzas. Viridrut tenía muchas preguntas que hacerle a su hermano,
pero intentó no hablar y comunicarse telepáticamente con él para no tener que
estar explicándole todo el tiempo al elfo lo que decía o pensaba Licken. Sería
mejor después hacer un resumen. Además había trabajo que hacer.
—Dime hermano ¿Es Porus el único de
nuestra especie que conoces? además de mí por supuesto. —preguntó Viridrut
mentalmente.
—Sí. Aún siendo muy diferentes Porus
estuvo conmigo desde el principio. Hace cerca de dos meses.
—Uruduntis dijo que su gato vio como dos
de los nuestros salían de la tierra y crecían rápidamente. Es posible que
fueran ustedes. Eso significa que al menos hay uno más de nuestros hermanos, el
qué creció primero. ¿Por qué dices que Porus era diferente?
—Porus era más similar a ti que a mí. Quizás
yo soy el diferente. Quién nos recibió a nosotros era una mujer que vivía en el
bosque. Era humana. He notado que los humanos que dicen ser mujeres son
diferentes físicamente a los humanos que dicen ser hombres. Porus era
diferente.
—Sí, yo también he notado eso, ¿dices
que Porus era mujer?
—No, yo más bien creo que no tenía género,
no se tampoco que soy yo. —dijo Licken mientras arrojaba una manotada al suelo,
desenterrando una pequeña caja. Izhá la abrió y encontró diminutos frascos de
vidrio con un extraño líquido en su interior.
—Yo he estado llamándote hermano, te he
visto alto y fuerte y te asocié con un ser masculino. Este lenguaje nos limita,
a pesar de que nos permite comunicarnos encierra muchos sesgos. Sin duda su
capacidad de expresión es producto de una comprimida cosmovisión que no resulta
apropiada para nuestra naturaleza. Tendremos que adaptarnos a su incapacidad
para definirnos o transformar este lenguaje en algo más apropiado. Lamento si
te he ofendido. —se disculpó Viridrut.
—Sentirme ofendido por el uso que le das
a un lenguaje que te antecede me parece absurdo, sobre todo porque tú no has
definido sus reglas. No obstante creo que lo más apropiado será transformarlo.
En el corto tiempo que he vivido, en contraste con el de estos mamíferos, he
comprendido que nada es estático. Aceptar el cambio inevitable que trae consigo
madurar implica valor. Y deseo ser un valiente a pesar de confundido ser, que
aportará a construir un futuro mejor para los de nuestra clase, a ser un gran
ejemplo de lo que ha definido el mundo del ayer, hecho por otra gente, que
intenta desesperadamente recuperar esa sensación de satisfacción de ser lo
actual. Y solo me queda esperar qué cuando aquellos a los que precederé lleguen
a mi lugar, sepan disculpar lo primitivo que seré para ellos.
—Es una pena que no tengas voz —Se lamentó Viridrut—. ¿Qué pasó con la mujer
que los atendió?
—Hace dos semanas, esa anciana fue
asesinada, por este asqueroso criminal. Yo era demasiado ingenuo entonces. No comprendía
de qué se trataba la muerte todavía. La mujer estaba siendo explotada por este
hombre, no sé qué le pedía, pero llegaba cada tres días a su choza a reclamar
el precio que cobraba por no golpearla. Ella nos ocultaba y nos decía que no
apareciéramos, que ella sabía controlarlo. Pero un día llegó preguntando por
nosotros. Ella nos negó, pero él sabía que estábamos cerca. La mató allí mismo,
fue muy injusto. Porus lo persiguió para enfrentarlo. Porus era valiente. No
teníamos armas y cuando finalmente lo encontramos lanzó a ese monstruo contra
nosotros. El megaterio destrozó a Porus, yo pude detenerlo pero eso no evitó
que me lastimase gravemente. Quedé inconsciente, cuando desperté el hombre
había cortado algunas parte de Porus, arrancó algo de mis escamas también y se las llevó no sé para qué. Cuando el
hombre se fue yo escapé como pude, pero los gusanos ya habían llegado a mí, y
terminé en la cueva de otra de esas bestias, estuve días allí perdiendo
fuerzas. Por suerte tú llegaste a
rescatarme.
Viridrut intentó asimilar todo lo que le
había dicho Licken. Tenía mucho que pensar y debería de decírselo a Izhá. El
elfo tenía muchas más opciones que ellos de hacer algo con esa información.
Pero le intrigaba a quien había llevado pruebas de la existencia de los fungi
el criminal conocido como el atracador del bosque y sobre todo como se había
enterado en un primer momento y porque eran importantes. Izhá había terminado
de desenterrar todo lo que había allí y lo había subido a la carreta. Viridrut
todavía tenía a la araña en su morral, el cual también contenía los restos de
Porus. Cuando el elfo se encontró lo suficientemente alejado el fungi liberó al
arácnido nuevamente en su cueva para que reconstruyese su telaraña. Y le
agradeció por todo lo que había hecho por él. Sintió que la araña podía comprenderlo,
eso era nuevo para él.
Izhá los convenció de ir directamente al
pueblo a regresar el botín del ladrón a sus respectivos dueños y reclamar una
parte de ese dinero. Los hongos no entendían muy bien lo que podían hacer con
ese dinero pero no tenían por qué desconfiar del elfo. Que además afirmaba que
lo mejor era presentarlos ante los pueblerinos pues así empezarían a confiar en
ellos. Izhá se confiaba de su reputación como agente de la ley para hacer una
introducción adecuada y el hecho de que regresasen el dinero los haría quedar
bien. O por lo menos eso estimaba.
Habiendo llegado al recinto de las
autoridades Izhá habló en privado con el gobernante del pueblo y con el
representante del ejercito real que custodiaba esa región con apenas unos diez
hombres. El elfo conocía a los hombres y temía que la aparición de estos héroes
misteriosos generase desconfianza y sobre todo que el hecho de que hubieran
vencido a un ladrón que habían estado buscando hace tanto tiempo generase
envidia y resentimiento, pues haría quedar como ineficientes a las autoridades
que tendrían que haberlo detenido. Se aseguró que se entendiera que ellos solo
habían dado con el botín de casualidad y que quien había matado al ladrón había
sido una araña vengadora, más no ellos. Conociendo la naturaleza ingenua e
inocente de Viridrut prefirió no explicarle todos estos pasos y viendo que
confiaban en él simplemente actuó en lo que él consideraba era su beneficio. El
gobernante accedió gustoso, en los términos que pidió el elfo, a entregar una
porción proporcional del botín que saldría de impuestos venideros. Pues se les
devolvería a los ciudadanos lo robado, según lo reportado. El pago a los fungi
se haría de inmediato y en presencia de los plebeyos. Como mucho de lo robado
por el ladrón había salido de las arcas del pueblo, ya podrían volver a
llenarse después.
El clarín del pueblo convocó a todos con
su instrumento. Era un hombre corpulento con grandes pulmones y un vozarrón
atemorizante. Los dos fungis estaban junto a Izhá y el gobernante en una tarima
a la vista de todos. En muy poco tiempo la mayoría en el pueblo se encontraba
allí. El hombre del sencillo instrumento clamó —¡Ahre, Ahre! ¡Valientes
justicieros acaban con la vida de joven atracador extranjero!
El gobernante del pueblo se acercó a los
hongos y les habló en voz baja —Nadie ha podido reconocer a este hombre así que
sabemos con certeza que ha de ser extranjero. Siempre es lo mismo vienen aquí a
robar.
Viridrut contestó —Nosotros también
somos extranjeros, no hemos nacido en este pueblo al menos.
—¡Tonterías! —dijo sonriendo—. Ustedes
son puro hongo autóctono, se les nota en el color de la piel.
—¿Cuál piel? —replicó el fungi que podía
hablar
—Mi nombre por cierto es El—Acrin. —dijo
el gobernante extendiendo su mano.
Pero Viridrut no entendía el gesto y se
limitó a preguntar —¿Lacri?
—Bueno ya es suficiente —intervino el
elfo—. El señor es el gobernante su nombre es El—Acrin y ellos son Viridrut y
Licken. El gobernante del pueblo les ha prometido el diez por ciento de lo recuperado,
que estará a su disposición inmediatamente. Sonrían, véanse agradecidos y
terminemos con esto.
—Licken no puede sonreír —aclaró
Viridrut—. No tiene boca.
—Que salude con la mano. —dijo resignado
el elfo.
Los dos fungis comenzaron a agitar ambas
manos de una manera completamente extraña pues al no poseer huesos se ondulaban
de un lado al otro. El elfo les pidió inmediatamente que se detuvieran al ver
esto. El gobernante los ignoró y comenzó con su discurso —Pueblo, compañeros —dijo
amenamente—. Estos valientes caballeros, ayudados por, aparentemente una araña
nacional, han derrotado al joven ladrón terror de los peregrinos, que todos
conocíamos como el atracador del bosque. Y habiendo alertado a la guardia, en
una rápida acción en conjunto hemos recuperado el botín robado a lo largo de
los meses por el inmigrante ilegal e indocumentado, de quien desconocemos su
identidad exacta.
La gente vitoreó a Viridrut y a Licken
al grito de —¡Que vivan los hongos! —y— ¡Fungos al poder! —Con diversos cánticos
algunos más originales que otros re versionando viejas canciones. Los rumores
de que se trataba de dos hongos andantes se habían esparcido rápido sin necesidad
de que el hombre explicase nada y la gente estaba muy calmada al respecto. De
hecho era mucho más extraño que el dinero regresase a la gente de que un hongo
los estuviera saludando.
—Pero señor Lacri…—intentó decir algo el
hongo parlante pero el gobernador no lo dejaría.
—Calla por un segundo querido —dijo en
voz baja y después prosiguió con sus anuncios—. Como saben la recompensa es un
diezmo de lo recuperado —La gente seguía vitoreando y gritando que estaba bien—.
Hemos estado contando el dinero y al parecer el botín solo era la mitad de lo
esperado —Tras escuchar esto Izhá miró al hombre algo extrañado, pero el
gobernante continuó—. Es evidente que el ladrón tenía algún cómplice el cual…
Pero la gente comenzó a abuchearlo —¡Buuu!
¡Buuu!
—¡La otra mitad del dinero la has robado
tú! —gritó uno.
—¡Busquémosla en tu finca! —gritó otro.
El gobernante prosiguió prácticamente
inmutable, solamente elevando un poco la voz —Ya, ya. Es evidente que el ladrón
tenía algún cómplice y que nuestra búsqueda no ha terminado, nuestros hombres
con ayuda del Kento elfo estarán persiguiendo a los culpables de tal horrendo crimen.
—¡Buu, Buuu! —insistió el pueblo.
—Corruptos. –dijo uno.
—Kento represor. –gritó otro.
—Esperen, esperen, hay que darle más
tiempo. —gritó un pobre infeliz que estaba al fondo de la turba.
El gobernante les habló a los hongos y
al elfo nuevamente en voz baja —Esto no está
resultando ni remotamente cerca de lo que esperaba.
—¡Buuu! ¡Buuu! —continuaban gritando.
—Nos gobiernan los de afuera. —insistían.
Pero el gobernador estaba acostumbrado a
estas cosas y sabía que solo era cuestión de insistir, evadir cualquier tema
que no pudiera contestar, no dar argumento alguno, sonreír, contestar cualquier
cosa excepto lo que le preguntasen y llevar la situación hacia los temas que a
él le interesasen, por lo que simplemente continuó —Estos valientes caballeros
merecen nuestro reconocimiento, —y entonces utilizó su más baja estrategia,
generar culpa— por favor. Mírenlos, han arriesgado sus vidas, nos han traído lo
nuestro —enfatizó sabiendo que al decir esto estaba apelando a la emocionalidad
de sus subordinados haciéndose ver como si estuviese al mismo nivel que ellos—.
Nos han devuelto lo nuestro. —gritó alzando sus manos buscando una ovación, y
para sorpresa del elfo, resultó.
La gente ahora vitoreaba, saltaba
festejaba y revoleaba cosas. El gobernante los miró sonriendo e hizo un gesto
de victoria solo para ellos. Los poderes mágicos de Viridrut no parecían gran
cosa delante del poder de convicción del gobernante, aunque el fungi también
concluyó que la araña con la que había lidiado, sin cerebro complejo alguno,
era menos manipulable que el muestrario de lerdos delante de los que se
encontraba de quienes el mismísimo megaterio hubiera sentido envidia. Pero los
pueblerinos callaron abruptamente, alguien se había presentado. La gente se fue
separando y vieron como una criatura muy pequeña cubierta por una capucha y una
capa caminaba hacia donde estaban los héroes. Era muy baja casi de la altura de
una niña de seis años.
Con una delgadísima voz femenina preguntó
—¿Son ustedes fungis?
Viridrut dio un paso al frente y respondió
—Sí, mi nombre es Viridrut y aquí conmigo se encuentra Licken. ¿Quién eres tú?
La criatura retiró su capucha y dejó
caer su capa. Era muy pequeña pero no necesariamente delgada. Vestía de gris
claro, un sencillo vestido, pero aun siendo claro parecía oscuro, pues ella era
albina, y al igual que Viridrut no tenía nariz pero si una pequeña boca. Su
cabeza era diferente, en vez de crecer y ensancharse se hacía más delgada con
finas hebras que iban hacia arriba y que aportaban lo único de color en ella,
algo de verde y dorado. Su piel, o lo que correspondiera, estaba llena de vellosidades,
hifas, blanquecinas. Después de un pronunciado silencio ella contestó —Puedes
llamarme Penny, soy una de los tuyos. Creí que era única.
Un niño rompió el silencio del pueblo y
dijo señalando a la fungi —¡Mira mami, una honga bebe!
El barullo se apropió del ambiente y
esto hizo sentir miedo a Penny, quien volvió a cubrirse con su capucha
intentando en vano ocultarse. Entonces no falto el comentario anónimo y cobarde
propio de los hombres ignorantes —¡Es una bruja!
—Es una bruja. –repitieron otros. Y
alguien entre la multitud levantó un pato con sus manos que rápidamente escondió.
Licken y Viridrut bajaron a proteger a
Penny de los supersticiosos pueblerinos. Y, al lado de sus hermanos Penny
recobró su valor —No soy una beba, soy tan vieja como mis hermanos, solo soy
pequeña. Y no soy una bruja, pero algo de magia poseo, o quizás no sea magia,
pero con gusto la pondré a su disposición. —ella se acercó a un hombre de
mediana edad que estaba claramente ciego, con sus ojos completamente infectados
y supurando. Que al parecer solo había ido a gritar. Los hombres y mujeres se
alejaron cuando la fungi se dirigió hasta donde estaban ellos, pero el ciego no
se movió, porque no sabía lo que estaba pasando. Ella le indicó a Licken que la
levantase y su hermano la obedeció dejándola a la altura de la cara del hombre.
Penny apoyó sus dos manos en los ojos del hombre que retrocedió asustado. Pero
inmediatamente sus ojos comenzaron a sanar, y al cabo de unos pocos segundos
recuperó su vista, la cual había perdido años atrás.
—¡Puedo ver, puedo ver! —gritaba
maravillado el hombre.
Penny, que si poseía boca, sonrió —Puedo
ayudarlos con más cosas si me lo permiten. No nos hagan daño por favor.
El gobernante intervino a su favor
aprovechando el momento —¿Ven? Queridos compañeros, los hongos son nuestros
amigos. Han llegado para ayudarnos.
La gente volvió a vitorearlos y los
rodearon, pidiendo favores, sobre todo a Penny. Viridrut aprendió ese día que
las únicas minorías que el pueblo tolera son aquellas que pueden ser
explotadas, pero era mejor eso que ser convertido en un chivo expiatorio.
Izhá habló en voz baja al gobernante —Ya,
que se lleven el dinero ahora y me los llevó a los tres, antes de que los ánimos
vuelvan a cambiar.
El hombre supo que era lo mejor y tras
indicarles que regresasen a la tarima, los volvió a felicitar y les entregó la
recompensa frente a todos. Los invitó a regresar a realizar más proezas y se
despidió rápidamente. El elfo subió a los tres a la carreta tirada por los
bezules y regresó a la morada de Uruduntis. Muchos hombres y mujeres siguieron
a pie al vehículo, pero aunque los animales no se movían muy rápido pronto
dejaron atrás los peatones.
Cuando llegaron a la casa de Uruduntis,
Izhá liberó a los bezules, no sin antes dejarles una buena ración de comida en
frutas y verduras suculentas para ellos. Los bezules eran vaquitas del bosque y
allí pertenecían. Viridrut contó su historia y sobre todo la de Licken a Izhá,
que lo escuchó atentamente. Penny narró su propia historia, muy similar a la de
Viridrut, ella también había sido adoptada por unos granjeros pero de un lugar
bastante alejado de donde provenía Viridrut, aunque todos aparentemente habían surgido
del mismo sitio en el bosque. El elfo prometió seguir investigando y le pidió a
Uruduntis quedarse esa noche allí. El clérigo no se negó y además ofreció a los
hongos quedarse todo el tiempo que quisiesen en su morada, pues estaba muy
interesado en el asunto. Penny por su parte le pidió a Viridrut que le
entregase los pies de Porus para enterrarlos. Cavó un poco con sus propias y
pequeñas manos, los colocó por separado y
apoyó sus manos sobre ambos. Luego los cubrió con un poco de tierra. Se
quedaron unos minutos esperando que algo mágico sucediera, pero nada pasó. Se
fueron a dormir algo decepcionados.
Referencias:
01) Bezul
02) Pato doméstico
01) Bezul
02) Pato doméstico
No hay comentarios:
Publicar un comentario