miércoles, 25 de diciembre de 2019

04 - Fungomanía




            Entre las cosas que los hongos habían adoptado al convertirse en esa suerte de humanoides que eran ahora estaban los sueños. No solo debían descansar, posiblemente sobre todo su mente, sino que sumado a eso eran capaces de soñar. Y además compartían los sueños. Ellos tres soñaron unos con otros y podían interactuar en los sueños de los demás. Había mucho que les quedaba por descubrir sobre ellos mismos. Licken y Porus habían experimentado cosas parecidas, pero para Viridrut y para Penny esto era nuevo.

Izhá los despertó a la mañana siguiente con varias noticias. Sentado en el sillón en el que había dormido, mientras acariciaba al gato montés de Uruduntis les explicó —¡Buenos días! He estado reflexionando sobre varias cosas y creo que tengo algunas respuestas. Pero antes de eso déjenme decirles que no estamos solos.
—¿A qué te refieres? —preguntó Penny.
—Los hombres del pueblo los han estado siguiendo hasta aquí. Y afuera ahora  mismo hay decenas que esperan su ayuda. Tu demostración de habilidades curativas, los ha impresionado. Y supongo que regresar el botín del ladrón ha servido para generarles una buena imagen.
—Pues ayer creí por un momento que no matarían. —dijo Viridrut.
—Bueno, los humanos son así —dijo el elfo—. No te ofendas Uruduntis, por favor.
—Si me ofendería no sería por eso. —dijo el hombre con cierto resentimiento.
—Mi consejo es que los ayuden, si pueden, pero no todos al mismo tiempo. Con el tiempo se aburrirán y dejaran de venir. Pero si los rechazan ahora se pondrán molestos y agresivos. Una cosa que deben saber es que a estos humanos en particular no les gusta la magia. Así que no llamen magia a su magia. —continuó explicando el elfo.
—¿Lo de Penny ha sido magia? —preguntó Viridrut.
—No lo sé, como ya te he dicho yo no soy mago y tengo algunas dificultades para detectarla. Los magos verdaderos lo harían enseguida. Solo un mago, puede hacer magia sin necesidad de nada. Tú eres uno de ellos Viridrut sin duda. Yo sé ejecutar un par de canciones con mi sirinmulú, el instrumento de viento que cargo, que tiene poderes mágicos, pero cualquiera puede hacer eso con el instrumento adecuado. Un verdadero mago podría hacerlo solo con la voz. Si Penny puede hacer magia se trataría de magia blanca, se usa generalmente para curar. La magia roja, es la de los sueños, la de la ilusión y la confusión, y la de la invocación. La magia roja está relacionada a la mente. La blanca a la sanación. Ahora bien, los magos si bien pueden usar todas los tipos de magia que existen, siempre hay una en la que se destacan y que manejan mejor. Radasté, la única de los magos que Uruduntis supo identificar, es una maga blanca. Es conocida como Radasté, la pura, guardiana de Talisú. Es una gran sanadora. Alguno de los otros dos magos que se encontraban esa noche, debe haber sido si o si un mago rojo. Es imposible que hubieran invocado a un elemental e intentado encerrarlo sin que al menos uno de ellos fuera un mago rojo. Aquella noche en la que te conocí y me enteré de esta historia, fui en busca de Radasté. Pero no la encontré, tampoco supe nada de ningún elfo lastimado. Así que asumo jamás regresaron a la tribu. Podría haber ido al norte, o al noreste y enfrentar a los elfos oscuros, o haberse desviado por el oeste. Un viaje hasta allí me tomaría demasiado tiempo. Me interesan ahora dos cosas. La primera seria ir a la casa donde el atracador del bosque mató a la anciana que cuido de Licken y su otro hermano. Creo que la conozco, ella vivía allí porque estaba exiliada ya que se sospechaba que era una bruja, y a los hombres no les gustan las brujas. La segunda es ir al lugar donde todos ustedes nacieron.
—¿Por qué quieres ir a su casa? —preguntó Viridrut.
El elfo sonrió y dejó al gato en el suelo delicadamente. Después sin levantarse buscó entre sus ropajes y extrajo uno de los recipientes con el extraño liquido —Esta es una droga que se utiliza para amansar bestias. Generalmente se usa para hacer más dóciles a lobos y perros. Muy común entre los ladrones. Es un derivado de otra droga conocida como el polvo del sueño. Solo que esta última es muy costosa y difícil de conseguir, pero con poca cantidad de ella se puede producir mucho del amansa bestias, con un efecto un poco más leve y diferente, pues más que dormir atonta. Creo que el hombre la estaba explotando para que fabricase esta droga, y que es con lo que controlaba al megaterio. La bestia posiblemente solo estaba allí para proteger al botín. Y eso es otra cosa que me intriga.
—¿Qué? —preguntó esta vez Penny.
—Ese hombre no dormía en el bosque, eso es seguro. No había un lecho para él y no estaba vestido apropiadamente. Y también creo que trabajaba para alguien más.
—Sí, el gobernante del pueblo dijo algo sobre eso. —dijo Viridrut.
Pero el elfo soltó a reír —No creo. Estoy bastante convencido de que él mismo robó la parte del dinero del pueblo que no encuentra, como bien decían los hombres. Pero yo no estoy para interferir en esos temas, como tampoco estoy para interferir en los suyos de fungi. No, sino me lo solicitan al menos. Pero ese hombre los estaba buscando, aun cuando nadie los conocía, quizás estaba siendo informado por alguien más, alguien que también los busca.
—¿Podría haber sido el otro hongo? El que primero salió. —preguntó Uruduntis.
—Es una posibilidad muy remota. Quien buscase por ellos, no quería ser identificado, sino no hubiera enviado al ladrón y poner en riesgo la vida de los fungi, y de la mujer. A menos que hubiera evaluado muy mal la naturaleza del hombre. Si se llevó parte de Porus y Licken es porque necesitaba evidencias de que los había encontrado. Alguien más los está buscando. Y me parece que es importante que averigüe quien.
—Pues parece que ahora todo el mundo nos está buscando. –acotó Viridrut.
—Sí —dijo Izhá un poco preocupado—. Por un lado hubiera sido bueno que me contases lo que te había dicho Licken antes y hubiera evaluado no presentarlos en sociedad, por otro lado no podía anticipar la llegada de Penny. De una forma u otra las cosas ya sucedieron. Y el lado positivo de que estén expuestos es que posiblemente otros como ustedes podrán ponerse en contacto más fácilmente. Si se ganan el favor del pueblo es posible que hasta ellos los defiendan. Un motivo más para ayudarlos. Si se convierten en figuras públicas e importantes pensaran dos veces antes de lastimarlos.
—Siempre has sido un manipulador. –agregó Uruduntis.
El elfo sonrió —Creía que al menos esa parte de mi te caía bien.
—¿Y entonces que harás? —preguntó Penny.
—Voy a ir a la casa de esa mujer a investigar, si es quien creo sé cómo llegar. Luego creo que iré al lugar de donde todos ustedes provienen.
—¿Los tres elfos que dieron lugar a nuestro nacimiento hicieron algo malo? —preguntó Viridrut algo amargado.
—No sé, pero no es algo malo que ustedes estén aquí. No obstante los elfos somos persistentes y poderoso, sobre todo los magos. No tengo idea de que quisieron hacer pero hay un presunto elfo lastimado que no aparece. Algo le ha pasado a esos tres, no sé si se están ocultando o están en peligro. Me intriga mucho no saber de ellos y me gustaría escuchar su versión de los hechos. Además sería bueno saber algo más del origen de ustedes los fungis. Ten claro que seguiré buscándolos. Izhá finalmente se levantó del sillón.

Tras despedirse del elfo y con el permiso de Uruduntis los hongos consideraron que lo mejor era hacer pasar a las primeras personas y ver cuáles de sus problemas podían resolver. Al principio para ellos fue divertido. Los primeros casos se trataron de personas con problemas sencillos, a veces se trataba de malestares comunes, algunos con fiebre, otros con infecciones que Penny curaba fácilmente. A veces en realidad no podía hacer mucho así que aprendió a vendar y hasta a coser heridas. Viridrut y Licken generalmente cooperaban con poco hasta que les empezaron a pedir cosas un poco más acordes a sus capacidades como arreglar una carreta o ayudar en algunas tareas en las que se requería mucha fuerza donde Licken podía lucirse.

Los días pasaron rápidamente. Por las tardes ellos detenían sus tareas y enviaban a la gente a sus hogares aunque muchos se quedaban a acampar para ser los primeros al día siguiente. Entonces ellos se dedicaban a estudiar. Uruduntis les enseñó a leer y escribir, pues era el primer humano que conocían que sabía hacerlo. Y poseía también muchos libros con los cuales practicar. Los tres eran muy inteligentes y les tomó solo una semana aprender. Todo sucedía muy rápido en la vida de los fungis. Había libros de todo, pues Uruduntis era además de un clérigo de Irus, la luna, un gran naturalista con intereses en entomología, botánica, biología marina entre otras tantas cosas y poseía varios tratados sobre medicina, sueños y filosofía. Por las noches seguían experimentando encuentros entre ellos en sus sueños y les era cada vez más fácil narrarse entre ellos lo que habían vivido, sobre todo a Licken que era el más acostumbrado a comunicarse con su mente. Al pasar de las noches fueron sintiendo cada vez más que no estaban solo ellos tres. Había más fungis, pero se encontraban lejos, su presencia era muy sutil, pero estaban allí. Todos los días al despertarse ansiaban enterarse de que uno más de sus hermanos había aparecido. Pero nada de eso sucedió. Ayudar a los hombres comenzó a ser rutinario. Pero para los hombres encontrarse con los fungis era algo emocionante. El pueblo no era muy grande así que pronto los enfermos por los que se podía hacer algo habían curado y las cosas para resolver, al menos las más urgentes se habían resuelto. Así que los hombres los invitaron a sus hogares a las plazas y a eventos como ferias ocasionales y algunas celebraciones. Los hongos no se reusaron y asistieron a un par de cumpleaños y a una celebración de la luna llena que dirigió Uruduntis. A alguien se le ocurrió realizar sombreros tejidos que daban la apariencia de un hongo y la gente comenzó a usarlos en cada ocasión. Algunos eran blancos, otros rojos, otros tenían motas. Los más populares eran los pardos, como la cabeza de Viridrut y los blancos con verde y dorado como la cabeza de Penny. Había como diez modelos y al tabernero le tomó solo tres días juntarlos todos y reclamaba que se hicieran más. El gobernante del pueblo se acercaba a saludarlos cada vez que pasaban por allí. Y ordenó en una ley obsecuente y completamente innecesaria: prohibir la venta y comercialización de hongos para el consumo alimenticio. Izhá no regresaba, pero los fungis estaban bien y la gente se había acostumbrado a ellos.

Un día cuando ya habían pasado más de cuatro semanas de la partida de Izhá, los hongos fueron llamados de emergencia al pueblo. Una carreta tirada por dos caballos pequeños pero fornidos llegó a la puerta conducida por un anciano con un gorro blanco de hongo y dos soldados. No explicaron mucho pero los guardias indicaron que se trataba de una mujer que estaba agonizando por una intoxicación. En pocos instantes llegaron al pueblo y fueron guiados a la casa de la mujer. El pueblo entero estaba en la puerta, amuchados y apretujados, curiosos de lo que pasaba y de si los hongos podrían hacer algo. En la habitación donde se encontraba la paciente estaban sus tres hijos, uno muy pequeño y los otros dos casi adolecentes. El cantinero había entrado entre otros del pueblo. Era una casa muy humilde y esa habitación donde estaba el lecho también hacía de cocina y sala, había patos domésticos y un par de jabatos. Y un hombre al que Viridrut reconoció muy bien, era el borrachín que lo había atravesado con una espada aquella noche cuando había llegado al pueblo por primera vez. Resultó ser el padre de los niños. Viridrut lo ignoró. La mujer se retorcía de dolor. Penny intentó calmarla pero era imposible. Se encontraba en posición fetal llorando y quejándose. Penny que era pequeña y poseía muy poca fuerza no podía controlarla. Le pidió a Viridrut que la asistiera y el hongo lo meditó un segundo. Luego utilizó su magia para dormirla y resultó. Izhá les había advertido que era lo mejor no hacerlo pero en ese momento sintió que no tenía opción. Una vez que la mujer estuvo dormida Penny fue capaz de  ayudarla, se encargó de que tragase un purgante que había aprendido a hacer y apoyó sus manos sobre ella como siempre hacia con todo permitiendo que las sustancias que ella segregaba naturalmente penetrasen por la piel de su paciente. El silencio era espectral. Viridrut dirigió su mirada hacia donde estaba el marido de la mujer enferma y solo vio en su rostro preocupación, quizás de alguna forma los había perdonado de lo que fuera que hubiese motivado su odio. Notó que había alguien más que había conocido antes en la habitación, el jefe de la guardia de la ciudad que había permanecido todo el tiempo completamente en silencio y que posiblemente había entrado sin que lo notase.  La mujer no reaccionó, pero estaba al menos más calmada. El jefe de la guardia abandonó la casa sin decir nada tras unos minutos.
            Anocheció pero la gente del pueblo seguía en pie esperando que la mujer mejorase. Penny y Viridrut se habían quedado dentro de la casa pero Licken había salido a alimentarse de la luz solar antes de que el astro se ocultase. Finalmente la paciente mostró señales de mejoría y se levantó de la cama. La muchedumbre festejó y celebró y los hongos tras un largo día pudieron por fin descansar. Se les permitió regresar a su hogar. Un hombre se ofreció a llevarlos con un carruaje hasta la morada de Uruduntis. Ya era media noche y posiblemente despertarían al clérigo pero no estaban dispuestos a trasnochar más. Aceptaron ser transportados solo si el hombre aceptaba el pago que Viridrut le haría. El hombre se rehusó al principio pero tras insistir un poco aceptó. Mientras conducía también bebía una cerveza que había llevado en una pinta. Llegaron a las cercanías de la casa de Uruduntis pero los estaban esperando. Una patrulla de la ciudad estaba allí eran cinco soldados y con ellos también estaba el jefe de la guardia. El jefe y uno de sus soldados estaban a pie el resto se encontraban en un carruaje más grande que aquel en el que habían llegado hasta allí los hongos. Ese tipo de carruaje se usaba generalmente para transportar tropas y estaba reforzado con escudos y protecciones metálicas, además de poseer dos puertas en la parte de atrás. Los fungi fueron interceptados antes de llegar a la puerta donde el ermitaño, que ni vivía en una ermita ni era solitario, tenía colgados sus carteles los cuales ahora Viridrut era capaz de leer. Uno decía “lectura de sueños” y el otro decía “no se reciben impuestos vencidos.” El fungi temió que los soldados estuviesen allí para arrestar al hombre por conducir en estado de ebriedad.
            El jefe de la guardia se acercó amablemente y sonriendo —Buenas noches siento tener que incomodarlos pero necesito nuevamente de su asistencia en un asunto que requiere de su más inmediata presencia. Les prometo que pronto estarán aquí de regreso.
            Los hongos se sintieron intrigados y algo fastidiados pues estaban ya muy cansados. Uruduntis había estado observando desde una ventana de su choza la llegada de los soldados y ahora que los hongos también se encontraban allí había decidido salir a ver de qué se trataba tanta presencia militar. Los hongos se bajaron de un carruaje para subir a otro. Uruduntis se acercó para hablar con los soldados y pregunto —¿A dónde los llevan? ¿Qué ha pasado?
            El soldado que acompaña al jefe de la guardia respondió secamente –No se preocupe, en seguida se los devolvemos.
            Tras esto Uruduntis vio como sus amigos eran subidos al carruaje por la parte de atrás mientras dos soldados se preparaban para cerrar las puertas y trabarlas.



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