Entre las cosas que los hongos
habían adoptado al convertirse en esa suerte de humanoides que eran ahora estaban
los sueños. No solo debían descansar, posiblemente sobre todo su mente, sino
que sumado a eso eran capaces de soñar. Y además compartían los sueños. Ellos
tres soñaron unos con otros y podían interactuar en los sueños de los demás. Había
mucho que les quedaba por descubrir sobre ellos mismos. Licken y Porus habían
experimentado cosas parecidas, pero para Viridrut y para Penny esto era nuevo.
Izhá los despertó a la mañana siguiente
con varias noticias. Sentado en el sillón en el que había dormido, mientras
acariciaba al gato montés de Uruduntis les explicó —¡Buenos días! He estado
reflexionando sobre varias cosas y creo que tengo algunas respuestas. Pero
antes de eso déjenme decirles que no estamos solos.
—¿A qué te refieres? —preguntó Penny.
—Los hombres del pueblo los han estado
siguiendo hasta aquí. Y afuera ahora
mismo hay decenas que esperan su ayuda. Tu demostración de habilidades
curativas, los ha impresionado. Y supongo que regresar el botín del ladrón ha
servido para generarles una buena imagen.
—Pues ayer creí por un momento que no
matarían. —dijo Viridrut.
—Bueno, los humanos son así —dijo el
elfo—. No te ofendas Uruduntis, por favor.
—Si me ofendería no sería por eso. —dijo
el hombre con cierto resentimiento.
—Mi consejo es que los ayuden, si pueden,
pero no todos al mismo tiempo. Con el tiempo se aburrirán y dejaran de venir.
Pero si los rechazan ahora se pondrán molestos y agresivos. Una cosa que deben
saber es que a estos humanos en particular no les gusta la magia. Así que no
llamen magia a su magia. —continuó explicando el elfo.
—¿Lo de Penny ha sido magia? —preguntó
Viridrut.
—No lo sé, como ya te he dicho yo no soy
mago y tengo algunas dificultades para detectarla. Los magos verdaderos lo
harían enseguida. Solo un mago, puede hacer magia sin necesidad de nada. Tú
eres uno de ellos Viridrut sin duda. Yo sé ejecutar un par de canciones con mi
sirinmulú, el instrumento de viento que cargo, que tiene poderes mágicos, pero
cualquiera puede hacer eso con el instrumento adecuado. Un verdadero mago
podría hacerlo solo con la voz. Si Penny puede hacer magia se trataría de magia
blanca, se usa generalmente para curar. La magia roja, es la de los sueños, la
de la ilusión y la confusión, y la de la invocación. La magia roja está
relacionada a la mente. La blanca a la sanación. Ahora bien, los magos si bien
pueden usar todas los tipos de magia que existen, siempre hay una en la que se
destacan y que manejan mejor. Radasté, la única de los magos que Uruduntis supo
identificar, es una maga blanca. Es conocida como Radasté, la pura, guardiana
de Talisú. Es una gran sanadora. Alguno de los otros dos magos que se
encontraban esa noche, debe haber sido si o si un mago rojo. Es imposible que hubieran
invocado a un elemental e intentado encerrarlo sin que al menos uno de ellos
fuera un mago rojo. Aquella noche en la que te conocí y me enteré de esta
historia, fui en busca de Radasté. Pero no la encontré, tampoco supe nada de
ningún elfo lastimado. Así que asumo jamás regresaron a la tribu. Podría haber
ido al norte, o al noreste y enfrentar a los elfos oscuros, o haberse desviado
por el oeste. Un viaje hasta allí me tomaría demasiado tiempo. Me interesan
ahora dos cosas. La primera seria ir a la casa donde el atracador del bosque mató
a la anciana que cuido de Licken y su otro hermano. Creo que la conozco, ella
vivía allí porque estaba exiliada ya que se sospechaba que era una bruja, y a
los hombres no les gustan las brujas. La segunda es ir al lugar donde todos
ustedes nacieron.
—¿Por qué quieres ir a su casa? —preguntó
Viridrut.
El elfo sonrió y dejó al gato en el
suelo delicadamente. Después sin levantarse buscó entre sus ropajes y extrajo
uno de los recipientes con el extraño liquido —Esta es una droga que se utiliza
para amansar bestias. Generalmente se usa para hacer más dóciles a lobos y
perros. Muy común entre los ladrones. Es un derivado de otra droga conocida
como el polvo del sueño. Solo que esta última es muy costosa y difícil de
conseguir, pero con poca cantidad de ella se puede producir mucho del amansa bestias,
con un efecto un poco más leve y diferente, pues más que dormir atonta. Creo
que el hombre la estaba explotando para que fabricase esta droga, y que es con
lo que controlaba al megaterio. La bestia posiblemente solo estaba allí para
proteger al botín. Y eso es otra cosa que me intriga.
—¿Qué? —preguntó esta vez Penny.
—Ese hombre no dormía en el bosque, eso
es seguro. No había un lecho para él y no estaba vestido apropiadamente. Y
también creo que trabajaba para alguien más.
—Sí, el gobernante del pueblo dijo algo
sobre eso. —dijo Viridrut.
Pero el elfo soltó a reír —No creo. Estoy
bastante convencido de que él mismo robó la parte del dinero del pueblo que no
encuentra, como bien decían los hombres. Pero yo no estoy para interferir en
esos temas, como tampoco estoy para interferir en los suyos de fungi. No, sino
me lo solicitan al menos. Pero ese hombre los estaba buscando, aun cuando nadie
los conocía, quizás estaba siendo informado por alguien más, alguien que
también los busca.
—¿Podría haber sido el otro hongo? El
que primero salió. —preguntó Uruduntis.
—Es una posibilidad muy remota. Quien
buscase por ellos, no quería ser identificado, sino no hubiera enviado al ladrón
y poner en riesgo la vida de los fungi, y de la mujer. A menos que hubiera evaluado
muy mal la naturaleza del hombre. Si se llevó parte de Porus y Licken es porque
necesitaba evidencias de que los había encontrado. Alguien más los está
buscando. Y me parece que es importante que averigüe quien.
—Pues parece que ahora todo el mundo nos
está buscando. –acotó Viridrut.
—Sí —dijo Izhá un poco preocupado—. Por
un lado hubiera sido bueno que me contases lo que te había dicho Licken antes y
hubiera evaluado no presentarlos en sociedad, por otro lado no podía anticipar
la llegada de Penny. De una forma u otra las cosas ya sucedieron. Y el lado
positivo de que estén expuestos es que posiblemente otros como ustedes podrán
ponerse en contacto más fácilmente. Si se ganan el favor del pueblo es posible
que hasta ellos los defiendan. Un motivo más para ayudarlos. Si se convierten
en figuras públicas e importantes pensaran dos veces antes de lastimarlos.
—Siempre has sido un manipulador.
–agregó Uruduntis.
El elfo sonrió —Creía que al menos esa
parte de mi te caía bien.
—¿Y entonces que harás? —preguntó Penny.
—Voy a ir a la casa de esa mujer a
investigar, si es quien creo sé cómo llegar. Luego creo que iré al lugar de
donde todos ustedes provienen.
—¿Los tres elfos que dieron lugar a
nuestro nacimiento hicieron algo malo? —preguntó Viridrut algo amargado.
—No sé, pero no es algo malo que ustedes
estén aquí. No obstante los elfos somos persistentes y poderoso, sobre todo los
magos. No tengo idea de que quisieron hacer pero hay un presunto elfo lastimado
que no aparece. Algo le ha pasado a esos tres, no sé si se están ocultando o
están en peligro. Me intriga mucho no saber de ellos y me gustaría escuchar su
versión de los hechos. Además sería bueno saber algo más del origen de ustedes
los fungis. Ten claro que seguiré buscándolos. —Izhá finalmente se levantó del
sillón.
Tras despedirse del elfo y con el
permiso de Uruduntis los hongos consideraron que lo mejor era hacer pasar a las
primeras personas y ver cuáles de sus problemas podían resolver. Al principio
para ellos fue divertido. Los primeros casos se trataron de personas con problemas
sencillos, a veces se trataba de malestares comunes, algunos con fiebre, otros
con infecciones que Penny curaba fácilmente. A veces en realidad no podía hacer
mucho así que aprendió a vendar y hasta a coser heridas. Viridrut y Licken
generalmente cooperaban con poco hasta que les empezaron a pedir cosas un poco
más acordes a sus capacidades como arreglar una carreta o ayudar en algunas
tareas en las que se requería mucha fuerza donde Licken podía lucirse.
Los días pasaron rápidamente. Por las
tardes ellos detenían sus tareas y enviaban a la gente a sus hogares aunque
muchos se quedaban a acampar para ser los primeros al día siguiente. Entonces
ellos se dedicaban a estudiar. Uruduntis les enseñó a leer y escribir, pues era
el primer humano que conocían que sabía hacerlo. Y poseía también muchos libros
con los cuales practicar. Los tres eran muy inteligentes y les tomó solo una
semana aprender. Todo sucedía muy rápido en la vida de los fungis. Había libros
de todo, pues Uruduntis era además de un clérigo de Irus, la luna, un gran
naturalista con intereses en entomología, botánica, biología marina entre otras
tantas cosas y poseía varios tratados sobre medicina, sueños y filosofía. Por
las noches seguían experimentando encuentros entre ellos en sus sueños y les
era cada vez más fácil narrarse entre ellos lo que habían vivido, sobre todo a
Licken que era el más acostumbrado a comunicarse con su mente. Al pasar de las noches
fueron sintiendo cada vez más que no estaban solo ellos tres. Había más fungis,
pero se encontraban lejos, su presencia era muy sutil, pero estaban allí. Todos
los días al despertarse ansiaban enterarse de que uno más de sus hermanos había
aparecido. Pero nada de eso sucedió. Ayudar a los hombres comenzó a ser
rutinario. Pero para los hombres encontrarse con los fungis era algo
emocionante. El pueblo no era muy grande así que pronto los enfermos por los
que se podía hacer algo habían curado y las cosas para resolver, al menos las más
urgentes se habían resuelto. Así que los hombres los invitaron a sus hogares a
las plazas y a eventos como ferias ocasionales y algunas celebraciones. Los
hongos no se reusaron y asistieron a un par de cumpleaños y a una celebración
de la luna llena que dirigió Uruduntis. A alguien se le ocurrió realizar sombreros
tejidos que daban la apariencia de un hongo y la gente comenzó a usarlos en
cada ocasión. Algunos eran blancos, otros rojos, otros tenían motas. Los más
populares eran los pardos, como la cabeza de Viridrut y los blancos con verde y
dorado como la cabeza de Penny. Había como diez modelos y al tabernero le tomó
solo tres días juntarlos todos y reclamaba que se hicieran más. El gobernante
del pueblo se acercaba a saludarlos cada vez que pasaban por allí. Y ordenó en
una ley obsecuente y completamente innecesaria: prohibir la venta y
comercialización de hongos para el consumo alimenticio. Izhá no regresaba, pero
los fungis estaban bien y la gente se había acostumbrado a ellos.
Un
día cuando ya habían pasado más de cuatro semanas de la partida de Izhá, los
hongos fueron llamados de emergencia al pueblo. Una carreta tirada por dos
caballos pequeños pero fornidos llegó a la puerta conducida por un anciano con
un gorro blanco de hongo y dos soldados. No explicaron mucho pero los guardias indicaron
que se trataba de una mujer que estaba agonizando por una intoxicación. En
pocos instantes llegaron al pueblo y fueron guiados a la casa de la mujer. El
pueblo entero estaba en la puerta, amuchados y apretujados, curiosos de lo que
pasaba y de si los hongos podrían hacer algo. En la habitación donde se
encontraba la paciente estaban sus tres hijos, uno muy pequeño y los otros dos
casi adolecentes. El cantinero había entrado entre otros del pueblo. Era una
casa muy humilde y esa habitación donde estaba el lecho también hacía de cocina
y sala, había patos domésticos y un par de jabatos. Y un hombre al que Viridrut
reconoció muy bien, era el borrachín que lo había atravesado con una espada
aquella noche cuando había llegado al pueblo por primera vez. Resultó ser el
padre de los niños. Viridrut lo ignoró. La mujer se retorcía de dolor. Penny intentó
calmarla pero era imposible. Se encontraba en posición fetal llorando y
quejándose. Penny que era pequeña y poseía muy poca fuerza no podía
controlarla. Le pidió a Viridrut que la asistiera y el hongo lo meditó un
segundo. Luego utilizó su magia para dormirla y resultó. Izhá les había
advertido que era lo mejor no hacerlo pero en ese momento sintió que no tenía
opción. Una vez que la mujer estuvo dormida Penny fue capaz de ayudarla, se encargó de que tragase un
purgante que había aprendido a hacer y apoyó sus manos sobre ella como siempre
hacia con todo permitiendo que las sustancias que ella segregaba naturalmente
penetrasen por la piel de su paciente. El silencio era espectral. Viridrut dirigió
su mirada hacia donde estaba el marido de la mujer enferma y solo vio en su
rostro preocupación, quizás de alguna forma los había perdonado de lo que fuera
que hubiese motivado su odio. Notó que había alguien más que había conocido
antes en la habitación, el jefe de la guardia de la ciudad que había
permanecido todo el tiempo completamente en silencio y que posiblemente había
entrado sin que lo notase. La mujer no
reaccionó, pero estaba al menos más calmada. El jefe de la guardia abandonó la
casa sin decir nada tras unos minutos.
Anocheció pero la gente del pueblo seguía en pie
esperando que la mujer mejorase. Penny y Viridrut se habían quedado dentro de
la casa pero Licken había salido a alimentarse de la luz solar antes de que el
astro se ocultase. Finalmente la paciente mostró señales de mejoría y se levantó
de la cama. La muchedumbre festejó y celebró y los hongos tras un largo día
pudieron por fin descansar. Se les permitió regresar a su hogar. Un hombre se ofreció
a llevarlos con un carruaje hasta la morada de Uruduntis. Ya era media noche y
posiblemente despertarían al clérigo pero no estaban dispuestos a trasnochar más.
Aceptaron ser transportados solo si el hombre aceptaba el pago que Viridrut le
haría. El hombre se rehusó al principio pero tras insistir un poco aceptó.
Mientras conducía también bebía una cerveza que había llevado en una pinta.
Llegaron a las cercanías de la casa de Uruduntis pero los estaban esperando.
Una patrulla de la ciudad estaba allí eran cinco soldados y con ellos también
estaba el jefe de la guardia. El jefe y uno de sus soldados estaban a pie el
resto se encontraban en un carruaje más grande que aquel en el que habían
llegado hasta allí los hongos. Ese tipo de carruaje se usaba generalmente para
transportar tropas y estaba reforzado con escudos y protecciones metálicas,
además de poseer dos puertas en la parte de atrás. Los fungi fueron
interceptados antes de llegar a la puerta donde el ermitaño, que ni vivía en
una ermita ni era solitario, tenía colgados sus carteles los cuales ahora
Viridrut era capaz de leer. Uno decía “lectura de sueños” y el otro decía “no
se reciben impuestos vencidos.” El fungi temió que los soldados estuviesen allí
para arrestar al hombre por conducir en estado de ebriedad.
El jefe de la guardia se acercó
amablemente y sonriendo —Buenas noches siento tener que incomodarlos pero
necesito nuevamente de su asistencia en un asunto que requiere de su más
inmediata presencia. Les prometo que pronto estarán aquí de regreso.
Los hongos se sintieron intrigados y algo fastidiados pues estaban ya muy cansados. Uruduntis había estado observando desde una ventana de su choza la llegada de los soldados y ahora que los hongos también se encontraban allí había decidido salir a ver de qué se trataba tanta presencia militar. Los hongos se bajaron de un carruaje para subir a otro. Uruduntis se acercó para hablar con los soldados y pregunto —¿A dónde los llevan? ¿Qué ha pasado?
Los hongos se sintieron intrigados y algo fastidiados pues estaban ya muy cansados. Uruduntis había estado observando desde una ventana de su choza la llegada de los soldados y ahora que los hongos también se encontraban allí había decidido salir a ver de qué se trataba tanta presencia militar. Los hongos se bajaron de un carruaje para subir a otro. Uruduntis se acercó para hablar con los soldados y pregunto —¿A dónde los llevan? ¿Qué ha pasado?
El soldado que acompaña al jefe de
la guardia respondió secamente –No se preocupe, en seguida se los devolvemos.
Tras esto Uruduntis vio como sus
amigos eran subidos al carruaje por la parte de atrás mientras dos soldados se
preparaban para cerrar las puertas y trabarlas.
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