El viaje fue poco ameno y los hongos
estuvieron todo el tiempo acompañados por los soldados que hablaban entre ellos
pero los ignoraban. Llegaron nuevamente al pueblo pero a un lugar donde
Viridrut y los demás no habían estado nunca, los cuarteles de la guardia. Era
de noche y no se veía muy bien, pero aun así no encendieron farol o antorcha
alguna y ayudaron a bajar a los hongos en la más completa oscuridad, iluminados
únicamente por una luna menguante. El interior no obstante si estaba bien
alumbrado, repleto de antorchas de madera y paja y velas anaranjadas. Fueron
guiados a una habitación sin muebles y sin ventanas.
Viridrut estaba intrigado y empezaba
a preocuparse. Preguntó a uno de los guardias —¿Qué necesitan de nosotros?
El guardia solo ordeno –Silencio.
Pero el jefe era un hombre más
amable y entregándoles unos chalecos improvisados les sonrió nuevamente y
contestó —Por el momento solo les pediré que se coloquen estos chalecos, por
favor.
Los hongos, ingenuos, accedieron.
Mientras se lo colocaban notaron que estaban empapados en una sustancia que
desconocían.
—¿Qué es esto? —preguntó Penny con
los dedos embadurnados y pegajosos.
—Aceite —contestó el jefe de la
guardia—. Creo que merecen una explicación. Licken es el más fuerte de ustedes
y no estoy seguro de que podríamos contra él. Creo que nuestras armas no lo
lastimarían. El aceite de los chalecos es altamente inflamable, es el mismo que
usamos para lámparas. Ustedes son ahora nuestros prisioneros. Si decidieran
escapar o atacarnos, solo con que acerquemos una antorcha a ustedes, arderían.
Los tres fungis sintieron un terror
terrible que los invadía. Viridrut enfureció —Pues yo no dejaré que nos haga
daño. —y apuntó con todos sus dedos hacia el jefe de la guardia tratando de
usar sus poderes mágicos para dormirlo.
Pero el hombre se limitó a sonreírle
—Tus poderes mágicos no me afectan —dijo apoyando su mano izquierda en el pomo
de su espada, la cual colgaba de su cinturón—. Si los hombres no supiéramos
defendernos de la magia hace mucho tiempo los elfos o las brujas habrían
acabado con nosotros —Tras decir esto desenfundó su espada para luego sujetarla
por su hoja y exhibirles la empuñadura a los hongos, el pomo llevaba engarzada
una moneda y en la guarda estaba incrustada una piedra extraña. El único que
llevaba esa espada era él, el resto de sus soldados portaban armas regulares—. Esa
gema que ven allí me protege de su magia, mis hombres llevan amuletos así que
el resultado será el mismo si intentas dormirlos a ellos.
—¿Pero que le hemos hecho? —preguntó
Viridrut.
—Créeme que no tengo nada en contra
de tus hermanos o de ti. Mi deber es retenerlos y esperar a nuevas órdenes.
—No tiene nada en contra nuestro
pero si intentamos recuperar nuestra libertad nos prendera fuego. –replicó
Penny
—Ustedes son criaturas mágicas.
Generalmente el castigo por la brujería es la horca pero en su caso no creo que
resulte así que la hoguera parece una mejor opción. —dijo con severidad el jefe
de la guardia.
—Entonces ¿Estamos condenados a
muerte solo porque use magia para dormir a esa mujer a la que le salvamos la
vida hace unas horas? ¿Izhá sabe algo de esto? —preguntó Viridrut.
El jefe de la guardia suspiró
intentando expresar cierto agotamiento de su paciencia —No sabemos nada del Kento
desde hace días. Ustedes no han sido condenados a muerte todavía, para eso
haría falta un juicio. Lo más probable es que sean entregados a los elfos y se
conviertan en un problema de ellos, pero aquí no queremos magia. He tenido la
oportunidad de lastimarlos reiteradas veces e incluso matarlos y no lo he
hecho. Los chalecos solo son una forma de no tomar riesgos si ustedes se quedan
tranquilos y no intentan nada no les pasara nada.
Viridrut no estaba acostumbrado a
guardarse lo que sentía insistió –Intentas hacernos creer que nada de esto es
tu responsabilidad que si nos lastimas es porque estás obligado, mientras que
nosotros jamás hemos intentado lastimarte ni a nadie en este pueblo. Todo esto
es porque somos diferentes a ti.
—Es mi trabajo. —contestó el hombre.
—Su trabajo es atrapar a maleantes
como el que mató la araña. ¿Qué piensa el gobernante de aquí de todo esto? —intervino
Penny.
El jefe de la guardia soltó a reír —Me
permitirían unos momentos a solas con estos caballeros por favor —dijo dirigiéndose
a los guardias, los cuales asintieron con su cabeza y se retiraron cerrando la
puerta del otro lado. Cuando finalmente estuvo a solas el hombre pasó la
antorcha que llevaba en la mano derecha a la izquierda dejando su otra mano
libre y continuó—. El—Acrin es un corrupto más de estas tierras. El atracador
del bosque era uno de sus complices. Llegué aquí con mis hombres hace un mes. Sabíamos
que el gobernante de este pueblo estaba en algo raro, lo del atracador del
bosque solo era un ardid para desviar fondos de los impuestos. Sin duda este ladrón
servía además a otras personas más importantes, a quienes estoy buscando. De
casualidad di con ustedes, la gente para la que trabaja El—Acrin los estaba
buscando. Créanme que están más seguros aquí que en manos de esas personas.
Algunos de ellos son meros ladrones otros, reconocidos asesinos.
—¿Y por qué no enjuicia al gobernante
en vez de a nosotros? —preguntó ingenuamente Viridrut.
—¿Para qué lo haría? El—Acrin
trabaja para mí ahora y no más para esa organización. Tengo evidencia
suficiente para condenarlo pero ha sido elegido por el pueblo para ser su
gobernante, me resulta más sencillo utilizarlo —explicó con total descaro—. Lo
he obligado a comunicarse con sus superiores para que les informe que ustedes
están aquí. Con un poco de suerte manden a alguien para que sepamos porque los
buscan. De una forma u otra ustedes probablemente terminen con los elfos. Como
les he dicho, nadie los dañará si no intentan escapar. Mis hombres se
encargaran de darles lo que necesitan —tras decir esto se acercó a la puerta y
golpeo dos veces. Sus hombres la abrieron por el otro lado y volvieron a entrar
ambos llevaban antorchas. El jefe de la guardia se despidió con un simple —.
Buenas noches.
Los fungí, aterrados, se agruparon
en una de las esquinas de la habitación, alejados de los guardias. Allí no
podían ver lo que pasaba afuera. Las horas fueron pasando y decidieron
descansar un poco. Decidieron turnos para que solo dos durmiesen mientras otro
estuviera despierto pues desconfiaban de los hombres. Faltaría mucho para que a
Licken le hiciera falta realmente el sol. Para cuando todos habían dormido ya
no sabían si era de día o de noche. Viridrut observaba con detenimiento todo,
pero nada allí cambiaba. Excepto los guardias que hacían turnos. No hablaban,
si querían decirse algo solo utilizaban su mente pues podían comunicarse entre
ellos. Lo único que hicieron fue pedirles agua a los guardias que accedieron
sin poner complicaciones.
Viridrut observaba las sombras que
se movían ligeramente pues la luz era el fuego de las antorchas. Había
memorizado cada parte de la habitación, cada nudo en la madera, cada
imperfección en las tablas, cada hebra de paja en el suelo. El primer visitante
que recibieron fue un humilde escarabajo estercolero. De alguna forma se había
colado dentro del cuartel y recorría tranquilamente el piso, moviendo la paja a
su lado, cambiando ligeramente el escenario que Viridrut había guardado en su
mente. Así como llegó se fue, tras deambular un poco por la habitación sin que
los guardias lo notasen. Para el fungi que nunca había estado más aburrido
había sido un momento glorioso que lo había tomado por sorpresa. Pero más
sorprendido quedaría cuando una media hora después cinco escarabajos entrarían
en la habitación uno detrás del otro, alineados como si marchasen en formación.
A Viridrut eso no le pareció normal. Decidió no mirarlos directamente para que
los guardias no se sintieran intrigados. Quizás no los notasen. Los escarabajos
se dirigieron exactamente hacia donde ellos estaban se separaron y les
caminaron por encima. Luego volvieron a su formación y se alejaron hacia la
puerta para desaparecer nuevamente por debajo de ella. Viridrut se lamentó, si
tan solo pudiera ser tan pequeño y escapar de allí solo caminando por debajo de
la puerta. Por primera vez en su corta vida era privado de su libertad, la cual
no había apreciado hasta ahora que la había perdido. Cuantas cosas maravillosas
y sencillas tenía su existir, cuantas cosas horribles hacían los hombres por
envidia miedo y odio. El hongo se sintió mal, pues había creído que los
habitantes del pueblo eran tontos y lentos, pero ellos sabían que su líder era
corrupto, ingenuo había sido él. Izhá conocía bien a los hombres, él recién
estaba aprendiendo.
Los fungi se sintieron cansados
nuevamente, posiblemente era de noche otra vez. Viridrut había tenido tiempo de
pensar y reflexionar sobre los maleantes que los perseguían. Hasta se había
convencido de que lo mejor era que fueran entregados a los elfos. Tenía miedo y
aceptar su destino inevitable era mejor que soñar con cambiar su realidad, la
de ser un prisionero. No había tenido padres o un maestro que le enseñasen
cosas, sus experiencias eran pocas. No tenía la suerte de tener ancestros, no tenía
tradiciones, no tenía ejemplos. Intentaba hacer lo mejor que pudiera bajo las
premisas más simples que encontró, no hacer daño, ayudar, aprender, buscar a
los suyos.
De pronto se escucharon voces de
alarma por fuera de la habitación. Pero los guardias permanecieron inmutables,
sabían muy bien cuál era su rol. No fue hasta que escucharon la voz de su jefe
que reaccionó.
El hombre gritaba —¡No permitan que
pasen!
Un guardia, el que estaba más lejos de
la puerta se dirigió al otro —Ve a investigar, yo me quedaré con los
prisioneros.
Pero el otro guardia dudo, no estaba muy
convencido de ir a investigar de que se trataban esos gritos, no le parecía
justo ir él y que su compañero se quedase, pero había tardado en reaccionar y
ahora se sentía algo obligado. Desenfundó su espada y colgó la antorcha en la
pared torpemente. Pero se demoró mucho, la puerta se abrió bruscamente y había
alguien del otro lado. No podía reconocer de quien se trataba pues estaba
iluminado más que nada por detrás y su rostro no se veía bien. Pero su forma
era extraña. Era un fungi, uno que no habían visto antes, era casi tan alto
como Viridrut, con una cabeza similar, pero era amarillo, y estaba vestido de
pantalón y camisa. No llevaba armas pero apoyó sus dos manos en su cabeza con
forma de sombrero y de allí cayó un polvo brillante que arrojó con rapidez
hacia la cara del soldado. El hombre comenzó a toser, lo que respiraba era tóxico.
Había quedado inmovilizado y se vio obligado a soltar su arma. El segundo
guarda reaccionó e intentó tomar su espada, pero otros dos fungis aparecieron
eran más bajos que el primero pero entre ellos sus estaturas eran muy
similares. Viridrut sintió que ya los conocía. Los hongos estaban armados con
garrotes y se arrojaron sobre el soldado reduciéndolo con facilidad y dejándolo
inconsciente.
Licken se comunicó con sus dos hermanos —Se
parecen a Porus.
Viridrut recién entonces los reconoció,
y eso que había conocido a pocos fungis. Uno de los dos hongos más robustos se pronunció
—Y en cierta forma lo somos. Yo soy Sorus y él es Sorpus. Y ella es Galerina.
No se molesten en presentarse ya los conocemos.
La honga, había estado revisando al
soldado inconsciente, tomó el colgante que protegía de la magia al hombre y
levantó su espada. También se acercó al otro hombre que se retorcía tratando de
respirar y le quitó el colgante a él también. Luego arrojó la espada a Licken,
que la atrapó en el aire —Eres más fuerte que todos nosotros, es hora de que
aprendas a usarla —Luego se dirigió a la puerta guiando a los demás—. Salgamos
de aquí mientras todavía podamos.
Viridrut miró a su recién conocida
hermana y preguntó mientras se quitaba el chaleco —¿Morirá este hombre que no
puede respirar?
Galerina contestó algo enojada —¿Por
qué? ¿Te importa?
Viridrut contestó —No deseo lastimar a
nadie a menos que sea necesario. Él ya ha sido inmovilizado.
Galerina guardó silencio por un segundo
y luego contestó con cierta actitud rebelde —No le he dado una dosis mortal. En
un rato estará bien.
Viridrut continuó —¿Y lo que sueltas no
nos dañará a nosotros?
—No —contestó la fungi —. Hay cosas que
les afectan a ellos y a nosotros no nos hacen nada así como habrá cosas que a
ellos no les haga nada y a nosotros sí. No hay tiempo para perder, salgamos de
aquí.
Fuera de la habitación se encontraban
otros soldados derribados. Más allá de los cuarteles se escuchaban una gritos.
Deambularon por los cuarteles buscando una salida alterna, guiados por
Galerina.
Viridrut preguntó —¿Qué está pasando
afuera?
—Una revuelta. –dijo Sorpus.
—Los hombres del pueblo se enteraron
que los habían capturado y ustedes son celebridades aquí. Además las sospechas
de corrupción por parte del gobernante, de impunidad a robos y la posible
manipulación del poder por parte de integrantes del ejército ha llevado al
hartazgo a estos pueblerinos. —aclaró Sorus.
Galerina continuó —Hace unas horas
los hombres se congregaron aquí para exigir que ustedes fueran liberados, entre
otras cosas. El gobernante ordenó reprimir para que se disipasen. Pues esta vez
sus palabras no alcanzaron para controlar a la muchedumbre.
Viridrut se asomó por una ventana
para ver lo que sucedía afuera. Era de noche y solo un par de soldados,
ayudados por una guardia civil al mando de El—Acrin reprimían a la multitud con
palos y escudos. Vio claramente como un soldado golpeaba en la cara al esposo
de la mujer que habían ayudado. El mismo que lo había atacado por la espalda.
Que estaba allí, reclamando.
Galerina encontró la salida, como si
conociera el lugar de antes. Licken levantó a Penny y la cargo, pues sus cortas
piernas no le permitían correr. Se alejaron de allí tan rápido como pudieron,
escondiéndose en el bosque hacia el oeste. Dejaron atrás a los hombres y sus
problemas, para que los resolvieran ellos solos.
Una vez que estuvieron lo suficientemente
lejos se reagruparon y entonces tuvieron tiempo para conocerse mejor. Licken
pregunto a Sorpus y Sorus —¿Ustedes son Porus?
Sorpus contestó primero –Sí y no.
Hemos surgido de sus restos. Del micelio lastimado que dejo Porus. Conservamos
algo de su memoria pero somos individuos diferentes.
Sorus continuó —Mientras crecíamos y
nos desarrollábamos bajo la tierra podíamos percibir sus sueños, pero éramos
incapaces de manifestarnos. Aprendimos incluso a leer y sobre el mundo que nos
rodea. Hemos salido de la tierra hace solo un día.
—Esas eran las presencias que
sentíamos en nuestros sueños. —dijo Penny.
—Si —intervino Galerina—. Yo también
los percibí. He estado viajando desde el norte, fui enviada por Izhá.
—¿Y cómo está él? —preguntó
Viridrut.
—No tan bien. Izhá estaba siendo
perseguido por una organización de ladrones y asesinos que ha puesto precio por
nuestras cabezas. Me encomendó visitar a un mago que se encuentra refugiado en
una playa al oeste de aquí. —contestó Galerina.
—¡Tenemos que ir a rescatarlo! —dijo
Viridrut alarmado.
—No. —dijo Galerina con autoridad—.
Él está mejor preparado para eludirlos que nosotros. No nos buscaran en la
playa.
Viridrut no quiso insistir al
respecto pero tenía otras dudas —¿Tú controlabas a los escarabajos?
Galerina sonrió —¡Los has notado! Sí,
yo los controlaba. Soy capaz de comunicarme con los artrópodos y poseo otras
pequeñas habilidades mágicas. Además del veneno que desprendo de mi cabeza,
toxico para los hombres y animales al menos. Tengo entendido que tú posees
habilidades mágicas también.
—Sí, pero diferentes. —explicó
Viridrut—. ¿Y Sorpus y Sorus?
Sorus contestó —No poseemos magia,
pero has visto que somos agiles.
Galerina volvió a tomar el mando —Debemos
seguir moviéndonos, podremos descansar más tarde, cuando estemos más lejos.
Uruduntis me ha entregado su dinero, quizás nos sirva más adelante. Somos seis,
pero solo he conseguido cuatro de estas piedras que nos protegen de la magia.
Licken tiene una espada, pero nosotros apenas tenemos palos. Tendremos que
revertir eso. No confió en los hombres.
Nadie la contradijo y siguieron
escapándose perdiéndose en el bosque.
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