miércoles, 25 de diciembre de 2019

05 - La moneda



            El viaje fue poco ameno y los hongos estuvieron todo el tiempo acompañados por los soldados que hablaban entre ellos pero los ignoraban. Llegaron nuevamente al pueblo pero a un lugar donde Viridrut y los demás no habían estado nunca, los cuarteles de la guardia. Era de noche y no se veía muy bien, pero aun así no encendieron farol o antorcha alguna y ayudaron a bajar a los hongos en la más completa oscuridad, iluminados únicamente por una luna menguante. El interior no obstante si estaba bien alumbrado, repleto de antorchas de madera y paja y velas anaranjadas. Fueron guiados a una habitación sin muebles y sin ventanas.
            Viridrut estaba intrigado y empezaba a preocuparse. Preguntó a uno de los guardias —¿Qué necesitan de nosotros?
            El guardia solo ordeno –Silencio.
            Pero el jefe era un hombre más amable y entregándoles unos chalecos improvisados les sonrió nuevamente y contestó —Por el momento solo les pediré que se coloquen estos chalecos, por favor.
            Los hongos, ingenuos, accedieron. Mientras se lo colocaban notaron que estaban empapados en una sustancia que desconocían.
            —¿Qué es esto? —preguntó Penny con los dedos embadurnados y pegajosos.
            —Aceite —contestó el jefe de la guardia—. Creo que merecen una explicación. Licken es el más fuerte de ustedes y no estoy seguro de que podríamos contra él. Creo que nuestras armas no lo lastimarían. El aceite de los chalecos es altamente inflamable, es el mismo que usamos para lámparas. Ustedes son ahora nuestros prisioneros. Si decidieran escapar o atacarnos, solo con que acerquemos una antorcha a ustedes, arderían.
            Los tres fungis sintieron un terror terrible que los invadía. Viridrut enfureció —Pues yo no dejaré que nos haga daño. —y apuntó con todos sus dedos hacia el jefe de la guardia tratando de usar sus poderes mágicos para dormirlo.
            Pero el hombre se limitó a sonreírle —Tus poderes mágicos no me afectan —dijo apoyando su mano izquierda en el pomo de su espada, la cual colgaba de su cinturón—. Si los hombres no supiéramos defendernos de la magia hace mucho tiempo los elfos o las brujas habrían acabado con nosotros —Tras decir esto desenfundó su espada para luego sujetarla por su hoja y exhibirles la empuñadura a los hongos, el pomo llevaba engarzada una moneda y en la guarda estaba incrustada una piedra extraña. El único que llevaba esa espada era él, el resto de sus soldados portaban armas regulares—. Esa gema que ven allí me protege de su magia, mis hombres llevan amuletos así que el resultado será el mismo si intentas dormirlos a ellos.
            —¿Pero que le hemos hecho? —preguntó Viridrut. 
            —Créeme que no tengo nada en contra de tus hermanos o de ti. Mi deber es retenerlos y esperar a nuevas órdenes.
            —No tiene nada en contra nuestro pero si intentamos recuperar nuestra libertad nos prendera fuego. –replicó Penny
            —Ustedes son criaturas mágicas. Generalmente el castigo por la brujería es la horca pero en su caso no creo que resulte así que la hoguera parece una mejor opción. —dijo con severidad el jefe de la guardia.
            —Entonces ¿Estamos condenados a muerte solo porque use magia para dormir a esa mujer a la que le salvamos la vida hace unas horas? ¿Izhá sabe algo de esto? —preguntó Viridrut.
            El jefe de la guardia suspiró intentando expresar cierto agotamiento de su paciencia —No sabemos nada del Kento desde hace días. Ustedes no han sido condenados a muerte todavía, para eso haría falta un juicio. Lo más probable es que sean entregados a los elfos y se conviertan en un problema de ellos, pero aquí no queremos magia. He tenido la oportunidad de lastimarlos reiteradas veces e incluso matarlos y no lo he hecho. Los chalecos solo son una forma de no tomar riesgos si ustedes se quedan tranquilos y no intentan nada no les pasara nada.
            Viridrut no estaba acostumbrado a guardarse lo que sentía insistió –Intentas hacernos creer que nada de esto es tu responsabilidad que si nos lastimas es porque estás obligado, mientras que nosotros jamás hemos intentado lastimarte ni a nadie en este pueblo. Todo esto es porque somos diferentes a ti.
            —Es mi trabajo. —contestó el hombre.
            —Su trabajo es atrapar a maleantes como el que mató la araña. ¿Qué piensa el gobernante de aquí de todo esto? —intervino Penny.
            El jefe de la guardia soltó a reír —Me permitirían unos momentos a solas con estos caballeros por favor —dijo dirigiéndose a los guardias, los cuales asintieron con su cabeza y se retiraron cerrando la puerta del otro lado. Cuando finalmente estuvo a solas el hombre pasó la antorcha que llevaba en la mano derecha a la izquierda dejando su otra mano libre y continuó—. El—Acrin es un corrupto más de estas tierras. El atracador del bosque era uno de sus complices. Llegué aquí con mis hombres hace un mes. Sabíamos que el gobernante de este pueblo estaba en algo raro, lo del atracador del bosque solo era un ardid para desviar fondos de los impuestos. Sin duda este ladrón servía además a otras personas más importantes, a quienes estoy buscando. De casualidad di con ustedes, la gente para la que trabaja El—Acrin los estaba buscando. Créanme que están más seguros aquí que en manos de esas personas. Algunos de ellos son meros ladrones otros, reconocidos asesinos.
            —¿Y por qué no enjuicia al gobernante en vez de a nosotros? —preguntó ingenuamente Viridrut.
            —¿Para qué lo haría? El—Acrin trabaja para mí ahora y no más para esa organización. Tengo evidencia suficiente para condenarlo pero ha sido elegido por el pueblo para ser su gobernante, me resulta más sencillo utilizarlo —explicó con total descaro—. Lo he obligado a comunicarse con sus superiores para que les informe que ustedes están aquí. Con un poco de suerte manden a alguien para que sepamos porque los buscan. De una forma u otra ustedes probablemente terminen con los elfos. Como les he dicho, nadie los dañará si no intentan escapar. Mis hombres se encargaran de darles lo que necesitan —tras decir esto se acercó a la puerta y golpeo dos veces. Sus hombres la abrieron por el otro lado y volvieron a entrar ambos llevaban antorchas. El jefe de la guardia se despidió con un simple —. Buenas noches.
            Los fungí, aterrados, se agruparon en una de las esquinas de la habitación, alejados de los guardias. Allí no podían ver lo que pasaba afuera. Las horas fueron pasando y decidieron descansar un poco. Decidieron turnos para que solo dos durmiesen mientras otro estuviera despierto pues desconfiaban de los hombres. Faltaría mucho para que a Licken le hiciera falta realmente el sol. Para cuando todos habían dormido ya no sabían si era de día o de noche. Viridrut observaba con detenimiento todo, pero nada allí cambiaba. Excepto los guardias que hacían turnos. No hablaban, si querían decirse algo solo utilizaban su mente pues podían comunicarse entre ellos. Lo único que hicieron fue pedirles agua a los guardias que accedieron sin poner complicaciones.

            Viridrut observaba las sombras que se movían ligeramente pues la luz era el fuego de las antorchas. Había memorizado cada parte de la habitación, cada nudo en la madera, cada imperfección en las tablas, cada hebra de paja en el suelo. El primer visitante que recibieron fue un humilde escarabajo estercolero. De alguna forma se había colado dentro del cuartel y recorría tranquilamente el piso, moviendo la paja a su lado, cambiando ligeramente el escenario que Viridrut había guardado en su mente. Así como llegó se fue, tras deambular un poco por la habitación sin que los guardias lo notasen. Para el fungi que nunca había estado más aburrido había sido un momento glorioso que lo había tomado por sorpresa. Pero más sorprendido quedaría cuando una media hora después cinco escarabajos entrarían en la habitación uno detrás del otro, alineados como si marchasen en formación. A Viridrut eso no le pareció normal. Decidió no mirarlos directamente para que los guardias no se sintieran intrigados. Quizás no los notasen. Los escarabajos se dirigieron exactamente hacia donde ellos estaban se separaron y les caminaron por encima. Luego volvieron a su formación y se alejaron hacia la puerta para desaparecer nuevamente por debajo de ella. Viridrut se lamentó, si tan solo pudiera ser tan pequeño y escapar de allí solo caminando por debajo de la puerta. Por primera vez en su corta vida era privado de su libertad, la cual no había apreciado hasta ahora que la había perdido. Cuantas cosas maravillosas y sencillas tenía su existir, cuantas cosas horribles hacían los hombres por envidia miedo y odio. El hongo se sintió mal, pues había creído que los habitantes del pueblo eran tontos y lentos, pero ellos sabían que su líder era corrupto, ingenuo había sido él. Izhá conocía bien a los hombres, él recién estaba aprendiendo.

            Los fungi se sintieron cansados nuevamente, posiblemente era de noche otra vez. Viridrut había tenido tiempo de pensar y reflexionar sobre los maleantes que los perseguían. Hasta se había convencido de que lo mejor era que fueran entregados a los elfos. Tenía miedo y aceptar su destino inevitable era mejor que soñar con cambiar su realidad, la de ser un prisionero. No había tenido padres o un maestro que le enseñasen cosas, sus experiencias eran pocas. No tenía la suerte de tener ancestros, no tenía tradiciones, no tenía ejemplos. Intentaba hacer lo mejor que pudiera bajo las premisas más simples que encontró, no hacer daño, ayudar, aprender, buscar a los suyos.

            De pronto se escucharon voces de alarma por fuera de la habitación. Pero los guardias permanecieron inmutables, sabían muy bien cuál era su rol. No fue hasta que escucharon la voz de su jefe que reaccionó.

El hombre gritaba —¡No permitan que pasen!
Un guardia, el que estaba más lejos de la puerta se dirigió al otro —Ve a investigar, yo me quedaré con los prisioneros.
Pero el otro guardia dudo, no estaba muy convencido de ir a investigar de que se trataban esos gritos, no le parecía justo ir él y que su compañero se quedase, pero había tardado en reaccionar y ahora se sentía algo obligado. Desenfundó su espada y colgó la antorcha en la pared torpemente. Pero se demoró mucho, la puerta se abrió bruscamente y había alguien del otro lado. No podía reconocer de quien se trataba pues estaba iluminado más que nada por detrás y su rostro no se veía bien. Pero su forma era extraña. Era un fungi, uno que no habían visto antes, era casi tan alto como Viridrut, con una cabeza similar, pero era amarillo, y estaba vestido de pantalón y camisa. No llevaba armas pero apoyó sus dos manos en su cabeza con forma de sombrero y de allí cayó un polvo brillante que arrojó con rapidez hacia la cara del soldado. El hombre comenzó a toser, lo que respiraba era tóxico. Había quedado inmovilizado y se vio obligado a soltar su arma. El segundo guarda reaccionó e intentó tomar su espada, pero otros dos fungis aparecieron eran más bajos que el primero pero entre ellos sus estaturas eran muy similares. Viridrut sintió que ya los conocía. Los hongos estaban armados con garrotes y se arrojaron sobre el soldado reduciéndolo con facilidad y dejándolo inconsciente.
Licken se comunicó con sus dos hermanos —Se parecen a Porus.
Viridrut recién entonces los reconoció, y eso que había conocido a pocos fungis. Uno de los dos hongos más robustos se pronunció —Y en cierta forma lo somos. Yo soy Sorus y él es Sorpus. Y ella es Galerina. No se molesten en presentarse ya los conocemos.
La honga, había estado revisando al soldado inconsciente, tomó el colgante que protegía de la magia al hombre y levantó su espada. También se acercó al otro hombre que se retorcía tratando de respirar y le quitó el colgante a él también. Luego arrojó la espada a Licken, que la atrapó en el aire —Eres más fuerte que todos nosotros, es hora de que aprendas a usarla —Luego se dirigió a la puerta guiando a los demás—. Salgamos de aquí mientras todavía podamos.
Viridrut miró a su recién conocida hermana y preguntó mientras se quitaba el chaleco —¿Morirá este hombre que no puede respirar?
Galerina contestó algo enojada —¿Por qué? ¿Te importa?
Viridrut contestó —No deseo lastimar a nadie a menos que sea necesario. Él ya ha sido inmovilizado.
Galerina guardó silencio por un segundo y luego contestó con cierta actitud rebelde —No le he dado una dosis mortal. En un rato estará bien.
Viridrut continuó —¿Y lo que sueltas no nos dañará a nosotros?
—No —contestó la fungi —. Hay cosas que les afectan a ellos y a nosotros no nos hacen nada así como habrá cosas que a ellos no les haga nada y a nosotros sí. No hay tiempo para perder, salgamos de aquí.

Fuera de la habitación se encontraban otros soldados derribados. Más allá de los cuarteles se escuchaban una gritos. Deambularon por los cuarteles buscando una salida alterna, guiados por Galerina.
Viridrut preguntó —¿Qué está pasando afuera?
            —Una revuelta. –dijo Sorpus.
            —Los hombres del pueblo se enteraron que los habían capturado y ustedes son celebridades aquí. Además las sospechas de corrupción por parte del gobernante, de impunidad a robos y la posible manipulación del poder por parte de integrantes del ejército ha llevado al hartazgo a estos pueblerinos. —aclaró Sorus.
            Galerina continuó —Hace unas horas los hombres se congregaron aquí para exigir que ustedes fueran liberados, entre otras cosas. El gobernante ordenó reprimir para que se disipasen. Pues esta vez sus palabras no alcanzaron para controlar a la muchedumbre.
            Viridrut se asomó por una ventana para ver lo que sucedía afuera. Era de noche y solo un par de soldados, ayudados por una guardia civil al mando de El—Acrin reprimían a la multitud con palos y escudos. Vio claramente como un soldado golpeaba en la cara al esposo de la mujer que habían ayudado. El mismo que lo había atacado por la espalda. Que estaba allí, reclamando.

            Galerina encontró la salida, como si conociera el lugar de antes. Licken levantó a Penny y la cargo, pues sus cortas piernas no le permitían correr. Se alejaron de allí tan rápido como pudieron, escondiéndose en el bosque hacia el oeste. Dejaron atrás a los hombres y sus problemas, para que los resolvieran ellos solos.
            Una vez que estuvieron lo suficientemente lejos se reagruparon y entonces tuvieron tiempo para conocerse mejor. Licken pregunto a Sorpus y Sorus —¿Ustedes son Porus?
            Sorpus contestó primero –Sí y no. Hemos surgido de sus restos. Del micelio lastimado que dejo Porus. Conservamos algo de su memoria pero somos individuos diferentes.
            Sorus continuó —Mientras crecíamos y nos desarrollábamos bajo la tierra podíamos percibir sus sueños, pero éramos incapaces de manifestarnos. Aprendimos incluso a leer y sobre el mundo que nos rodea. Hemos salido de la tierra hace solo un día.
            —Esas eran las presencias que sentíamos en nuestros sueños. —dijo Penny.
            —Si —intervino Galerina—. Yo también los percibí. He estado viajando desde el norte, fui enviada por Izhá.
            —¿Y cómo está él? —preguntó Viridrut.
            —No tan bien. Izhá estaba siendo perseguido por una organización de ladrones y asesinos que ha puesto precio por nuestras cabezas. Me encomendó visitar a un mago que se encuentra refugiado en una playa al oeste de aquí. —contestó Galerina.
            —¡Tenemos que ir a rescatarlo! —dijo Viridrut alarmado.
            —No. —dijo Galerina con autoridad—. Él está mejor preparado para eludirlos que nosotros. No nos buscaran en la playa.
            Viridrut no quiso insistir al respecto pero tenía otras dudas —¿Tú controlabas a los escarabajos?
            Galerina sonrió —¡Los has notado! Sí, yo los controlaba. Soy capaz de comunicarme con los artrópodos y poseo otras pequeñas habilidades mágicas. Además del veneno que desprendo de mi cabeza, toxico para los hombres y animales al menos. Tengo entendido que tú posees habilidades mágicas también.
            —Sí, pero diferentes. —explicó Viridrut—. ¿Y Sorpus y Sorus?
            Sorus contestó —No poseemos magia, pero has visto que somos agiles.
            Galerina volvió a tomar el mando —Debemos seguir moviéndonos, podremos descansar más tarde, cuando estemos más lejos. Uruduntis me ha entregado su dinero, quizás nos sirva más adelante. Somos seis, pero solo he conseguido cuatro de estas piedras que nos protegen de la magia. Licken tiene una espada, pero nosotros apenas tenemos palos. Tendremos que revertir eso. No confió en los hombres.

            Nadie la contradijo y siguieron escapándose perdiéndose en el bosque.

No hay comentarios:

Publicar un comentario