miércoles, 25 de diciembre de 2019

06 - Célula




            La playa estaba al menos a dos días a pie. Penny seguía siendo transportada en los grandes hombros de Licken. Viajaban siguiendo al sol sin detenerse. Penny, Licken y Viridrut extrañaban a Uruduntis y a su gato. Al mismo tiempo iban conociendo a sus nuevos hermanos. Galerina era una fungi venenosa y mágica con un carácter fuerte y decidido, no se había explicado mucho aun respecto a cómo había conocido a Izhá pero confiaban en ella. Sorus y Sorpus eran la segunda generación de fungis. Gracias a ellos sabían que podían perpetuarse como especie. Tendrían que aprender cómo hacerlo, pues Sorus y Sorpus eran iguales, no sabían todavía si toda su descendencia seria réplicas exactas de ellos mismos, copiándose indefinidamente o si se podrían juntar con otros para producir nuevos fungis. Además era notorio que eran muy diferentes entre ellos, algunos eran mágicos otros no, algunos eran masculinos, otros femeninos y otros todavía no sabían cómo definirlos. Había mucho sobre lo que reflexionar.

            —Entonces —preguntó Viridrut a Galerina—. ¿Cómo conociste a Izhá?
            —Él visito a mi maestra, Caldishn-Ñuñu. —explicó la fungi.
            —Un nombre muy extraño. —contestó el hongo.
            —¡Oh! ¡Porque Viridrut es un nombre muy normal —respondió Galerina algo ofendida. Pero antes de que Viridrut pudiera contestarle continuó—. Ella es una ogra. Cuando surgí de la tierra estaba sola y deambulé perdida por días, hasta que por casualidad ella dio conmigo. Caldishn-Ñuñu es severa y malhumorada, pero no tuvo intenciones de lastimarme. Aprendí el idioma de los de su raza y el idioma común con ella. Además aprendí algo de magia, de escritura y caligrafía. También me enseñó cómo comunicarme con los artrópodos, algo en lo que me destaco y supero a sus habilidades. Ella descubrió mucho de mi potencial, al parecer soy buena para la ilusión. Soy capaz de engañar a los ojos, los oídos y al olfato de otras personas. Pero la ilusión se acaba si me tocan. He convencido ya a muchos humanos que soy una mujer de los de su raza.
            —¿Eres capaz de dormir a la gente? —preguntó Viridrut.
            —No. Pero según tengo entendido la magia roja es una de las más diversas de todos los tipos de magia y una de las más difíciles en dominar. Al parecer algunos fungis tenemos una afinidad natural para este tipo de magia. O por lo menos todavía no he conocido a otro de los nuestros capaz de controlar algún otro tipo de magia. Yo controlo la telepatía y el control mental así como la ilusión, que tiene que ver con la percepción que tienen los demás de mí. Tú, Viridrut, al parecer tienes afinidad para el control mental pero más relacionado con el ánimo y el sueño. Es posible que seas capaz de ver los sueños de otras personas, no fungis. La magia roja es todavía más basta, algunos manejan la animación, la capacidad de hacer que los objetos inanimados cobren vida y la invocación, la capacidad de traer voluntades extradimencionales para que se manifiesten en esta realidad. Quizás algún día conozcamos a un fungi capaz de eso. Hay mucho sobre los nuestros que todavía queda por descubrir. Penny es capaz de curar a los hombres así como yo soy capaz de dañarlos, pero esas solo son habilidades físicas. Licken no necesita comer, se alimenta con el sol.
            Viridrut seguía intrigado —Al parecer todos somos rápidos para aprender y desarrollarnos.
            Licken intervino con sus pensamientos —Sorpus y Sorus demoraron mucho más en crecer que nosotros, es evidente que nuestro proceso de crecimiento natural es diferente del que nos hizo aparecer inicialmente. Aun así los hongos en general tenemos un crecimiento muy acelerado en contraste con el de otras criaturas. En muchos de los libros que leí en la casa de Uruduntis que hablaban sobre hongos explicaban que el micelio nuestro se desparrama por los sustratos y se comunica incluso con otras especias, por lo general plantas. Esta red de micelio usualmente subterráneo que comunica a todos los hongos puede compararse con esta especie de red invisible que nos comunica a nosotros telepáticamente en nuestros sueños. Al tomar nuestra forma humanoide hemos adoptado órganos que nuestros pares no poseen, ojos y oídos por ejemplo, mientras que hemos abandonado otros. Generalmente el pie y sombrero de los hongos son cuerpos fructíferos destinados a la reproducción, mientras que la verdadera esencia del hongo está escondida en el micelio, muchas veces en la tierra aunque hay otros que toman cadáveres y otros sustratos. Nuestro micelio es corto y está en nuestros pies y no fijo y el cuerpo fructífero se he convertido en nuestro cuerpo humanoide. Mucha de la información que almacenamos, propia y natural así como aprendida, parece encontrarse en nuestro micelio. Así que podemos transportar nuestras experiencias y forma a nuevas generaciones. Mientras estemos conectados unos con otros, a pesar de ser organismos independientes, somos una sola entidad mucho más fuerte. No tengo manera de calcular cuánto tiempo duraran nuestros “cuerpos humanoides” pero si se conserva nuestro micelio, tenemos la oportunidad de perpetuarnos, así como ha pasado con Porus, convirtiéndose en Sorus y Sorpus. Es posible incluso que podamos desprendernos de nuestros cuerpos y conservando nuestro micelio seamos capaces de resurgir como los mismos individuos que fuimos. Y así como nuestro crecimiento es acelerado nuestras capacidades cognitivas aparecen casi inmediatamente —el gran ser simbionte se detuvo en sus pensamientos para observar a sus hermanos  que estaban en completo silencio intentando asimilar toda la información que les daba. Se encogió de hombros, o algo parecido y haciendo un ademan con su mano derecha agregó—. Creo.
            Galerina retomó —Bien. Volviendo al asunto de Izhá el kento, el visitó a mi maestra. Según nos relató había estado en la casa de una bruja humana, tengo entendido que fue quien recibió a Porus y a Licken. Allí me enteré que había otros como yo. Izhá estaba en busca de un polvo mágico para el sueño que forma parte de las cosas que es capaz de fabricar mi maestra y que intercambiaba con la otra bruja. Ese polvo que se usa para la fabricación de otra droga no es algo que los humanos sepan producir. Yo sin embargo he aprendido. Para cuando llegó ya lo estaban siguiendo. Me comentó sobre ustedes y sobre el mago al que visitaremos.
            —¿Y por qué este mago es tan importante? —preguntó Penny.
            —Porque es nuestro creador. Anzhará el carmesí, se hace llamar. Aunque su nombre completo es más largo —Galerina sabía que no hacía falta decirlo completo pero como ella lo sabía igual quería decirlo—. Anzhará el alquimista, el onironauta, el carmesí, portador de Lirudin, príncipe de Saldra. Izhá había buscado a la elfa Radasté, la pura, guardiana de Talisú, en su aldea pero ella no había regresado a su hogar, había partido con su amante a las tierras de él. Y es hacia donde nos dirigimos.
            —¿Es Saldra un reino elfo? —preguntó Viridrut.
            —Es una tribu que se encuentra en islas al oeste. Pero no es allí donde vamos, Anzhará tiene su propio laboratorio en su propia isla, cerca de la playa. Antes de separarnos Izhá me recomendó visitarlo, pues el sabrá explicarnos mejor nuestro origen. Además allí podremos refugiarnos de esta organización que nos persigue.
            —¿Y por qué nos persiguen esos hombres? —preguntó Penny con su voz aguda y aniñada.
            —Lo que Izhá había descubierto es que nos ven como una rareza, algo excepcional y único digno de ser exhibido en un zoológico. Pero nos necesitan vivos y sanos para eso —explicó Galerina—. Al parecer hay gente dispuesta a pagar mucho dinero por nosotros —La fungi se detuvo al percibir el terror y preocupación que experimentaba Penny, prefirió no continuar con ese asunto—. Izhá prometió encontrarnos allí. Estaremos bien.
            Continuaron en silencio, intentando distraerse de sus preocupaciones y eludir cuevas de megaterios. El tiempo fue pasando y cuando estuvieron cerca del atardecer acamparon en una gran laguna a beber y descansar. Sorpus y Sorus se acercaron a un árbol y se detuvieron a observar a una pequeña comunidad de hongos anchos con un sombrero de color pardo y con motas blancas que crecían del tronco del árbol. Galerina recogía flores de amapolas.
            —¡Miren, más de los nuestros! —exclamó Sorus alegremente.
            —¿Cómo se llama ese hongo? —preguntó Viridrut a Licken, pero después se corrigió— ¿Cuál ha sido el nombre que los hombres le han puesto?
            —Según los dibujos que he visto eso parece un trepamoras moteado —explicó con sus pensamientos telepáticamente Licken—. Es muy posible que ese árbol sea una morera. ¿Ven orugas en sus hojas? Dicen que las flores son blancas pero nosotros no podemos saber eso.
            —Sí, hay gusanos —dijo Sorpus—. Y también estos insectos voladores.
            —Esas son polillas de la seda —aclaró Viridrut más interesado en la entomología que Licken—. Son de hecho el mismo animal. Y es posible que cerca de las raíces encontremos otros diferentes —Todos observaron a las raíces de la morera y descubrieron una pequeña construcción hecha en apariencia de barro aunque en realidad se trataba de algo más complejo—. Ese es el hogar de las termitas de la mora. Aunque tanto las termitas como los trepamora pueden encontrarse en otros árboles y no solo en la morera, las polillas de la seda solo se alimentan de este árbol. La confirmación de Licken es la más acertada.
            —¡Fascinante! –dijo Sorus.
            —Las termitas viven en comunidades, en estos termiteros. Cada una cumple un rol, pero su vida está conectada como nuestros pensamientos cuándo dormimos. Cada termita es una célula, independiente del resto pero que forma parte del todo. Una termitas podrían morir, pero mientras queden suficientes y sobre todo las más importantes, el resto se repondrá y el termitero continuará.
            —Ya hemos comprobado —dijo Sorpus— que si nos lastiman o perdemos una parte esta se regenera o cicatrizamos. ¿Eso significa que estamos hechos de células también?
            —¿Habrá Fungis que estén hechos de una sola célula? –se preguntó Penny—Deben ser todavía más pequeños que yo.
            —No se tanto. —contestó Viridrut sonriendo.
            —Sí existen. —dijo Licken.
            —¿Fungis de una sola célula? —preguntó Penny.
            —No. No sé. Quizás existan pero sean demasiado pequeños para que los veamos. Pero si hay criaturas de una sola célula que podamos ver. Entendiendo célula como una pequeña e indivisible parte de nosotros. He pensado mucho en nuestra reproducción, en el caso de Porus. Existen diversas criaturas marinas, grandes como la palma de la mano de un hombre que se reproducen solo dividiéndose. Son solo una cosa y después dos. No forman parte de un conjunto.
            Viridrut apoyó su mano en su cara —Mmm, interesante tu reflexión. Aunque me parece que una definición más apropiada de “célula” requeriría una terminología muchísimo más compleja y un desarrollo mayor, pues hay varios huecos en ese razonamiento. No veo el impedimento por ejemplo de que los posibles organismos unicelulares no fuesen capaces de reproducirse sexualmente pues está claro que tendrán otros órganos para digerir alimento y cosas así.
            —Sí, células, unos individuos muy egoístas y egocéntricos. —aclaró Sorpus.
            —No tan así —dijo Viridrut sonriendo—. ¿Tú que piensas Licken?
            Galerina que estaba profundamente aburrida los interrumpió —Voy a repartir las gemas que nos protegen de la magia y sería ideal que decidamos como. Voy a preparar algo de polvo para el sueño así podemos utilizarlo como arma aquellos que no podemos generar ese efecto naturalmente como Viridrut. Hoy es el único día que puedo hacerlo pues necesito cortar las hojas de una Belladona en la medianoche de una noche sin luna. Ingredientes muy específicos de una magia muy complicada.
            —Sí —dijo Viridrut que encontraba a la fungi mandona algo irritante, sobre todo desde que ella había tomado el liderazgo, ya que antes generalmente había sido él quien guiaba al grupo. Volvió a ver a Licken a quien si encontraba interesante de escuchar y le preguntó nuevamente —¿Tú que piensas? Sobre lo anterior.
            —¿Yo? —preguntó Licken que no dejaba de mirar al suelo
            —Sí, tú. –dijo Sorus.
            —Me pregunto ¿con que sueñan las equidnas?
            —¿Equidna? ¿De cuál mitología habrán sacado los hombres ese nombre? —dijo burlonamente Galerina.
—¿Qué es una equidna? —preguntó Sorpus
            —Eso. –dijo Licken señalando a un animalito con púas en su espalda que tenía un largo hocico y garras ganchudas como las del megaterio. El animal se acercó al termitero y rompió una parte para luego introducir su lengua y alimentarse de las termitas—. Las equidnas son de los pocos mamíferos que ponen huevos. Sospecho también que los huevos son de hecho células que se van multiplicando hasta convertirse en organismos más complejos.
            —¿Otra vez con las células? —intervino Galerina.
            Licken prosiguió —Los hombres han estudiado a las equidnas y a muchos más animales. Al principio creyeron que las equidnas eran los únicos mamíferos incapaces de soñar. Falazmente argumentaron que por la forma de vida poco compleja y rutinaria del animal no requerían de tal distracción al estar dormidos. Pero posteriormente descubrieron que en condiciones muy especiales y particulares de temperatura ambiental podían hacerlo. Las equidnas también sueñan, solo que muy raras veces. El cerebro de la equidna aparte es muy grande comparado con su tamaño, así que también sabemos que son muy inteligentes. No pretendo insinuar con esto que la inteligencia es de alguna manera medible, tales atribuciones psicométricas me resultan absurdas. Pero sin duda tienen la capacidad de tener un pensamiento más complejo que el de otras criaturas. Por otro lado todos nosotros somos capaces de soñar. ¿Pero que es un sueño? Atreves de nuestros sueños somos capaces de transportarnos a un mundo que no es real, pero se siente real. Es un refugio para nuestra mente. El más egoísta que existe quizás. Aun en la más triste situación de desesperanza que enfrentemos en el mundo real, la enfermedad, la muerte de un ser querido, no importa en los sueños, porque podemos reencontrarnos con quienes perdimos o estar sanos. Podemos viajar a otros mundos, a otro tiempo. No necesitamos que sea ordenado o controlado, pues no importa que pase todas las noches volveremos a soñar. Quizás a veces ni recordemos que soñamos. La gente no le presta atención a lo que abunda. Damos por sentado que mañana volveremos a soñar, incluso hasta podemos tener malos sueños. Y esto es equiparable hasta en nuestra propia existencia. No sabemos cuánto viviremos, estamos convencidos de que siempre habrá un mañana, una cantidad indefinida de mañanas. Pero ¿qué pasaría si no fuéramos capaces de soñar siempre?, si solo algunas y remotas veces soñásemos. ¿Qué pasaría si supiéramos el momento exacto de nuestra muerte y tuviéramos certeza de cuánto tiempo nos quedase, ¿Qué sería lo que haríamos? ¿Nuestra vida común y rutinaria o algo excepcional? ¿Es la rutina un refugio acaso? De nuestros agotadores viajes en nuestros constantes sueños. ¿O es algo de lo que debemos escapar? ¿Qué es importante hacer los escasos días de nuestras vidas? ¿Qué sería lo que realmente es importante soñar cuando un sueño es algo escaso? ¿Cuán extraño seria ser transportado a otra realidad de repente? ¿Qué elegiría soñar si no tuviéramos indefinidos sueños en nuestro futuro? Por eso me pregunto ¿Con que sueñan las equidnas?
            Guardaron silencio pues había poco que contestar. Galerina intervino sarcásticamente y preguntó —¿Algo más que quieras agregar?
            Licken contestó – Mientras que el resto de los mamíferos generalmente  tienen solo una, los penes de las equidnas tienen cuatro cabezas.
            Sorus y Sorpus soltaron a reír pero después lo hicieron los demás. Pero al rato Sorus preguntó —¿Qué es un pene?



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