La playa estaba al menos a dos días
a pie. Penny seguía siendo transportada en los grandes hombros de Licken.
Viajaban siguiendo al sol sin detenerse. Penny, Licken y Viridrut extrañaban a
Uruduntis y a su gato. Al mismo tiempo iban conociendo a sus nuevos hermanos.
Galerina era una fungi venenosa y mágica con un carácter fuerte y decidido, no
se había explicado mucho aun respecto a cómo había conocido a Izhá pero
confiaban en ella. Sorus y Sorpus eran la segunda generación de fungis. Gracias
a ellos sabían que podían perpetuarse como especie. Tendrían que aprender cómo
hacerlo, pues Sorus y Sorpus eran iguales, no sabían todavía si toda su descendencia
seria réplicas exactas de ellos mismos, copiándose indefinidamente o si se
podrían juntar con otros para producir nuevos fungis. Además era notorio que
eran muy diferentes entre ellos, algunos eran mágicos otros no, algunos eran
masculinos, otros femeninos y otros todavía no sabían cómo definirlos. Había
mucho sobre lo que reflexionar.
—Entonces —preguntó Viridrut a
Galerina—. ¿Cómo conociste a Izhá?
—Él visito a mi maestra, Caldishn-Ñuñu.
—explicó la fungi.
—Un nombre muy extraño. —contestó el
hongo.
—¡Oh! ¡Porque Viridrut es un nombre
muy normal —respondió Galerina algo ofendida. Pero antes de que Viridrut
pudiera contestarle continuó—. Ella es una ogra. Cuando surgí de la tierra
estaba sola y deambulé perdida por días, hasta que por casualidad ella dio
conmigo. Caldishn-Ñuñu es severa y malhumorada, pero no tuvo intenciones de
lastimarme. Aprendí el idioma de los de su raza y el idioma común con ella. Además
aprendí algo de magia, de escritura y caligrafía. También me enseñó cómo
comunicarme con los artrópodos, algo en lo que me destaco y supero a sus
habilidades. Ella descubrió mucho de mi potencial, al parecer soy buena para la
ilusión. Soy capaz de engañar a los ojos, los oídos y al olfato de otras
personas. Pero la ilusión se acaba si me tocan. He convencido ya a muchos
humanos que soy una mujer de los de su raza.
—¿Eres capaz de dormir a la gente? —preguntó
Viridrut.
—No. Pero según tengo entendido la magia
roja es una de las más diversas de todos los tipos de magia y una de las más
difíciles en dominar. Al parecer algunos fungis tenemos una afinidad natural
para este tipo de magia. O por lo menos todavía no he conocido a otro de los
nuestros capaz de controlar algún otro tipo de magia. Yo controlo la telepatía
y el control mental así como la ilusión, que tiene que ver con la percepción
que tienen los demás de mí. Tú, Viridrut, al parecer tienes afinidad para el
control mental pero más relacionado con el ánimo y el sueño. Es posible que
seas capaz de ver los sueños de otras personas, no fungis. La magia roja es
todavía más basta, algunos manejan la animación, la capacidad de hacer que los
objetos inanimados cobren vida y la invocación, la capacidad de traer
voluntades extradimencionales para que se manifiesten en esta realidad. Quizás
algún día conozcamos a un fungi capaz de eso. Hay mucho sobre los nuestros que
todavía queda por descubrir. Penny es capaz de curar a los hombres así como yo
soy capaz de dañarlos, pero esas solo son habilidades físicas. Licken no
necesita comer, se alimenta con el sol.
Viridrut seguía intrigado —Al
parecer todos somos rápidos para aprender y desarrollarnos.
Licken intervino con sus
pensamientos —Sorpus y Sorus demoraron mucho más en crecer que nosotros, es
evidente que nuestro proceso de crecimiento natural es diferente del que nos
hizo aparecer inicialmente. Aun así los hongos en general tenemos un
crecimiento muy acelerado en contraste con el de otras criaturas. En muchos de
los libros que leí en la casa de Uruduntis que hablaban sobre hongos explicaban
que el micelio nuestro se desparrama por los sustratos y se comunica incluso
con otras especias, por lo general plantas. Esta red de micelio usualmente subterráneo
que comunica a todos los hongos puede compararse con esta especie de red
invisible que nos comunica a nosotros telepáticamente en nuestros sueños. Al
tomar nuestra forma humanoide hemos adoptado órganos que nuestros pares no
poseen, ojos y oídos por ejemplo, mientras que hemos abandonado otros.
Generalmente el pie y sombrero de los hongos son cuerpos fructíferos destinados
a la reproducción, mientras que la verdadera esencia del hongo está escondida
en el micelio, muchas veces en la tierra aunque hay otros que toman cadáveres y
otros sustratos. Nuestro micelio es corto y está en nuestros pies y no fijo y
el cuerpo fructífero se he convertido en nuestro cuerpo humanoide. Mucha de la
información que almacenamos, propia y natural así como aprendida, parece encontrarse
en nuestro micelio. Así que podemos transportar nuestras experiencias y forma a
nuevas generaciones. Mientras estemos conectados unos con otros, a pesar de ser
organismos independientes, somos una sola entidad mucho más fuerte. No tengo
manera de calcular cuánto tiempo duraran nuestros “cuerpos humanoides” pero si
se conserva nuestro micelio, tenemos la oportunidad de perpetuarnos, así como
ha pasado con Porus, convirtiéndose en Sorus y Sorpus. Es posible incluso que
podamos desprendernos de nuestros cuerpos y conservando nuestro micelio seamos
capaces de resurgir como los mismos individuos que fuimos. Y así como nuestro
crecimiento es acelerado nuestras capacidades cognitivas aparecen casi
inmediatamente —el gran ser simbionte se detuvo en sus pensamientos para
observar a sus hermanos que estaban en
completo silencio intentando asimilar toda la información que les daba. Se encogió
de hombros, o algo parecido y haciendo un ademan con su mano derecha agregó—.
Creo.
Galerina retomó —Bien. Volviendo al
asunto de Izhá el kento, el visitó a mi maestra. Según nos relató había estado
en la casa de una bruja humana, tengo entendido que fue quien recibió a Porus y
a Licken. Allí me enteré que había otros como yo. Izhá estaba en busca de un
polvo mágico para el sueño que forma parte de las cosas que es capaz de
fabricar mi maestra y que intercambiaba con la otra bruja. Ese polvo que se usa
para la fabricación de otra droga no es algo que los humanos sepan producir. Yo
sin embargo he aprendido. Para cuando llegó ya lo estaban siguiendo. Me comentó
sobre ustedes y sobre el mago al que visitaremos.
—¿Y por qué este mago es tan
importante? —preguntó Penny.
—Porque es nuestro creador. Anzhará
el carmesí, se hace llamar. Aunque su nombre completo es más largo —Galerina sabía
que no hacía falta decirlo completo pero como ella lo sabía igual quería
decirlo—. Anzhará el alquimista, el onironauta, el carmesí, portador de Lirudin,
príncipe de Saldra. Izhá había buscado a la elfa Radasté, la pura, guardiana de
Talisú, en su aldea pero ella no había regresado a su hogar, había partido con
su amante a las tierras de él. Y es hacia donde nos dirigimos.
—¿Es Saldra un reino elfo? —preguntó
Viridrut.
—Es una tribu que se encuentra en
islas al oeste. Pero no es allí donde vamos, Anzhará tiene su propio
laboratorio en su propia isla, cerca de la playa. Antes de separarnos Izhá me
recomendó visitarlo, pues el sabrá explicarnos mejor nuestro origen. Además
allí podremos refugiarnos de esta organización que nos persigue.
—¿Y por qué nos persiguen esos
hombres? —preguntó Penny con su voz aguda y aniñada.
—Lo que Izhá había descubierto es
que nos ven como una rareza, algo excepcional y único digno de ser exhibido en
un zoológico. Pero nos necesitan vivos y sanos para eso —explicó Galerina—. Al
parecer hay gente dispuesta a pagar mucho dinero por nosotros —La fungi se
detuvo al percibir el terror y preocupación que experimentaba Penny, prefirió
no continuar con ese asunto—. Izhá prometió encontrarnos allí. Estaremos bien.
Continuaron en silencio, intentando
distraerse de sus preocupaciones y eludir cuevas de megaterios. El tiempo fue
pasando y cuando estuvieron cerca del atardecer acamparon en una gran laguna a
beber y descansar. Sorpus y Sorus se acercaron a un árbol y se detuvieron a observar
a una pequeña comunidad de hongos anchos con un sombrero de color pardo y con
motas blancas que crecían del tronco del árbol. Galerina recogía flores de
amapolas.
—¡Miren, más de los nuestros! —exclamó
Sorus alegremente.
—¿Cómo se llama ese hongo? —preguntó
Viridrut a Licken, pero después se corrigió— ¿Cuál ha sido el nombre que los
hombres le han puesto?
—Según los dibujos que he visto eso
parece un trepamoras moteado —explicó con sus pensamientos telepáticamente
Licken—. Es muy posible que ese árbol sea una morera. ¿Ven orugas en sus hojas?
Dicen que las flores son blancas pero nosotros no podemos saber eso.
—Sí, hay gusanos —dijo Sorpus—. Y
también estos insectos voladores.
—Esas son polillas de la seda
—aclaró Viridrut más interesado en la entomología que Licken—. Son de hecho el
mismo animal. Y es posible que cerca de las raíces encontremos otros diferentes
—Todos observaron a las raíces de la morera y descubrieron una pequeña
construcción hecha en apariencia de barro aunque en realidad se trataba de algo
más complejo—. Ese es el hogar de las termitas de la mora. Aunque tanto las
termitas como los trepamora pueden encontrarse en otros árboles y no solo en la
morera, las polillas de la seda solo se alimentan de este árbol. La
confirmación de Licken es la más acertada.
—¡Fascinante! –dijo Sorus.
—Las termitas viven en comunidades,
en estos termiteros. Cada una cumple un rol, pero su vida está conectada como
nuestros pensamientos cuándo dormimos. Cada termita es una célula,
independiente del resto pero que forma parte del todo. Una termitas podrían
morir, pero mientras queden suficientes y sobre todo las más importantes, el
resto se repondrá y el termitero continuará.
—Ya hemos comprobado —dijo Sorpus—
que si nos lastiman o perdemos una parte esta se regenera o cicatrizamos. ¿Eso
significa que estamos hechos de células también?
—¿Habrá Fungis que estén hechos de
una sola célula? –se preguntó Penny—Deben ser todavía más pequeños que yo.
—No se tanto. —contestó Viridrut
sonriendo.
—Sí existen. —dijo Licken.
—¿Fungis de una sola célula?
—preguntó Penny.
—No. No sé. Quizás existan pero sean
demasiado pequeños para que los veamos. Pero si hay criaturas de una sola célula
que podamos ver. Entendiendo célula como una pequeña e indivisible parte de
nosotros. He pensado mucho en nuestra reproducción, en el caso de Porus.
Existen diversas criaturas marinas, grandes como la palma de la mano de un
hombre que se reproducen solo dividiéndose. Son solo una cosa y después dos. No
forman parte de un conjunto.
Viridrut apoyó su mano en su cara —Mmm,
interesante tu reflexión. Aunque me parece que una definición más apropiada de
“célula” requeriría una terminología muchísimo más compleja y un desarrollo
mayor, pues hay varios huecos en ese razonamiento. No veo el impedimento por
ejemplo de que los posibles organismos unicelulares no fuesen capaces de
reproducirse sexualmente pues está claro que tendrán otros órganos para digerir
alimento y cosas así.
—Sí, células, unos individuos muy
egoístas y egocéntricos. —aclaró Sorpus.
—No tan así —dijo Viridrut
sonriendo—. ¿Tú que piensas Licken?
Galerina que estaba profundamente
aburrida los interrumpió —Voy a repartir las gemas que nos protegen de la magia
y sería ideal que decidamos como. Voy a preparar algo de polvo para el sueño así
podemos utilizarlo como arma aquellos que no podemos generar ese efecto
naturalmente como Viridrut. Hoy es el único día que puedo hacerlo pues necesito
cortar las hojas de una Belladona en la medianoche de una noche sin luna.
Ingredientes muy específicos de una magia muy complicada.
—Sí —dijo Viridrut que encontraba a
la fungi mandona algo irritante, sobre todo desde que ella había tomado el
liderazgo, ya que antes generalmente había sido él quien guiaba al grupo. Volvió
a ver a Licken a quien si encontraba interesante de escuchar y le preguntó
nuevamente —¿Tú que piensas? Sobre lo anterior.
—¿Yo? —preguntó Licken que no dejaba
de mirar al suelo
—Sí, tú. –dijo Sorus.
—Me pregunto ¿con que sueñan las
equidnas?
—¿Equidna? ¿De cuál mitología habrán
sacado los hombres ese nombre? —dijo burlonamente Galerina.
—¿Qué es una equidna? —preguntó Sorpus
—Eso. –dijo Licken señalando a un
animalito con púas en su espalda que tenía un largo hocico y garras ganchudas
como las del megaterio. El animal se acercó al termitero y rompió una parte
para luego introducir su lengua y alimentarse de las termitas—. Las equidnas
son de los pocos mamíferos que ponen huevos. Sospecho también que los huevos
son de hecho células que se van multiplicando hasta convertirse en organismos más
complejos.
—¿Otra vez con las células? —intervino
Galerina.
Licken prosiguió —Los hombres han
estudiado a las equidnas y a muchos más animales. Al principio creyeron que las
equidnas eran los únicos mamíferos incapaces de soñar. Falazmente argumentaron
que por la forma de vida poco compleja y rutinaria del animal no requerían de
tal distracción al estar dormidos. Pero posteriormente descubrieron que en
condiciones muy especiales y particulares de temperatura ambiental podían
hacerlo. Las equidnas también sueñan, solo que muy raras veces. El cerebro de
la equidna aparte es muy grande comparado con su tamaño, así que también
sabemos que son muy inteligentes. No pretendo insinuar con esto que la
inteligencia es de alguna manera medible, tales atribuciones psicométricas me
resultan absurdas. Pero sin duda tienen la capacidad de tener un pensamiento más
complejo que el de otras criaturas. Por otro lado todos nosotros somos capaces
de soñar. ¿Pero que es un sueño? Atreves de nuestros sueños somos capaces de
transportarnos a un mundo que no es real, pero se siente real. Es un refugio
para nuestra mente. El más egoísta que existe quizás. Aun en la más triste
situación de desesperanza que enfrentemos en el mundo real, la enfermedad, la
muerte de un ser querido, no importa en los sueños, porque podemos
reencontrarnos con quienes perdimos o estar sanos. Podemos viajar a otros
mundos, a otro tiempo. No necesitamos que sea ordenado o controlado, pues no
importa que pase todas las noches volveremos a soñar. Quizás a veces ni
recordemos que soñamos. La gente no le presta atención a lo que abunda. Damos
por sentado que mañana volveremos a soñar, incluso hasta podemos tener malos
sueños. Y esto es equiparable hasta en nuestra propia existencia. No sabemos
cuánto viviremos, estamos convencidos de que siempre habrá un mañana, una
cantidad indefinida de mañanas. Pero ¿qué pasaría si no fuéramos capaces de
soñar siempre?, si solo algunas y remotas veces soñásemos. ¿Qué pasaría si
supiéramos el momento exacto de nuestra muerte y tuviéramos certeza de cuánto
tiempo nos quedase, ¿Qué sería lo que haríamos? ¿Nuestra vida común y rutinaria
o algo excepcional? ¿Es la rutina un refugio acaso? De nuestros agotadores
viajes en nuestros constantes sueños. ¿O es algo de lo que debemos escapar?
¿Qué es importante hacer los escasos días de nuestras vidas? ¿Qué sería lo que
realmente es importante soñar cuando un sueño es algo escaso? ¿Cuán extraño
seria ser transportado a otra realidad de repente? ¿Qué elegiría soñar si no
tuviéramos indefinidos sueños en nuestro futuro? Por eso me pregunto ¿Con que
sueñan las equidnas?
Guardaron silencio pues había poco
que contestar. Galerina intervino sarcásticamente y preguntó —¿Algo más que
quieras agregar?
Licken contestó – Mientras que el
resto de los mamíferos generalmente
tienen solo una, los penes de las equidnas tienen cuatro cabezas.
Sorus y Sorpus soltaron a reír pero
después lo hicieron los demás. Pero al rato Sorus preguntó —¿Qué es un pene?
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