Morún resolvió cualquier
complicación que pudieran tener los fungís en Gaved, utilizando sus
influencias políticas y sobre todo gracias a la promesa de dinero en algún
futuro próximo a las autoridades de la ciudad. Consiguieron una carreta, lo
suficientemente grande como para transportar a todos los fungís rescatados, y
partieron hacia la choza de la ogra maestra de Galerina. Los hongos que habían
sido capturados por los hombres estaban felices por haber sido rescatados pero
al mismo tiempo habían sufrido demasiado como para estar recuperados. Mucho
tiempo debería pasar para sanar sus heridas. Ascophio estaba especialmente
perturbado y prácticamente no hablaba.
Aunque Morún tenía muchas preguntas que
hacerle a los fungís fue Viridrut quien más los interrogó —¿Sabe alguno de
ustedes si han quedado muchos de estos hombres que se hacen llamar sombracortos?
Muchos simplemente lo negaron con sus
cabezas, uno parecido a un champiñón contesto —No sé, algunos no estaban cuando
Ascophio los enfrentó.
—¿Creen que nos seguirán buscando? —continuó
Viridrut.
—Solo decían todo el tiempo que ya
tenían un comprador para nosotros. —dijo una honga aplanada con una cabeza con
forma de sombrero rojo con pecas blancas.
Morún mucho más práctico intervino —Sin
duda hay más hombres de la sociedad de los sombracortos. Lo que de verdad
importa es si hay más fungís que estén prisioneros.
Ascophio respondió —No. Somos los
únicos, los que pudieron capturar al menos.
—¿Y dices que tus poderes no son
mágicos? —preguntó el hombre.
—No. —contestó el fungí.
—Perdona mi curiosidad, pero ¿Cómo
funciona eso? —preguntó Viridrut.
—Si soy capaz de tocarlos algunas partes
de mi quedan adheridos a ellos. Luego simplemente los parasito. Puedo entrar en
sus cerebros físicamente. Una vez allí soy capaz de controlarlos, incluso
matarlos.
—¿Y puedes hacer eso con otro fungí? —preguntó
esta vez Galerina.
—No lo he probado, pero no creo. No
funcionamos igual.
—¿Solo puedes hacerlo si los tocas? —Morún
le temía.
—No necesito tocarlos. No como tú
piensas al menos. Puedo dejar partes de mis tejidos. Una vez que entren en
contacto con quien deseo controlar, mis tejidos se multiplican y tengo un gran
control sobre ellos. —Ascophio estaba cansado y prefería no seguir hablando.
Simplemente dejó de mirarlos. No pretendía ser descortés, solo quería estar
solo. Viridrut eligió guardar silencio.
Tras dos días de viaje llegaron a la choza
de la ogra, perdida en el bosque. Construida en piedras negruzcas llenas de
limo y mohos mucilaginosos. El techo era de paja y crecían kalonches de color
morado todas florecidas, de la altura de un hombre. Los hombres y los elfos
acampaban afuera, pues la ogra solo había permitido que pasasen los fungís e
Izhá. Galerina y Viridrut entraron a la choza, aunque los otros fungís se
quedaron con Morún y Zantra. Pusieron al tanto a los demás respecto a lo que
había pasado, su encuentro con los sombracortos y Bladon, el haberse encontrado
con Ascophio, la ayuda de Morún y Zantra. La ogra Caldishn-Ñuñu si había
conseguido ayudar al elfo mal herido. Penny lo había cosido y en los últimos
días se había estado recuperado. La bruja era una criatura mal aseada,
desprolija y desarreglada. Vestía un traje rojo y una falda con plumas. Las
cosas dentro de la choza estaban tiradas por todos lados. Había un caldero y un
horno de barro, un cofre cubierto de polvo. Las paredes estaban repletas de
estantes con ingredientes extraños y de las vigas del techo de la choza
colgaban diferentes objetos que los fungís desconocían para que servían. La
bruja buscó entre sus estantes algo, mientras arrojaba más cosas al suelo que
estaba cubierto con utensilios y baratijas que eran movidos de un lado al otro
cuando se caminaba siendo empujadas por los pies. Huesos, plumas de cuervos,
cucarachas muertas y vivas. De un estante solo perdonó un queso lleno de
hongos.
—¿No has visto la miel? —preguntó Caldishn-Ñuñu a Galerina.
—Estaba junto al caldero. —respondió ella.
La bruja fue al caldero y tras buscar un poco solo con su mirada se agachó
a levantar un frasco grande, repleto de miel dorada y brillante. Mientras se
levantaba se quejaba —¡Arghh, mi espalda! —dijo tomándose la cintura y
masajeando su espalda a esa altura con tres de sus dedos con largas uñas.
Izhá estaba acostado sobre un improvisado lecho. La bruja prácticamente
obligó al elfo a tragarse la miel del frasco. Él no la encontró sabrosa —¿Qué
es ese sabor? Hay otra cosa, además de lo dulce.
—Créeme, no querrás saber. —contestó la
ogra.
—¿Entonces los sombracortos han sido
capturados y ese ha sido el fin de la esclavitud de los fungís? —preguntó el
elfo mientras se limpiaba la miel que le chorreaba de la boca.
—No —contestó Galerina—. Según Morún la
sociedad de los sombracortos es más extensa de lo que conocemos, pero los
fungís si han sido puestos en libertad. Hoy mismo iremos hasta donde se encuentra
Rouxy a dejarlos con ella para que se reúnan con Albor y los demás. Le
llevaremos la argolla a Anzhará, para conocer sobre nuestro nacimiento y
posiblemente ayudar a Makiias. Eventualmente nos uniremos a Albor.
—¿Y cómo es ese príncipe elfo? —preguntó
la ogra.
—Pues es un excéntrico —contestó el elfo—.
¿Pero a que se refiere?
—¿A qué me refiero con qué?
—Con como es. ¿Por qué le interesa? —insistió
Izhá.
—Tengo un particular interés en las
celebridades. —contestó la bruja.
—Bueno, él nos ha enseñado mucho de
magia. —dijo Viridrut.
—¡Bah! ¿Qué puede saber ese elfo de
magia? —preguntó desafiante la ogra sintiéndose algo desplazada.
—Es uno de los más grandes magos que jamás
han existido. Sin tener en cuenta la absurda cantidad de recursos que posee,
solo por ser el príncipe de Saldra. —contestó Izhá imprudentemente.
—Cualquiera con recursos hace grandes
cosas. Mmm… —murmuró algo entre sus negruzcos dientes y sin perder tiempo
regresó a buscar entre sus cosas arrojando de un lado a otro diferentes objetos
nuevamente. Tras un momento de propiciar insultos al aire se detuvo al
encontrar una especie de palo. Un báculo casi tan alto como Galerina, pero que
no estaba tallado. Era de madera y bastante recto pero en su punta se retorcía —Toma
—dijo la ogra entregándoselo a Galerina—. Esto te ayudará con tu magia roja.
Galerina estaba anonadada —Gracias
maestra. ¿Pero cómo se utiliza esto?
—Pues lo sostienes y ya. Como mucho
puedes usarlo para apuntar. ¿No sé? —dijo la bruja encogiéndose de hombros.
—¿Nada más? —preguntó Sorpus.
—No, nada más. A medida que lo uses iras
descubriendo como funciona, pero es difícil de explicar si nunca has tenido
uno. Yo sabía que lo tenía guardado por algún lado.
—¿Y me ayudará para la ilusión? —preguntó
Galerina.
—Si, por supuesto —contestó la ogra sonriendo—.
Sirve para cualquier tipo de magia roja, para eso fue fabricado.
—Como Lírudin. —acotó Viridrut.
—No, para nada como Lírudin. El báculo
de Anzhará solo sirve para invocar, este sirve para todo, también para invocar.
Solo que no es tan potente como Lírudin para ese tipo de magia en particular.
Pero para una iniciada en la magia es apropiado.
—¿Y eso es todo lo que hace? —preguntó
Sorus.
Tanto Galerina como Caldishn-Ñuñu le
dirigieron una mirada fulminante al hongo. La ogra agregó –También hace esto. —y
tras decir esto silbó dos notas extrañas
y la punta del báculo se estiró y luego se volvió a retorcer. Pero bastó para
impresionar a los hongos y de paso al elfo.
—¡Oh! ¿Es esa otra canción mágica? —preguntó
Viridrut.
La ogra nuevamente se encogió de hombros
—No sé. Otro día les enseño.
Galerina muy formalmente se dirigió
hacia su maestra –Gracias maestra, te prometo que practicare con él, para
explorar mejor mi magia. Estoy pensando en un nuevo personaje, quizás una
anciana que lleve un bastón.
La bruja sonrió algo satisfecha, como
quien le da un regalo a un niño y a este le encanta —Entonces ¿Cuándo partirán
a dejar a sus hermanos con ese hongo importante?
—Hoy mismo. —respondió Galerina.
—Me gustaría acompañarlos. — Caldishn-Ñuñu
se sentó lentamente en una silla de madera mientras decía esto.
El elfo sentado sobre su lecho preguntó —¿Por
qué?
—¿Acaso no puedo ir? —reclamó la ogra
—Por supuesto que puedes ir. —dijo
Galerina.
—¿Pero para qué? —preguntó nuevamente el
elfo.
—Quiero conocer a Anzhará. ¿Acaso me lo
negarás después de haberte salvado la vida?
Izhá no lo pensó ni por un segundo —Si
lo que deseas es conocer al príncipe de Saldra, por supuesto que haré lo
posible para recomendarte. Pero es extraña tu petición, al menos para mí es
raro conocer a un ogro que quiere salir a descubrir al mundo.
—Lo que quiero conocer es su palacio y
la magia que alberga. Me han intrigado sus historias.
—Así se hará. —contestó el elfo.
—¿Iras tú a conocer al príncipe de
Saldra? —preguntó la bruja.
—Aunque estoy mejor gracias a tus
cuidados y a los de Penny no iré. Creo que me quedaré con Rouxy y con Morún y
ayudaré a los otros Fungí.
—Me gustaría que Morún y algunos de sus
hombres nos acompañasen a la isla de Anzhará. E invita también a ese hongo que
se hace llamar Ascophio.
Izhá se incorporó como pudo y prefirió
no discutir con la bruja a quien le debía la vida —Como guste —y tras
inclinarse delante de ella en señal de respeto, reverencia que para la ogra no
significo nada, agregó—. Iré a comunicarles tus deseos a los demás y ver que
puedo organizar. No he conocido a Zantra pero de seguro accederá a tu petición.
—tras esto se retiró dejando solos a los fungís y a la ogra.
Cuando el elfo estuvo fuera de la choza Caldishn-Ñuñu
exclamó —¡Menudo personaje ese elfo! No me cae para nada bien.
—¿Por qué? —preguntó intrigado Viridrut.
—Para empezar creo que tiene amoríos con
ese tal Uruduntis. A los ogros no nos gustan esas cosas.
—¿Por qué son de especies diferentes o
por qué son del mismo sexo? —preguntó Sorpus.
—Las dos cosas. —aseveró
rotundamente la ogra.
—¿Y eso por qué estaría mal? —preguntó
Viridrut.
La bruja murmuró algo en voz baja
enfadada, molesta por la pregunta, como si sus razones no fueran obvias y
estuvieran implícitas en sus afirmaciones —He comido humanos y elfos ¿De verdad
piensas que es peor que sea homofóbica?
Viridrut prefirió no continuar con
el interrogatorio. Galerina se acercó al horno de barro y notó que estaba
encendido. —¿Vas a preparar algo?
—Si, después. —contestó la ogra. Se dirigió
al cofre y lo abrió y de allí retiró varios colgantes y anillos los cuales se
fue colocando —¿Qué piensas de estos Penny? ¿Me quedan bien?
Penny no solía ser la más
interrogada por la bruja pero estaba contenta de poder participar —Si, yo creo
que sí.
—Siempre he dicho que el verde de
las esmeraldas combina con mis ojos.
—No sabría decirle. —contestó Penny
con sinceridad.
—Ah, cierto que ustedes no ven en
colores —escupió la ogra—. Viridrut, necesito que me busques tres botellas cerámicas,
de color anaranjado —cerró los ojos entendiendo su error, así que simplemente
separó sus manos indicando el tamaño de las mismas—. Como así de grandes, digo.
Ustedes, ayúdenlo. —ordenó a Sorpus, Sorus y Licken.
—¿Y yo que hago? —pregunto Penny
alegremente. Galerina se encontraba distraída jugando con el nuevo báculo.
—¿Son estas? —pregunto Sorus
sosteniendo unas botellas.
—¡No! Y ten cuidado con esas que te
convertirán en piedra. Tú, Penny, me ayudarás a hacer galletitas —dijo
sonriendo Ñuñu—. ¿Has hecho galletitas alguna vez?
—No. Pero no necesito cocinar lo que
como. —respondió Penny.
—No importa, no serán para ti.
Sorus las interrumpió nuevamente —¿Estas
son las botellas? —dijo sosteniendo una de ellas.
—Sí. —contestó la ogra.
—¿Y que tienen dentro? —preguntó Sorpus.
—Un licor muy ácido llamado adnisad,
se produce fermentando al dodid, una fruta también muy ácida. Creo que al
paladar aventurero de Zantra le gustará, seguro también a Anzhará.
—¿Y las galletitas de que serán? —preguntó
Penny.
—Pues de coco —contestó la bruja
alegremente—. Aquí ya me han ayudado ustedes cuatro —hablando de Viridrut,
Sorus, Sorpus y Licken—. Ahora vayan y júntense con Ascophio e invítenlo a
conocer Saldra.
—¿Y por qué es tan importante
Ascophio? —preguntó Viridrut.
Caldishn-Ñuñu lo miró seriamente y
de pronto todas las sonrisas se acabaron —Porque de todos ustedes, sin contar a
esa tal Rouxy, es sin duda alguna el más poderoso, y lo que sea que les quede
enfrentar, con él será más fácil. Convénzalo de que se les una.
—¿Y no nos podemos quedar a hacer
galletas? —preguntó Sorus.
Pero la bruja ya los estaba
empujando por fuera de la choza —No, no. Cosa de mujeres. —entonó cerrándoles
la puerta en la cara.
Fue difícil convencer al hongo
depresivo Ascophio, pero tras mucho insistir aceptó. La bruja se vistió con sus
mejores ropas y alhajas y se juntó con el numeroso grupo, dejando su choza
sola. Era imposible de todas formas dar con ella perdida en el bosque. Llevaba
con ella presentes, como las galletas y el adnisad, pero además varios
frasquitos algunos de vidrio y otros cerámicos con diversas y misteriosas
pociones.
Rouxy se alegró de volver a verlos y
de que los fungís hubieran sido rescatados. Les entregó la pieza faltante de
la cadena como había acordado y les deseó suerte en su viaje. Izhá se quedó con
ella. Morún pidió a Zantra poder acompañar a los fungís hasta la isla de
Anzhará. Zantra viendo que igual tendría que llevar a una ogra no se opuso.
Aunque sería decisión del príncipe si los recibiría o no. Solo cinco de los hombres
de Morún fueron permitidos en la nave de los elfos. El viaje hasta la isla
demoró apenas una hora, siendo más extensos los preparativos para embarcar,
generalmente por demoras de la bruja. En cualquier otra ocasión no hubieran aceptado nunca llevar a hombres en
su embarcación, ni mucho menos a una bruja ogra, pero no era la más frecuente
de las situaciones y había que adaptarse.
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