miércoles, 25 de diciembre de 2019

13 - Galletitas de coco de ogro, elaboradas por sus propios hongos


            Morún resolvió cualquier complicación que pudieran tener los fungís en Gaved, utilizando sus influencias políticas y sobre todo gracias a la promesa de dinero en algún futuro próximo a las autoridades de la ciudad. Consiguieron una carreta, lo suficientemente grande como para transportar a todos los fungís rescatados, y partieron hacia la choza de la ogra maestra de Galerina. Los hongos que habían sido capturados por los hombres estaban felices por haber sido rescatados pero al mismo tiempo habían sufrido demasiado como para estar recuperados. Mucho tiempo debería pasar para sanar sus heridas. Ascophio estaba especialmente perturbado y prácticamente no hablaba.

Aunque Morún tenía muchas preguntas que hacerle a los fungís fue Viridrut quien más los interrogó —¿Sabe alguno de ustedes si han quedado muchos de estos hombres que se hacen llamar sombracortos?
Muchos simplemente lo negaron con sus cabezas, uno parecido a un champiñón contesto —No sé, algunos no estaban cuando Ascophio los enfrentó.
—¿Creen que nos seguirán buscando? —continuó Viridrut.
—Solo decían todo el tiempo que ya tenían un comprador para nosotros. —dijo una honga aplanada con una cabeza con forma de sombrero rojo con pecas blancas.
Morún mucho más práctico intervino —Sin duda hay más hombres de la sociedad de los sombracortos. Lo que de verdad importa es si hay más fungís que estén prisioneros.
Ascophio respondió —No. Somos los únicos, los que pudieron capturar al menos.
—¿Y dices que tus poderes no son mágicos? —preguntó el hombre.
—No. —contestó el fungí.
—Perdona mi curiosidad, pero ¿Cómo funciona eso? —preguntó Viridrut.
—Si soy capaz de tocarlos algunas partes de mi quedan adheridos a ellos. Luego simplemente los parasito. Puedo entrar en sus cerebros físicamente. Una vez allí soy capaz de controlarlos, incluso matarlos.
—¿Y puedes hacer eso con otro fungí? —preguntó esta vez Galerina.
—No lo he probado, pero no creo. No funcionamos igual.
—¿Solo puedes hacerlo si los tocas? —Morún le temía.
—No necesito tocarlos. No como tú piensas al menos. Puedo dejar partes de mis tejidos. Una vez que entren en contacto con quien deseo controlar, mis tejidos se multiplican y tengo un gran control sobre ellos. —Ascophio estaba cansado y prefería no seguir hablando. Simplemente dejó de mirarlos. No pretendía ser descortés, solo quería estar solo. Viridrut eligió guardar silencio.
     
      Tras dos días de viaje llegaron a la choza de la ogra, perdida en el bosque. Construida en piedras negruzcas llenas de limo y mohos mucilaginosos. El techo era de paja y crecían kalonches de color morado todas florecidas, de la altura de un hombre. Los hombres y los elfos acampaban afuera, pues la ogra solo había permitido que pasasen los fungís e Izhá. Galerina y Viridrut entraron a la choza, aunque los otros fungís se quedaron con Morún y Zantra. Pusieron al tanto a los demás respecto a lo que había pasado, su encuentro con los sombracortos y Bladon, el haberse encontrado con Ascophio, la ayuda de Morún y Zantra. La ogra Caldishn-Ñuñu si había conseguido ayudar al elfo mal herido. Penny lo había cosido y en los últimos días se había estado recuperado. La bruja era una criatura mal aseada, desprolija y desarreglada. Vestía un traje rojo y una falda con plumas. Las cosas dentro de la choza estaban tiradas por todos lados. Había un caldero y un horno de barro, un cofre cubierto de polvo. Las paredes estaban repletas de estantes con ingredientes extraños y de las vigas del techo de la choza colgaban diferentes objetos que los fungís desconocían para que servían. La bruja buscó entre sus estantes algo, mientras arrojaba más cosas al suelo que estaba cubierto con utensilios y baratijas que eran movidos de un lado al otro cuando se caminaba siendo empujadas por los pies. Huesos, plumas de cuervos, cucarachas muertas y vivas. De un estante solo perdonó un queso lleno de hongos.
      —¿No has visto la miel? —preguntó Caldishn-Ñuñu a Galerina.
      —Estaba junto al caldero. —respondió ella.
      La bruja fue al caldero y tras buscar un poco solo con su mirada se agachó a levantar un frasco grande, repleto de miel dorada y brillante. Mientras se levantaba se quejaba —¡Arghh, mi espalda! —dijo tomándose la cintura y masajeando su espalda a esa altura con tres de sus dedos con largas uñas.
      Izhá estaba acostado sobre un improvisado lecho. La bruja prácticamente obligó al elfo a tragarse la miel del frasco. Él no la encontró sabrosa —¿Qué es ese sabor? Hay otra cosa, además de lo dulce.
—Créeme, no querrás saber. —contestó la ogra.
—¿Entonces los sombracortos han sido capturados y ese ha sido el fin de la esclavitud de los fungís? —preguntó el elfo mientras se limpiaba la miel que le chorreaba de la boca.
—No —contestó Galerina—. Según Morún la sociedad de los sombracortos es más extensa de lo que conocemos, pero los fungís si han sido puestos en libertad. Hoy mismo iremos hasta donde se encuentra Rouxy a dejarlos con ella para que se reúnan con Albor y los demás. Le llevaremos la argolla a Anzhará, para conocer sobre nuestro nacimiento y posiblemente ayudar a Makiias. Eventualmente nos uniremos a Albor.
—¿Y cómo es ese príncipe elfo? —preguntó la ogra.
—Pues es un excéntrico —contestó el elfo—. ¿Pero a que se refiere?
—¿A qué me refiero con qué?
—Con como es. ¿Por qué le interesa? —insistió Izhá.
—Tengo un particular interés en las celebridades. —contestó la bruja.
—Bueno, él nos ha enseñado mucho de magia. —dijo Viridrut.
—¡Bah! ¿Qué puede saber ese elfo de magia? —preguntó desafiante la ogra sintiéndose algo desplazada.
—Es uno de los más grandes magos que jamás han existido. Sin tener en cuenta la absurda cantidad de recursos que posee, solo por ser el príncipe de Saldra. —contestó Izhá imprudentemente.
—Cualquiera con recursos hace grandes cosas. Mmm… —murmuró algo entre sus negruzcos dientes y sin perder tiempo regresó a buscar entre sus cosas arrojando de un lado a otro diferentes objetos nuevamente. Tras un momento de propiciar insultos al aire se detuvo al encontrar una especie de palo. Un báculo casi tan alto como Galerina, pero que no estaba tallado. Era de madera y bastante recto pero en su punta se retorcía —Toma —dijo la ogra entregándoselo a Galerina—. Esto te ayudará con tu magia roja.
Galerina estaba anonadada —Gracias maestra. ¿Pero cómo se utiliza esto?
—Pues lo sostienes y ya. Como mucho puedes usarlo para apuntar. ¿No sé? —dijo la bruja encogiéndose de hombros.
—¿Nada más? —preguntó Sorpus.
—No, nada más. A medida que lo uses iras descubriendo como funciona, pero es difícil de explicar si nunca has tenido uno. Yo sabía que lo tenía guardado por algún lado.
—¿Y me ayudará para la ilusión? —preguntó Galerina.
—Si, por supuesto —contestó la ogra sonriendo—. Sirve para cualquier tipo de magia roja, para eso fue fabricado.
—Como Lírudin. —acotó Viridrut.
—No, para nada como Lírudin. El báculo de Anzhará solo sirve para invocar, este sirve para todo, también para invocar. Solo que no es tan potente como Lírudin para ese tipo de magia en particular. Pero para una iniciada en la magia es apropiado.
—¿Y eso es todo lo que hace? —preguntó Sorus.
Tanto Galerina como Caldishn-Ñuñu le dirigieron una mirada fulminante al hongo. La ogra agregó –También hace esto. —y tras decir esto silbó dos  notas extrañas y la punta del báculo se estiró y luego se volvió a retorcer. Pero bastó para impresionar a los hongos y de paso al elfo.
—¡Oh! ¿Es esa otra canción mágica? —preguntó Viridrut.
La ogra nuevamente se encogió de hombros —No sé. Otro día les enseño.
Galerina muy formalmente se dirigió hacia su maestra –Gracias maestra, te prometo que practicare con él, para explorar mejor mi magia. Estoy pensando en un nuevo personaje, quizás una anciana que lleve un bastón.
La bruja sonrió algo satisfecha, como quien le da un regalo a un niño y a este le encanta —Entonces ¿Cuándo partirán a dejar a sus hermanos con ese hongo importante?
—Hoy mismo. —respondió Galerina.
—Me gustaría acompañarlos. — Caldishn-Ñuñu se sentó lentamente en una silla de madera mientras decía esto.
El elfo sentado sobre su lecho preguntó —¿Por qué?
—¿Acaso no puedo ir? —reclamó la ogra
—Por supuesto que puedes ir. —dijo Galerina.
—¿Pero para qué? —preguntó nuevamente el elfo.
—Quiero conocer a Anzhará. ¿Acaso me lo negarás después de haberte salvado la vida?
Izhá no lo pensó ni por un segundo —Si lo que deseas es conocer al príncipe de Saldra, por supuesto que haré lo posible para recomendarte. Pero es extraña tu petición, al menos para mí es raro conocer a un ogro que quiere salir a descubrir al mundo.
—Lo que quiero conocer es su palacio y la magia que alberga. Me han intrigado sus historias.
—Así se hará. —contestó el elfo.
—¿Iras tú a conocer al príncipe de Saldra? —preguntó la bruja.
—Aunque estoy mejor gracias a tus cuidados y a los de Penny no iré. Creo que me quedaré con Rouxy y con Morún y ayudaré a los otros Fungí.
—Me gustaría que Morún y algunos de sus hombres nos acompañasen a la isla de Anzhará. E invita también a ese hongo que se hace llamar Ascophio.
Izhá se incorporó como pudo y prefirió no discutir con la bruja a quien le debía la vida —Como guste —y tras inclinarse delante de ella en señal de respeto, reverencia que para la ogra no significo nada, agregó—. Iré a comunicarles tus deseos a los demás y ver que puedo organizar. No he conocido a Zantra pero de seguro accederá a tu petición. —tras esto se retiró dejando solos a los fungís y a la ogra.

Cuando el elfo estuvo fuera de la choza Caldishn-Ñuñu exclamó —¡Menudo personaje ese elfo! No me cae para nada bien.
—¿Por qué? —preguntó intrigado Viridrut.
—Para empezar creo que tiene amoríos con ese tal Uruduntis. A los ogros no nos gustan esas cosas.
—¿Por qué son de especies diferentes o por qué son del mismo sexo? —preguntó Sorpus.
            —Las dos cosas. —aseveró rotundamente la ogra.
            —¿Y eso por qué estaría mal? —preguntó Viridrut.
            La bruja murmuró algo en voz baja enfadada, molesta por la pregunta, como si sus razones no fueran obvias y estuvieran implícitas en sus afirmaciones —He comido humanos y elfos ¿De verdad piensas que es peor que sea homofóbica?
            Viridrut prefirió no continuar con el interrogatorio. Galerina se acercó al horno de barro y notó que estaba encendido. —¿Vas a preparar algo?
            —Si, después. —contestó la ogra. Se dirigió al cofre y lo abrió y de allí retiró varios colgantes y anillos los cuales se fue colocando —¿Qué piensas de estos Penny? ¿Me quedan bien?
            Penny no solía ser la más interrogada por la bruja pero estaba contenta de poder participar —Si, yo creo que sí.
            —Siempre he dicho que el verde de las esmeraldas combina con mis ojos.
            —No sabría decirle. —contestó Penny con sinceridad.
            —Ah, cierto que ustedes no ven en colores —escupió la ogra—. Viridrut, necesito que me busques tres botellas cerámicas, de color anaranjado —cerró los ojos entendiendo su error, así que simplemente separó sus manos indicando el tamaño de las mismas—. Como así de grandes, digo. Ustedes, ayúdenlo. —ordenó a Sorpus, Sorus y Licken.
            —¿Y yo que hago? —pregunto Penny alegremente. Galerina se encontraba distraída jugando con el nuevo báculo.
            —¿Son estas? —pregunto Sorus sosteniendo unas botellas.
            —¡No! Y ten cuidado con esas que te convertirán en piedra. Tú, Penny, me ayudarás a hacer galletitas —dijo sonriendo Ñuñu—. ¿Has hecho galletitas alguna vez?
            —No. Pero no necesito cocinar lo que como. —respondió Penny.
            —No importa, no serán para ti.
            Sorus las interrumpió nuevamente —¿Estas son las botellas? —dijo sosteniendo una de ellas.
            —Sí. —contestó la ogra.
            —¿Y que tienen dentro? —preguntó Sorpus.
            —Un licor muy ácido llamado adnisad, se produce fermentando al dodid, una fruta también muy ácida. Creo que al paladar aventurero de Zantra le gustará, seguro también a Anzhará.
            —¿Y las galletitas de que serán? —preguntó Penny.
            —Pues de coco —contestó la bruja alegremente—. Aquí ya me han ayudado ustedes cuatro —hablando de Viridrut, Sorus, Sorpus y Licken—. Ahora vayan y júntense con Ascophio e invítenlo a conocer Saldra.
            —¿Y por qué es tan importante Ascophio? —preguntó Viridrut.
            Caldishn-Ñuñu lo miró seriamente y de pronto todas las sonrisas se acabaron —Porque de todos ustedes, sin contar a esa tal Rouxy, es sin duda alguna el más poderoso, y lo que sea que les quede enfrentar, con él será más fácil. Convénzalo de que se les una.
            —¿Y no nos podemos quedar a hacer galletas? —preguntó Sorus.
            Pero la bruja ya los estaba empujando por fuera de la choza —No, no. Cosa de mujeres. —entonó cerrándoles la puerta en la cara.

            Fue difícil convencer al hongo depresivo Ascophio, pero tras mucho insistir aceptó. La bruja se vistió con sus mejores ropas y alhajas y se juntó con el numeroso grupo, dejando su choza sola. Era imposible de todas formas dar con ella perdida en el bosque. Llevaba con ella presentes, como las galletas y el adnisad, pero además varios frasquitos algunos de vidrio y otros cerámicos con diversas y misteriosas pociones.

            Rouxy se alegró de volver a verlos y de que los fungís hubieran sido rescatados. Les entregó la pieza faltante de la cadena como había acordado y les deseó suerte en su viaje. Izhá se quedó con ella. Morún pidió a Zantra poder acompañar a los fungís hasta la isla de Anzhará. Zantra viendo que igual tendría que llevar a una ogra no se opuso. Aunque sería decisión del príncipe si los recibiría o no. Solo cinco de los hombres de Morún fueron permitidos en la nave de los elfos. El viaje hasta la isla demoró apenas una hora, siendo más extensos los preparativos para embarcar, generalmente por demoras de la bruja. En cualquier otra ocasión  no hubieran aceptado nunca llevar a hombres en su embarcación, ni mucho menos a una bruja ogra, pero no era la más frecuente de las situaciones y había que adaptarse.

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