miércoles, 1 de enero de 2020

16 - El sueño del equidna


            Viajaron sin descansar hasta llegar nuevamente a donde todo había comenzado. Era medianoche. Los hongos habían madurado, Sorus y Sorpus eran más serios, Penny se había convertido en una gran sanadora, Licken era todavía más fuerte y un reflexivo filósofo, Viridrut y Galerina habían desarrollado sus innatas habilidades mágicas y se habían convertido en magos respetables. Incluso Ascophio era un poco menos introvertido. Estaban más confiados, más seguros de sí mismos. Mas cansados también. Sin que nadie se lo hubiera propuesto Galerina los lideraba, y estaba un poco menos mandona. Caldishn-Ñuñu, la ogra, Makiias el artesano y Morún los acompañaban. Extrañarían a Zantra. Izhá se encontraba con Rouxy, esperando el regreso de sus amigos.
            Cuando el Kento escuchó el relato de los hongos, quedó sorprendido por lo que narraban de Anzhará. Pero estando Makiias entre ellos y viniendo de sus propias bocas, no podía dudarlo.
            —Dejemos de lado el asunto de Anzhará —propuso Izhá—. Su ambición de poder y su desesperación al ver que podía perder el que ya tenía lo corrompieron. Creo que hicieron bien en tratar de ocultar sus huellas, por lo menos de su relación con el príncipe de Saldra. Sus hermanos están aquí. He conocido a muchos. Han venido junto a Albor y bajo la protección de Rouxy.
            Rouxy había aparecido ante ellos de la forma maravillosa en que lo hacía siempre, reconstruyéndose desde su más ínfima parte hasta llegar a adoptar la forma de cuerpo fructífero. Ciega pero consiente de todo lo que la rodeaba. Las lulas, los fungí macroscópicos unicelulares, levitaban por alrededor de la arboleda iluminando el bosque y la noche. Y las flores blancas de las moreras brillaban más que las estrellas. Algunos fungís, entre ellos los que habían rescatados de los sombracortos se les unieron. Era una noche fresca, a pesar del momento del año en que se encontraban. La cercanía con la playa hacia que la humedad fuera mucha y esto acentuaba el frio. La armadura dorada y resplandeciente de Morún llamaba la atención de algunos hongos que no habían tenido la suerte de haberse encontrado con el mejor paradigma humano.
            Viridrut extrajo de su morral al aro sagrado y al cristal de sueños y se los ofreció a Rouxy, que los recibió uno en cada mano. Galerina entonces se inclinó ante la poderosa maga invocadora a pesar de que sabía que ella no la vería, pero sentía que de alguna forma percibía lo que ella hacia —Quizás nuestra existencia sea una mera casualidad…
            —Como la de todos. —agregó Rouxy.
            —…pero sabemos al menos que nuestro origen está ligado a la intervención de este elemental —continuó Galerina—. Esta criatura es inocente, no puede ser lastimada físicamente en este plano existencial, pero es prisionero aquí.
            —Entonces liberémoslo. —dijo la maga.     
            —Si lo hacemos —intervino Viridrut—. Si dejamos que la conciencia del elemental se escape de este cristal de sueños, será incontrolable y peligroso. Necesitará el metaplasma de la argolla de la cadena para escapar y una vez que lo haga, posiblemente sea enorme, pues ha estado demasiado tiempo aquí y la cantidad de metaplasma es demasiada.
            —¿Y cómo sabes eso? —preguntó Rouxy.
            —Yo se lo he dicho —los interrumpió Makiias—. Esta no fue la primera prueba de Anzhará, solo la más ambiciosa. Y posiblemente la que peor salió.
            —Acércate —ordenó la maga y cuando el elfo lo hizo ella apoyó su mano en su cabeza para enterarse de lo que había sucedido antes. Tras unos momentos se dirigió a Galerina pero a todos a la vez —. Si intentásemos liberarlo, yo usaría todo mi poder para controlarlo y poder enviarlo a donde corresponde. Pero como has dicho nuestro más preciado objeto perdería el poder que posee, quizás aquel con el que podamos protegernos. Ustedes son los que han arriesgado su vida en esta aventura. Quisiera escuchar su opinión.
            —Hay que hacerlo porque… —Galerina intentó decir algo pero no fue capaz, no encontraba las palabras, era una persona de acción y la elocuencia no era su mejor virtud.
Viridrut dijo entonces —He visto a los elfos como Anzhará y a los hombres como Bladon abusar del poder del que disponían y ser corrompidos por ello. No sé si deseo tanto poder.
            Pero fue Licken quien sentenció telepáticamente —Nada es estático en este mundo. Las cosas siempre se transformarán y el cambio llegará nos guste o no. A veces los cambios son dolorosos, como cuando perdí a mi amigo Porus. Pero de ese hecho surgieron mis amigos Sorus y Sorpus. Perdí batallas, como contra el megaterio, pero esas derrotas me enseñaron como hacerme más fuerte para triunfar contra el elemental de Anzhará. Todo cambio implica una renuncia. Creo que es valiente estar dispuesto a renunciar al poder para ser capaz de encarar un futuro más justo, pues sin duda siempre será más fácil pretender conservarlo para mantener un equilibrio estático que en realidad será ficticio. Y citando a mi nuevo amigo Ascophio “seguir a una lideresa que me convoca para salvar una vida inocente me parece la más noble de las causas.”
            Penny con su voz aguda y aniñada se pronunció —Lo que dijo Licken.
            —Lo que dijo Licken —dijeron Sorus y Sorpus.
            —Lo que dijo Licken. —dijo finalmente Viridrut.
            Ascophio y Galerina sonrieron.
            —Así se hará —contestó satisfecha Rouxy—. Albor me ayudará.

            Morún, al igual que la ogra, Makiias o Izhá, no había sido capaz de escuchar lo que había dicho Licken, pero prefirió no preguntar. En cambio dijo a ellos —Algunas cosas de los hongos siempre serán un misterio.
            —Cierto, pero no puedes negar que son maravillosos. —contestó ella.

            De pronto y sin que nadie se lo esperase el zumbido de los molestos mosquitos se vio interrumpido. Una canción estaba siendo interpretada. Viridrut, a quien le fascinaba la música, la reconoció enseguida. Era la canción de la calma. Pero no solo se sentía más tranquilo, empezaba a tener sueño. Solo Makiias, Izhá y Viridrut la reconocieron pues eran los únicos que alguna vez la habían visto. Radasté completamente vestida de blanco era radiante, era hermosa y estaba enfurecida. Pero solo ella podía sentir eso en ese momento pues todos los demás se sentían muy bien, incapaces de defenderse y a su merced ya que ella se encontraba tocando a Talisú. Colgaba de su cuello el collar con la piedra azul que le había permitido tele transportarse inmediatamente a ese lugar con su gran arpa.
            —¿Qué haces? —preguntó Izhá mientras el sueño lo vencía.
            —¡Malditos fungís! —clamó— ¡Maldito su nacimiento y maldita la muerte de mi amado Anzhará!
            Radasté cambió la canción que interpretaba en el arpa a una que Viridrut no había escuchado jamás. Vio como las lulas caían del aire, como sus manos poco a poco se convertían en polvo y desaparecían.
            —¿Qué estas interpretando? —preguntó Viridrut mientras observaba a Galerina, angustiada dormirse, mientras se esfumaba.
            —Una canción que de seguro nunca habrás escuchado, la canción de sanar. No importa si tus oídos desaparecen, esto es magia blanca, no se detendrá hasta que hayas dejado de existir. Nunca debieron de existir. Cuando haya finalizado con ustedes, tocaré la canción del sueño y entonces ningún ogro, humano o elfo despertará jamás. Nadie sabrá de esto. —dijo la luminosa elfa, concentrada en su canción.
           
            Viridrut se desvaneció. Pudo sentir a sus hermanos unidos en el sueño, pero muchos de ellos, la gran mayoría, estaban tristes. Profundamente deprimidos, de estar muriendo y de ver morir a sus hermanos. Quiso unirse a Galerina, por última vez, pero no pudo, tan amargada como estaba era inalcanzable. Todavía había tiempo, en los sueños las cosas pasan más lento que en el mundo real. Tuvo recuerdos de caminar solo en el bosque, con la humedad en sus pies, que en ese momento le había molestado pero ahora la extrañaba, con él estaba el gato de Uruduntis. Un megaterio apareció y se tele trasportó a una noche mientras se preparaba a dormir cerca de Licken y Penny en la casa del clérigo. Se arropó y por él subieron cuatro escarabajos y entonces estuvo en el bosque otra vez, observando los insectos de las moreras y recordó algunas de las palabras de Licken “¿Qué elegiría soñar si no tuviéramos indefinidos sueños en nuestro futuro? ¿Con que sueñan los equidnas?”. Y entonces comprendió, no solo que este era el sueño del equidna sino también que era lo que ellos soñaban. Recordando algo que le había enseñado un mago que había caído en desgracia, se convirtió él mismo en un equidna. Y caminó llamando a sus hermanos en un bosque demasiado apagado.
            —¿Viridrut? —preguntó Ascophio.
            —Sí.
            —¿Por qué te ves como un mamífero con pene de cuatro cabezas? —preguntó Sorpus.
            —Soy un equidna. —respondió el mago.
            —No, eres un fungí. —replicó Penny.
            —¿Y cómo sabes que no eres un equidna que sueña ser un fungí?
            —¿Qué? —preguntó Sorpus.
            —Somos equidnas. —insistió Viridrut.
            Entonces otro equidna apareció era muy grande, para ser un mamífero con pene de cuatro cabezas. Era Licken. —¡Miren! Tengo boca.
            —¡Ahhh! —se lamentó Penny—. Sigo siendo pequeña. —convertida en un diminuto equidna.
            —Somos equidnas. —dijeron Sorus y Sorpus.
            Hasta Ascophio no dijo nada, pero se transformó en lo mismo que sus hermanos, aunque no tenía muy claro que era. Galerina, entonces los interrumpió —No. Son hongos. Y les he fallado. Debíamos haber escapado, lejos de este lugar como dijo mi maestra. Ahora todos moriremos.
            —He estado pensando —dijo Viridrut ignorándola—. Finalmente he resuelto la duda de Licken, ya sé con qué sueñan los equidnas.
            —¿Y eso que importa? —preguntó enfadada Galerina rodeada por sus hermanos, ahora mamíferos.
            —¿Me intriga más que son estos animales? —preguntó Ascophio.
            —¿Pero con que sueñan? —preguntó Licken.
            —A su tiempo. —contestó Viridrut—. Te preguntabas sobre lo que estaría bien hacer en nuestras cortas vidas Licken. En nuestros últimos días. ¿Qué disfrutaron estos últimos días?
            Para sorpresa del mago fue Ascophio quien primero contestó —Fue bueno encontrarlos a ustedes. Ha sido un honor seguirlos estos días. Un gran alivio a mi tormento.
            —Fue divertido enfrentar a elementales de barro junto a Morún. —dijo Sorpus.
            —Y a los enanos de Anzhará. —dijo Sorus.
            —Fue agradable viajar en bote con ustedes. —dijo Licken.
            —A mí me gusto hacer galletitas de coco. —dijo Penny.
            —Sí, eso estuvo bien. —dijo Galerina, que si hubiera podido llorar lo hubiera hecho, mientras se convertía en un pequeño mamífero más—. Pero entonces, ¿Con que sueñan los equidnas? —preguntó.
            —Con termitas. —contestó Viridrut.
            Hubo un silencio y Sorus acotó —No es la más elaborada de las respuestas.
            —No, pero debe ser acertada. —dijo Licken con su boca, esta vez.
            —Has resuelto el misterio, ya podemos morir en paz. —Galerina usaba su sarcasmo para esconder su tristeza.
            —No entiendes.
            —No. —contestó ella.
            —Ya sé cómo podemos derrotar a Radasté.
            —No podemos, seguramente para este momento somos solo un poco de micelio en unas caras botas que nos regaló Morún. —respondió la maga algo amargada.
            —Hay que pensar como un mago. —Viridrut apelaba a las palabras de la maestra de su hermana fungí.
            —¿Y cómo? —accedió.
            —No puedo dormir a Radasté con mi magia estando yo dormido. Pero hay algo que aprendí a hacer dormido y es a pasar mis pensamientos y los pensamientos de otros, por fuera de los sueños, como hice con el elemental hacia el cristal de sueños. Todavía podemos dormir a Radasté.
            —La elfa sabe mucho más de magia que nosotros dos juntos no podrás transmitirle tus pensamientos a ella. Mucho menos dormirla. —dijo una equidna frustrada y enojada.
            —A ella no, tiene que ser algo más simple, como un insecto.
            —Ya estarán todos dormidos. —acotó Sorpus.
            —Las termitas son sordas. Tú lo dijiste Galerina —se explicó Viridrut—. Esta parte del bosque está llena de moreras, tiene que haber millones de termitas.
            —¿Y que hay con eso? ¿Cómo las termitas van a dormir a Radasté? —preguntó Penny.
            —Las termitas no, pero la última bolsa de polvo del sueño que fabricó Galerina puede hacerlo. Cuando enfrentaste a los hombres en la playa, solo uso una. El resto se lo dieron a la ogra.
            —Las termitas son ciegas. —insistió Galerina.
            —No del todo, pueden distinguir la luz de la oscuridad, Radasté es luminosa y blanca.
            —¿Y qué propones? —preguntó Galerina, algo más confiada.
            —Si te metes en las mentes de las termitas y les pides que cada una recolecte unos poco granos del polvo, no tanto que las duerma a ellas también  y luego vayan hasta donde Radasté y se suban a ella. La suficiente cantidad de termitas con polvo del sueño conseguirán dormirla, no dejará de tocar para poder matarnos así que es posible que ignore a las termitas hasta que sea demasiado tarde.
            —Es la cosa más absurda que he escuchado nunca. —contestó Galerina—además solo puedo comunicarme con los insectos estando despierta. No puedo enviar mi magia por fuera del sueño… —y entonces comprendió lo que le decía Viridrut—. Pero hay que pensar como magos.
            —Puedo enlazar tu mente a la mía y que controles a los insectos desde aquí. Yo no puedo controlarlos a ellos, pero tú sí. Debemos trabajar en equipo como las termitas. Nosotros, los fungís, somos como las termitas.
            —¿Qué no éramos equidnas? —preguntó Sorpus.
            —También. —respondió el mago.
            —Estoy dispuesta a intentarlo. —aceptó la maga.

            Viridrut y Galerina unieron sus peludas, pinchudas y diminutas cabezas. Luego cerraron sus ojos. El tiempo pasó. Los otros fungís se impacientaban.
            —¿Y ahora que va a pasar? —preguntó Sorus.

            Despertaron sintiéndose bien, escuchando el sonido vibrante y repetitivo de la pifilca que tocaba la ogra, con lágrimas en los ojos, entonando la canción de la vida, mientras sostenía el colgante con la piedra azul que había arrancado del cuello de la elfa con una mano. Viridrut se incorporó, vio que todos sus amigos se encontraban bien y luego observó a Radasté, tendida entre las hierbas, cubierta todavía por termitas. El arpa inmóvil alta y majestuosa parecía un altar. Sintió la urgencia de quitarse las botas que protegían sus pies. Consideró que no servirían ya para nada más. También lo hicieron los demás. El mago se acercó a Galerina y estando descalzos los dos apoyaron un pie sobre el del otro. Un beso de hongo, quizás.

            Izhá y Makiias que habían despertado antes que Morún se acercaron hasta donde estaba Radasté, dormida.
            —¿Qué ha pasado? —preguntó Izhá.
            —Es una buena pregunta. —agregó la bruja.
—Viridrut y yo convencimos a las termitas de tomar algo del polvo del sueño y llevarlo hasta Radasté. Cientos, miles de termitas fueron suficientes para dormirla. —contestó Galerina.
            —¿Ella se encuentra bien? —preguntó Makiias.
            —Solo está dormida. —explicó Viridrut.
            Makiias se arrodilló en el suelo cerca de ella para retirar el cabello del rostro de la elfa —No siempre fue así. He servido durante años a ambos. Quizás, nunca estuve a la altura de su magia, quizás pertenezco a una clase inferior a la de ellos. Pero por lo menos en Radasté, siempre existió algo de gentileza. El miedo a perder su casta volvió loco a Anzhará y arrastró a Radasté.
            —Ella estuvo de acuerdo en matar a los fungís, y estaba dispuesta a matarnos a nosotros también. Ella nunca partió para ver cómo podía curarte, como dijo Anzhará, estaba tratando con la sociedad de los sombracortos.
            —Lo sé, pero también sé que no siempre fue así. Ella vivió miles de años al igual que Anzhará, haciendo lo correcto.
            —Pero cuando sus privilegios se vieron amenazados se convirtieron en monstruos. —reclamó Morún.
            —Yo entiendo que no puedan verlo como lo veo yo. Pero desde que todo esto aconteció, he estado sumergido en una pesadilla, de la cual todavía no he podido despertar. Desearía despertar y encontrarme con que todo es igual que antes. —dijo Makiias contemplando a Radasté.
            —Nada volverá a ser como antes. Anzhará ha muerto. —recalcó Izhá.
            —Sí y yo deberé escapar por siempre para que los elfos de Saldra no me cacen. Enviaran Kentos tras de mí, quizás a ti Izhá, si llegasen a saberse. Nunca aceptarán el que haya ayudado a los fungís. No lo aceptarán de ti tampoco.
            —¿Y qué pretendes que hagamos? —preguntó Viridrut.
            —Has que Ascophio nos borre la mente, a ambos, que olvidemos todo lo de estos meses e inventa algo para nosotros. Radasté y yo lamentaremos la muerte de Anzhará pero no tendré que dejar de ver a todos los que conozco.
            —¡Inaceptable! —dijo Morún—. Radasté es culpable y debería de ser castigada.
            —Pero algo de lo que dice Makiias es cierto —intervino Izhá—. Si capturo a Radasté y la llevó ante la ley, se sabrá lo de los fungís. Ya se le ha borrado la mente a Zantra, para protegerlo a él también.
            —Zantra, mi buen amigo Zantra, es inocente —reclamó Morún enfadado— Radasté no.
            Viridrut observó a Licken que les comunicó algo mentalmente y contestó —Sí.
            Galerina que había estado escuchando dijo —Estoy de acuerdo.
            —¿En qué? —preguntó Morún.
            —Licken dice: La vida es corta, para vivirla con rencor. Quizás volver atrás y fingir que nada ha pasado no sea lo más valiente. Pero es lo mejor para todos. Nosotros no olvidaremos, ni Izhá, ni Morún, ni Caldinsh Ñuñu. Pero no podemos negarle a Makiias su sueño del equidna. —respondió Viridrut.
            —Pero mi maestra y tú, deben de estar de acuerdo, pues son sus víctimas también. —dijo Galerina.
            —No me importa lo que pase con ella. Siempre puedo comérmela luego. —contestó la ogra.
            Morún estaba enfadado y en desacuerdo. Pero finalmente aceptó, por favorecer a los fungís —No es lo que es justo que pasase. Pero asumo que no hay justicia que devuelva la vida de la anciana que protegió a Licken y a Porus, ni justicia que devuelva la vida de Porus. Gente a quien no conocí y por quienes pretendo defender esta causa. Si aquellos que los conocieron pretenden dejar pasar esto no me opondré. Pero Talisú debe ser destruida. En cuanto a ustedes. Deben desaparecer de aquí. La gente del pueblo sin nombre los olvidará, y nadie les creerá. Con el tiempo serán una leyenda, como pretendía Anzhará. Pero yo los llevaré al norte a tierras más seguras, donde su magia no sea temida y su aspecto no sea despreciado. Allí encontrarán un nuevo hogar. La orden de los acuñadores guardará el secreto de su existencia y los protegerá por siempre.
            Viridrut consultó visualmente con sus hermanos y sin mediar palabra todos estuvieron de acuerdo —Está bien. Eres un gran amigo Morún, para nada gris. Gracias. —y tras esto extendió su mano hacia el hombre. Ambos se tomaron por sus muñecas y Morún sonrió. Luego Viridrut miró a Makiias —Te dormiré y despertarás en un mundo triste en el cual tu líder ha muerto, pero aun así será mejor que este. Despertarás en el mundo que tú has elegido, cosa que pocos podemos hacer, será falso, pero verdadero para ti. Sera real, pero un sueño. No sé decirte si eso es bueno.
            —No soy un elfo muy valiente, supongo. —contestó Makiias.
            —No se eso. Pero sé que eres uno justo y con eso me alcanza. Gracias en nombre de los fungís.
            Makiias dijo lo último que diría a los hongos —Si tú me juzgas así, solo por haberme conocido un día. Imagina como juzgo a Radasté que la he conocido por incontables años. Piensa en algo lindo para nosotros.
            Viridrut asintió con su cabeza y luego movió su mano derecha delante de la cara del elfo y este se durmió. Ascophio se acercó mientras Viridrut imaginaba una ilusión, muy larga para rellenar el vacío que dejaría su hermano en la mente de los dos elfos. Cuando todo terminó Viridrut dijo —Está hecho. Despertarán mañana posiblemente, Izhá lo llevará eventualmente a su tribu. Diremos que su embarcación había naufragado y que Talisú se hundió en las costas de Denjiia, en una tormenta. Makiias intentó salvar a Radasté nadando pero salió lastimado en los arrecifes por conchas de caracoles y sus cicatrices son producto de esto. Quizás no sea la mejor de las mentiras pero deberá servir.
            —Me los llevaré a mi tribu, prolongaré su sueño si hace falta, encontraré la forma. Diré que han estado un tiempo donde Uruduntis inconscientes y recuperándose, porque las heridas de Makiias ya han cicatrizado mucho.
            Rouxy viendo que todo estaba ya hecho, ayudado por sus hifas enterró a Talisú. El arpa se convertiría en el alimento de los hongos del bosque. Pronto no quedaría nada de ella.

            —Debemos liberar al elemental. —insistió Galerina.
            —Yo intentaré controlarlo —explicó Rouxy nuevamente—. Albor me asistirá para que no lastime a nadie, ya que nosotros los fungís no somos afectados por el poder de estas criaturas. Albor lo restringirá físicamente, mientras él se une con su otra parte, para poder partir.
            La fungí sostuvo el cristal en su mano izquierda y lo alzó. Todos buscaron refugio, alejándose de donde estaba ella. Varias lulas la rodeaban iluminándola. Entonces conocieron a Albor, del suelo brotó como si simplemente se inflase un hongo amarillo pálido de muchas setas, que creció y creció. Rouxy liberó al elemental hecho del bosque, del viento, de la grava, del barro, de ramas secas. Que se alzó rápidamente por encima de la copa de los árboles, gigantesco y descomunal. Arrancó a una morera del suelo y la arrojó confundido, desorientado. Rouxy soltó a la pieza de la cadena que simplemente levitó en el aire hacia donde estaba el elemental. La criatura rugió alejándose. Pero Albor que ya había crecido hasta superarlo lo contuvo sujetándolo con su amorfo cuerpo. El elemental le arrancaba partes. Pero Albor no se rindió. Finalmente la pieza de la cadena alcanzó al elemental y este fue desapareciendo mientras transitaba hasta su propia dimensión, el gigante se fue gentilmente. Albor se desinfló y desapareció en el suelo.
            Penny preguntó preocupada —¿Ha muerto acaso Albor?
            Pero Rouxy contestó levantando un poco de tierra —No. Albor se encuentra aquí y viajará con nosotros a donde nos lleve Morún.
            Caldinsh Ñuñu levantó la argolla que había perdido casi todo su poder pero todavía conservaba y posiblemente por mucho tiempo algo del metaplasma mágico.

            Galerina y Viridrut se separaron del resto de sus hermanos y se reunieron en una ronda junto con Caldinsh Ñuñu, Morún e Izhá.
            —¿Qué harás con eso? —preguntó Galerina a su maestra, refiriéndose a la pieza de la cadena.
            —Creo que la convertiré en una daga, para cortar queso.
            —Pero es muy pequeña es posible que solo te alcance para la mitad de la hoja. —dijo Viridrut.
            —Pienso que ni siquiera. Le pediré a algún enano que la una a otra pieza de metal, posiblemente bronce. Así estará oculta. —contestó la bruja.
            —Supongo que debemos partir cuanto antes. —propuso Morún.
            Viridrut buscó en su morral una bolsa llenas de monedas, la recompensa que había obtenido por encontrar al atracador del bosque y se la entregó al elfo —Toma, no le he encontrado utilidad a esto. Y espero que donde vayamos no haga falta tampoco. Has que se reparta entre los habitantes del pueblo sin nombre. O quizás Uruduntis desee fundar una escuela y enseñar allí, como lo hizo con nosotros. Ser un ermitaño no va con él. Es probable que disfrute transmitiendo su sabiduría. Si los niños del pueblo son educados mejor, quizás cuando les toque, no elijan al que tiene más dinero pensando que ese no va a robarles. Envíales nuestros saludos a él y a su gato.
            —Creo que la segunda es una mejor idea —dijo Izhá—. Estoy pensando en retirarme de mis labores de Kento. Ser profesor de música en esa escuela quizás sea mi próxima misión. Espero que Uruduntis me perdone.
            —Mmmm. —murmuró disconforme la ogra. Pero no dijo nada.

            Morún ensilló su caballo, mandó a llamar a sus hombres, que en poco tiempo se reunieron con él y formó una caravana para escoltar a los fungís hacia el norte. El viaje duraría, a pie, posiblemente semanas. Izhá sabía que todavía faltaba mucho tiempo hasta que volviera a tener noticias de él y de lo que había pasado con los fungís. Tenía que apurarse a encontrar unos bezules, para poder transportar a los dos elfos hasta la tribu. Antes de desaparecer en el bosque Viridrut se dio vuelta y saludó al elfo, moviendo sus brazos de forma extraña, pues no poesía huesos.


10 comentarios:

  1. Me gustó este capítulo final. Tiene errores de ortografía que podés corregir, pero hay algunas frases que no se entienden, algo de orden gramatical. La ogra es la de la daga del queso,no?. Me parece que habría que tener algún nexo que recuerde el pensamiento de Lichten sobre el sueño de los equidnas y la situación actual. Yo leí todos los capítulos pero no recuerdo cuándo sucede eso.Si querés puedo marcar lo que me suena mal redactado o con puntuación inadecuada y te lo reenvío. Cómo lo reenvío a fbook como archivo o aquí?, no sé cómo hacerlo. Los equidnas comen hormigas, lo de las termitas es una licencia poética? Si se va a llamar el sueño de los equidnas o con qué sueñan los equidnas creo que hay que reforzar o resaltar las situaciones en que aparecen.

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    1. "Tiene errores de ortografía que podés corregir, pero hay algunas frases que no se entienden, algo de orden gramatical"

      Errores sin duda tiene e iré corrigiéndolos, si me avisas los gramaticales te agradezco.

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    2. "La ogra es la de la daga del queso,no?"

      No creo. Si bien no lo he decidido, no creo que esta ogra renuncie a la daga del queso porque esta muy encariñada con Galerina. Es posible que la ogra de la daga del queso sea la hija o algo así, pero sin duda es una descendiente. En "El Rey orco" el primero de los libros de la orden del gato azul, la ogra de esa historia que viene como 500 años después le da a Azhalea un talismán teletransportador que es este. A ese talismán le quedan solo dos viajes y a este al final de la historia le quedan dos. Así que ahí hay otra aventura, de en que se gastaron o como se construyo la daga del queso. Pero en función de su relación con Galerina, como ya dije, no creo que vaya a ser la misma ogra.

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    3. "los equidnas comen hormigas, lo de las termitas es una licencia poética?"

      La termita de la mora esta inventada. Pero los equidnas si comen termitas no es un invento.

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    4. Le quedan al final 4 viajes quise poner.

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  2. Respuestas
    1. Se había copiado mal, era el primer párrafo otra vez. Termina en no poseía huesos. Hay algo en la cantidad de información que puedo poner en el porta papeles que no me permitió copiarlo completo y se repitió. Gracias.

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  3. ya encontré la referencia está en el capítulo 6. La elucubración de Licken es compleja y me gustó, pero la respuesta es muy simple: con termitas. No habría que trabajar un poco más la respuesta, al fin y al cabo se sugiere que los equidnas son muy inteligentes, uno podría pensar que si sueñan sólo a veces los sueños no tendrían que ser un poco más sofisticados?. En el capítulo 6 creo que son las equidnas.

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    1. El concepto del sueño del equidna no son las termitas.

      Viridrut se da cuenta como ganarle a Radasté y se quiere unir a Galerina, pero como esta deprimida, porque habia condenado a toda su raza a la aniquilación, el hongo no puede unirse a ella.

      Entonces Viridrut se convierte en equidna, como hace con Makiias al convertirse en gato, y recluta a sus amigos para alcanzar a Galerina y subirle el ánimo.

      El sueño del equidna es el sueño escaso y elegido. No creo que Viridrut consideré que los equidnas sueñan en termitas puntualmente sino que es lo que le viene bien para derrotar a la maga.

      El sueño del equidna es lo que decide Makiias con su vida.

      Quizás eso no lo desarrollé bien.

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    2. Licken a parte lo que pretende decir con ¿Con que sueñan los equidnas? no es puntualmente que pasa por las cabezas de esos mamíferos en cuestión sino todo lo demás. Si los sueños son escasos, o estamos ante nuestro ultimo, ¿que soñaríamos? ¿Que elegís que sea ese mundo ficticio pero que se siente real? Si mañana podes volver a soñar no importa pero si no podes? para ese lado va la cosa. El pensamiento de Licken. creo que no se entendió o se entendió muy literal.

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