Viajaron sin descansar hasta llegar
nuevamente a donde todo había comenzado. Era medianoche. Los hongos habían
madurado, Sorus y Sorpus eran más serios, Penny se había convertido en una gran
sanadora, Licken era todavía más fuerte y un reflexivo filósofo, Viridrut y
Galerina habían desarrollado sus innatas habilidades mágicas y se habían
convertido en magos respetables. Incluso Ascophio era un poco menos introvertido. Estaban más
confiados, más seguros de sí mismos. Mas cansados también. Sin que nadie se lo
hubiera propuesto Galerina los lideraba, y estaba un poco menos mandona. Caldishn-Ñuñu,
la ogra, Makiias el artesano y Morún los acompañaban. Extrañarían a Zantra.
Izhá se encontraba con Rouxy, esperando el regreso de sus amigos.
Cuando el Kento escuchó el relato de los hongos, quedó
sorprendido por lo que narraban de Anzhará. Pero estando Makiias entre ellos y
viniendo de sus propias bocas, no podía dudarlo.
—Dejemos de lado el asunto de Anzhará —propuso Izhá—. Su ambición
de poder y su desesperación al ver que podía perder el que ya tenía lo
corrompieron. Creo que hicieron bien en tratar de ocultar sus huellas, por lo
menos de su relación con el príncipe de Saldra. Sus hermanos están aquí. He
conocido a muchos. Han venido junto a Albor y bajo la protección de Rouxy.
Rouxy había aparecido ante ellos de la forma maravillosa
en que lo hacía siempre, reconstruyéndose desde su más ínfima parte hasta
llegar a adoptar la forma de cuerpo fructífero. Ciega pero consiente de todo lo
que la rodeaba. Las lulas, los fungí macroscópicos unicelulares, levitaban por
alrededor de la arboleda iluminando el bosque y la noche. Y las flores blancas
de las moreras brillaban más que las estrellas. Algunos fungís, entre ellos
los que habían rescatados de los sombracortos se les unieron. Era una noche
fresca, a pesar del momento del año en que se encontraban. La cercanía con la
playa hacia que la humedad fuera mucha y esto acentuaba el frio. La armadura dorada
y resplandeciente de Morún llamaba la atención de algunos hongos que no habían
tenido la suerte de haberse encontrado con el mejor paradigma humano.
Viridrut extrajo de su morral al aro
sagrado y al cristal de sueños y se los ofreció a Rouxy, que los recibió uno en
cada mano. Galerina entonces se inclinó ante la poderosa maga invocadora a
pesar de que sabía que ella no la vería, pero sentía que de alguna forma percibía
lo que ella hacia —Quizás nuestra existencia sea una mera casualidad…
—Como la de todos. —agregó Rouxy.
—…pero sabemos al menos que nuestro
origen está ligado a la intervención de este elemental —continuó Galerina—.
Esta criatura es inocente, no puede ser lastimada físicamente en este plano
existencial, pero es prisionero aquí.
—Entonces liberémoslo. —dijo la
maga.
—Si lo hacemos —intervino Viridrut—.
Si dejamos que la conciencia del elemental se escape de este cristal de sueños,
será incontrolable y peligroso. Necesitará el metaplasma de la argolla de la
cadena para escapar y una vez que lo haga, posiblemente sea enorme, pues ha
estado demasiado tiempo aquí y la cantidad de metaplasma es demasiada.
—¿Y cómo sabes eso? —preguntó Rouxy.
—Yo se lo he dicho —los interrumpió
Makiias—. Esta no fue la primera prueba de Anzhará, solo la más ambiciosa. Y
posiblemente la que peor salió.
—Acércate —ordenó la maga y cuando
el elfo lo hizo ella apoyó su mano en su cabeza para enterarse de lo que había
sucedido antes. Tras unos momentos se dirigió a Galerina pero a todos a la vez —.
Si intentásemos liberarlo, yo usaría todo mi poder para controlarlo y poder enviarlo
a donde corresponde. Pero como has dicho nuestro más preciado objeto perdería
el poder que posee, quizás aquel con el que podamos protegernos. Ustedes son
los que han arriesgado su vida en esta aventura. Quisiera escuchar su opinión.
—Hay que hacerlo porque… —Galerina
intentó decir algo pero no fue capaz, no encontraba las palabras, era una
persona de acción y la elocuencia no era su mejor virtud.
Viridrut dijo entonces —He visto a los
elfos como Anzhará y a los hombres como Bladon abusar del poder del que
disponían y ser corrompidos por ello. No sé si deseo tanto poder.
Pero fue Licken quien sentenció
telepáticamente —Nada es estático en este mundo. Las cosas siempre se
transformarán y el cambio llegará nos guste o no. A veces los cambios son dolorosos,
como cuando perdí a mi amigo Porus. Pero de ese hecho surgieron mis amigos
Sorus y Sorpus. Perdí batallas, como contra el megaterio, pero esas derrotas me
enseñaron como hacerme más fuerte para triunfar contra el elemental de Anzhará.
Todo cambio implica una renuncia. Creo que es valiente estar dispuesto a
renunciar al poder para ser capaz de encarar un futuro más justo, pues sin duda
siempre será más fácil pretender conservarlo para mantener un equilibrio estático
que en realidad será ficticio. Y citando a mi nuevo amigo Ascophio “seguir a
una lideresa que me convoca para salvar una vida inocente me parece la más
noble de las causas.”
Penny con su voz aguda y aniñada se pronunció
—Lo que dijo Licken.
—Lo que dijo Licken —dijeron Sorus y
Sorpus.
—Lo que dijo Licken. —dijo
finalmente Viridrut.
Ascophio y Galerina sonrieron.
—Así se hará —contestó satisfecha
Rouxy—. Albor me ayudará.
Morún, al igual que la ogra, Makiias
o Izhá, no había sido capaz de escuchar lo que había dicho Licken, pero prefirió
no preguntar. En cambio dijo a ellos —Algunas cosas de los hongos siempre serán
un misterio.
—Cierto, pero no puedes negar que
son maravillosos. —contestó ella.
De pronto y sin que nadie se lo
esperase el zumbido de los molestos mosquitos se vio interrumpido. Una canción
estaba siendo interpretada. Viridrut, a quien le fascinaba la música, la reconoció
enseguida. Era la canción de la calma. Pero no solo se sentía más tranquilo,
empezaba a tener sueño. Solo Makiias, Izhá y Viridrut la reconocieron pues eran
los únicos que alguna vez la habían visto. Radasté completamente vestida de
blanco era radiante, era hermosa y estaba enfurecida. Pero solo ella podía
sentir eso en ese momento pues todos los demás se sentían muy bien, incapaces de
defenderse y a su merced ya que ella se encontraba tocando a Talisú. Colgaba de
su cuello el collar con la piedra azul que le había permitido tele transportarse
inmediatamente a ese lugar con su gran arpa.
—¿Qué haces? —preguntó Izhá mientras
el sueño lo vencía.
—¡Malditos fungís! —clamó— ¡Maldito
su nacimiento y maldita la muerte de mi amado Anzhará!
Radasté cambió la canción que
interpretaba en el arpa a una que Viridrut no había escuchado jamás. Vio como
las lulas caían del aire, como sus manos poco a poco se convertían en polvo y
desaparecían.
—¿Qué estas interpretando? —preguntó
Viridrut mientras observaba a Galerina, angustiada dormirse, mientras se
esfumaba.
—Una canción que de seguro nunca habrás
escuchado, la canción de sanar. No importa si tus oídos desaparecen, esto es
magia blanca, no se detendrá hasta que hayas dejado de existir. Nunca debieron
de existir. Cuando haya finalizado con ustedes, tocaré la canción del sueño y
entonces ningún ogro, humano o elfo despertará jamás. Nadie sabrá de esto. —dijo
la luminosa elfa, concentrada en su canción.
Viridrut se desvaneció. Pudo sentir
a sus hermanos unidos en el sueño, pero muchos de ellos, la gran mayoría,
estaban tristes. Profundamente deprimidos, de estar muriendo y de ver morir a
sus hermanos. Quiso unirse a Galerina, por última vez, pero no pudo, tan
amargada como estaba era inalcanzable. Todavía había tiempo, en los sueños las
cosas pasan más lento que en el mundo real. Tuvo recuerdos de caminar solo en
el bosque, con la humedad en sus pies, que en ese momento le había molestado
pero ahora la extrañaba, con él estaba el gato de Uruduntis. Un megaterio
apareció y se tele trasportó a una noche mientras se preparaba a dormir cerca
de Licken y Penny en la casa del clérigo. Se arropó y por él subieron cuatro
escarabajos y entonces estuvo en el bosque otra vez, observando los insectos de
las moreras y recordó algunas de las palabras de Licken “¿Qué elegiría soñar si
no tuviéramos indefinidos sueños en nuestro futuro? ¿Con que sueñan los
equidnas?”. Y entonces comprendió, no solo que este era el sueño del equidna
sino también que era lo que ellos soñaban. Recordando algo que le había
enseñado un mago que había caído en desgracia, se convirtió él mismo en un
equidna. Y caminó llamando a sus hermanos en un bosque demasiado apagado.
—¿Viridrut? —preguntó Ascophio.
—Sí.
—¿Por qué te ves como un mamífero
con pene de cuatro cabezas? —preguntó Sorpus.
—Soy un equidna. —respondió el mago.
—No, eres un fungí. —replicó Penny.
—¿Y cómo sabes que no eres un
equidna que sueña ser un fungí?
—¿Qué? —preguntó Sorpus.
—Somos equidnas. —insistió Viridrut.
Entonces otro equidna apareció era
muy grande, para ser un mamífero con pene de cuatro cabezas. Era Licken. —¡Miren!
Tengo boca.
—¡Ahhh! —se lamentó Penny—. Sigo
siendo pequeña. —convertida en un diminuto equidna.
—Somos equidnas. —dijeron Sorus y
Sorpus.
Hasta Ascophio no dijo nada, pero se
transformó en lo mismo que sus hermanos, aunque no tenía muy claro que era.
Galerina, entonces los interrumpió —No. Son hongos. Y les he fallado. Debíamos
haber escapado, lejos de este lugar como dijo mi maestra. Ahora todos
moriremos.
—He estado pensando —dijo Viridrut
ignorándola—. Finalmente he resuelto la duda de Licken, ya sé con qué sueñan
los equidnas.
—¿Y eso que importa? —preguntó enfadada
Galerina rodeada por sus hermanos, ahora mamíferos.
—¿Me intriga más que son estos
animales? —preguntó Ascophio.
—¿Pero con que sueñan? —preguntó Licken.
—A su tiempo. —contestó Viridrut—.
Te preguntabas sobre lo que estaría bien hacer en nuestras cortas vidas Licken.
En nuestros últimos días. ¿Qué disfrutaron estos últimos días?
Para sorpresa del mago fue Ascophio
quien primero contestó —Fue bueno encontrarlos a ustedes. Ha sido un honor
seguirlos estos días. Un gran alivio a mi tormento.
—Fue divertido enfrentar a elementales
de barro junto a Morún. —dijo Sorpus.
—Y a los enanos de Anzhará. —dijo
Sorus.
—Fue agradable viajar en bote con
ustedes. —dijo Licken.
—A mí me gusto hacer galletitas de
coco. —dijo Penny.
—Sí, eso estuvo bien. —dijo
Galerina, que si hubiera podido llorar lo hubiera hecho, mientras se convertía
en un pequeño mamífero más—. Pero entonces, ¿Con que sueñan los equidnas? —preguntó.
—Con termitas. —contestó Viridrut.
Hubo un silencio y Sorus acotó —No
es la más elaborada de las respuestas.
—No, pero debe ser acertada. —dijo
Licken con su boca, esta vez.
—Has resuelto el misterio, ya
podemos morir en paz. —Galerina usaba su sarcasmo para esconder su tristeza.
—No entiendes.
—No. —contestó ella.
—Ya sé cómo podemos derrotar a
Radasté.
—No podemos, seguramente para este
momento somos solo un poco de micelio en unas caras botas que nos regaló Morún.
—respondió la maga algo amargada.
—Hay que pensar como un mago. —Viridrut
apelaba a las palabras de la maestra de su hermana fungí.
—¿Y cómo? —accedió.
—No puedo dormir a Radasté con mi
magia estando yo dormido. Pero hay algo que aprendí a hacer dormido y es a
pasar mis pensamientos y los pensamientos de otros, por fuera de los sueños,
como hice con el elemental hacia el cristal de sueños. Todavía podemos dormir a
Radasté.
—La elfa sabe mucho más de magia que
nosotros dos juntos no podrás transmitirle tus pensamientos a ella. Mucho menos
dormirla. —dijo una equidna frustrada y enojada.
—A ella no, tiene que ser algo más
simple, como un insecto.
—Ya estarán todos dormidos. —acotó
Sorpus.
—Las termitas son sordas. Tú lo
dijiste Galerina —se explicó Viridrut—. Esta parte del bosque está llena de
moreras, tiene que haber millones de termitas.
—¿Y que hay con eso? ¿Cómo las
termitas van a dormir a Radasté? —preguntó Penny.
—Las termitas no, pero la última
bolsa de polvo del sueño que fabricó Galerina puede hacerlo. Cuando enfrentaste
a los hombres en la playa, solo uso una. El resto se lo dieron a la ogra.
—Las termitas son ciegas. —insistió
Galerina.
—No del todo, pueden distinguir la
luz de la oscuridad, Radasté es luminosa y blanca.
—¿Y qué propones? —preguntó
Galerina, algo más confiada.
—Si te metes en las mentes de las termitas
y les pides que cada una recolecte unos poco granos del polvo, no tanto que las
duerma a ellas también y luego vayan
hasta donde Radasté y se suban a ella. La suficiente cantidad de termitas con
polvo del sueño conseguirán dormirla, no dejará de tocar para poder matarnos así
que es posible que ignore a las termitas hasta que sea demasiado tarde.
—Es la cosa más absurda que he
escuchado nunca. —contestó Galerina—además solo puedo comunicarme con los
insectos estando despierta. No puedo enviar mi magia por fuera del sueño… —y
entonces comprendió lo que le decía Viridrut—. Pero hay que pensar como magos.
—Puedo enlazar tu mente a la mía y
que controles a los insectos desde aquí. Yo no puedo controlarlos a ellos, pero
tú sí. Debemos trabajar en equipo como las termitas. Nosotros, los fungís,
somos como las termitas.
—¿Qué no éramos equidnas? —preguntó
Sorpus.
—También. —respondió el mago.
—Estoy dispuesta a intentarlo. —aceptó
la maga.
Viridrut y Galerina unieron sus
peludas, pinchudas y diminutas cabezas. Luego cerraron sus ojos. El tiempo pasó.
Los otros fungís se impacientaban.
—¿Y ahora que va a pasar? —preguntó
Sorus.
Despertaron sintiéndose bien,
escuchando el sonido vibrante y repetitivo de la pifilca que tocaba la ogra,
con lágrimas en los ojos, entonando la canción de la vida, mientras sostenía el
colgante con la piedra azul que había arrancado del cuello de la elfa con una
mano. Viridrut se incorporó, vio que todos sus amigos se encontraban bien y luego
observó a Radasté, tendida entre las hierbas, cubierta todavía por termitas. El arpa inmóvil alta y majestuosa parecía un altar. Sintió la urgencia de
quitarse las botas que protegían sus pies. Consideró que no servirían ya para
nada más. También lo hicieron los demás. El mago se acercó a Galerina y estando
descalzos los dos apoyaron un pie sobre el del otro. Un beso de hongo, quizás.
Izhá y Makiias que habían despertado
antes que Morún se acercaron hasta donde estaba Radasté, dormida.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Izhá.
—Es una buena pregunta. —agregó la
bruja.
—Viridrut y yo convencimos a las
termitas de tomar algo del polvo del sueño y llevarlo hasta Radasté. Cientos,
miles de termitas fueron suficientes para dormirla. —contestó Galerina.
—¿Ella se encuentra bien? —preguntó
Makiias.
—Solo está dormida. —explicó Viridrut.
Makiias se arrodilló en el suelo
cerca de ella para retirar el cabello del rostro de la elfa —No siempre fue así.
He servido durante años a ambos. Quizás, nunca estuve a la altura de su magia,
quizás pertenezco a una clase inferior a la de ellos. Pero por lo menos en
Radasté, siempre existió algo de gentileza. El miedo a perder su casta volvió
loco a Anzhará y arrastró a Radasté.
—Ella estuvo de acuerdo en matar a
los fungís, y estaba dispuesta a matarnos a nosotros también. Ella nunca partió
para ver cómo podía curarte, como dijo Anzhará, estaba tratando con la sociedad
de los sombracortos.
—Lo sé, pero también sé que no
siempre fue así. Ella vivió miles de años al igual que Anzhará, haciendo lo
correcto.
—Pero cuando sus privilegios se
vieron amenazados se convirtieron en monstruos. —reclamó Morún.
—Yo entiendo que no puedan verlo
como lo veo yo. Pero desde que todo esto aconteció, he estado sumergido en una
pesadilla, de la cual todavía no he podido despertar. Desearía despertar y
encontrarme con que todo es igual que antes. —dijo Makiias contemplando a
Radasté.
—Nada volverá a ser como antes.
Anzhará ha muerto. —recalcó Izhá.
—Sí y yo deberé escapar por siempre
para que los elfos de Saldra no me cacen. Enviaran Kentos tras de mí, quizás a ti
Izhá, si llegasen a saberse. Nunca aceptarán el que haya ayudado a los fungís.
No lo aceptarán de ti tampoco.
—¿Y qué pretendes que hagamos? —preguntó
Viridrut.
—Has que Ascophio nos borre la
mente, a ambos, que olvidemos todo lo de estos meses e inventa algo para
nosotros. Radasté y yo lamentaremos la muerte de Anzhará pero no tendré que
dejar de ver a todos los que conozco.
—¡Inaceptable! —dijo Morún—. Radasté
es culpable y debería de ser castigada.
—Pero algo de lo que dice Makiias es
cierto —intervino Izhá—. Si capturo a Radasté y la llevó ante la ley, se sabrá
lo de los fungís. Ya se le ha borrado la mente a Zantra, para protegerlo a él
también.
—Zantra, mi buen amigo Zantra, es
inocente —reclamó Morún enfadado— Radasté no.
Viridrut observó a Licken que les
comunicó algo mentalmente y contestó —Sí.
Galerina que había estado escuchando
dijo —Estoy de acuerdo.
—¿En qué? —preguntó Morún.
—Licken dice: La vida es corta, para
vivirla con rencor. Quizás volver atrás y fingir que nada ha pasado no sea lo más
valiente. Pero es lo mejor para todos. Nosotros no olvidaremos, ni Izhá, ni
Morún, ni Caldinsh Ñuñu. Pero no podemos negarle a Makiias su sueño del
equidna. —respondió Viridrut.
—Pero mi maestra y tú, deben de
estar de acuerdo, pues son sus víctimas también. —dijo Galerina.
—No me importa lo que pase con ella.
Siempre puedo comérmela luego. —contestó la ogra.
Morún estaba enfadado y en desacuerdo.
Pero finalmente aceptó, por favorecer a los fungís —No es lo que es justo que
pasase. Pero asumo que no hay justicia que devuelva la vida de la anciana que protegió
a Licken y a Porus, ni justicia que devuelva la vida de Porus. Gente a quien no
conocí y por quienes pretendo defender esta causa. Si aquellos que los
conocieron pretenden dejar pasar esto no me opondré. Pero Talisú debe ser
destruida. En cuanto a ustedes. Deben desaparecer de aquí. La gente del pueblo
sin nombre los olvidará, y nadie les creerá. Con el tiempo serán una leyenda,
como pretendía Anzhará. Pero yo los llevaré al norte a tierras más seguras,
donde su magia no sea temida y su aspecto no sea despreciado. Allí encontrarán
un nuevo hogar. La orden de los acuñadores guardará el secreto de su existencia
y los protegerá por siempre.
Viridrut consultó visualmente con
sus hermanos y sin mediar palabra todos estuvieron de acuerdo —Está bien. Eres
un gran amigo Morún, para nada gris. Gracias. —y tras esto extendió su mano
hacia el hombre. Ambos se tomaron por sus muñecas y Morún sonrió. Luego
Viridrut miró a Makiias —Te dormiré y despertarás en un mundo triste en el cual
tu líder ha muerto, pero aun así será mejor que este. Despertarás en el mundo
que tú has elegido, cosa que pocos podemos hacer, será falso, pero verdadero
para ti. Sera real, pero un sueño. No sé decirte si eso es bueno.
—No soy un elfo muy valiente,
supongo. —contestó Makiias.
—No se eso. Pero sé que eres uno
justo y con eso me alcanza. Gracias en nombre de los fungís.
Makiias dijo lo último que diría a
los hongos —Si tú me juzgas así, solo por haberme conocido un día. Imagina como
juzgo a Radasté que la he conocido por incontables años. Piensa en algo lindo
para nosotros.
Viridrut asintió con su cabeza y
luego movió su mano derecha delante de la cara del elfo y este se durmió.
Ascophio se acercó mientras Viridrut imaginaba una ilusión, muy larga para
rellenar el vacío que dejaría su hermano en la mente de los dos elfos. Cuando
todo terminó Viridrut dijo —Está hecho. Despertarán mañana posiblemente, Izhá
lo llevará eventualmente a su tribu. Diremos que su embarcación había
naufragado y que Talisú se hundió en las costas de Denjiia, en una tormenta.
Makiias intentó salvar a Radasté nadando pero salió lastimado en los arrecifes
por conchas de caracoles y sus cicatrices son producto de esto. Quizás no sea
la mejor de las mentiras pero deberá servir.
—Me los llevaré a mi tribu,
prolongaré su sueño si hace falta, encontraré la forma. Diré que han estado un
tiempo donde Uruduntis inconscientes y recuperándose, porque las heridas de
Makiias ya han cicatrizado mucho.
Rouxy viendo que todo estaba ya
hecho, ayudado por sus hifas enterró a Talisú. El arpa se convertiría en el alimento
de los hongos del bosque. Pronto no quedaría nada de ella.
—Debemos liberar al elemental. —insistió
Galerina.
—Yo intentaré controlarlo —explicó
Rouxy nuevamente—. Albor me asistirá para que no lastime a nadie, ya que
nosotros los fungís no somos afectados por el poder de estas criaturas. Albor
lo restringirá físicamente, mientras él se une con su otra parte, para poder
partir.
La fungí sostuvo el cristal en su
mano izquierda y lo alzó. Todos buscaron refugio, alejándose de donde estaba
ella. Varias lulas la rodeaban iluminándola. Entonces conocieron a Albor, del
suelo brotó como si simplemente se inflase un hongo amarillo pálido de muchas
setas, que creció y creció. Rouxy liberó al elemental hecho del bosque, del
viento, de la grava, del barro, de ramas secas. Que se alzó rápidamente por
encima de la copa de los árboles, gigantesco y descomunal. Arrancó a una morera
del suelo y la arrojó confundido, desorientado. Rouxy soltó a la pieza de la
cadena que simplemente levitó en el aire hacia donde estaba el elemental. La
criatura rugió alejándose. Pero Albor que ya había crecido hasta superarlo lo
contuvo sujetándolo con su amorfo cuerpo. El elemental le arrancaba partes.
Pero Albor no se rindió. Finalmente la pieza de la cadena alcanzó al elemental y
este fue desapareciendo mientras transitaba hasta su propia dimensión, el
gigante se fue gentilmente. Albor se desinfló y desapareció en el suelo.
Penny preguntó preocupada —¿Ha
muerto acaso Albor?
Pero Rouxy contestó levantando un
poco de tierra —No. Albor se encuentra aquí y viajará con nosotros a donde nos
lleve Morún.
Caldinsh Ñuñu levantó la argolla que
había perdido casi todo su poder pero todavía conservaba y posiblemente por
mucho tiempo algo del metaplasma mágico.
Galerina y Viridrut se separaron del
resto de sus hermanos y se reunieron en una ronda junto con Caldinsh Ñuñu,
Morún e Izhá.
—¿Qué harás con eso? —preguntó
Galerina a su maestra, refiriéndose a la pieza de la cadena.
—Creo que la convertiré en una daga,
para cortar queso.
—Pero es muy pequeña es posible que
solo te alcance para la mitad de la hoja. —dijo Viridrut.
—Pienso que ni siquiera. Le pediré a
algún enano que la una a otra pieza de metal, posiblemente bronce. Así estará
oculta. —contestó la bruja.
—Supongo que debemos partir cuanto
antes. —propuso Morún.
Viridrut buscó en su morral una
bolsa llenas de monedas, la recompensa que había obtenido por encontrar al
atracador del bosque y se la entregó al elfo —Toma, no le he encontrado
utilidad a esto. Y espero que donde vayamos no haga falta tampoco. Has que se
reparta entre los habitantes del pueblo sin nombre. O quizás Uruduntis desee
fundar una escuela y enseñar allí, como lo hizo con nosotros. Ser un ermitaño
no va con él. Es probable que disfrute transmitiendo su sabiduría. Si los niños
del pueblo son educados mejor, quizás cuando les toque, no elijan al que tiene más
dinero pensando que ese no va a robarles. Envíales nuestros saludos a él y a su
gato.
—Creo que la segunda es una mejor
idea —dijo Izhá—. Estoy pensando en retirarme de mis labores de Kento. Ser
profesor de música en esa escuela quizás sea mi próxima misión. Espero que
Uruduntis me perdone.
—Mmmm. —murmuró disconforme la ogra.
Pero no dijo nada.
Morún ensilló su caballo, mandó a
llamar a sus hombres, que en poco tiempo se reunieron con él y formó una caravana
para escoltar a los fungís hacia el norte. El viaje duraría, a pie, posiblemente
semanas. Izhá sabía que todavía faltaba mucho tiempo hasta que volviera a tener
noticias de él y de lo que había pasado con los fungís. Tenía que apurarse a
encontrar unos bezules, para poder transportar a los dos elfos hasta la tribu.
Antes de desaparecer en el bosque Viridrut se dio vuelta y saludó al elfo,
moviendo sus brazos de forma extraña, pues no poesía huesos.
Me gustó este capítulo final. Tiene errores de ortografía que podés corregir, pero hay algunas frases que no se entienden, algo de orden gramatical. La ogra es la de la daga del queso,no?. Me parece que habría que tener algún nexo que recuerde el pensamiento de Lichten sobre el sueño de los equidnas y la situación actual. Yo leí todos los capítulos pero no recuerdo cuándo sucede eso.Si querés puedo marcar lo que me suena mal redactado o con puntuación inadecuada y te lo reenvío. Cómo lo reenvío a fbook como archivo o aquí?, no sé cómo hacerlo. Los equidnas comen hormigas, lo de las termitas es una licencia poética? Si se va a llamar el sueño de los equidnas o con qué sueñan los equidnas creo que hay que reforzar o resaltar las situaciones en que aparecen.
ResponderEliminar"Tiene errores de ortografía que podés corregir, pero hay algunas frases que no se entienden, algo de orden gramatical"
EliminarErrores sin duda tiene e iré corrigiéndolos, si me avisas los gramaticales te agradezco.
"La ogra es la de la daga del queso,no?"
EliminarNo creo. Si bien no lo he decidido, no creo que esta ogra renuncie a la daga del queso porque esta muy encariñada con Galerina. Es posible que la ogra de la daga del queso sea la hija o algo así, pero sin duda es una descendiente. En "El Rey orco" el primero de los libros de la orden del gato azul, la ogra de esa historia que viene como 500 años después le da a Azhalea un talismán teletransportador que es este. A ese talismán le quedan solo dos viajes y a este al final de la historia le quedan dos. Así que ahí hay otra aventura, de en que se gastaron o como se construyo la daga del queso. Pero en función de su relación con Galerina, como ya dije, no creo que vaya a ser la misma ogra.
"los equidnas comen hormigas, lo de las termitas es una licencia poética?"
EliminarLa termita de la mora esta inventada. Pero los equidnas si comen termitas no es un invento.
Le quedan al final 4 viajes quise poner.
EliminarLa frase final está inconclusa
ResponderEliminarSe había copiado mal, era el primer párrafo otra vez. Termina en no poseía huesos. Hay algo en la cantidad de información que puedo poner en el porta papeles que no me permitió copiarlo completo y se repitió. Gracias.
Eliminarya encontré la referencia está en el capítulo 6. La elucubración de Licken es compleja y me gustó, pero la respuesta es muy simple: con termitas. No habría que trabajar un poco más la respuesta, al fin y al cabo se sugiere que los equidnas son muy inteligentes, uno podría pensar que si sueñan sólo a veces los sueños no tendrían que ser un poco más sofisticados?. En el capítulo 6 creo que son las equidnas.
ResponderEliminarEl concepto del sueño del equidna no son las termitas.
EliminarViridrut se da cuenta como ganarle a Radasté y se quiere unir a Galerina, pero como esta deprimida, porque habia condenado a toda su raza a la aniquilación, el hongo no puede unirse a ella.
Entonces Viridrut se convierte en equidna, como hace con Makiias al convertirse en gato, y recluta a sus amigos para alcanzar a Galerina y subirle el ánimo.
El sueño del equidna es el sueño escaso y elegido. No creo que Viridrut consideré que los equidnas sueñan en termitas puntualmente sino que es lo que le viene bien para derrotar a la maga.
El sueño del equidna es lo que decide Makiias con su vida.
Quizás eso no lo desarrollé bien.
Licken a parte lo que pretende decir con ¿Con que sueñan los equidnas? no es puntualmente que pasa por las cabezas de esos mamíferos en cuestión sino todo lo demás. Si los sueños son escasos, o estamos ante nuestro ultimo, ¿que soñaríamos? ¿Que elegís que sea ese mundo ficticio pero que se siente real? Si mañana podes volver a soñar no importa pero si no podes? para ese lado va la cosa. El pensamiento de Licken. creo que no se entendió o se entendió muy literal.
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